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Carne de Psiquiatra -Trastorno Bipolar

Alcohol y Trastorno Bipolar

Alcohol y Trastorno Bipolar

Tal y como plantean Lorenzo (1994) y Meyer (1986) la relación entre la psicopatología (y en concreto el trastorno bipolar) y el trastorno por consumo de alcohol puede entenderse de tres maneras diferentes en función de su direccionalidad:

-      El trastorno bipolar como factor de riesgo para el alcoholismo.

      Aquí se contemplaría la hipótesis de la ingesta de alcohol como una forma de automedicación, dado, por ejemplo, su efecto ansiolítico. Según los datos recogidos, el 67% de los pacientes bipolares abusan del alcohol y el 21% de los pacientes con trastornos afectivos aumentan la ingesta durante los episodios de humor depresivos (Lorenzo, 1994). En cambio, Araluze & Gutiérrez (1994), en su revisión, encontraron que dicho aumento era más frecuente en las fases maníacas. De cualquier manera, estos pacientes fundamentalmente buscan el efecto primero de las dosis medio-bajas (Lorenzo, 1994).

-      El alcoholismo como factor de riesgo del trastorno bipolar.

El 59-61% de los pacientes con alcoholismo acaban padeciendo además un trastorno afectivo secundario (Meyer, 1986). El alcoholismo crónico altera el humor: genera síntomas depresivos, irritabilidad, agresividad, etc… a parte del proceso degradativo que la enfermedad supone. En conjunto, se producen consecuencias negativas en la vida social y familiar del paciente, lo cual potencia una baja autoestima y un aumento de sentimientos negativos como culpa y frustración, que son criterios importantes en la composición del diagnóstico para la depresión (Lorenzo, 1994).

-      Ambos trastornos como diferente expresión de un mismo desorden hereditario con base etiológica compartida.

      Sobre esta cuestión son fundamentales los trabajos de Winokur con relación a los antecedentes familiares y diferencias de sexo en esta clase de comorbidad. Estableció como espectro de enfermedad depresiva a un cuadro sintomático que en hombres se expresa en forma de alcoholismo, y en mujeres con algún trastorno afectivo. El inicio es precoz y son abundantes los casos de alcoholismo, trastorno antisocial y trastorno afectivo en los parientes de estos sujetos (en Lorenzo, 1994).

Existiría una última posibilidad en la que la coexistencia de ambos tipos de trastornos se produciría de manera azarosa en la población dadas las prevalencias establecidas. Pero ésta sería inferior al 1% y, como muestran los datos, dicha prevalencia es mucho mayor.

En hombres es más frecuente que se dé alcoholismo primario y depresión secundaria (o alguna forma de trastorno afectivo como el bipolar), y en mujeres, al revés. Las tasas de suicidio en pacientes crónicos son elevadas tanto si se habla de trastorno afectivo como de alcoholismo. Del 10-15% de los sujetos con alcoholismo que acaban quitándose la vida, el 75% padece alguna forma comórbida de depresión (Lorenzo, 1994).

Los rasgos de personalidad previos en pacientes con alcoholismo que acaban desarrollando alguna forma de depresión son baja autoestima, alta dependencia y neuroticismo, poca autonomía y escasa confianza social. Sin embargo, en concreto el alcoholismo, correlaciona más con el síndrome por disfunción mínima cerebral, con o sin hiperactividad en la infancia, que suele progresar hacia el trastorno de personalidad antisocial y hacia la psicopatía (Jaffe & Ciraulo, 1986 y Hesselbrock, 1986). Aunque los síntomas depresivos también son frecuentes en pacientes con trastorno de la personalidad (bordeline o antisocial) sin alcoholismo (Jaffe & Ciraulo, 1986).

Ante alcoholismo, si se producen síntomas depresivos, estos son más frecuentes a los pocos días del cese de la ingesta. La mayor parte de esta sintomatología es debida al efecto tóxico del alcohol, y por tanto, los problemas deben catalogarse como orgánicos. A mayores síntomas afectivos mayor es la probabilidad de que el paciente busque tratamiento. El cuadro depresivo suele remitir a las pocas semanas, aunque el estado disfórico se mantiene (Jaffe & Ciraulo, 1986).

Finalmente, el déficit de serotonina está presente tanto en el alcoholismo crónico como en la depresión, la conducta suicida y los trastornos de personalidad que cursen con impulsividad y agresividad. Se muestra, pues, como un factor común para la adicción, la desinhibición conductual y el suicidio  (Lorenzo, 1994). La prueba de la dexametasona para el diagnóstico de la depresión también resulta positiva en algunos casos de alcoholismo y de trastorno afectivo comórbido, según este autor, aunque otros estudios no concluyen igual....

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Fuente: http://www.psicocentro.com/cgi-bin/articulo_s.asp?texto=art34001 (Gracias a Xavier, que lo publicó en bipolarneuro.com y a ellos por supuesto)

P.D. El tema del alcohol es uno de los que va bien recordar(me) de vez en cuando. Este texto me trae a la memoria a varias personas...

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Imagen: http://www.medindia.net/news/Epilepsy-Drug-may-Help-Overcome-Alcoholism-27691-1.htm

1 comentario

Cristobal Cáceres -

Trabajar con los límites de la ibertad individual. Romper los lazos culturales y las etiquetas. Definir nuestro lugar en la sociedad. ¿Qué significa ser "normales"? Seguir la "norma". Saludos