Blogia
Carne de Psiquiatra -Trastorno Bipolar

Splash

Splash

04/08/07

Si alguien quedaba en la ciudad, un sábado de agosto ya está claro que "maricón el último": quedamos los colgados parias y turistas. Las playas de Madrid: piscinas al descubierto. Me informan de que hay poca gente, nada comparado con un sábado de julio.

Desde que empezó la dieta tras el chute de tres días y casi como único alimento de cafeína y teína (soy bipolar con gusto por esos tóxicos que me permito, aunque no beneficien, sólo que me pasé unos días de la raya), he adelgazado un tanto. Y aunque la silueta haya mejorado algo, asoman estrías y carnes flácidas, tan propias de la mujer gorda como de la madura.

Cuando H. por fin adelgazó los 15 kilos más o menos que había pillado en cuatro años de pastilleo obligatorio, paró la dieta y se dijo: estas carnes blandas sólo se arreglan en el gimnasio. Elemental, y lúcido.

Sólo una vez fui a un gimnasio con éxito y fue en... 1992, en una especie de experimento "vida sana" que no duró muchos meses. Mis experiencias con el deporte se remontan a la infancia. Al olor a cloro de la piscina y los ojos enrojecidos. Creo que sé nadar desde los cinco años.

Obtener la minusvalía (y con diagnóstico TB no te la niegan) tiene alguna ventaja, por ejemplo: la gratuidad en este tipo de instalaciones. Ya he escrito que de pequeña nadé demasiado y tengo una especie de complejo de Obélix al respecto, pero me he convencido de que es el ejercicio más económico a fin de muscular. Caminar está bien, pero no es lo mismo: el efecto no es global.

Esta mañana me he dicho: haz lo que pensaste ayer, que los brazos musculados y el culo prieto al que medio-aspiras (hay que ser realista) no se construirá en un día.

Se presenta entonces lo inevitable: qué me llevo, cuántas horas estaré fuera de casa... ¿Algo de comer? ¿Bastará el protector solar? Y con estos pensamientos, sube la ansiedad, oh no, qué bonito parecía todo. Cuando salgo más allá del barrio, mi bolso parece preparado para cualquier contingencia y eso es necesidad de control. Si no hay pleno control, aparece la ansiedad.

Es el primer día y no aguantaré muchas piscinas (aquí dicen "largos"). Quizá me sienta ahogada a la segunda, pero no pienso irme entonces: descansar, y volver a meterse. No tengo un objetivo ambicioso del estilo "hoy tocan 10".

Estoy reuniendo valor mientras decido si la angustia es aplacable por sí sola, o necesitaré un extra farmacológico. De momento, la bolsa está preparada y me puse para estar por casa el bañador para mentalizarme, para esperar al momento "necesito salir" y hacerlo en esa dirección. Si es que hoy se presenta ese instante. De no ser así, por si hay quien insiste en lo de la fuerza de voluntad, sólo decir que el último de mis planes es montar un número en público con un ataque de pánico. Todavía recuerdo el de finales de febrero por el barrio y me niego.

Y si hoy no puede ser, mañana R. se apunta. Siempre puedo hacer estiramientos y ejercicios de coordinación en casa, mientras, mientras... necesito esos pectorales fuertes para que aguanten mi espalda, y esa es la mejor razón de todas para ponerme a "hacer largos": ni estética ni rutina bipolar, sino salud. Musculatura que alivie esa columna vertebral.

Buenos deseos para mi cuaderno de rutinas y bipolaridades el resto del verano y, quién sabe, la piscina cubierta también me resulta gratis.

 

17/08/07

Mis intentos todos estos días fueron frustrantes. Sola no podía ir, me atacaban todas las fobias. Me daba de cabezazos.

A mucha gente le "da palo" ir sola a algunos lugares. No es mi caso: a mí me aterroriza. La compañía no como el complemento para una actividad, sino la condición sin la cual eres incapaz de hacer algo.

Ayer (por fin) contemplé el cielo de Madrid con una novedad: boca arriba dentro de la piscina. Disfruté en especial de algo: puedes darle de hostias al agua, y encima avanzas con velocidad. Mucho mejor que querer dárselas a las paredes.

Cuando crucé el umbral de la instalación, me di cuenta que realmente temía esa entrada. Fui con alguien, cómo no. Sólo que era R., quien no dudó en disparar sus comentarios ácidos: calificó mi nuevo corte de pelo como gay. Pero también dijo algo muy bonito: que hacía mucho tiempo que no me veía tan bien, que parecía muy cambiada, que estaba diferente de forma muy positiva. Es verdad que los pectorales y hombros han entrado en razón: voy erguida, y la postura lo dice casi todo.

***

4 comentarios

Marta Serrano -

Hola:
sigo tu blog desde hace un año o asi y la verdad es que me parece bueno y atrevido, qu eno es poco. Tengo una consulta y yo tambien me he atrevido a preguntar...Llevo mas de dos años en paro; he perdido mi trabajo muchas veces y aunque lo intento, ya nadie quiere contratarme. Me gustaría saber como de facil es el proceso de solicitar la incapacidad laboral y si me puedes ayudar a aclarar los pasos a seguir...Muchas gracis, amiga. Marta

Furro -

Me equivoqué, lo que no me concedieron fue la incapacidad´laboral permanente, la minusvalia no la he pedido.
No creo que lo haga. Prefiero olvidarme del asunto. Escribí aquí en un momento de debilidad, no me gustaría vivir mi vida alrededor de la "enfermedad".
Aunque, ¿La minusvalia te concede ventajas a la hora de presentarte a unas oposiciones, no?
En fin...
Un saludo y un abrazo.
PD: Es utíl tu blog para saber algunas cosas pero bastante deprimente tambien.

Carne de Psiquiatra -

En España, se solicita a las comunidades autónomas. Hacen acompañar la solicitud del informe del psiquiatra y de otros informes si hay más problemas de salud.

Si ese fue el procedimiento que seguiste, sería el primer caso que conozco de alguien a quien no se la conceden... ¿Podrías volver a intentarlo?

Saludos.

Furro -

Yo estoy diagnosticado y no me la dieron.