Carne de Psiquiatra |
Blog bipolar para adultos |
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Se muestran los artículos pertenecientes al tema Batallitas bipolares. Hacía días que no hablaba con Henri, de modo que había mucho que contarse y la conversación se alargó 1h 48 m. Pensé: es el momento de atreverse a fregar los platos. Ojalá tuviese lavaplatos pequeño, porque lo hubiese llenado y la cocina tendría siempre mejor aspecto. Mientras los enjabonaba, sentía ansiedad por el solo hecho de pensar en tener que aclararlos. Escuchándole, el mal momento fue más llevadero. Tardé unos 20 min. en la tarea. No soporto los platos mal fregados, encontrar grasa. Para variar, no tenía hambre. En ayunas nunca estoy, mi descafeinado y a veces un té rojo. Pensé en lo que me había recomendado I. el colega.: que antes de salir de casa, al menos un vaso de zumo. Lo he tomado en plan sí señor y además un plátano. No me entra la comida hasta la segunda parte del día y ahora como cualquier cosa, para eso me he aprovisionado de precocinados que caliento en un descuido mientras por ejemplo veo una película. He de comer como los niños, distraída. Me había vestido en plan sí señor porque tenía que ir al terapeuta. Ahora me aprieta todo, me da angustia vestirme y menos con cosas ajustadas, menos mal que hay alargos para sujetadores. No, ducha fue ayer, mejor dicho baño completo y depilación. No me veía hoy con fuerzas, así que mínimo aseo para no oler a sobaco. Una sola cosa, haz una sola cosa o te desmoronarás. Hay que sacar dinero, hay que coger el metro, hay que llegar a la consulta. Faltan dos horas y en teoría ya puedo salir. Podría aventurarme a comer un menú fuera, pues tengo tiempo y me siento débil, me faltan nutrientes y me falta hambre, pero si te los sirven y los has escogido, puede funcionar, aunque sea un lujo, como raramente fuera de casa. Mientras escribo, noto cómo el espíritu abandona mi cuerpo. Es un esfuerzo teclear. Es un bajón, sin pilas. Al menos, no hay ansiedad. Ayer la ansiedad me atacó en plan puñalada en las costillas, cómo dolió y después me sentí fatal, mareada y medio muerta. Prefiero la versión ansiedad en la que me pongo a sudar como un pollo, se me mojan los cabellos y la ropa, porque no duele, sólo te destempla. La otra versión de ansiedad que tengo es la de taquicardia o ahogo. Vaya, que no puedo escoger pero por ahí van los tiros y parece que mi sombra es un francotirador. Me va a faltar una pastilla en dos días, pero ya no tengo fuerzas para ponerme a ello en el día de hoy. Si salgo viva de la terapia, aunque tenga que volver a casa en taxi porque ya me falle todo, ay!!!!!!, firmo. El bajón sigue ahí, y ahora cómo salgo de casa. Llamo a mi madre, que coma algo, una tortilla aunque sea. Se me revuelve el estómago, si no como es por algo y casi puedo oler una tortilla francesa, asoma una náusea. Le digo que tengo un precocinado de esos de microondas, mientras hablo con ella lo "preparo". Es poca cosa y de dudoso sabor, es tan insípido que no me da asco. Nutrientes, punto. Soylent Green? Me quedan 20 minutos para salir. Menos mal que llevo preparando 4 horas el tema. Me pone mala escribir, me está entrando un ataque de ansiedad. Corto. De los archivos de Blue. *** No te tomes una coca-cola antes de entrar. Te da el speed y eres una ametralladora con la lengua. Luego sales y te das de tortas en el mismo ascensor. *** Tenía una amiga (también bipolar) al otro lado del teléfono y la charla estaba animada por el tiempo transcurrido desde la última como ayer en otro caso, pero pip-pip----pip-pip----pip-pip me obliga a "oye ahora te llamo, tengo otra llamada entrante", que atendí pero acabó bruscamente cuando me dejó K.O. una puñalada en el costado izquierdo, en el mismo punto que el otro día. Maldita ansiedad. Cuando me recuperé un poco, la volví a llamar. Al poco, le ocurrió a ella. Blue, no me es posible hablar, no es sólo el aliento perdido, es que me duele. Y va y me dice: ***, me has contagiado el ataque de ansiedad. Risas. Si es que a mí me sigue doliendo... O ríes o lloras, mejor lo primero y tomárselo casi a coña, porque te preguntas ¿pero qué hace la ansiedad pinchándote por debajo de una teta, a ver? Fue muy curioso, como si en efecto se hubiese contagiado. cosa que es posible pero no sé hasta qué punto probable. Cosas que nos ocurren, sin motivo alguno... ¿por qué no al mismo tiempo? No es que me quede mucho aliento, pero llamo a mi madre para contarle lo del ataque a duo, le gusta que a pesar del mal trago nos lo tomemos así. Claro, en compañía es diferente. *** Los que han pasado una depresión ya saben qué es eso: nada, no poder hacer nada. Ahora puedo porque por fin he comido algo, la cabeza hizo su click cómo no a eso de las seis pero no me dio tiempo a acabar de vestirme (la calle! la calle!) porque entonces empezó un ataque de ansiedad. Escribo con una benzo bajo la lengua, a ver si baja la taquicardia. Los que han tenido un ataque saben que luego "no puedes", tampoco. No me sorprende que sí pueda escribir en estos momentos. Los ataques son tan cotidianos que menos hacerte la manicura... *** La regularidad y yo estamos definitivamente reñidas. Ayer no valía para nada, estuve vegetal. Pero hoy me pegué una paliza buena en el gimnasio, a mi ritmo de principiante, tooodo poooco a poco. Es increíble el poder del ejercicio. El otro día coincidí en msn con Valpro (colega y seguidor del blog), y nos pusimos un poco al día. Afirmó muy contento y convencido que gracias a la práctica diaria de deporte se sentía mucho mejor. De hecho, entre una cosa y otra, ha remitido. Es posible, sí, no se está nunca a salvo de recaer pero se puede llegar al equilibrio, a la eutimia. Le felicité de corazón. Salgo machacada, pero en realidad el esfuerzo no ha sido tanto. Porque noto que mi postura está corregida, voy erguida con una marcha... que se nota, se nota hasta en la casa. He decidido poner orden en un sector imposible (últimamente, eso era cosa de la asistenta), y además durante la tarea me he topado con algo que me ha dado una idea para decorar una pared. No es hipomanía, es actividad, pero si sigo con este ritmo habrá que tomar medidas, lo sé, y ahí tengo el cuaderno de rutinas y bipolaridades para dar informes a mi médico. Tendré que contar que estoy con la menstruación, también, que suelen ser "días buenos" cuando le toca al ovario no depresivo. El movimiento trae movimiento, es la inercia. Sólo eso explica por qué he empezado a escuchar música (¡Por fin!), y no de la tranquila. Mucho house, hoy. Y Non Smoking Orchestra. El Reload de Tom Jones (¡Cuánto tiempo!). Los remixes de Moby. Y lo más cañero en plan disco-funk entre mis mp3. Por poner un ejemplo, cuando estoy con marcha, no me canso de oír esta canción en versión radio o en mixes: http://www.youtube.com/watch?v=z2KROs72tzo Pues me he puesto los tacones y he bailado en casa, otra actividad que ha desaparecido con el tiempo de mi vida. Antes (trabajo, pre-diagnóstico...) bailaba a menudo en el salón, no sólo en discotecas. Pero hoy sólo un par de canciones: tenía mucho trabajo, y lo peor es que no me divertía. . . . Cuando me siento bien, cosa que ahora mismo atribuyo al deporte (llevaba días hecha una braga con ansiedad), luego ocurre una de estas dos cosas: 1. El día después toca cambio de tercio (tema que salió recientemente en el blog). A veces lo pago más de un día. Hoy "amanecí" después de días tontos. 2. Hago travesuras. Ya que estamos bien... aprovechemos. Tomé las pastillas a su hora, más o menos medianoche. Noté su efecto sedante a eso de los 45 min. como es habitual. Pero estaba liada en mis cosas, y me forcé a seguir un rato más. A la media hora quizá, ya había superado "la barrera" del sueño. He cenado entonces (no comment). Volvía a estar despierta. Como si acabase de levantarme por la mañana, pero bien activa. Y voy y me tomo un té, oleee. Y he seguido con mis quehaceres. Cuando me da por organizar algo, parar tampoco es bueno, porque mañana igual (seguro que) es nunca para acabar una tarea. Eso es esprintar y también pasa factura, pero para mí era importante continuar. Sé que este insomnio no va a beneficiarme. Pero la noche ha dado mucho de sí. Cómo me gusta disfrutarme con el cerebro lucido y activo, sobre todo activo, porque me paso el día atontada. No me va rápido (sería una mala señal y debería tomar medidas), simplemente funciona bien cuando pasa el mareo y si se enciende con música. Me siento tan "yo" por la noche... ay, ese búho que llevo dentro. No sé si dormiré más tarde, o ya de día, o iré primero al gimnasio. El deporte está demostrando que es beneficioso para mis neuronas. Quizá Valpro me dio el empujón definitivo y deba agradecérselo algún día, aunque el trabajo de fondo lo hizo Henri estos meses atrás. . . . Hablo de una travesura. En realidad, es saltarme las normas (ver auto-sermón publicado hace pocos días) de forma tan descarada que en un hipotético carné por puntos del bipolar, me hubiesen sacado al menos dos. Irresponsable. LO SÉ (¿le pongo negrita?). Situación actual: son las 6.44 de la mañana. No oigo pajaritos porque uso auriculares. Tomo un descafeinado instantáneo. Tengo abiertas muchas aplicaciones en el PC, y hace un rato abrí el blog. La juventud, por definición, necesita saltarse las reglas. Cuando uno ya no es joven, entonces ya se le llama directamente excéntrico. Pues bueno. Pues vale. http://www.youtube.com/watch?v=QvT3qN25juY suena ahora, no la conocía. Estaba tan desconectada de la música... hasta que me la pusieron en el gimnasio, me sonó a rayos la primera vez, pero ahora la asocio al ritmo, ritmo en mis horas, esa actividad que tanto ansiaba. Mañana, dentro de unas horas, no se sabe, pero hoy no vegeté. Para celebrarlo... algo que suena ahora y además de transmitir esperanza, "sube": http://www.youtube.com/watch?v=5lo4IIgOaF4 Quizá esté en buen camino, o quizá esté entrando en una hipomanía "primaveral", estacional. Pero ¿y si la depresión está por fin remitiendo? El TB descoloca, nunca sabes qué pensar, si tu conducta es enfermiza o normal dentro de lo exógeno, de las cosas que le pasan a todo el mundo y le provocan emociones. Prefiero pensar que me ocurren "cosas humanas": que estoy abriendo horizontes poco a poco fuera del mundo bipolar, que he conocido a alguien, que mi cuerpo se desentumece y despierta, que el tiempo es magnífico, mi monitor un encanto, y que me tocó el ovario benigno. *** Imagen: http://differentisdangerous.blogspot.com/2007/11/open-your-box-02.html Canciones: Swastika Eyes (Primal Scream); The sun always shine on tv (Milk inc.); One Headlight (The Wallflowers con Bruce Springsteen en directo). De los archivos de Blue Ayer fue una pesadilla. He dormido unas ocho horas pero tengo la cabeza más tranquila. Con el insomnio, y sin poder dormir durante el día, haciendo haciendo al final el coco se me había puesto en modo multitask. A diferencia de los viejos tiempos antes de tomar pastillas, estaba lúcida, pero sólo hasta que me topaba con alguna laguna en la memoria y entonces pasaba a otra cosa. Iba de un lado a otro de la casa a veces, y de una aplicación a otra en el PC, pegándome unos chutes de bytes exagerados. No sabría numerar cuántos mails envié, ni cuántos chats tuve, ni cuántas gestiones solucioné, ni cuántas llamadas telefónicas atendí o hice. Muchas, muchas para ser un momento en el cual ejecutar decisiones quizá no era el más adecuado. Desde fuera, se me vería no si como una loca (no era para tanto), sino disparada, indispuesta digamos "bipolarmente". Hay un tema en esto que me ha preocupado mucho. Mientras estuve "arriba", que era más mixto que un sandwich como dice Myriam, "olvidé" tomar las pastillas. ¿Olvidar? Lo que ocurre es que ese yo en mini-episodio o lo que sea que tengo no quería dejar de estar despierto. Y no podía dormir, la cabeza le iba demasiado rápido. He de reconocerlo, y se lo diré a [mi psiki]. Sé que estaba mal porque yo no era yo, yo sí tomo las pastillas a su hora y me acojonó sentir cómo estaba siendo regida por la enfermedad. Miedo sentí al ver que de nuevo tenía a la bestia dentro. Que yo había decidido irme a dormir a las once, pero no sé quién estuvo despierto hasta las 4 de nuevo. Ahí fue cuando ya me asusté del todo, y no eran horas para llamar a nadie. Menos mal que ya no tengo ideas suicidas, porque cuando no eres tú ahí puedes quedar atrapado. Ya no tengo esa taquicardia mental. Pero reconozco que las horas pasaban y yo no tomaba las pastillas, porque estaba escribiendo y no podía dejar de hacerlo. Han hecho bien en prohibirme que escriba, pero "los precios" de todo me parecen caros. Tendré que hablarlo de nuevo. No quiero abrir ese escrito para corregirlo, porque me volvería a atrapar. Parar actividad, me digo, parar actividad... hoy nada de acelerarme haciendo y deshaciendo, hoy tranquilidad y buenos alimentos, porque tampoco comía, como en los viejos tiempos. Menos mal que acabó llamando [mi psiki] y dado el estado de mi coco, que describí con todo detalle, me subió algo la medicación. En tres días veremos. No me apetece lo más mínimo entrar en episodio mixto otra vez, y sé que esto ha pasado por la regla, porque fue bajarme y supongo que el coco hizo su switch, si no de qué el no poder dormir. Me siento muy débil. Ayer también, el día fue larguísimo y no me sostenían las piernas, pero la cabeza iba por su cuenta. Voy a apagar el pc. . . . P.D. Con este texto antiguo, creo que acabo con la "trilogía de las menstruaciones": la depre, la hipo, y ahora la mixta. *** (Frase atribuida a Pepa) Ya estamos de nuevo aquí (en el punto preciso en el que hay que hacerlo), diciéndonos esto en plan mantra: - Ni en manía ni en depresión tomes decisión - Todo pasa Nuevo ajuste de pauta: sube el antidepresivo, cambio en el "extra" para momentos jodidos de ansiedad. Se acabó la eutimia de la que me hablaron el pasado 6 de julio. Estuvo bien, este mes, más o menos, porque ya se cocía algo. Desde luego, estuvo mejor el mes pasado, pues llegué eutímica a la consulta. Hay que joderse, esto es así. ¿Patrón estacional? Pues va a ser que este año, de momento, no. A aguantar el temporal, se acabaron las citas (en taxi fui a buscar a un amigo que llegaba a Atocha-Renfe) y a aprovechar los momentos "buenos" o "normales", los respiros que me dé la cosa, me los ha dado esta semana y me los dio la última vez que si bien me dijeron que no era un episodio sino "picos" depresivos. No sé si he entrado en episodio, sí sé que estoy depre, pero una ya le tiene cogido en algo el tranquillo y por ejemplo, puede escribir. Lo hacía en piloto automático, lo hice en otros momentos malos... y sin anunciar mi estado anímico del día. No pasa nada, y todo pasa, y la pauta ya está ajustada para que mejore en unos días, cosa que no es cuestión de fe. Confío plenamente en la medicación que tengo pautada y en el criterio de mi psiquiatra. No tomo decisiones, pero se dibuja la de ir al pueblo de mi padre, con él y los olivares. *** De los archivos de Blue (texto antiguo que dejo sin fechar). Como lo de ni en manía ni en depresión me suena a tierra extraña, qué mejor que "La dimensión desconocida" o "Twilight zone" para ilustrar, porque puedes equivocarte al tomar una decisión en menos de 25 segundos: http://www.goear.com/listen.php?v=8945d8b A ver qué día puedo meter esto bien: Estamos en pruebas todavía, no consigo escuchar la canción con el objeto insertado. *** Pregunta un lector en un extenso comentario (algún lector puede contestarle? Está en el tema "bipofamilias y parejas" ) en definitiva quiero saber si la perdida de memoria a causa de los medicamentos, puede ser tan extrema Yo no sé si el tema que plantea tiene que ver con un cambio de opinión (en la adolescencia es lo suyo, ir de flor en flor, y a los 40 sostengo que también se da el fenómeno), o que su amiga tuvo un mini-episodio eufórico y luego bajó... Y ¿qué hay acerca de que todos los humanos decidimos dar carpetazo de vez en cuando, olvidar un tema, deliberadamente para daño del afectado? En ese caso, me dolería que el otro achacase el tema, como tantos otros, al TB. Pero lo de la memoria sigue siendo inquietante. Creo que el factor edad nos pesa a todos: vamos olvidando información al parecer no relevante. Y me atrevo a afirmar que la medicación sí tiene un papel importante y más que interesante. Hace mucho tiempo que noto una gran pérdida de capacidad en mi memoria. Pero se refiere a las cosas que aprendí o intento estudiar, no a las vivencias sentidas. Me estoy documentando sobre el tema, pero lejos de proporcionarme tranquilidad, me asusta mucho lo que estoy leyendo, que no aprehendiendo, por precisamente esa nula capacidad de retención. Debería reproducir algunos párrafos con el tema "Lecturas"... Un dato, y también le pasa a H., es que ambos perdemos la atención muy a menudo. Es frustrante ver una película en el cine o la TV, y no poder dar marcha atrás medio minuto que te has perdido en una desconexión que no puedes controlar. Ahí, creo que hay daños importantes en la forma de funcionar del coco. Como paliativo, podemos grabar programas y tenemos los DVDs. Al mando no le importa que tengas que rebobinar cinco escenas. Ni al pobre libro: eres tú el que se da contra la pared cuando no avanzas. Sirva esto como ejemplo. Texto e imagen procedentes de ¿Por qué la hoja de papel no se desprende del vaso? Es harto conocido el experimento con una hoja de papel que no se separa de los bordes de un vaso con agua puesto boca abajo. Su descripción aparece en muchos libros de texto escolares y de divulgación científica. Por lo general, este fenómeno se explica de la siguiente manera: la hoja de papel experimenta una presión de una atmósfera por abajo, en tanto que desde arriba sólo la empuja el agua cuya fuerza es mucho menor (tantas veces menor como la columna de agua de 10 m de altura, correspondiente a la presión atmosférica, es mayor que el vaso); el exceso de presión aprieta el papel a los bordes del recipiente. Pues bien, lo leo y lo entiendo, que soy o era de ciencias. Pero luego, no lo recuerdo, no lo retengo, de forma que sería imposible que se lo explicase a alguien. Me encuentro en el preocupante punto de haber olvidado mis estudios básicos. Los recuperé una vez a lo bestia, en mayo de 2003, pero entonces estaba en un punto maníaco. Ese boom de información enterrada fue parte del episodio. En lo que refiere a destrezas, sigo siendo capaz de manejarme con los idiomas, y si no recuerdo es por falta de práctica. Por ejemplo: dudo mucho con el catalán. Destrezas de la vida? Lo paso fatal llenando bolsas en el supermercado, y no hablemos de plegar el carrito de la compra. ¿Frustrante? Si te comparas con "antes", por supuesto. Si miras hacia donde debes, es parte de la mochila, así que a caminar y a consultar enciclopedias o gastar el botón "REW". Dice mi psiquiatra que es más bien atrofia que deterioro cognitivo. Pero al parecer hay fármacos que lo fomentan. *** Silencio. Mi psiquiatra casi rió con la paradoja de que viva en una calle tan tranquila que parece de pueblo casi, en una megaciudad como Madrid. Silencio. Hace mucho tiempo que no escucho música. La TV, de adorno. Silencio. El ruido de una lavadora me irrita tanto... tengo dos pendientes. Silencio. Para que los vecinos no sufran del sonido de una película después de medianoche, la disfruto con auriculares. Luego ocurre que bajo la basura y el camión ya ha pasado. . . . Música. No tengo ánimos ni para ordenar mis discos. No bajo música. Música. Ayer no tuve ánimo hasta que me puse un par de veces lo último en sensibilidad y buen hacer: http://www.youtube.com/watch?v=qz7vGW2_5c0 que me transmite tanta esperanza. Hay magia en esta Adele. Música. Hoy no he despertado de verdad hasta que el chute que me propuso ayer Dani en un comentario ha empezado: y tanto que me elevo. http://www.youtube.com/watch?v=N3LDAl2V9jg del sofá que me engulló ayer noche. Música. Le falta música, ritmo, vida a mi vida. Si es que me falta vida, directamente. . . . Miedo. Hace días que me muero de miedo. Ayer me quedé en el sofá por miedo a meterme en la cama. Necesitaba que me contasen una historia para dormir. Miedo. Me veo rodeada de gente y la ansiedad me hace sudar de arriba a abajo. Llego a casa y descarto volver a bajar a dar ese paseo que necesito. Miedo. Lo supero a saltos, doy un salto de vez en cuando, como si cogiera una bocanada de aire, y luego vuelvo a la posición inicial. Miedo. A perder la tranquilidad, si en ello me va perder la cabeza. . . . Acción. Salir de la protección de edredones, mantas, sudaderas, todo lo que arrope y dé calor. Movimiento es calor. Acción. La ducha no engorda. Me gusto más cuando huelo a jabón. Acción. Retomar la lista de tareas pendientes: cada una de ellas puede ser una razón, que no excusa, para bajar a la calle. Acción. Dejar de escribir. Dejar de pensar en el miedo y apartarlo de mí cuando venga una ola. . . . Valoración. Lo del consejo terapéutico está muy bien en el papel pero sólo vale en tres dimensiones. Pronóstico. Probabilidad: 20% precipitaciones. *** Imagen: http://www.inm.es/ la pena es que no estaba yo tampoco demasiado bien para ayudar. Ante una crisis bipolar, es a otro bipolar a quien necesitas, alguien que sepa por su carne dónde estás y se asuste lo imprescindible, pues hay que actuar. No importa que esté en la otra parte del país. Llamas para que te diga lo que ya sabes, sencillas instrucciones que no lo son cuando uno está mal. Simplemente necesitas que te conduzcan a donde tú ya sabes, que hagas lo que ya sabes pero no puedes cuando te encuentras solo y mal. Hay que tener aplomo, desde luego. Más tarde o al día siguiente, todo ha pasado, y das gracias, te las dan, y comentas lo sucedido. Siempre se aprende por las dos partes. Estos episodios asustan, y también nos colocan donde debemos: a ser conscientes de que no estamos a salvo. Es bueno saberse miembro de una red donde das y te dan la mano cuando falla el equilibrio. *** Imagen: http://www.3bajocero.com/imagen_corporativa/telefono_esperanza.php Conozco bien la disforia, la he vivido durante muchos meses, y la he visto muy de cerca en otras personas. Me echaron de un ambulatorio de salud mental por montar un pollo (por algo solucionable con diálogo) como el que describes [...]. . . . Colaboración en Bipolarneuro. Hilo completo (hay más): http://www.bipolarneuro.com/foros/index.php?topic=3011.0 Me dije: estás mejor, exteriorizas emociones diferentes, y antes las tenías. Ya. no es el todo me da igual. Pues no, no me dejó para nada indiferente lo que había leído. Si soy capaz de reaccionar ante un punto de vista distinto del mío y charlar más o menos amistosamente es todo un avance. Hace poco, ya digo, si lo he leído no recuerdo, si he oído tampoco. Y me dije: tienes obligaciones, para qué estás conectada. Me dispuse, pese a la flojera de mi cuerpo, a cerrar la maleta. Porque menudo madrugón me pegué yo solita, lo mismo que hoy. Y a media tarde, sentada en el tren, escribí un post "En tránsito..." O sea, estoy en Barcelona. Por unos días, con la agenda llena y el "me encuentro bien hasta que se demuestre lo contrario". Le mando un abrazo muy gordo a Myriam. *** Imagen: http://es.wikipedia.org/wiki/Imagen:G-Protein.png A finales de septiembre... 15.56. Estoy en la primera planta. Henri se ha quedado dormido abajo, en la chaise longue. Le despertaré dentro de un rato para comer. Le han prohibido dormir hoy, pero tiene que descansar algo, porque se pasó la noche en blanco y sin parar. Este descontrol horario obedece a una razón. Ayer tomamos las pastillas juntos, y cuando me quedé en coma, él me ayudó a subir a mi habitación. Pero él no llegó a tocar su cama: se conectó, y más tarde limpió y ordenó la casa. Cuando por fin he despertado, y he visto el salón, ordenado como para pase de revista, he pensado: ha ciclado. Sin pegar ojo, pero hiperactivo. En el prospecto del antidepresivo se advierte con claridad: dice algo así como que está contraindicado en estados maníacos. De eso ya hablé en otro post. Por eso se ha de controlar mucho la evolución. El "milagro" está aquí: hace una semana él estaba en el pozo, pero hoy se siente como hace mucho tiempo. La autoestima muy alta, qué sexy soy, muchas bromas... ya se veía venir ayer. Se quedó una amiga a dormir en la casa. Se retiró antes que nosotros. Henri: ¿te has tomado las pastillas? Amiga: ¿quéeee? Blue: JAJAJA. Henri: JAJAJJA. Anda, si ésta no toma. JAJAJAJA. Henri: nada, quien entre en esta casa, ha de tomarse las pastillas. Nos partíamos de risa. ¿Le damos simplemente a chupar una de las nuestras? Se quedaría dos días durmiendo. La cosa da lugar a mucha coña. . . . No es bueno que el bipolar en episodio hipomaníaco esté solo. No es bueno que el bipolar en episodio depresivo esté solo. Me alegro de estar aquí, aunque me come la preocupación. Siempre hay que tomar alguna decisión, y no es bueno hacerlo cuando se está bajo los efectos de la enfermedad. Intento ayudar, pero tiendo a sobreproteger y odio convertirme en figura materna. Lo que más rabia me da es que no sé qué hacer, y que en este aturdimiento, me avergüenzo por ello, le trato con pinzas, como si fuese un niño. No, no lo es y lo sé, porque he estado ahí y siempre se está lúcido. No quiero que suba más, eso es todo, porque ese es el peligro. Por suerte, él es plenamente consciente de todo, y llamó a su psiquiatra. Es decir, que el diagnóstico hipomanía es oficial, y su pauta ha vuelto a cambiar. El procedimiento parece ser el de siempre: baja antidepresivo, sube antipsicótico. Ver ciclar a otro es espectacular. Tener la montaña rusa en casa: en una semana, todo ha vuelto del revés. Y para mí también: sin salir de mi estado vegetativo, es evidente y así me lo han hecho saber, que he completado un ciclo vital. Empiezo a verlo y aceptarlo, pero es otro tema y debo seguir reflexionando sobre ello. A poder ser como ayer, sentada frente al mar y con la vista en la transparencia del agua, y en esos colores Blue-mediterráneos a los que pertenezco por el simple hecho de haber nacido en estas costas. *** Ayer por la noche entré en mi casa. Con la depre en la maleta, pero me alegró reencontrarme con mi espacio. Cené algo ligero. Tengo media nevera caducada, después de dos meses. Me tomé las pastillas. Puse una manta y un edredón en la cama. Estaba exhausta, pues apenas había dormido en dos noches por los nervios del viaje. Al ratillo, me di cuenta de que... me había tomado las pastillas... DE LA MAÑANA. En mi vida (de bipolar) me había pasado!!!!!!!!!! No lo pensé demasiado: me tomé las de la noche. Menudo globo pillé. Me dio por comer pipas de girasol con sal. He dormido poco... unas 7 horas. He de consultarle el tema al psiquiatra... ... porque automáticamente, la costumbre, me he tragado (¿de nuevo?) las pastillas de la mañana. P. D. Mañana... la segunda parte. . . . . . . P.D. Se me pasó pronto el punto gamberro, para quedarme tiesa de nuevo en el sofá. Salí por fuerza mayor hacia las siete, mareada, a la calle: la compra, y una visita urgente a una amiga que estaba enferma. La verdad es que me alegro de haberme tomado la cosa a risa, al menos por un momento. Me refiero a la cosa como esa doble toma que me drogó, como mi error. Mi error fue no tener sincronizado el pastillero: el estuche que tenía a mano sólo contenía una toma, que por lógica debía ser la nocturna, pero no, lo que tenía era lo otro. Por suerte, lo vacío en mi mano antes de tomarme las pastillas, y de ahí que si bien no me di cuenta en el momento, luego sí recordé que había tenido en la mano formas y tamaños no acordes a la toma nocturna. En estos momentos, el pastillero está bien arreglado. *** El amable vecino vuelve a aparecer. ¡Bien! Tengo conexión. La depresión cabrea a tus semejantes. Habías quedado, pero ahora no puedes. La peluquera lleva esperándome días, y mis pelos de bruja también a ella, pero la locomoción parece negarse. También te miran mal en casa: resulta que lo único que ven es a la marmota que duerme 14 horas, pero anda, el día después estuvo tirada por haber dormido tan sólo 4. No sé hasta qué punto saben el sufrimiento que ello te provoca, o peor aún, el pasotismo. Tomo nota para el psiquiatra, es todo lo que me importa. Sigo algo falta de sentimientos, pero sin experimentar aquél triste vacío. Siento, eso sí, la impotencia. Poner de sí mismo es una de esas frases que no tienen sentido. Bien me alegro y mucho cuando un día soy incapaz de quedarme quieta en el sofá o el cuerpo me pide salir de casa. A mí también me gusta estar bien, coño. Se oye todo el día la obra de un nuevo edificio en el exterior. Ando con auriculares, viendo grabaciones o películas. O en la habitación que tanto odiaba. No es que me guste ahora, pero parece ser el rincón más apacible de la casa. El pasado lunes debí sobrecargarme. Con eso de que te llevan a los sitios parece que no te esfuerces: es engañar a tu estado de ánimo y límite de actividad. Llegué a casa sobre las diez de la noche, pero mi reloj interno marcaba la una de la mañana. Y desde ahí, pagando el sobreesfuerzo. Que a cualquier persona le parecería un día normal de actividad. No a un depre, por mucho que intente disimular. Hay poca energía. Hoy me esperan, claro. Más me vale quedar bien conmigo misma: prefiero pagar "desconexiones cerebrales" (ese "¿puedes repetir?") a malas miradas. Ahora mismo noto cierto mal de ojo en mi querida madre, que por supuesto está en su hora de comida. Ella no tiene la culpa de que me haya tomado el café casi a las dos. Por cierto, aunque descafeinado, me ha provocado ansiedad. Se acerca ya el plazo fijado por mi psiquiatra para volver a hablar. Eso me mantiene con ciertas ganas de "que sea mañana" en el buen sentido de la expresión. No pocos días he despertado con ganas de saltar esa hoja del calendario. Ya sé que es un escrito lastimero, pero bueno, la depre tiene estas cosas y un día me prometí que lo escribiría todo en el blog, también lo malo. No tengo tiempo de corregirlo, se ha escrito de un tirón y así se queda. Si no he mostrado respeto por mi madre, es mi obligación afirmar que la quiero muchísimo y que intenta hacer lo mejor por mí. "A comer", debería oír. Por fortuna, no ha sacado plato para mí, "sé que ahora no puedes comer". Qué alivio. Porque de las noticias en la TV no me libro. Anda, hoy es el día de la salud mental. Reportajes acerca de integración y estigma social. Lo de siempre, hoy no se es más peligroso que otra persona pero mañana mismo algún titular sensacionalista borrará las buenas intenciones hasta el próximo día 10 de octubre. Estoy muy negativa, ya lo sé. . . . P. D. No he podido evitar comerme dos gambas. Anda si me conoce mi madre! Hay esperanza... :) *** Martes Y después de pasarlo bien, al más puro estilo bipolar, baja lo que subió. Hoy sé de dos casos de este síndrome. Como es fácil hablar desde fuera y me he acostumbrado a ser la abogada del diablo, pongo el piloto automático y entablo conversación con el mensaje: ya te estabilizarás. Quizá sólo se trate del síndrome de los lunes vuelta al trabajo, o el ya se acabó la fiebre del sábado noche. En ambos casos, el aterrizaje a la rutina, a una vida que no funciona como nos gustaría, resulta traumático y por ello, deprimente. No hay baches en mi rutina anímica y siento pánico escénico ante las oportunidades que se me brindan para que las cosas cambien. Nos han invitado a ir a Barcelona: este fin de semana es La Mercè. Pronto, pronto para tanto jaleo: basta vernos tirados en la terraza. Charlamos, y fumamos mucho. Miércoles Apenas dormí esta noche. Ataque de ansiedad nada más tomar las pastillas. Más tarde, intento que el libro me deje KO. No hay manera. Voy al salón. Al final me duermo. Pero a las 6.30 estoy conectándome. He tenido una pesadilla de esas en las que mi familia (normalmente mi hermano y Madre) cobra vida en películas tan raras que me despiertan con muy mal cuerpo. Me conecto, esta vez con un motivo: debo investigar lo del concierto de Springsteen por encargo de mi tía rockera. Por qué leches no actuará en Barcelona esta vez... Le debo un mail a mi psiquiatra hace mucho tiempo. Hay tanto por hacer. Recuerdo cuando en el 2003, ya enferma y mucho pero sin diagnosticar, uno de mis compañeros de piso se adjudicó el papel que denominó "secretario maligno". Me hacía mucha gracia cuando adoptaba la pose, y me daba caña, y ayudaba mucho cuando estaba bloqueada. A eso lo llamo yo compañerismo, cuando no amor. Desde ayer, soy la secretaria maligna de Henri, con lo que no hago sino acumular puntos para que me eche. Pero ya sabe que espero de él lo mismo cuando venga a Madrid. Hay que tirar el uno del otro, a veces sin compasión alguna, por cojones han de hacerse las cosas. Por ejemplo, ir a la farmacia a por recetas. Desearía que volviésemos juntos,. Ya me he acostumbrado a su compañía real sin esfuerzo porque creo que congeniamos bien. Ayer empecé mis labores realizando varias gestiones telefónicas. Por experiencia propia, sé que cuesta mucho cuando uno está flojo. Por eso, como secretaria, puedo hacerlo por otro. No podría hacerlo por mis asuntos, pero es como trabajar. Y sé trabajar, pero doy el tirón y luego pago con mucho estrés. Quizá por eso no dormí, y porque Henri parece irse abajo por momentos y saco fuerzas para sujetarle. Lo que estoy pagando ahora mismo: y quién coño me sujeta a mí, que lloro cuando lloran a mi lado. . . . Todo tiene una razón de ser. La biología tiene sus reglas, y una de ellas es que el cuerpo se altera con la menstruación. De ahí el no dormir y esta extraña mejora. Este mes viene en plan bueno: me siento activa. Ahora entiendo el por qué de esta energía, aunque no haya dormido. Y sé de sus limitaciones: tendré un síndrome de bajada en pocos días. Quizá en dos ya esté de nuevo tirada, apática, sin pilas. Espero que Henri haya remontado lo suficiente como para ejercer de secretario maligno. . . . Que me dure la buena racha. No recuerdo haber estado tan lúcida en mucho tiempo. Mi cuerpo está muy débil por el deficiente descanso, pero tengo fuerzas para la escoba y "coco" para escribir. Y he llamado a mi madre, y le he dicho que la echo mucho de menos. El mayor logro del día, sin duda, escribir por fin a mi psiquiatra, una vez tuve medio claro qué debía decirle. Lo triste fue leerme "no se dice alegremente que he perdido dos meses de mi vida, en la nada: julio y agosto". Jueves Terraza de Henri. Media mañana (cuando he despertado): hora del té. CRASHHH. Henri: ¿Qué ha sido eso? Blue: se ha roto la silla de plástico (sobre la que estoy sentada). Henri: JAJAJAJAJAJAJAJAJA. ¡Pensé que te había explotado el tampax! Viernes Desperté tres veces esa noche. Una de ellas, Henri también lo hizo: me encontraba gritando, o hablando en voz muy alta. Se alarmó mucho: de haber estado despierta, lo mío sin duda era un brote psicótico. Pero no, sólo era un sueño de esos en los que me peleo normalmente con mi familia. Seguí soñando el resto de la noche: por la mañana, tenía la cabeza hecha un bombo. Pero una vez espabilada (él tiene el sueño más ligero pero durmió unas nueve horas), nos acercamos a la ciudad y estuvimos por fin realizando varias gestiones de las que estaban anotadas en el planning. Entre eso y la regla, pinché de mala manera. Henri osciló entre el no hacer de la depresión y el "esto es un esfuerzo sobrehumano, pero lo hago porque debo". . . . Hoy el tiempo parece haberse detenido. Debíamos seguir con las gestiones, pero nos tocó sincronizarnos, en estado de ánimo y también en el bajón que proporciona un día de actividad intensa. Henri vuelve a estar bajo, y a rumiar. Blue: mira, qué cielo más nublado. Henri: me encanta. Por una vez, el cielo comprende mi estado de ánimo. El mundo me comprende. (Y mientras escribo) Henri: ¡Está lloviendo!¡¡Ojalá truene!! Blue: ¿para qué quieres que truene? Henri: para que el mundo ruja por mí. Así estamos. Espero casi impaciente la hora de la resurrección teórica de los depres, es decir, hacia el crepúsculo. Henri (disgustado): ala, ha salido el sol. ¡Quiero mis nubes! ¡Quiero mis truenos! ¿Dónde estáis? Y ahora, sin duda, lo mejor de la semana: De martes a jueves Comunicación verbal de la psiquiatra de Henri - Dobla la dosis de antidepresivo, de 75 a 150. Comunicación vía mail del psiquiatra de Blue - Sube el antidepresivo de 10 a 15. No importa el nombre de lo que tomamos: lo de los miligramos va según el principio activo. Lo cachondo es que nos han subido a los dos el fármaco más delicado en la "dieta" del bipolar. ¿Servirá para algo ese ajuste de antidepresivo? El lector puede dudar, pero nosotros tenemos la esperanza que nos otorga la experiencia de otras fases como ésta, y confiamos en nuestros psiquiatras. A través de la ventana, el tiempo sigue bipolar, como nosotros. *** Escrito en Madrid sin fecha, antes de hacer la maleta Subastamos bipolar en problemas. En las culturas esclavistas, perdón por haber visto películas de romanos últimamente, al esclavo se le presenta lo más sano que se puede. Supongamos que el bipolar sabe que está en la cuerda floja. Que en cualquier momento necesita una red, porque la ha echado en falta dos noches ya, dos de pesadillas despierto. Es la tercera noche, y tiene miedo. Es la tercera semana de sentirse en este punto: duerme bien dos días, luego vuelta a empezar. Hace poco tuvo una nochecita con paranoias de la que se recuperó no sé bien cómo, eso sí, con esa preocupación del qué podría pasar si se repite. Dónde se han metido todos mis amigos ahora, se pregunta. No a los bipolares, sino a los de toda la vida: ¿a quién llamo si no me encuentro bien?. Si hay que llevarme a urgencias, o simplemente necesito compañía para no caer en los abismos de mi mente, como cuando se me va la pelota. Y me pasa cuando no duermo. No tengo cadena, red de apoyo real. ¿Qué haré si otro insomnio me mata? Sí tienes cadena, amigo. Yo soy parte de ella, sólo que no tengo llaves de tu casa, ni tú de la mía, pues no vivimos cerca. Aunque yo sepa cómo estás, debes darme el teléfono de alguien, o no podrás recibir ayuda por mi parte. Henri (indeciso entre su agenda): bueno... está mi amiga A. Blue: pues dame el teléfono de A. Henri (titubea): espera, debería avisarla primero, además hay que contar con la cortesía [de no ir dando teléfonos por ahí]. Blue: ¿Sabe ella lo que tienes, quiero decir, lo que vas a pedirle, en realidad? Me refiero a los peligros que puedes correr en crisis, no a que tomas pastillas y eres el más bondadoso y carismático de sus amigos. Eso ya lo saben todos. Pero hay que estar informado sobre el TB, y hay que hacer el trabajo sucio de decir verdades cuando se te ve mal y tú no lo notas. A nadie le gusta escuchar cómo puede ser el lado oscuro de las cosas, el que más tememos. Luego, si las cosas van como fueron una vez como mínimo en el pasado, será otro golpe oír ese "quisiste llamar la atención". Es preferible tener una red que te diga en un momento dado, por mucho que joda: "ve al psiquiatra". Incluso, ser acompañado a la consulta, pues cuando uno está mal, ya se sabe que cuesta mucho. . . . Qué hubiese sido de mí sin red, hace ya cuatro años. Cómo olvidar aquél día. Blue en urgencias, sin orgullo ni estima, ni por su vida. Mariló la ha llevado como a un corderito. Mariló: dame el teléfono de tu madre. Blue: no, está fuera de Barcelona. No puede hacer nada y no quiero que se preocupe. Mariló: pues el de tu hermano. Blue: paso. Mariló: BLUE AHORA MISMO ME DAS EL TELÉFONO DE TU HERMANO. (El resto de la historia ya se sabe: primer ingreso por haber estado a punto de matarme. Del 2 al 13 de septiembre de 2004). . . . Me pregunta Myriam si he empezado "la guardia nocturna". Qué jocosa, me hace reír mucho hasta de la desgracia. Pues sí, la empiezo por mí y por el otro. Mis insomnios se cobran hipersomnias, no los de él. Este veranito no nos está resultando muy fácil a estos dos, a Henri y Blue. R. me ordenó un día que le diese el teléfono de M. No rechisté. Si alguien sabe que estoy mal, a ella deberán llamar. Ya sabe que poca gente lo tiene, pero creo que M. está tranquila, aunque no para de pedirme señales de vida. La última vez que me vi mal les endosé la botica en custodia a esta pareja de amigos. E informé a mi red del hecho, para que estuviesen tranquilos. M. es el punto más fuerte de mi red: tiene llaves de mi casa. En el extremo más grave del asunto, la cosa puede ser tan importante como intentar salvar una vida. Si a uno le queda una neurona, lo hará saber a quien se lo tome en serio, no al ignorante que cree que lo nuestro es psicológico y que el suicidio no es más que llamar la atención, es decir, joder a todo el mundo. De ahí que no todo el mundo pueda ser parte de tu cadena o red de apoyo. Conocer a la enfermedad, y a ti, y a ti+síntomas. También tienen el teléfono de mi madre. Y yo tengo el del marido de otra amiga bipolar que me lo confió, y de alguna madre y hermano más. No quiero contar los teléfonos que tengo, pocos y de poca gente, sólo de quien sabe que quizá se me confiaría ese estoy en las últimas, que no siempre es consciente y expresado con tanta amargura. Claro que es más fácil dar alarma cuando alguien está muy deprimido, que cuando se sube a los mundos terroríficos del polo I. Eso creo ahora mismo, aunque quizá he opinado lo contrario en otra ocasión. Qué más da, hay que actuar de todas formas. Quien ha estado cerca, muy cerca, da teléfonos aunque no se los pidan. Ahora estoy esperando a que A. consienta en que una desconocida tenga su número. Quiero que así sea, es una responsabilidad pero un deber con un gran amigo. Espero (y desearía) que M. piense lo mismo de mí. Me tranquiliza saberme miembro de redes. Estoy convencida de que funcionan, lo he vivido en mi carne. Y me esperanza, aunque sea duro hacer las llamadas. Habré asistido entre comillas a algún ingreso, pero todavía a ningún funeral. . . . Tampoco olvido el día que recibí la llamada de su pareja. Pareja: ¿Hablaste ayer con Henri? Blue: sí, ¿qué ocurre? Pareja: que está en el hospital, le llevó una amiga ayer de madrugada. Han tenido que hacerle un lavado de estómago, y queremos saber qué le ha pasado. Nada me contó esa noche. Cuando le dieron el alta, supe que había sucedido de golpe, que se le fue la pelota. Lo pasé tan mal, me sentí tan impotente. Pero ni él lo sabía, lo hizo en un impulso raro. Mucho después, reconoció que había bebido esa noche. Relaté ese suceso en el blog en su día, muy impactada y emocionada. . . . Empieza "la guardia", el vivir de noche o sinvivir habitual este verano. Veré alguna película, o la serie de romanos, como estos días atrás. No me siento alarmada ni espero que se me llame, pero hemos acordado que lo hará si se encuentra mal. Esa es mi tranquilidad, de hecho. Aunque no tenga el teléfono de la amiga A. Por si él no lo recuerda, tengo el de sus padres. No me lo perdonaría nunca, o sí. Mejor prevenir que enterrar, pues no sé a qué viene eso que he leído (o no, por omisión o simplificar) o se dice de que en estado maníaco no hay suicidios. . . . P.D. Así estábamos antes de encontrarnos. Y a fecha de hoy sé que está valiendo mucho la pena permanecer juntos. Ayer Henri me dijo: por teléfono hubiese sido jodida la cosa estos dos días: tú mal allá, y yo peor aquí, uff. Me llamó un familiar y noté tranquilidad en el hecho de saber que tampoco estoy sola. También empiezo a recibir mensajes del entorno de él al respecto. Creo que nos sentimos más seguros, amparados, comprendidos, escuchados. Me siento mejor de ánimo ya, y lo sé porque estoy escribiendo de nuevo. Eso me da fuerzas para apoyarle ahora. Acaba de informarme de su visita al psiquiatra. *** Admiro a la gente que llega a su destino, abre la maleta y en un plis plas todo está colgadito en el armario. Yo soy de las de "hacer camping", como dice mi madre. A todo esto, y mientras nuestros días psicoeducativamente correctos (de eso hablaremos en otro post) transcurrían, se anunció la llegada inminente de dos amigos de Henri. A veces, me recuerda a mi padre cuando dice: "la posada está abierta". Pero volvamos a la sitcom. Salón de Henri, 10.30 de la mañana. No se puede llevar siempre gafas de sol. Hay quien lo hace pero ¿acaso ve? Cuando llego a casa, no acierto ni a encajar la llave si no me las he quitado. Las retiro cuando hablo con alguien, por respeto, y porque me gusta aguantar la mirada. Pero se echan de menos cuando una frase certeramente dicha (no siempre con relación a ti o tu pasado, más bien es algo que hace asociar ideas) pone a prueba tu autocontrol, que falla, eres demasiado transparente y vulnerable. De repente, ya no ríen mis ojos, se hacen pantalla de una tristeza tan tan real que antes de que la vida me la diese, no hubiese podido aparentar, mientras que ahora podría dedicarme a ser actriz dramática. Ojalá pudiese evitarlo, que esa mirada dejase de pertenecerme. - ¿Qué te pasa? - No, nada. Hace mucho calor, y necesito tomar aire. Nadie se lo va a creer, no cuando tus ojos te traicionan de esa forma. - Dime, ¿hice o dije algo que te molestó? Debería escribir al menos dos folios para explicar por qué pasó, mejor dejarlo correr y que piensen lo que quieran. No podría expresarlo cara a cara sin unas gafas de sol. Dudo mucho que llorase, eso sí es un lujo por ganas que tenga. Es hora de retirarse, y muy pocas veces he abandonado una reunión social en estas circunstancias. Me conozco, y sé cuándo debo excusar mi presencia: mejor prevenir que curar. Mejor pasar esos momentos en casa, agarrarse a un cojín y rechinar los dientes, sin coger el teléfono. Hipersensibilidad, uno de los dones con que la bipolaridad me dotó. Además, se anima mucho con la regla. Cuidado, protege tu vulnerabilidad. Que no se entere quien ya no lo sepa. No más daños, no los soportas si te sientes así de desnuda ante el mundo. Por suerte, son sólo momentos y quizá haya que tomárselo como un dolor de cabeza, sin darle más importancia. *** Tampoco tuve miedo a ese folio en blanco, esa sensación que mina a los escritores. No hasta que me di cuenta de cuánto tiempo llevaba sin escribir en el blog. Ni siquiera un folio de verdad me arrancaba algo parecido a un post. Extraño síntoma, que no me da buena espina. También es cierto que de alguna manera decidí vivir con la patología sin hacer públicos los pormenores. Mis fobias ya están ampliamente descritas y más de lo mismo me aburre. Y que no fue hasta la semana pasada que me puse a leer cosas de interés, relacionadas vagamente con la temática del blog. Vivir en un permanente jet-lag causado por altibajos en el sueño tampoco ayuda. He llegado a cambiar del todo mis horas de dormir, con insomnios hasta el alba. El mes de julio ha sido muy caótico en este aspecto. Definitivamente, el verano no es mi estación. Recuerdo haber estado floja de ánimos el año pasado, quizá... no quiero acudir a mis archivos. Deberé hacerlo, porque me prometí no olvidar, y también estos días han sido de "celebración": aniversario extraño, el cuarto año de mi diagnóstico. Actividad destacable: rumiar. Antes, después, ahora, mañana... y te quedas dándole vueltas a la cabeza, rumiando, las horas de escasa calidad lúcida que siguen a un sueño sin calidad. Lo de rumiar es muy común entre bipolares (aunque seguro que muchos no bipolares también lo hacen). Para mí es una depresión en un aspecto: pasan las horas, aunque no estés mirando al techo, y en realidad no solucionas nada, pensar es por definición teórico... Caes en ello sin darte cuenta, y sales de extrañas formas. Preocuparse por lo que no tiene solución, no es buen asunto, pero no lo puedes evitar. Y si das con alguna, es tan abstracta que quizá no valga la pena. "Lo sé, lo sé" no es respuesta válida cuando te dicen algo que no sólo deberías, sino que además has pensado ya. Hacía tiempo que no me despertaba una pesadilla, y mucho menos una con la habitación de casa de mi madre por escenario. Hoy me ha tocado empezar así otro día de esos que bautizan como "el más caluroso del verano" (como si no quedase agosto) y con ojeras. Pero como no tengo vacaciones, el no escribir no ha tenido nada que ver con el haber detenido esta actividad. Por eso me preocupé, pero más me vale hacerlo por otras cosas. P.D. Disculpad mi ausencia en mails y comentarios. Han entrado muchas aportaciones estos días, y no me siento obligada pero me gustaría comentar algunos (los lectores también pueden hacerlo, ¿eh?). Empezaré a escribir poco a poco, y esta vez sin prometerme nada que luego me lleve a frustración por caer en listones bajos. *** Lo peor de regular el sueño es que al menos uno de los días tienes una sensación que (ignorante de mí porque nunca atravesé de tal forma el huso horario), diría que es una especie de jet-lag. Hoy dormí cuatro horas, olé a las siete en punto. Estoy viendo un programa de cocina en la TV. A que cuando comes alubias, tienes claro que más tarde y quizá inoportunamente, ¿vas a tener un problema con los gases? A mí, la ecuación sueño trastornado + los tres cafés que llevo, me da muy mal pronóstico. Pero ya sé por experiencia que estos días de "jet-lag" son muy poco productivos. . . . Me imagino, y ahora acude un recuerdo real, yendo de inmediato al baño para chutarme ansiolítico, líquido en aquella época (1994-?). Creo que tomaba tres gotas, y también que de vez en cuando caía alguna más. No olvidaré nunca ese sabor sobre mi lengua. Nada me extraña que en aquellos años, sin un antipsicótico como mi querida quetiapina aka "S" en lo que entonces ni siquiera sabía que se denominaba "pauta" aunque bien iba a un psiquiatra, abusara de esos tranquilizantes. Tendrán muchos efectos secundarios, pero ante la alternativa sufrida (hasta el despido, que el puesto de trabajo rara vez se tiene en un zoológico) de subirme por las paredes por los nervios, estoy a favor de ellos, y si hace falta, lo pondré en negrita. En dosis adecuadas por supuesto, no las cosas que se oyen y ven por ahí, que hasta yo me he visto aguantándome la baba o el cráneo. Bajo estrés, como de hoy (no en mi casa, ya es suficiente), y con poco sueño en mi haber, estoy forzando mis neuronas. Muchas morirán tras haber dejado una sola letra, o trazo, en este papel. Por eso, este folio va a ser tan importante para mí. Este papel engrosará mis pertenencias, que a nadie interesarán cuando muera. Pero a mí sí en vida, aunque cuando grape este escrito, formará parte de una montaña de papel condenada a vagar por la mesa hasta que encuentre un hogar... bien, ya se me ocurrió. Compraré un archivador especial: ha de ser de color turquesa, o lo pintaré yo misma. De esta forma, quizá en la próxima mudanza decida que su destino está en la basura junto al resto de escritos personales que curiosamente este año gusto de manuscribir cuando precisamente mis únicos objetos personales presentes son los de mi bolso, mmmm como cuando trab.... Estoy empezando a considerar que la ausencia de cualquier tontería que ahora no poseo, como mi lima de uñas, posibilita que me concentre mejor en lo que hago. No es gran cosa, Blue: cuando habías llenado el folio con las tareas de curro a la que se añadían los marrones del día, seguro que morían más neuronas. Las enterrabas con cafés, como hoy. El de la oficina, de máquina, asqueroso y aguado. Llegaste a acostumbrarte tanto a ese brebaje que años después (¿va para cinco ya?) todavía pides cafés americanos o con hielo en los bares, y en casa añades dos dedos de agua a la taza de la cafetera italiana. Supongo que un día dejaré definitivamente esas costumbres adquiridas en mis años, sobre todo los últimos y detonantes, de trabajo. Y si he de comprar una cafetera ahora mismo desearía que fuese para expresso, no una "melita" para beber a litros (tuve una siete años). Eso solía hacer. Todavía no me medicaba(n) bien para "los nervios", pero no era consciente de que cada dos cafés de máquina me obligaban antes o después al refugio del baño con mis benzos. A veces hay que educar hasta al sentido común... ¿Acaso hay escuelas para futuros pacientes mentales? ¿O para la paternidad? Pero ahora que lo pienso [soy consciente de que mi cerebro funciona diferente tras horas de charla y en un entorno distinto], éste es el trabajo más duro que he tenido en mi vida, sin importar que no sea remunerado y origine gastos. Me involucro y comprometo totalmente como persona. Cuántas veces se me dijo que "la empresa no era mía", cuando hacía horas extras y me llevaba el trabajo hasta a mis sueños. Pues ahora, la empresa sí es mía, y considero, confieso que a veces me asusto cuando veo el contador de visitas, que estoy muy bien pagada, pues quizá sí estoy aportando el grano de arena del que hablaba en mi primer post. Gracias a vosotros, quizá sea útil, y por la tarde, ya en mi casa, trabajo también: paso a limpio estos seis folios manuscritos para colgar un post decente. Y tengo cuatro más, personales, de los que me siento satisfecha. Sois muchos, y aprovecho para mandaros toda mi admiración. . . . Fragmento del mail de una lectora de veintitantos años que reproduzco con su autorización: Lo que cada vez veo mas claro es que no encajo en ningún trabajo y que Buen tema... y me identifico mucho con este testimonio. Pensaré en ello, como afectada. *** Fragmentos del diario personal de Blue Madrid, x de junio de 2007 Día 4 sin duchar. En uno de mis dos ingresos, se permitía hasta tres días sin hacerlo. Pero nadie me acompaña en este ingreso domiciliario. Tampoco para comer. (...) No me interesa siquiera navegar por Internet, a lo sumo ojeo un boletín de noticias. De nuevo el silencio, ya no escucho música. Silencio algunas llamadas entrantes. Sólo H. y M. me siguen la pista, a distancia. (...) Si estoy de ánimo para escribir esto, y ayer cené, tengo una esperanza para hoy. (...) 19.44. Me acabo de topar con la lista famosa de ayer. En este orden: (...) . . . Este escrito no es de ayer, ni de hoy. Ya estoy mucho mejor y por ello lo publico. Limpia y aseada, con comida digiriéndose, no tanto tabaco y otros excitantes restringidos... pero ahí quedan esos fragmentos para no olvidar. *** V de Victoria. Z... Z. es la pastilla nueva que empecé a tomar hará dos semanas (una de sus bondades era que mi memoria...). Quiero llamarla así por lo ingenuo de pensar que será la última que me hagan probar. Aunque en este particular, y en plan "las cosas siempre pueden ir a peor", ya tengo con las pastillas cierta mentalidad de ir a comprar zapatos. Un modelo de entre cien -que más o menos me guste- de mi número quizá ajustará en mis pies como si se tratase de guantes. Z. eliminada de la pauta. Sin haberme quejado demasiado por aquí. Las cosas eran crudas y asquerosas: qué bien me sientan los efectos secundarios. Mi psiquiatra, que me ha efectuado un seguimiento, es cabal (consultada acepción 3 en el DRAE) y ha decidido suspender el fármaco. En unos días puedo volver a donde estaba, es decir, más o menos: al buen humor, positividad incluso, buen comer y buen dormir. Todo eso ganado para mis hábitos maltrechos y la cabeza funcionando bien-bien, o bien-a 4 años del diagnóstico. Z. me estaba dejando los muebles llenos de polvo. NO COMMENT. *** Hoy me he enfadado un poco. Más bien decepcionado. Estaba montando la base del ventilador, que es una torre, del revés: cuando me he dado cuenta, me he puesto francamente triste porque además me sentía incapaz de atornillar. He perdido por completo el sentido del cómo montar algo. Menos mal que todavía sé fregar platos. Hoy sí me quejo. Porque no me siento yo. Quizá el famoso deterioro cognitivo se esté presentando ya tras cuatro años de tratamiento con pastillas. En ese caso, no tardaré en ir a un notario. Muchas veces me resulta difícil encontrar una palabra exacta en lengua española y voy dando circunloquios. Esta es la que consulté: aturrullar. (De aturullar). 1. tr. coloq. Confundir a alguien, turbarle de modo que no sepa qué decir o cómo hacer algo. U. t. c. prnl. Es normal que no sepa en qué día vivo y el día que me lo preguntó un psiquiatra (no el mío), me lo sabía porque era el de la visita. Pero hoy no daba una. De hecho, hace días que tengo pendiente notas para el psiquiatra, y no me he puesto en contacto con él tal y como quedamos. Porque la pastilla nueva va en pauta ascendente y se nota ya: es ella quien conjuga el verbo. Y que yo me quede callada (decir debo cómoestoy y quémepasa), eso sí es digno de reseñar. Con lo verborreica que me pongo en estos casos. Mañana (hoy, porque tampoco sé dónde tengo el sueño), no me libro de él. Tengo que reconocer que también estoy algo asustada, pero no me encuentro Mal salvo un día de la semana pasada, y de muchas peores hemos salido. Aquí sigo, aturullada pero dando guerra. . . . De una entrevista a Hugh Laurie (laguiatv.com). - Parece un poco negativo, casi como el doctor House. Me sentí tan identificada con lo de los tres años, en mi caso en el "negocio bipolar"... por cierto, un día de éstos (y seguimos probando fármacos nuevos) se cumplirán los 4 años de diagnóstico. *** Si algo puede sucederme en la vida cotidiana, es llevar en el bolso una carta franqueada un mes. Como si no hubiese buzones. Paso por delante sin ser consciente. Conjeturo: 1) Ya estoy demasiado habituada a gestiones online, que hago sin problemas. 2) Soy una despistada. Llego a casa con la carta en cuestión y siento rabia. No salgo de nuevo, pero luego cuando es el turno de la basura sí bajo. 3) Lo que requiere mi presencia me produce ansiedad. H. y Madre me acompañaron a un par de cosas urgentes el pasado abril con un ataque de nervios (de pánico) encima. 4) Sigo con cierta alergia al papel. De nada sirve que coja un periódico gratuito. Ni hablar de pasarme por la feria del libro. . . . Después de muuucho tiempo, esta semana fui a recoger el carné de la piscina, una de las pocas ventajas que ofrece la minusvalía. Aleluya. Falta: tirar la carta. Enviar un fax. "Poco a poco" está bien para demorar las cosas unos días, no semanas o meses. Me pone mala el papeleo, y hace mucho tiempo que necesito ayuda para "ejecutar" un formulario, aunque sea un volante para el análisis de sangre. Sólo falta que deba salir de casa pronto en plan zombi para acabar de empeorar las cosas. Pero ya hace un año que me empadroné (con un padrino de luxe), y me felicito. Es humano tener limitaciones. Es parte de muchos bipolares el tenerlas en su día a día, y yo las reconozco. Por ello, el post "Limitación" puede continuar, pero no pretendo inspirar lástima. Si la tienes... cambia de blog, porque yo me apaño con todo esto en el fondo aunque me cueste o necesite ayuda. . . . P.D. Y como por lo relatado debo parezco una marciana, o de otra galaxia, hago sonar http://www.goear.com/listen.php?v=ed9c259 *** [MALDICIÓN GORDA] La menstruación me ha pillado casi sin bragas: Murphy quiso que vistiese un tanga [bajo capas de ropa] y la cosa ha sido mientras tomaba una caña. Ya decía yo que ese dolor de espalda... Ahora que estaba bien de ánimos, se me presenta la regla en plan episodio depre: lagrimilla y sentimientos a tutiplén. Sólo faltaba que me llegasen más fotos del 40 cumpleaños de las chicas. Uff, mañana no veo a nadie, no tengo el chichi pa farolillos, expresión que me ha pegado una gran amiga. Insomnio, y un cabreo del 50 por estar así, es que me duele hasta el alma. Y voy y me pongo esa canción de Joy Division, la que me pide el cuerpo. A ver si se largan los dos a la vez: el catarro y las inevitables manchas. Veamos el lado positivo a las cosas: voy a asistir al amanecer de Madrid. . . . Adjunto borrador de mail-tostón escrito a un amigo (no bipo) en febrero: menstruación en versión hipomaníaca (por eso no lo envié). Paradójicamente, mi ánimo era bajo, y muchos meses me lo subía el acontecimiento. Días para que los amigos disfruten de una, para variar. Holaaaaaaaaaaaaaaa, Por ello, del bajón previo a la normalidad sería fácil hablar de cierta euforia, sí, pero para mí en estos momentos mi ánimo está donde debería cada día del mes. Me siento activa, contenta, sonrío a la vida porque me río de ella, de esa puta que me ha pillado y me obliga a viajar con ella hasta que me abandone por capricho, tomo lo mejor y soluciono sus problemas con la cabeza alta. Como debería ser a diario, por desgracia tengo una enfermedad que se localiza en una zona cerebral que rige las emociones llamada Bipolaridad. . . . Imagen: obra gráfica de Jamaika http://www.fotolog.com/jamaika66, seleccionada por ella misma para el tema. ¡¡Artista!! Por no manchar esa imagen, le cambié el título al post (antes con la maldición completa). P.D.s Bueno, los pajarillos ya están contentos. Previsión meteorológica: mínimo 12, máximo 25. Hoy un letrero marcaba 24ºC a las nueve de la noche en la terracita, la peña en manga corta de nuevo, y yo, para variar, con mi abrigo negro por el catarro. Mientras escribía y atendía a otros asuntos, ya amaneció. Maravilloso, este color del cielo sobre Madrid. Si me encuentro bien, que nadie sufra, pero la irritabilidad es así y cuando toso, pues... las mujeres me entenderán. Tragicómico. Bueno, me voy a la cama con otra canción, de nuevo "One night in Bangkok". Me está volviendo loca, todo el marrón y el no dormir. *** En Barcelona, mi buenísima amiga D. me hizo recordar los primeros tiempos tras el diagnóstico, de los que ahora me siento capaz de hablar... ahora que por fin les parece que puede salir el tema en conversación privada, ahora que quizá ya no estoy en condicional, que ha pasado el tiempo y mi salud es otra. Y me he puesto a bucear en mis antiguos escritos para documentar esos tristes momentos. Esa conversación me hizo considerar que estoy bien para ello, y además mi vida cotidiana es algo sosa: recuperarme de un catarro, y tomar cada día una pastilla nueva a la espera de que me dé un disgusto. Eso sí, me ducho a diario. Tengo ánimo para abrir esos expedientes, y enfrentarme a ese pasado. Considero oportuno compartir algunas cosas: batallitas bipolares puras y duras. Este documento es casi el primero que he abierto en un disquete de la época, y me gusta por el final de la tortuga: todavía me acuerdo la impresión que me causó el animal por su lucha por la supervivencia. Yo estaba en ello, con mucha rabia. L. andaba muy deprimida por bipolar y por cuestiones de pareja. Yo no por tema pareja, sino por el episodio mixto bipolar. Mi nick entonces era BlueJean, por la canción de Bowie. |