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Carne de Psiquiatra -Trastorno Bipolar

Batallitas bipolares

Callando como putas

Callando como putas

Llama mi amigo. ¿Cómo estoy? Intento recuperar de mi memoria alguna de las fórmulas de cortesía pero ni eso me sale. Me confiesa que esta semana anda bajo y que hoy se ha levantado a las 18 h. Iba a callarme como una puta pero me sale un sincero: anda, qué casualidad, yo también. Estamos sincronizados. Todavía hace sol en Madrid y dicen que el de otoño es más cegador, pero como que ya nos importa un carajo.

Hasta los cojones. Los próximos posts tendrán títulos raros pero el título real será ese.

Hemos quedado mañana, a ver si se cumple la vieja ecuación dos depres = dos que se animan.

Llamo a dos amigos, caen las hojas por doquier. Entre nosotros no callamos, fuera... pues "sí, bien, me encuentro bien". Es lo que hay que decir a la familia mientras rechinas los dientes y sobrevives, sabes que va a pasar y ya sabes incluso cómo, así que mejor callamos porque esto es como una gastroenteritis, crónica por supuesto. ¿Dónde estaba la ducha, que no me acuerdo?

Eso de que estás bien lo dices cuando no estás en los dos bajones reglamentarios al día en los que te enroscas bajo el edredón y dejas pasar las llamadas hasta que te ves con ánimo de devolverlas. Me he buscado compañía en los últimos libros que hay por casa. Mereció un quinto traslado para uno de ellos, menos mal y menos mal que puedo evadirme con eso.

Putas ganas de conectarme, de escribir. Prefiero cocinar algo y al menos, comer. El resto, leer y dormir.

Empezamos bien el otoño.

***

Hipersensibidad III: un día hipomaníaco

El despertar había sido dulce, el último sueño dejó un buen sabor de boca, cosa que se agradecía hasta el infinito.

Buenas noticias por e-mail y por msn que atañen a mis amigos. Satisfacción. Y a mí misma. Orgullo.

Scan habitual tras una hora de la toma: hoy el globo no es tal, es un leve ensueño feliz.

Hacía días que no escuchaba música. Me pongo al Boss, y reparo en que: estoy subida. Hipomanía.

Voy a disfrutar del momento, la vida ahora son momentos emocionales y hoy me ha tocado la lotería. Salgo del gris habitual, esto es un regalo.

Me miro y remiro. Me gusto. Me visto, peino y maquillo. Por eso también sé que estoy algo arriba, me quiero, acepto mi cuerpo y siento autoestima.

Siento paz interior y a la vez una gran alegría. Hoy el cielo es azul intenso también en mi azotea.

Sé que hay sustancias liberándose, las que producen placer.

 

Hipersensensibilidad

Necesito alimentarme de emociones

 

Springsteen, Moby. Mi alma se alegra, se eleva, yo soy música y se me eriza el vello.

Incienso y perfume. Las aletas de la nariz están abiertas y necesitan recibir estímulos. Quiero oler cuero, madera, tierra, las próximas flores de las acacias.

Quiero hablar con gente, pero sé perfectamente, sé dónde estoy, a la primera llamada he decidido no hacer más.

Quiero comprar entradas para un concierto. Consciente, he hecho cuentas, y no puede ser. Ese impulso está controlado, pero ha venido a mí tres veces ya.

Me rodeo de azul turquesa y de verde malaquita. Rojo en los labios, castaño dorado en el pelo, titanio en el resto. Entra la luz en casa, y brillo con todos esos reflejos.

Beberé agua con gas. Mi paladar cosquilleará.

Hoy no me costará decidir qué como. Me embriagarán los tomates auténticos que me regalaron, y los voy a regar con aceite de oliva, mucho, del pueblo, tanto aceite que luego beberé del plato como una cría, estará salado y contendrá pepitas de tomate, que mi lengua va a disfrutar.

Abriré un libro al azar en una página al azar y leeré en un minuto algo que me hará pensar, que dará luz a mi intelecto, que también necesita sus estímulos. Sólo necesitaré una idea para empezar a asociarlas hasta que me dedique a otra cosa.

Caminaré descalza por casa, ahora no entiendo por qué uso zapatillas a diario.

Quizá me ponga a bailar. Mis piernas y brazos pugnan por ser usados, hoy también despiertan y noto que se preguntan qué hacían en el sedentarismo.

Abriré el armario. La palma de la mano recorrerá todas las texturas, la siento ya temblar. Se detendrá en la seda, en el popelín, en la franela, en el cashemir, y en un sintético de tantos colores que la mano llamará a los ojos para que admiren la belleza. Si no lo hacen, esa prenda hoy mismo caerá del armario, porque hoy quiero a mi cuerpo (no es necesario que me sienta sexy para ello, hoy no especialmente), y hay cosas que ya no le pertenecen. Sólo le pertenece la belleza.

La habitación está ya impregnada de incienso, he acariciado el melocotón en el sofá, o él a mí, y pienso que todo esto vale la pena escribirlo, y además tengo muchas ganas de escribir. Escribiré lo que me sucede en el blog, y escribiré los sentimientos que ahora percibo como muy intensos hacia personas muy especiales de mi vida. Abriré el álbum de fotos y mi libreta "Raíces", quiero saber y sentir quién soy, sabré de dónde vengo y homenajearé a esos seres con mis mejores pensamientos, ojalá noten un ligero y placentero estremecimiento entonces.

Escribo en el teclado ahora, y me dan ganas de dejarlo ya porque quiero tocar ese papel de mi diario, quiero trazar pensamientos, quiero hacerlo en muchas tintas.

La medicación me sujeta para que no vaya más arriba, esto es un punto raro y quizá una jugada sucia más de mi mente, pero le doy la bienvenida con cautela, la sujeto cuando veo que se me escapa de las manos, he decidido no salir de casa, consciente del tema, y a sabiendas de a qué me expongo. Creo que estoy controlando y bajo control.

Ya es otoño, pero los días son de primavera. Tras un verano que ahora me parece más depresivo que nunca, un martes cualquiera mi corazón palpita con fuerza, con vida.

No hay taquicardia, pero hoy te dices: moriría a gusto ahora mismo y encontrarían mi cadáver con el corazón destrozado pero una gran sonrisa, y los ojos ya cerrados en un ensueño dulce. La escena resultaría incluso fotogénica, como lo soy yo ahora y por eso me he tomado algunas fotografía; encontrarme tendida sobre el cuaderno, y todavía sosteniendo un rotulador azul que mancharía un dedo.

Me quito las gafas, me hago un masaje en el rostro. No hay contracturas en él, pero sí las habituales en la cabeza. No cuento el tiempo, hoy el tiempo no existe sino ese momento, que relato para mi propio recuerdo como una batallita bipolar, dure un día, dure todo el otoño. Si esto es así, me va a caer otro cambio de pauta y me voy a enterar de lo que es malo, así que mejor sigo disfrutando hoy de lo bueno.

Mis cabellos caen en mechones que el sol quema. Tomo un cepillo, y lentamente da fin al masaje en el cuero cabelludo. Tengo los poros abiertos, también ellos hipersensibilidad. Cómo brilla el pelo, cómo está vivo y hoy todo me hace cosquillas, hasta la espalda se eriza con el contacto de la melena inquieta.

En el baño se mezclan tantas esencias... me entretengo abriendo y cerrando recipientes de gel de baño, de colonia, de crema facial, de pintalabios. Tomo aire con la boca, todo entra en mí con una intensidad que pocas veces aprecio, es como si ahora lo descubries todo.

Recuerdo olores de otras personas, no se conoce realmente a alguien si no sabes cómo huele, y también les huelo con la memoria sensorial.

Sostengo el cigarrillo entre nariz y labio, está mucho más rico así que incinerándose. Lo que se quema es incienso, antes opium, ahora canela, los más fuertes que tengo.

Dicen que el de canela es afrodisíaco. La escena es realmente sensual. Soy un gran punto erógeno. Podría compartirla con alguien, pero mi autocontrol se niega, este momento es mío ahora que sé lo que es, y no voy a compartirlo más allá de los lectores del blog, y de los hipotéticos lectores de mi diario personal que leerán este párrafo mucho más extendido.

Mi cuerpo está relajado en su totalidad, no me duele nada, los párpados pugnan por cerrarse incluso.

La música sigue manteniéndome elevada. Hoy haré una cuidadosa selección, pues estoy abierta y deseosa de seguir alimentándome de emociones, las emociones se compaginan con los sentidos, y quiero experimentar todas, todas menos las que tenía en ese largo momento depresivo.

Hoy por ejemplo he leído cosas de humor que me mandan y sí he reído, todo mi aparato fonador se ha abierto de golpe, el primer sonido del día que pronunciaba era una carcajada.

Por el momento no estoy lábil, pero puede que me ponga a llorar cuando suene la Callas.

Estoy tan sensible a las emociones, que cualquier revés puede dejarme triste el resto del día, por eso me aíslo, y esta noche me va a costar tomar las pastillas, no querré abandonar la felicidad.

Reír, llorar, bañarse de emociones y gozar de la hipersensibilidad.

Es humano, pero puntualmente, puede ser así de intenso para un bipolar.

***

Hipersensibilidad II: efectos secundarios

Si el Dr. Carlos Sánchez dice (y lo cito fuera fuerísima de contexto: "(...) [un efecto secundario producido] por hipersensibilidad. Esto funciona como el alcohol. Hay quien toma una copa y da tumbos, mientras otro tolera grandes cantidades (...)"

http://www.bipolarneuro.com/foros/index.php?topic=46.0

Pues como que uno de mis primeros posts se llamó "Hipersensibilidad" y relataba todo tipo de molestias debidos a síntomas muy fuertes...

Ahora sí, hipersensibilidad de nuevo. Hay que joderse, no sólo debo lavarme los dientes hace años con una pasta especial y cara, cómo no, destinada a mitigar el dolor ante cualquier alimento por sabor o temperatura, sino que la cosa llega a que tampoco soy capaz de tomarme "tres copas" al día sin que me tumben. Tres tomas de medicación.

Es un imposible plantearse una rehabilitación, un avanzar hacia la estabilidad, cuando se es hipersensible a la medicación. Ninguna me ha dejado indiferente, quizá las benzos porque en su día me enganché, y por tanto su ausencia puntual sí me ha dado "mono". El resto de medicación, para mí, es dar por cierta parte de la información de los prospectos "efectos adversos": mareos, falta de concentración, diarrea, hipotensión y hasta una no severa caída del cabello. Menos mal que no tengo un cuaderno de bipolaridades con estas cosas desde que tomo lo que tomo. No recuerdo por qué se me retiraron fármacos concretos al principio cuando el diagnóstico.

Se va a cumplir tres meses con el nuevo fármaco. Los globos de los primeros días son ya anécdota, pero sí, sigo estando nublada por las mañanas. Yo no duermo, duermen las pastillas. Si no duermo bien, la hemos jodido, ellas no han descansado y me espera un día de perros con difícil arreglo.

Desde julio estoy en ello. Las dosis fueron aumentando hasta las actuales. Ciertamente, lo bipolar está todo lo controlado que puede estarlo, y de la ansiedad estoy mucho mejor también.

Pero: yo y la pastilla nos estamos acostumbrando ya un poco más la una a la otra. Ahora sé por dónde van a llover las hostias, vamos.

No tengo suerte, dientes hipersensibles, hipersensible a "drogas". A ver cómo narices una "pone de su parte" cuando ha nacido así.

Pero bueno, hoy creo que hará un día hermoso en cuanto despejen cuatro nubes tontas y tengo el recuerdo de un fin de semana muy intenso que no voy a olvidar, con momentos de gran alegría y felicidad.

***

El otro sospechoso habitual

Cosas de esta semana

Pues sí, el primero, el sueño. Controlado a medias, pero ayer de manual: de medianoche a las 8 y poco que me he levantado. Y se presentó entre el ojo del otro post y este el otro sospechoso habitual, cómo no. Bragas acorazadas, antiinflamatorio al canto, y a tomar nota para elaborar un calendario emocional que sólo consulto más o menos cuando empiezo a buscar sospechosos ante anomalías emocionales.

En lo cotidianísimo, ya tardaba un vecino de la escalera en hacer obras. Este año no hay nada público cerca de mi calle. Pero esto sucede también en Barcelona, a ver si la gente piensa que sólo Madrid necesita reformas y que nadie arregla su choza. Con tanta obra faraónica, luego llegan a la estación de Sants y les parece una mierda (a mí también), pues bueno, eso fue lo que se construyó hace ya demasiados años, sí, y ahora con la llegada del AVE ya toca volver a invertir.

Había algo que me tenía nerviosa ayer desde media mañana. Estaba muy despierta, había dormido mis horas. Entonces, venga a buscar sospechosos otra vez. Oh, cita a las cuatro con la esteticista: qué horror, acudir voluntariamente al potro de torturas. Fue cancelarla, y volver a mí la paz, toda la que se puede con obras en tu edificio, ahora qué tapones me pondré, estos no funcionan. Sin agenda es como vivo, y con agenda, como no puedo vivir todavía. Llegarán tiempos mejores para mi trastorno ese de ansiedad.

Entre todo eso y un estrés que estoy sufriendo esta semana, aunque sea estrés positivo, me chuto los extras habituales, que para eso están. Y voy pegando mis bajones durante el día, da rabia pero hay que seguir acostumbrándose, que hace poco me cambiaron la pauta y sólo me acuerdo cuando la sufro en "lo malo".

No entiendo a la gente que va acelerada en un momento dado por acontecimientos "ambientales" extraordinarios (no, la esteticista no lo es aunque vale la pena ir algo sedada para que te depilen) y no acude al psiquiatra para que le paute lo que sea en plan extra, por si un día se necesita algo para sobrevivir al día, para qué sufrir gratuitamente nervios y ataques de nervios -léase angustia y ataque de pánico-, y si la cosa deja de ser extra, una pastilla más al día no hace daño, sólo estabiliza. Que automedicarse ahí es peligroso y lo digo por triste experiencia.

Y también escribo todo esto desde la nube o globo que llevo ahora mismo, hora del café, y a la espera del ruido de las obras ya se me anticipa un dolor de cabeza. Hace un par de días que tomo el extra, pues me iba la cabeza demasiado rápido, y llegaba a conclusiones e ideas algo descabelladas, no por imposibles, sino porque se parecían a veces a los sueños raros que me despiertan. La pagó la peluquera el otro día, pues no paraba de sugerirle en plan algo subidita -las hormonas dan alas- cambios algo drásticos en mi look. Lo cierto es que me encanta hacer cabrear a los peluqueros que exclaman "nooooo eso noooo" hace años. Luego piensan que estoy mal de la cabeza, pues bueno, ja, ja, me la repampinfla.

Preparándome para el fin de semana.

Es lo que hay, chicas.

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Dulce pereza

Dulce pereza
pereza.
  (Del lat. pigritĭa).
  1. f. Negligencia, tedio o descuido en las cosas a que estamos obligados.
  2. f. Flojedad, descuido o tardanza en las acciones o movimientos.
  3. f. Ven. perezoso (ǁ mamífero desdentado).
sacudir la ~.
  1. fr. Vencerla.
  2. fr. Emprender o continuar con buen ánimo una tarea o diligencia.

Y me digo: qué bueno resulta experimentar pereza tras pasar una depresión. Querer y no poder es depresión. Querer y poder y no hacerlo... un gustazo y un lujo, para quien conoce lo contrario.

Dulce pereza, me proporciona hasta serenidad. ¿Sacudir la pereza? ¡Ni de coña!, por un rato al menos... quiero estar así.

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Dulces sueños

Dulces sueños

Un amigo mío, también con Trastorno Bipolar, visitó hace poco a otro, también con Trastorno Bipolar. 

El reporte del anfitrión: estuvo durmiendo la mitad del tiempo.

El año pasado visité a una amiga, también con Trastorno Bipolar.

Mi reporte: estuve durmiendo la mitad del tiempo.

¡Qué marmotas!

¿Acaso relaja y distiende hasta lograr el preciado dulce, tranquilo, reparador sueño que tanto nos falta a algunos, el estar en otra casa bajo la hospitalidad de alguien que nos aprecia y entiende? ¿Estamos cargando pilas estropeadas por el cotidiano mal dormir?

Lo cierto es que mis sueños en casa, si no toca insomnio, suelen estar plagados de pesadillas y cosas absurdas que me despiertan, y en casa ajena, aunque esté a la vuelta de la esquina, no hace falta el anhelo madrileño de la playa, son como los de una princesa rosa.

Es curioso. No es un estudio de campo, es una impresión, como tantas otras que están en este blog, como "usuaria" (lo de paciente ya me raya) y no profesional.

Ahora recuerdo que mi psicólogo me prohibió fulminantemente el "turismo bipolar". Claro, todo puede ser una sorpresa y he sufrido como anfitriona, de ahí el consejo. Anfitriona, como que no por ahora, pero aceptaré la invitación, invitaciones en medio año cada semana, del anfritrión de mi amigo y amigo mío.

Dulces sueños, nos decimos tantas veces al despedirnos a altas horas... y fantasía acerca de disfrutar de esos dulces sueños.

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P.D. Este ordenador se está volviendo majara. Hacía tres meses que no mataba a uno, así que ya tocaba.

Buena y mala cara

Hoy me he levantado bien, y las pastillas de la mañana han sido benévolas. Fulanito me dice "qué buena cara haces hoy", yo sé que es cierto porque me encuentro bien, y nos vamos de paseo.

Cuando salgo de casa en plan turista, me gusta y a la vez es necesario parar de vez en cuando, darme respiros, tomando un café o en un banco. Esto, desde siempre, nada que ver con el tema bipolar.

A veces, el respiro es o ahora o nunca. Es el momento del bajón. Claro que hago mala cara, estoy bajo efectos secundarios que me dejan kaputt. La cabeza, es como un mareo fuerte. Me quedo ahí donde esté sin pilas. Con suerte, pasará en diez minutos. Beber algo de agua, respirar... Fulanito lo nota en mis ojos, ahí está mi mala cara.

Y preparada para otro bajón, quizá después de comer. Estaré de nuevo torpe un buen rato y menos mal que voy acompañada, si no la sensación de pánico me paralizaría y cogería el primer taxi para casa.

Esa sensación de pánico es angustia. Empiezo a sudar, me falta aire en la cara como el de un ventilador, querría agua para mojarme la cara también.

Mis piernas resisten, no está ahí el problema a menos que el bajón sea de los fuertes, los matutinos que tantas veces me dejan en casa. Saco fuerzas para tener paciencia y decirme que pasará, y una mierda el bajón me va a dejar sin dar un buen paseo si estoy acompañada y el miedo no es tanto. Las fuerzas no eliminan el bajón, es caprichoso, sólo me ayudan a resistirlo y ese es el único "poner de mi parte" que puedo.

Llego a casa tras un día en el que tan sólo he ido al centro a pasear, unas horas, y a la vuelta ya no sé quién soy, camino en piloto automático. Mi cara, de buena, nada y como no soy "de sofá", me reclama el colchón.

A la mañana siguiente, toca pagar la factura. De bajón a bajón, toca gran bajón por la mañana. Y no se sabe entonces cuándo volveré a hacer buena cara, hasta me duele la espalda.

Ese día después con bajón total tirada en casa, recuerdo un día activo anterior, y me consuela del todo en la penosa hora de pagar esa factura.

Por tanto no me autocompadezco. Ayer hice logros, hoy una gran parada en un banco, y mañana a retomar ese paseo.

A ver si mañana estamos mejor, Padre.

P.D. El "mañana" que relato (ayer) fue algo duro pero no tanto como esperaba, poco más tarde mejoré. Hoy he amanecido razonablemente bien después de dormir bien -importantísimo- y me he ido de paseo solita. Es genial esto de hacer vida cotidiana, pero por las mañanas he de ir controlando que mis pasos sean rectos para caminar cuando no posees equilibrio suficiente, y maldito el pavimento sin líneas rectas que me hace difícil la tarea. Ah, que no falte la anécdota del despiste matutino: en el ascensor he reparado que llevaba la camiseta al revés. Pero como dice Padre, hay que levantarse como si uno "estuviera sano". Yo añado: hasta que se demuestre lo contrario.

***

A ver si despiertas, ya

A ver si despiertas, ya

Eso le dice un conductor a otro, presencio la escena y me digo que ha sido hasta amable, el agraviado.

Me alegro de no haber estado en su camino en ese momento, pues me lo hubiese dicho a mí.

"La hora del café" a la que tanto aludo cuando escribo... no consiste en los diez minutos reglamentarios cuando trabajaba. Ahora eso es tan amplio como abarcar el tiempo que pasa desde que abro un ojo, tomo las pastillas, tomo un café... hasta que me digo: ahora ya puedes fregar platos sin romper una taza. Qué rabia me dio romper mi taza preferida, pero ya me quedó claro que cuando estoy torpe, pues lo estoy, y ya se lavará otra taza en condiciones seguras. No importa la taza, sino que pueda tropezar en un momento de torpeza y hacerme daño. ¿Caer? No más fracturas por un sí remediable "a ver si despiertas, ya".

Por suerte, durante esas horas del café, y aclaro que sólo puedo tomarme uno con cafeína y si me tomo otro, descafeinado ha de ser, tengo la neurona justa para parlotear, o mejor dicho parlotear escribiendo: alguna charla por msn, contestar el correo y quizá esboce algún post. Es una ventaja o un don que tengo, el de poder escribir, pues teclear para mí es automático y eso sí, lo hago al ritmo de mis ideas algo lentas, propias de la hora del café.

¿Parlotear, en silencio? Quizá algo parecido a un despertador me ponga en alerta. El teléfono, ya no sé qué timbre ponerle para que no me sobresalte tanto. Si algo me irrita sobremanera, es que al responder una llamada, todo el mundo me pregunte si estaba durmiendo. Pues no, pasa que no tengo la voz aclarada, eres la primera persona con la que hablo en todo el día, ¿vale?

Pero aunque mi respuesta sea una negativa, da igual, todo el mundo sigue pensando que duermo a todas horas. Aunque la siesta sea algo rarísimo ahora, ahora que esta pauta sí me permite estar despierta. Si no está despierta, estará zombi, sé que piensan todos. Pues igual sí, no me recetan sugus, aunque con esta pauta nueva me siento con la cabeza mucho más despejada por las mañanas. A ver si me acostumbro a tener la cabeza despierta, ahora, después de tanto tiempo. Hasta las novedades buenas hay que irlas asimilando para que encajen en la rutina, quizá con el tiempo este cambio desplace a "la hora del café" hacia el lugar que tuvo siempre, diez minutos.

Y todo el mundo se calla por cortesía ese "a ver si despiertas, ya", y sí, me irrita de según quién, pero empiezo ya a pasar de "lo que puedan pensar los demás", del "qué dirán", porque comprobado tengo que diga lo que diga sobre mi vida cotidiana, incluso esta mejora con la nueva pauta, todo el mundo tiene su propia película montada, y una no puede cambiar los puntos álgidos del guión, pues están basados en tristes hechos reales.

***

Diez pastillas y demasiados miligramos

Diez pastillas y demasiados miligramos

Neceser grande para cajas, neceser pequeño para blisters, pastillero semanal a preparar...

Es una locura, estar pendiente de eso, pero es mi trabajo, cuidarme, se dice pronto.

Tomo diez fármacos. La mitad son para el Trastorno Bipolar, pero tengo otros achaques y alguna pastilla lo único que hace -menos mal- es paliar el efecto secundario de las a veces agresivas medicaciones. Tengo y he tenido muy mala suerte con los efectos secundarios, pero que mucha, lo repito una y otra vez porque cada día es una y otra vez, lo siento.

Cuidar de tener siempre lo suficiente para no dejarme ni una toma, ese pacto hice hace algo más de tres años y lo hice de verdad.

Esto me llevó a procurarme medicación para dos meses. Supongo que cuando me mudé a Madrid y viajaba a Barcelona con más frecuencia, tenía sentido. Viajar con provisiones suficientes para no tener fecha de vuelta, aunque con la pauta en mano, que siempre llevo, no tendría problemas para obtener recetas, sólo el engorro de perder tiempo valioso del viaje.

Ahora estoy poniendo en duda este celo, muy seriamente. En un aspecto, qué "occidental" resulta decirlo: tener más de lo que necesito.

Tengo varias cajas y no quiero que el excedente sea demasiado grande por no recordar si tengo estabilizador y pedir al médico, o demasiado pequeño para las pastillas de la tensión y el colesterol que son las primeras en acabarse. Oh, el ácido fólico, ya apenas recuerdo para qué lo tomo, porque hace días que me he quedado sin él, sólo sé que no es para el Trastorno Bipolar y tengo que preocuparme de las cinco pastillas que sí lo son, ahí no puedo despistarme y es fácil cuando vas a ojo reparar en que sólo tienes para dos días de algo y casi empezar a temblar.

Antes de ir a por recetas pensé que esta vez no debía pedirlas a ojo, fácil cuando tomas diez fármacos, y me acojoné cuando diseñé un excel en el que, los números cantan, tenía demasiados miligramos de lo que no me convenía almacenar.

Es más, me asusté tanto, que en vez de ir a por más artillería, me cuidé de que ese excedente estuviese en poder de una amiga. Creo que pocos favores pido, pero este era vida o muerte cuando comprendí el riesgo, eso o tirar a la basura medicación que luego contamina las aguas, y una vez leí algo sobre cómo nos envenenamos tirando pastillas a la basura. Creo que el agua que bebo del grifo contiene algunas moléculas de antibiótico.

Y es como tirar comida, siempre pienso en que hay gente que la necesita. El precio de la medicación en tantos países es tan prohibitivo para las familias... y a mí ahora me sale gratis, con receta de pensionista. La medicación que ya no tomamos, hay que llevarla donde pueda ser reciclada, contenedores especiales en ambulatorios o farmacias. Lo haré si dejo de tomar algo y tengo, ese "fulanito lo toma y por si acaso", otro error, pero es estúpido tirar lo que sí tomo.

Peor error es tener excedentes y no haber reparado en ello. Que no te falte, y que no te sobre. Acordarse de que te han cambiado la pauta y de que ahora esa pastilla ya no hace necesario dos cajas para el mes sino una. Ya digo, tuve que abrir un excel para aclararme con tantas cajas en el neceser.

Semeolvida me confirmó lo que ya se adivinaba por obvio. Que lo suyo, o mejor dicho, lo mío, sería ir cada semana a por recetas, y tengo diez excusas para hacerlo, de forma que así también tendría una obligación "externa" semanal.

Supongo que es el oficio de los jubilados, llenar ambulatorios. Para que nos receten pastillas. Ir cada semana, así estiramos las piernas.

Y ya puestos, como apenas tenemos vida social, hacer charla de ambulatorio. ¿Qué número tiene? ¿Sabe qué número está ahora dentro? ¿Pero, ha llegado el médico? ¿Por qué tarda tanto ese? Y una abuela dándole palique al que se sienta a su lado, como en el autobús, pero el tema no será el tiempo... "cómo me duele..."

CÓMO ODIABA ESO. Esa letanía y esa espera paciente a paciente, qué tendrán para tardar tanto. Recordaba la anécdota de un amigo mío, que al entrar en la consulta, presenció el ataque de nervios del médico, "estoy harto de que me cuenten su vidaaaaa". Yo tenía que volver al trabajo, me habían dado una hora, y muchas veces esperaba impaciente rodeada de charla de ambulatorio. Creo que una vez me largué, tantos nervios me dio la cosa. Nada tengo contra los ancianos, son mis abuelos y de ellos he de seguir aprendiendo. Pero tienen otro ritmo. Están jubilados, su ocupación es cuidarse, y la soledad su enemiga.

Anda, cómo me parezco ahora a ellos, aunque me siga enervando sobremanera ir al ambulatorio y pasar por la experiencia. Un post antiguo se llama "Yuyus ambulatorios"...

¿Es ese mi destino inmediato? ¿Observaré ahora a algún joven impaciente porque le esperan obligaciones fuera?

Trago saliva.

***

24 horas después

24 horas después

Comento el incidente con mi sabio amigo A. y me responde que tengo ese botón blindado ahora.

Y de alguna manera así es. Cuando no lo conocía ya me enfrentaba a él, a lo bestia. Estuve a punto de perder en dos ocasiones por falta de energía para luchar. Ahora, si la bestia asoma, quizá halle algún blindaje en mí. Lo conozco y sé desactivarlo cuando lo veo. Mi respuesta ayer fue serena, el cortafuegos de hoy, meditado, y el anterior post, escrito sin derramar lágrima alguna aunque con mil reparos.

Una reflexión provocada por lo que interpreto como un "vamos a rellenar la novela con diálogos", un revivir momentos de mierda, y sufrimiento, miedo.

Todo pasa. Hoy llamó Padre y le dije con alegría que me encontraba muy bien. Como ninguno estamos para echar cohetes, y sé que le debo una visita, eso es lo que hay, y hay que estar agradecido por unos mínimos de salud, y disfrutarlo. Las mejores palabras son las del pueblo, sabias y sencillas.

Traje unos donuts en las bolsas de la compra... mmm. Pequeños pecados. Y unas almendritas que como ahora mismo, nada que ver con las del pueblo.

***

Suicidio en horas de lectura

IMPORTANTE

Post para leer por gente que esté más o menos bien, no deprimida en especial (no me sentaría nada bien leer esto en momentos bajos)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

-¿Y cuándo, en el pasado, habría preferido usted morir, en vez de estar vivo aquí hoy?

-Eso es. Nos acostumbramos a todo. Encontrarnos esperanza en cualquier cosa.

-Por eso nunca he comprendido el suicidio. Incluso aquellos que sufren por grandes depresiones o culpas... ¿no sienten el consuelo de Cristo en sus corazones, dándoles esperanza?

-¿Me lo pregunta a mí?

-Como Dios no está a mi alcance, se lo pregunto a un compañe­ro mortal.

-Según mi punto de vista, el suicidio no es realmente el deseo de que termine la vida.

-¿Qué es, entonces?

-Es la única forma que tiene una persona impotente de lograr que todo el mundo se olvide de su vergüenza. El deseo no es morir, sino es­conderse.

***

Orson Scott Card, creador del maravilloso "El juego de Ender" (1985) que recomiendo vivamente, continúa en "La sombra de Ender" (1999) en Ediciones B el relato, igualmente fascinante, de esa novela, de hecho la replica con maestría. Card sale de los cánones del género de la ciencia ficción con una pluma donde la reina no es la ciencia, sino las emociones humanas, que se manifiestan aquí y allá de forma muy sabia y conmovedora (por ejemplo, Maestro Cantor es inolvidable). Sabido es que el autor es religioso practicante, mormón por más señas, y en "La sombra de Ender" introduce un personaje que ayer me tocó algo las narices: una monja muy lista, que mientras cumple su papel en la trama de forma algo innecesaria para mi gusto, nos va ofreciendo charlas. Ayer leí este párrafo, que nada tiene que ver con el argumento, ni creo que lo haga. Lo reproduzco tal cual, sin una negrita en la última frase.

Recuerdo perfectamente haberle afirmado al terapeuta que inició sesiones conmigo en el 2003, en mi primera visita, muerta de miedo pero con ganas de seguir luchando y por eso acudí a su ayuda, porque pensaba en ello a diario y por eso sabía que estaba fatal, que el suicidio para mí era una forma de dormir, esconderse de uno mismo y del resto, a veces el deseo es por una hora o por unos días, para poder volver, sólo que se es consciente de que ya no vale la pena volver. No por vergüenza en el caso del bipolar afirmaría, sino por el no poder más, necesitar un descanso, una desconexión de todo lo que daña o produce impotencia. Además de ser una especie de compulsión en esos momentos terribles de desesperación ante tu propia mente, jugando sucio, no eres tú en realidad pero te rindes o lo aceptas como inevitable si es más fuerte que tú.

Y este párrafo, debo maldecir un tanto al escritor que tanto admiro y pienso acabar esa novela a pesar del fragmento agridulce, despertó en mí ese pensamiento y esa emoción tan fuerte que descubrí, sigue ahí. Un resorte escondido en la cabeza del bipolar, que tan sólo un 20% al parecer "utiliza" con éxito, pero, ¿lo tenemos todos? Todos los que alguna vez lo hemos experimentado, por fortuna con fracaso en tantos que conozco, ¿seguimos teniéndolo en un lugar escondido?

Yo voto por el sí, en mi caso.

Hacía mucho tiempo... diciembre de 2004... nada dura. He vuelto a localizarlo, o él a mí.

Ni la medicación puede con eso. Un día, simplemente, te cae la espada, y nadie tiene la culpa, ni tú.

Por un momento tuve Miedo al leer este párrafo, sí, me quedé parada un buen rato hasta que decidí retomar la lectura para olvidarlo, pues como dije nada aporta a la historia que sí me interesaba.

Fue tan poderoso el miedo, el miedo al miedo, que me rodeé de cortafuegos. Por ejemplo, hoy una amiga custodia la parte de mi reserva de medicación, arsenal la suelo llamar, que sería el arma fácil y hasta hace poco no reparé en que podía volver el peligro, aunque esa no fue mi elección para matarme cuando lo hice y no lo hice. Pero, como se dice del adulterio, el solo pensamiento y deseo por alguien, aunque nada se haya consumado, ya te convierte en adúltero.

Yo me he matado, y seguiré haciéndolo, por ello debo reconocer sin reparos que soy una suicida en potencia y debo vivir con esa espada y sacar las armas apropiadas en estos casos, y liberarme de lo que nadie entendería, un escondite al sufrimiento, y un sufrimiento que a veces no permite lucha anticipada con estrategias (como darse cuenta de que no se debe tener demasiada medicación a mano) porque surge poderosa y rápidamente de la nada, de la nada, incluso cuando tienes una hipoteca, mujer hijos perro coche biblioteca colección de cinéfilo y hasta mesa de billar.

Agradezco estar más o menos bien. Ese párrafo hubiese podido destruirme en otro momento. Quizá ayer me suicidé con el pensamiento que reviví, pero mi única acción fue seguir leyendo, gracias a que estoy más o menos bien. Quizá le envíe un mail al autor.

Hay que hablar del suicidio, sí, y más en un blog bipolar, es la cruda realidad. Pero, qué duro me resulta escribir y dejar aquí este post, y por eso puse una advertencia seria, no deseo por nada del mundo que al relatar mi experiencia, a nadie le pase lo que a mí anoche, tras postear que el servidor falla demasiado y ponerme a leer.

Y otra cosa: la noche es la aliada de los miedos por excelencia. Hay que tomar la medicación antes de medianoche, antes de que algo raro le pase a tu cabeza porque no está durmiendo a sus horas y empieza a funcionar mal, esa es mi experiencia, y malditos sean los insomnios. Eso creo, yo que he votado sí.

Y estoy bien, que nadie se preocupe, de lo contrario, no hubiese podido escribir sobre esto sin haber pasado siquiera 24 horas desde la experiencia. Y ahora mismo, voy a salir a por tabaco, excusa para paseo.

No comment.

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Ocupación: sus labores

Ocupación: sus labores

En uno de los primeros chats con "alguien nuevo", donde sólo reproduzco mis líneas, respuestas a las preguntas más tópicas sobre qué hace una catalana en Madrid, las vacaciones y de qué vivo:

- no, tengo una invalidez absoluta

- vine aquí para empezar de nuevo tras eso

- me siento de vacaciones porque la ciudad está de vacaciones

- pero en realidad no tengo vacaciones

- qué remedio, que te jubilen tan joven

- es complicado montarse la vida sin trabajar, yo he trabajado desde los 18 o así

- es como dedicarse a "sus labores" que decían antes jaja

- no hay demasiadas ventajas, a veces paso días enteros en silencio

Era repugnante que las mujeres amas de su casa tuviesen un "sus labores" como ocupación en su DNI en digamos... otros tiempos, pues nunca se ha remunerado ese duro trabajo, ni lo será. Las empleadas del hogar, ajenas al hogar y a la familia por queridas que puedan ser, tienen más derechos. Con el mercado laboral actual, la policía tendría más problemas en saber a qué se dedica la gente en realidad, a lo que puede supongo, para eso está la Seguridad Social y Hacienda. Sabio fue eliminar ese campo del DNI.

Desconozco hasta cierto punto si la persona que recibió estas líneas, que fue discreta y no quiso preguntar sobre los motivos de esta invalidez más allá del "tuve un accidente", media verdad pues también puedo considerar un accidente algo de tipo mental que explota, volverá a abrirme ventana. No está bien visto esto de no trabajar, es como estar de baja, pues lo primero que se le pasa a demasiada gente por la cabeza es: lo que me descuenta la seguridad social es tu paga, so... Vaga, pensaban algunos en plena baja médica remunerada. Es un prejuicio claro y extendido, pues nadie acaba de creerse que la depresión es una enfermedad hasta que le toca. Es mucho más aceptado, por supuesto, algo de tipo traumatológico.

Ese prejuicio es quizá tan insalvable como tu diagnóstico. Como tengo dos diagnósticos incapacitantes y suelo sacar el de la espalda tras aclarar que no soy paralítica... tema difícil. Todavía no se lo he dicho a otra persona, y es que no estoy muy preparada. No al rechazo de alguien que me cae bien.

He de tener valor para aceptar mi jubilación, reciente todavía para mí, para no sentir pudor ni tener reparos para reconocerlo ante terceros cuando la pregunta típica durante todo el año y para cada persona que voy conociendo es "en qué trabajas". Mentira: "estoy buscando trabajo" o "estoy de año sabático en Madrid", es lo mejor que he podido decir hasta hoy, pero después de año y medio aquí, ya no cuela, y es hora que deje de tener reparos. "Escritora": normal el "¿y te ganas así la vida?", "¿qué has escrito?"

Por suerte, no tengo que dar el diagnóstico que más me jode junto a sus efectos secundarios, de momento, porque salir del armario con otra persona así a lo bestia supondría ya el Prejuicio de los Prejuicios, y nadie creería que estoy estabilizada, como lo están mi tiroides y mi colesterol.

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Compaginar

Compaginar

6,5 libros leídos esta semana.

El medio es el que empecé hace tiempo, el clásico libro con cubierta y papel, el que me espera en mi mesilla junto a la cama.

Me gusta más pasar páginas con el ratón. Estar en una posición ergonómica. Y tener el poder de escoger el tamaño de la letra, por ejemplo. Calculo más de 2.000 páginas estos días, ni yo me lo creo. Lo que sí me creo es que mi dormitorio es zona de no fumadores mientras que el salón donde leo y escribo sí lo es, un factor de más que probable peso, la nicotina ayuda no creo que por droga sino por otros condicionamientos a que me concentre.

Concluyo que deberé compaginar ambos formatos, a la vista está y ojalá me equivoque que el papel me da ya no sólo aspereza sino pereza y que por fin leo lo que solía, de un tirón, como solía... cuando era joven, jovencita me refiero.

Compaginar, como esa línea elástica, ese continuo y no dos polos "puros", que va de la manía a la depresión y será mi forma de vida hasta que muera.

Un día te levantas con ganas de leer, y otro no.

Lo jodido es cuando las "no ganas" en realidad son "no soy capaz".

Y no sólo por concentración. La famosa anhedonia, qué castigo no experimentar placer en lo que siempre fue placentero: el último sprint lector que tuve fue llegar al "fin" de varios libros, en teoría de mi agrado, casi por obligación. Esta vez, me han gustado, he disfrutado, y estoy satisfecha en ese punto.

Puede ser más jodido que cuando no sólo te gusta sino que además eres capaz -tu mente trabaja, se concentra y lee a velocidad-, estés a tiempo completo leyendo, porque sabes que volverás al punto donde donde te encontrabas en "el continuo": la anhedonia, quizá mañana, o a otro donde sí tienes ganas y te motiva lo que tienes entre manos pero no eres capaz y te estrellas contra el mismo párrafo o página.

Habrá que tomárselo como un "compaginar" para que una ex-lectora que leía con regularidad no muera de tristeza. Y para no dejarse seducir ahora por una mente que despierta y reclama todo el tiempo de vigilia como si quisiera recuperar el tiempo perdido para liberar estanterías virtuales y reales.

Me he obligado a ver la tv, a ratos, mientras comía, consciente de estar convirtiéndome (no, eso no es posible, fue una sensación) en la adicta que fui, aunque sólo haya sido una semana "de gloria".

Por cierto, la tv... empecé a bajar libros electrónicos después de ver una película hace una semana. Hacía tiempo -recordé- que quería leer el libro, lo busqué de inmediato... y así empecé esta extraña semana lectora. Me voy a dar un descanso, consistente en acabar el libro de la mesilla mientras las pastillas me van meciendo. No me extraña que lleve ahí tanto tiempo.

Vale, el comentario ya me lo hago yo: y también compaginar la lectura, cuando este don perdido hace su aparición mágica, con la vida cotidiana. Y me digo que no es posible cuando esprintas con la mente, o sí lo es, pero debo aprender a hacerlo, a cambiar de marchas, pero no puedo conducir yo misma en este continuo sino dejarme llevar a su capricho.

P.D. Menudo caos de post. Acabo de cerrar un libro electrónico -que obviamente devoraba con más fuerza hacia su desenlace-, son horas prohibidas, y esto es lo mejor que puedo escribir sobre el recurrente tema del hábito de la lectura.

P.D.2. Interesante lectura: http://www.john-online.info/lectura/curso/seminario/seminario31.html

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Angst essen Seele auf (El miedo devora a las almas)

Angst essen Seele auf (El miedo devora a las almas)

Es el título de una película que no he visto pero me parece una frase genial.

Miedo a ir a dormir, porque temes a tus pesadillas.

Miedo al despertar, a que tu día sea una pesadilla, o a que no sea nada en absoluto.

Miedo al cómo se van a portar las pastillas hoy.

Miedo a la soledad en agosto en un bloque de vecinos vacío, la única luz del edificio.

Miedo a que el single me haya diagnosticado en silencio o que simplemente desaparezca sin motivo.

Miedo a la factura de la luz por el aire acondicionado.

Miedo a perder lo conseguido, estabilidad emocional, sin haber podido avanzar o disfrutar de ella.

Y más miedos que no cuento. En todo caso, la mitad de ellos son preocupaciones cotidianas (no me enamoré del single y la factura me la imagino) y exagero un poco bajo la palabra Angst. Egke hay gente que se preocupa...

La cuestión es: ¿qué aporta todo esto a mi alma?

BASURA

Por eso busco psicólogo en Madrid. Son basureros de luxe.

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Y hablando de profesionales que cuestan pasta... un chiste que leí hoy.

 

Algunas veces es un error juzgar el valor de una actividad simplemente por el tiempo que toma realizarla...

Un buen ejemplo es el caso del ingeniero que fue llamado a arreglar una computadora muy grande y extremadamente compleja... una computadora que valía 12 millones de dólares.

El ingeniero sentado frente a la pantalla, oprimió unas cuantas teclas, asintió con la cabeza, murmuró algo para sí mismo y apagó el aparato.

Procedió a sacar un pequeño destornillador de su bolsillo y dio vuelta y media a un minúsculo tornillo. Entonces encendió de nuevo la computadora y comprobó que estaba trabajando perfectamente.

El presidente de la compañía se mostró encantado y se ofreció a pagar la cuenta en el acto.

-¿Cuánto le debo? - preguntó.

El ingeniero respondió:

- Son mil dólares, si me hace el favor.

El presidente dijo:

- ¿Mil dólares?, ¿Mil dólares por unos momentos de trabajo?, ¿Mil dólares por apretar un simple tornillito? Ya sé que mi computadora cuesta 12 millones de dólares, pero mil dólares es una cantidad disparatada! Le pagaré sólo si me manda una factura perfectamente detallada que la justifique.

El ingeniero asintió con la cabeza y se fue.

A la mañana siguiente, el presidente recibió la factura, la leyó con cuidado, sacudió la cabeza y procedió a pagarla en el acto, sin chistar.

La factura decía:
Servicios prestados: Apretar un tornillo 1 dólar
                                  Saber qué tornillo apretar 999 dólares.

Manda este mail a todos aquellos profesionales que día a día se enfrentan con la desconsideración de quienes por su propia ignorancia no alcanzan a entender:

RECUERDA: "SE GANA POR LO QUE SE SABE, NO POR LO QUE SE HACE".

Qué guay es ir drogada

Qué guay es ir drogada

No recuerdo ni pude apuntar en consecuencia a qué hora me fui a dormir ayer. Tomé las pastillas a medianoche, eso sí lo recuerdo. De hecho, no me fui a dormir, porque desperté hoy con la luz encendida. Me apagué yo, y ella sin enterarse.

Esto sucede porque con la medicación de la noche, ahora no me duermo, qué va, lo que hago demasiadas veces es resucitar en plan Drácula con una cogorza de espanto encima, y mucha hambre. Hasta que me desconectan.

No he escuchado el despertador, así que perdí mi cita-café de la mañana.

Los puñeteros efectos secundarios.

Y los efectos secundarios, ¿de estos efectos secundarios? Que cuando vaya al dentista, porque recuerdo comer de noche pero no lavarme los dientes entonces, me voy a enterar de lo que es una buena factura.

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En una línea

En una línea

20.33 Asoma ataque de angustia. Necesito YA una salida de Matrix.

[Cuaderno de rutinas y bipolaridades, 8 de julio de 2006] 

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El pastillero para la pastillera, el droguero, los registradores de equipaje y el psiquiatra internauta

El pastillero para la pastillera, el droguero, los registradores de equipaje y el psiquiatra internauta

Hoy he lavado dos neceseres. Ahí guardo las cajas de medicación, en el grande, y los blísters, en el pequeño.

El pequeño... se llamaba 121B, mi habitación en el primer ingreso. No lo olvidaré, porque pegaron una etiqueta cutre en la parte posterior con un adhesivo que es imposible borrar de esa superficie plástica. Sé que es del primer ingreso, porque sobrevivió a la prueba del espejo, o bien no lo hizo y me lo guardaban, quizá porque contendría material peligroso en potencia. Sí, claro, toy atontá, si no no estaría etiquetado, fue requisado y lo tenía que pedir bajo supervisión. Es algo humillante que te confisquen objetos personales al menos la primera vez que te ocurre, y más cuando ingresas porque estás mal y todo te sienta mal, por supuesto... pero ahora entiendo la necesidad de estas medidas extremas de seguridad, y por eso hay un sanatorio en Madrid, cercano a Aluche, que no tengo ninguna intención de pisar ni para visitar a quien allí pueda ingresar... ya me escandalicé en su día y creo que el tema de seguridad ya lo abordé en algún post del año pasado. Creo que para el segundo ingreso unos meses después no llevaba nada digno de ser apresado, ya me sabía la lección.

Bien, pues ahí sigue esa mancha de adhesivo, que resiste al alcohol. Lástima, es un neceser pequeño muy bonito, un regalo, que usaré para guardar muestras de hoteles y gilipolleces de esas que nunca usas. Si alguien tiene una idea... anda, no se me había ocurrido acudir al droguero hasta ahora, y eso que le dediqué un post también hace tiempo. (Qué empanada llevo, funciono en piloto automático)

Ahora sólo necesitaré el neceser grande para las cajas. A principios de mes por fin compré un pastillero decente. Para una semana entera. Yo tomaba las pastillas escogiendo del neceser pequeño los blísters necesarios para ese momento, y aprovechaba para rellenar un pastillero de un día. Para mí era frustrante ver cómo caían para tirar, cada día o dos uno se agotaba y recurría al neceser grande para reemplazarlo.

Tenía pequeños pastilleros con la toma de uno o dos días que llevo siempre en el bolso cuando me alejo más de 500 metros de mi casa, aunque debería llevarlos siempre.

Ahora esto ha cambiado. Tengo un pastillero semanal y eso llevo si salgo a más de 500 m, pues contiene la pauta también y es un estuche discreto. No muy caro, no llegó a 20 euros. Cuando me lo enseñaron en la farmacia, las cápsulas de cuatro compartimentos diarios me recordaron a las cajas de medicación de la primera clínica donde ingresé. Y entendí porqué de vez en cuando se les iba la pinza. Pon una pastilla en ese casillero para todos los días de la semana atendiendo a una pauta del tipo que te escriben los médicos:

- Medicamento A 2 Mg 1/2-1-2

- Medicamento B 100 Mg 0-1-0

- Medicamento C 200 Mg 0-0-2

Y haz eso para cien pacientes ingresados, mientras el psiquiatra va cambiando los miligramos de todos y cada día la pauta de cada paciente puede ser una novedad. Puedes equivocarte de casillero, claro. Una vez le dieron a un colega ingresado por depre la medicación supongo de alguien que tomaba cosillas como las mías, y pilló un flipe que nos tuvo riendo media mañana.

Para evitar errores en las dosis, pues al revisar la toma de la noche a veces me ha faltado una pastilla por error, he tenido que invertir esto en una tabla que ponga

Mañana

- 1 Medicamento A

- 1 Medicamento B

- 1/2 Medicamento C

Y así: tarde, noche. El pastillero aguanta el arsenal de las 8 pastillas que caen de noche, ehhhh no tomo 8 fármacos pero ese es el resultado (ejemplo: 300 mg en dos pastillas de 200 y 100), y dos son para el colesterol, ¡extra!

La ventaja de preparar la toma semanal es que todas las cajas y blísters caen de una vez, sin demasiado trauma, lo prefiero una vez por semana que cada día. Y la gran ventaja es que no tengo que preocuparme de buscar para cada toma entre todo lo del neceser pequeño.

Sólo hay un fallo en este sistema. Me pauté la del calcio para la tarde, y esa sigue ahí sin tocar, en el pastillero ahora vacío que llenaré esta tarde cuando pase por la farmacia. Tendré que idear estrategias para tomarme esa pastilla que parece un caramelo de mal gusto pues pautarla en el pastillero no ha funcionado y esto ya mosquea. Uno de los extras que necesito, entendiendo por extra todo lo que no tenga que ver con medicación psiquiátrica pero en el fondo muchos son para paliar efectos secundarios: tensión, por ejemplo. Y otros, para enfermedades que ya tenía, que no todo es trastorno bipolar en este mundo ni en este cuerpazo.

El pasado lunes me abrieron historial en "salud mental". Es bueno llevarse bien con la seguridad social para estos temas. Me atendió un psiquiatra muy enrollado, me gustó porque estaba como una chota (vademécum exprés para dudas de dosis: google), que al contrario de su homóloga en Barcelona en su día, no me anunció un "no hace falta que vengas por aquí a menudo, mi trabajo es pautarte y ya lo hace tu psiquiatra privado". Pero si te ingresan en un hospital público, el informe va a parar a tu centro de salud mental con orden de concertar visita. Así sucedió en Barcelona en el 2004, y espero no enterarme de cómo funciona esto en Madrid.

Este psiquiatra intentó mostrarme (y me convenció de) su conocimiento de la enfermedad, así que me vi en buenas manos "por si acaso". Me advirtió del peligro de recaída con el alcohol. Es su trabajo, por supuesto, pero ahora me veo muy lejos de las situaciones y síntomas que me hicieron beber en su día. Hace poco fui a una cena en la que todos bebieron vino, y yo con mi agua tan pancha. La verdad es que nunca me gustó demasiado el vino, o no sabía apreciarlo, y es algo que ahora agradezco. De mi relación con los alcoholes se podría hablar en otro post, intentaré el ejercicio porque tiene sus puntos hilarantes. Como el psiquiatra de la seguridad social, me hizo reír incluso (qué buena señal, conecté, y como él estaba conectado, le metí aquí y le cambió el careto), que me volverá a ver... en octubre, ayss. Pero bueno, este de momento no tiene un papel relevante. Antes de octubre visitaré al mío, por supuesto, la pauta sólo me la va a tocar él.

Y corregiré del pastillero esa modificación. Como la de hace un par de días, qué gustazo retirar X mg (no lo puedo evitar de lo contenta que estoy, son 100) mg. de los casilleros.

P.D. Este título de post merece una película del mismo nombre. Ciertamente, menudo rollo ha salido. ¿No queríais leerme? Ahí va una peli entera, ja, ja.

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Hoy... léase ayer, yo y vampirolandia... corrijo post que he escrito hacia mediodía sin hacer correcciones, la gracia está en las idas de olla, cómo me explico y me pierdo en los detalles y hasta en las faltas, toooodo en piloto automático. No es que ahora esté más lúcida, pero ya me río de lo que he escrito. Cosas mías.

Scan complete?

Scan complete?

Muy buenas a todos, yo también os echaba de menos, pero ¿a que no sabéis qué bien he estado sin meterme aquí a diario aunque fuese involuntariamente? Un respiro para organizar cosas, siempre que vuelvo de Barcelona la casa cambia algo, se adapta a los nuevos libros o lo que haya caído en la mochila. Y lavadoras, llenar la despensa, cocinar... ay los viejos tiempos sin pc. Lástima que dedicase mínimo un cuarto de hora al día para pelearme con timofónica, pero por fin tengo una ventanita.

En otro orden de cosas, afirmo que mi fama de mata-ordenadores sigue incólume. Esta tarde compruebo que tengo conexión y en menos de dos horas esto se ha muerto, intuyo que fue el famoso gusano que reinicia ad infinitum. He formateado, cómo no, cosas de no tener el antivirus actualizado en este pc, supongo. Mientras, los otros dos siguen muertos -traje el cadáver desde Barcelona- pero creo que sólo vale la pena reanimar a este angelito más joven. Hay a quien le da por cambiar de coche cada dos años, pues yo hago eso con los ordenadores. Más barato, y no tiene por qué ser un puntazo maníaco.

Ya conté la buena noticia, pero no fue mi pajarito de la repisa -desaparecido en combate, por cierto- quien me susurró por primera vez las palabras "fase eutímica"... es que todavía no me lo creo, o paso, o actúo como si fuese una evaluación escolar aprobada y ya hubiese empezado otra. Y como soy masoquista (dicho por un terapeuta, un día os los pongo a todos en una lista con motes, el del lunes el último), si estoy bien, voy a por más, de forma que el tratamiento, como ya he descrito por los efectos secundarios de los primeros días, cambió al añadirse otro fármaco. ¿Más medicación, si estás bien? Diríamos que el cóctel ha funcionado su tiempo y... ¿por qué no formatear? En psiquiatría, nada a lo bestia, todo en pautas ascendentes y descendentes. Poco a poco subió el nuevo... y algo bajó a los pocos días, y... ayer, un nuevo ajuste de medicación, un paso más, X Mg. menos de algo que me toca las narices desde que me lo recetaron. Los efectos secundarios del principio van remitiendo aunque un ratillo de standby por las mañanas no me lo quita nadie, y permiten hacer estos cambios progresivos. Mi objetivo expresado es cargarme las benzodiacepinas -por yonki, son muy adictivas y ya he sufrido esto- de la pauta y todavía no se ha llegado ahí, no se ha tocado eso de momento. No sé cuántas semanas o meses puede tardar este cambio de tratamiento en consolidarse. Es un cóctel con un elemento más para jugar, y lo que diga mi psiquiatra va a misa. Ya me quitará algún mg. de la benzodiacepina cuando proceda.

Oootro tema. No es mío todo el mérito, pues tengo una cita-café de buena mañana, pero me estoy levantando a las 8 a.m. Desconozco si (arggg las fotos de la cena de hace 20 días) ello me hará perder peso, ¿un Expediente-X me atacará en plan liposucción?... la 46 empieza a quedarme algo justa, pero en el barrio hay una tienda con tallas, bendita sea. Usaba la 42 cuando estaba en los huesos.

Y seguro que cuando vaya a la piscina, porque finalmente gestioné la gratuidad con la minusvalía... alguien, como mi sobrinito, me preguntará si estoy embarazada. En su día le contesté que "la tieta" estaba gorda, y que me gustaba estarlo, a tomar viento. Y si es por la pastilla nueva, porque eso me temo, no sería la primera vez que me pongo hecha una matrona, y ahora, total, llueve sobre mojado. Me importa mi coco, y está bipo-anímicamente en su sitio. Con problemas psicológicos de la vida, los que todo el mundo puede tener.

El scan (lo primero que instalé fue un antivirus) dice que no hay bichos ahora en el pc, a pesar de haber pasado de sus "espere mientras...", no te jode, si está todo recién instalado, y lo que me queda de trabajo aquí, pero ya no son horas y hoy tuve un día bastante activo, cosa remarcable y me temo que estas palabras salen algo más a menudo en mi cuaderno de rutinas :)

En resumen: a quien madruga, Dios le ayuda.

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Estigma en Blue

Estigma en Blue

Fragmento de correspondencia junio a una amiga:

Yo estoy mejor. En realidad, estoy bien, y bien estable, lejos de crisis y recuperando mi vida a pasitos, pero la medicación y su efecto hace que a los ojos de los demás yo no parezca una persona despierta, de forma que no es vergüenza lo que me impide hacer vida social a según qué horas sino el que aunque yo aguante y la cabeza me funcione, la gente me mire con pena porque se nota que estoy drogada. Esto es duro para mí pero me niego a que mis cercanos piensen que ahora "yo soy así", me niego a la compasión ajena. Es una postura que me cuesta explicar.

Ha pasado un mes, hace doce días que estoy en Barcelona y...

Esta semana, estoy hablando sobre el puñetero estigma.

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Piloto automático vs. Agenda

Piloto automático vs. Agenda

Y del fin de semana toca pagar facturas. El sábado noche estuvo muy bien, pero ayer domingo funcioné todo el día en "piloto automático", a lo que estoy algo acostumbrada, pero no hubo un momento de "resurrección" donde mi cabeza funcionase bien. Bien. Quiero decir, fuera de letargos. Eso me dejó out para el último encuentro del fin de semana con una amiga muy especial, pero si me apago, es que me apago, me da el bajón y "adeu cap a casa".

Estoy bien, bien del ánimo, en eutimia, pero si falto a algún evento, la gente recuerda que "antes también nos dabas plantón". Me siento impotente, no hay un después (salud) para la gente que, lamentablemente, tiene un lugar en una agenda que ahora no es posible llevar porque no sé si será posible cumplir.

Son muchos años de plantones, antes por depresión la mayoría, ahora por efectos secundarios. Da igual, porque para los afectados mi conducta es la misma "de antes", y me siento triste, impotente, ser tratada como antes para mí es algo que me hiere.

Ha pasado el tiempo, ahora estoy en eutimia. Eso lo saben.

Ha de pasar más tiempo para que, si la pauta funciona, no tenga efectos secundarios (ahora con el cambio de pauta no los tengo bien controlados) que me impidan llevar una agenda en condiciones. Tener el trastorno de ansiedad controlado.

Pasará el tiempo. Ahora estamos todavía en el camino hacia lo que muchos llamarían "normalidad".

Paciencia, y tiempo al tiempo. En eutimia la paciencia es algo más fácil. Y estos efectos parecen de juguete al lado de otros que he tenido.

Les llamo "el globo". Cuando estoy así, "en piloto automático", y si hay suerte, "resurrección". Estas palabras son mi idiolecto nuevo ahora.

No me doy pena, y los lectores sabrán por posts antiguos que mi actitud ha sido esa siempre. Es así y punto, y lo hago para mejorar, es decir, incluso con gusto.

Los ánimos ya me los doy yo. Estoy aquí por algo, en tratamiento. Lo demás, aunque me guste, aunque lo necesite, es y ha de ser accesorio, y no puede ser de otra forma. Me resulta muy duro decir esto, pues hay a quien no he visto en medio año, pero si no puede ser, no será. Lo siento, pero me he de repetir a mí misma para aceptarlo que no he venido a bcn de vacaciones, y si voy a la playa (de noche) es porque la tengo cerca.

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