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Carne de Psiquiatra -Trastorno Bipolar

Batallitas bipolares

Control de impulsos y cambios de opinión II: la mala leche

Control de impulsos y cambios de opinión II: la mala leche

Acabé el I diciendo que había que ser coherente con una decisión.

Y ahora digo que también hay que ser consecuente con los cambios de opinión.

Menuda ensalada mental.

Me estoy peleando conmigo misma y eso no me deja dormir, he de pensar, he de encontrar la decisión correcta. La tengo en mente y es tan clara como caliente, me quema el darle la vuelta a mi propia tortilla en el mismo diario, con pocos días de diferencia. He de enfriar esa decisión o contra-decisión, primero, calmándome SIN pastillas, porque esto no es bipolar-enfermizo, esto es humano-neurótico, sólo que a servidora le da el insomnio, porque su enfermedad le da a ella en concreto -de los demás no hablo- la facultad de encallarse cuando un tema emocional lo hace, y la de buscar salida, y en eso estoy, en pleno insomnio, no satisfecha emocionalmente de las consecuencias también emocionales que va a desatar. No descarto pedir visita a un psicólogo, si es necesario lo haré. Me va a decir lo mismo que me han dicho ya amigos (contados, dos) y que yo misma he escrito en otro lugar, pero si el psicólogo trabaja bien, mi convencimiento no será culpable y afrontaré las consecuencias de mis actos con la cabeza alta, por ejemplo, haciendo pública la decisión al resto de mis amigos y entorno afectado. O quizá sea capaz de darle la vuelta a la tortilla otra vez, quién sabe lo que puede hacer un psicólogo, el discurso, los argumentos, eso no lo puedes anticipar, pero sí que te va a ayudar en momentos de caos mental, de saber y no saber, de sufrir por no saber o saber demasiado.

Mañana está claro que voy a ver a Depeche Mode. Será terapéutico.

Ahora, una de mala leche, con suerte...

Y como me levante a las 8 este puñetero reloj biológico ajustado, estaré de muy pero que muy mal humor y quizá me meta el "extra" pautado como ansiolítico para descansar algo más. Necesito un sueño de alta calidad hoy precisamente para ordenar bien las ideas. No quiero estar como hoy, tensa, con mala leche en la farmacia, advertida la colegiada de que quería esta medicación con discreción (me estaba interesando por los tapones para oídos cuando todavía cotilleaba con una clienta), a solas le he dicho que tomaba esto cada mes y que por favor lo tuviesen, y que me fuese despachado con discreción. Cuando ha entrado otra persona he mirado los cepillos de dientes y al irse ésta, le he dicho a la colegiada que no quiero que mis vecinos sepan qué tomo, ni que soy pensionista, con tono muy serio, y he tenido que medir mis palabras. No sé qué margen se llevan del pastel, pero el encargo era para dos meses y amablemente avisados están de que esa medicación han de tenerla en stock (=clienta rentable), de forma que al ver el tocho de recetas, han perdido el culo entre dos para servírmelas, cuando mi idea era decir "ya vendré mañana y me dáis la bolsa", precisamente para no tener que presenciar ni temer que alguien presencie la ceremonia de los cupones y las cajas en el mostrador, y el dame la tarjeta sanitaria, año de nacimiento, su p.madre, el Estado sabe que me tomo eso hace años, ya me lo podrían enviar a casa por Correos como a todos los crónicos, esto es un retraso. Me he decidido por esta farmacia porque la otra, muy moderna ella, a pesar de su gran sistema informatizado de reservas la mitad de las veces no tenían la medicación. Quise ir a una que parecía tener buena pinta y allí hice mi última compra... pero... luego me dicen que son ¡¡objetores de conciencia!! que no venden preservativos. Año 2006, biennn, piensas. Pues que vendan toallitas anticelulíticas "de probada eficacia", a mí no me ven el pelo más allí porque lo mismo que hoy compré tapones para los oídos puedo comprar una caja de preservativos, y no me da vergüenza alguna, sólo me avergüenza que haya objección de conciencia en este tema que sí es sanitario, que los pongan en una máquina expendedora, por favor, llevamos más de 20 años con este tema. Y la madre que les parió, todos los farmacéuticos están tan acostumbrados a despachar que no consideran la privacidad ajena relevante, es más, hay conversación entre cliente y él, él la fomenta, acerca del tratamiento, de la evolución... delante de los otros, todo queda en el barrio, menos mal que esto es asfalto. Como si la gente no supiese qué es Valium (no tomo eso), no, sólo saben de fármacos los farmacéuticos, sí hombre, la gente se chupa el dedo. Y la gente es muy cotilla, post-GH ya no hablo, y no quiero me señalen por el barrio como la que se lleva media farmacia, qué tendrá, uy, si es pensionista (receta roja, receta verde, ¿¿para que el facultativo rayado de garabatearlas no las confunda??), nada bueno, seguro. Vuelvo pues al tema de las decisiones: la farmacia nueva ha sido algo que me ha costado mucho determinar, descartada la objetora y la "lo siento, te lo encargo en dos horas, sí, está aquí la orden de tenerlo pero no lo tenemos", y otras. Está cerca de mi casa, pero no tanto como para que los cuatro vecinos que conozco la frecuenten, porque va más de paso la de los objetores esos, que por cierto ni siquiera venden pastilleros (¿¿farmacéuticos objetores de pastilleros??). 3/4 partes de las farmacias actuales están ocupadas por productos de higiene y belleza, pero no hay pastillas en stock para enfermedades como la epilepsia o el trastorno bipolar.

... estoy mejor, no hay como soltar la mala leche cuando nadie te escucha. ¿Nadie? Jajaaja. Era mala leche, que no se ofenda nadie y si lo hace, pues vale, que lo suelte también, no hay que callar cuando hay algo a decir.

Ya sé que es contradictorio, todo lo es, te la juegas demasiado en un cruce de caminos (Coelho habla de esa encrucijada en un fragmento hermoso del Maktub) y encima puedes perder la salud mental en el equivocado, perderla más de lo normal que en el resto de caminos, que aquí todos sufrimos de estrés y de golpes que afectan al ánimo, ¿vale? Sólo que a mí eso me detonó una enfermedad que afecta a las emociones y es muy vulnerable al estrés.

Demasiado estrés, hoy. Las decisiones buenas son las lentas, como la de la farmacia, un día dices "venga, ya es hora" porque no te va a estresar y lo has ido pensando a ratos mientras ibas de paseo y hacías pruebas. Las decisiones sobre la marcha, no tanto.

Vale, ya me he quedado tranquila. Llevo más de cuatro horas escribiendo, ya es hora de decir basta, ya está todo escrito, no aquí, aquí sólo interesaba "la práctica" que describí en el post anterior. Mañana revisaré ese escrito privado y volverá al congelador o no, y espero que no, porque pienso ir al concierto con la cara de adolescente habitual en estos casos y no con la chaqueta que me he comprado hoy en plena neura. Y aaaaaaaaaaaaahhh como no dejen fumar... ¿qué sería de los conciertos de rock sin el perfume de los porros?

Control de los impulsos y cambios de opinión

Control de los impulsos y cambios de opinión

Dos en uno. Quizá tengan más en común de lo que parece. Recordemos que el trastorno bipolar es algo que afecta a las emociones. “ni en manía ni en depresión tomes decisión”, pero la persona ha de seguir con su vida aunque no esté estabilizada, y sigue tomando decisiones. Yo reconozco que he tomado demasiadas con las emociones y no con la razón, que me decía lo contrario. Impulsos.

Recuerdo uno de los primeros comentarios en este blog, creo que dio de lleno en la cuestión al hablar de “control de los impulsos”. Conforme he ido estabilizándome, los impulsos han seguido ahí, pero algunos de ellos han podido ser controlados por un “para quieta”.

Mi amigo R, conocido y reconocido por su sabio hablar, me ofreció un truco muy válido. Le dije que iba a comprarme una serie de cosas caras, y me respondió: “¿Las necesitas realmente? Apunta esa lista en un papel, y dentro de una semana vuelve a ella y ya me dirás si se mantiene esa necesidad”. Lo mismo se aplica a un e-mail que puedes escribir bajo un impulso emocional fuerte, ira por ejemplo, fruto de una hipersensiblidad y hipersusceptibilidad. Ese escrito ha de ir a parar al congelador, y sacarlo a la semana, quizá para romperlo y escribir lo mismo, esta vez con palabras que no nos traicionen y de las que luego podamos arrepentirnos.

Son medidas a tomar, es un ejercicio de paciencia y de control de impulsos. Yo no tengo problemas en reconocer que los sigo teniendo, lo sé porque de vez en cuando saco un billete a Barcelona porque sí, porque me lo pide el cuerpo. Y es entonces cuando puede producirse un cambio de opinión.

He decidido algo quizá prematuramente, mis razones tenía en ese momento pero pasan dos días y empiezo a preguntarme si hice bien, si actué por impulso puro, dominada por mis emociones. Ahí empieza un debate interesante que puede dejarte hecho polvo...

... quiero pero… no, no quiero. Pero quería. Sí, realmente es esto lo que deseo. Pero (mil argumentos) no es el momento ahora, o no me conviene en realidad. Es igual, (mil argumentos), ya está hecho y no me arrepiento. Sí, me arrepiento, me pudo el arrebato, cómo doy marcha atrás ahora. No, de ninguna manera, eso es lo que debía hacer. Y así hasta que alguien te dice “me estás volviendo loco, no paras de cambiar de opinión”.

Lo curioso es que se suele volver a la opinión o postura inicial y el resto es comedura de coco, inseguridad ante una decisión tomada, o al menos así es como lo he vivido y lo estoy viendo ahora.

Pronto cumplirá un año mi vida en Madrid, y quien haya seguido este blog habrá notado que de vez en cuando me replanteaba esta decisión. Ahora es firme, pero de aquí a una semana, si voy a Barcelona, igual vuelve a tambalearse.

Ya tengo los billetes, y no sé qué porcentaje de impulso hubo en esa reserva. Toca ser consecuente.

Insomnio raro III: Valoración

Insomnio raro III: Valoración

Cuando un proyecto llegaba a su fin, no acababa ahí el trabajo, ni mucho menos. Tocaba tratarlo de nuevo en una reunión, reconocer lo que había ido bien y lo que había fallado. Los fallos se quedaban en esa mesa, como experiencia para otras actividades, por ejemplo, mejorar la difusión de un acto público. Lo bonito era redactado más o menos brevemente para el informe de gestión. Un informe-tocho que se presentaba en el órgano correspondiente, normalmente abría un congreso donde la Junta Directiva tenía que renovarse. Otras veces, en el trabajo ordinario, por supuesto se valoraba el estado del proyecto, se comprobaba que estaba funcionando, y de no ser así, se tomaban otras directrices. Era análisis, era debate, era negociación.

Y sí, toca valorar-me. Es algo muy personal, que ha de ir a parar a la mesa de mis terapeutas en el día a día. Ellos ya saben mi historia con detalles, aquí como ya dije no los hay. Pero sí puedo valorar lo que he escrito aquí, por encima.

La vida tiene extremos, todos tenemos éxitos y fracasos. Yo los he tenido, y he aprendido de todos. Y lo que me queda.

Valoro desde mi diagnóstico, y compruebo que mi vida fue de extremos, muy bipolar, para aclararnos. La chica tímida tuvo que ser hipertímica para enfrentarse a una mesa de trabajo o a una asamblea. La chica de ciencias pasó a letras, qué herejía. O suspendía, o sacaba nota, no había término medio en ningún terreno de su vida. El patito feo se convirtió en un cisne, pero a una edad temprana, un ala se rompió. Se acabó lo bueno, empezaron los problemas en pareja, en el trabajo, en todo.

Cuando la enfermedad te ha dejado sin nada, cualquier cosa se transforma en el clavo ardiendo que te permite seguir anclado a la vida. Yo me agarré al trabajo, a lo que me entretenía y no me permitía pensar en que no tenía vida, a costa de ir acumulando un estrés, cada vez más responsabilidades, que cómo no, factura me pasó con el tiempo. Me quedé sin trabajo y por tanto mi vida más vacía que nunca, y a partir de ahí, la enfermedad ya tuvo terreno libre para actuar hasta que se produjo el diagnóstico.

No he sido la única en dar bandazos en su formación, ese paso de las ciencias a las letras lo he escuchado en otra gente, y también el pasar de todo y suspender porque sí cosas que no interesaban, mientras se destacaba en otras materias. Mis prejuicios en la época y falta de orientación quizá encaminaron mis estudios a lo que, una vez licenciada, dije esto para qué leches me sirve ahora que se supone he de ganar dinero. Mi salvación fue haber hecho una carrera paralela en la empresa privada, y ese título una entrada por la puerta pequeña, pero menos pequeña, de las empresas en las que trabajé. Y mi salvación fue haber cotizado esos años, pues ahora tengo una jubilación digna, unos recursos que, afortunada de mí, permiten mi independencia y autonomía.

Tuve mucho tiempo para pensar mientras no me estabilicé. Ese “final feliz”con una paga al mes era inalcanzable, inimaginable. Yo quería ponerme bien para volver a trabajar, pero mi evolución al parecer no era acorde a estos buenos deseos, los que siempre tuve cuando me extendían una baja, volver cuanto antes al trabajo, dejar de estar mal. Fue definitivo, y eso me produjo frustración, cómo no.

Todo son procesos ahora, tomar conciencia de todo. El primer proceso, tomar conciencia de una enfermedad que ya no iba a ser mi interminable depresión “a rachas”, de la que esperaba librarme algún año, que iba a ser crónica. Cuanto antes lo hiciese, mejor para mí. La teoría me convenció, pero tuve que ser ayudada en la práctica.

Miro hacia atrás y veo o me han hecho ver episodios por todas partes, el trastorno bipolar actuando y pensando por mí y nadie lo sabía. Todos pensábamos que “yo era así”. Dicen que un diagnóstico tardío empeora las cosas. Sólo sé que estuve muchos años enferma, y que ahora es proporcional lo que me está costando salir, la famosa rehabilitación, que al parecer va bien pero me queda mucha.

Valoro que he ido como una moto media vida, y que ahora he de parar el carro. Tranquilidad, buenos alimentos, vida sana. Se dice pronto.

Este proyecto tiene muchos frentes, y hay que planificar cada uno de ellos. Y tener en cuenta las limitaciones, ahora no vale el pensar en grande porque sería otra puerta al fracaso, con él a la frustración y al no avanzar. Ya no soy ni seré superwoman, ahora soy consciente de mis puntos débiles, el estrés el primero, y he de contar con ellos para cualquier cosa, sin que ello me impida hacer una vida lo más normal posible. Se dice pronto.

Ya no valen los ideales, sino los hechos. Mis “reuniones” con mis terapeutas valoran estos procesos. Siguen abiertos, y habrá más. Dije que había sido entrenada, y es cierto, se necesita entrenamiento y esto es lo que hacen los profesionales.

Uno no puede quedarse anclado en lo que fue y no será, eso ha quedado atrás. Ha de ver en esto un reto más, imposible en depresión, lo sé, no había esperanza alguna entonces. Hay que ser realistas para no toparse con la frustración. No hay que perder de vista el objetivo, que no es otro que la mejoría en la salud mental y en la integración en la vida cotidiana, y eso se conseguirá trabajando poco a poco.

Se dice pronto. Hay que tener paciencia para reconocer que este proyecto se extenderá a lo largo de tu vida, que no será escrito para que aprueben un informe de gestión y con una votación acabará todo, y empezará otro ciclo de actividades.

Cada vez que voy al terapeuta, le paso un trocito del informe de gestión, lo hecho y no hecho desde la última vez que nos vimos. No vale estudiar los tres días antes del examen. No vale casi nada de lo de antes, el pasado está ahí y ellos lo tienen muy presente, porque es muy humano valorar y pensar “si ahora lo supiese, esto no lo habría hecho”. Nos entrenan para seguir adelante, como dije, en una carrera de obstáculos donde de vez en cuando te la pegas. En una peli que seguramente tendrá segundas y terceras partes, y estás advertido de ello. Todo ello será experiencia, canas bipolares las llamo, para seguir adelante en la rehabilitación.

Cuando sea capaz de valorar mi rehabilitación (¿me darán el alta? Ni idea), todo lo que pueda escribir aquí será ya “Vida cotidiana”. Estaré integrada, no sé si estaré bien del todo, pero seguro que estaré mejor, porque siempre se puede estar mejor. Y no me quejo de cómo estoy ahora, sé de dónde vengo perfectamente, y quiero que me sigan entrenando para no quedarme en el suelo en el próximo obstáculo, no quiero volver al infierno y eso lo tenemos todos claro.

Por ejemplo, este insomnio raro del otro día. Lo estoy pagando caro todavía, he de dormir de 12 a 8, lo sé, y también sé qué pasa cuando esta rutina se rompe, con lo que me ha costado llegar a ella... hace sólo unos tres meses que la tengo, quizá.

No es lo mismo estar lúcido que centrado. Y hay que estar centrado, a eso ayuda mi terapia, para afrontar estos nuevos proyectos de vida, porque se puede vivir con un t.bipolar, cómo no, conozco a muchas personas que están rehabilitadas, y quizá tú también, y quizá ni te des cuenta de que pasaron por una rehabilitación tras un tratamiento farmacológico que les estabilizó, lo más seguro tras un ingreso, tras un diagnóstico. 

Insomnio raro II: reacción

Insomnio raro II: reacción

Me preguntan a raíz del anterior post si estoy usando el blog para hacer terapia y la respuesta ha de ser ambigua, sí pero no.

El rollo que he pegado sobre mis actividades fue lo primero que escuchó mi psicólogo cuando abrió mi historial, estuvimos más de dos horas en ello (¿extraña la longitud del post? si me lo he dejado todo) y por tanto supo de qué pie cojeaba, no precisamente del que ha hecho deporte toda la vida, sino de la militancia social. Por tanto, las batallitas que los lectores no conocían están escritas en mi historial desde hace dos años y dos meses, con episodios reconocidos en esos momentos creo recordar. Eso no es terapia, pues en el blog he compartido unos pocos recuerdos que he debido contextualizar porque me ha dado la gana.

Lo importante fue cómo sucedió el que volviesen a manifestarse, como relato, un momento, unas horas, de flashback, y un insomnio, algo que hacía tiempo... cómo es la mente. Eso es lo quise reflejar aquí, aunque todos nos quedamos con las batallitas contadas.

Y él me advirtió de los riesgos de volver a ello cuando mejoré, muy acertadamente, tanto que quizá le plagié en ese post algún razonamiento. Y asentí a lo que me dijo, pues era razonable del todo, y ayer-hoy volví a asentir, esta vez, convencida ya definitivamente, con los detalles en la mano. La reciente intervención en público de la que hablo es algo que volvió a disparar el tema en mi interior, muy probablemente, porque el mismo día y el posterior pagué la factura. Mis neuronas se pusieron como cuando tenían veinte años, y se quejaron muchísimo luego, casi diría que me abandonaron porque estuve sin pilas más de un día.

¿Es terapia? Ya dije en otro post que el trabajo de un psicólogo uno lo va tragando poco a poco. Ahora creo que este es ya un impulso más controlado, al parecer, ese instinto o deformación. También ayer recordé el haberme quemado completamente en mi última experiencia-asociación de la que nada dije apenas, además de "haber pillado" un episodio mixto, lo más seguro. No los recuerdo todos, pero están escritos en ese historial.

Como dice un gran amigo, a veces la vida por el rumbo no de lo que deseas o quieres sino de lo que estás seguro de que no quieres, y por eliminación escoges. Definitivamente, he descartado esta vía, la del voluntariado, que era cómoda para mí como actividad ya conocida, pero también muy perjudicial por los riesgos y antecedentes. Y por ello no debo acercarme a esos lugares de riesgo, eso he decidido, o caeré, o recaeré, me da igual, esto no es una adicción ni una enfermedad, quizá lo fue en su tiempo pero llevo demasiado apartada de esos follones. El psicólogo sabe mejor qué efectos tiene esta actividad (cómo me la tomaba, por ejemplo, mi actitud, mi dedicación, los bipolares somos muy trabajadores según los clichés) y por ello me ata cuando me da el ramalazo. Quizá sólo sea mi caso, quizá a otros les recomienden precisamente el voluntariado como tarea, actividad, o terapia para rehabilitación, a saber, cada uno tenga bipolar o no es un mundo.

A esta serie ya, pues este post no estaba previsto, le falta un último, algo sobre lo que no escribí expresamente por no alargar más el texto, que se llamará algo así como "la valoración", ya lo acabaré de pensar mañana en el momento de escribirlo.

Hoy lo que importaba era descansar, y con suerte, mañana tendré el sueño en su sitio ya. Estoy durmiendo con cuatro capas de ropa, a pesar de la calefacción y que dos de ellas sean nórdicos.

Insomnio raro: triunfo, fracaso, jubilación

Insomnio raro: triunfo, fracaso, jubilación

P.D. (Más útil aquí) Me ha costado mucho tiempo escribir este post, casi dos horas y media, y también revisarlo algo, porque no ha sido concebido desde un procesador de texto (este soporte es una ventanita en la pantalla), así que tendrá muchas redundancias y pocos detalles, lo reconozco. Impacientes, al último párrafo.

Esta vez, insomnio deseado. Hace dos horas o más que estoy recibiendo una fina lluvia de recuerdos. Nada que ver con las crueles taquipsiquias maníacas excepto en que de nuevo son flashes del pasado,y esta vez le toca a mi adolescencia tardía. Me recuerdo haciendo las actividades más dispares, aprendiendo destrezas, triunfando y fracasando. Alguien muy importante "del sector" le dijo a "mi superior" que yo era un diamante en bruto y él me lo confesó como secreto de oráculo y no sentí sino más inseguridad. Repaso y reparo en que no me dejé pulir por ninguna disciplina, sí influenciar mi currículum por las ciencias, los idiomas, la ética y la filosofía, por tanto en ninguna destaqué más allá del sobresaliente de turno. O el suspenso. Recuerdo con angustia el examen de septiembre de física, o aprobaba o esperaba un año más para pasar la selectividad. No recuerdo el enunciado ni lo haré en mi vida, sólo sé que debía usar una serie de fórmulas y me bloqueé porque no fui capaz de hacerlas encajar con el problema, pero a última hora una sencilla fórmula vino a mi rescate, algo así como convertir una pizarra de ecuaciones en un 2+2= "et voilà", y la solución era correcta, de modo que aprobé. Inconstancia me ha dicho un amigo hoy, por inconstancia dejó muchos aprendizajes y yo hice lo mismo, de forma que me convertí en la diletante que soy hoy, por no haber consolidado un solo camino. He pisado muchas disciplinas, las he hojeado, las he aprobado, y he pasado de largo.

Son neuronas marchitas, veinte años después, aunque alguna despierta a veces, "eh, estoy ahí", y paso un rato con ella, poniéndome al día de alguna materia que tenía oxidada. Antes me dolía esta pérdida de memoria. Ahora no tengo esa sensación de fracaso, porque hace una hora recordé que medié entre dos dirigentes como traductora en una ocasión, cuando podía practicar los idiomas que ahora confieso sólo papel en mano, y me alegro, para algo sirvieron, porque en la empresa privada sólo me otorgaban puntos frente a otros candidatos en la selección.

Me pasé unos siete años reunida en todos los papeles posibles, por supuesto cada uno significaba un ascenso de vocal a secretaria, a responsable de determinados proyectos, a dirigir una división entera, lo veo ahora y no me lo creo, yo era una bestia a los veinte años y lo fui hasta los veinticuatro quizá, y aunque me había traído por aquí otro proyecto antes, también de voluntariado, empecé a viajar a Madrid, más reuniones. No soy líder, soy asesora, la segunda de a bordo, pero también me tocó serlo. Sé planificar, ese es mi fuerte. Dame un proyecto y te diré por dónde hace aguas, esa también es o fue mi capacidad. Poco duraba como anónima, o éramos pocos o me fichaban rápido, de modo que tenía diferentes papeles y cargos en cuatro organizaciones. Que no eran de animadoras de fútbol americano, en esas mesas se debatían cosas serias para su día y momento político y social, y al principio fui la joven novata y cuando me jubilé del tema (un viejo en ese entorno tenía 25, y a esa edad pinché y mi último proyecto, una serie de conferencias, lo pasé en casa deprimida dándome de cabezazos) pensé que por fin sabía hacerlo, pero ya era el turno de que otros aprendiesen. Para mucha gente el deporte ha sido una base de su formación, para mí lo fue el movimiento asociativo.

Me planteo si no me estaré reuniendo con el psiquiatra también. El proyecto es mutuo, él me da instrucciones y yo las ejecuto o estoy en ello, las básicas que son tomar la medicación están claras desde el primer mes, el resto es avanzar en... cosas. No tengo a quién delegárselas esta vez, por tanto soy y seré aprendiz de por vida, es casi un consuelo, tengo responsabilidad pero sólo me atañe a mí. Porque no me estreso, no es la presión de tener a un grupo de personas que te escuchan en una asamblea, congreso, conferencia, ponencia, etc. Empecé a lo tonto a los catorce, como un juego, pero a los quince ya las cosas habían empezado a cambiar, y a los diecisiete ya no me escapé. Pero yo era muy insegura, y titubeaba al hablar, hasta que me dieron un empujón porque un conferenciante necesitaba suplencia y yo estaba ensobrando cartas en aquél momento. Hablar en público, menudo chute de adrenalina, hace menos de un mes tuve que volver a hacerlo para explicar "mi historia", qué subidón improvisar un discurso después de tanto tiempo (me dijeron que era hipertímica, pero muchos lo dudamos). Así iba, subida por la tensión de hablar en público, y de reunión en reunión, que por cierto, eran más bien nocturnas, mi hora más lúcida de todos los tiempos por si alguien no lo sabía todavía, y por tanto mis intervenciones, lúcidas y vehementes. Tomaba notas, sí, como ahora cuando voy al psiquiatra, los discursos improvisados son para expertos que no se inmutan, yo me enciendo.

Por esta razón cuando he empezado a recordar el examen de física, la cena de negocios, la primera asamblea que convoqué, he decidido seguir despierta, porque tengo derecho a recordar y a un momento en el que ello es posible. No escribo rápido, no pienso rápido, no recuerdo rápido sino de vez en cuando, porque si así fuese, ya sé qué debo tomar, o qué debería haber tomado ya a estas horas. El mérito está en recordar, tan sólo tres cosas que me han llevado a otras tantas, porque las agendas están en una caja, aunque las actas de las reuniones y congresos donde se citan mis aportaciones fueron a la basura, incluso las pocas que guardé de recuerdo en este viaje a bcn desaparecieron, porque todo era caduco ya, una época pasada. Y no soy una vieja gloria, sólo fui un peón, una militante, una activista, pero marcó de lleno toda mi adolescencia y juventud. El siguiente nivel ya no me interesaba, aunque allí jugué de observadora, así que me quedé sin causa hasta que encontré otra por casualidad navegando, en el principio de los tiempos de no tarifa plana. También la abandoné, evidentemente, con un cargo encima, y por culpa de lo que ahora tengo diagnosticado, y ese cargo fue lo que detonó el episodio, porque ya estaba enferma y la actividad en una Junta, si no eres vocal, son horas, muchas, tantas que ni siquiera tenía sensación de estar en el paro.

En estos momentos existe hasta en mis neurotransmisores una causa muy poderosa que atrae a mi ya instinto militante, la causa de la enfermedad mental, y de la misma manera que se me instruyó para parar estos momentos de gran concentración (puede resultar nociva, de hecho sé que mañana pagaré este esfuerzo), también dado mi historial se me advirtió en cuanto a la militancia. Mucha gente que no conoce esta faceta de mi vida que ahora hago pública, por haberla compaginado con estudios e incluso trabajo, me dice que debería dedicarme a algo no intelectual, "por ejemplo, una ONG, a poner sellos". Sí, me digo, y acabaría en la junta directiva a la primera vacante, no, gracias, y no es inmodestia sino que ya sé de qué va el percal.

Arrastro ese estrés desde esa época, hipertímica por narices, por volumen de actividad. Pero no estaba demasiado enferma todavía, aunque encontraré episodios rascando sólo un poco más. Sí lo estaba cuando en un trabajo fui degradada en un mal momento personal y por ende detonante bipolar y en la siguiente empresa me dediqué a ello con el fervor de la militancia, porque nada había en mi vida rota sino el trabajo, de forma que la tónica fue el ascenso, demasiado rápido, el primero a los seis meses, el último llegó cuando yo ya estaba agotada y volví a enfermar, había aguantado más de dos años sin bajas y con ellas, como siempre, el final. Éxitos, fracasos. Adolescencia vitamínica, desde los 25 jugando con la depresión y con el enemigo que NO conocía entonces, la hipomanía, la que me causaba problemas en el trabajo. Cada oscilación era una baja laboral, o cada somatización del estrés. Ahora entiendo que esto sea la sexta enfermedad incapacitante. En la empresa privada, si tienes una silla es porque tienes trabajo, y no puedes dejarla tres meses sin recibir chantajes emocionales o despidos por alguna buena razón.

Pero sigo teniendo la capacidad, está ahí todavía, dormida. Sé gestionar entidades. Puedo concebir y plasmar en documentos proyectos, pero no puedo hacerlos, salud mental manda. Estresa mucho que algo que estás gestando y vigilando al mínimo detalle pueda irse al traste por cualquier cosa, evitar que ello suceda está en la planificación del mismo y en el seguimiento paso a paso. El método es mi fuerte, yo te organizo lo que quieras, hasta un congreso. Pero no ahora, pídemelo a los veinte años por favor. Se necesitan muchas horas, muchas reuniones, a veces hay que improvisar para que las cosas salgan cuando algo importante falla por motivos ajenos a la planificación. Si triunfó mi causa de juventud fue gracias al esfuerzo de todos esos peones, reuniones a las que acudíamos con un bocata para cenar, incluso con termos de café si el orden del día prometía acabar la reunión al día siguiente, verídico. Porque el 90% de los recursos del proyecto eran humanos, las cuotas de los socios no bastaban, luchas por subvenciones con ideas que de tan originales y grandes, parecerían maníacas a quien todo lo estigmatiza bajo el filtro bipolar.

Mi jefe ahora es mi psiquiatra y mi psicólogo, son dos pero en realidad uno, y me da unas pautas para que planifique mi vida, pero ya no tengo un equipo con el que trabajar codo a codo, varias horas a la semana, demasiadas, para salir adelante. Mi deformación es el trabajo en equipo, el constante brainstorming, el adaptar el plan a circunstancias cambiantes, tal y como hacen los directivos en las empresas. No completé tampoco ese aprendizaje con lo que más asco me daba junto al Derecho, las Ciencias Económicas. Hubiese sido un crack. Pero no, me fui a una carrera que no hizo sino afianzar más esa deformación, el pensar, pensar en los detalles para que el plan sea sólido, analizar, aprender de los errores, lo único que hice fue consolidar método, con la excusa de estudiar otras cosas.

Ya no trabajo en equipo, me jubilé del asociacionismo a la edad requerida, y de la vida laboral hace un año. Tengo un trabajo enorme, ahora, porque enorme fue el trabajo para que la enfermedad me dejase en paz y sé que volverá, está en el guión, como que el malo resucita en segundas y terceras partes en las pelis de terror. Pero tengo desde el principio el apoyo de otros peones como yo, que podemos comer tanto a la izquierda como a la derecha, lo sabemos y tambien que el ansia de comer es lo que han de sujetar esas pastillas. De este problema no se sale con una fórmula reciclada, ni con una task force, ni con un diploma. Es un camino que se recorre en solitario, por mucha familia o pareja que tengas, quisieron ayudar y no pudieron porque el trabajo era terapia, entre el terapeuta, yo, y la medicación.

La ayuda empieza por ayudarse a uno mismo. Admiro a la gente que funda asociaciones de bipolares por toda España, para mí ese era un terreno desconocido, bipolar una palabra nueva para empezar, y la militancia se hace atractiva, pero precisamente porque esa fue mi trayectoria, no puedo volver a ello. Nadie en su sano juicio lo entiende, me he debatido con ello quizá hasta esta misma noche, y mi psicólogo está alerta ante esta cuestión porque ya me he metido, quiera o no, aunque se entiende que no pueda.

Me jubilaron de una profesión que no había sido la mía, o sí en cierto modo, gestionaba. En la empresa privada poco me dejaron planificar, salvo la organización de dos departamentos nuevos, y luego el más de lo mismo era aburrido. La empresa es más rígida, más de lo mismo. La asociación, por el contrario, flexible, creativa, el trabajo es voluntario, y se adapta a sus recursos o tiene un golpe de suerte (una subvención jugosa) y empieza su prestigio. Ambas, trabajan en el hoy, en su época y su sociedad. Por eso los archivos pueden ser destruídos al cabo de cinco años. Pasados veinte, todo lo que yo hice tuvo sentido en su día, pero fue un trabajo como el de los periodistas, que muere en cada edición, aunque de vez en cuando te inviten al aniversario de algo. Nunca cobré por estar en estas organizaciones, pero tuve la recompensa de aprender a trabajar de verdad aunque mi primer sueldo fue como operadora de ordenador, y ahora en cierto modo lo llamaré el castigo de no poder hacerlo, ni poniendo sellos puedo pisar lugares de riesgo.

Porque me han dejado bien claro, tanto los terapeutas como el insomnio de hoy, que la responsabilidad de planificar mi vida, porque no le he de dejar demasiado margen al imprevisto, el marrón de todos los días en la vida activa, es exclusivamente mía. Soy mi jefa, y vuelve esa inseguridad, y por cierto, sigo pasando de puntillas por todo aquéllo que despierta mi curiosidad media hora.

P.D. 2. Mañana, hoy, descansaré, de blog también. He de esperar a que lo que he relatado hoy deje su poso. Necesitaré mucha música y abrigarme bien pese a la calefacción, los coches se han vuelto todos blancos. Y mi sueño se descompensará dos días pero siento que no lo estoy haciendo mal, siento que estoy reflexionando sobre los ejes que han conformado mi vida y los que han de hacerlo en un futuro muy diferente, y supongo que eso es lo que mi/s jefes esperan de mí. Eficiencia, eficacia, excelencia.

Hipocondría

Hipocondría

Tuve una relación estrecha, que no íntima, con uno de mis primeros jefes, a eso de los veinte años, y aprendí mucho de él. Para empezar, me prohibió llevar calzado deportivo (recuerdo cómo chirriaba el suelo a mi paso) de forma que mi vestimenta "universitaria" sufrió pequeños cambios. El hombre era muy finolis, por ejemplo, no comía absolutamente nada con las manos, y comíamos juntos casi a diario. No me pidió que hiciese lo mismo, pero quise aprender a hacerlo y creo que soy capaz, sí, todavía puedo y quizá lo haga muchas veces todavía, inconscientemente.

Este hombre era un hipocondríaco nato, y quizá esa influencia más las películas de Woody Allen ayudaron a que yo también lo fuese. No recuerdo qué pájaras me dieron en esa época, quizá porque todavía no tenía colesterol ni problemas con la tirodes, eso fue posterior. Perdí el trabajo y ahora veo que el TB tuvo que ver con ello, porque cuando uno no está bien, hay broncas, y en un arrebato de mala leche y sin medir las consecuencias, me enfrenté a otro de los jefes. Esto le sigue sucediendo a uno de mis amigos, que se controla como puede cuando está algo subido, porque entonces fijo que hay alguna bronca de esas que ponen en peligro tu puesto de trabajo. Cosas que aprendes cuando ya has perdido uno o más trabajos, y tienes los porqués tras enfrentarte a tu pasado después del diagnóstico.

Tuve un momento fuerte de hipocondría, creo que justificado, cuando esperé turno en la seguridad social para operarme de un nódulo de tiroides. Un tumor que resultó ser benigno, pero hasta que no lo supe, y pasaron meses, sufrí mucho.

Ya escribí que leí los prospectos de la medicación que iba a tomar. Casi vomito, qué horror, por eso no quise tomármela y estaba dispuesta a resignarme a mi condición de "loca", porque en episodio mixto, subida en la disforia y no en la parra feliz, lo mío era bronca constante, y numeritos hasta en la consulta del psiki. Ahora no me río de eso, tampoco me avergüenzo, simplemente estaba mal y lo único que lamento es que en un lugar donde se atiende a enfermos, no se tenga en cuenta que cuando estamos mal, por eso vamos al médico coño, no se tolere o se tomen medidas cuando alguien empieza a hacer el histérico, síntoma de enfermedad, y se espera que te curen, no que te echen.

Lees las listas de efectos secundarios e incompatibilidades y y ya te da el telele. Ahora me lo tomo de otra forma. El otro día, antes de tirarlo, leí el de una de mis pastillas, y lo que son las cosas, me eché a reír. "No tomar con zumo de pomelo".

Ahora mi hipocondría está algo más justificada, o ha dejado de ser tal, porque demoro análisis cotidianos sin importarme demasiado. Hay que saber qué puedes tomar y qué no, porque puede interferir en el efecto de la medicación o causar alguna molestia gorda. Sé que ya no tengo la neura de antes con el tema, porque sé que no puedo tomar un analgésico y ni siquiera recuerdo cuál. Y digo justificada porque es obvio que mis puntos flacos son las futuras consecuencias del tabaco y sé que el colesterol alto puede darme disgustos. Y también que no puedo, no me pondré en riesgo, de caerme en ninguna parte, me falta calcio para aguantar caídas sin fracturarme y este año no me he roto nada, bueno, pensaba en el año pasado y cruzo los dedos para que este año siga así.

Tengo que tomar medidas que voy aprendiendo. Sentarme cuando me pongo unos calcetines, para no perder el equilibrio, más por ser patosa que por estar bajo efectos secundarios. No olvidar tomar la tiroxina en ayunas, aunque pocas ayunas le dejo de margen antes del café. Poner la pastilla de calcio en un lugar más visible del que tengo ahora, porque me olvido de tomármela en el objetivo seguro de tomar la medicación para el TB. Tomarme la medicación de la noche una vez estoy en la cama, por si tengo una bajada súbita de tensión.

Pero sí, tengo algo de hipocondría por ahí. Me espera una mamografía que voy demorando, esa con miedo, porque de no salir correcta, me daría algo. Como con la tiroides en su día, ahora sólo tengo media glándula.

¿Me conservo bien? Es por fuera, doy el pego, sí. Por dentro todo es desequilibrio o falta de algo, pero nadie me obliga a confesar enfermedades ni a dejar de teñirme el pelo, aunque cada vez me tienta más la idea de lucir mis canas.

Rollo matutino de café, por supuesto. Batallitas, recuerdos. Nada aporta este post al tema bipolar, salvo que cuidado con el zumo de pomelo, que apenas he probado en mi vida. Revisad los prospectos porque cualquier tontería de repente se hace relevante.

Bueno, ahora sí diré algo relevante. Si tu psiquiatra no te pide un análisis de sangre (lo hará si tomas litio, litemia), háztelo tú mismo cada x tiempo y que se lo mire. Uno de los medicamentos que tomé casi me deja sin sales en la sangre (hiponatremia), y eso se detectó análisis en mano. Y si tu psiki no te pide el análisis, yo le pondría bajo sospecha, menudos médicos son...

Un poco de hipocondría no va mal, entendida como un interés y no algo malsano y obsesivo, pues son demasiados efectos secundarios e incompatibilidades posibles. Sin pasarse, el punto medio es que creo nos conviene en todo.

P.D. Adormilada todavía, a este post le sobran o faltan acentos, y demasiadas repeticiones. Asumo que esto es lo mejor que puedo escribir a estas horas, no tengo ganas de revisar, y punto y aparte. A ver si por fin cuelgo fotos, que me debo muchas.

*** 

Neuronas cabreadas

Neuronas cabreadas

Sí, las del post anterior. Me han traído muy malos recuerdos del pasado, broncas por todas partes, familia, hasta con los psiquiatras, no sé de que se extrañaban si estaba en episodio mixto y el componente maníaco era muy fuerte.

Y también me he acordado mucho de una amiga que ahora mismo está ingresada, una recaída tras tres años de rehabilitación sin ciclar. Es como si te cayera una columna encima a ti también, y no sólo por la empatía que puedo sentir hacia ella. Porque no serán las dos o tres o más semanas las que permanezca allí mientras los fármacos actúan, no, me temo que la depre-post será peor, después de haberse truncado tu vida de nuevo, ahora que ya trabajabas incluso, no quiero ni pensarlo, amiga ojalá salgas entera, qué deseo más inocente.

Ahora lo que estoy perdiendo es el sueño y eso sí que no. Apagaré la luz y fijaré la mirada en la luz de las farolas hasta que caiga dormida. Por ella mi amiga, por todos los que me aprecian, y por mis órganos sexuales internos, que no recaeré si ha de ser por negligencia, por no dormir bien por temas míos que me quitan el sueño. Y me tienen bien sujetada entre unos cuantos, y soy consciente de que paso la ITV en los momentos más inesperados. Ya saben que me cabrean estas cosas, no confundir con irritabilidad=síntoma de episodio mixto. Me cabrea la injusticia de esta enfermedad y me la tengo que comer ahora mismo con pastillas. Esto sí ha sido un vómito. Buenas noches. No comment please.

Mantras

Mantras

Ya tengo nueva pauta, hasta el año que viene. Oscilo entre la depresión y la "normalidad", y hay que parar ese estado de inestabilidad. Comorbilidad con ansiedad. Fármaco alternativo para los ataques de pánico, el que más me gusta vamos, todo por dejar de depender de una benzo, que era lo que yo pretendía, dejar (el riesgo de) la dependencia, ya sé que soy una yonki y no me da la gana. Yo me tomo las benzos como caramelos, al principio cuando me las aumentaron hace un mes iba zombi pero a mi cuerpo le encantan, ahora ni las noto y tomaría más, pero estoy en el límite de la dosis.

Me gusta mi nuevo psiki, es nuestra segunda cita y estoy convencida de que me lo recomendaron bien. Aunque su profesión no sea hacerme reír. Y mi deber, obedecerle.

Pero sales tan neurótica, que sin darte cuenta ya estás de compras, maldita sea. Necesito tomar más pastillas, más dosis de otras que tomo (arggg), chúpate esa, con incienso de vainilla, a ver qué mariconada he comprado. Las otras compras, no las confieso, son más caras. Era plenamente consciente de que estaba metiendo la pata cuando me he metido en la tienda, que no debía hacerlo, pero después de una entrevista como la de hoy y como casi todas las que he tenido con mis psiquiatras ya como bipolar diagnosticada, hay que cometer un pecado de los gordos, y si no puede ser carnal las tiendas son lo que haya a mano.

Mañana a por las recetas al ambulatorio, por rutina y comodidad (si hay una de 25 se puede evitar partir una pastilla de 200), pero ya puedo empezar con la pauta hoy mismo. Sonará "Comfortably Numb" de Pink Floyd (The Wall).

Estabilidad. Estabilidad. Estabilidad. Como un mantra, cuando note la nueva combinación. Paciencia. Paciencia. Paciencia. Tranquila. Tranquila. Tranquila. Todo pasa. Todo pasa. Todo pasa. El sábado te llevarán de puerta a aeropuerto y de aeropuerto a puerta. Tengo tiempo. Tengo tiempo. Tengo tiempo. Tengo tiempo. Y tengo impotencia, y me la he de comer, porque: estabilidad, paciencia, tranquila, y todo pasa. Ya me rebajarán la medicación, todo a su tiempo. Tiempo. Tiempo. Estabilidad, primero es la estabilidad. Todo pasa.

Guerra a la depre II

Guerra a la depre II

Hace un mes y una semana que escribí "Guerra a la depre I". El sueño sigue igual, quizá regulado. Me despierto a las 8 horas de haberme dormido, es decir, a las 8 o algo antes. Un café de verdad y un descafeinado o dos, depende. He desayunado como una reina, tostadas con mantequilla y mermelada. Hoy me he propuesto comer decentemente, otra de las jugadas de estar bajo.

La ducha está para limpiarla, no para meterse. Me aseo a partes. El otro día fui a la peluquería para que me lavasen el pelo y de paso cortármelo, me mide unos 35 cm. y odio secármelo y peinármelo pero me gusta llevarlo largo. Incapaz de lavármelo yo en estos momentos, me bloquea la idea y supongo que esto tiene que ver también con ir a la piscina. Pero hoy toca ducha, no me lo voy a perdonar. Al menos, me estoy poniendo la crema en la cara. Este tiempo de Madrid ha hecho que mi cutis mejore. También crema en las manos, se resecan mucho, como los labios. Pero no hay manera de que me ponga la vitamina en el pelo, porque el pelo me cae y no sé si es por el ánimo bajo o por algún efecto secundario. Y me digo: poco a poco. Los dientes, sí, claro, me los lavo pero no con la frecuencia de antes, he de reconocerlo. Esta semana no he planchado. Los cristales se lamentan: “límpiame”. Pero el suelo y el baño están limpios siempre, como el polvo. Los platos, casi siempre. Aprovecho momentos de energía para realizar estas tareas. Si el momento es muy propicio, es cuando bajo a la calle y abandono el pijama.

Ayer sólo hice dos llamadas de las cinco pendientes, gestioncillas. Si comunican al tercer intento, lo dejo, me pongo nerviosa.

Estoy haciendo siestas largas, de unas dos horas. No aguanto despierta y eso me mata, pero no puedo tampoco estar todo el día atontada, incluso mareada, o angustiada. He de comentárselo al psiki, porque eso no afecta a que luego me acueste a medianoche y me despierte a las 8. De vez en cuando me asalta la Angustia, todavía. Me bloqueo. No tengo ganas de hablar a veces.

Paso días malos, paso días medianos, paso días que tienen momentos buenos. No tengo ideas negativas. Sé que esto pasará. Sé que si escucho música es porque dentro de lo malo, estoy bien, es mi terapia y un indicador de que no estoy demasiado mal.

Ya son horas de llamar a la gente y hoy quedaré con alguien si están disponibles. De momento, quiero decir a esta hora (puedo bloquearme en cinco minutos) me veo capaz de estar “en sociedad”.

Me siento cansada, por levantarme pronto y por el sedentarismo. Hoy no voy a limpiar más, estoy haciendo un trabajo en el pc y cuando lo acabe, o no, si me da el punto me meto en la ducha.

Me ha de dar el punto para todo. Para arrancar y hacer algo, aunque no sea prioritario. Hago algo, es lo que importa. Ha de ser así porque así lo he descubierto en este mes y esta semana, si me obligo, viene la Angustia a decirme que me quede quietecita.

Qué manera más rara de vivir. Qué mini-depresión más extraña. Pasará, noto cómo remite, hay que darle paciencia a la pauta.

Y el lunes, psiki, otra vez nos veremos las caras, hija de puta, dejarás de impedirme para coger el avión (fobia a volar que empiezo a superar, pero no si estoy mal), porque por c... me largo a Barcelona la semana que viene. Más me vale estar mejor, me estresan mucho las comidas familiares y todo el rollo navideño.

El elixir de la eterna juventud II

El elixir de la eterna juventud II

Qué fácil resultó escribir el post de ayer, una vez la tormenta amainó. Las cosas no son así cuando estás jodido.

Prometo buscar en mis diarios párrafos de cuando "llevaba meses en tratamiento y los efectos secundarios eran insoportables mientras seguía teniendo síntomas incapacitantes". Seguro que algo encuentro, algo que ilustre mi dolor. Algo así como:

No puedo salir de casa, tengo fobia social o eso me han dicho. Me da miedo que la gente me mire. He engordado tanto que pienso que me miran como a un monstruo. Ya le he dicho a dos señoras que no estoy embarazada. Esta medicación me hace engordar, y además me dan ataques de hambre que no puedo evitar. No soporto estar en casa de mi madre, este espacio ya no es mío y me siento incómoda. Muchas veces me pone el plato en la mesa pero se me cierra el estómago y no puedo comerlo, no soporto ni el olor. No puedo salir, no puedo leer, me encierro en mi habitación, menos mal que hay gente en msn para no sentirme tan sola. Tengo el alma enferma, me lo está diciendo a gritos a cada minuto.

Rabia, desesperación, impotencia, darse contra las paredes, llorar. Son sólo palabras, las emociones eran muy fuertes, muy desagradables, y hacían de mí un ser muy pero que muy desgraciado. La impotencia quizá era lo peor, nada podía hacer sino esperar. Mordía, sí, rechinaba los dientes, esto no me podía estar pasando a mí, y por qué no mejoraba con la medicación, y no había respuestas a mis porqués, sólo la palabra "paciencia", y "aguanta". Gracias a algunos miembros del grupo de apoyo que después de dos años y medio siguen ahí, pasé esos meses con algo alivio y esperanza.

***

Yonki de compras

Yonki de compras

Salgo del ambulatorio y quedo con R. Tomamos algo, paseamos por el barrio. Compro el cargamento habitual para pasar el mes. No en las farmacias más cercanas a mi casa.

¿Por qué? Nunca he entendido la falta de privacidad que hay en que el resto de clientes vean y adivinen qué tienes. Deberían despachar los medicamentos, ritual del cuponcito etc, fuera de la vista del propio interesado. Además, los dependientes suelen hablar de lo que no les importa. Y no estoy dispuesta a que mis vecinos puedan ver o escuchar lo que no conviene. La farmacéutica, sin preguntar, ¿venden jamón, acaso? advierte de que media pastilla de esas (1Mg), ya "tumba". Nos miramos R. y yo, me hace el ademán “paciencia”, porque me callo un "señora, le doy dos recetas y no una de este medicamento porque en estos momentos mi médico me ha subido la dosis a 8 Mg diarios".

Yonki, que soy una yonki. Esa, además, como es de las que “enganchan”, da síndrome de abstinencia, y lo he pasado, decir yonki no es ninguna broma, me hervía la sangre y el cuerpo entero cuando fui a por la condenada receta hace ya tiempo. Se me olvidó, porque no es una pastilla para el TB, aunque he de tomarla, clarísimo quedó. He pasado ya por algunos síndromes de abstinencia, por el de la nicotina varias veces, y por el de esas pastillas, dos ya. Por la cuenta que me trae, no van a faltarme.

Estoy algo sedada, y quién no, con esa dosis. Esta semana quizá llame al psiki a ver si es posible pauta descendiente, y digo quizá porque sé que necesito esa dosis, de momento.

Pero me da miedo engancharme “más”.

Pero la ansiedad ha de entrar en razón, y estoy mejor de eso, lo preocupante sería no estarlo con ese chute que me pego. ¿Por qué esa dosis? Porque volvían los ataques de pánico. Nada que ver con el trastorno bipolar, como mucho comorbilidad con ansiedad, porque tomo ansiolíticos desde mi tierna juventud.

No es tan grave III: Riga Rosarum

No es tan grave III: Riga Rosarum

Hace un mes justo escribo en esta bitácora que a alguien que he conocido y que sabe de mi diagnóstico no le ha importado porque mantiene la cita, y me digo, vamos bien.

Pasa un mes, pasan muchas cosas, pasan enfermedades y mucho trabajo, pero coño, vivimos a 2 km., no a 200, para quedar a tomar un café que no llega. Todo son largas, ya no hay llamadas, nunca está conectado.

Me dicen que soy impaciente, pero la intuición no me engaña, porque nada le pedí y de repente se manifestó algo que tomo como una verdad. Algo o alguien le ha dicho que se va a meter en problemas si sigue trátándome. Qué barbaridad, ni que fuese a pedirle en matrimonio, nos habíamos visto creo que dos veces.

No me di cuenta antes porque no estaba pendiente de esta persona, ni lo estoy. El futuro se dibuja, y hay que darle oportunidades. Si su interés por mí ha acabado, y no recibo explicación convincente, he de pensar... o me da la paranoia de que hay mercurio detrás de una decisión. Y no quiero paranoias, hay que cortar de raíz estas cosas.

Apartaré de mí el rechazo, por salud mental. Apartaré de mí todo lo que pueda desestabilizarme. Soy radical, o caigo bien o caigo mal y eso ya está aquí escrito; eso sí, si caigo bien, se consecuente. "Riga rosarum", riega las rosas. Respeté una distancia que me puso por motivos personales, y quizá he dejado de respetarla, convencida de que él no quería ponerle fin. No me como la olla, de repente me di cuenta, y punto, y así se lo hice saber por e-mail, concisa y creo que educadamente. Y me preguntan: ¿por qué molestarse en escribirle? Pues para yo quedarme bien, para combatir lo que hubiese podido ser una horrible sensación de rechazo de haber seguido el juego, incluso puede que le hubiese llamado para recibir más largas. Igual me equivoco, pero el "Game Over" está dicho.

No me he quedado muy convencida de la experiencia de salir del zapatero, aunque en su día ya dije en esta misma sección del blog que me decepcionarían seres inteligentes. Lo jodido (o no) es que no estoy decepcionada, porque quizá alguien ha de importarte algo para provocarte esa emoción, o hacerlo de forma intensa. Pongo cara de "así es la vida", y a otra cosa, mariposa. Y esto es nuevo, me he quedado tan ancha, "las cosas de crecer".

Él se lo pierde, y no es una frase hecha. Por fin tengo autoestima para decirla.

P.D. Hoy quería escribir de otro tema, ayer noche empecé a hacerlo pero me quedé muerta. No va de un día.

P.D.2. Elimino el tema "Salir del Zapatero", esta serie de ocho posts irá a parar a "Batallitas bipolares", que es lo que son.

Guerra a la Depre

Guerra a la Depre

Hoy se me ha encendido la bombilla.

He hecho una lista de acontecimientos recientes, emociones expresadas, y un repaso a mis hábitos. Estaba preparando la entrevista que tendré ya pronto con el psiquiatra, y es increíble, qué ganas tengo de ir y hablar con uno, se nota porque llevo cuatro páginas escritas, que por supuesto he de sintetizar en diez puntos a lo sumo.

Resulta que desde que pillé el trancazo (llevo más de dos semanas y todavía toso), y el análisis arroja a que esto viene de antes, ahora creo que estoy en, lo llamaré, depresión técnica.

Por ejemplo, hoy hipersomnia. Me he levantado de una siesta a eso de las 17 h con la confirmación de que estoy viviendo como una depre.

Me he cagado en todo, para empezar. Me niego. NO.

El Otoño, ataca el Otoño. Y mil cosas de tu vida que estaban esperando para juntarse en un puzzle y hacerte detonar. 

Me salvará la rabia de esta enfermedad, desde el principio la rabia fue mi motivación, nada de pena, mueve el culo. 

Y me he ido a la puta ducha, incluso me he lavado la cabeza, que es lo que más odio (peinarme, uff).

Y me he vestido Escogiendo La Ropa y no con lo primero que estaba a mano.

Y me he ido a la Puta Calle. Y como me he arreglado, me han mirado.

Ahora que le he declarado la guerra a la depre, me he disfrazado de Trinity y así voy a seguir, y haciéndolo todo por cojones, "por gazpacho" que adopté en su día de mi querida Semeolvida. Ahora parecerá lo contrario, ahora que he sacado mi rabia habrá quien interpretará que estoy subiendo, y, queridos/as, os aseguro que no es así.

No puedo confirmar que he ciclado o estoy ciclando hasta que no vea al psiki, pronto ya. Lo importante es que la crisis está detectada, y por tanto en vías de solución. ¿Por qué no antes? Porque no tenía pensamientos negativos ni ideas suicidas. Mera cuestión de hábitos. Y antes de cualquier cambio en la pauta, voy a atacar a lo que YO SÍ PUEDO HACER, obligándome. Y no me extiendo en consideraciones y reflexiones que me han hecho llegar a esta conclusión, por ser algo personal.

Voy a luchar. Por mí.

Y empiezo a creerme que la medicación funciona y que las crisis son menos fuertes bajo tratamiento, y esto es muy importante. Doy fe, esta sería mi tercera oscilación en ocho meses, y nada que ver con las de antes.

P.D. Después de un tiempo de autismo, reabro comentarios, hay cosas que recibo de los lectores que me gustaría que ellos pudiesen compartir. 

Autodecepción

Te he hecho mucho daño, ahora me doy cuenta.

Bipolar I, impulsiva y vehemente.

Me las doy de pacifista, pero mi violencia verbal da directo a la mandíbula. Hace años que lo sé. Lo que no sabía era el por qué. Y la respuesta no ha mejorado las cosas.

Lo último que uno necesita escuchar cuando está jodido, eso es lo que suelo decir yo.

No sé ayudar, sólo sé llamar a las cosas por el nombre que me parece que tienen, qué equivocada estoy y qué poca empatía muestro entonces. Porque estás mal y te navajeo el alma.

Alguien me pega un toque en la cresta, te has pasado, guapa.

Entro en razón.

A veces no tienen que decírmelo. Esta vez no, por ejemplo.

No me lo perdono, y quiero llorar. Necesito llorar. No puedo. Escribiré, es lo que hago cuando no estoy bien. Control de las emociones, control de los impulsos, qué difícil es remitir de eso, sólo puedes aprender de tus errores y saber identificar el siguiente momento antes de disparar a diana. Te das cuenta cuando ya ha brotado sangre ajena.

De nada sirve pedir perdón, de nada sirve que te lo concedan.

No es un caso en concreto ya, es la gota que colma este vaso en particular.

Tengo que perdonarme a mí misma. Por eso no pido perdón.

Me he cansado ya de hostiarme, necesito que me hostien.

Golpéame, te he hecho daño, lo estoy esperando, lo necesito, quizá así llore. No es masoquismo, no es porque me lo merezca, simplemente necesito recibir lo que te he dado. La indiferencia no es castigo para el enemigo en este caso.

Necesito llorar. No puedo. Nunca me dio por autolesionarme, menos mal. No estoy para nadie, no me soporto, no me perdono.

Hay una emoción que no soporto, y es la decepción, si no lo hago con otros, la autodecepción me aniquila directamente. Sí, el tiempo todo lo cura, menos mal que está ahí el tiempo para que este instante no se congele. Quizá acabe perdonándome. Hasta la próxima vez. Impulsiva y vehementemente, me cago en todo.

Drogada

Drogada

 

me he tomado las pastillas

cuando lo hago, mejor que esté ya en la cama

recuerdo un par de veces, al principio... tuvo que llevarme mi madre, la tensión bajó demasiado

un día me quedé dormida en el sofá, pensé que se me pasaría el bajón pero no fue así

a veces, estoy hablando con mis amigos en msn, y llega un momento en el que no puedo teclear ni las buenas noches

los dedos ya no responden, tanto que algunas veces he dejado el pc abierto bajando música pero sin cerrar otras cosas

muchos días las tomo antes de las 23 horas, porque quiero que acabe el día y despertarme pronto

ahora duermo unas ocho horas, he mejorado, antes la pastilla me pedía diez, y si no se las daba, me castigaba

de hecho, debería tomarlas siempre de 22 a 23 horas pero mi lado nocturno se rebela

ahora entiendo que la gente pague por drogarse, pero a mí me obligan y yo me obligo

mejor dicho, no lo entiendo, no sé qué gracia hay en estar atontado y sin coordinación total de tus miembros

son efectos secundarios, quizá por eso no tengo alucinaciones y no "disfruto" del fármaco

a veces siguen por la mañana, les llamo "la tostada"

y mi cerebro tarda en recuperarse de cierta gilipollez, pero no estoy zombi

eso sí, no toco un vaso, porque lo rompo, el otro día la tapa del azucarero de cerámica

no puedo hacerme un café de cafetera porque he tenido percances, de manera que consumo café instantáneo

es hora de empezar a cerrar las seis aplicaciones que tengo abiertas

noto como la concentración se dispersa y la música me va meciendo

sigo escuchando música electrónica, será lo último que cierre antes de apagar el pc

estoy charlando con mis amigas y ya apenas digo nada, no se me ocurre nada

el ingenio se ha ido ya, los ojos empiezan a entornarse

me resisto todavía a morir, morir en el sueño químico, pero ya estoy acostumbrada, qué contradicción

y mañana me pongo a investigar estas novedades de Blogia, que los posts quedan hechos un churro

bona nit, llevo ya dos horas de efectos secundarios, y no puedo más, necesito tan sólo dormir

 

Paciencia

Paciencia

No me hicieron paciente, pero la enfermedad me ha obligado a serlo.
Con la enfermedad, ese sí fue un buen aprendizaje.

Por favor, no me jodáis cada día con el cómo estás y si has pedido hora con el psiki. Digo joder porque me pongo de muy mal humor. Hablo con mis amigos, con ellos quiero hablar, y no ellos con mi conciencia, que la tengo y en buen estado. Mi psiquiatra está al tanto de mis movimientos y ambos ya sabemos de qué pie cojeo. Llevamos muchas horas juntos ya, y si estuviese mal, enferma, con síntomas que yo no notase, él mismo me hubiese reclamado.

Estoy bien, pero de tanto preguntar bienintencionadamente, acabaré mal, amigos. El mal humor crónico puede ser irritabilidad y eso un síntoma, y no me da la gana. Ahora me siento irritable y no es un síntoma, es una respuesta emocional normal a la sobreprotección, en determinados momentos. Ya dije que tengo dos espadas encima, la de la enfermedad y la del "cuídate" que me recuerda a cada minuto y acto que cometo ante vosotros que tengo la enfermedad. Hablemos de cualquier otra cosa, por favor.

No sé si me hicieron responsable, pero lo soy con la enfermedad, así lo decidí para poder decir ahora "me encuentro mejor". Claro que oscilo, y quién no. Toma día de lluvia y ya estamos raros, toma menstruación y no soy persona. Y despiértate con efectos secundarios. Todo eso se asume más o menos, es un precio a pagar.

No me da la gana volver a Barcelona, quiero seguir con mi nueva vida. Y hago juegos malabares y de momento vivo y no sólo sobrevivo. Lo hago poco a poco, no se sale de doce años de miseria alegremente, mi ritmo es uno y he de ir subiéndolo. Pero eso es cosa mía, si no lo hago yo, nadie lo hará por mí.

No me da la gana estar bajo sospecha constantemente, lo que más duele, por parte de mis amigos. Es la tercera vez que escribo sobre el tema en el blog pero ahora mis palabras son tajantes, incluso hirientes.

Soy una persona. Soy una persona antes que una mujer, y una persona antes que una enferma bipolar.

No estoy sana, pero nada gano recordando cada día que he de cuidarme cuando lo estoy haciendo.
Me habéis ayudado y mucho, pero he crecido, llevo siete meses andando solita, y ya puedo hacerlo sin muletas.
Dejemos la mierda bipolar, mientras uno se cuide, que no le toquen los ovarios.
¿Se nota que este mes le toca a mi ovario irritable? Casi que le prefiero, el otro es depresivo. Bipolar y mixta hasta para eso. Tengo el ánimo en las hormonas, maldita sea. Me molesta más el ciclo menstrual que la bipolaridad, a él le debo oscilaciones.

Si no estoy conectada, estoy viviendo, no me encuentro mal, me encuentro como debo estar, en la vida. No os preocupéis, ya apareceré. Y tengo teléfono, y un familiar cerca, y dos buenos amigos. Estoy cubierta, no doy mortales sin red.

Me he retirado del guetto bipolar general temporalmente, para poder ser una persona que vive a pesar de ello.
Pero mis amigos, ellos no, por favor.
Dame paciencia para cada día más de lo mismo.
Odio la sobreprotección. Tanto como la indiferencia.
Eso es bipolar, extremos.
Quiero el término medio en mi vida, eso es lo que estoy trabajando.
Y perdón a mis amigos si les ofenden mis palabras, pero si no soy honesta, dejaré de tener amigos.
Vivamos, vivamos sin mirarnos los síntomas como si fuesen piojos.

Destrozaré tu tranquilidad

Destrozaré tu tranquilidad

Apareceré en tu vida.
No tengo pareja ni hijos ni animales domésticos.
Ni tú, qué casualidad.
Nos habremos conocido en alguna parte,
y ya tenemos nuestros teléfonos.
Habremos salido por el centro, al cine, a pasear.

Un día, me invitarás a tu casa.
Me presentaré con unas cervezas sin alcohol.
Los catalanes somos así, siempre llevamos algo.
Escucharemos tu música favorita.
Destrozaré tu tranquilidad.
Charlaremos y bromearemos hasta los primeros bostezos.
Seré yo quien diga lo siento, he de tomarme las pastillas.

¿Quién quiere estar solo todo el tiempo?
Dejémonos de hipocresías.
La edad no perdona
y la compañía merece la pena.
Destroza mi tranquilidad.
Advertiste que mi bolso era grande
y te respondí que era el de Mary Poppins.
Llevo en él un poco de todo,
y mi medicación para dos días.

Tráete la tuya si alguna tomas y te llamo yo,
porque los catalanes devolvemos las invitaciones.
Sufriré un minuto buscando mi música favorita,
hablaremos y reiremos,
pero estaré tranquila,
porque aquí tengo pastillas para un mes,
por si destrozas mi tranquilidad.

 

1994

1994 1994. Ahí se paró mi reloj definitivamente.
Antes había dado síntomas, pero se le pusieron pilas.
Lo noto en tantísimas cosas, por ejemplo, en la música que escucho.
Dejé de oír la radio y de ver programas musicales.
La primera gran depresión, empezó a finales de noviembre del 1993.
Y ya lo he dicho aquí, el silencio es su banda sonora.
Viví en modo vegetal, aunque me ocurrieron cosas, sí, sobre todo en las hipomanías.
Compré mucha música, iba a bailar, me gustaron Blur y los Chemical Brothers, entre otros.

Hay otro gran agujero desde otoño del 2002 hasta el diagnóstico.
Y otro tras el diagnóstico hasta el pasado enero.
2005. Ha pasado mucho tiempo ya.
Pero sigo escuchando "Blade Runner" y el "Nirvana Unplugged".
Sigo en 1994.
El despertar es difícil.
Y de vez en cuando, una pesadilla me arroja a 1986.
Hay días en los que no puedes evitar el pasado.
Son pocos, por suerte ahora son muy pocos.
Y no son tristes, hubo de todo en el pasado, también momentos muy hermosos.
Aunque mi ánimo lo marcase una enfermedad libre de ataduras.

Hoy es hoy.
Hoy llueve y el ánimo se deja llevar por recuerdos, buenos y malos, tiempo pasado.
Hay que dejar de anclarse.
Lo peor sería no darse cuenta de ello.
Llevo siete meses en libertad condicional.
Falta rehabilitación, psicológica.

No es tan grave II

El paquete bomba no era tal o el destinatario también tiene un tornillo suelto o le importa un carajo. Hoy nos vemos en persona. Quizá se pueda vivir con esta etiqueta, si ya te conocen y te aceptan antes de decir "tengo una enfermedad puñetera".

Me he levantado con un tostadón de cuidado. Tocan dos duchas, no una, para que mi querida pastilla S desaloje las neuronas. Claro que también influye el tener una de las mil y una obras de Madrid demasiado cercana, contaminando mi hábitat de sonido y despertándome antes de lo que toca, antes de lo que mi cerebro necesita para funcionar bien. Llevo dos años durmiendo en habitaciones interiores y ahora me cuesta dormir de nuevo en una exterior, y más si te despierta un tutututututututututu-rurururururururururu.

P.D. Elimino el tema "Salir del Zapatero", esta serie de ocho posts irá a parar a "Batallitas bipolares", que es lo que son.

No es tan grave

No es tan grave

Resulta que en "el ambiente" ya no se sale del armario, sino del zapatero. No pregunté el por qué, pero bueno, es simpático.

El sujeto poseedor de la URL del blog , el que comenté que había conocido en persona pero nuestra relación seguía por msn, se ha interesado por el tema bipolar. No canto línea sino Bingo. Su opinión -vale, sí, es una cabeza muy buen amueblada la suya- es sincera y auque la palabra "normal" salió varias veces, me gusta que me diga que:

- bueno, se te ve bastante bien, nunca hubiese pensado que estabas cuidandote
- pues si, reflejas cosas que la gente normal pasa por alto
- quiero decir que tienes una percepcion fuera de lo normal, no que no me lo parezcas
- pues lo de la drogueria por ejemplo...
- no sabia lo que es ser bipolar
- y de hecho no sabia nada de lo que es maniaco depresivo, entiendo que asi se llamaba antes
- creo que tiene connotaciones negativas, bipolar es mas apropiado
- ...escribe algo mas, no solo el blog
- me interesé por el tema de ser bipolar, es cierto que en su momento no pregunte lo que era
- ...no soy un experimento :P

En efecto, no es un experimento. Es un amigo, que sigue abriéndome ventana.

He lanzado un paquete bomba a otro buzón de correo electrónico. Sin expectativas, la vida te da menos palos.

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P.D. Elimino el tema "Salir del Zapatero", esta serie de ocho posts irá a parar a "Batallitas bipolares", que es lo que son.