Blogia
Carne de Psiquiatra -Trastorno Bipolar

Batallitas bipolares

Dos caras ya conocidas, una por construir

Dos caras ya conocidas, una por construir

- Tengo dos caras.
- ¿Y cuál me estás enseñando ahora?
Me perdí visitando los dos polos, no estaba ni en uno ni en el otro, pero me perdí igualmente en destellos emocionales del pasado. Es imposible ser natural y dar una respuesta precisa y sencilla, no cuando tanta información acude a tu mente a pesar de estar pidiendo un simple dato.

Por eso no te dije lo que ahora escribiré:

Te muestro la cara que me estoy fabricando. No tenía ni idea de cómo era ni podía hacerlo antes de haber sido estabilizada, por mucho que creyera ser tal. De hecho, a veces titubeo al hablar, me cuesta encontrar una opinión donde antes afloraba con vehemencia, por ejemplo. Me cuesta encontrarme a mi misma, no me obligo a ello, surge poco a poco.

También me preguntaste si yo me consideraba rara, y por qué.
Y también me costó decirte algo.

Soy rara, un bicho raro, eso me han dicho y eso reconozco que soy. Hago y digo cosas poco convencionales. No veo la TV, ya quitaron mi Frasier y no siempre me acuerdo de poner “Las noticias del guiñol”. Quizá porque paso de l’Estatut hasta con el filtro del sarcasmo.

Y por cierto, quizá sea rara porque tengo un trastorno de personalidad sin diagnosticar, bueno, diagnosticado pero no etiquetado. Sobran trastornos de personalidad en los manuales de los psiquiatras, pero el mío es tan raro que debe estar por estrenar. Un psiquiatra le dijo a mi familia que ese sería mi verdadero problema para el resto de mi vida y no lo bipolar. Cuando me enteré, monté en cólera. De qué mierda hablaba este tío, ¿quién es para ponerme una etiqueta sin etiquetar con lo que está diciendo simplemente “loca”? ¿Por eso visité por primera vez a un psiquiatra a los 19 años? No colega, no, me metieron en ese despacho porque acababa de pasar una crisis con síntomas psicóticos, llámese manía, con un detonante perfecto. Sacadito de las primeras sesiones de la terapia hace año y pico, se me caían al suelo vamos, qué duro todo cuando la verdad asoma y la bipolaridad te acompañaba en tal fecha, y no fue un tema de personalidad, fue un problema como persona lo que tuve que hizo detonar la enfermedad.

Desmitifiquemos también lo de los trastornos de personalidad, todos tenemos la personalidad mellada, como las llaves, o de lo contrario no tendríamos personalidad. La mía ha atraído a determinada gente, o sea, por este motivo no voy a aceptar una puta pastilla más. Soy como soy, hay gente que me acepta y otra que no. Y yo tampoco acepto a todo el mundo. ¿Amigos hasta en el infierno? A la mierda, yo tengo amigos ya esté en el infierno o en el cielo. No quiero farsantes ni intercambio de favores, ya pasé por eso y de repente todos desaparecieron, años antes del diagnóstico.

Todo tiene un precio en esta vida, todo menos la amistad y el cariño de una persona que no tiene vínculos de sangre. Y si son bichos raros, o tienen trastornos de personalidad, igual me entenderé mejor con ellos, para vivir nuestras raras e inconformistas vidas.

Que nos etiquete gente plana, que no tiene emociones, que son la canción “Charmless man” de Blur. Que nos desprecie gente que no ha vivido lo que nosotros, “locos” diversos, lo bueno y lo malo. Me la repampinfla. Los psiquiatras no morirán de hambre, ni los laboratorios farmacéuticos. Nos dan lo que, pobrecitos, necesitamos. Y eso piensan nuestras familias, y puedo extrapolar al colectivo de sordos, que se manifestaron el sábado en Madrid. O eres como “yo, que soy normal” o paso de ti. Y yo de ti, ignorante.

No iré a la manifestación del día 8. Salud mental para todos.

Detoné... ¿detonaré?

Detoné... ¿detonaré?

P.D. que se cuela en un corta-pega.

Voy a enviar un e-mail a mi psiquiatra. Después del puteo de la pastilla S. todo el maldito día y no sólo durante la franja matinal, resulta que esta noche me la tomo a una hora razonable, y primero me entra el sueño pero no entro en coma total, sólo siento sueño químico. Los colegas que saben de mi indisposición me mandan a dormir y desconecto.

Doy vueltas en la cama porque me entra un ataque de hambre fuerte como nunca que intento aplastar con la voluntad (recuerda, no tienes galletas y no has querido comprar más, jódete, es la pastilla la que come, no tú) pero sólo consigo aguantar media hora antes de tirar la toalla y empezar a cortar jamón.

Y chúpate un insomnio hoy, y ponte paranoica barajando la hipótesis de un golpe muy duro de estrés. Tenía que detonar, después de tres semanas de cambios en mi casa y forma de vida. Pero no puedo decirlo, he de aguantar a no ser que empeore y entre en episodio. Como me dijo mi tía, "estás bien, pero bien para estar tranquila". Y ahora no estoy para aguantar, en su día no aguanté por mucho que me esforcé, porque la voluntad pertenece a un territorio y las emociones a otro.

Mi terapeuta un día me dijo algo así (fíate de mi memoria) como que la voluntad era algo que había que coger con pinzas cuando se hablaba de un bipolar, no recuerdo bien pero creo que tiró por tierra todo lo que había sido "pon de tu parte", "puedes salir de la depresión si haces...", "he de dejar de beber", y tantos etcéteras que frustraban más que inducir a la mejora.

Tres semanas para adaptarme al cambio, de origen familiar, y lo estoy haciendo. Sólo que ahora noto que empiezo a pagar facturas emocionales, y me temo que S. es sólo un pequeño pero perfecto ayudante. Voy a intentar dormir con alguna neurona voluntaria, o mañana seré una zombi en una reunión alegre. Para rematarlo, maldita sea, me vuelve a entrar el hambre.

Esto es STRESS, no hay otra explicación, porque el coco me va a velocidad normal y no siento agitación. Sólo siento efectos secundarios hasta en el meñique, y un evidente cabreo por impotencia absoluta. Ni siquiera tengo angustia, y esto es raro, porque estoy nerviosa pero ni angustiada (debería tomar una pastilla) ni agitada (idem).

A todo esto, se me ha colado en la salida del armario un chico que conocí en persona en Barcelona el año pasado y no hemos perdido contacto por msn. Un día le dije que tenía una enfermedad, no cuál pero por discreción no preguntó (catalán de pro), y antes de darle la llave de este blog, me ha reconocido que tengo las neuronas en mi sitio. Es importante, y ya veremos qué reacción tiene. Experimento 2: no te veo en la vida real pero me conoces y ahora me vas a conocer muchíiiisimo mejor. El experimento 1 no sabe del blog, no todavía, me basta con seguirle la pista en la vida real sin que viole mis territorios. Experimento 3: tiene ganas de quedar conmigo, le caigo muy bien... Pues te vas a enterar, pero antes y por si acaso sale rana, disfrutaremos de unas cañas ("no bebo cerveza de verdad, es una promesa que hice", original y poco verosímil).

Supongo que estoy detonando y esto ya tiene su importancia, por eso he revivido en el quiero-y-no-puedo-dormir cuando

DETONÉ

Y me "convertí" definitivamente en bipolar sin saberlo.

Sé cuando empecé a dar síntomas de la enfermedad, sé que era niña. Recordé muchas cosas cuando estuve en manos de la locura, marzo de 2003.

La enfermedad se manifiesta (eufemismo: se apodera de ti y de tu vida) por factores genéticos y ambientales, más o menos y dicho pronto y mal. Para informaciones exactas, pinchad en el enlace del libro de Vieta y Colom.

Que tengo el componente genético, está claro. Mi prima también ha estado ingresada y se chuta de cosillas, como yo.

Los ambientales... "las cosas de la vida"...

... pensé que estaba preparada para ello, hazte la dura, rechina los dientes, lo que va a suceder está racionalizado perfectamente, lo hemos hablado mil veces y es lo mejor y lo más conveniente. Aguantarás, será duro pero ya te has hecho a la idea, estás perfectamente mentalizada y no hay fisuras, la decisión es mutua.

El día del cambio, fue horrible por el cambio y por las consecuencias que trajo. Mi primer ataque de pánico, urgencias, y derivación a un psiquiatra debida a posible depresión exógena. Mi cerebro racional lo soportaba, pero mi cerebro emocional estalló. No aguanté ni ocho horas de serenidad.

Imposible anticipar los acontecimientos, imposible saber que lo pagarás con un trastorno bipolar con un tratamiento psiquiátrico y terapéutico.

Fue una decisión que me costó muy cara. Nunca estuvo presente en la discusión de pros y contras el que pudiese romperme de esta manera.

Había ciclado antes, pero supongo que como los ciclotímicos, sin grandes complicaciones, por lo que dicen. Recuerdo más la adrenalina de la hipomanía que dos o diez días de depresión, y eran depresiones de un día.

¿Qué provocó el nacimiento de los posteriores años de sufrir? Eso no importa, sólo diré que no fue una separación, puesto que acababa de casarme. Se produjo un cambio importante, algo que sí nos afectaba como pareja.

Él no lo sabe. Nos llamamos una vez al año, y sólo ha habido dos llamadas desde el diagnóstico. Ni siquiera sabe que me he mudado, o no me ha llamado o no se lo dije. Él tiene una nueva vida y espero que sea feliz, porque así parece manifestarlo. La mía ha ido por otros caminos y, pasado lo peor, sólo puedo quejarme de que esto no tenga cura. Qué más da que ocurriese en sus narices, de momento creo que no hay que remover el pasado, o al menos este fragmento del pasado. De qué serviría, no se puede retroceder ni vale la pena lamentarse, pasó y punto. Y nos separamos para tener una segunda oportunidad, una nueva vida, pero yo seguí detonando hasta que, digamos en plan animal, se me acabaron los cartuchos de verdad y los Acme del Coyote fallaron.

*** 

Evolución del sujeto-experimento II

Evolución del sujeto-experimento II

Me acaba de llamar, ocho minutos de charla, para saludar en persona, compartir chifladuras, y desearme un buen fin de semana.
Esto va bien, confirmado.

Ya tengo el sigüiente objetivo, sujeto-experimento II, escogido. Le he advertido de la mejor hora para quedar conmigo la próxima semana, no antes de las 19 h, no sea que tenga las facultades mentales perturbadas por culpa de mi querida amiga S. Este se presenta como un caso más peliagudo, porque su locura existe -ya he escrito mucho sobre la gente que me rodea o me hago rodear de- pero la tiene bastante controlada. Digamos que es un freak, subespecie con la que suelo congeniar.

Empieza el fin de semana bipolar en Madrid. Mañana se celebra una convención informal pero que ha atraído a gente famosa del mundillo. Claro que no me lo pierdo, bastante me ha fastidiado el no poder asistir a los actos previos de hoy. Hay muchos besos y achuchones a repartir. Llevaré extra de pañuelos de papel, porque estas cosas apelan a mi labilidad, aunque espero y deseo sacarlos cuando llore de risa también.

***

P.D. Elimino el tema "Salir del Zapatero", esta serie de ocho posts irá a parar a "Batallitas bipolares", que es lo que son.

Evolución del sujeto-experimento

Evolución del sujeto-experimento

Hoy me ha dicho que no le tocase los cojones (no recuerdo si ha sido literal pero ese fue el espíritu), que estaba ocupado en su trabajo y en sus cosas, y que hablaríamos el lunes, besos y buen fin de semana.

Escenario: ventana de msn, “Buenos días, ¿qué tal? y unas pocas líneas cordiales y otras no tanto, porque nos picamos mucho y no sé quién de los dos tiene la lengua o la tecla más afilada.

Pues “fale”, pues bueno.

Es exactamente lo que me hubiese escrito a modo de despedida antes de saberlo, o sea (“o sea” pronunciado a lo pijo madrileño): esto va bien.

Continuará...

***

P.D. Elimino el tema "Salir del Zapatero", esta serie de ocho posts irá a parar a "Batallitas bipolares", que es lo que son.

Tostada inesperada

Tostada inesperada Hacía días que no me daba vueltas la cabeza como hoy. Hoy precisamente que tengo la agenda a rebosar. Escribo porque ya me he acostumbrado a hacerlo con “la tostada” encima, pero hay otras cosas que no puedo hacer, como salir a la calle. Ya me conozco y ya sé qué riesgos hay en ciertas actividades.

Esta mañana he tenido una charla-café con un bipocolega que reconocía cierto mareo al tomar cierta pastilla. Yo la tomé, al principio de los principios, y no olvido ese mareo ni lo haré en mi vida, y reconozco que se parece a este muy levemente. Este es más sutil, como en su día pude comparar: parece que mi cerebro esté sometido a cambios de presión constantes metido en un avión de trayectoria tipo montaña rusa, y visualizo la pastilla que me tomé ayer a las 23 horas rodando todavía en mi psique a las 13 horas del día siguiente, horas después de haber despertado.

Puedo escribir, pero de vez en cuando cierro los ojos, viene una curva. Tomo aire.

Me quedo quieta y espero a que pase el temporal. Por suerte, cada vez es menos frecuente, pero cuando da, a veces poquito, a veces pasándose de la raya, hay que aguantar y esperar a que cese. Me temo que las migrañas son peores, así que tampoco “me cago en todo”, es soportable porque es conocido y no es doloroso, sólo molesto.

A veces me pasa por no haber tenido un sueño profundo, y no sé si hoy es el caso. Lo cierto es que si estoy ya hasta el moño, decido que la pastilla lo que ha de hacer es dormir, y eso suele funcionar.

Estos días estúpidos son los que aprovecho para colgar más paridas de las estrictamente necesarias en el blog. Y no me refiero al post de antes, que estaba escrito desde ayer sin efectos secundarios, sólo con mi locura habitual. Ahora escribo después de comer, escribo algo “de verdad” o eso quiero creer, y en un documento paralelo, y descanso de ese escrito que me exprime las neuronas con alguna gilipollez para colgar aquí, aunque creo que he colgado algún ejercicio de los primeros, los que no merecían otra cosa que etiquetarse de pájaras, pero si son bipolares, aquí tienen su lugar, ¿no? Sí, esto parece ya la papelera de reciclaje.

Y no voy a dejar de tomar esa pastilla, ni jarta de chocolate, cosa que he visto por los mundos bipolares sin entender, la responsabilidad que uno tiene con el tratamiento es crucial y ayer leí que un tanto por ciento bastante elevado de esquizofrénicos recaen por dejar la medicación, y creo que a los bipolares nos sucede igual, he oído ya algunas veces eso de "paso de pastillas, estoy bien". Gilipollas, estás bien porque tomas pastillas.

Efectos secundarios hay en todas partes, y prefiero el viaje en el avión pilotado por un novato que un despegue y subida a 80 grados por un profesional, pues eso puede pasarme si dejo la medicación. Que lo que sube baja, es muy cierto, demasiado cierto, cruel y más que desagradable, para un bipolar. Igual te estrellas en un ingreso, y por mis... que no me da la gana. Además, hay gente que paga por estar como yo ahora, eso me hace mucha gracia desde que me medico con estas drogas potentes, porque yo no lo disfruto, simplemente ... no, tampoco no lo sufro ahora que lo asumo como parte de ... está ahí y punto.

Suena: "Comfortably numb", de Pink Floyd.

It's up to you... en tu manos

It's up to you... en tu manos

Siete años de Google, y parece que fue ayer cuando me lo recomendaron.

Paciencia, siguen 2.340 palabras (ahora las cuento)... las primeras que pronuncio en silencio, tras salir del armario.

Dos años de diagnóstico, y sólo es ayer en sueños, o pesadillas. Hoy he hablado con una recién diagnosticada, de refilón, y luego me han contado su historia, tan parecida a la de todos: no lo acepta. ¿Quién lo acepta el primer día? Lo tienes, sí, y es un alivio encontrar un por qué, pero no lo es saber que no tiene cura y eres un enfermo crónico. Trágate eso, sólo con paciencia y tiempo, y una vez dejes de tener síntomas. Y luego trágate, en mi caso, que los poderes públicos te digan que no eres apto para el trabajo. Y menos mal que hay otros como tú y te apoyan, porque en su día les pasó lo mismo y saben lo duro que es.

Ha pasado el tiempo, y ya era hora de que llegase el día, ayer.

Ha pasado un día ya, un día de haber salido del armario, y cumplirse mi profecía del anterior post. Algo se muere en el alma cuando un amigo se va, algo se muere en el alma cuando te la han leído y no lo han sabido interpretar, estaba entre demasiadas líneas y aunque las escribí, tampoco se leyeron. Salí del armario como lo hizo un amigo gay, por correo electrónico con copia a todos sus amigos y familiares. Original, sin duda. Yo no he sido tan drástica, sólo hice un experimento con alguien que me estaba provocando, me estaba provocando mi lado bipolar, y le envié el post anterior.

De repente se recibe ese e-mail, que de hecho es un paquete-bomba. Se hace la luz y dejas de tener un futuro amigo. Pero como ya dije, no me frustro, pues me quedan los de siempre, y a ellos no les importa porque me quieren como yo les quiero a ellos, y muy claramente me lo dijeron cuando fueron a verme en mi primer ingreso: no se te ocurra desaparecer, hay gente a la que importas, y somos nosotros, por ejemplo.

Así me parieron, esto es lo que soy, tómalo o déjalo, pero no voy a esconderme, no más. A la mierda el armario, lo abro cada día y es lo que hay. A ti, lector, no te lo abro, porque no te conozco, aunque el próximo paso es que eso deje de importarme también. Tú sabes lo que tengo y me lees. Pero yo no conozco tu alma como tú conoces la mía. Y debo hacer una excepción en otro blogger.

Me entristezco, y es una emoción normal. No me deprimo. ¿Por qué debería hacerlo? La ignorancia reina, y contra eso no puedes pelear, por tanto tampoco debe deprimir. Este mundo es deprimente, y eso ya lo sabía, pero después de la última gran depresión aprendí de una forma muy dura que sólo cuentan las cosas sencillas, las que te hacen esbozar una sonrisa después de un día que empieza bien, hasta que te lo amarga un cabrón, que dice con acierto uno de mis amigos.

No intentes evangelizar, intentar con todo tu empeño el “¿Por qué ahora soy diferente a tus ojos? ¿No ves que soy la misma?”, no busques respuestas porque serán irracionales y herirán. Los humanos rechazan a los seres de su especie que son diferentes, y lo hacen como un proceso natural, han de defenderse de "lo otro". Es natural que sea así, siempre lo fue. La diferencia es peligrosa, eres un mutante, eso no es bueno para nosotros y lo hacen sin reconocer a Darwin en sus actos, tan arraigado está en todas las especies animales ese instinto. Y a saber qué tendrán ellos, porque yo sí me asusto de los no diagnosticados.

Quizá me he equivocado con el sujeto-experimento. Me ha abierto ventana en msn. Sin expectativas, como siempre, como después del diagnóstico, como después del infierno. No esperes, y si recibes, alégrate. Deja que la vida te sorprenda, y lo hará. Recupera la inocencia, vuelve a empezar con alegría por haber salido de la mierda y ser capaz de mirarte al espejo sin complejos.

Sonríe, y te sonreirán. Aunque sean los de siempre, ¿para qué quieres más, si es un tesoro lo que tienes? Riega ese jardín y no te metas en selvas donde acechan serpientes que te mandarán al ostracismo cuando salgas del armario.

Pero no. Es una decisión. Saldré del armario pronto otra vez, con otra persona, antes de que salten las chispas que se anuncian, porque quiero que se me aprecie como amiga en cuerpo y alma, y mi alma es la de una persona que tiene bipolar, es un alma única y frágil.
Y me entristeceré, pero no me deprimiré.

Porque he recuperado mi autoestima y ya no me importa decir lo que tengo, a personas que me importan o pueden importarme, antes de que me importen demasiado y la verdad les produzca rechazo y se sientan decepcionadas por no haber sido informadas antes.

¿Antes de qué? ¿Amistad, llevar una complicidad demasiado lejos, atreverse a pronunciar la maldita palabra "amor"?
Antes de que deba mentir a alguien a quien no quiero hacerlo, pues hay otra etiqueta maldita en esta sociedad y se llama "pensionista".

Ha sido una corta conversación con el sujeto en cuestión, primero ha hablado de música y luego me ha llamado "bipolarcilla" al despedirse. Poco trabajo le ha costado estigmatizarme. Es demasiado difícil continuar siendo persona para otra persona cuando sabe que tienes bipolar. No me vale como algo cariñoso, es algo que ha cambiado su manera de verme y a partir de ahora, como ya he escrito aquí antes, nada de lo que haga o diga será separado de esa etiqueta. No le conocía bien, me importaba sólo un poco, pero no soportaba sus infiernos de los cuales se negaba a salir, lo cual provocó mi lado bipolar oscuro y salvaje. Es muy difícil salir de la caverna, y él todavía lleva gafas de sol. Aunque, por supuesto, cada uno recorre su camino a su velocidad, y salir de la enfermedad mental y mirarse al espejo, y perdonarse, es algo demasiado doloroso, un proceso que puede durar meses cuando no años.

Gracias al grupo de apoyo y a mi psicoterapeuta de luxe, al cual voy a sacar del armario porque nunca lo estuvo y se merece mi reconocimiento y gratitud, se llama Francesc Colom, enfoqué el tema con la actitud que necesitaba para que no me hundiese, y aquí estoy, con dos cojones que se dice, porque mi trabajo me cuesta todo, todo y todo.

No toleraré que me llamen bipolarcilla. Tengo la autoestima donde no la tuve hace años y quizá por primera vez la tenga. Y es más difícil conservarla cuando sabes que eres un monstruo para los demás, aunque pases de todo, después de una temporada en el infierno, media vida para ser algo más exactos.

Estoy diagnosticada, esa es la diferencia. Y eso es lo que me salva y el tratamiento también de caer otra vez en el vaivén del péndulo, aunque estoy en manos de algo muy traicionero. Y por ello estoy en alerta, y tengo claro que ningún desgraciado va a deprimirme, pues esa era mi reacción "antes de" cuando experimentaba rechazo o desamor, y no vale la pena desequilibrarse por lo que el tiempo acaba definiendo como un imbécil. Todo el mundo es un caballero, hasta que deja de serlo. En Catalunya la gente no va de eso, no necesitan esas etiquetas, lo son y punto, no alardean.

Ya no voy a desequilibrarme por lo de antes, soy una mujer que ha madurado con una enfermedad. Ser mujer no es una etiqueta. Bipolar sí lo es, en el sentido dañino de las etiquetas, pues tener piel sensible y consumir productos hipoalergénicos es algo que se pasa por alto.

Soy lo que soy, todo va en el mismo pack. Atrae lo atractivo de mi enfermedad, sus dones, cae bien mi ingenio, mi "vis atractiva" me dijeron hace poco. Asusta que eso sea producto de un cerebro que no funciona como el de los demás, que tiene diferencias apreciables incluso en pruebas médicas. Pero al fin y al cabo es un cerebro que alberga valores, por ejemplo, y muchas cosas en común con el resto, salvo ese pequeño detalle. Pero ahí está la estadística, si lo mío son los bichos raros, quizá ese 2% haya crecido en mi círculo, y esté rodeada, y nadie lo sepa.

Siempre asusté a los hombres, sólo que antes no sabía por qué, ahora sí. Antes no me creía digna de ellos y me deprimía, ahora un Narciso que reconozco como nuevo porque no existía me dice que son ellos los que no me merecen. Ese Narciso fue el que intentó despertar en mí mi ex-psicoterapeuta sin éxito, yo era una mierda y no era capaz de enfrentarme ni a mi imagen, y eso que no había engordado, pero era incapaz de aceptar que no era el ser mediocre que mi espejo reflejaba y que debía dejar de relacionarme con seres mediocres que me dañaban, ahora sé por qué.

Ahora, cuando me siento yo misma, soy una mariposa y despliego mis alas, y hay quien retrocede. Se acabó el dar sin recibir, porque me doy en cuerpo y alma, y hay demasiada gente que no lo merece, como no merecen que salga del armario para ellos. Para tomarse un par de cañas sin alcohol, no lo merece. Mejor ponerse las gafas de sol y no ofrecer el espectáculo, el de que te lean y violen tu ser íntimo que late tras tus ojos.

"¿Sabes lo que es vivir con miedo?" le dijo Roy Batty a Deckard.
Sí, yo lo sé. Ese androide siempre me fascinó. Sin embargo, Deckard sólo se molestaba en matarles, excepto a la que se follaba, qué más le daba lo que fuese mientras poseyese los atributos necesarios.
Ya no.
No nos matan con pistolas, nos matan con indiferencia. Otra de mis influencias frikis, Neo, evolucionó hasta que fue capaz de parar las balas con la mano y mirar al enemigo a los ojos. Y no sostienen la mirada, huyen, no se atreven a mirarnos con el desprecio que sienten porque les averguenza su prejuicio. Y no vale la pena ir tras ellos.

Los que tomabas como amigos, de repente se convierten en enemigos, de tu enfermedad y por tanto de ti. Pan y sal, eso es amistad. La sal, para el tequila, no pidas más a quien más de sí no puede dar.

La literatura es un refugio como cualquier otro, pero tiene un peligro, que es el de dejar de vivir tu vida para morar ficticiamente en la de los otros. Yo no he leído tantísimos autores y clásicos, y me digo que ya tendré tiempo para ello, porque cuando más actividad vital ejercí poco tiempo tuve para leer, pero he vivido por mí misma, y quizá algún día tenga algo interesante que decir.

Seguiré haciendo mis ejercicios para cuando llegue ese momento, para que no me pille desarmada. Ahora sólo puedo escribir sobre mis infiernos pasados y eso no interesa a nadie, a mí misma para empezar, están ahí y quiero que me dejen en paz, no revivirlos en ejercicios de literatura aunque mi maestro dice que son necesarios para encontrarse a sí mismo y por tanto a su estilo. La gente quiere finales felices, porque la vida rara vez los ofrece, y quizá algún día pueda yo pueda escribir alguno, quién sabe.

Phil K. Dick retrataba esos mundos de gente que vivía al margen sin pudor, como en "Los clanes de la luna Alfana" (un planeta-manicomio, excelente), y todos sus amantes sabemos que estaba mal de la cabeza pero esas idas de olla le hicieron tan popular que existe Blade Runner, incluso Desafío Total, y Minority Report. No está mal, para un "loco" muerto: sigue vendiendo libros, inspirando películas, y es leyenda. Como Kurt Cobain, al que acudí el otro día para deleitarme con el Unplugged en vídeo y en la célebre entrevista que transcribiré cuando pueda. Él tenía la presión de la fama, yo no, por eso no detonaré quizá, es demasiado peligroso que un alma sensible esté no sólo expuesta sino sometida en la realidad a la violación constante.

De Kurt he aprendido a no extralimitarme. Es fácil hacerlo, el pensar que puedes y luego estrellarte. Y espero que mi mejor obra literaria no sea una carta de despedida, además, sería muy difícil superar la suya aunque la inspiración acude sola en momentos de crisis álgidos.

En mi altar personal está Peter Gabriel, el programa de su concierto de la última gira, y su mirada en la cubierta me acompaña desde que aterricé en el planeta Madrid. Parece estar estabilizado aunque se puede leer el don y el estigma a partes iguales en sus ojos. Cuando acudo a él, y puedo mirarle a los ojos, me siento como si estuviese frente a un amigo y me reconforta.

No he sido dotada con su genio, tan sólo soy una humana del montón. Pero... eso ya es mucho afirmar, y me siento muy pero que muy orgullosa.

Un sueño: compartir un atardecer sentada en un banco, como en Manhattan, en el que una tendrá bipolar y su acompañante, él o ella, no importa, un nuevo amigo o amiga, lo sabrá, y le importará un carajo. Es sólo un sueño, piso el mundo real.

Está en tu mano, destinatario de mi e-mail, que ello suceda, al menos contigo, pero apenas tengo expectativas después de tu primera respuesta, "como tú bien dices, desmitifiquemos, sobre todo las conductas y las palabras". En todo caso, se acabó el amargarse y el esconderse, porque de uno mismo no se puede huir. Y veremos si puede desmitificarse, en la vida real, en el reino de las conductas.

Suena "Miss Sarajevo", una canción que me transmite esperanza y positividad. Es mi actitud, y es el hábito que no es hábito sino la madre de todos y el que más me ha costado adoptar, gracias querido Dr. Colom.

***

P.D. Elimino el tema "Salir del Zapatero", esta serie de ocho posts irá a parar a "Batallitas bipolares", que es lo que son.

Desmitifiquemos

Desmitifiquemos

Se me critica últimamente, bien, criticar no es la palabra... se me insinúa que estoy renegando de mi condición bipolar.

Y yo digo: tengo hipotiroidismo osteopenia trastorno bipolar y colesterol, si no me dejo nada, ah, y el pelo algo flojillo, con ácido fólico y vitaminas. Y me cuido de todo eso. Me tomo las pastillas y "hago bondad" como dicen en mi tierra, aunque de vez en cuando, ayer sin ir más lejos, salí de noche, cosa que me sienta fatal pero un día es un día, una vez cada dos meses o tres, como ir de compras al templo del vicio: discos y libros. Hay que controlar una por salud mental y otra por salud económica.

No quiero ser bipolar, tengo bipolar sí, pero no lo soy, no lo soy 24 horas al día. Soy una persona. A veces sí noto que lo soy, cuando me golpea una emoción con intensidad. Lo noto como una parte indisoluble de mi ser. Y ahora que no oscilo, que no tengo molestias, que me encuentro mucho mejor, incluso disfruto de esas emociones que antes se me clavaban con sarna y me herían. Porque ya no son afiladas, se presentan en momentos donde todo hijo de vecino las tendría, sólo que para mí, por lo que me han contado, son algo más intensas que para el resto. Llámalo hipersensibilidad y quizá si no tienes trastorno bipolar también habrás notado un cosquilleo extra más de una vez.

Pero no, no soy bipolar. No me paso el día hablando con bipolares, sino con mis amigos, tengan bipolar o no. Para mí el trato ya no es en el guetto, y eso creo que es lo que he ido dejando atrás, y lo considero síntoma de mejoría, no de negar mi enfermedad.

¿Negarla? ¿Para encontrármela en las narices? Nooooo.

No, no es eso. No la quiero dándome por ahí más tiempo, como todos los años que estuvo sin diagnosticar. De los 25 a los 35 con un tratamiento psiquiátrico erróneo que quizá algún día denuncie como negligencia médica pues tuvo repercusiones graves en mi vida: perdiendo trabajos, relaciones amorosas, todo menos la familia, y mi otra familia, mis amigos, aunque a punto estuve de perderles de hartos que les tenía con mis salidas de tono o eternas depresiones, y de eso hablamos el otro día una de mis íntimas y yo por el Retiro, "te veo bien" me dijo, ella que es la especialista en detectar cuándo estoy subida.

Diez años sin saberlo sufriendo, dos años sabiéndolo y sufriéndolo, seis meses de relativa calma, con dos oscilaciones menores ahora que ya están superadas. Estoy mejor, y tengo que hacérselo saber a mi psiquiatra. Integrándome en una ciudad nueva, y con cambios constantes. Aguanto porque estoy bastante entera, si no, de qué.

Lo que estoy negando no es que tenga trastorno bipolar. Lo que estoy negando es que quiera volver a Barcelona. No me apetece ir, a esa conclusión he llegado después de intentar reservar vuelo diez veces sin decidirme, ni siquiera para ir a las fiestas de la Mercè que han tenido lugar este fin de semana. Esto sí es lo duro. Ahora veo a mis amigos aquí, cuando vienen por trabajo o se escapan con un vuelo barato, y estoy mucho más en contacto con ellos, es la verdad. El día que consiga que venga mi madre, tendré una gran alegría.

Así que hablaré con mi psiki, a ver qué hacemos, pues él siempre sugirió que me visitase uno de sus colegas aquí. O quizá pueda ir a la seguridad social. No lo sé, que él decida que para eso tiene mi coco en sus manos, parcialmente claro,ahora lo estoy disfrutando yo un poco que ya tocaba. Le mandaré un sms, como solemos hacer. La última vez que me retocó la pauta por teléfono fue hilarante, me pilló en unos grandes almacenes. Hay que desmitificar, y no es incompatible con tomárselo en serio, porque sigo mi pauta y me responsabilizo de conseguir los medicamentos, incluso una vez le pedí una ración a un colega, esa pastilla fashion que nadie tiene y tardaba en llegar a la farmacia, y fue hasta divertido. Desmitifiquemos.

Si alguien me dice que le caigo bien, ¿para qué le voy a asustar diciéndole mira, tengo esto? ¿acaso le he de contar que puntualmente tengo un hemorroide? Ya se lo diré cuando sea necesario o cuando haya confianza para que lo asuma sin mirarme como a un monstruo, y le contaré que tomo pastillas y que voy a revisiones periódicamente, y que las he pasado putas y ahora incluso me río de todo, y que me salen las tan anheladas arrugas. Eso también es desmitificar, y etiquetarse sólo cuando llega el momento oportuno. Soy una persona especial, sí, y también hay más por ahí, tengan o no tengan lo mío. ¿Trastornos de personalidad? Tantísimas personas que conocemos y están sin diagnosticar. Etiquetas. Y no me gusta la gente plana, quizá me relacione con gente que también está tocada de la cabeza, seres encantadoramente locos, estén o no diagnosticados, eso a mí me importa poco mientras a ellos no les suponga un problema como fue mi caso.

Sé que el estigma me perseguirá siempre, pero no seré yo quien lo ponga a la vista como estrella de David. Y me decepcionarán seres inteligentes, lo sé. Y me entristeceré. La verdad asomará en su momento, y sólo quedarán los amigos de toda la vida, y a esos ya los tengo a pesar de lo que sufrieron conmigo y por mí, y les adoro. Como a los amigos que he hecho en en entorno bipolar, mis cómplices y compañeros de viaje, pero cuando quedamos, hablamos de lo que habla todo el mundo, de hombres y mujeres, es decir, de sexo. De lo que hablan los adultos, ni más ni menos. Y también de alguna exposición o libro, claro, necesitamos seguir redecorando nuestras cabecitas inquietas.

***

P.D. Elimino el tema "Salir del Zapatero", esta serie de ocho posts irá a parar a "Batallitas bipolares", que es lo que son.

Hay que joderse

Hay que joderse Servidora, bipolar I, es persona de extremos y eso lo lleva mal.
No porque siempre hizo o hace lo que le da la gana.
O sí, eso es lo que le dice su familia, siempre fuiste así, vale, era mi personalidad enferma, eso no se lo creen todavía.
La enfermedad me obliga a joderme, y creo que la cuota la tengo cubierta. Creo que lo único que me dejan hacer es fumar. El resto de vicios llamémosle clásicos me desestabiliza. Hasta el no superado trasnochar, aunque no salga, me siento culpable y ni siquiera disfruto de mi lucidez nocturna.
Por lo demás, soy una impaciente de mierda. Ahora que estoy viva, hoy lo estoy y mañana quién sabe, me bebo la vida, y mucha gente le tiene miedo a eso. Debo ir haciendo OPAs hostiles, y la gente se atrinchera en sus muros, con todo el derecho del mundo; soy yo la rara, la que los ha derribado y va a corazón abierto, ahora que lo tiene palpitante. Porque la depresión acecha, pero no seré yo quien le abra la puerta.

“Intento que mi cabecita no se pierda en laberintos del pasado, que no conducen a ninguna parte o en elucubraciones sobre el futuro, que sólo sirven para no vivir el presente”

“Intento que mi cabecita no se pierda en laberintos del pasado, que no conducen a ninguna parte o en elucubraciones sobre el futuro, que sólo sirven para no vivir el presente” ¿Hay algo que se pueda añadir a esto? Está redactado por uno de mis amigos y se lo tomo prestado.

No añadiré nada, sólo escribo lo que me sugiere el tema. Parece que esté haciendo exámenes últimamente.

Hace tiempo, llevo dos años diagnosticada y se dice pronto, me dijeron que el psicoanálisis era de valor nulo para la terapia (se dice eso siempre con vistas a la mejoría) de un bipolar.

En el post anterior saqué el tema de mi experiencia con un psiquiatra-analista, una vez por semana, dos cuando me veía peor, creo que durante casi cuatro años. No entiendo cómo no me diagnosticó él trastorno bipolar. Cuando me dijo que estaba maníaca lo achacó a los efectos secundarios del antidepresivo, que tomaba a dosis altas. Nunca me quejé en episodio mixto de estar angustiada o acelerada, sólo notaba la depresión y mi psiquiatra del seguro aumentó las dosis, hasta que aquello fue “viva la Pepa”. Mi psiquiatra privado sólo insistía en que el otro me bajase la dosis. La manía remitió, dejé de ir de fiesta y bailar como un demonio, y de enamorarme del primero que pasaba.

Ciclé, por supuesto. A depre, de las que tu sombra es la soledad, y me la comía trabajando horas extras, porque no soportaba la idea de ir a casa y sentirme sola.

Como depresión era mi diagnóstico, el psiquiatra siguió con el análisis. Muchas preguntas sobre mi familia. De vez en cuando, llegaba a alguna conclusión. Él hablaba muy poco, como suelen hacer los psiquiatras, eres tú el que vas allí a confesar y a responder a preguntas.

Cuando llegábamos a un punto del tipo “esto te pasa porque… cuando eras niña, sucedió tal”, mi respuesta era siempre la misma. De qué me sirve saberlo ahora, qué hago yo con esto, el saberlo no me ayuda a superar los obstáculos de mi vida cotidiana en absoluto. Quiero armas para enfrentarme a la vida real, no explicaciones sobre la construcción de mi personalidad desde la infancia. Y no las tuve nunca, aunque este doctor me ayudó al día a día, como luego relataré.

Un día, en plena crisis, no me soportaba a mí misma (como suele suceder en mis episodios mixtos), decidí, decidí cambios radicales, porque no iba a mejor, qué va, cada vez estaba más hundida en todo. Decidí que este analista no me ayudaba realmente a recomponer mi vida, ni me daba respuestas a la razón que me llevó a él: por qué quería suicidarme, qué iba mal en mi psique.

Le visité un jueves de junio y le dije que no iría más. Se quedó perplejo, no habíamos acabado el análisis, pero respetó mi decisión de alta voluntaria. Poco me ayudaba, porque creía que era yo la que debía salir, y ese mismo día había decidido hacer algo por mí misma, por ejemplo, dejar de fumar. Sí, ese día dejé de fumar, maldita sea, ciclé inmediatamente, otra vez para arriba, más mixta si se puede estar, claro que se puede.

Mi Dr. había sido mi bastón durante más de dos años, no sólo era análisis sino que me ayudaba en mis problemas cotidianos. Por ejemplo, la angustia que me produjo el no ir a trabajar en mi segundo día del contrato. Me bloqueé, como otras veces, tuve la famosa depresión de un día que tantas veces me ha acompañado y echado por tierra lo que pillase a mi alrededor. Gracias a él pude dar el tipo durante mucho tiempo, tanto que me ascendieron, y ascendieron, y ascendieron.

El último ascenso me mató. Mi vida se descompuso.

Nuestra vida puede resumirse en un gráfico del tipo “quesito". Dedicamos un tanto por ciento a las actividades “de siempre”: trabajo, pareja, amigos, ocio. Yo no tenía pareja, mis amigos estaban “missing”, y sólo me quedaba el trabajo, que llegó a ocupar más del 80% de mi “quesito”. Esa era mi vida, y cuando falló el trabajo, cuando éste dejó de ser mi escapatoria a mis problemas (no tener vida más allá de esa parcela) para convertirse en un problema al que no veía solución (ten un jefe que te hace la vida imposible, en un puesto de trabajo sin contenido), mi vida se vino abajo ya en una depresión de la que no salí ya.

Aprendí dándome de bruces que no se puede dejar tu vida en manos de un tanto por ciento tan elevado de esa gráfica, que siempre hay que tener la vida repartida, porque te falla ese 80% y te vas abajo, te anulas como persona.

Entonces, sólo me quedaba la enfermedad. Y el alcohol para evadirme de ella.

Ahora todo eso pasó, ya no me preocupa mi infancia en plan psicoanalítico. Cuando la Manía se apoderó de mi, la recordé demasiado, ahí acabé el puñetero análisis. Me respondí a muchas preguntas, e hice lo que se espera al final de un análisis: perdonar a mis padres.

Lo hicieron lo mejor que pudieron, fui yo la que siempre fui especial. Porque me parieron con un cerebro diferente. Ahora lo acepto, lo asumo, no tengo rencor. Mi adolescencia tuvo que ser un infierno para mis padres, y por suerte, no caí en las drogas, la mayor preocupación de los padres después de un embarazo, supongo.

Eso escribí entre otras cosas en mi Manía, porque como ya dije, me la pasé en casa encerrada, consciente de mi locura, y escribiendo todo aquello que mis incesantes lluvias de ideas, insoportables taquipsiquias, me hería, y escribía esas ideas y recuerdos para escupirlos, en la convicción de que si las dejaba allí me matarían para siempre, me robarían la lucidez que quería recuperar a toda costa. Mejoré, bajé algo, en una semana, y ese infierno supuso por fin mi diagnóstico.

Todo eso es pasado. Ahora tengo una nueva vida. Inevitable, tras perder todo, todo menos el apoyo de mi familia y el de mis amigos, a los que harté durante lo duro de mi enfermedad, pero supieron entenderla, como yo misma tuve que hacerlo, tragarme que el TB me había acompañado y desde luego minado en todo lo que hacía y decía. No era yo, era una enfermedad, haz entender eso a la gente… Ni yo lo entiendo, me lo como con patatas, pero sin darle vueltas ya, me estoy perdonando.

No me he parado a analizar cuál es mi gráfica-quesito ahora, mi presente, puesto que lo vivo y punto. Y desde luego, mi futuro es tan incierto que no me atrevo a dar un paso definitivo que lo marque, porque puedo equivocarme y ese es un lujo que no puedo darme, ahora que mi prioridad es cuidar de mi salud mental.

En todo caso, puedo decir que me dedico a cuidarme, a cultivar en la medida de lo posible (la distancia marca) mi relación con mis amigos de siempre, a relacionarme con mis nuevos amigos en Madrid, y a explorar mis raíces en mi familia. He empezado a estudiar, a tener actividad intelectual. Me falla el deporte, como siempre, por algo lo suspendía… Pero limpio bastante, voy a la compra, marujeo (no me gusta pero es lo que hay), porque mi hogar es un hogar.

Y el futuro está por venir. Nadie me asegura que no caiga en una crisis, porque esta enfermedad de momento no tiene cura. Sólo tiene períodos de estabilidad entre crisis o episodios. Este mes es muy jodido, mes de cambios climáticos significa posibilidad de recaer, de tener un episodio sobre el papel depresivo. Me cuido y noto los síntomas, intento parar desde la farmacología esas oscilaciones. Ahora es un lujo para mí enfermar de nuevo, significaría perder la independencia que he conseguido, y quizá ésta es un 80% de mi gráfica.

Este post ha recorrido 2002, 2003 y 2005. 2004… estaba en ingreso domiciliario.

El futuro… todavía ha de acabar este 2005, este presente de estabilidad relativa, todo con pinzas. No hay que bajar la guardia, y menos en septiembre, mes de “todo el mundo está cayendo como moscas” por excelencia.

Yo ya estoy con el tratamiento para el cabello, me ha caído a mechones este verano, como el año pasado, algo que nunca me había sucedido antes. ¿Medicación? Puede ser. Paso de buscar la causa, es como lo del análisis, de nada me servía el por qué, sólo quería soluciones. Pues... a ponerse vitaminas en el pelo, es lo que hay.

“Lo importante es por qué estamos aquí aún, y probablemente, es porque aún queremos estar aquí”

“Lo importante es por qué estamos aquí aún, y probablemente, es porque aún queremos estar aquí” Por qué… y le dije que era un tema que debía pensar, que no podía abordar en un Chat.

Depresión, palabras mayores. Sólo la entienden los que la han padecido.

Hace justo un año, estaba ingresada. Entré en el hospital después de estar días y días en la cama, los últimos, los más bajos de la depresión, elaborando un plan definitivo para dejar de sufrir y para solucionar el tema espinoso: ¿qué hacía viva? Nada. Lo tenía tan claro que iba a dejar de estarlo, sin posibilidad de dar marcha atrás. Nunca me suicidaría con pastillas, porque pueden no funcionar, ni de otras formas, porque igual sobrevives y con secuelas de las gordas. Siempre fui una radical, y urgí un plan sin lugar al fracaso.

Me rescataron cuando estaba ultimando los últimos y absurdos detalles (eso me parecen ahora, casi me río cuando lo pienso), me obligaron a ir a urgencias, y pasé allí la noche en un box, sin saber bien dónde estaba, en estado de shock, y sólo decía a todo el mundo que quería estar en paz, tranquila. Estaba muy encerrada en mi interior podrido. El psiki me mandó a mi primer ingreso.

Quizá sólo pasaron dos días en el centro, cuando sentada en la terraza, oliendo los pinos del jardín, fumando un purito, levanté mi vista al cielo y me dije “estoy viva”.

Viví, tan sólo con el rayo de luz que me alumbraba y el aroma de los pinos y el tabaco.

“Las cosas sencillas de la vida”, que suele decirse.

Mi vida se había descomplicado gracias a la enfermedad, es decir, ésta, sin mi consentimiento, lo había destrozado todo: trabajo, vida social, familiar… Sólo mis amigos seguían ahí, fieles como si hubiésemos firmado el contrato famoso “en la salud y en la enfermedad”.

Y la familia, claro. Sangre es sangre, sangre es poderosa, tú eres de nuestro clan, tu enfermedad es la nuestra.

Hacía años que quería simplificar mi vida, y no veía el camino, por eso acudí a un terapeuta, a un psiquiatra que me veía una vez por semana. Por qué estas crisis depresivas, estas ideas suicidas, cuando tienes todo lo que siempre desearon para ti: trabajo, pareja, casa… ¿Acaso eso no era lo que deseaba o necesitaba yo? Porque al tenerlo, todavía tenía más ganas de matarme.

Ese proceso había durado toda mi vida adulta. De repente, una crisis que duró tres años fue minándolo todo. La reputación, esa palabra maldita. Por culpa de una enfermedad llamada depresión y estrés, eso decían mis bajas laborales. Estrés no… angustia, traducía el médico a un estado de nervios que me imposibilitaba. Ataques de pánico diarios, por ejemplo.

No tenía ganas de vivir, sobrevivía porque cuando me encontraba mejor, volvía al trabajo hasta que recaía. Creí que dejar de fumar solucionaría el problema. Me costó un mono como los de Trainspotting, pero fue en balde, empecé a trabajar y al primer obstáculo grande, necesité el falso apoyo de la nicotina.

Lo del tabaco viene a cuento, porque ese sí es mi suicidio lento, seguro, implacable, un minuto menos de vida a cada uno que enciendo, dejo de vivir una semana por cada otra intoxicada.

Razones para vivir… en su día hice una libreta con ellas. No la acabé, era la libreta anti-suicidios para los malos momentos. No tuve que abrirla. Aquí la tengo, inacabada. Pegué muchas fotos, de mi familia y mis amigos. Escribí diálogos ficticios donde se me daba un empujón a la vida. Me lo daban ellos, mi familia sanguínea y mi familia real. No la he necesitado en Madrid, aquí no me suicido, y me siento victoriosa.

Victoria, vida.

He experimentado la euforia del enamoramiento y la del sexo. Me hizo subir. No era yo, era la hipomanía. Cuando me di cuenta, ya había gastado cierta cantidad de dinero pero sin endeudarme, quizá por ese detalle no supe que algo no andaba bien. Es difícil darse cuenta de que uno está contento y feliz. Lo vive, lo disfruta, no se para a analizarlo.

He oscilado de nuevo, al alza, pero el péndulo no me he hundido en la depresión. Creo que este clima no me deja, directamente. Y vivo en un piso tan soleado que fotosintetizo sin salir a la calle. Salgo, poco pero salgo, ahora más porque el sol ya no castiga.

Me entristece pensar en que he de sacrificar mucho para conservar mi estabilidad. He de huir de lo que me euforiza. Los hombres… la pasión. Me cuesta aceptar la idea de castrarme, todo por no subir.

No es una vida triste, sí lo es solitaria, pero he aprendido a estar en paz conmigo misma, yo que no me soportaba, y ahora, por decirlo de algún modo, “me disfruto”, me acepto, me he serenado y lo que me quede de vida tendré como amiga a la que aparece en el espejo, algo que nunca creí fuese posible afirmar.

Creo que tengo residuos de la depresión, de haber vivido demasiados años en depresión, a veces llamada distimia, con breves períodos hipomaníacos “de descanso”. Todavía he de aprender a vivir, en un mundo en el que las emociones están sujetas y controladas, y yo he de ser la primera en mantenerlas bajo control.

He aprendido que si bajo la guardia, oscilo. Pero no puedo ni quiero estar en permanente autoanálisis, como quien se mira compulsivamente las espinillas del cutis. Supongo que con el tiempo, habré mecanizado ese proceso y sí me daré cuenta inmediatamente de que subo o bajo sin estar pendiente de ello.

Lo que me mantiene viva, supongo, es pensar a veces que “vivimos de prestado”. Que no puedo renunciar al milagro que soy, que mis padres diseñaron. Que debo aprovechar y desplegar mis dones, que algo tengo que aportar a los que comparten el camino conmigo, mis amigos, mi familia, y ellos a mí. Que todavía me queda mucho que aprender, y hacer, no como antes, como ahora, y lo que me mantiene viva es el estar reconstruyéndome.

Creo que no he contestado al enunciado en mil palabras. Este tío me lo ha puesto difícil, me cateará y tendré que hacer otra composición.

P.D. Una historia estremecedora y real: en 1972 un avión se estrelló en los Andes. Leí el libro muy joven, y después vi la película... por supuesto, me quedo con el libro. Para los que no conozcan la odisea, han pasado 30 años ya, recomiendo esta página, y su sección de fotos.
http://go.to/milagrodelosandes

Ni en manía ni en depresión tomes decisión I

Ni en manía ni en depresión tomes decisión I

Hoy dormiré.

Las cosas en una casa que no es la mía se han solucionado. No puedo opinar, no es mi casa.
Se dice que "ni en manía ni en depresión, tomes decisión", lo dice Pepa adaptando otro dicho.
Cuando estamos desequilibrados, queremos decidir, queremos que nuestra vida se arregle y tomamos decisiones.
Todas las decisiones, humanas, bipolares y no bipolares, no están exentas de caer en el pozo de las equivocaciones.
Si un bipolar no está equilibrado, esas decisiones tienen por supuesto más puntos para acabar en fracaso.

Pero somos humanos. Decidimos.

Somos impacientes, somos impulsivos, a veces deciden nuestras emociones por nosotros.
Son nuestras decisiones y hay que respetarlas.
Hay gente que entra en razón y otra que no entra ni entrará, hay de todo en "la viña del Señor".
Me quedo con el sector razonable, por supuesto. Y espero ser miembro de él.
Estoy aprendiendo a ocupar mi sitio en ese sector, desde mi perspectiva y posibilidades.
Hay veces que no se puede ayudar. La gente toma decisiones y pueden volverse en tu contra, si te has involucrado como amiga.

Por tanto: cada mochuelo a su olivo.
Por eso hoy dormiré.
Sola, sí. Duermo sola.
No tomo decisiones en el terreno amoroso, sigo sin tomarlas. A riesgo de que la vida pase, como el muchacho de la coleta, y luego diga aquéllo de "me arrepiento, de no haber sabido aprovechar el momento".
No estoy segura de estar estable como para tomar decisiones. Y he perdido muchos años de mi vida ya en ese sentido, no va de uno.
Además, ya me he acostumbrado a dormir sola, que no amargada aclaro, porque si he dormido en compañía, no he dormido, me ha dado el insomnio.
Bona nit.

Exámenes

Exámenes

Poca cosa nueva a contar, salvo que el calor me mantiene en casa, algo fóbica para salir a la calle, no sea que me de un patatús y me rompa algo.

Siento que ahora sí empiezo una nueva vida, que mi estancia en Madrid ha dejado de ser provisional y ya es hora de establecer unas rutinas que puedan enriquecerme intelectualmente.

Me levanto pronto y sin despertador. Tengo todo el día para mí. Y ahora tengo mucho trabajo doméstico, pero la cosa ha de normalizarse, y en septiembre, si me lo permite el presupuesto, ya quiero participar en actividades, sean éstas yoga, manualidades o piscina.

La piscina, mi asignatura pendiente. Hace poco un amigo me contó que había estudiado en un seminario y que ya tenía misas para toda la vida. Pues me siento igual con lo de la natación, porque desde muy temprana edad nado -nunca llevé flotador- y se podría decir que ya he hecho largos para toda la vida también. Intenté volver a la piscina hace años, pero no lo conseguí, porque me aburría al cuarto largo. Todavía no sé si se ha inventado un discman sumergible, porque lo peor de la natación es el silencio, el aburrimiento, el acabar pensando, y yo acabo pensando haga lo que haga, y pensar, con el tiempo, me he dado cuenta de que no es bueno, que hay que vivir la vida y no pensarla.

De momento ya me he depilado, así que no tengo excusa para ir a la piscina. En Madrid las hay "de verano", descubiertas, y las cubiertas, pero no hay demasiadas. En verano hay críos, ya se sabe, así que para nadar en serio hay que ir a horas determinadas. También he de decir que en mi primera maleta ya iba el equipo, mis gafas y gorro de piscina.

O sea, que sólo tengo que meterlo todo en una bolsa y entrar. Eso sí, he de gestionar antes el tema del descuento al que tengo derecho. Pero el primer día no vale la pena, y mejor pagarlo para aprovecharlo. A veces, cuando algo nos sale gratis, deja de interesarnos, un mal más de nuestra sociedad que a mí por lo menos sí me afecta.Lo que cuenta es consolidar el hábito, y mejor hacerlo ahora. En invierno es duro ir a la piscina.

Uno de mis recuerdos de mi infancia nadadora es el frío que pasaba desde la piscina al vestuario, en aquel pasillo donde la corriente de aire hacía tiritar. De pequeña, a veces, hacía cosas raras. La primera y última competición que hice fue un desastre. No me tiré de cabeza, sino que caí al agua con el cuerpo agrupado. Las otras nadadoras estaban ya a diez metros, me sumergí, buceé para alcanzarlas, y llegué la primera, porque era veloz, pero la ganadora fue otra chica que sí hizo una carrera "normal". ¿Por qué no pude tirarme de cabeza? Esa carrera la tenía ganada, y la perdí.

Me recuerda a historias de chicos y chicos bipolares de alto nivel intelectual, gente de Matrícula de Honor, que entregaba el examen en blanco. ¿Como puede paralizarse un cerebro lleno, cómo puede paralizarse un cuerpo entrenado, cómo puedes rendirte cuando sabes que vas a ganar? ¿Por qué estos bloqueos tan fuertes? Luego llegas a casa y te das contra la pared. Y luego un diagnóstico te explica estas cosas, y aprendes que el estrés te bloquea en vez de hacerte más fuerte.

Hay quien ha repetido curso. Yo no quise en mi segunda ni tercera carrera y por eso las dejé. No soporté la frustración de estrellarme con un muro tan bajo. Y agradezco el haber acabado mi licenciatura, con un solo suspenso académico que me gané a pulso. Me caía tan mal el profesor que estaba segura de que no leería los exámenes, y vaya si lo hizo.

Sólo suspendí dos veces, esa y otra en primero de bachillerato, asignatura: religión. No sabía nada de darwinismo pero en el examen puse que de Génesis nada, que veníamos del mono. El suspenso fue porque no lo expliqué bien, porque el hombre y el mono venían de un antepasado común, ese sacerdote era progre y aprendí bastante en su día, porque era poco doctrinario y se centró más en aspectos históricos del cristianismo. Pero durante años llevé con orgullo ese suspenso, era atea demostrable académicamente jaja, qué estupidez.

Luego aprendí que era mejor decir lo que los profesores habían contado, que ir contra corriente era inútil y una mancha en tu expediente académico. Porque para contradecir un discurso, hay que dominar el contrario. Ahora ya sé algo sobre evolución, aunque cada año mis conocimientos son más obsoletos, y si el tema me sigue interesando, me paso por el blog del paleofreak. Recuerdo con emoción la lectura del descubrimiento de Lucy en "La recherche scientifique" o como se llamase la revista, pero eso es agua pasada ya.

"Mens sana in corpore sano". Muy importante para un TB. Terapéutico.

O sea, a tomarse el gazpacho y a hacer la bolsa para ir a la p* piscina, que me está esperando. Asignatura no sólo pendiente, sino olvidada. Se pierde la técnica con los años, sólo espero que no me vuelvan a poner la bola rosa de espuma con el cinturón jaja.

El Abismo

El Abismo

Recuerdo el Abismo, es más, no lo olvidaré nunca.
Haber estado allí asomada, sentir el vértigo.
Agarrarme a la silla con fuerza.
Notaba cómo todos los cables que me sujetaban a este mundo se iban cortando.
No tenía dónde asirme.
Y el abismo, cada vez más cerca.

Uno de mis lugares mentales más temidos.
Por eso me agarraba a la silla, notaba esos cables caerse.
Y me ponía una canción de Springsteen, una canción que me transmitía vida y esperanza.
"Lonesome day".
Día solitario, día de peligro.
Vivía sola, vivía en compañía de mi enemigo, mi mente.

Antes, me había dado cuenta, horrorizada, de que gran parte de la música que escuchaba tenía mensajes negativos, incluso suicidas.
Dejé Nirvana, dejé The Wall, The Doors, para tiempos mejores.
Necesitaba cables que me atasen a la Vida.

Y cuando me veía dar el paso definitivo, escuchaba "Learning to fly" de Pink Floyd, me ponía ese vídeo, y hacía el esfuerzo mental de visualizarme como el águila que salva el abismo.
Ilusiones que creaba mi mente, y sólo mi mente podía engañarlas con otros artificios.
Estaba muy mal, ni siquiera diagnosticada.

Ahora no veo ya el Abismo. Sé que está ahí, pero ya no me acerca mi mente.
Ya tengo cables que me sujetan a este mundo, hace dos años no, hace un año tampoco.
No me rendí, luché contra el vértigo, por pura cabezonería, quizá porque el episodio mixto me daba energía para hacerlo, y también me la daba para caer, por eso fue una lucha conmigo misma.

A veces digo que soy una mala hierba, si no, no estaría aquí.
También he tenido que dejarme llevar como un corderito a urgencias, y de ahí al psiquiátrico.
Algo en mi interior sabía que no valía la pena hacerlo, que lo pasaría mal mucha gente, aunque yo ya no veía nada, ya no existía nadie, sólo mi profundo dolor, desprecio por mí misma y la toalla tirada.

Bueno es saber que el Abismo sigue ahí, y que puedo volver a él en cualquier momento.
Bueno es poder recordar que ese es un lugar mental, y como tal, puede ser contrarrestado.
O por tí mismo, o con la ayuda de un ingreso si es necesario.
Porque llegó un momento en que ni siquiera la música pudo ayudarme, porque yo no podía escuchar música ya.
Tenía mis sentidos cerrados.
Mi mundo era muy pequeño y muy oscuro.

Bueno es saber que hay gente que puede ayudarte, y que por fin has aprendido a pedir ayuda.
De qué sirve el orgullo, cuando estás mal.
De nada. Y yo lo tenía, ignorante de mí.
Es más importante tu propia vida, y si has perdido ese instinto, agarrarte a esa ramita que te ofrecen.

Volví a vivir, con el tiempo, tuvo que pasar mucho tiempo.
Es una gran laguna en mi vida, según la perspectiva con la que se mire.
No trabajaba, no hacía casi nada, pero estaba enferma, muy enferma.
Tanto, que casi acaba conmigo.

No soy una mala hierba.
He luchado porque he tenido el apoyo para hacerlo, apoyo de otros como yo.
No sé cuánto voy a vivir, pero quiero hacerlo, aunque sólo me quede este día.
El reto es muy grande, empezar de cero.
Pero esos retos me gustaban cuando trabajaba, y mucho.

Es como vivir dos vidas en una.
La de antes y la de después.
No es ningún renacer, porque nunca he muerto.
Tengo mi herencia de mi vida antes de, tengo cosas que he aprendido a ver cuando pensaba que nada se había salvado de la quema.
Porque después de lo peor, de muchos meses en episodio, viene la convalescencia.
Dura donde las haya, porque ya no sabes ni quién eres.
Una de las cosas más duras a las que me he enfrentado jamás.

Pero,

¿Cuánta gente sabe quién es?
¿Cuánta gente se ha encontrado a sí misma?

Estamos en ello, con el lema bipolar por excelencia,
PACIENCIA.
Antes sentía más rabia que paciencia.
Las cosas cambian, menos mal que cambian.

Ese es mi trabajo ahora, afianzarme día a día a la vida.

Crisis

Crisis El calor sigue nublando mi cabeza. Tengo ganas de dormir.
Él también, pero no puede.

Me ha enviado un sms diciendo que quería morir.
Le he llamado inmediatamente.
"Tengo miedo de que me vuelvan a ingresar"

Si es necesario, así debe hacerse.
No eres tú el que se siente vacío, sin metas, sin ganas, tirando la toalla. Es la enfermedad quien te hace verlo así.
Te aseguro que vivo se está mucho mejor.
Haz lo que te digan. Ponte en manos del psiki.
Dile la verdad, engañarle no te conduce a ningún lugar.

Ya sé que no quieres ir a ningún lugar. Estás en tu mundo interior, que se ha estrechado tanto que sólo tienes cuatro ideas claras, dos de las cuales son un peligro. Te has quedado sin campo de visión.
Te lo dije, el enemigo eres tú, si no controlas la enfermedad.
La enfermedad es tu enemigo en estos momentos.
Ve a urgencias, no me digas que no. Es lo que hay, te guste o no.
El procedimiento ordinario es que te lleve alguien en el momento.
Si te resistes, pasaremos al extraordinario.
Me sobra sangre fría para llamar al 061. No es la primera vez que lo hago.

A mí me ingresó una bipo.
Si no, no estaría aquí.
Haz lo que te dicen.

Ya no te funciona el cortafuegos ordinario, ya no piensas en el disgusto que le vas a dar a tu madre.
Es hora de ir a urgencias.

Ponte en tratamiento, necesitas tratamiento.
Un ingreso es tratamiento, 24 horas al día.
Es mejor un ingreso que algo irremediable, ¿no es así?
Yo he pasado dos veces por este momento.
No puedes tomar decisiones, porque no tienes campo visual.
Sólo quieres desaparecer, dejar de existir, dejar de sufrir.

No me seas tozudo. Te conozco, en este sentido te conozco, porque yo he pasado por ahí, y muchos más. Por eso te digo que es la enfermedad, que estás en crisis.
Y las crisis hay que llevarlas a urgencias, y más si tienen que ver con ideas suicidas.

Déjate llevar.
Es por tu bien.
Es por el de todos.
Te queremos ver vivo, no más muertes que pueden evitarse.
Eres un ser excepcional, sólo que ahora no lo recuerdas.

Volverás a recordarlo.
Todo pasa, tranquilo, te lo decimos gente que lo hemos pasado, y aquí estamos.
Estamos para decirte que o vas a urgencias o llamamos a tu familia y al 061.
Te queda media neurona para ver que ese es el camino.

Estoy esperando noticias tuyas.

Todo pasa, te lo aseguro, todo pasa.

Shock térmico

Shock térmico Vuelvo a pisar tierra natal. El viaje en avión no me puso a mil, estamos mejorando.
Pero salir a la calle....
... el sudor...
Esto no pasa en Madrid.

Cada vez que vengo, me asaltan multitud de pensamientos. Y me preocupa, porque por fin relativizo con la distancia, y sé que voy a hacer un output un día de estos.

Mi mente funciona input-output. Llevo inputando desde marzo. Me da pánico el momento del output.

Porque puedo explotar y estar una semana escribiendo. Mi psicólogo me ha prohibido escribir, concentrarse demasiado es malo, es malo porque la cabeza se acelera, la mente crea asociaciones de ideas muy rápidamente, y hay que escribirlo todo.

Es sólo un output, pero sé que en mi caso puede ser muy peligroso.

Hace calor, del que te hace sudar. Me ha costado mucho bajar a la calle a pelearme con el calor. Hace un año ya que me rompí la espalda, en un día como hoy, en el que el calor y las pastillas se combinaron para tirarme al suelo. Mi madre lo niega, ahora no tuve una fractura, no, tuve algo menor, si hubiese tenido una fractura nos hubiésemos enterado todos. Estoy loca, claro. Mi dolor y mis gritos eran pura paranoia, fíjate, igual me dio una psicosis en la que mi cuerpo no podía moverse. Yo alucino. No vale la pena sacar los informes médicos, quien niega la evidencia lo hace a pesar de las pruebas.

Muchas familias niegan la evidencia y dicen que "mi hijo es un vago", y por ese camino vamos muy mal, porque la frustración es tan grande que asoma la compulsión suicida.

"Este año es muy malo", me dice una que está en el cotarro, cada día conoce a alguien que está fatal. Y no le digo que el año que viene será peor, porque habrá más diagnosticados, porque entramos a cientos, y cuando entramos, no estamos bien, y encima la familia piensa que lo nuestro es "llamar la atención", y lo más gracioso, cuando lo ves desde cierta distancia, "si tú siempre fuiste así, esa es tu manera de ser, tu personalidad", y no entienden que eras así porque estabas en manos de una enfermedad.

No éramos así, y lo sabemos porque cuando nos juntamos unos cuantos, la evidencia aplastante es que las historias coinciden. La familia no sabe que hablamos y nos relacionamos en grupos de apoyo, precisamente o quizá acudimos a ellos porque la familia achaca síntomas y actos a "nuestra personalidad".

Me hace mucha gracia la campaña del Ministerio sobre la enfermedad mental. "Apoyo, respeto, comprensión".

APOYO
RESPETO
COMPRENSIÓN

Que me definan eso, que me río por no llorar.

Menos mal que hay muy buenos psiquiatras. Pero una minoría se queja, sus psiquiatras son los primeros en decirles que son unos vagos. Un día las asociaciones tendrán poder para denunciar negligencias médicas que acabaron en el cementerio.

Hace poco se suicidó un chico. Hay quien todavía no se ha recuperado. El episodio nos ha puesto en alerta, no puede repetirse porque no somos de piedra, y podemos entrar en episodio. Ayuda por ayuda, que a veces cuesta cara, por ambas partes.

No sé dónde está mi lugar, sólo sé que mi casa es la casa de mis amigos, y que mi lugar está allá donde las ideas suicidas no vuelvan a mí.

No quiero outputar ideas suicidas, no más.

Todo es duro. Apoyo, respeto, comprensión. Mariconadas dulces, taparse el culo, hacer que ayudas y hundir más a tu enfermo, eso lo hemos visto todos.

Necesito descansar. La cabeza me va rápido, y tengo orden de parar actividad en estos casos. Por lo menos, este calor pegajoso, húmedo, me resta lucidez.

Agobio

Agobio No gano al estrés, el estrés me posee. Debería empezar a manejarlo ahora que es mínimo en mi vida, pero no es así, y me invade la angustia, y me bloqueo.
Y cuando tengo un mal día, ya me conozco, escribo y escribo, porque no puedo ni sé hacer otra cosa.
Aprovecho el momento de ir al baño para recoger algo.

Hoy le he dicho a uno de mis contactos de msn que no trabajo, que no puedo por una enfermedad. Antes le he preguntado si le parecí una persona normal cuando quedamos un día, y me ha respondido que claro, efectivamente, etc. Por eso no me ha preguntado detalles sobre mi enfermedad. Como primer round no ha estado mal, al segundo le doy la URL para que chille o no me vuelva a abrir ventana.

Y sigo escribiendo. Corrijo un escrito largo que empecé ayer, quizá lo cuelgue aquí.

Ahora tengo dos horas para reaccionar, tengo planes. Pero se me pasó el efecto secundario de la mañana, justo a tiempo de recibir una llamada y ponerme la angustia a 100, justo cuando pensaba ponerme en marcha ya definitivamente.
Si sé quién es, no cojo el teléfono. Me raya, con razón oculta el número entrante y digo "hola" pensando que se trata de otra persona que también oculta el número porque me llama desde la oficina y la centralita está así configurada.
Más tarde llama mi madre, me da muy buenas noticias y se me pasa algo todo el malestar, pero es momentáneo, porque al colgar no puedo hacer llamadas para divulgar, no puedo llamar a nadie, no puedo hablar, sigo agobiada y con angustia.

Escribo otro rato.

Me conecto a msn en la cuenta super-vip. Ahí no hay casi nadie, y con los que hay se puede hablar, esté como esté, y me dicen que me relaje.

Luego me llama otra persona a la que he informado de mis planes para hoy y me propone otra cosa. Me gusta el imprevisto cuando estoy en "modo" Carpe Diem, no cuando me devora la angustia y no me da la gana tomarme un ansiolítico, no por masoca, sino porque prefiero aguantar y tomarlo más tarde si realmente lo necesito. Y sí, creo que me lo voy a tomar, total, es el opcional de la tarde que nunca tomo.

Estoy agobiada y lo que menos me preocupa es mi saldo o la nevera por llenar. Hay papel higiénico y el agua del grifo está muy buena. Tengo cereales, huevos, leche, mantequilla, arroz, patatas, cebollas, pasta, pan de molde, pan tostado, y latas de legumbres y verduras, tomates y los pimientos de mis vecinos. Lo sé porque he hecho limpieza de nevera en uno de mis viajes a la cocina, y he tirado la basura. O sea, hambre no se va a pasar en la casa.

Sigo escribiendo :(((

Pero con una lucidez que me sorprende, a pesar de todo. Puedo escribir mucho mejor, muchísimo mejor, pero hoy doy por perfecto todo lo que escriba, porque es lo único que soy capaz de hacer. Por el estrés, es la adrenalina la que me hace producir. No lo estoy haciendo mal, y no me refiero a este post, que es cutre con ganas, estoy escribiendo sobre otros temas.

Qué agobio, que tu día lo decidan esas sustancias.
Sé que no sólo las pastillas pueden aplacar esto. Me quiero apuntar a la academia de yoga del barrio, pero no me sale a cuenta, porque en un par de semanas vuelvo a viajar. Por cierto, hoy se subía al avión mi segunda ex-suegra.

Cuesta

Cuesta

Cuesta volver a la rutina, o lo que debería ser rutina.
Cuesta cambiar de clima, ayer estaba de miedo durmiendo con manta y hoy me sobra todo.

Cuesta salir a la calle con este calor.
He de sacar dinero del banco.
HAZLO.
No hace falta que te maquilles con el protector solar, será un momento, sólo con asearte ya es suficiente.
Ponte lo primero que encuentres, o no saldrás, en la duda si esto me queda bien o no.

SALGO.
Compro tabaco y una barra de pan para comer.
No era tan grave la cosa, sólo necesitaba mover el culo del sofá, dándome una pequeña bronca.
Y NO ERA PEREZA, NO CONFUNDAMOS NO QUERER CON NO PODER.

Y?
Y no te come nadie en la calle, ni te miran.
Sal, sal para que no vuelva la fobia social que te acecha de nuevo.
Estás gorda, pero la calle está llena de gordos y gordas, no pasa nada.
Cuesta, sí, pero puedes hacerlo, y debes.

Nadie lo hará por ti

*** 

Ayzzzzzzz

Ayzzzzzzz

¡¡¡¡¡¡¡¡Quiero dormir!!!!!!!!

*** 

Salir del armario I

Salir del armario I

Hace tiempo me planteé dejar de ser anónima en la red, mostrar mi cara, mi nombre. Y en la vida real, que es la que cuenta. Otros lo hay hecho ya, y son personas como yo, normales y corrientes, del montón. Que dicen que tienen una enfermedad mental, y se enfrentan a dos tipos de personas: a las que les tratan con normalidad y a las que les desprecian o se apartan de ellos lo más delicadamente posible. Y evidentemente, no se lamentan porque haya quien rompa lazos, es mejor dejar las cosas claras y que te aprecien como eres, con defectos y enfermedades. De nada sirve mezclarse con gente que cuando se encuentra con la verdad deja de ser tu amigo, y eso es duro, pero es mejor enfrentarse a ello cuanto antes. Sin decírselo al que va contigo en el bus cada día, por supuesto, haciendo una selección de los conocidos que realmente lo sean y pueda afectarles el tema.

Ayer conocí a un chico que busca compañera de piso. Sí, me estoy planteando cambiar de piso. Cuando llegué a donde ahora vivo, nada dije de mis pastillas, porque iba “de normal” y así ha sido, y así es. No he dado problemas ni lugar a sospecha alguna, de tal manera que incluso ayer mismo mi compi me decía que no quería que me fuese - le advertí de mi marcha el próximo septiembre-, que me han tomado cariño tanto él como su novia. Muy halagador, pero en esta casa he “tocado techo”.

Una amiga de Barcelona me advirtió en su día que yo me canso rápido de la gente, y nunca lo había oído, pero quizá tenga razón. El caso es que mis conocidos y amigos que han venido a mi casa actual coinciden en que puedo encontrar algo mejor por este precio, y en ello estoy, con bastante calma, porque no quiero estrés y buscar piso es bastante penoso: barrios que no conoces, gente que has de intuir más que conocer, y luego entrar y ver cómo es la realidad.

Me gustaría poder decir la verdad y que mi futuro compañero de piso, o compañera, supiese que tomo pastillas y que estoy estabilizada y que no muerdo ni asesino por las noches. Que no mostrase su rechazo en forma de ignorancia.

Ojalá alguien tan cercano como quien se cruza contigo en los pasillos lo supiera, lo entendiera, y le diese igual.

Mientras esto no suceda, creo que no vale la pena salir del armario y aumentar así el estigma. Condenarme a vivir con “los míos”.

Un día, cuando mi marcha esté cercana, le contaré la verdad a mi compañero de piso. Quiero ver qué cara pone y cómo cambia su actitud respecto a mí. Seguro que lo hace. Un día pasamos por un “Sanatorio” y se santiguó mientras decía “uff los locos”, y yo callé resignada, porque para mí un psiquiátrico es algo necesario, he estado dos veces, y ellos no lo saben.

Y piensan que cuando uno tiene problemas psicológicos no es necesario ir a un especialista sino que alguien de tu confianza te ponga en tus casillas. No es así, si alguien tiene un complejo real que le impide en su vida ha de ponerse en manos de un profesional, porque la frase bienintencionada y certera de un amigo es respondida con un sincero “tienes razón” pero eso no lo has trabajado tú. Pero así piensan muchos, y en concreto la persona con la que comparto piso, y no quiero sacar el tema en profundidad, no antes de que pueda mirar atrás en el tiempo y compruebe que he pasado unos meses en la casa no sólo tranquila sino dando toda la buena onda que poseo.

Me da tristeza el asunto, porque el chico de ayer sabe lo mío y no me ha llamado.

***

P.D. Elimino el tema "Salir del Zapatero", esta serie de ocho posts irá a parar a "Batallitas bipolares", que es lo que son.

Insomnio LIX

Insomnio LIX Otra vez, cómo no. Cada vez que TENGO QUE hacer una cosa importante por las mañanas...

... no puedo evitar recordar lo que me cuesta “despegar” por las mañanas... gran diferencia entre levantarse y estar despierta... la pastilla rondando todavía por ahí haciendo de mí una zombi...

... tengo miedo de no escuchar los despertadores...

... o de escucharlos y mi “yo-dormido-don’t disturb” apagarlos...

... y es cuando me entra la neura y ...

... “póngame un insomnio”

Resultado: 07.38 y la nena más hecha polvo que si hubiese salido a bailar. Otro día lo haré, total, el resultado es el mismo y al menos no he pasado el mal rato de dar vueltas horas en la cama, engañándome con una valeriana por no tomar más tranquilizante, que al final he tomado pero puñetero efecto me ha hecho. Los nervios están ahí, esa alerta, ese “no te duermas”, porque no sabes si despertarás a tiempo..

Plan para hoy: atrasar el compromiso lo que pueda para no quedar tan mal. Explicación: si salgo ahora de casa, el bajón está anunciado a las tres horas como mucho, y se espera un día largo hasta las 20 h por lo menos. Debo rendir al menos 12 horas, sin haber dormido 8.

El insomnio es fatal. Asimilo peor la medicación. La cabeza me da vueltas y sé que puedo marearme y caer en cualquier momento. Lo acuso físicamente, no sólo por el lógico cansancio, sino porque el cerebro también está agotado.

Perogrulladas. El caso es que hoy tengo algo muy importante que hacer en mi esfera personal-familiar, y QUIERO y DESEO, no sólo debo, asistir. La emoción del evento me ha hecho esto, el no poder conciliar el sueño, por miedo a no poder ir. Emoción, sí, realmente tengo GANAS de. Pero se me ha mezclado con el TENGO que, y la hemos fastidiado.

A rastras. En taxi, si es necesario. Por supuesto, con las gafas de sol para ocultar lo inevitable. Por cierto, ayer me compré el primer contorno de ojos de mi vida, y la farmacéutica casi se ríe: “si no tienes bolsas ni arrugas”, y le señalo mis ojeras, y vuelve a sonreír “ésta no sabe lo que son bolsas”, pero va y me lo vende, y yo me lo voy a poner. No hoy, hoy no hago experimentos. No quiero imprevistos.

A la familia no se la deja plantada, no ahora que me encuentro bien y que me muero de ganas de verla, aquí a 600 km., cuando la ocasión les trae.

De lo contrario, Madre me mata. Y por razones poderosas. ES ELLA QUIEN VIENE HOY. Y mañana, mis tíos.

Estoy espabilando con el café, el único que se me permite tomar al día. Y el único que he de tomar hoy, aunque necesitaría un tanque, porque la angustia que llevo encima hoy se me ha disparado a los primeros sorbos y es estúpido meterse café y luego un tranquilizante.

Sobreviviré. Lo de hoy no es nada comparado con otros días post-insomnio. Recuerdo uno en especial, hace dos años, justo al principio de mi etapa diagnosticada: tenía visita con mi ex-psiqui y me dediqué a preparar todo lo que tenía que decirle, que era mucho, porque oscilaba mucho y mi lista de síntomas y sucesos era interminable. Escribí toda la noche, acompañada de mis cafés. Por la mañana, vino Madre a buscarme y al subir al coche me dio un ataque de pánico, tuve que hacerla parar y llegué a duras penas. Entrevistarse con el doctor después de un ataque es algo difícil, el cuerpo se resiente mucho de un ataque y ya no hay fuerzas para nada. El psiquiatra me diagnosticó crisis maníaca y de ahí a una baja que ya fue definitiva.

Mi actual psiquiatra supongo que me hubiese diagnosticado episodio mixto, o no, porque subida, desde luego, iba, pero ahora poco me importan las etiquetas. Sólo sé que se pasa muy mal día después de no dejar descansar a tus neurotransmisores, y que te pueden jugar una mala pasada. Un ataque de pánico no está mal como castigo.

Pero bueno, la visita que espero es relámpago, de manera que estaremos haciendo el turista y no verán el caos que tengo en la habitación, aunque eso les extrañaría poco.

Total: me deseo un buen día. Ya le he dado a mi planta los buenos días, y ella me ha respondido como sabe hacerlo, con su aroma, contenta porque la riego todas las noches.

Maldición. No me he tomado las pastillas en ayunas. Cosas que pasan cuando no has dormido. Voy a por ellas.

Beeeeeeeee

****