Carne de Psiquiatra |
Blog bipolar para adultos |
|
|
Se muestran los artículos pertenecientes al tema Bipofamilias y parejas. (...) ya no sabes cómo tratar con una persona que todavía oscila tras un episodio y se nota, con qué opinión quedarte tras charlar o leer un mail. Tampoco es fácil para un bipolar hacerlo, no te creas que "nos leemos" tanto, no cuando queremos saber si "si" o si "no" sobre algo muy concreto en lo referente a la vida, no a si le gusta la mostaza o no. Sólo sabes que no es él del todo, que és muchos "él", uno para cada momento y circunstancia, eso es lo que puedes percibir, que hay muchos en uno, que por eso oscila, porque su cabeza le lleva al mismo tiempo a muchas circunstancias diferentes y se va liando por unas ramas a veces complicadas, hasta que se da cuenta de que se ha perdido, y se reconduce la conversación al punto inicial, o a otro, si ese punto lo das por perdido. Pasa un día, las circunstancias cambiaron (y fueron analizadas todas bajo el punto de vista teórico, salvo esa), y también su decisión. Quizá él pueda vivir con eso, por supuesto, qué me van a contar a mí, pero para quienes conviven con nosotros, es algo más que un mareo. . . . Fragmento de la correspondencia de Blue. *** Imagen: Diagrama de flujo. http://commons.wikimedia.org/wiki/File:DiagramaFlujoLampara.svg Entró otro comentario en un texto antiguo, entró un testimonio que forma parte de la convivencia de la pareja con la hipomanía. Lo transcribo aquí con la intención de que otros contesten, más allá de "ha de ir al psiquiatra a que le ajusten la medicación". ’Hipomanía: señales, pródromos y síntomas’ : http://carnedepsiquiatra.blogia.com/2006/050401-hipomania-senales-prodromos-y-sintomas.php#200605040120090525165803 Hola! en mi desesperación nosé adónde recurrir.. mi pareja sufre de hipomanía y es una persona totalmente distinta a la que era antes... todo em tiempo con ideas nuevas y miles de proyectos que nunca se cumplirán, una fuerte atracción por el placer sexual, un fuerte enojo hacia el padre (pero pasa fácilmente del enojo al amor), cuando quiero hablar con ella de algo importante me dice: "decime cosas lindas porque sino me duele la cabeza"... es decir estoy totalmente desconectado con ella, como si lo unico que le interesara de mi es el sexo y que le haga cariño en el pelo, y obviamente que esté con ella la mayor parte de mi tiempo. Se volvió súper materialista, berborrágica por demás y a todo el mundo le cuenta sus problemas... uno le dice que se tranqulice y que no hable así con todo el mundo, pero ella reacciona de mala manera y dice que ella ahora es increíblemente feliz y se siente libre y que nadie la va a entender, pero que ella está bien y es la misma de siempre. que su psicóloga le dijo que estaba bien, asi que ella está bien... yo no sé cómo actuar con ella a veces no la aguanta más... me podrían decir ustedes cómo debo actuar ante determinadas reacciones de ella como por ejemplo en lo sexual?? por favor, espero respuestas pronto porque la situación cada día se me hace más difícil de llevar. Ella ahora está con un psiquiatra que le medicó una droga llamada valcote 500 (hace 6 días la está tomando). Espero respuestas. *** Amado mío, No supimos hacerlo mejor. No es culpa de nadie. Sabes que odio eso de “Culpa”, que siempre usaba lo de “fue mi responsabilidad”, “mi decisión fue errónea”, y cosas del estilo, pues no es tan difícil encontrar una palabra más precisa y acorde con los hechos cuando asumes sus repercusiones en vez de ese genérico absurdo. Es inútil hablar de culpas, no así de los hechos. El hecho es que la depresión fue a peor (*). Nota: cuando aparezca un asterisco, tomadlo como “el resto, los detalles, me los guardo para mí”. Cuando no se ama a la vida, no se ama ni a la vida que proporciona, por definición, el enamoramiento. Cuando la autoestima te golpea, y uno no se ama a sí mismo, cómo puede amar al otro. Rompí la rutina horaria saludable que contigo había conseguido. Al empeorar, retomé la que suelo mantener en depresión. Creo que sólo fueron dos días los que desayunamos juntos, y yo no había dormido aún. El solo contacto físico de su mano con la mía me molestaba, del resto (*) ya ni hablar. Volvíamos a ser amigos con sus afinidades, dormíamos como hermanos. Sólo que la anhedonia había acabado con nuestras afinidades, y debías arrastrarme para dar un paseo. Tras sentirme halagada, me horroricé el día en que admiraste mi aspecto, el que me hubiese vestido “de mujer”, pues tomé conciencia de que quizá era la primera vez en más de un mes que me arreglaba (otro hecho: no había estrenado las medias que compré para el invierno). Qué hombre aguanta eso. Bastante hiciste (*). Los dos sabíamos que la relación estaba deteriorada, sentenciada. Era cuestión de tiempo, a pesar de la lucha por mantenerla. Cuando empezamos, te advertí que no tenía el alma para otra relación fallida (*), para una ruptura con rechazo, que no soportaría. Pero me aceptaste como era, con mi TB de sombra. Y la apuesta fue seria, y eso me hizo dar el paso sin tanto miedo a un final no feliz. Rompí yo. Sí, lo hice. Por ti, porque tu infelicidad me sumía más en la tristeza. Por mí, porque al dar el paso se me rompió el corazón, pero no del todo. Me iba la salud mental en guardarme un pedacito, el que me salvaría del abismo. Instinto de supervivencia. Tuve que alejarme de ti unos días para estar segura de ese paso doloroso. Comprobar que la dependencia no era total. Que podría enfrentarme de nuevo a la soledad, al desamor, a volver a cuestionarme si algún día podría tener y conservar una pareja siendo tres, sumando el TB. Tomé una decisión, antes de que el hastío apareciese, o se hiciera más fuerte, pues empezaba a percibirlo. Yo misma prefería la soledad a menudo: cosas de la depresión. Habías vuelto a tu casa unos días, en un respiro tácito que nos dimos. No explicaciones: era necesario para la salud mental de los dos. Habías dado un bajón, tú también, pero tú unipolar. No podía consentir eso. Me devoraba por dentro que te hubiese arrastrado hacia el polo del no vivir. Arrastrarte… te lo había advertido, eso no debía suceder jamás. Te llamé (*). La conversación se alargó, no podía callarlo más, no podía esperar, el desamor dolía tanto además, que no podía hacerlo cara a cara. Hablé de hechos (*), y de sentimientos. Estuviste de acuerdo en los hechos, incluso añadiste alguno más. Nada de culpas, las cosas como son. Tus sentimientos eran muy similares a los míos. Nos queríamos todavía. Nos queríamos tanto, que no deseábamos perdernos “como personas”. Esa fue la segunda parte de la conversación. Era muy complicada la nueva apuesta: dejar de dormir juntos y por tanto la pareja, empezar de nuevo como amigos. No había arreglo alguno, la convivencia lo había demostrado. Se abría otra puerta. Nunca antes me había convertido en amiga de un ex. Por él, y él por mí, lo reinventaríamos. Me dijo que era muy especial, en cierto sentido. No era la primera vez. En otra ocasión, tras haber conocido a mi tercer amigo bipolar que tuvo ocasión, afirmó en privado que éramos muy especiales. Él había sufrido una depresión, era unipolar. El golpe resultaba menos duro, estábamos dialogando (sorbiendo mocos, aguantando lágrimas) a corazón abierto, como desde el principio, suerte que he podido disfrutar en esta relación de pareja. Donde hay diálogo, no hay lugar para reproches ni discusiones, sino acuerdos convenientes para ambas partes, y desacuerdos donde finalmente se comprende y se respetan, y así fue siempre, las diferencias del otro. Y así se marcan los límites entre “somos dos” y “quiero mi parcela” tan necesarios. Quizá por avenirnos tanto, muchos no entendieron la separación (*). Tuvimos que hacerlo por teléfono, y aún así, lloramos. Creo que necesitábamos la cabeza fría para consensuar ese fin, y también de mutuo acuerdo, ese principio. Le he llorado, cómo no tras cinco meses de relación y tres ya de separación, y el duelo sigue, pero he abierto otra etapa en mi vida que ayuda a remontar. Le he llorado y sigo haciéndolo a veces, como hoy al escribir esto, y también me he alegrado muchísimo cuando hemos vuelto a vernos para dar un paseo. Incluso me ha acompañado de médicos, incluso me ha ayudado, el que más diría, en la mudanza. Él es L. Ayer hablamos por teléfono media hora. Nos llamamos con frecuencia. Ahora que nos separa la distancia, no hemos perdido el contacto. Sigue habiendo cariño, y el interés por el otro es sincero, signo inequívoco de amistad. Soy consciente de que ésta se enfriará, incluso se desvanecerá con el tiempo, cuando conozca a otra chica (por cierto, que manía estos madrileños, referirse a mujeres de 40 y 50 como “chicas”). Escribo este artículo en el bar con “el cafelito”. Trago mucha saliva, y contengo mis ojos constantemente, pues también sabía (hoy que me encontraba de humor para acometerlo) que podría hundirme escribiendo esto. Si luego estallo en el teclado, no será tan grave: llorarle una vez más, pero con la alegría y el recuerdo de la conversación de ayer. Nos dimos todo lo que pudimos, creo. Él, tantísimo a mí. Cuando me ayudaba con las cajas, confesó que me debía tanto, y no supe bien por qué, supongo que porque cuando dos personas se quieren, pareja o amigo, se dan lo mejor, y comparten lo peor, que es lo que realmente une en mi opinión. Los lectores que comentaron al reciente post “Amado mío” nada sabían, y no sin razón creyeron que la relación empezaba entonces. Callé, no podía hacer otra cosa hasta escribir esta segunda parte, que tiene su razón de ser porque me emocioné al leerlos, y porque entonces me sentí obligada con ellos. La finalidad de este texto es aportar una experiencia al tema "Bipofamilias y parejas", pues por mi parte, este tema se ha trabajado en consulta. P.D. Os pido que respetéis el que os haya abierto mi alma y por ello no quiero comentarios ni hablar más del tema: ver las FAQ sobre artículos "NO COMMENT". Imagen: trabajo que me regaló el lector Yves, a quien debo gran honor y gratitud. *** Amado mío, ya sabes que tengo Trastorno Bipolar. Mientras nos conocíamos, y sabíamos que empezaban a crearse lazos entre nosotros, dejé que el tiempo pasara, quise esperar a saber si en realidad debías saberlo. Y sucedió, los dos íbamos cada vez un poco más allá, y antes de dar un paso más, a mi estilo directo e hiriente, te escribí un e-mail con la URL de este blog. Lo encajaste. Me aceptaste. Yo ya te había aceptado, pero mi desventaja estaba clarísima. Y así abrí esta serie de cartas. . . . No será fácil convivir conmigo. Cada vez creo menos en la estabilidad, más bien en ese continuo entre manía y depresión, con ansiedad como especia al gusto. Con el tratamiento no tengo ciclos fuertes, y no tengo miedo a ellos, mucho menos instalada en una depresión ya crónica. Sí temo a que esto nos salpique demasiado. Me has conocido con depresión, pues bien, tendré momentos, horas, o días buenos. APROVÉCHAME entonces. Disfrutemos de esos momentos. Sé que más tarde, o días después, por depresión o menstruación porque ya me da igual la causa, me hundiré, y no sabrás qué hacer. Yo tampoco, lo confieso, porque antes estaba sola. Tú y yo, que tanto hablamos, deberemos hacerlo ahora de otra forma. Deberás confiar en mi lenguaje no verbal. ADIVINARME, entonces. Sabrás si necesito un abrazo, o no soportaré contacto alguno. Si necesito compañía, te la estaré agradeciendo todo el tiempo. Algunas veces, si es necesario te echaré, porque la soledad será lo único que soporte. Algo claro tengo: NO TE DEJES ARRASTRAR POR MÍ. Nunca. Porque te quiero. Engáñame para que me meta en la ducha. Inventa pretextos para salir de casa. Necesito de tu imaginación, porque yo no la tengo cuando estoy mal. Ni ganas. Ni sangre en las venas. La agorafobia te engañará también a ti, te propondrá ver una película o te dirá que hace demasiado frío, o que los pies duelen. Seré difícil, a veces insoportable, pero tú sólo piensa que te sigo queriendo. Como lo hago cuando podemos disfrutar de momentos de alegría. Tira de mí, tira de mí porque te necesito, cariño, y no sólo para que me ayudes a fregar los platos. Te necesito como la persona a la que amo, y no quiero, no quiero, y no debería suceder, no debería, que esta enfermedad nos separase. Me has aceptado como soy, con mi circunstancia, ahora es tiempo de ponerlo en práctica. Amado mío, esta es la primera de mis cartas, es una versión cero de lo que debo y quiero contarte. Te seguiré escribiendo, pero repetiré hasta la saciedad que no te dejes arrastrar por mí. *** Cada vez estoy más convencida de que los enfermos crónicos, seamos del tipo que seamos, somos buenos compañeros de viaje. Entre nosotros, las "pupas" no son tabú. Conocí a alguien que padecía la enfermedad de Crohn, otra "bendición" de la naturaleza. Yo cocinaré si no puedo bajar a la compra y lo haces tú. Fregaré los platos si tu artritis te causa dolor. Eso sí, me acompañárás a los médicos y gracias a ti saldré a la calle. Daremos paseos, nos haremos compañía. Y así, una larga lista. Y con estas acciones de mutuo apoyo, los demás nos mirarán por la calle y verán a dos personas que parecerán bastante sanas, o que son capaces de sobrevivir a su salud diariamente y no tienen que dar explicaciones. En estos momentos, sólo compartiría piso con otro enfermo crónico. Si pudiese escoger, diría: que no tuviese lo mismo que yo. P.D. De los archivos de Blue *** Foto del blog http://vueltaabruselas.blogspot.com/2006_04_01_archive.html //http://www.bultza.arrakis.es/blogspot/26habitacion1.jpg FUENTE: J CLIN PSYCHIATRY. 2007 OCT;68(10):1517-1521. Así lo indica un estudio desarrollado por la Universidad de Barcelona y coordinado por el doctor Eduard Vieta. Dos estudios previos identificaron un aumento del riesgo de suicidio en pacientes bipolares con antecedentes familiares de suicidio. Pero esos estudios usaron datos de registros médicos en lugar de evaluaciones psiquiátricas individuales de los pacientes. http://www.psiquiatria.com/noticias/trastorno_bipolar/comorbilidad/33983/? La negrita es mía. . . . Sobre este tema debo decir que concierne a las familias (entorno en general) velar por el bienestar mental de sus miembros. Si el bisabuelo se suicidó, pues claro, el bisnieto nunca preguntará por él ni hurgará, porque el niño no tendrá malicia y sin embargo hay una legión de adultos que adoptarán la formación de tortuga en cuanto asome el tema. No se está defendiendo a la familia, ocultando el tabú, sino desprotegiendo a la descendencia. Además, para qué hablar del bisabuelo, con lo raro que era. Porque si para el padre es un tabú, no querrá ver los signos de nuevo. No hay que esperarlo todo del colegio y confiar en que los resultados académicos midan salud mental. Padres, (habla la adolescente que fui), vigiladnos un poco, no sea que acabemos como el bisabuelo por una cuestión genética y porque lo de ir a un terapeuta si dábamos síntomas no parecía honorable a ojos de los demás. No sé qué es peor, vivir con un estigma incluso para tu familia, o directamente no vivir. Mi familia sigue sin entender el por qué de estas "complicaciones" que me han sucedido y de las que voy librándome o superando, tres años después del último ingreso. Más de cuatro desde el diagnóstico, y que me dijeran por fin qué tenía aumentó en... todo, de repente la estadística parecía más controlable. Muchos bipolares están sin diagnosticar, y es un peligro más allá de la salud, es un peligro para sus vidas. La de tu hijo, la de tu pareja, la de tu mejor amiga. Si sabes que algo anda mal, recuerda al bisabuelo y actúa. El psiquiatra es una tabla de salvación en estos casos. Lo mejor y lo peor que te puede pasar es que te diagnostiquen trastorno bipolar, pero oye, somos un montón y damos bastante guerra en esta sociedad. Pasa en las mejores familias. No hay honor sin vida, por mucho que algunas culturas reivindiquen lo contrario. *** Disfrutadla. Esta es una entrevista realizada por pepa (nick) a asmel (nick). Intentaremos ser lo mas objetivas posible ambas, ya que nos conocemos virtualmente desde hace bastante tiempo. La idea de hacer una entrevista a asmel ha sido de pepa, y asmel ha aceptado sin dudarlo *** http://salud.tiscali.es/mi-doctor/enfermedades/actualidad/noticia/v/27/i/trastorno-bipolar-1.html Leo esto, y me digo que me parece bien cualquier cosa que agilice un diagnóstico. Muchos tenemos antecedentes familiares, pero de nada sirvió el mío, o mi psiquiatra de entonces... no sé. Además, en mi familia el tabú era tal que incluso conductas raras eran de entrada, ocultadas, y si no podían serlo, disfrazadas y maquilladas hasta que te vendían una película llamada "normalidad". Y yo también la vendía, por supuesto. Justificarse es fácil cuando factores ambientales, las cosas de tu puñetera vida, te provocan una crisis. También fácil si lo vendes sinceramente, colocarse en una posición victimista donde tu familia y amigos te van a apoyar: mira qué me han hecho en la empresa blabla. Las cosas siguen, y tú ni puñetera idea de que tienes algo que no te funciona bien en las partes altas de forma crónica, periódica, y no ocasional. Hasta que pasa a ser más periódica. Hasta que los síntomas claman al cielo. Hasta que te han echado del conjunto de casados o del de trabajadores en activo. Quizá, por qué no, ya te hayas hecho adicto a algo. Hasta que dices qué leches pasa aquí y lo dices con las partes altas que no funcionan bien, así que no hay nada que hacer. Hasta que no pasas por el diagnóstico, en efecto, no hay nada que hacer. Ahora está todo por hacer, para empezar, a ver qué tal este fármaco, has entrado en una sastrería psiquiátrica. Oh, ya eres otra cosa para la familia. A alguien no se le puede decir con años de retraso "ya me parecía a mí que tenías [enfermedad que acaba rápido con tus órganos]". A alguien que padece una enfermedad mental sí, porque no es urgente, noooo, sólo vas a peor hasta que te cae una muy gorda (ojo con las salpicaduras), y encima has de escuchar eso una y otra vez. Que la gente que te ha visto gatear se moje, que te diga que vayas a un psiquiatra. Ya les mandarás a la mierda porque tú de loco no tienes nada -¡no me cuentes batallitas del tío Faustino!- pero al menos habrán hablado a tiempo. Diagnóstico, no-diagnóstico, una y otra vez en esta enfermedad y en otras, en otras de síntomas mentales, que de transparentes no tienen nada ni puertas afuera ni puertas adentro. No siempre uno puede meterse en asuntos de familia ni decir a la brava, y qué triste que eso ocurra entre hermanos (no por ello menos frecuente): oye, creo que deberías llevar a tu hijo a un médico. Una amiga mía sostiene que dos de sus primos, hijos de diferentes tíos, padecen alguna enfermedad mental. Los padres poco o nada hicieron para que esas personas tuviesen un tratamiento digno cuando empezaron a tener conductas raras ya en su infancia, tan raras que lo único que se les ocurrió fue ocultarlas y negarlas. El tabú es tal, lo vergonzante del "me ha salido un hijo mal", el pensar "mi hermano hacía lo mismo, para mi desgracia mi hijo es así también", que es mejor tratarlo como a un perro o encerrarlo en una habitación. Nunca han hecho nada solos y si lo han hecho en público, más vergüenza para todos, conductas sin control alguno. Peor pronóstico me huelo que no puede haber para esas personas, que rondan la treintena ya, si es que algún día tienen acceso a diagnóstico y tratamiento. Y si eso sucede, otros familiares dirán "ya lo sabíamos". Pero en voz muy bajita ya, como si se hablase de... un enfermo al que sus órganos fallan. Encerrados en una habitación, o vagando por las calles. Todavía pasa en este país. *** Madrid, domingo 14 de mayo de 2006 Querido amigo: No sabes cuánto me alegra recibir de ti esas noticias. Por fin encontraste lo que buscabas. El amor, qué búsqueda más dolorosa, y la has completado, la habéis. Me relataste hace ya tiempo que os dejásteis por hartazgo, o que ella te dejó, no recuerdo y aunque no lo haga sí sé que el final de una relación larga es un proceso algo ambiguo donde se mezclan los calcetines con el tabaco. Tu enfermedad, como a todos, nos hacía comportarnos mal con nosotros mismos, pero ese daño también repercutía en nuestros seres más cercanos, que sufrían, por nuestros cambios de humor y otras cosas desagradables que ahora debemos olvidar, porque en pareja siempre hay cosas, pero la enfermedad las agrava, y más con adicciones, y estoy convencida de que al no existir diagnóstico en esas épocas, la lotería iba en dirección siempre a la ruptura o a la relación tormentosa que nos perjudicaba todavía más. En pareja el diagnóstico es duro, pero se comparte, o eso quiero pensar ahora, que esa fractura en nuestras vidas hubiese sido entendida y apoyada por una pareja que ya no existía ni para ti ni para mí. El porcentaje de bipolares separados es altísimo, ¿cuántos antes del diagnóstico, me pregunto? Yo siempre rompí lazos con mis relaciones, era tan radical que si o ya no existía amor o no se superaba una crisis, se presentaba el odio o mi mente enferma de emociones (cómo desestabiliza una ruptura, para mí un episodio siempre) distorsionaba la persona hasta reducirla a sus defectos. Tú, sin embargo, las mantuviste como amistades, valorándolas siempre. Salías con [Ella] a menudo como viejos amigos, y hace tiempo me confesaste que seguías teniendo sentimientos por ella. Yo te contesté que sin duda habrías cambiado desde esas malas y oscuras épocas a sus ojos, puesto que lo habías hecho a los míos, sin conocerte en esa época, sólo por la mejora y la estabilidad, siempre relativa, pero el estar con los pies en el suelo al menos, la aparición de otro prisma. Un día te animé a que fueses franco pero te lanzó la jarra de agua fría, y ese rechazo te dejó muy bajo bastantes días, amigo, lo recuerdo pues mi alma lo compartió contigo. Sin embargo, ella te ha acompañado en tus últimas crisis y seguro que esta vez ha entendido mejor qué y por qué, y no ha dudado de tus sentimientos o disipó sus dudas ante -la convivencia, podría llamarse- al veros más a menudo que antes, porque, a diferencia de vuestra anterior relación, exteriorizas tus emociones, eres consciente de tus actos y aunque a veces no estés orgulloso, eres capaz también de reconocer tus errores el primero y de pedir perdón por ellos. Eso te ha devuelto al conjunto de seres “amables”, es decir, dignos de ser amados, y era cuestión de tiempo, de que tú mejorases, el que volvieseis a estar juntos. No me atreví a decírtelo aunque se intuía, pero me informabas sin querer de esos pasos y la cosa estaba anunciada si ella era generosa de corazón, y cómo celebro que lo sea, después de lo que pasasteis. Espero que ahora puedas perdonarte mejor tu pasado, al lado de quien lo sufrió contigo. Tenía novio, palabra-obstáculo donde las haya, pero si ha permanecido a tu lado era y ahora puedes confirmar que es por algo. Tenéis unos lazos emocionales fuertes desde la juventud, y además ahora habéis eliminado toda la tensión de las malas épocas. También los años transcurridos han ayudado, puesto que la mediana edad (qué mal suena, pero es la nuestra) sigue siendo un proceso de maduración y en tu caso, en el mío, en el de tantos, la enfermedad ha sido clave en tu cambio de actitud ante la vida y las personas. Al igual que otros bipolares, empezamos una nueva vida, diferente y mucho a la montaña rusa que volvía loco a cualquiera que nos mirase, cuando no nos sorprendía borrachos. Sonrío al leer que estáis “como críos”. Es lo mejor que puedes decirme, así es el enamoramiento y tal es la alegría de dos almas que se juntan en este sentimiento tan poderoso. Me siento honrada de que me hagas partícipe de tus sentimientos y esta vez mi empatía es muy positiva, como se dice ahora: tengo “un buen feeling”. Quizá sí exista una “mujer” o un “hombre de” la vida de alguien. Pero como solíamos tratar en nuestras charlas escépticas, eso era muy difícil ya “a nuestra edad”, era hasta cómico apostillar siempre con eso. Sin embargo, en la juventud sí el alma está abierta a encontrar esos sentimientos, y lo hace sin prisa, hasta que de repente brota un exuberante jardín, que ha de cuidarse mucho, y por parte de los dos, cuando pasa el enamoramiento biológico y han de permanecer otras tantas cosas. En su día esas cosas se marchitaron, pero… ahí estaba el jardín, aunque descuidado, sólo hacía falta que los dos deseaseis volver a él. Y todavía sois jóvenes, lo de “toda la vida por delante” no seré yo quien lo diga, pero bueno, ya me entiendes. Recuerdo que también en nuestro pesimismo acerca de la materia especulábamos acerca de que las cosas sólo podían volver a ese estado de ingenuidad por así decirlo ya en el ocaso de la vida, cuando ya no hay prejuicios sino amor a la vida y por tanto a las bellas personas que no a las guapas, cuando nada hay que perder y eso sólo lo comprenden los muy maduros ya. Es enternecedor ver en los medios una boda en un asilo, y aflorar las sonrisas tras el sufrimiento de muchos años de viudedad, por lo común. Ahora entre los que se cuentan sin pareja y un día la tuvieron, hay más divorciados que viudos, pero esta conversación ya la tuvimos hasta su fin en su día... bipolares singles, singular y por desgracia amplio subconjunto del que te liberas, afortunado seas. No te había olvidado, lo que te amó, ¿lo llevaría en vuestros paseos, al igual que tú? Aventuro que lo que os separó es también lo que ella amaba de ti. He conocido a mucha gente, y también tengo en mis experiencias que los bipolares tenemos ciertos dones humanos y un alma que ni pasa desapercibida ni se marcha sin dejar huella. Por lo visto, las dejaste profundas en la suya, y por fin te ha perdonado, al ser humano con una enfermedad y no al “monstruo”, y quizá no se haya vuelto a enamorar de ti sino que siempre lo estuvo a pesar de su novio, a la espera de tu reacción, de los cambios que ella siempre quiso ver en ti y un día se acaba la paciencia para todos en esa situación, después de continuos “no lo haré más” etc. Tú deseabas profundamente recuperarla para darle lo que en su día no pudiste pero llevabas en tu interior, y por fin le has mostrado que ya eres capaz de hacerlo. No me cuentas qué pasa con el novio, pero no creo que le cueste dejar al otro hombre, si no lo ha hecho ya... eso no importa y tampoco quiero hurgar en vuestra intimidad más de lo que estoy haciendo. Imagino que estamos charlando en una ventana en msn, algo tan informal como muy privado, pero una carta es algo que permanece y que me recuerda a las horas pasadas en estas y otras charlas. Se acabó tu soledad y tu desesperación. Ahora estás ilusionado, y el proceso ha sido lento, de forma que si alguien atribuye esta reconciliación a la primavera o a una hipomanía, creo que va a equivocarse mucho, pero nada ha de importaros la opinión ajena, tan ignorante y a veces tan maliciosa, que como bien sabemos atacará desde las propias familias. Creo que la enfermedad muchas veces nos hizo fingir, aparentar dureza para no mostrar nuestra vulnerabilidad. Esto lo hace muchísima gente sin bipolar, no tenemos la exclusiva. Si bien era nuestra protección, también significaba para los otros unos muros que no dejábamos franquear, atemorizados ante nuestras emociones pues si las dejábamos, eran un torrente que podía volverse en nuestra contra. Y queremos amar, para dejar de fingir, gran contradicción porque parecemos inexpugnables. Te la jugaste a la sinceridad, y tras un no vino por fin un sí. Por fortuna, ella te ha conocido tus momentos bajos recientes, menuda primavera, y ha visto como yo al ser humano y noble que late bajo sus disfraces, tú mismo te desnudaste para abrir esa puerta de nuevo. Por ello cada vez en estos meses os habéis estado viendo con más frecuencia, y si bien no os faltaba cariño aunque estuviese algo sepultado y hubiese una tercera persona, el roce ha hecho que éste volviese a la luz. He conocido tus tinieblas, tan parecidas a las mías. Hemos sido compañeros y amigos de quizá un mal viaje, pero ambos nos encontramos ya mejor, y tú tienes ya, empiezas a tener y ahora sabrás cómo no estropearlo, un amor de los que de forma algo cursi me atrevería a adjetivar como verdadero. Y espero de ti que ahora no tengas miedo al compromiso, pues sé que no eres partidario “de casorios”, cómo me reí aquél día y recordarás con qué razones te mostré mi desacuerdo. Comprométete, por qué no, sin miedo, vivir es apostar y tirarse a la piscina cuando a uno le van las emociones fuertes, como nos iban a nosotros antes de estabilizarnos. Sabes que los bipolares causamos al resto la sensación oscilante de nuestro interior y las personas, nosotros las primeras, necesitamos de estabilidad emocional. Un día, le recomendé a un amigo con una novia muy celosa –sin fundamento alguno, por supuesto, pero sus celos eran diarios y enfermizos- que le regalase un anillo. Ella cambió de repente. Qué pequeño detalle acaba con las inseguridades propias y ajenas. Y luego ya se verá, ojalá el futuro estuviese ya escrito con el “The End” de las pelis de antes, pero se camina con más seguridad. Entra sin miedo en esta relación, sé que lo estás haciendo con amor pero ahora el miedo puede aparecer, miedo a que sea un espejismo, a que vuelva a romperse por la misma razón. No has de temer, has cambiado bajo el tratamiento, y tienes tanto amor dentro de ti que te dolía no poder entregárselo. Para ella sin duda esto es un regalo, su hombre ha cambiado, y cuántas mujeres desearían poder decir eso de sus parejas no bipolares. Estoy tan contenta que no he podido evitar escribirte esta carta, muy llena de emoción y espero que de esperanza a tus ojos. Me has hecho reflexionar sobre el amor, y espero que las interminables conversaciones sobre el desamor hayan acabado en este punto ja, ja. Recibe un fuerte abrazo de tu amiga, Blue P.D. A ver qué día tengo el honor de conocer a esta gran mujer. ¿Vendréis por Madrid? El día 15 de junio asistirá mucha gente de todas partes a la jornada, aunque es un jueves. Anímate. *** La depresión nos hace considerarnos indignos de la amistad o amor de nadie, indignos, nos parece que todo nos supera porque nuestra autoestima ya no existe. Hay quien puede sentir que esa persona deprimida no tiene sentimientos hacia ella. Quizá los tenga, y muchos, pero la depresión no le hace posible iniciar ningún tipo de relación. Sufre el deprimido, y sufre su pretendiente. En depresión no se pueden tomar decisiones en este ámbito, pues las emociones que gobiernan no son positivas y la autoestima impide ver más allá. Un depresivo puede tanto tomar la mano de un amigo como dejarla, ya que se siente tan mal que teme no estar a la altura (y más si hay una incipiente relación tras esa mano) o simplemente necesita tanto aislamento que no puede tomarla, que es muy diferente a no querer hacerlo. El amante espera y desespera. Quiere ayudar, no sabe cómo. Yo tampoco lo sé. Sí, cuántos bipolares han hecho la vida imposible a ... quien fuere. Y cuántos no bipolares putean cada día... yo diría que más. Hay más parejas en crisis por cualquier otro motivo que dirán eso mismo, además del "no puedo vivir contigo ni sin ti". ¿Y los hijos? Fuente de problemas constantes, sobre todo (supongo por lo visto) en la adolescencia, y no tendrán bipolar. Las personas somos así y siempre la pagan los cercanos, la familia. Volviendo a lo bipolar: El bipolar, enfermo, en episodio, no es consciente del daño que hace. De ahí que la información que reciba sea crucial. Que desarrolle una conciencia de la enfermedad sin la cual el resto es papel mojado. Que se ponga bajo tratamiento. Que se tome la medicación y siga la pauta. Esto es responsabilidad de su psiquiatra y de su terapeuta en los inicios. Pasa a ser responsabilidad del enfermo algo más tarde. A muchos nos han llevado a rastras. Tras mi diagnóstico, informé a Madre y Hermano y "lo mío" fue llevado "en familia". Otros no son diagnosticados ambulatoriamente, a otros la policía les lleva al psiquiátrico porque están mal, no quieren ir al médico, se fugan, y se da aviso, y es lo que hay que hacer, lamentablemente. Una vez "te han llevado", por fin un médico puede atenderte, porque no sólo va a diagnosticar sino a ayudar a estos procesos que harán del enfermo bipolar, si se cuida y es consciente de los riesgos que comporta su enfermedad, y para ello hace falta información. Y si el psiquiatra se limita a extender recetas, yo abogo por la ayuda de un psicólogo especializado. No sé si existen "casos imposibles" hablando de bipolares, seguro que sí. Porque sí sé de muchos "casos imposibles" no bipolares, pues más se han cruzado en mi vida los no diagnosticados, los que no padecían bipolar, que eran unos capullos, cabrones, hdp, y un largo etcétera. Tomando como "caso imposible" la expresión popular. No sé cuál es el tanto por ciento de bipolares que no responden a ningún tratamiento y tienen la desgracia de estar permanentemente sufriendo y haciendo sufrir. El que primero sufre, es él. La salud no tiene precio, y una vida en armonía tampoco. El bipolar enfermo y sin diagnosticar pasa un infierno que de bonito no tiene nada. Hay que arrastrarle al tratamiento, es mi opinión, después de haber pasado por ello, trauma sobre trauma, infierno y pérdida de libertad y autonomía, más infierno. A rastras. No cabe otra con un enfermo que no va a reconocerse como tal, porque la enfermedad es así. Una putada, también lo es la FMF... mañana hablaré de ella... o lo harán por mí. *** Cuando a uno le da un episodio, puede hacer cosas que desde luego al "aterrizar" no se perdone ni él mismo, y conozco gente que no se ha perdonado lo hecho hace 20 años. Tenlo en cuenta, porque pedir perdón al perjudicado o a la familia es un gran esfuerzo entonces y ese perdón que se pide es muy pero que muy sincero y doloroso, y lo que hace es dar paz para poder perdonarse uno a sí mismo.. *** Mensaje en el foro a un marido resentido, con razón por supuesto, pero si se nos va la olla (para arriba) hacemos daño a nuestro entorno, sin querer, sin medir las consecuencias. Se vive a un ritmo demasiado rápido y quizá hedónico y egoísta. Esto pasa factura más tarde, cuando tienes los porqués en los síntomas de la enfermedad, que se tradujeron en hechos que ni siquiera tu moral contemplaba, y recuerdas tu vida antes de saber que algo no iba bien, y empieza a salir mierda por todos lados... todavía no me he perdonado cosas gordas, pero ya lo haré, lo estoy haciendo hace dos años y pico, porque con esa culpa no se puede ir a ninguna parte. Y cuesta pedir perdón, mucho, y a veces ello no es posible. Una cruz más con la que cargar, con un pasado marcado por la enfermedad que quizá te dejó sin amigos y pareja o te enemistó con la familia que te declaró oveja negra. Pero de todo se sale, poco a poco. Mamá, por favor, no me des tú las pastillas. Si mi cabeza funciona correctamente, las he de tomar yo, es mi responsabilidad y si así no lo veo, necesito ayuda del terapeuta. Algo me dice que he de ser yo y que ese no es tu papel, ¿Acaso también me pones las compresas o tampones? Si estoy en crisis, por supuesto, supervisa que siga la pauta. Pero necesito valerme por mí misma y seguirla, porque sí y porque desgraciadamente no estarás siempre a mi lado, quizá porque algún día decida independizarme, no pensemos siempre en lo peor. Mamá, esto te escribí http://carnedepsiquiatra.blogia.com/2005/060702-mama.php Para darte las gracias. Y para que supieses que tener TB no me hace ser una niña perenne. Haz algo por mí ahora, por favor. Enséñame a pescar. Según la RAE, entre otras: Qué bipolar es eso. Uno está mal y lo primero que hace es mirar a su pareja y decirse: paso de él/ella. Y se va a vivir su bipomundo irreal pero maravilloso si está subido "eres tan soso que no puedes seguirme el ritmo", o se mete en la cama y que no le moleste nadie en su bipomundo irreal y negro, porque en depresión también se llega al "quiero estar tan solo/a que mejor lo dejemos". *** |