Carne de Psiquiatra |
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Se muestran los artículos pertenecientes al tema Bipofamilias y parejas. FUENTE: J CLIN PSYCHIATRY. 2007 OCT;68(10):1517-1521. Así lo indica un estudio desarrollado por la Universidad de Barcelona y coordinado por el doctor Eduard Vieta. Dos estudios previos identificaron un aumento del riesgo de suicidio en pacientes bipolares con antecedentes familiares de suicidio. Pero esos estudios usaron datos de registros médicos en lugar de evaluaciones psiquiátricas individuales de los pacientes. http://www.psiquiatria.com/noticias/trastorno_bipolar/comorbilidad/33983/? La negrita es mía. . . . Sobre este tema debo decir que concierne a las familias (entorno en general) velar por el bienestar mental de sus miembros. Si el bisabuelo se suicidó, pues claro, el bisnieto nunca preguntará por él ni hurgará, porque el niño no tendrá malicia y sin embargo hay una legión de adultos que adoptarán la formación de tortuga en cuanto asome el tema. No se está defendiendo a la familia, ocultando el tabú, sino desprotegiendo a la descendencia. Además, para qué hablar del bisabuelo, con lo raro que era. Porque si para el padre es un tabú, no querrá ver los signos de nuevo. No hay que esperarlo todo del colegio y confiar en que los resultados académicos midan salud mental. Padres, (habla la adolescente que fui), vigiladnos un poco, no sea que acabemos como el bisabuelo por una cuestión genética y porque lo de ir a un terapeuta si dábamos síntomas no parecía honorable a ojos de los demás. No sé qué es peor, vivir con un estigma incluso para tu familia, o directamente no vivir. Mi familia sigue sin entender el por qué de estas "complicaciones" que me han sucedido y de las que voy librándome o superando, tres años después del último ingreso. Más de cuatro desde el diagnóstico, y que me dijeran por fin qué tenía aumentó en... todo, de repente la estadística parecía más controlable. Muchos bipolares están sin diagnosticar, y es un peligro más allá de la salud, es un peligro para sus vidas. La de tu hijo, la de tu pareja, la de tu mejor amiga. Si sabes que algo anda mal, recuerda al bisabuelo y actúa. El psiquiatra es una tabla de salvación en estos casos. Lo mejor y lo peor que te puede pasar es que te diagnostiquen trastorno bipolar, pero oye, somos un montón y damos bastante guerra en esta sociedad. Pasa en las mejores familias. No hay honor sin vida, por mucho que algunas culturas reivindiquen lo contrario. *** http://salud.tiscali.es/mi-doctor/enfermedades/actualidad/noticia/v/27/i/trastorno-bipolar-1.html Leo esto, y me digo que me parece bien cualquier cosa que agilice un diagnóstico. Muchos tenemos antecedentes familiares, pero de nada sirvió el mío, o mi psiquiatra de entonces... no sé. Además, en mi familia el tabú era tal que incluso conductas raras eran de entrada, ocultadas, y si no podían serlo, disfrazadas y maquilladas hasta que te vendían una película llamada "normalidad". Y yo también la vendía, por supuesto. Justificarse es fácil cuando factores ambientales, las cosas de tu puñetera vida, te provocan una crisis. También fácil si lo vendes sinceramente, colocarse en una posición victimista donde tu familia y amigos te van a apoyar: mira qué me han hecho en la empresa blabla. Las cosas siguen, y tú ni puñetera idea de que tienes algo que no te funciona bien en las partes altas de forma crónica, periódica, y no ocasional. Hasta que pasa a ser más periódica. Hasta que los síntomas claman al cielo. Hasta que te han echado del conjunto de casados o del de trabajadores en activo. Quizá, por qué no, ya te hayas hecho adicto a algo. Hasta que dices qué leches pasa aquí y lo dices con las partes altas que no funcionan bien, así que no hay nada que hacer. Hasta que no pasas por el diagnóstico, en efecto, no hay nada que hacer. Ahora está todo por hacer, para empezar, a ver qué tal este fármaco, has entrado en una sastrería psiquiátrica. Oh, ya eres otra cosa para la familia. A alguien no se le puede decir con años de retraso "ya me parecía a mí que tenías [enfermedad que acaba rápido con tus órganos]". A alguien que padece una enfermedad mental sí, porque no es urgente, noooo, sólo vas a peor hasta que te cae una muy gorda (ojo con las salpicaduras), y encima has de escuchar eso una y otra vez. Que la gente que te ha visto gatear se moje, que te diga que vayas a un psiquiatra. Ya les mandarás a la mierda porque tú de loco no tienes nada -¡no me cuentes batallitas del tío Faustino!- pero al menos habrán hablado a tiempo. Diagnóstico, no-diagnóstico, una y otra vez en esta enfermedad y en otras, en otras de síntomas mentales, que de transparentes no tienen nada ni puertas afuera ni puertas adentro. No siempre uno puede meterse en asuntos de familia ni decir a la brava, y qué triste que eso ocurra entre hermanos (no por ello menos frecuente): oye, creo que deberías llevar a tu hijo a un médico. Una amiga mía sostiene que dos de sus primos, hijos de diferentes tíos, padecen alguna enfermedad mental. Los padres poco o nada hicieron para que esas personas tuviesen un tratamiento digno cuando empezaron a tener conductas raras ya en su infancia, tan raras que lo único que se les ocurrió fue ocultarlas y negarlas. El tabú es tal, lo vergonzante del "me ha salido un hijo mal", el pensar "mi hermano hacía lo mismo, para mi desgracia mi hijo es así también", que es mejor tratarlo como a un perro o encerrarlo en una habitación. Nunca han hecho nada solos y si lo han hecho en público, más vergüenza para todos, conductas sin control alguno. Peor pronóstico me huelo que no puede haber para esas personas, que rondan la treintena ya, si es que algún día tienen acceso a diagnóstico y tratamiento. Y si eso sucede, otros familiares dirán "ya lo sabíamos". Pero en voz muy bajita ya, como si se hablase de... un enfermo al que sus órganos fallan. Encerrados en una habitación, o vagando por las calles. Todavía pasa en este país. *** Madrid, domingo 14 de mayo de 2006 Querido amigo: No sabes cuánto me alegra recibir de ti esas noticias. Por fin encontraste lo que buscabas. El amor, qué búsqueda más dolorosa, y la has completado, la habéis. Me relataste hace ya tiempo que os dejásteis por hartazgo, o que ella te dejó, no recuerdo y aunque no lo haga sí sé que el final de una relación larga es un proceso algo ambiguo donde se mezclan los calcetines con el tabaco. Tu enfermedad, como a todos, nos hacía comportarnos mal con nosotros mismos, pero ese daño también repercutía en nuestros seres más cercanos, que sufrían, por nuestros cambios de humor y otras cosas desagradables que ahora debemos olvidar, porque en pareja siempre hay cosas, pero la enfermedad las agrava, y más con adicciones, y estoy convencida de que al no existir diagnóstico en esas épocas, la lotería iba en dirección siempre a la ruptura o a la relación tormentosa que nos perjudicaba todavía más. En pareja el diagnóstico es duro, pero se comparte, o eso quiero pensar ahora, que esa fractura en nuestras vidas hubiese sido entendida y apoyada por una pareja que ya no existía ni para ti ni para mí. El porcentaje de bipolares separados es altísimo, ¿cuántos antes del diagnóstico, me pregunto? Yo siempre rompí lazos con mis relaciones, era tan radical que si o ya no existía amor o no se superaba una crisis, se presentaba el odio o mi mente enferma de emociones (cómo desestabiliza una ruptura, para mí un episodio siempre) distorsionaba la persona hasta reducirla a sus defectos. Tú, sin embargo, las mantuviste como amistades, valorándolas siempre. Salías con [Ella] a menudo como viejos amigos, y hace tiempo me confesaste que seguías teniendo sentimientos por ella. Yo te contesté que sin duda habrías cambiado desde esas malas y oscuras épocas a sus ojos, puesto que lo habías hecho a los míos, sin conocerte en esa época, sólo por la mejora y la estabilidad, siempre relativa, pero el estar con los pies en el suelo al menos, la aparición de otro prisma. Un día te animé a que fueses franco pero te lanzó la jarra de agua fría, y ese rechazo te dejó muy bajo bastantes días, amigo, lo recuerdo pues mi alma lo compartió contigo. Sin embargo, ella te ha acompañado en tus últimas crisis y seguro que esta vez ha entendido mejor qué y por qué, y no ha dudado de tus sentimientos o disipó sus dudas ante -la convivencia, podría llamarse- al veros más a menudo que antes, porque, a diferencia de vuestra anterior relación, exteriorizas tus emociones, eres consciente de tus actos y aunque a veces no estés orgulloso, eres capaz también de reconocer tus errores el primero y de pedir perdón por ellos. Eso te ha devuelto al conjunto de seres “amables”, es decir, dignos de ser amados, y era cuestión de tiempo, de que tú mejorases, el que volvieseis a estar juntos. No me atreví a decírtelo aunque se intuía, pero me informabas sin querer de esos pasos y la cosa estaba anunciada si ella era generosa de corazón, y cómo celebro que lo sea, después de lo que pasasteis. Espero que ahora puedas perdonarte mejor tu pasado, al lado de quien lo sufrió contigo. Tenía novio, palabra-obstáculo donde las haya, pero si ha permanecido a tu lado era y ahora puedes confirmar que es por algo. Tenéis unos lazos emocionales fuertes desde la juventud, y además ahora habéis eliminado toda la tensión de las malas épocas. También los años transcurridos han ayudado, puesto que la mediana edad (qué mal suena, pero es la nuestra) sigue siendo un proceso de maduración y en tu caso, en el mío, en el de tantos, la enfermedad ha sido clave en tu cambio de actitud ante la vida y las personas. Al igual que otros bipolares, empezamos una nueva vida, diferente y mucho a la montaña rusa que volvía loco a cualquiera que nos mirase, cuando no nos sorprendía borrachos. Sonrío al leer que estáis “como críos”. Es lo mejor que puedes decirme, así es el enamoramiento y tal es la alegría de dos almas que se juntan en este sentimiento tan poderoso. Me siento honrada de que me hagas partícipe de tus sentimientos y esta vez mi empatía es muy positiva, como se dice ahora: tengo “un buen feeling”. Quizá sí exista una “mujer” o un “hombre de” la vida de alguien. Pero como solíamos tratar en nuestras charlas escépticas, eso era muy difícil ya “a nuestra edad”, era hasta cómico apostillar siempre con eso. Sin embargo, en la juventud sí el alma está abierta a encontrar esos sentimientos, y lo hace sin prisa, hasta que de repente brota un exuberante jardín, que ha de cuidarse mucho, y por parte de los dos, cuando pasa el enamoramiento biológico y han de permanecer otras tantas cosas. En su día esas cosas se marchitaron, pero… ahí estaba el jardín, aunque descuidado, sólo hacía falta que los dos deseaseis volver a él. Y todavía sois jóvenes, lo de “toda la vida por delante” no seré yo quien lo diga, pero bueno, ya me entiendes. Recuerdo que también en nuestro pesimismo acerca de la materia especulábamos acerca de que las cosas sólo podían volver a ese estado de ingenuidad por así decirlo ya en el ocaso de la vida, cuando ya no hay prejuicios sino amor a la vida y por tanto a las bellas personas que no a las guapas, cuando nada hay que perder y eso sólo lo comprenden los muy maduros ya. Es enternecedor ver en los medios una boda en un asilo, y aflorar las sonrisas tras el sufrimiento de muchos años de viudedad, por lo común. Ahora entre los que se cuentan sin pareja y un día la tuvieron, hay más divorciados que viudos, pero esta conversación ya la tuvimos hasta su fin en su día... bipolares singles, singular y por desgracia amplio subconjunto del que te liberas, afortunado seas. No te había olvidado, lo que te amó, ¿lo llevaría en vuestros paseos, al igual que tú? Aventuro que lo que os separó es también lo que ella amaba de ti. He conocido a mucha gente, y también tengo en mis experiencias que los bipolares tenemos ciertos dones humanos y un alma que ni pasa desapercibida ni se marcha sin dejar huella. Por lo visto, las dejaste profundas en la suya, y por fin te ha perdonado, al ser humano con una enfermedad y no al “monstruo”, y quizá no se haya vuelto a enamorar de ti sino que siempre lo estuvo a pesar de su novio, a la espera de tu reacción, de los cambios que ella siempre quiso ver en ti y un día se acaba la paciencia para todos en esa situación, después de continuos “no lo haré más” etc. Tú deseabas profundamente recuperarla para darle lo que en su día no pudiste pero llevabas en tu interior, y por fin le has mostrado que ya eres capaz de hacerlo. No me cuentas qué pasa con el novio, pero no creo que le cueste dejar al otro hombre, si no lo ha hecho ya... eso no importa y tampoco quiero hurgar en vuestra intimidad más de lo que estoy haciendo. Imagino que estamos charlando en una ventana en msn, algo tan informal como muy privado, pero una carta es algo que permanece y que me recuerda a las horas pasadas en estas y otras charlas. Se acabó tu soledad y tu desesperación. Ahora estás ilusionado, y el proceso ha sido lento, de forma que si alguien atribuye esta reconciliación a la primavera o a una hipomanía, creo que va a equivocarse mucho, pero nada ha de importaros la opinión ajena, tan ignorante y a veces tan maliciosa, que como bien sabemos atacará desde las propias familias. Creo que la enfermedad muchas veces nos hizo fingir, aparentar dureza para no mostrar nuestra vulnerabilidad. Esto lo hace muchísima gente sin bipolar, no tenemos la exclusiva. Si bien era nuestra protección, también significaba para los otros unos muros que no dejábamos franquear, atemorizados ante nuestras emociones pues si las dejábamos, eran un torrente que podía volverse en nuestra contra. Y queremos amar, para dejar de fingir, gran contradicción porque parecemos inexpugnables. Te la jugaste a la sinceridad, y tras un no vino por fin un sí. Por fortuna, ella te ha conocido tus momentos bajos recientes, menuda primavera, y ha visto como yo al ser humano y noble que late bajo sus disfraces, tú mismo te desnudaste para abrir esa puerta de nuevo. Por ello cada vez en estos meses os habéis estado viendo con más frecuencia, y si bien no os faltaba cariño aunque estuviese algo sepultado y hubiese una tercera persona, el roce ha hecho que éste volviese a la luz. He conocido tus tinieblas, tan parecidas a las mías. Hemos sido compañeros y amigos de quizá un mal viaje, pero ambos nos encontramos ya mejor, y tú tienes ya, empiezas a tener y ahora sabrás cómo no estropearlo, un amor de los que de forma algo cursi me atrevería a adjetivar como verdadero. Y espero de ti que ahora no tengas miedo al compromiso, pues sé que no eres partidario “de casorios”, cómo me reí aquél día y recordarás con qué razones te mostré mi desacuerdo. Comprométete, por qué no, sin miedo, vivir es apostar y tirarse a la piscina cuando a uno le van las emociones fuertes, como nos iban a nosotros antes de estabilizarnos. Sabes que los bipolares causamos al resto la sensación oscilante de nuestro interior y las personas, nosotros las primeras, necesitamos de estabilidad emocional. Un día, le recomendé a un amigo con una novia muy celosa –sin fundamento alguno, por supuesto, pero sus celos eran diarios y enfermizos- que le regalase un anillo. Ella cambió de repente. Qué pequeño detalle acaba con las inseguridades propias y ajenas. Y luego ya se verá, ojalá el futuro estuviese ya escrito con el “The End” de las pelis de antes, pero se camina con más seguridad. Entra sin miedo en esta relación, sé que lo estás haciendo con amor pero ahora el miedo puede aparecer, miedo a que sea un espejismo, a que vuelva a romperse por la misma razón. No has de temer, has cambiado bajo el tratamiento, y tienes tanto amor dentro de ti que te dolía no poder entregárselo. Para ella sin duda esto es un regalo, su hombre ha cambiado, y cuántas mujeres desearían poder decir eso de sus parejas no bipolares. Estoy tan contenta que no he podido evitar escribirte esta carta, muy llena de emoción y espero que de esperanza a tus ojos. Me has hecho reflexionar sobre el amor, y espero que las interminables conversaciones sobre el desamor hayan acabado en este punto ja, ja. Recibe un fuerte abrazo de tu amiga, Blue P.D. A ver qué día tengo el honor de conocer a esta gran mujer. ¿Vendréis por Madrid? El día 15 de junio asistirá mucha gente de todas partes a la jornada, aunque es un jueves. Anímate. *** La depresión nos hace considerarnos indignos de la amistad o amor de nadie, indignos, nos parece que todo nos supera porque nuestra autoestima ya no existe. Hay quien puede sentir que esa persona deprimida no tiene sentimientos hacia ella. Quizá los tenga, y muchos, pero la depresión no le hace posible iniciar ningún tipo de relación. Sufre el deprimido, y sufre su pretendiente. En depresión no se pueden tomar decisiones en este ámbito, pues las emociones que gobiernan no son positivas y la autoestima impide ver más allá. Un depresivo puede tanto tomar la mano de un amigo como dejarla, ya que se siente tan mal que teme no estar a la altura (y más si hay una incipiente relación tras esa mano) o simplemente necesita tanto aislamento que no puede tomarla, que es muy diferente a no querer hacerlo. El amante espera y desespera. Quiere ayudar, no sabe cómo. Yo tampoco lo sé. Sí, cuántos bipolares han hecho la vida imposible a ... quien fuere. Y cuántos no bipolares putean cada día... yo diría que más. Hay más parejas en crisis por cualquier otro motivo que dirán eso mismo, además del "no puedo vivir contigo ni sin ti". ¿Y los hijos? Fuente de problemas constantes, sobre todo (supongo por lo visto) en la adolescencia, y no tendrán bipolar. Las personas somos así y siempre la pagan los cercanos, la familia. Volviendo a lo bipolar: El bipolar, enfermo, en episodio, no es consciente del daño que hace. De ahí que la información que reciba sea crucial. Que desarrolle una conciencia de la enfermedad sin la cual el resto es papel mojado. Que se ponga bajo tratamiento. Que se tome la medicación y siga la pauta. Esto es responsabilidad de su psiquiatra y de su terapeuta en los inicios. Pasa a ser responsabilidad del enfermo algo más tarde. A muchos nos han llevado a rastras. Tras mi diagnóstico, informé a Madre y Hermano y "lo mío" fue llevado "en familia". Otros no son diagnosticados ambulatoriamente, a otros la policía les lleva al psiquiátrico porque están mal, no quieren ir al médico, se fugan, y se da aviso, y es lo que hay que hacer, lamentablemente. Una vez "te han llevado", por fin un médico puede atenderte, porque no sólo va a diagnosticar sino a ayudar a estos procesos que harán del enfermo bipolar, si se cuida y es consciente de los riesgos que comporta su enfermedad, y para ello hace falta información. Y si el psiquiatra se limita a extender recetas, yo abogo por la ayuda de un psicólogo especializado. No sé si existen "casos imposibles" hablando de bipolares, seguro que sí. Porque sí sé de muchos "casos imposibles" no bipolares, pues más se han cruzado en mi vida los no diagnosticados, los que no padecían bipolar, que eran unos capullos, cabrones, hdp, y un largo etcétera. Tomando como "caso imposible" la expresión popular. No sé cuál es el tanto por ciento de bipolares que no responden a ningún tratamiento y tienen la desgracia de estar permanentemente sufriendo y haciendo sufrir. El que primero sufre, es él. La salud no tiene precio, y una vida en armonía tampoco. El bipolar enfermo y sin diagnosticar pasa un infierno que de bonito no tiene nada. Hay que arrastrarle al tratamiento, es mi opinión, después de haber pasado por ello, trauma sobre trauma, infierno y pérdida de libertad y autonomía, más infierno. A rastras. No cabe otra con un enfermo que no va a reconocerse como tal, porque la enfermedad es así. Una putada, también lo es la FMF... mañana hablaré de ella... o lo harán por mí. *** Cuando a uno le da un episodio, puede hacer cosas que desde luego al "aterrizar" no se perdone ni él mismo, y conozco gente que no se ha perdonado lo hecho hace 20 años. Tenlo en cuenta, porque pedir perdón al perjudicado o a la familia es un gran esfuerzo entonces y ese perdón que se pide es muy pero que muy sincero y doloroso, y lo que hace es dar paz para poder perdonarse uno a sí mismo.. *** Mensaje en el foro a un marido resentido, con razón por supuesto, pero si se nos va la olla (para arriba) hacemos daño a nuestro entorno, sin querer, sin medir las consecuencias. Se vive a un ritmo demasiado rápido y quizá hedónico y egoísta. Esto pasa factura más tarde, cuando tienes los porqués en los síntomas de la enfermedad, que se tradujeron en hechos que ni siquiera tu moral contemplaba, y recuerdas tu vida antes de saber que algo no iba bien, y empieza a salir mierda por todos lados... todavía no me he perdonado cosas gordas, pero ya lo haré, lo estoy haciendo hace dos años y pico, porque con esa culpa no se puede ir a ninguna parte. Y cuesta pedir perdón, mucho, y a veces ello no es posible. Una cruz más con la que cargar, con un pasado marcado por la enfermedad que quizá te dejó sin amigos y pareja o te enemistó con la familia que te declaró oveja negra. Pero de todo se sale, poco a poco. Qué bipolar es eso. Uno está mal y lo primero que hace es mirar a su pareja y decirse: paso de él/ella. Y se va a vivir su bipomundo irreal pero maravilloso si está subido "eres tan soso que no puedes seguirme el ritmo", o se mete en la cama y que no le moleste nadie en su bipomundo irreal y negro, porque en depresión también se llega al "quiero estar tan solo/a que mejor lo dejemos". *** |