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Carne de Psiquiatra -Trastorno Bipolar

Blue, persona

Lo que no entra a la primera

Lo que no entra a la primera

Me he levantado tarde (y así es de cutre este escrito), pero ayer acabé el libro que tenía pendiente a costa de horas de buen sueño. Lo empecé con ilusión: su credencial, que me había gustado en mis años mozos. Lo acabo forzándome, ánimo que faltan pocas páginas, con un "¿pero esto lo disfruté?". Quizá en esa época me pareció lo más, pero ahora me deja indiferente, cuando no me irrita el "esto está fuera de lugar" (y el propio autor lo reconoce en el prefacio a la reedición).

No es la primera vez, en estos meses, que me decepciona lo que antaño era otra cosa. ¿Por qué lo hago, me preguntaréis? Porque me da mucho coraje haber olvidado algunas lecturas de género que siguen ahí vigentes y encima alardeo de haberlo leído cuando salió y de tener la primera edición en español a veces.... si es que soy única. Me miran con casi admiración: a pocas mujeres les gusta la ciencia-ficción, pues vaya, ahora parece como un estigma.

Otra. Me pasaron en DVD la primera temporada de serie de moda, "Heroes", que ahora se emite en Telemadrid tras su paso por esos canales de Sci-fi digitales. Reconozco que entretiene, sí engancha, pero tengo que ponerme en la piel de la teen que fui para disfrutarla.

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Entre una cosa y otra, ya es una verdad que cae por su propio peso que voy a cumplir los 40, y no soy tan friki como parezco.

Lo celebro.

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Ya puedo empezar con algo más "serio" que me esperaba en la mesita de noche, con motivación: necesito algo "con chicha". Los clásicos son aburridos en cualquier lengua, sí, pero sólo al principio, porque "no entran" con facilidad y encima te los hacen tragar con odio como lectura obligatoria en el cole.

Seguiré descubriendo cosas que merezcan la pena, aunque tarde un año en hacerlo por no estar a la última: cualquier lugar donde David Bowie meta las narices puede que acabe siendo de mi agrado, y eso me gusta, porque "éste sí sabe". Si ha versionado a Scott Walker, ahí voy a descubrir algo interesante, y lo hice hace poco. Si ha colaborado con Nine Inch Nails, eso ya lo descubrí hace algún tiempo y sigue gustándome. Y no me lo voy a beber... poco a poco entrará en mi vida.

Lo último que me llega de él vía el colega Galahan es un directo. "Wake up" de Arcade Fire. En su blog http://galahan.blogspot.com/ (post "Despierta!" 20/02/07, ahora en portada del blog) hay un enlace directo al vídeo de youtube. Le estoy dando al "watch again" mientras escribo.

De nuevo, algo que "no entra a la primera" me sorprende. Debo escucharla varias veces, llevo haciéndolo desde ayer, para entender el estado de ánimo, realmente especial, que propone Galahan, y mi veredicto es: seguramente, este tema algún día figurará en mis listas de reproducción porque quizá haré mía esa emoción de optimismo. Cómo me ayuda la música con las emociones. Llevaba toda la semana sin escuchar música, por cierto.

Volviendo al libro que me espera ahí, estoy convencida de que por algo merece ser llamado un clásico, y no simplemente de género. Claro que salvo a algunos autores u obras, pero es hora de conocer algo nuevo aunque lleve siglos escrito... se necesita más de una vida para disfrutarlo todo, pero me conformo con alucinar y abrir mi mente una vez al mes gracias a mi ignorancia.

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Lamentablemente, en depresión sólo podemos tragar telebasura y códigosdavinci que a todo el mundo le entran fácil: remítete a audiencias televisivas, cartelera actual de cine, top-ten descargas emule, y a la lista de libros más vendidos.

Pero si se está medianamente bien, vale la pena hacer el esfuerzo de no caer en el entretenimiento de electro plano que nos llega como consumismo: ser capaces de seleccionar nuestro entretenimiento y poder integrarlo con algo parecido a "cultura", ser conscientes de que estamos perdiendo el tiempo con según qué cosas que poco poso van a dejar en nuestra personalidad y saber.

Bien, más o menos, esta es mi reflexión dominical, o lo que me apetece escribir tras leer toda la crítica a las películas que emiten hoy en TV y al decidir que las doy por no-vistas. Algo interesante puede esperarme. Una charla con mis amigas, por ejemplo. Tengo ganas de que Mme. M. Amèlie me cuente las carreras de motos de hoy.

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Imagen capturada de una parodia de Blade Runner en "La risa de Smith": http://smith.blogalia.com/. Lamento que mi firewall y yo no nos entendamos y sea necesario a veces copiar-pegar la dirección en otra ventana.

 

Cifras y letras

Cifras y letras

Hace años que sé perfectamente que mi memoria ya no es lo mismo. Desacostumbrada a la disciplina de estudio, las cosas nunca serán iguales. Mi última aventura con libros empezó en primavera de 2004 y acabó a los dos meses escasos por un accidente del cual ya he hablado aquí.

En aquella ocasión, noté un desagradable, pero que mucho, desentrenamiento a la hora de tomar apuntes. Acababa la clase con un dolor horrible en las articulaciones. Mi mano, a cada palabra que terminaba y alzaba del papel, sufría como los pies de la Sirenita a la media hora escasa de clase.

Mi colla de la generación X se lamentaba al mismo tiempo que yo a los treinta escasos de haber olvidado la mitad o más de sus estudios. Era algo propio de la edad y del meterse de lleno en el mundo laboral. Sales del trabajo y lo que apetece es una buena novela, a lo sumo, un ensayo de vez en cuando. Si no tiras los apuntes, es por sentimentalismo.

Luego, sales de viaje y suceden cosas raras con eso del shock lingüístico. Una amiga no podía evitar mezclar el inglés con el alemán: menudo número, pedir la habitación "sechs" en un hotel de territorio libra esterlina, que suena casi literalmente "sex".

También se dan situaciones embarazosas cuando alguien te pregunta algo amparándose en tu condición de "autoridad" sobre una materia en la cual posees un título. Le contestarías con gusto que ya no puedes ni dar clases particulares de nivel bachillerato. ¡Lo que costaba prepararlo para el certificado de aptitud pedagógica!

Mucho más tarde, un médico te dice que tu coco va rápido, y eso no es bueno, no. Me ahorro el resto del via crucis del diagnóstico y de los principios de tu nueva vida como drogata legal. Cuanto tomes las pastillas, si te da un globo, te propongo un ejercicio: toma una hoja de papel, y escribe la tabla de multiplicar. Se me ocurrió un día de esos en los que te dices pero bueno, dónde está mi coco, toa drogá, y cometí tres fallos. Esto ya no es sólo cosa de la edad: hay un componente extra dispuesto a joderte la cultura general y a dejarte fuera de partidas de trivial o de cifras y letras que antaño llegué a jugar online con relativo éxito.

El tema del euro. Al final, renuncias a saber qué valen las cosas, o te lo recuerdan en pesetas para escandalizarte. Hay quien lo calcula al dedillo y lo vive con normalidad, pero para mí es como multiplicar por el número pi.

Ahora mismo se me ocurre que quizá no sabría colocar los pronoms febles del catalán en su orden correcto. Creo que es el tema más difícil de esta lengua, y me lo sabía bien, desde mi infancia. Me cuesta acentuar bien y usar preposiciones castellanas y catalanas, pero por lo menos no suena tan mal la cosa como "lo del seis". Hace poco, un madrileño que había trabajado años en Catalunya se reía cuando soltaba algo que pasa inadvertido para otros, "sí, sí que tienes acento" (por favor, esto me toca las narices en especial) y el "ja, ja, esto es de allí", y a mí no me hacía ninguna gracia. Ese castellano mestizo me acompañará de por vida, pero es algo tan español como el laísmo y la mala conjugación del imperativo de aquí, por lo que sostengo que a pesar de lo que relato, Barcelona es un magnífico lugar para aprender el español si eres extranjero.

Tengo por ahí un artículo, incompleto en cuatro neuronas inconexas a pesar de que me interesó mucho, y qué rabia no poder explicar algo que importa, esta es otra que duele relacionado con el tema de este post, que habla del fenómeno de ir cambiando de lenguas; lo que recuerdo es que era asimilado a alguna patología neurológica, y me hizo gracia la cosa porque eso es moneda común en cualquier reunión social en Barcelona, y es algo que se tiene que contar por aquí (aquí, aquí es Madrid).

Sucede que cuando te presentan a alguien, importa lo mismo recordar cómo se llama, que en qué lengua se habla. Es decir, mientras te preguntas las cuatro chorradas habituales, te vas a interesar por su acento, y si no lo tiene, o bien hablas en la lengua que has sido presentado, o llegas a un consenso. Si te presentan en castellano, así empiezas, pero en un momento dado puedes preguntar si el catalán es lengua materna y ahí, si se decide, esa lengua será la que usarás para acabar de conocer y comunicarte en lo sucesivo con esa persona. Ese consenso puede ser instantáneo o constituir una pequeña negociación que puede durar incluso días, pues su cometido es sentirte cómodo hablando con esa persona, de por vida. Lo cual es un obstáculo para un amigo vasco que cuando pudo y quiso empezar a practicar su catalán, no podía hacerlo con ninguno de sus amigos en Barcelona.

De forma que si me he explicado bien, en ese entorno bilingüe, tienes un porcentaje de interlocutores en catalán y otro en castellano. Si alguien no bilingüe está presente, no catalán, la cortesía se inclinará hacia su lengua, y la falta de cortesía es algo penalizable incluso entre catalanes, pero será inevitable que cueste dirigirse en castellano a alguien catalano-hablante para ti.

Yo me dirijo a mi hermano en castellano, por ejemplo. No así a su mujer. Me importa un bledo que entre ellos hablen en catalán. Hablar a mi hermano en catalán me incomoda más que hacerlo, por decir algo, en francés. La situación resultante: en una mesa, si cuento algo, mientras mire a mi hermano lo haré en castellano, y si cambio la vista hacia ella, mi discurso también lo hará de lengua, quizá en medio de una frase que todavía no ha acabado. Hablar en castellano hacia mi cuñada me resulta igual de impensable. El resultado es un poti-poti de lengua romance en el que todos nos entenderemos, pero es algo que choca visto desde fuera. Es parte de nuestra etiqueta.

Este ejercicio tampoco resulta fácil cuando vas chutada de algo, porque pierdes agilidad mental, con lo que se va a la porra la fluidez. Eso sí es un problema, porque resultas incompetente tanto en una cosa como en la otra: no encuentras la palabra, o lo haces en la lengua que no corresponde. Mal asunto, si las circunstancias exigen cierta verborrea, como cuando tienes que aprobar el examen oral "qué es de tu vida en Madrid".

Mal asunto también, escribir este post bajo los efectos de las pastillas. Le pediré a los Reyes un scrabble. Y a ver si encuentro mis gafas de una puñetera vez: este gran despiste me está poniendo a prueba.

***

Juegos de mesa y vida

Juegos de mesa y vida

Me han contado de una matemática que se sentía satisfecha de sacar algún provecho a su cabecita bien amueblada en tiempo de ocio jugando al bridge.

El ajedrez sigue siendo el rey de los juegos, pero el cálculo requerido es mucho mayor.

Conocí a un matemático, entusiasta del ajedrez. Tenía una mente maravillosa, capaz de calcular toda la partida al abrirla. Se le calentaban demasiado las neuronas en todas las combinaciones a menudo que el juego avanzaba, y aunque ganase, el juego ya no podía ser placentero, pues acababa agotado, de tal forma que acabó pidiendo consejo a un profesional. Le prohibió volver a jugar. La cosa ya se pasa de la raya cuando juegas partidas también allí donde deberías soñar con los angelitos.

Yo también calculo las partidas que juego en la vida real, pero no todas, ello no es posible. Sólo las que me recuerdan al ajedrez, las que empiezan formalmente, con movimientos que dan a entender que hay reglas que los dos bandos respetan. No es divertido ir calculando sin querer, te carcome el coco, y lo notas. Y más, cuando no puedes evitar que otros que diseñaste en el pasado cortocircuiten en la intersección. No todo ha de ser igual, no tienen por qué repetirse los hechos, pero sí sabes que tú puedes acabar mal, mal de la cabeza, porque te pasó antes cuando jugaste y el sólo agotamiento te impidió llegar al final por muerte súbita del ánimo.

Eso no puede impedírmelo un médico, no adelanto acontecimientos sino que tengo presentes la mayoría como probables o no, pero sé que me hace daño avanzar, sé que juego día y noche. Por lo que llego a la conclusión de que a veces "sobra cabeza" para jugar en el tablero de la vida, pues casi nada tiene lógica, ni reglas, ni siquiera valores elementales de ética y de conducta. A veces pienso que los humanos nos relacionamos como animales, sin usar nuestra razón.

En el momento en que esto deja de ser así, empieza la Partida. Es un placer encontrar un buen rival, y reencontrarse con una mente que razona con clara lucidez, y a ritmo de velocidad bipolar, a algo que los psiquiatras juzgan como un negativo "te funciona rápido la cabeza", y eso parece que no es bueno, tampoco es bueno que tengas ese adversario que te pone a prueba porque no es bueno andar con gente que te acelere, y por ello debo inferir que para pisar el planeta, sobran neuronas por todas partes.

Sobra gente que se complique la vida, acaban-mos marginados en "minorías como la 2". Es muy triste que te prohíban jugar al ajedrez. Es todavía más triste que tú te lo autoprohíbas porque ya no sabes a qué jugar, y encima tus contrincantes están ¿como tú?

¿Hasta qué punto no jugamos una partida con el psiquiatra, en su terreno? ¿Es digno rival? ¿Te lo has preguntado alguna vez? Vayamos al no, directamente. Si no lo es, hazte un favor: cambia de psiquiatra. No puedes ser más lúcido que él o la partida, en esa selva sin reglas lógicas, es tuya, y no te conviene.

Al contrario, te ha de conocer y saldrás de la consulta perdiendo entonces, pues pondrá precio a esa cabeza que funciona rápido con algo fashion -atípicos, les llaman- y eficaz. Él ha de ser quien gane, ha de poner un collar a tu inteligencia, velocidad y poder para que estés convencido de que esa pauta es lo mejor para ti, caiga quien caiga, hasta tus partidas.

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Euforia colectiva

Euforia colectiva

Barcelona, 1988. Escenario: Montjuïch i Camp Nou.

Agosto: concierto de Springsteen & The E Street Band, gira "Tunnel of love"

Septiembre: Festa de la Mercè, Festa del Treball en la Recta de l'Estadi.

Septiembre: Concierto de Amnistía Internacional. Cartel: Bruce Springsteen & The E Street Band, El último de la fila, Peter Gabriel, Sting, Tracy Chapman, Youssou N'Dour.

(Octubre 1986: Se nomina a la ciudad sede de los Juegos Olímpicos de 1992).

Creo que nunca he sido más feliz.

¿Maníaca? Pues 80.000 había en el Camp Nou, y cerca de un millón en la Recta de l'Estadi y también en María Cristina dos años antes vitoreando "guapo" al alcalde.

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Casi llegó a los Treinta-y-todos

A veces reconozco que queda fuerte el afirmar que no quiero morir sin haber hecho esto o lo otro. Como si fuese a hacerlo justo después. Pues no.

A veces, esas cosas están en una lista que siempre prefiero romper, cómo frustra saber que sólo un hecho excepcional podrá llevarte a cumplir uno de esos deseos. O que está tan al alcance de tu mano que no te perdonarás nunca el no haberlo hecho, y ese es el peor escenario.

Otras, eso que de repente descubres como un renglón de tu autobiografía, se presentan fuera de la lista, porque sí, un día cualquiera, y como dice quien me conoce en mi versión "maníaca-todo para ya": no podías vivir sin eso, lo necesitabas y venga, es quererlo y tenerlo. Y me digo: si es dinero, pues bueno, en cierta pequeña cantidad que me puedo permitir pagar a crédito no es tan grave, y de perdidos al río que dicen por ahí, es más, me digo incluso que si ese es el único problema (sólo la muerte no tiene solución) de vez en cuando, dejadme llevar por Carpe Diem y sabré que estoy viva y no vivegetalizando.

No deja de ser una frase hecha, no moriré sin hacer tal. Pero para mí no deja de ser un pequeño aliciente cuando pienso en el suicidio. Además, dudo mucho de que en mi lecho de muerte me plantee que no he vuelto a una isla del Mediterráneo. Más bien me diría que hice bien en venir a Madrid, porque aquí mejoré y reí. Sólo me arrepentiría de cosas que no he dicho en vida a seres queridos y poco a poco va e irá remediándose.

El año pasado manifesté mi voluntad de donar lo que pudiese, pero hoy sé que ni mis córneas se aceptarían por ese "por todo lo que tomas", así que soy reciclable en el contenedor orgánico y punto, que materia soy y materia inerte seré.

Pero bueno, hoy felicitadme, porque no sabremos nunca si llegaré a los trentaytodos, que dijo con mucho acierto la última amiga que los cumplió, y detrás de mí hay dos más de la colla que pueden temblar también con la idea de que el próximo será cuarenta-estrenados.

¿Que quién los pillase? Pues no sé yo, los pillo ahora que es mi turno, celebro haber llegado hasta aquí que trabajo me ha costado y no sé si llegaré a los tuyos.

Y por si no llego a los míos, pues eso, felicitadme ahora aunque hasta la medianoche del día 24 no querría dejar de respirar, tengo entradas que me he regalado y celebraré mis trentaytodos en un día de no-cumpleaños muy muy especial porque me va a felicitar el sonido en directo del Bruce que decimos allí, voy a ser parte de ese público que engrosé hace años, parte de la leyenda Springsteen-Barcelona de nuevo, y no veo el momento, tanto es así que ni duermo ya y me va a caer un regalito del psiquiatra ya mismo.

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El poder de un escenario

El poder de un escenario

Me da que Robbie ha ciclado: http://www.20minutos.es/noticia/158278/0/robbie/williams/depresion/

Esto no se hace en depresión. Estos puntazos me recuerdan a las huídas que yo misma he dado en hipomanía.

En un escenario, cualquier cantante que se arroja al público en "algo más que su trabajo" experimenta euforia, ese "salirse", que es comparable a la manía bipolar. También están maníacos, si hablamos así, todos los fans que arrojan su alma a la vez ante ese escenario. Si has vivido el concierto en tus carnes es que has tocado ese extremo que el bipolar conoce muy bien, eso es humano aunque excepcional en lo anímico.

Desde mi adolescencia piso plazas de toros, palacios de deportes y grandes avenidas cortadas, las piso para saltar en ellas, alguien llena el escenario y muchos miles lo notamos.

La última vez que me atreví a entrar en multitudes fue el pasado febrero, Depeche Mode. Me disgustó comprar las entradas con tanta anticipación pues nunca se sabe dónde y cómo andaremos a meses vista, ni siquiera si estarás de ánimo para ir.

Hoy puede que relea escritos, algunos que conservo, sobre los conciertos a los que fui hace años. Recuerdo "el poder de un estadio", pero ahí están las palabras y no voy a volver a inventarlas, ya copiaré algo para colgar.

Guardaba celosamente las entradas desde los 80 y no sé cuándo se perdieron. Conservo sólo algunas de las muchas que me importaron, y que mereció guardar no sólo por coleccionismo personal. Entrar a ver a según quién en el Estadi Olímpic equivalía a "muchos cines". Se iba el regalito en metálico de navidades o cumpleaños en esa entrada, muchas veces. Valía la pena.

Dentro de veinte días, llueva o nieve, estaré en Palau Sant Jordi. Creí alucinar cuando vi entradas a la venta pues se agotaron el primer día pero en la central de reservas confirmaron la transacción.

Sí, luché mucho contra el impulso, dos días enteros, pero me di por derrotada cuando descubrí a la venta buenas localidades y si todos los que llenan el Sant Jordi están maníacos, pues mejor lo pasaremos.

Me importa un bledo haberme arruinado, es la mejor causa que podía encontrar. Me gustará incluso peregrinar a Barcelona, la ciudad a la que Bruce ama, y ahora no veo el momento de hacerlo, de tener esas entradas en mi mano para decirme que no, que no es un delirio. Que hace 20 años allí estábamos, y que volveremos a vernos.

No quería morir sin ver de nuevo al Boss.

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Los tomates

Los tomates que me trajeron unos amigos "del pueblo", de la mata casi, tomates de verdad con sabor a tomate, despertaron en mí el anhelo de que eso no fuese un privilegio, de no tener que abrir una bandeja de tomates clónicos para ensalada, insípidos y carísimos, que están ahí en la nevera...

Recordé el huerto de mi abuelo. Los huertos, mejor dicho. El primero que yo conocí estaba en plena ciudad, cercano a su trabajo en la zona del Clot; el segundo, ya fuera de la ciudad. Siempre recuerdo a mi queridísimo y difunto abuelo en su huerto, con sus recios antiguos pantalones azules, quizá un viejo uniforme de trabajo, apenas sostenidos por el cinturón y una camiseta de las que usaban los hombres como ropa interior. Sus ingeniosas ideas, mi abuelo tenía ideas "de bombero", para, por ejemplo, hacer llegar el agua a sus cultivos. Recuerdo poco y mucho. Recuerdo que como me gustaban tanto los tomates pequeñitos (los que ahora llaman cherry en el supermercado, no tienen gusto a nada pero resultan ideales para las ensaladas de diseño de moda en la ciudad), tenía un par de matas, y como los tomates son así, cuando maduraban, lo hacían todos a la vez pero siempre quedaban unos verdes para la semana siguiente, de forma que el festín estaba asegurado durante el verano que pasaba con los abuelos y la familia. Me los comía de la mata, apenas lavados con la manguera o un cubo de agua, como si fuesen bombones, mejor que cualquier bombón.

La ceremonia del abono. Las bolsas de semillas. La ceremonia del sulfato. Y un año al menos recuerdo que había tantos tomates que se hizo conserva. Había más cosas en el huerto, claro. Calabacines, quizá. Judías verdes. Guisantes. Sí, ahora recuerdo vaciar vainas y comerme la mitad del contenido cada una, así que poco aportaba al cuenco. Qué buenos son los guisantes que no han respirado aire alguno, y no los como desde que era una cría.

El huerto se fue con mi abuelo, pues el resto de la familia quiso y no pudo seguir en ello, demasiada vocación y trabajo son necesarios y entonces lo entendí. Veo ese terreno con algo parecido a césped. Murieron pinos y alguna encina para dar paso a los tomates y ahora ni pinos hay ahí. Vacío y recuerdos. Recuerdos ahora alegres.

Mi padre se ha puesto a ello en su pueblo, una vez jubilado. El año pasado la familia disfrutó de momentos divertidos en la huerta de mi padre, las fotos no mienten cuando se hacen sin que el otro pose. Las tomateras allí no estaban sujetas con cañas e hilos, de forma que el peso de los tomates los dejaba a ras de suelo y venga a agacharse y abrir mucho los ojos para no dejarse un fruto maduro entre tantas hojas. Y salir de esa selva con las manos casi negras y ese olor tan bueno y puro en ellas. Y el botín, aromático hasta decir basta pues me está drogando, esto es impensable en la ciudad.

Ayer, tras comer ese lujo asiático, me vino a la cabeza de nuevo la idea de vivir en un lugar donde pudiese tener mi huerto. A poco aspiro, a comer tomates de verdad, y por qué no, guisantes de verdad.

Me veo poniendo tiesas a las tomateras a medida que crecen con palos, cañas... ese hilo blanco o naranja que no sé cómo se llama pero cada vez que lo veo pienso en mi abuelo. Me imagino en mi propia huerta, teniendo una actividad física agotadora y gratificante. Eso me pide el psiquiatra, en el fondo. Por qué se lo pide a un bicho de asfalto, lo ignoro. Mi sueño es esa huerta y sus frutos, no un curso de gilipolleces en un centro cívico.

Quizás...

Quizá todavía exista un pueblo bien comunicado con la ciudad que está claro necesito para la atención médica. Quizá pueda pagar un alquiler módico por una casita con un trocito de tierra. Quizá mi espalda soporte ese trabajo. Quizá pueda ser miembro de una pequeña comunidad donde no hay secretos y la puerta está siempre abierta a visitas inesperadas que ahora tanto me enervan. Quizá ya no tenga efectos secundarios que delaten abiertamente que tomo cosas raras. Quizá debiera comprar la medicación en la ciudad, lejos del cotilleo inevitable. Si lo supiesen en el pueblo, pasaría lo que pasa: que "la loca" está bien, pero me mirarán con el "a ver qué día hace una locura", ese estigma, ese estar a prueba constante ante los demás...

Quizá en unos años, si todo va bien, pueda irme a un pueblo, y entonces, sí empezar de nuevo, o acabar mis días.

Tener una casa en el que sería Mi Pueblo, y como mi casa es la casa de mis amigos por definición, decir como mi padre: "la posada está abierta"...

Que un bicho de oficina se ensucie con tierra a diario. Que ya pase del todo de eso de tener cines y teatros a tiro de piedra. Que el aire puro me disuada de tanto fumar. Que comprar en el mercadillo sea cosa de cada jueves y no una actividad turística. Por cierto, ¿por qué no tener un par de gallinas y también recolectar un huevo que pueda tomar casi crudo para desayunar?

Mi sueño, tener mis propios tomates, regados con aceite de verdad también. Esperar con ilusión el momento en el que el fruto asoma y va crecer y madurar. Comerlos como algo de cada día recién recogidos de la mata y no como lujo, y tener la satisfacción de llevar a mis amigos y familia parte del fruto de mi trabajo y de mi huerto. Y, por qué no, qué cachondo sería obsequiar también a mi psiquiatra con algo ya no sólo bueno buenísimo y placer exótico, sino terapéutico, pues lo ofrecería con la mejor de mis sonrisas.

¿Y si mi sueño, en realidad, fuese tan sólo sonreír, y que me saliesen patas de gallo enormes para que todo el mundo, sin ser yo consciente por ser mi realidad cotidiana, viese que por fin sonrío a la vida?

*** 

P.D. Estoy muy satisfecha de este post. Cuando tenga tiempo y le ponga una foto, será una hecha por mí, pues creo que alguna tengo de la huerta de mi padre. Su tema era "Sueños, ensueños, pájaras" pero lo cambié por "Blue, persona"... quizá, quizá, acabe en "Nueva vida".

P.D.2. El pasado 25/05/2006, acabo el post con: "He recordado la serie de posts del "Insomnio raro". Debería vivir en el campo y dedicarme a la jardinería, y no bromeo, pero una de dos: o es demasiado pronto, o es demasiado tarde." 

Encontrarse a uno mismo, a fecha de hoy

Encontrarse a uno mismo, a fecha de hoy

Texto escrito el pasado 8 de noviembre


[Blue] está encontrando sus emociones, después de mucho tiempo. Hubo una época en la que se disfrazó de androide para protegerse y disfrazar su desnudez (1).

Equivale a decir que se está conociendo y reconociendo, reconstruyendo.

El proceso vital más duro que he vivido, es este. Saber quién soy cuando me miro al espejo, y todavía no lo tengo claro, pero sé que ha de llegar poco a poco.
Es una especie de rehabilitación, y he recordado aquella película donde Harrison Ford, "Henry", se encuentra como un extraño en su propia casa. Ha perdido la memoria, y todo es desconcertante, empezar de cero pero con escaso o nulo margen para modificar lo que ya estaba construido, o vivido.
Lo es, pero con un par, ¿acaso todo el mundo sabe quién es, o se lo ha planteado? A veces, pensar demasiado es malo. Hay que mirar hacia adelante, sentir y no pensar, y quizá nuestros actos nos darán alguna pista de quién somos.
A veces me sorprendo cuando digo o algo algo, me sorprende este nuevo Yo que antes no era así, y no me desagrada, porque le veo más seguro de sí mismo.
Y a quien no le guste, a hacer puñetas, los bichos raros acabamos encontrándonos, eso está demostrado. Hasta a ellos desconcierta una mujer que pisa fuerte y dice lo que quiere, pues así me he educado, desde la adolescencia, entre hombres, como igual (...) Tengo dos caras, como dos opiniones para todo, y por supuesto la mía.
Además, quién soy, soy lo que amanezco, nunca te bañas dos veces en el mismo río, dijo el sabio Heráclito. He dejado de mirarme o esperar encontrarme como algo estático, he comprendido que la vida va dejando huella día a día y eso se nota, por ejemplo, cuando has de hacer un repaso de lo que ha sido tu mes, para que un médico te diga que tienes la cabeza en su sitio o se te está cayendo un tornillo.
Y es cuando me doy cuenta de que sigo creciendo y cada día soy [Blue] a fecha de hoy. Qué más quiero, me miro al espejo y me doy el ok. No tiene mérito ahora, pero estuve mucho tiempo sin mirarme, muchos meses, quizá por miedo a lo que tenía delante.
Viva yo. No tengo abuelas pero aprendí mucho de ellas, fueron grandes mujeres (...). Yo hablo por los codos en msn spaces y en blogia, y a quien no le guste, que cambie de página.
Yo también me estoy muriendo ya, qué coño, cada día renazco y me meto en el río ese, que empieza a estar demasiado frío para meterse, hay que hacer un esfuerzo.
Con un par, y Viva Yo. (3)
... ... ...

(1) Un día escribí: "Experimentar emociones, lo que diferencia a un androide de un ser humano".

(2) Al mismo río entras y no entras, pues eres y no eres [el mismo]. Heráclito de Éfeso.

(3) (Respuesta a un comentario) "No es un lamento, es una autoafirmación, dije que era un proceso nuevo y también doloroso, eso sí, pero es como cuando te ves recién depilada, ha valido la pena. Me siento satisfecha, aunque nadie regala nada y he de seguir en ello, y compensa".

*** 

P.D. A veces me releo, y flipo. Encontrarse a uno mismo cuando está pisando el suelo real puede dar lugar a un texto valiente o entusiasta como este. Realmente, es Blue a fecha 8 de noviembre de 2005, y ha llovido bastante. Quizá haya avanzado en ese proceso, pues... nada, el río explica muchas cosas.

Pasado de moda

Pasado de moda

Recuerdo esas listas, "in", "out", de las revistas, un pequeño espacio donde la super-tendencia que justo empezabas a aceptar, de repente se iba al otro lado.

Ahora, al parecer, ya no se lleva el uso y disfrute de lo que hay dentro de la cabeza. Hace poco tiempo, un single me sometió al tercer grado y ayer hice algo parecido con otro que se conectó, a la espera de dar el sí a la ansiada cita. Sus respuestas contenían invariablemente jajajaja por un tubo. Y me pregunté: bueno, reír es uno de tus objetivos, ¿no es cierto? Sí, pero para mí ya no tiene sentido reír ante unas rondas de cerveza. Poca cosa había que sacar al sujeto sobre el papel, y sobre el papel, aunque uno no tenga muchas tablas en internet, hay muchas armas.

Es tan tonto como que se acojonen cuando contesto a qué he estudiado. Esa exacerbada actitud de respeto ante un título ya lo dice todo. En mi primer ingreso conocí a un tío muy majo, que de vez en cuando soltaba eso de "tú eres una mujer con estudios"... me sentaba mal, si yo buscaba su compañía y amistad era porque me parecía buena persona pero al parecer había ahí una fractura insalvable. Sigue sucediendo.

Buena parte de mis amigos no tienen títulos superiores, ni puñetera falta que hace. Los años sólo han salvado a los licenciados que ya nos conocíamos del instituto, y mis amigos... nunca he hecho dos listas, tú sí tienes el papel y tú no. Es un papel y lo que importan son otras cosas, importa la Persona.

En realidad, la gente más inculta y pedante a la vez que he conocido, se presentaba con un título universitario. La sabiduría no está en ese papel firmado por SSMM El Rey que tantos se precian en lucir en su casa. El mío, por cierto... tardé como un par de años en recogerlo después del aviso, y está enrollado por ahí dentro de un sobre, supongo que en Barcelona, pues no lo veo por aquí y nunca lo enmarcaría.

Lo que está pasado de moda es un título que ya lleva unos 15 años de validez, y más si no se ha ejercido. Pero la posesión de ese papel es y sigue siendo un handicap propio y ajeno. Y eso de no ejercer... el otro día me vi en el rol de tutora de un joven de mente inquieta, sensación por cierto inquietante para mí pero la vocación viene de vez en cuando.

El caso es que el single este se va a quedar sin cita. No por falta de estudios, pues si no lo dejé claro antes, ahora afirmo que es más importante la trayectoria profesional sólida en mi opinión. Su expresión escrita era correcta y eso me basta. Es simpático, pero yo no vivo del "jajaja". Seguramente me haría bien algo de frivolidad por un día, pero sé perfectamente que a este single no le voy a ofrecer frivolidad alguna (no esoy para el jajaja) y encima me sentiría culpable por pisar la noche. Cita condenada al fracaso, mejor no tenerla. Game over y me tomo las pastillas, ya.

Tengo dos ases en la manga, que nadie sufra. Estos sí prometen, de momento. Tenía tres hace un rato pero esto de "beber en un baso" y "en el templo de Devod" me llegó al alma. ¿Estabilidad? El mundo single no es estable, de tres contactos pasas a dos -también ellos te rechazan- y mañana quizá tengas cinco, a saber. El tiempo pasa y yo no tengo prisa, aprendí a pescar con mi padre.

P.D. Y agradezco a quien ya sabe el link que nos surte de contactos gratis...

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Sueños y pesadillas académicas

Sueños y pesadillas académicas

El otro día leí un artículo muy interesante sobre los sueños. Los que se tienen con más frecuencia, estudios en mano. Me identifiqué con varios, pero hay uno en concreto que cuando viene, me pone muy mala.

Sueño que estoy en en plena selectividad (duraba dos días), me juego el acceso a la universidad. Todavía recuerdo las aulas de esas pruebas y las últimas chuletas-resumen que estudiábamos entre uno y otro examen. Las notas de corte, las mínimas para entrar en cualquier centro universitario, iban a ser muy altas esta vez. Demasiados baby-boomers haciendo presión en el sistema.

Sueño que todavía no me he licenciado. Vuelvo a otra aula en plena clase esta vez.

"Un 40% de las personas sueña alguna vez que tiene problemas al realizar un examen. Según Garfield, las sensaciones de temor y estrés que vivimos cuando nos enfrentamos a los primeros exámenes en la escuela son tan intensas que perduran durante toda nuestra vida. Los sueños en los que de repente tenemos que enfrentarnos a un examen que no nos habíamos preparado o que, sencillamente, no resolvemos bien, están muy probablemente relacionados con la autoestima. Reflejarían que, en la vida real, no nos sentimos lo suficientemente preparados para realizar alguna tarea o afrontar determinado reto, o bien, que tememos defraudar a los demás. Otra versión del mismo sueño, muy frecuente, es la de no ser capaz de encontrar el aula donde va a tener lugar el examen, con la consiguiente sensación de angustia."

(http://www.elmundo.es/suplementos/magazine/2006/344/1146245637.html)

En realidad, obtuve un 7,5 si la memoria no me engaña en la selectividad y me licencié con una media de notable.

Y sí, la vida "real" es una putada.

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Casa Single

Casa Single

"¿Se mueven tus yogures?", asunto de un mensaje que me envía un single para romper el hielo. Estoy a punto de borrarlo, esto me suena a que está hablando de mis pechos antes de haber sido presentados. Pues no, su mail es un monólogo supuestamente original que habla de la nevera de un single. No lo conservo, lástima.

Mucho mito. Hay de todo. Vayamos a la caricatura, por supuesto, que recordará a otro lugar común, el del "Rodríguez".

La nevera de un single, según el tópico: cuatro yogures, dos de ellos caducados -los que se mueven-, pan de molde, un brik de leche, un trozo de queso, huevos, algo que empieza a no oler bien pero ya no recuerdas qué es porque está envuelto en papel, cervezas y colas. El congelador, a rebosar de precocinados. Pasta, arroz instantáneo, latas de atún y otras conservas, tomate frito, café y bolsas de aperitivos completan la despensa. Más o menos, no olvidemos el sector vegetariano o el que está a dieta, nada despreciables en el mundo single donde el culto al cuerpo o ya a la salud es importante.

El single suele comer fuera de casa, de menú en una jornada laboral partida, incluso puede que cene algo en el bar de abajo. Porque suele llegar a casa de noche sin ganas de cocinar, y empeoran las cosas si al abrir la nevera es posible que no haya sobras -preciado manjar-, ni siquiera yogures... y nulas ganas de descongelar. No hay problema: para eso está la comida china o la pizza a domicilio. El fin de semana suele hacer escala en casa de sus padres o amigos que le hayan adoptado, donde adorará un potaje quizá antes odiado y lo más seguro es que consiga una fiambrera con algo que ahora es una exquisitez. Los privilegiados comen cada día con mamá. Si el single tiene mucho morro, directamente le lleva a mamá un petate de ropa sucia que trocará por camisas de la anterior entrega planchadas y comida "de verdad".

Hay dos tipos de single: el entrópico, y el anancástico, el caos y el orden. El entrópico te advierte al entrar en su casa que está todo sucio y desordenado (lo mismo dirá de su coche). El anancástico -maniático, diríamos, ese palabro es casi un trastorno de personalidad- nada anuncia, pero a ti se te caen al suelo cuando ves su casa-museo, sin una mota de polvo, con todos sus objetos en un lugar estudiado y armonioso. Y lo peor, cuando te enseña su casa, estupefacción ante la cama hecha (=salir corriendo). El anancástico es muy peligroso, su territorio está demasiado delimitado para que algo o alguien lo desordene.

El buen single no hace su cama, para qué, si se va a meter después. El nórdico disimula algo este hecho, pero tampoco esa facilidad consigue que su habitación se asemeje a la de sus padres. ¿Ventilar? No hay tiempo, "cinco minutos más" y ya sales cagando leches al curro.

¿Dónde se pone la ropa sucia? Llenar una lavadora no es fácil para alguien que vive solo. Normalmente, la escasez de ropa interior avisará de la urgencia del tema. La verás en un montón, en un rincón, y antes de llevarla a la lavadora, registra los bajos de la cama, a la búsqueda del calcetín por emparejar de la última colada.

Acuérdate de tender la ropa después... ¿Planchar? Menos mal que está de moda no hacerlo, un single no está para esas hostias. Mi "silla de planchar" era famosa incluso cuando estuve emparejada: toda la ropa ahí, en una especie de segundo armario de donde rescataba algo que arreglaba mientras tomaba el café para ir al trabajo. Siempre odié esa tarea, y por eso un día escribí aquí que ya ni me reconocía: por fin planchaba porque sí en esta casa, y no por obligación. Estas son cosas de las que suelen encargarse las madres cuando vienen de visita. Pero si te descuidas, Madre te lo ordenará todo tanto que luego no encontrarás nada. De eso se quejan los que tienen asistenta, por cierto, pero no todos se deciden, y es cuando...

... boolas de pelusa reciben al single al abrir su mansión. Si enciende la tv y se apalanca en el sofá, dejará de verlas, ya lo haré el sábado pero el sábado está para salir con los colegas, ya lo haré el domingo pero el domingo está para descansar. La escoba, la plancha, la lavadora, ahí sigue todo confirmando un paisaje peculiar.

El cuarto de baño. Debería estudiarse en serio el bloqueo psicológico del single macho ante el reto de limpiar su baño. Acabas meando de pie, como en los bares, a saber qué gérmenes puedes pillar.

El sofá. Fundamental pieza en la casa single, ahí se cuece todo. Mesita anexa para la cerveza o la cena, un single no pone un mantel cuando come ni lo hace en una mesa grande. Excepción: el anancástico, que rompe con todos los esquemas.

Fregar platos. Problema semejante al de los calcetines. Lo harás cuando percibas que sólo te queda un vaso limpio. Entonces recordarás a cada pieza que laves, que olvidaste el prelavado. Rasca, rasca ahora...

En cuanto a la decoración: cada uno en su planeta. Es importante examinar la decoración del hábitat para conocer a su poseedor. Hay quien conserva en lugar visible la foto de su boda o las horrendas figuras que le regalaron entonces (=salir corriendo). Hay quien recupera alguna pasión de su pasado, como los trenes eléctricos. Hay quien se apunta al minimalismo, hay quien por desidia no cambia unos muebles obsoletos que le regalaron cuando se instaló después de su ruptura sin un duro, o son parte del inventario del contrato de alquiler. Porque los hay que viven en su antiguo domicilio conyugal, otros tuvieron que buscarse casa, y los hijos de papá tuvieron su pisito incluso antes de casarse o para no casarse. El single no vive mucho en su casa y para ello, un estudio le vale, y más con lo que cuestan los alquileres.

. . .

Vale, se acabó la teoría más bien acerca del single macho. Ahora... una instantánea de mi casa, habitante: single hembra divorciada.

El ventilador, sobre una silla que tapa la tele apagada. La ropa, recién tendida, doblemente lavada pues ayer olvidé colgarla, gran putada porque de haberlo hecho, hubiese puesto las mismas sábanas ya secas, para qué sacar otras del armario. Un follón de cables por el suelo de los ordenadores que arreglo una vez por semana o por mes. Sobre la mesa auxiliar de la entrada, todo lo que en un momento dado puede ir a parar a mi bolso, pues allí los vacío. El cuarto de baño resistirá todavía un día o dos más sin limpiar. En la encimera de la cocina, botellas de agua vacías y una bolsa de nueces. En la pila, platos de un día prelavados (ayer me harté, lo primero que se me acaban son las cucharillas). En la nevera: botellas de agua fría, y más o menos lo dicho antes sobre la materia, añadamos chocolate y algo de verde envasado. En el congelador, el puñetero caldo de pescado (todavía no sé cocinar para una persona), carne, pescado y precocinados. La tostadora, pobre, aloja hoy dos tostadas que olvidé comer esta mañana. La mesa para seis, vacía, y raro que no haya papeles, claro, los escondí porque esperaba la visita de Mariló (mini-operación camuflaje). Los muebles, a gusto del casero, y no me desagrada del todo su estilo algo sobrio aunque no puse los estores: mis ventanas están abiertas a la fisgona de siempre. Escribo esto desde el imprescindible sofá, protegida la espalda por cojines, sobre la mesa auxiliar, rodeada de: una taza de descafeinado vacía hace horas, mi agenda, el mando del aire, ceniceros y tabaco, dos mecheros, pañuelos de papel, mi cuaderno, el móvil, una libreta, y tres útiles para escribir. ¿Ceniceros? Sí, esa es mi manía (no confundir con manía bipolar): uno en uso, otro "enfriándose", el tercero para tapar el lleno mientras no lo tiro. Son apilables y de colores, en plan pop-art versión chinos.

Mi apartamento es el de una single que le dedica cierto tiempo al día, que marujea un tanto, pero a la que le puede la entropía y ya no lo oculta, pues esas son las leyes de la naturaleza y de su-mi naturaleza. La entropía a nivel doméstico consiste en que un sencillo vistazo da pistas al visitante de cuáles han sido mis movimientos en las últimas horas. Mi casa está preparada para que alguien venga ahora mismo, alguien que me conozca, pues cada día paso la escoba y tiro la mini-basura.

¿Desorden? SÍ. Y... a quien no le guste, que no mire.

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La cara B

La cara B

La cara B, así nombró un amigo a lo que nos queda hasta la muerte, de forma original a la vez que certera. Cercanos o pasados los 40, ya estamos ahí, en el tramo que nos acerca a la muerte, y da que pensar.

Hablo con gente más joven que yo, y me doy perfecta cuenta. Están con su primera o segunda pareja o novio, tienen ilusiones, quieren tener hijos incluso. Empiezan a trabajar en lo que les gusta o para lo que fueron preparados, están llenando un currículo vacío después de la titulación.

Me sorprendo y no me sorprendo cuando mi respuesta remite a “hace 20 años”, “hace 15 años”, “hace 10 años”. Mínimo diez años me separan de esas conversaciones. He pasado ya por todo esto, puedo decirlo orgullosa, porque ya estoy en la cara B de mi vida.

Es tiempo de tener claro que no vas a volver a hacer o repetir lo ya hecho, que ya no queda tanta vida para realizar lo que sí tuviste como sueño. No sabemos cuánto nos queda, pero ya empezamos a asistir a algún entierro de gente de nuestra edad. Somos adultos, somos “de mediana edad”, ni jóvenes ni seniles. Sabemos que en diez años quizá algún achaque nos impida para algo aunque ahí está gente de 50 como una rosa, y de 60 que se jubilan y se dedican a... viajar, o cultivar un huerto, por ejemplo.

Por eso yo al cumplir años, como escribí en un post de “cumpleaños” el pasado octubre, respondo al “ojalá los tuviese” por un “ojalá llegue yo a los tuyos”. Cuando alguien mayor quiere retroceder, no sé si es porque tiene demasiado claro ya lo de la cara B y por tanto miedo al final, o porque cuando se empezó a dar cuenta de que la pisaba, no lo valoró para decidir si su vida tenía el rumbo que la hacía disfrutar el día a día de algo parecido a la felicidad. A veces es tarde para dar marcha atrás.

Todavía no tenía conciencia de estar en la cara B cuando mi ex y yo nos separamos. Lo hicimos conscientes de que merecíamos una segunda oportunidad y no reconciliarnos para llegar al mismo punto años después, quizá tarde ya para eso, quizá con hijos que lo hiciesen más difícil para ambos. Tomamos una buena decisión, los dos pensábamos con la cabeza. Sólo se vive una vez, y a los 30 es buena edad para buscar otro camino que no ofrece nunca garantías, pero sí el de no arrepentirse años después de haberse acomodado en una situación que no satisfacía expectativas vitales. Ya no éramos pareja, no había que darle más vueltas sino buscar soluciones.

Hoy puedo decir que soy una single pero eso es producto de mi época. Algo nuevo, y difícil cómo no para una mujer. Se sigue tolerando socialmente un hombre sin pareja aunque haya cumplido los 40, en cambio una mujer sin pareja a esa edad es una desgraciada, esa es la mentalidad imperante, que tan sólo cambia el vocablo despectivo “solterona” por el fashion y ahora correcto, aunque no hispano, “single”. Cuántas veces me habrán dicho que tenga un perro, por no estar sola. Y qué pasa si estoy sola, es como quiero estar, y sin ataduras pues un perro tiene su esclavitud y en eso pienso, no en que dan mucho cariño, etc. Yo apuesto por pelearme en el reino de las personas, y ya veremos si alguna puede darme cariño, cosa que no voy a delegar en un animal.

El rollo single es raro, es freak, es inconformista. Gente que en su día no se conformó, que buscó otro camino. Quizá no tengamos pareja, pero hemos cultivado otras cosas, nuestra propia vida, nuestros intereses. Quizá busquemos pareja, pero quizá nos hayamos acomodado también en nuestra independencia. Cuando echo un vistazo a mi armario, sé que ya no podría compartirlo. Otros han vuelto a hacerlo en un proceso de adaptación a una segunda o tercera pareja, yo misma, pero cada vez es más difícil renunciar a territorio.

Echo un vistazo a los matrimonios con hijos. Muchos dejaron de ser pareja para convertirse en padres, y siguen conviviendo por esta razón, poderosa pero a costa de su propia satisfacción vital. Seriedad, responsabilidad, y ser consecuente con eso, dormir con alguien que ya no es tu pareja. Y no digo que no haya matrimonios o parejas de hecho felices, no. Sólo se quejan los que no lo son, y no siempre lo hacen a no ser que seas íntimo, o bien un perfecto desconocido por Internet.

Muchos amigos cibernéticos desconectan a la hora de cenar, bien porque hayan de cocinarla, bien porque hay gente en la mesa esperando. Es cuando te planteas que eres libre para cenar cuando tengas hambre y no a la hora de siempre. Que podrías estar por el centro, ir al cine, comer algo fuera, y volver habiendo hecho algo que a ti te gustaba, como ver la peli a la que ninguno de tus amigos se apuntaba. Libre, para hacerlo o no.

Libre para decidir qué quieres, ahora que estás en la cara B. Haz hoy mismo algo de lo que tengas pendiente en tus deseos, pues mañana puede ser tarde ya. Nada te impide hacerlo si eres single, sólo salud y dinero.

El dicho es: “hoy es el primer día del resto de tu vida”. Lo que hay que hacer: “a la vejez, viruelas”.

El otro día recibí un power point no del todo cursi. Su mensaje era que sin amor nada puede hacerse. No es papel mojado del todo para un single, que a veces desearía sentir eso, pues en su día muchos lo tuvimos. Pero todos hemos de seguir con “lo que hay”, y no habrá amor, pero sí libertad, y hay que jugar con las cartas que se tienen en la mano, cada vez menos, en la cara B.

P.D. Mi amigo me recuerda que es necesario tener los 40 cumplidos para “ingresar” en el “Club de la cara B”. No le he respondido “ojalá llegue”.

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Tai Chi Chuan

Tai Chi Chuan

Una mañana de 2003, ya de baja laboral, me obligué a bajar al parque. Vi a un grupo haciendo Tai Chi. Me quedé de pie mirándoles. Hablé con el profesor cuando la clase terminó. Pero nunca fui a la sesión siguiente a la que me invitó. Eran a las 9 un par de días por semana, y yo raramente estaba despierta a esa hora. Vivía de noche ya, en mi perpetuo insomnio. Ya estaba muy mal.

...

En mi último gimnasio, principio de septiembre de 2002, me metí en una clase de Tai Chi, de Tai Chi Chuan. Empezaba un nuevo curso. Me impresionó la sesión de bienvenida que nos dio a unos pocos interesados el profesor. Afirmó que para hacer Tai Chi "contemporáneo", “el de los parques”, estábamos a tiempo, hasta la tercera edad. No para practicar el Tai Chi clásico, un arte marcial. Decidí asistir al grupo, pasando de steps y aerobics.

Primer fallo: no era un monitor de gimnasio, ni un profesor. Era “el Maestro”. Me contaron que su aprendizaje fue de unos 15 años en China. Ríete de Uma Thurman en "Kill Bill" de Tarantino.

El protocolo era muy rígido. No estaba permitido llegar tarde ni cinco minutos, o te quedabas de observador en un rincón de la clase, hasta que con un gesto el Maestro te permitía entrar. No siempre se podía llegar puntual desde el trabajo.

El Maestro vestía de negro de pies a cabeza. Yo pregunté por estos rituales y normas que nadie me había contado a otros alumnos, y supe que sólo él podía vestir de negro integralmente. Saludo al principio y al final de la sesión, no sé si llamarla sesión o clase ahora. En clase, el trato era “de usted”, fuera nos tuteábamos. Un hombre rubio, ataviado de negro, y hablando chino, realmente eran sensaciones nuevas.

Llegué descalza a la clase, pensando que sería una especie de yoga, menudo error. Tuve que comprarme en plan urgencias unas deportivas de las de correr. Son las que sigo usando ahora aunque están destrozadas, me salió bien la compra de oferta.

Un alumno con algo de experiencia era asignado a novatos como yo, y para él era un honor, como también el que el Maestro delegase en otro los ejercicios de calentamiento. Más tarde, la clase se convertía en una coreografía de movimientos por parte de los alumnos avanzados, que se movían a las órdenes en chino del Maestro, que en efecto, eran propios de artes marciales. Hermoso e impresionante espectáculo. Movimientos suaves, estudiados, memorizados, y enérgicos.

Todo esto me pareció muy marcial. Disciplina. Sacrificio, las rodillas machacadas. Me encantaba la sensación de estar haciendo la mili. Y de aprender a dar una patada bien dada, que en mi imaginación iba a los testículos de mi jefecillo y en general a todos aquellos que me miraban por encima del hombro. Me sentía bien en posición, podía atacar y defenderme a la vez, pero no me dio tiempo a aprender a hacerlo, a luchar. Bueno, a veces las apariencias lo son todo, y todavía sé ponerme así, cuidadito conmigo que recuerdo perfectamente la patada.

El gimnasio estaba cerca del trabajo pero lejos de casa, así que abandoné las clases cuando caí de baja, episodio ya incontrolable cuando en la empresa se desató un follón de mil diablos que me dejó tiesa, al mes escaso del principio de mi aprendizaje. Apenas completé la secuencia entera del primer movimiento, pero leí mucho sobre el tema mientras albergaba esperanzas de volver y practicaba en el salón.

Fue un mes muy intenso, aprendí poco pero mucho. Han pasado los años y lamento no haber podido continuar con ese Tai Chi Chuan, milenario duro y hermoso, aunque me abrió puertas en la mente. Ahora no podría seguir con estos huesos descalcificados, y el aprendizaje dura varios años, toda la vida en realidad, porque no he hablado de otras cosas como de las antiguas armas chinas.

Sólo me queda la práctica del contemporáneo en los parques. No es una idea que ahora mismo me atraiga, sólo por memorizar los movimientos, algo que para mí resultó difícil también con el yoga en su día, en especial el insufrible “saludo al sol”.

Nadar es más fácil, sí, y ya he encontrado el gorro.

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P.D. Hoy los párrafos se distancian como les da la gana, aunque yo los veo bien en la ventana desde la que escribo el código dice otra cosa y ya tomé las pastillas para arreglar nada. Le voy a dar una patada a mi antiguo manual de HTML un día de estos, y todos los posts se pondrán tiesos.

Un favor os pido

A los lectores que no tomáis medicación.

Donad sangre.

No duele, sólo un pinchazo, te dan de comer algo después, y quizá un pequeño obsequio.

Mi grupo es O+, y hace años que no se me permite donar, por la medicación. Algo que no volveré a hacer y me producía satisfacción, ahora frustración.

Parece un favor personal tal como lo pido, y lo es. Me sentiría bien si alguien se acercase a un banco de sangre, que aportase por mí algo que yo ya no puedo dar a esta sociedad, pues sociedad somos todos y así funcionamos. Nunca entendí el "la sociedad no me da nada". Yo te di mi sangre, cuando era pura.

"Impura, impura, soy impura", se decía Mina ("Drácula", Bram Stoker)

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Reacción química bipolar

Me preguntas cómo soy.

Cómo es ser bipolar.

Te daré algunas pistas sobre mí...

 

Tengo cara de niña, tengo cara de mujer.

Soy búho, soy alondra.

Soy fría, soy ardiente.

Soy pacífica, soy buena tiradora.

Soy inocente, soy pecadora.

Soy joven, soy vieja.

Soy virgen, soy una profesional.

Soy ingenua, soy intelectual.

Soy paciente, soy impulsiva.

Soy comprensiva, soy intolerante.

Soy llorona, soy una roca.

Soy generosa, soy egoísta.

Soy balada, soy rock'n'roll.

Soy fuerte, soy frágil.

Soy alumna, soy profesora.

Soy silenciosa, soy conversadora.

Soy cariñosa, soy arisca.

Soy libre, soy esclava.

Soy transparente, soy opaca.

Soy susurro, soy grito.

Soy dulce, soy amarga.

Soy una jubilada, soy una ejecutiva.

Soy accesible, soy inexpugnable.

Soy mía, soy tuya.

Soy alegre, soy melancólica.

 

¿Qué soy, en realidad?

Tendrás que hacer algo para averiguarlo.

Catalízame.

Ese resultado, es sólo para ti.

No lo divulgues.

Eres sólo un catalizador.

Otros obtuvieron otro resultado.

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Cuando Blue opina

Cuando Blue opina

Ante una cuestión relativa a relaciones humanas, Blue opina en diferentes frentes:

- como persona ante la persona,

- como amiga ante el amigo o la amiga,

- como mujer ante el hombre o la mujer,

- y finalmente, como bipolar con otro u otra bipolar.

Así suelo opinar, en este orden de factores. Ahí es nada y de cualquier fallo en estas vertientes que aportan sus matices, se derivarán malentendidos.

Como persona, para empezar, entenderé un problema desde el punto de vista racional. Empatizaré como amiga recibiendo entonces las emociones en un proceso paralelo, y seguramente mi género condicionará mi respuesta. Y si se trata de alguien bipolar, quizá haya que tratar cuestiones propias de la enfermedad que puedan estar interfiriendo, incluso originando, el problema.

El blog es bipolar, pues bien, hablaré de algo bipolar. Por ejemplo, no es raro que se produzca una discusión con otro bipolar, por amistad profunda que haya, ya sea por pura susceptibilidad o por algo serio del tipo “no quiero ir al psiki” o el ya casi insulto “estás subido”. Si las cosas van muy mal, esa amistad puede perderse. Porque no se tuvo presente que se lanzaron y dijeron cosas tan apestosas como la vida misma por el dicho “la confianza da asco”, la confianza que se tenían amigos o amigas cuando ya se habían conocido como personas. Y qué más da que la otra persona sea bipolar, has perdido a una persona y a una amistad.

Extrapolable a casos de personas que no padecen el trastorno.

Y cuando Blue opina, también se equivoca, como el resto de humanos.

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Ya pondré fotos... cuando encajen.

Versión original

Versión original

A veces consulto la programación de tv, a la búsqueda de películas, y lo hago en http://www.laguiatv.com/

El otro día emitían "¿Conoces a Joe Black?"

Título original: Meet Joe Black
Director: Martin Brest
Productor: Martin Brest
Género: Fantástica
Año: 1998
Origen: EE.UU.
Duración: 173 minutos
Rating: Todos los públicos
Intérpretes: Anthony Hopkins, Brad Pitt, Claire Forlani

Suelo acudir a esta página en busca de la crítica mordaz, del "si vale la pena o se pierde el tiempo". Quería ver esta película, porque no la conozco, pero este sólo comentario me tiró atrás, bien, en realidad las dos partes del mismo:

Lamentable remake de La muerte de vacaciones, de Mitchell Leisen, en la que la frescura de la original se transforma en una hortera sensiblería con ínfulas de obra maestra capaz incluso de aburrir a las mismísimas paredes.
No se pierdan la versión doblada, con uno de los momentos más hilarantes y ridículos en la historia de nuestro tan laureado doblaje nacional, en el que el actor de doblaje de Brad Pitt pone acento cubano para dirigirse a una señora que ya en la versión española habla castellano (y en la original un perfecto inglés, en serio).

Este es el problema de ver cine comercial en tv, siempre doblado. Estoy en contra del doblaje, pero no hay alternativa en horarios donde uno está despierto si no pone el vídeo en alguna emisión nocturna. Hace poco escuchaba un televisor y pregunté desde otra estancia si actuaba tal actor en esa película, pero no, era otro actor, con la misma voz prestada. Estas cosas me ponen de los nervios, un actor tiene como faceta su voz y ver una película así es como castrarla.

Antes las cintas VHS subtituladas costaban más dinero y eran pocas. Me alegré mucho de la aparición de los DVDs, con opción fácil a subtítulos. Me da igual que sea en chino o ruso y no entienda nada, quiero escuchar lo que se rodó. Y no olvidemos que el doblaje fue el gran aliado de la censura en la época de la dictadura.

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Blue

Blue

el azul,

la tristeza,

el blues,

el frío,

lo erótico...


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Acepciones extraídas de Longman Dictionary of Contemporary English

Eso me dijo Jamaika sobre mi nick... gracias.

Azul turquesa de las aguas del mar, y azul del lapislázuli son mis preferidos. 

Profesores

Profesores

"Los profesores moldean el carácter de sus alumnos"

Algo así ha dicho Kevin Kline, el profesor de historia clásica de "The Emperor’s club", que han emitido esta noche.

He tenido muchos profesores. Había de todo entre ellos. Sólo recuerdo los que tuvieron la vocación necesaria para que algo se fijase en mí para siempre. Los que modelaron mi cabeza, aunque haya perdido memoria y esos manuales estén obsoletos. Dejaron su huella, no sería la misma sin ellos.

"El buen profesor es el que tiene poca historia para contar de sí mismo, sin embargo, es parte de la historia de sus alumnos".

Me gustan estas películas, son un homenaje a mis profesores. No sabría qué decirles, si pudiese hablar con ellos.

Es una profesión muy especial, que no es pagada con dinero. 

Siguen ahí, seguramente, con sus canas ya, peleando en unas generaciones donde el respeto y la disciplina han cambiado tantísimo. Más a su favor.

Gracias.

Me gustaría listarlos, en mi cuaderno.

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Domingo: día de fe

Domingo: día de fe

Me educaron en el catolicismo, y recibí los sacramentos correspondientes. El último, la primera comunión. Luego, me abandonó la fe. A veces la necesito, y la he encontrado, cómo no, en una canción, a la que acudo de vez en cuando.

My Sweet Lord

My sweet lord
Hm, my lord
Hm, my lord

I really want to see you
Really want to be with you
Really want to see you lord
But it takes so long, my lord

My sweet lord
Hm, my lord
Hm, my lord

I really want to know you
Really want to go with you
Really want to show you lord
That it won’t take long, my lord (hallelujah)

My sweet lord (hallelujah)
Hm, my lord (hallelujah)
My sweet lord (hallelujah)

I really want to see you
Really want to see you
Really want to see you, lord
Really want to see you, lord
But it takes so long, my lord (hallelujah)

My sweet lord (hallelujah)
Hm, my lord (hallelujah)
My, my, my lord (hallelujah)

I really want to know you (hallelujah)
Really want to go with you (hallelujah)
Really want to show you lord (aaah)
That it won’t take long, my lord (hallelujah)

Hmm (hallelujah)
My sweet lord (hallelujah)
My, my, lord (hallelujah)

Hm, my lord (hare krishna)
My, my, my lord (hare krishna)
Oh hm, my sweet lord (krishna, krishna)
Oh-uuh-uh (hare hare)

Now, I really want to see you (hare rama)
Really want to be with you (hare rama)
Really want to see you lord (aaah)
But it takes so long, my lord (hallelujah)

Hm, my lord (hallelujah)
My, my, my lord (hare krishna)
My sweet lord (hare krishna)
My sweet lord (krishna krishna)
My lord (hare hare)
Hm, hm (gurur brahma)
Hm, hm (gurur vishnu)
Hm, hm (gurur devo)
Hm, hm (maheshwara)
My sweet lord (gurur sakshaat)
My sweet lord (parabrahma)
My, my, my lord (tasmayi shree)
My, my, my, my lord (guruve namah)
My sweet lord (hare rama)

[fade:]

(hare krishna)
My sweet lord (hare krishna)
My sweet lord (krishna krishna)
My lord (hare hare)

***

Cuando murió George Harrison, brindamos porque sabíamos que estaba con Sweet Lord.