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Carne de Psiquiatra -Trastorno Bipolar

Blue, persona

Hasta luego

Aquí la gente se despide con un "hasta luego". El "adiós" es algo duro, en castellano, para mí, siento que cierra muchas más puertas que el "adéu".

Volveré.

Cuando pueda leer otra vez, ese es mi objetivo.

***

 

Esto no es rock'n'roll

Esto no es rock'n'roll

No ha sido un concierto de rock’n’roll, qué pequeño detalle...

Esto clama venganza, estaré atenta a los próximos conciertos.

Porque ya hablaré del poder de un Estadio.

Porque provoca cambios y estados emocionales muy interesantes.

El espectáculo de hoy ha sido como la vida misma: momentos apoteósicos, momentos alegres de baile, momentos aburridos, momentos hermosos, momentos normales, momentos anodinos. Ese ha sido el mensaje que he querido recibir cuando me he dado cuenta de que no iba a recibir otras sensaciones. Dejar de pensar en la vida y sumergirse en el espectáculo al 100% es lo que uno espera en un concierto, y yo he bailado cuando ha sonado lo que me ha gustado, pero he vivido y reflexionado esos otros momentos, y los he disfrutado también.

Y momentos de no-fumadores. Los de atrás se han fumado el porro de rigor, pero había un pobre empleado persiguiendo y haciendo apagar cigarrillos. Quién me iba a decir que acabaría fumando como cuando estaba en el instituto, o cerca de mi familia, ocultando tras la mano la sustancia demonizada. Luego en el (lugar de letrero rojo frecuentado por madrileños para comer) he accedido a comer en mesa de no fumadores, es imposible entrar en el guetto de lo pequeño que es sin esperar media hora.

Mi último concierto había sido en junio de 2003. Peter Gabriel puso carteles por todo el Estadio pidiendo que no se fumase por respeto al artista. Olé sus huevos, y menudo espectáculo ofreció.

Depeche Mode era una espina clavada, pero mucho menor. Sólo me faltan Bowie y Prince para morir en paz.

Depeche Mode ha sido la excusa perfecta para pasar una buena noche con dos amigos. Mi amiga y yo hemos decidido celebrar cambios recientes y futuros en nuestras vidas con complicidad. Los pasaremos juntas, y esa es mi alegría de hoy, es como marcar un antes y un después en una noche que ha tenido su magia, magia que a los hijos de los 80 nos ha otorgado una agradable sensación.

Seriedad

Oscilar entre emociones, levantarse optimista, ver un cielo gris y frío y saber que el día no va a ser fácil, semblante serio, hoy te costará hacerlo todo. Leer algo que me guste, pero recibir una llamada que me preocupe; a la hija de una amiga le acaba de salir su primer diente, tengo a un amigo fatal que me llama y ya no sé qué decirle, me crispa demasiado la situación, anímicamente; veo una peli que me entretiene e incluso me saca la sonrisa, luego alguien me cuenta algo duro por msn y hay que medir las palabras tanto que a veces me dedico a plagiar la sabiduría oriental. Y vuelta a la reflexión.

Oscilar todo el día, qué remedio nos toca, una de cal y otra de arena. Esta vida agridulce, que me da y me roba momentos de serenidad, que me otorga el poder de la carcajada y la lágrima, que últimamente me hace volver a la seriedad que siempre me caracterizó. Por ello, sigo valorando mucho todo aquéllo que me despierte una sonrisa. Y quizá la estabilidad consista en esto, ya sabía que en algún momento asomaría mi Yo de entre mis dos yoes o polos, pero me entristece "volver a ser" seria.

Reflexiono, y pierdo mucho tiempo en ello. Pero lo que podría ser una depresión por un problema que no tiene solución, de repente (al mes, es un decir) se transforma en una decisión, por supuesto seria (lo que se suele decir "madura", qué asco) que quizá me deje triste, pero aleja de mí a la depresión, a la impotencia, incluso a la obsesión. Ahora sé que esto funciona así, yo funciono así, y el tiempo invertido en solucionar un problema es tratamiento para mi salud mental. Lo malo es que los problemas suelen ser en el ámbito de las relaciones humanas, y siempre queda un dolorcillo.

Tengo que tomar muchas decisiones en mi vida, demasiadas, todavía. Reflexiono demasiado antes de dar un paso y eso no me exime de dar el equivocado, pero al menos sé que no actuaron los impulsos por mí. Y es una manera muy seria de resolver los problemas. Me lo tomo todo demasiado en serio, y o estoy pasando por un período de cambios en mi vida, que los hay, o definitivamente mi yo estable se queda serio, y mi deseo de reír en Madrid, quizá un buen deseo fruto de esos primeros meses de libertad condicional bajo estabilidad provisional.

Es una manera de ser, pero también un filtro que aleja el color de la vida. Y el "¿no lo has pillado?" cuando todo el mundo se ríe a mandíbula partida y tú apenas esbozas una mueca, duele más.

Duele aceptar las cosas que no tienen remedio, duele que tú hayas tomado una decisión con la seriedad de los adultos y que ello perjudique a dos personas, una eres tú por supuesto, pero tuviste que poner en la balanza la situación y tu salud mental, y tu salud mental siempre ha de ganar, porque has sido entrenada para ello en esta carrera de obstáculos que es vivir oscilando a merced de "los factores ambientales".

No puedo permitirme el lujo de hacer locuras cotidianas, quién me hubiese dicho hace nada que escribiría esto, y no hablo de drogas sino de días y momentos muy especiales. Las que me hacían sentirme viva. Ahora sé qué caras las pago, y me rebelo ante un panorama futuro en el que ya no tenga ilusiones, ilusiones de las que a mí me gustaban, un momento en el cielo, y ahora las disfruto como nunca pero la caída es muy dura, antes la amortiguaba en mi vida oscilante pero ahora sólo se cae, y por tanto de esa locura transitoria y tan humana sólo puede salir inestabilidad para mí, que, seriamente y cuchillo en mano, aunque se me vaya medio dedo, he de cortar.

Te quiero, supongo, no se sufre por indiferencia, pero aún es pronto para mí.

***

Víctor o Victoria III, Cuando Harry Encontro a Sally II, o Sexo en Madrid I

Víctor o Victoria III, Cuando Harry Encontro a Sally II, o Sexo en Madrid I

El otro día comenté que me hubiese encantado ver “Cuando Harry encontró a Sally” por enésima vez, en mi cinta VHS, pero ni la tengo aquí ni tengo reproductor VHS, a ver cómo se porta papanoel… ¿pueden un hombre y una mujer ser “sólo” amigos?

Hay algo que siempre me ha chocado en mis relaciones sociales, y es que siempre me he llevado mejor con los hombres que con las mujeres. Siempre me sentí más libre y el “tú a tú” era sincero. Y ellos, cómodos conmigo, buen rollo que se dice. Con esto no quiero decir que no tenga amigas, y buenas, muy buenas, no olvidemos que todos mis amigos han soportado mis conductas enfermas durante mucho tiempo y ahí siguen.

Me ha sucedido varias veces ya: cuando entro en un grupo nuevo, acabo relacionándome, por este orden, con gays, hombres, mujeres hetero y también lesbianas. En una clase en la universidad de unas 30 personas, acabé intercambiándome apuntes y yendo a tomar algo sólo con los 3 hombres. El gay y yo nos hicimos inseparables. Hasta que encontró novio, esa es otra, cómo desaparece la gente…

Supongo que es porque como decía en el post II, tengo muchos rasgos masculinos. No me gustan las mujeres Barbie (no hay tema de conversación) y ni siquiera soy presumida. No me gustan las chorradas, estoy acostumbrada al pensamiento analítico y a las cosas claras. Hay muchas mujeres que han sido educadas para lo tradicional, y yo no lo soy, y no porque no lo haya visto en mi familia. He sido educada para trabajar fuera de casa (y me proporcionaron estudios para ello) y hacer las tareas del hogar (a partir de los 18 siempre tenía una reunión los sábados por la mañana –zafarrancho, “fer dissabte”- y me escaqueaba, pero sé hacerlo y bien lo demuestro en mi casa, si hasta plancho…).

Amigas en Madrid. Veo a las chicas y me parecen todas las hijas de Esperanza Aguirre, “o sea”, qué estiradas y pijas. Pero aquí las mujeres que he conocido… pocas, y muy tradicionales. Hay tradición en todas partes, en Catalunya también por supuesto, pero aquí, más. Hablo de las capitales, siempre. Hablo de clase media. Hablo de lo que mi estrechez de miras me permite.

Vuelvo a la película… ¿pueden un hombre y una mujer ser “sólo” amigos? Y me digo: esto ha marcado a toda la generación X.

Cuántos problemas me ha dado eso. De repente yo y mi amigo, uno de los dos, confesaba sentimientos. O me plantaban un morreo a traición y yo me quedaba en la luna, esto qué es, ni me había enterado. Hace años me quedé sin un amigo, tremendo error esa relación, y yo me quedé con la depresión pre-diagnóstico peor que recuerdo desde 1993… fue el año 2000.

Siempre habrá tensión sexual entre un hombre y una mujer. A no ser que se confiesen mutuamente que no se atraen físicamente, y lo pondría entre muchas comillas, porque es el roce lo que al final lleva a una relación, lo que decía, un beso cuando menos te lo esperas. ¿Y por qué no? Hace poco me dijeron que el peor beso es el que no se da.

El destino hizo que conociese a una persona con identidad sexual ambigua, no había atracción física pero sí nos pusimos mentalmente online de inmediato, y esa persona es una amiga, perdón, un amigo, incondicional. Ahí sí hay una relación entre un hombre y una mujer que, y este es mi lamento, aquí no encuentro. El destino sólo va a brindarme esa oportunidad quizá, pero le estaré infinitamente agradecida.

En Madrid (digo Madrid como equivalente a mi nueva vida tras el tratamiento) he conocido hombres que, por supuesto, al segundo encuentro juraban amistad eterna (algunas cualidades tengo), y al tercero atacaban sin piedad al escote. No, no estoy para esas películas. En Madrid mis mejores amigos son gays. Eso elimina la tensión sexual de inmediato. Pero a veces, tantas veces, hace falta hablar con un heterosexual. Porque son claros, porque me gusta conversar con ellos, porque me entiendo mejor con ellos que con las chicas, y siempre ha sido así.

Porque los hombres dicen que son sencillos y una mierda, cada cosa que te dicen es merecedora de un comentario de texto. Aquí entramos en el terreno de la irracionalidad más absoluta y el pensamiento analítico arroja conclusiones equivocadas. Actividad de chicas por excelencia, para eso (y más cosas, claro) están mis amigas. Y mis amigos gays, por supuesto. . . opinan sobre hombres y sin pelos en la lengua (cómo aprecio eso, sin circunloquios) pero estoy convencida de que sólo un hetero puede hablar de otro, sólo que acaban en lugares comunes, o desagradables, cuánto misógino suelto hoy día, pero claro, si se han casado con una de las clones de las hijas de Esperanza Aguirre o con una zanahoria, pues no me extraña que le hayan cogido respeto a las relaciones con las mujeres, ya es mucho sobrevivir a eso. A los treintaymuchos suele pasar, malo si sigues soltero y peor si te has casado. No sé qué nos han dado de comer, a la generación X.

Creo que a los hombres heterosexuales que yo considero mis amigos les cuesta aceptar que una mujer pueda ser su amiga. Quedamos, lo pasamos bien, y luego todo son largas, pero bueno, ¿no quieres volver a quedar a tomar un café si nos caemos bien? Supongo que la gente ya no quiere verse, para eso están los video-clubs y las tv por satélite. Y claro, la distancia, si no se pone distancia “pareceríamos novios”.

Y yo digo: soy una persona antes que una mujer, y tú una persona antes que un hombre. Yo he ido con mi Kidam abrazada por las Ramblas, y pienso seguir haciéndolo cuando le vea en Barcelona, pronto ya, y por mí, que piensen en verde.

Las películas de toda la vida y las actuales comedias románticas dan una imagen distorsionada. Resumo: allí va todo el mundo a enamorarse. Pero no, en la calle hoy día, los hombres tienen pánico de enamorarse de las mujeres. ¿Quizá por eso las alejen de sí hasta como amigas?

Dicen que dos mujeres pueden ser amigas si no hay competencia posible. Mi mejor amiga (nueva) desde que estoy en Madrid cumple este requisito. Y aunque a veces mi enfermedad me pide aislamiento y tranquilidad, también es cierto que la mayor parte del tiempo mi alma necesita alimentarse y relacionarse, así que necesito conocer a más “bichas raras” que no hablen de trapos y “mi novio tal”, necesito que mis hombres-amigos sigan siéndolo, necesito que mis amigos gays me estrujen en un abrazo de oso y me pellizquen el culo ("para tu edad..." no estás mal, dicen los muy... halagador, en el fondo).

Quizá no busque ni quiera pareja, quizá también a mí me aterre después de siete años, quizá sólo quiera encontrar al hombre que haya de ser mi amigo y amante, y cada uno en su casa.

Se acabó la “serie” “Víctor o Victoria” con este post. La cuestión de “Cuando Harry encontró a Sally” es irresoluble fuera de la película, tal como lo veo ahora, con una honrosa excepción. Ha empezado inevitablemente “Sexo en Madrid”. Pero aquí, estimados lectores, no voy a contar mi vida o no-vida sexual, no por recato sino por privacidad. Ya escribí algo sobre sexo "bipolar" en el post “All we need is love”

http://carnedepsiquiatra.blogia.com/2005/072101-all-we-need-is-love.php

y volveré a hacerlo seguramente, otro día, o quizá el post de hoy inspire esa continuación. Una chica una vez comentó aquí que le interesaba cómo amábamos, en la cama, no lo olvido. Ese post dio una respuesta parcial, por supuesto.

“More than this”, recuerdo que hablábamos mucho de todo esto. Creo que éramos tú mujer, yo hombre, tú hombre, yo mujer, a veces un espejo, en todo caso dos personas sensibles que entendían bastante la mentalidad del otro, que espero se reencuentren pronto. Como amigos que fuimos, pero del abrazo no te libras la semana que viene. Creo que a estas alturas ya no nos tenemos miedo, cómo se teme a un espejo, y ya no hay razón para no vernos, tú en Barcelona, yo en Madrid.

No puedes parar la música

No puedes parar la música

Y sigo escuchando y bajando música... Es lo que realmente me anima o no deja que me hunda del todo. Ahora es raro que apague el pc, a veces sólo lo uso de reproductor, a la espera que papanoel o quien sea se anime a regalarme un discman. Uso la música para intentar controlar mis emociones, aunque de forma natural también se hace, o lo hacía al principio de los tiempos....

http://carnedepsiquiatra.blogia.com/2004/112601-musicoterapia.php

Decía que el silencio es la banda sonora de la depresión. Y ahora digo como la canción de Village People, no puedo vivir sin música. De qué me ha servido todo lo que he leído si mi memoria ya no es la que era (esto le pasa a mi edad a mucha gente que conozco), de qué me sirve mi pequeña biblioteca en Madrid si ahora no puedo leer. Pero puedo escuchar música, no sólo clásica, más bien favoritas de todos los tiempos, cosas de los 80, y bastante house y electrónica. Hasta me puse a bailar un día.

Bajo música y bajo letras. Mi inglés tampoco es el que era hace 20 años, pero aprendí mucho inglés con las letras de las canciones. Me sabía (y retengo algo, lo demostré en un karaoke) de memoria las letras de dos discos dobles. Los Beatles sin quererlo fueron mis mejores profesores en el primer curso.

He asistido a muchos conciertos, y hay pocas de las grandes bandas que me falten por ver, incluso he repetido a los Stones Springsteen Turner U2... (los que me dejo, REM Eric Clapton Dire Straits Sting Mark Knopfler Simple Minds y me sigo dejando)... Iron Maiden, AC/DC, Deep Purple, de todo, y el último Peter Gabriel (grupillos no cuentan), y el siguiente Depeche Mode. El rock en directo es una experiencia única, pero ya pasaron los 80 y ahora los conciertos son otra historia. El mejor es el Boss, sin duda, en mi modestísima opinión.

Pongo aquí posts musicales porque a veces, lo he dicho bastante, una canción (y dejémosla en melodía, si la letra no la entiendo entera o me basta una frase), una melodía, se ajusta a mi estado de ánimo. Recientemente, un día malo, sólo pude comunicarme a través de canciones.

Vivo sola, no tengo animales domésticos, no me gusta la compañía de la TV, es más, la odio. Mi compañía es la música.

Esta letra, de Village People, va como anillo al dedo. Siempre me fue el rollo petardo, entre otros, lo reconozco, pero esta canción además es buena. La letra tiene alguna incorrección, como casi todas. El título lo dice todo, "no puedes parar la música", y habla de todo lo que hacemos con ella, por supuesto también emocionalmente.

CAN’T STOP THE MUSIC

Everyone yu meet, the children in the street
are swayin’ to the rhythm, there’s somethin’ movin’ in them.
There’s no place to hide, so, why even try?
Can’t you hear it coming your way, it’s here to stay.
Music in our walk, music when we talk.
It’s really something magic, to lose it would be tragic.
Can’t you feel the sound movin’ through the ground?
Music makes the world go around.

You can’t stop the music, nobody can stop the music.
Take the cold from snow, tell the trees, don’t grow,
tell the wind, don’t blow, ’cause it’s easier.
No, you can’t stop the music, nobody can stop the music.
Take the spark from love, make the rain fall up
’cause that’s easier to do.

Movin’ with the wind since the world began,
the beat is gonna getcha, beat is gonna getcha.
Music for the blues, for your dancin’ shoes,
there’s music in the way that we kiss, you can’t resist.
Movin’ through the trees, buzzin’ with the bees,
the sound is gettin’ louder, sound is gettin’ louder.
Music when we play, when we kneel to pray.
There’s music in the sound of the wind.

You can’t stop the music, nobody can stop the music.
Take the heat from flame, try not feeling pain,
though you try in vain it’s much easier.
No, you can’t stop the music, nobody can stop the music.
Change the master plan, take the hope from man
’cause that’s easier to do.

On the radio, on every TV show
for each and every reason, each and every season.
Music when we love for the moon above,
music for the show of life that never ends.
Music on a plane, music on a train,
sailing in the ocean, music in the motion.
Music in your car, at your local bar.
There’s music when you look at a star.

You can’t stop the music, nobody can stop the music.
Keep two loves apart, mend a broken heart,
catch a falling star, that’s much easier.
No, you can’t stop the music, nobody can stop the music.
Tell the sun, don’t shine, stop old father time
’cause that’s easier to do.

You can’t stop the music, nobody can stop the music.
Take the cold from snow, tell the trees, don’t grow,
tell the wind, don’t blow, ’cause it’s easier.
No, you can’t stop the music, nobody can stop the music.
Take the spark from love, make the rain fall up
’cause that’s easier to do.

Víctor o Victoria II

Víctor o Victoria II

Comentario al post anterior. El tema musical "Le jazz hot", de la película de Blake Edwards, 1982, magnífico. Esta es otra película que suelo ver una vez al año, más o menos, este año ya la vi porque me la traje de Barcelona. No me canso de reírme, incluso cuando anticipo los gags ya lo estoy haciendo. Como musical me encanta. Y se plantea un tema interesante: la identidad sexual. Una mujer se transforma en hombre que a la vez es mujer.

Un día me dije: yo soy esa. Los extremos eran mi vida, ¿qué era yo, masculina o femenina? De adolescente vestía con ropas masculinas, y aún me cuesta vestirme "de mujer" o maquillarme. Las opiniones variaban, en un mismo mes llegué a oír que yo era una y otra (femenina, masculina) por separado, es decir, yo variaba, era en cuanto actitud las cosas a la vez, era una bipolar hasta en cuestión de identidad sexual. Por eso me identifiqué con el personaje Victoria. Ahora tengo muy claro que soy una mujer, pero con rasgos masculinos en todos los sentidos. No acepto un papel pasivo, no me conformo, no asiento a todo, creo que hay que negociar todo en una relación, aunque se ceda inevitablemente, pero si se cede, ha de ser por ambas partes. A veces no espero llamadas, tomo yo la iniciativa, soy activa en todos los aspectos. Eso desconcierta y asusta a los hombres, no sobre el papel pero luego es otra historia. Quizá debería presentarme directamente como Víctor-Victoria, tengo dos caras...

Quizá por eso siempre me tiraron los tejos las lesbianas, lo malo es que yo no me enteré nunca hasta que una me "pidió turno" si rompía con mi novio. Siempre dije que en mi próxima reencarnación, sería gay, pero nunca digo de esta agua no beberé. Me gustan los hombres, pero antes que los hombres, las personas, y eso deja puertas abiertas.

Cuando Harry encontró a Sally

Cuando Harry encontró a Sally La vería, por enésima vez, a) si la tuviese aquí -esta la compro-, y b) si no fuese hora de irme a la cama.

Domestícame, domestícate

Domestícame, domestícate

El zorro del Principito sabía que le iba a echar de menos, pero lo sabía cuando le propuso ser domesticado, porque sólo así se conoce a la gente, creando lazos, y le dijo que de esta manera al contemplar los campos de trigo, le recordaría para siempre.
El Principito se marchó, no sin un sabio consejo que le proporcionó el zorro...
http://www.todopy.com/principito/princip21.html
Es más hermoso leerlo.
Y éste le dejó ir, aunque lloró, porque si quieres a alguien, le has de dejar libre.
Y el zorro continuó con su vida rutinaria.
La vida sigue.
No se puede huir de la vida, nos la han prestado, es un milagro que un conjunto de átomos como eres tú puedas sentir y escribir esto. Eres un milagro, sí, lo eres, aunque no te lo parezca, eres única y tu ser aporta mucho a los que te rodean.
Sé tu propio Príncipe y tu propio zorro. Crea lazos contigo misma, conócete, domestícate, y al final de este proceso, que el cuento describe como muy largo y paulatino, no tendrás que huir de tu propia amiga.
Con cariño.

***

Como servidora sigue jodida y tosiendo, se dedica a postear en el foro, posteo aquí estas líneas improvisadas para una chica que aludía al texto del capítulo XXI de "El Principito", metáforas de crisis, claro que lloras cuando alguien que te ha domesticado te abandona, claro que sí, pero los campos de trigo volverán a ser lo que eran con el tiempo.

Me regalaron el libro de pequeña, "El Petit Príncep", y aquí me lo traje cuando me mudé en la primera maleta, junto con el Demian. Ed. Estela, sexta edición en catalán, diciembre de 1967. Yo nací ese año, pero seguro que fue comprado como lectura para la escuela primaria. Pobre, qué sobado está mi ejemplar con el forro de plástico adhesivo "Aironfix", porque el papel es bueno, no amarillea tanto como el de ahora. Ese es de mi propiedad, mi nombre está ahí con la letra de mi madre. El otro ejemplar de la familia es más discutido, mi madre siempre lo reivindicó, porque es versión francesa -regalo de la familia en el exilio- pero para la nena que empezaba a estudiar francés en el cole, ¡¡con un cassette!!. Siempre leía el libro con el audio antes de un examen de francés, era como un rito. Me estoy bajando ese archivo audio de internet, por cierto. Versión original siempre que se  pueda... http://home.pacific.net.hk/~rebylee/text/le_petit_prince/html/ppchap21.html. Y sí, lo he leído también en castellano, pero online, no tengo ningún ejemplar papel. Este libro creo que sólo dejaría que me fuese regalado. Por si alguien tiene la brillante idea, reitero, no tengo el original francés, aunque me pareció ver una edición bilingüe por ahí que pintaba bien para mi sobrino, quizá en catalán... jajaja.

"Adéu, digué la guineu. Heus aquí el meu secret. És molt senzill: només hi veiem bé amb el cor. Tot el que és essencial és invisible als ulls".

Antoine de Saint-Exupéry

Luz y taquígrafos

Luz y taquígrafos Ya ha caído la noche, y a las 20.22 mi vecino ha bajado la persiana. Menos mal que tenía una cortina, así acabamos de confirmar que tiene algo a ocultar o eso parece. Yo soy la rara, para variar. No puse los estores que aquí encontré ni quiero cortinas,porque me niego a “vestirlas”. Mis persianas siguen abiertas, a estas horas.

Si voy desnuda, pues voy desnuda, soy humana y de nada han de escandalizarse. No he de ocultar a mis vecinos que estoy tecleando con el pc. Ni que como o ceno en la mesita, ni siquiera que trasteo con cajas de medicación. Poco les importa, porque ellos tienen todo cerrado, además. Tengo entendido que en Ámsterdam la gente es más “exhibicionista”, les importa poco que les vean, total, es vida cotidiana.

Me gusta ver la ciudad de noche, desde mis ventanas. Para qué bajar las persianas.

Me gusta despertar con la luz, aunque esta mañana era de noche todavía.

Entra el día, entra la noche, entra y sale vida de las ventanas.

Qué salud mental.

Reivindico las ventanas desnudas.

Escribe nena escribe

Escribe nena escribe Me dicen que escriba. Pues sí, no hace falta que me animen para eso, escribo y mucho.

Escribo en el pc, y escribo en el cuaderno que me regaló mi profesor. 61 páginas manuscritas hasta el momento (por cierto, hoy hace un mes de la primera palabra), la mitad de ellas en el metro, porque algún músico siempre estorba una lectura. Escribo ideas para relatos. Escribo sensaciones y cosas que aprendo por la calle y que me explica alguien.

Escribo un diario, repartido caóticamente entre textos-documento y fragmentos manuscritos en el cuaderno.
Me gusta el cuaderno. Escribo en todas las posiciones posibles menos -la en teoría correcta- en una mesa: mi caligrafía varía cada vez que lo retomo. Hago que la gente escriba en él y así guardo también su caligrafía, algo que me gusta mucho conocer de una persona, como dije en un post anterior, "Diarios" creo que le llamé.
Y leo, poco, pero leo. A veces destino tiempo a leer y las asociaciones de ideas que me provoca la lectura hace que la deje y me ponga a escribir. No tengo taquipsiquias patológicas, las ideas acuden pero no llueven. Estoy aprendiendo a leer de otra forma, también, y es muy curioso. Leo género, y leo pensamiento. A pequeñas dosis.

Escribo lo que vivo y lo que pienso, y escribo lo que siento, porque soy un ser emocional.

Mi profesor me ayuda a escribir, y sale de todo, porque tengo mucho a decir pero lo difícil es encontrar la forma y las palabras, y lo mejor, salen cosas que han de ser tiradas, descartadas, destruídas. No todo sirve, y por eso es satisfactorio poder trabajar algo que sí tiene alma.
Mi profesor no tiene este blog, por supuesto. Esto no es escribir, me lo tiraría a la basura, pero este es mi rincón privado.

Todavía no he abierto ni por tanto releído o trabajado escritos de años pasados. Trabajo con ideas nuevas, desde cero. Como todo en mi vida, desde cero. Cuántas veces me sorprendo con un "¿esto lo estoy diciendo yo?", o escribiéndolo. Y viviéndolo, la vida es tan diferente ahora. Ayer comí con A. y A. y coincidimos en que la enfermedad nos ha devuelto un yo diferente, que nos parece más rico, más sabio y maduro, que el de antes. Porque teníamos miedo a dejar de ser "yo" por ejemplo, cuando nos tomamos la primera pastilla. También estuvimos de acuerdo en que somos "demasiado" trabajadores y perfeccionistas, con un nivel de autoexigencia muy elevado. Escribí mucho después de ese encuentro. Me agota hacerlo, también.

Eso es escribir, supongo, y eso es vivir, creo.
Porque durante los años y meses que no estuve viva, no pude escribir.

Colegio

Colegio Era fácil evadirse de una depresión infantil escuchando a mis profesores.
Era una esponja, todo lo entendía y todo lo hacía bien.
Chica de sobresalientes: para mí un notable era un fracaso.
Sólo tenía el estudio. Y mis lecturas.
Aprendí a puntuar instintivamente en cuanto me dieron las reglas. Ya no puntúo bien, o lo hago a mi estilo, que derecho tengo. Aquí puntúo fatal, ya lo sé.

Estudiaba sin necesitarlo, pues tenía memoria fotográfica y si lo había entendido en clase, no había problema. Siempre lo entendía en clase, me lo explicaban una vez y ese conocimiento ya me pertenecía. En el examen, sólo había que memorizar los datos para vestir el esqueleto.

Hasta aquí, bien.
Cuando falté a clase por enfermedad, me perdí un par de lecciones importantes. Y lo amargo es que nunca pude recuperarlas. Todo tiene su tiempo, y el mío se perdió en un día de gripe. Ya no podía absorber, me faltaba el discurso oral. Por eso nunca pude aprender a distancia, quizá.

Tuve buenos profesores en primaria. Los de bachillerato me deformaron por completo, algunos no eran buenos, otros estaban quemados, y los que me marcaron y me enseñaron, me llevaron por terrenos peligrosos. Suspendí matemáticas por primera vez en mi vida, pero aprendí a pensar, mi cruz en los años venideros. Pero quizá mi salvación también, porque gracias a la capacidad de análisis que entrenaron en mí, me conozco, y después de los primeros intentos ensayo-error, intuyo por dónde va a atacar la enfermedad.

Dicen que de pequeña era una niña alegre, pero las cosas cambiaron, y hasta mi adolescencia no salí de una depresión, no recuerdo a una niña feliz, sino a una persona con muchos complejos y sin amigos, para mí la hora del patio era una tortura.

Sí recuerdo a una adolescente con muchos reparos pero dando guerra y rodeada de gente. Tocaba ser rebelde, después de la etapa de buena chica con buenas notas. Todo tiene su tiempo. De mi juventud recuerdo mucha vitalidad, muchos proyectos, mucho de todo, quizá mucha hipomanía. La hostia a los veinticinco fue de órdago.

Salgo de esa pesadilla como una niña, ahora sí con amigos, pero ya no soy una esponja, por algo pasan treinta años desde el cole, y debo crecer sin el espejismo del saber. Ya no es hora de aprender de los manuales. He olvidado casi todos los que he leído, para qué perder el tiempo peleándome con mi memoria que ha dejado de ser demasiadas cosas. He comprado nuevos manuales y siguen sin llamarme. Acepto que ha pasado el tiempo de estudiarlos sin un profesor, y sólo pueden ser ya usados como libros de consulta. Lo importante no es tener la información, sino saber dónde está.

Mi tiempo ahora es diferente, se está construyendo. Y mis relatos, algo tengo que decir y lo hago, dice mi profesor de literatura.

Oleaje

Oleaje

“Slip into something…”
(Instrumental)
Kinobe, Soundphiles, 2000

***
Hace años grabé una cinta de un CD con el sonido del mar.
Me acompañó muchas noches durante años para dormir.
Se la llevé a mi abuela materna, al hospital, en la parte de montaña de Barcelona.
No le hizo mucha gracia lo del walkman, pero insistí.
Cerró los ojos y sonrió.

Susurros

Susurros Tengo una voz susurrante, me ha dicho uno que entiende de esto.
Podría hacer un programa de esos nocturnos en la radio.
"Voz de telefonista", me dijo otra persona.
Dicen que mi ritmo es catalán, la música con la que suena.
Pero rara vez con acento, por algo mi lengua materna es el castellano.
Me disgusta el timbre de la gente que abusa de los agudos, que grita, que tiene acentos duros.
Odio discutir. Mi voz se resiente.
Digan lo que digan, sabrás si estoy bien, porque mi voz será serena y susurrante.
Si me llamas, me preguntarás si estaba durmiendo.
No, sólo estaba en silencio. Me paso días enteros sin hablar.
También hablo diez horas seguidas si estoy a gusto.
Pero nunca hablo conmigo misma en voz alta.
Mi primera voz del día será para ti.
No me llames, puedo seducirte con mi voz.
Susurraré, te arroparé.

Casi llegó a los 38

Felicitadme hoy, nunca se sabe si la semana que viene estaremos vivos o no. Incineradme, pero antes cortad mi cabello para que alguien de la familia conserve mis canas, mi verdadero ser. Donad mis córneas, quiero que alguien pueda leer y estaré muy orgullosa de que mis ojos sirvan para algo. Dejad secar mi hígado y enviádselo a mi psiquiatra, pobre, es el último y no llevaba ni dos años aguantándome, y lo hizo bien. Desenterrad mis diarios y preguntadle a ya sabéis quién qué combinación los abre. Tirad mis cenizas a la basura sin ceremonias, pertenezco al Mediterráneo en vida y no en muerte. Y no sintáis pena, viví y mucho, y desde que empecé a estabilizarme, cada día que arrancaba a la vida era mi felicidad. Era como saber que volvería a morir, cada día era único, se lo robaba a la miseria futura.
Mis discos de vinilo para Mr. Jones, mis libros al pueblo de mi padre, en el salón de arriba, para mis primos y sus hijos, mi hermano y su hijo. Mi pieza favorita de ropa, un vestido negro de verano que conservé a pesar de haber cambiado la talla. El resto, a la basura, a Cáritas no le interesa ropa ya.
Mi foto favorita: la última que me hice. Hay muchas en mi álbum personal, y en todas ellas estaba enferma, me veía y rabia era mi emoción, rabia por no haberlo sabido antes.
Se ha salvado de la quema mi cabellera, el vestido negro y… no, mi ejemplar del Demian que se quede también con las nuevas generaciones. Lo que se salve de mí, de nuevo al fuego. Quedaos con mi sonrisa, aunque las lágrimas también me hicieron crecer.

No dejo ni cargas ni deudas. Me voy en paz con el mundo y, lo que es mejor, conmigo misma. Me han perdonado, y si no, ahora pueden olvidarme.

Bien, esto queda dicho. Ahora voy a disfrutar de esta semana de no-cumpleaños, y bailaré hasta que me muera. He empezado una lista de cosas a hacer antes de morir, qué larga empieza a ser, y no me voy a aburrir, es más, moriré vieja, todo lo vieja que me permitan mis pulmones, hígado y riñones castigados. Eso sí, estoy en el ecuador de mi vida, o lo he rebasado, no me engaño. Es hora de cumplir sueños, o ahora o nunca. Lo mejor de todo es que me quedan sueños. Ah, y una pequeña deuda, que espero tapar a finales de año.

***
P.D. Kidam, baja del avión de una puñetera vez, fumando espero...

Aire

Aire

".. me ha seducido tu abismo y me he caído contigo durante un rato y he/hemos sobrevivido. Bravo, ..."

Y me siento desconcertada, y no es la primera vez. Me ha recordado tanto a una sensación ya vivida, la de salir de un examen rabiando y hundida emocionalmente porque sabía que lo había suspendido, porque era capaz de dar muchísimo más, y no las mediocres hojas que había vomitado, que meditaba incluso sobre si entregar o no. Contaba el tiempo, la síntesis en un plazo de entrega común, y dudaba de haber sido capaz de expresarla.

Lo había suspendido para mis adentros, y luego me encontraba con un sobresaliente junto a mi nombre, colgado en un papel junto al resto de la clase. Y no entendía nada.

Esto es lo mismo. Ayer le envié unos folios de mierda a mi maestro, con la nota "esto es indigno y no me convence ni a mí" y ahora resulta que son excelentes, mejorables y retocables por supuesto, pero dan en el clavo.

¿Qué no seré capaz de hacer, el día que dé lo que realmente puedo dar y sé que está por ahí, en mi interior?

Y me asusto de mí misma. Y me siento triste donde debería experimentar victoria. Y siento rabia, mucha rabia.

He de ejercitar y ejercitarme más, para dejar de tener esa horrible sensación de haber suspendido, o suspenderé toda mi vida y la nota final sólo hará que dejarme peor anímicamente.

Quiero aprobarme, y que me suspendan. Quiero eso nuevo en mi vida. Lo necesito. Estoy hablando de ejercicios intelectuales. La vida ya me ha suspendido demasiadas veces, quizá porque no la concebía como un examen diario, y tal vez porque ya iba con el "no" o lo que es lo mismo, con el suspenso bajo el brazo, sin ser consciente.

Tomo aire, como cada vez que apruebo algo, necesito ese aliento para seguir y no desfallecer. Esa sensación de necesitarlo cuando has vomitado algo. De seguir respirando a pesar de haber suspendido, y es aire sucio y amargo, pero sólo son las primeras bocanadas.

Preparada para el siguiente examen.

***

Fotograma de "Trainspotting", excelente película. Esta escena del lavabo es brutal, y la he revivido alguna que otra vez, mentalmente, porque es un infierno muy bien expresado.

¿Estará mi relato en el armario?

¿Estará mi relato en el armario?

"Be a superhero in bed". No sé por qué he vaciado la papelera de spam esta vez, la cosa prometía.

Me aterroriza volver a mi ejercicio y eso que hoy es el plazo de entrega. Y me lo han recordado, por supuesto. Hoy no he dormido bien pero no recuerdo pesadillas. Me he asustado cuando en mi letargo matinal no he encontrado un blister y me he imaginado yendo al ambulatorio de urgencias y a la farmacia a encargarlo para la hora del cierre, esa sí es mi pesadilla o puede serla, pero estaba ahí escondido, menos mal, qué suspiro.

Te diré que no me parezco, pero el logo del blog ahora soy yo. Distorsionado, manipulado, pero ese es mi perfil pensativo, que no triste.

Se me intuye, no se me conoce o al menos no me reconocen los cercanos. No deseo que publicar mi imagen pueda perjudicar a mis familiares, y ese es el límite del blog. Por mucho que mi vida y mis actos me pertenezcan, no voy a dar pie a que nadie señale esto a una persona querida. Me lee poca gente, y eso no me importa, porque sólo una de ellas ya puede hacerme daño indirectamente.

Yo tengo derecho a salir del armario y a que me estigmaticen, pero no he de desearles la misma suerte. Mucha gente me ha conocido en la vida real, y casi nadie sabe de mi diagnóstico. Esos conocidos, los que sólo hacen correr la voz, los que practican el cotilleo, y nunca me gustó darles carnaza.

Por otra parte, el sujeto-experimento se está comportando. Pero eso no genera mi alegría, porque todavía he de verle en persona tras mostrarle ese perfil oculto a medias, mi lado oscuro (¿y quién no lo tiene?) y comprobar que me sostiene la mirada. Para mí eso es muy importante, porque soy de las que la sostienen para comunicarme, y quizá sean los años de visitar a psiquiatras los me han enseñado a hacerlo, en una especie de "tú me escudriñas, y te devuelvo la mirada porque no me das miedo". Me la sostuvo la última vez, y quiero ver si eso sigue después de cambiar algo el estado de cosas. Me da cierto morbo, la verdad. Leeré sus emociones en sus ojos y se responderán las preguntas, o mejor dicho, despejarán las dudas e inseguridades. Se lee mucho en los ojos, demasiado, yo hablo con ellos cuando he de expresar emociones, y a veces inconscientemente, lo que me coloca en una posición de debilidad, pero el saberlo ayuda, y ya sé poner ojos de póker y a decir "la respuesta está en mis ojos" cuando no quiero hablar.

Me dicen que quien no me reconozca como soy, no merece mi cariño y dedicación. Ciertísimo, tan cierto como que puede darse la situación contraria. Pero ya caí en el error de dedicarle demasiado cariño a una persona que me reconoció y aceptó. De eso también se aprende.

He de moderar mis emociones, y eso está bien dicho sobre el papel, qué bonita es la teoría. Pero a veces, no quiero moderarlas, son parte de mí.

¿Quién quiere compartir mis locuras conmigo, por ejemplo, subirse con lo puesto a un tren de largo recorrido de coches-cama sin billete? Esa persona existe, sólo que aún he de conocerla, o ya me conoce pero no se ha manifestado. Qué miedo tenemos a dejar de "ser normales", a decir "me apetece....." y que el otro desorbite los ojos y suelte un "estás loco/a", una locura simpática e inofensiva. Esa inofensiva locura puede acabar con una relación incipiente, que de momento es de amistad y luego el tiempo pone las cosas en su sitio, o las trastoca. La vida es la rara, no los bipolares.

Qué miedo tiene todo el mundo a que le etiqueten como alguien que sale de la rutina y hace lo que se ha dado en llamar locuras, que no son sino momentos en los que las emociones te gobiernan y te llevan a un mundo distinto e intenso. Eso no es secreto para un bipolar, o no para la que aquí escribe.

Necesito un cómplice para mis locuras. No porque me sienta vida realizándolas, eso dicen los que alguna vez se descarriaron por un momento de sus vidas, ya me siento viva pero eso es la pimienta de la vida, ese cosquilleo extra. El decir "de perdidos al río", y hacer cualquier gilipollez inofensiva que luego puedes contar y reírte a gusto, como los niños. Hacer criaturadas, sí, desinhibirse de los corsés. Para eso necesitas de alguien que comparta ese momento contigo, que acepte o que tú aceptes lo que se tercie.

Por ejemplo, casarse, ¿por qué no? Es un acto de locura como he visto pocos, y así lo hicimos mi ex cómplice y yo. Lo jodido es que ahora reconozco que tenía una hipomanía como una catedral, además de estar enamorada, pero que me quiten lo bailao. Fueron unos meses emocionantes, hasta que ciclé a depresión, por supuesto, y nadie entendía nada, ni yo, cómo es posible que inmersa en tal felicidad una se hunda de repente. Bipolar era la palabra, y no se destapó. Diagnóstico erróneo.

He encontrado a ese tipo de personas dentro y fuera del armario. Ahora seré más feliz si estoy fuera, eso es todo. Y yo qué sabía que estaba armarizada, sólo hace dos años y dos meses que me medico como bipolar.

Tengo que aprender mucho de mis amigos gays. A hacerlo con seguridad y elegancia, y, sobre todo, en el momento oportuno, aunque también noto en ellos la impaciencia.

Tengo que reescribir 2000 palabras de mi ejercicio para hoy, que están para borrar directamente y no tiro el folio arrugado a la papelera con rabia porque estoy en la época de las pantallas. El perfeccionismo ya no existe porque no hay tiempo, sólo el poder entregar algo, como cuando reportaba a mi jefa. A tal hora de tal día, los lunes para ser exactos, estuviera como estuviera y aunque no dijese nada nuevo, el informe tenía que estar en su mesa. En este caso, el de hoy, mi entrega debe hacerse en un buzón de correo electrónico, de esos que nos hacen perder coeficiente de inteligencia. Leo ese artículo de nuevo y me pregunto dónde estará el de algunos psiquiatras, ¿igual se han chutado de algo de lo que recetan, como siempre deseé ocultamente?

Tres horas para arreglar lo que no tiene pies ni cabeza, error: empezar la casa por los cimientos y el tejado y dársela a decorar al corte inglés. No me gusta, y no entregaré algo que no me guste, eso no es perfeccionismo sino dignidad, aunque igual esté muy equivocada, como todos los aprendices. Mi personaje no está haciendo locuras, y quizá le falte eso al relato.

***

P.D. Elimino el tema "Salir del Zapatero", esta serie de ocho posts irá a parar a "Batallitas bipolares", que es lo que son.

Etiquetas

Etiquetas Qué difícil es conocer a una persona. Tendemos a hacernos su “etiqueta” midiendo sus actos, haciendo de la causa-efecto ese baremo, y de la causa su personalidad.
Nada sabemos de los matices, de lo que ha construido a ese ser. No se trata de psicoanalizarle, sino de saber qué le ha marcado en esta vida, por qué tiene las cosas claras o no las tiene en absoluto.
Consumimos gente, consumimos personalidades, nos hacemos una composición general y ya etiquetamos. Esa etiqueta es como la de las latas de espárragos o los turrones, categoría A-B, y fecha de caducidad.
Me da un asco profundo. Y sé que también caigo en eso, en las prisas.
Y encima, en un momento dado, saca tú tu etiqueta más importante y la que mejor ocultas ahora que no tienes síntomas: Bipolar I. A ver qué dura esa persona ahí, tomando un café contigo.
Confesar que no eres perfecto, que tienes tus espinas o espolones ya, y malo quien no las tenga. La ilusión de la perfección, el idealizar a la gente, eso todavía se lleva.
Ya no hay tiempo de conocer a la gente, eso es cosa de los entornos rurales. En el asfalto, cuenta cómo te vistes, a qué te dedicas y lo que posees. A poca gente le interesa el qué quieres ser de mayor.
Cuenta qué etiquetas llevas.
Hoy voy a conocer a una persona, eso espero hacer, en un primer contacto. Ya me sé lo de ser precavida, más peligro tiene esa persona conmigo jaja.
Sigo bajo el efecto de las pastillas, después de un ligero insomnio (me despertó el frío), y ya puedo espabilar. La ducha me espera.

Mi no-bebé

Mi no-bebé No seré madre.
Duele decirlo, más duele no haberlo hecho en 17 años.
17 años tendría un hijo mío, de haberlo querido.

Nunca quise tenerlos, y cuando tuve un padre para ellos, los dos decidimos no tenerlos.
¿Deseábamos traer una vida más a este mundo de mierda?
No.

Poco o nulo instinto maternal, sólo despertó en una pasión que acabó. Y agradezco no tener un hijo para acordarme de ella cada día.

Tomo pastillas, veneno para un feto que quisiera crecer en mi interior.

¿Deseas traer un hijo al mundo envenenado, quizá con malformaciones congénitas?
No.

¿Deseas traer un hijo al mundo con un gen o combinación de genes que te ha jodido la vida, y que él puede heredar?
Menos.

¿Podrías amamantarle?
No, no con la medicación, cómo podría, si ni siquiera me dejan donar sangre.

¿Podrías cuidar de alguien frágil, cuando no eres todavía capaz de cuidar de ti misma?
Desesperaría.

¿Podrías dejar de dormir para aliviar su llanto?
Taxativamente, NO. Debo dormir, si no lo hago me descompenso.

¿Podrías explicarle por qué a veces estás enferma?
Lloraría por no poder encontrar las palabras.

Ni quiero, ni puedo. Mi salud no me lo permite.

Moriré y el resto dirá “estaba en la flor de la vida”.
¿Dejarías a tu hijo huérfano prematuramente?
NO.

Por cierto, ¿tienes un padre para tu hijo?
No. Pero no le echo de menos.

No noto el reloj biológico. Mis amigas sí, y tres de ellas han tenido bebés este año.

Tengo un sobrino maravilloso. Quizá lleve el gen. De ser así, nadie tendría la culpa, ¿la tengo yo de haberlo heredado?

Pero esto sí es seguro: no le haré jugar esa lotería a mis futuros no-descendientes. En mi generación, esta enfermedad no tiene cura. Podría hablarlo con mi psiquiatra, y tomaríamos medidas. Muchas mujeres bipolares son madres, algunas lo fueron antes del diagnóstico, y muchas quieren serlo una vez en tratamiento, y se puede, con estricta vigilancia.

Pero a las hormonas creo que no hay quien las vigile. A mí me ponen mala las de la menstruación, ya me deprimo una semana al mes. No quiero imaginarme lo que se mueve en un embarazo. Hay quien ha tenido depresiones mayores.

Puedo decirlo fríamente, no seré madre. Sé que me pierdo el milagro de la vida, que los niños son lo más bonito de este mundo, y tantas cosas.

Es difícil vivir sin lo que llena la vida de muchos seres humanos que conozco: una fe en Dios, un hijo.

Esta es mi vida, y así la he escogido. Y la bipolaridad me escogió a mí.

Creo que estamos empezando a llevarnos bien. Ya son dos años de conocernos las caras, por fin, y la convivencia hace el roce.

Es una vida diferente, no es triste como podría parecer, sólo diferente.

Estaría bien hacerse una ligadura de trompas.

Creciendo (growing up)

Creciendo (growing up) Poco o nada me miro al espejo… ya estoy acostumbrada a mi aspecto, supongo, y no estoy todo el día poniéndome cremas. ¿Antiarrugas? ¿Qué es eso?

Hoy, sin embargo, algo ha hecho que me detuviese. Y casi he brincado.

Se dice que a los 40, tenemos la vida grabada en la cara. Yo no tengo señal alguna de ello, en una especie de virginidad emocional: mi rostro es todavía el de una joven (odio el "no aparentas tu edad").

Siempre admiré las arrugas de una de mis tías-abuelas, arrugas que denotaban que había afrontado la vida con una sonrisa, pese a todas las dificultades, y siempre quise parecerme a ella. La vi hace un par de semanas, y su rostro no ha cambiado, todo positividad incluso cuando se enfrenta a la vejez, a la enfermedad, a la preocupación constante por sus hijos. Mi tía seguro que fue muy guapa de joven, pero para mí ahora sigue guapísima y por ello parece que los años no pasan por ella.

Ayer alguien me dijo que yo era una persona que sonreía no sólo con la boca sino también con los ojos, que eso no podía hacerlo todo el mundo. Así sonríe mi tía-abuela, tiene unos ojos preciosos pero siempre se le ven achinados. Como a mí ahora, y me lo ha hecho notar alguien que apenas me conoce, en respuesta a mi afirmación “soy seria”, que lo soy, aunque ahora quizá debería decir “sólo cuando toca”.

Mi cara es transparente a mis emociones. Eso me hace vulnerable al mundo competitivo, al cual por fortuna ya no pertenezco o no en el grado que soporté. Recuerdo la lágrima que quería salir en algunas reuniones laborales, y no siempre podía contenerla. Cuántas veces he deseado tener una coraza emocional, tan desnuda he llegado a sentirme, tan desprotegida, esclava de esas emociones y de una sinceridad no sólo en mi expresión facial sino en mis actos.

Hoy por fin me veo y me siento orgullosa, se me empiezan a adivinar unas patas de gallo.

Esta ciudad, este cambio de aires, ha hecho que sonría, que sonría tanto, que en medio año, ya tengo mis anheladas arrugas "de la sonrisa", o empiezan a adivinarse.

Suspiro, y espero seguir así, a los 40 querré que (ojalá) mi cara refleje que superé una situación difícil pero que por fin me rehabilité sonriendo, al mundo, al sol, a la gente, a mí misma.

¿Quién dijo que la belleza era una actitud?

Cumpleaños ... feliz?

Cumpleaños ... feliz? Cumple, cumple, dura, dura.....

Esto de los cumpleaños es una putada, y hablo de los ajenos. Porque si pones en la agenda a trescientas personas, casi cada día estás felicitando a alguien. Porque llega el cumpleaños de un íntimo y tienes que caer en el consumismo si no sabes tejer una manta de viaje. Porque te olvidas de alguien y ya la has cagado, menos mal que de vez en cuando un pajarito avisa. En el trabajo es una ruina, directamente: hay que hacer un presupuesto mensual para santos cumpleaños bodas y bautizos (me quedo sin aliento, no puntúo porque siempre hay algo más).

Lo de los conocidos está muy bien, porque si no te felicitan y lo han hecho con anterioridad, ahí está la prueba de que has desaparecido de su agenda. Sin malos rollos, yo también lo he hecho y hasta me parece elegante la fórmula implícita del "ya nos encontraremos por ahí".

No celebro mi santo, porque nada me dice que en el calendario hayan reservado lugar a una santa de la que ni me he molestado en averiguar sus méritos. Estas cosas están bien cuando eres pequeño y te hacen regalos. Francamente, me alegro de que ya no me los hagan, porque eso quiere decir que ya he crecido. Mi difunta abuela materna seguía haciéndomelos. Hace ya dos años de su ausencia y cuesta mucho vivir sin esa persona, mucho. Si no recuerdo mal, cumplió 79 ya terminal.

Lo mismo pasa con los cumpleaños. Sólo regalan algo los íntimos, y sólo invitas a ellos, a veces porque sabes – el pajarito- que te van a regalar algo. Para mí es algo incómodo. La familia próxima te regala algo que en teoría te hace falta, o al menos así sucede en la mía, porque las tonterías te las regalan en Navidad.

Ya hace años adopté la política de no hacer regalos, y si regalo algo es un libro, y por tanto no espero recibirlos, y cuando esto sucede, levanto una queja. Porque no me parece que le esté faltando al respeto a alguien por no regalarle algo y caer en el consumismo, en cambio sí aprecio que soy considerada una antisocial. Si recuerdo a la persona que cumple, la llamo. Si se monta una celebración, participo de algún regalo colectivo. Esos sí me gustan, porque suelen ser los más prácticos, si exceptúo un mono de peluche horroroso que me regalaron cuando estaba en el instituto. Nunca me gustaron los peluches.

Regalos y recordatorios aparte, debo reconocer que ahora me importa muy poco que me feliciten mi cumpleaños. En primer lugar, porque nada me dice ya un número. Soy una mujer adulta y punto. Y si la familia y el resto del mundo se olvidan de la fecha, están en su derecho y no me amargo. Además, he podido apreciar en algún momento que la familia no acaba de creerse mi edad, ya sabemos todos que lo que envejece a los padres son los hijos que crecen, y como no tengo hijos, parezco una chavala.

No oculto mi edad, sí mis canas. No miento respecto a mi edad porque llevo mis años con orgullo, porque he sobrevivido a todos ellos, y esto para mí es un mérito, ya que he tenido tendencias suicidas casi toda mi vida, sufridas en silencio, ahora por fin publicadas como parte de algo que no funciona bien en mi organismo, biológicamente, no en mi personalidad ni en inexistentes traumas infantiles.

Cuando conozco a alguien mayor que yo, y hablamos de la vida en general, es muy común que me diga "si eres una chavala todavía". Y les digo, "ojalá llegue yo a tu edad". Por salud, porque mi salud es precaria, y mi cerebro está programado para el suicidio involuntario.

Los años están para vivirlos, no para suicidarse. Antes tenía alegría por mis cumpleaños, era mi fiesta vital y existencial. Cuando enfermé, ninguna razón tenía para alegrarme por el tiempo que la enfermedad me robaba, y nada celebraba, o a regañadientes, porque no me sentía viva. Y ahora por eso celebro a mi manera cada día mi "no-cumpleaños", porque cada día doy gracias por la fortuna que tengo en estos momentos. El día que los cumpla, cercano ya, añadiré un número, sólo eso. Y valoraré por encima mis logros de ese período, pero ya no me pondré objetivos inalcanzables como los buenos propósitos de Año Nuevo. Empiezo a aceptarme, y a no pedirme cosas imposibles, empiezo a no engañarme. Me conformo con seguir respirando, con cuidarme para no enfermar de nuevo.

Los cumpleaños adolescentes eran muy especiales, y las celebraciones, espectaculares. En especial, el de la mayoría de edad. Mi mayor regalo fue adquirir los derechos y deberes que se recogen en nuestra Constitución. Recuerdo orgullosa la primera vez que fui a votar, porque soy de las que votan siempre, aunque sea en blanco. Abstención es negación, negación de que algo pasa, como que pasan los días hasta formar un nuevo año.

Hay mujeres que "dejan" de cumplir años. Conocí a una que estaba convencida de tener 39 a pesar de que su hijo de 24 se quejaba, porque ella se los quitaba también a él por supuesto. Existe un respeto que decir según qué número, porque eso asusta a mucha gente, en especial si hay perspectivas de relación con otra persona. Porque ellos las prefieren jóvenes, y no es un mito, es una realidad comprobable en las páginas de amor y citas en Internet. Es raro que alguien de 45 se interese por una mujer de 42, lo más seguro es que la pida de 25 a 35. Igual es que ya tienen pitopausia también.

O es gente que se deja asustar por los números, y quiere ocultar los suyos haciendo propios los de otra persona. Gente que tiene miedo a decir que tiene 45 o 50 años, miedo a ver que no han sido felices, que no han apostado por sus sueños, que se han conformado, que han sido conservadores y al no arriesgar nada han ganado. Nunca es tarde para una segunda oportunidad, total, estamos hartos de ver un "game over" en cualquier juego, ¿por qué no tomarse así la vida?

Voy a cumplir 38 años, y no sé si me apetece celebrarlo. No sé si me desplazaré con la familia. El año pasado lo celebramos los amigos, querían verme porque acababa de salir de mi primer ingreso por intento de autolisis, dicho fino. No recuerdo haber recibido ningún regalo material, pero llevaba mi libreta encima y les hice escribir algo. Porque esto sí es fuerte, porque ya hace 20 años de casi todo, y eso merecía ser escrito.

Hace muchos años que los niños me llaman "señora" para pedirme hora en la calle. Al principio me rebotaba, ahora ya no. Porque para un crío es transparente quién es adulto y lo tienen clarísimo, y es a partir de los 20-25. Lo jodido es que los adultos no se reconozcan a sí mismos. "Soy un chico de 42 años....". Lo que eres es un inmaduro. Chicos éramos a los 20 años. Y la gente sigue hablando así. Ya no hay hombres ni mujeres, hay chicos y viejos. Desquiciante, la gente no sabe quién es, qué lugar ocupa en la vida, en la línea de la vida que ha de acabar, y lo niega.

Pues bien, de adolescente yo también veía a los treinteañeros y casi cuarentones como adultos y mucho. Porque solían tener ya familia, hijos. A los 30 ya se es adulto, maduro, y lo que biológicamente toca o tocaba era procrear. Ahora la sociedad se ha vuelto loca y a los 35 años sigue habiendo hijos que no han salido de su casa. Yo no seré madre, pero de serlo, le pegaría patada al chaval a los 20 o 25. Así está el tema, quieres conocer gente y todos los solteros han vuelto al útero materno, freaks y sin saber planchar sus camisas. En muchos países de Europa esto es inconcebible, el hijo sale de casa cuando ingresa en la universidad y madura tanto intelectual como personalmente, y en mi opinión eso debería suceder aquí también, pero esto es el Mediterráneo, cuidado.

Ahora lo que me da respeto es lo que nunca pensé que llegaría a decir, que hace 20 años que... que... y que conozco a mis amigas. Nos miramos y nos decimos que el tiempo no nos ha tratado demasiado mal, sí. Pero te preguntas exactamente a dónde fue a parar todo ese tiempo.... porque ahora sólo te queda la mitad de tu vida, estás en el ecuador.

La crisis de los 17 ("ya soy vieja, horror"), la de los 30 ("¿qué quiero ser de mayor?") y la de los 35 ("¿esto es lo que quería ser?") están pasadas. Para mí ahora ya son mariconadas, después de mis crisis bipolares. La enfermedad me ha aportado mucho en lo existencial, como decía antes. Ahora cumplo años cada día, es más, ¿qué sentido tiene acordarte de ti mismo tan solo una vez al año como persona que fue arrojada a este planeta?

Por eso mi madre afirma y con mucha razón que la fiesta de mi cumpleaños es en realidad su fiesta.

***
P.D. Felicito a una gran amiga que hoy cumple con mucho orgullo sus 42 años, y olé.