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Carne de Psiquiatra -Trastorno Bipolar

BIPOLAR

Diez años sin rumbo

Diez años sin rumbo

Hace días recalé por aquí... http://websalud.com/articulo.html?xref=20051017salwsdsal_3&type=Tes&anchor=wsdsalntc

Diez años sin rumbo, se titula el artículo, que vale la pena leer. Si la enfermedad no se trata a los primeros síntomas, se agrava con el tiempo y adquiere peor pronóstico. Consideremos que los síntomas van a permanecer y a agravarse con sus respectivas crisis. El afectado sólo pedirá ayuda médica si cae en la depresión. Esto ya lo saben los médicos de cabecera, pero pocos se atreven a derivar al paciente a un psiquiatra.

En la seguridad social, ya les sobran "los depres" (lo leí en otro artículo que ahora no encuentro) porque ya son epidemia. Hay muy poco tiempo por paciente, y diagnosticar a un bipolar es difícil. Para diagnosticar sólo se tiene una entrevista, y se trata de hacerla bien... a mí no me la hicieron bien. Además, el paciente miente. Yo supongo que mentía porque para mí la hipomanía era la eutimia, yo era así y dejaba de serlo cuando caía en depresión. Rebusca en eso y encontrarás episodios, pero no, no hay tiempo.

En esos diez años, "los mejores de tu vida", la vas cagando sin saber por qué, tú crees que eres normal pero el mundo a tu alrededor te rechaza: pierdes un empleo sin saber las razones y luego otro y otro, tu pareja te deja o tú a ella, te enemistas con la familia.

Pasan los diez años. Tus síntomas y crisis por supuesto, han ido a peor. Un día no saldrás de una gorda: o te van a ingresar con una psicosis como un templo, o pasarás un año depre en la cama. Quizá entonces te diagnostiquen.

Y no sólo pagarás todo lo que hiciste en esos diez años, sino que te espera un futuro muy incierto, pues tal como dice el artículo, las dificultades serán muchas a partir de ahora.

Es de pena que una enfermedad tan clara, aunque los psiquiatras no sepan demasiado por dónde irán los tiros en el futuro, no sea diagnosticada en su tiempo. Conozco a tanta gente que como yo, pasada la treintena no ha recibido tratamiento... no se sabe si mejoraremos, por un pronóstico que ya puede ser malo -adicciones mientras nada se sabía-, por desgaste neuronal debido a las sucesivas crisis... y porque, entre otras miles de cosas, se ha de encontrar un tratamiento que desde tu estado actual te devuelva, si alguna vez lo estuviste, a la eutimia.

Diez años sin rumbo, sí... creando estigma, sin querer, respecto a un trastorno mental o de personalidad, pues los no diagnosticados, yo por ejemplo, pude haber ayudado en su día. Y después de esos diez años, encuentra un nuevo rumbo para ti, cuando todo a tu alrededor se ha desestructurado. Ah, y no le digas nada a nadie entonces, no intentes arreglar tu pasado, o te señalarán definitivamente como loco.

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Aprender sobre: Trastorno Bipolar y Neurociencias

Aprender sobre: Trastorno Bipolar y Neurociencias

http://www.bipolarneuro.com/

La neurología puede tratar al trastorno bipolar, y la óptica cambia: si lo entendí, enfermedad mental no existe, sino patología orgánica con síntomas mentales. Un punto de vista radicalmente diferente al que ofrece la psiquiatría.

Hoy he podido felicitar a su creador en persona y hacerle mil preguntas. Ha sido muy amable.

Creo que esta nueva web en español va a significar un rayo de luz, para entender más sobre el TB y sobre nuestros cerebros, cómo funcionan en realidad, cómo reaccionan a los psicofármacos...

... para leer de arriba a abajo y aprender, todo lo que los psiquiatras nunca nos contaron. La página inicial ya tiene su carga. Me llamó la atención "Sobre los trasplantes", inquietante lectura.

Mucho hay que aprender, por el saber en sí, pues ya Aristóteles diferenciaba al hombre de las bestias porque el humano es curioso por naturaleza.

Y para seguir los avances en la materia que repercutirán directamente en los nuevos tratamientos.

Que cada cual lea lo que quiera. Hay un momento en el que la información satura, pero es esta interesante por, reitero, un enfoque antes no percibido por mí.

Esta web tiene su enlace permanente en este blog como "TRASTORNO BIPOLAR Y NEUROCIENCIAS".

Y estoy allí enlazada, lo que considero un honor. Gracias.

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Pendientes de… de… y de... la salud.

Pendientes de… de…  y de... la salud. Comparto la actitud de muchos de dejar de mirarse al ombligo de la enfermedad y continuar nuestra vida con lo que hay, como cuando te miras al espejo y dices "esto es lo que hay" si ves canas, ojeras, arrugas, o carnes sobrantes.

Si lo que hay más allá del espejo es un episodio bipolar, desde luego, hay que intentar pararlo con ayuda del médico y no sólo eso: mientras el temporal no amaine, tomar conciencia de lo que podemos llegar a hacer, y eso lo da la experiencia, y es muy difícil aún así controlar síntomas y por tanto conductas, hechos y palabras.

Salud, incluso en pleno episodio, es ser conscientes de que nuestras emociones nos traicionan a menudo y deberíamos hablar después de pensar las cosas tres veces, pero la impulsividad vuelve a traicionarnos, porque no tenemos salud para ese control. Y montamos un cristo al devolver algo en una tienda, qué más da, en esos momentos no somos conscientes. Despertemos, no es la vida real, no estamos bien, nuestras emociones actúan por nosotros, y si la familia o el entorno tampoco lo detectan, mucho peor para nosotros, pues pensarán que “somos así”, y no es cierto.

Despertadnos si esto es así y no lo vemos, los cambios a menudo suelen ser tan graduales que se nos escapan.

Hay que permanecer informado y un poco alerta, en autocrítica, por nuestra vulnerabilidad, por ejemplo, a más enfermedades que nos interesan de cerca. El TB presenta comorbilidad con varias. Si es un trastorno de personalidad o límite lo que se puede tener además de la bipolaridad, tengo entendido que este se impone al otro. Cada día serás atacado por ese trastorno de personalidad, mientras que el bipolar aparecerá cíclicamente, como suele, sin piedad, predecible hasta cierto punto una vez se deja de ciclar y sabes que atacará en primavera y otoño, con alguna sorpresilla, también, no nos confiemos. También es predecible el día a día de lo otro, lo mismo ocurre con la ansiedad -eso es lo que llevo yo de mochila como un trastorno más- cada día. Aunque no tenga síntomas bipolares, es raro el día que no tengo angustia, aunque a veces se retira unos días. Terapia, dicen, además de una pastilla tranquilizante, que suele ser una benzodiacepina que produce adicción, y de ahí volvemos a la patología dual, si a uno le da por tomarse cuatro en vez del uno pautado porque está nervioso: abuso de benzos.

Otra adicción, abuso suele llamarse, de nuevo patología dual. Esto sí está en nuestras manos. No todo el mundo tiene narices de reconocer que tiene problemas de adicción al alcohol u otras drogas, incluso de las que te recetan, y eso también es enfermedad, y seguirá siéndolo mientras no se aborde esa patología como dual. (Mi ex-psiquiatra me sermoneaba cuando le contaba preocupada lo que bebía, un día que el exceso me alarmó tanto que le pedí hora. Me pongo mala cuando lo recuerdo, una bipolar I de manual en sus narices).

Por no hablar de todos los que tomamos medicación para la glándula tiroidea.

No se trata de la paranoia constante de pensar que podamos tener estas enfermedades, otros trastornos. Si sospechamos, datos en mano, hay que consultar con el psiquiatra pues sólo él puede diagnosticar una comorbilidad o valorar un análisis de sangre. Y he leído, en esta página está reproducido el artículo, que un 46% de bipolares I consumen alcohol. Yo lo hice, y también tengo esa espada encima, y gracias a que lo asumí pude enfrentarme a ello con ayuda de mucha terapia durante meses.

Salud para nosotros creo que consiste en cuidar la enfermedad, conocerla, no negarla, y pedir que te devuelvan al mundo real si alguna vez pierdes la senda aunque sea con la sencilla afirmación “me encuentro bien, no necesito llamar al psiquiatra”, síntoma de que realmente puedes estar mal. Si te dicen que has de hacerlo, llamar o pedir cita, desconfía de ti y de tus emociones por completo para confiar en los otros, deja que te despierten aunque tú creas que lo estás y quizá te salves de alguna gorda, pues desgraciadamente he visto recaídas por ese "no me pasa nada, estoy bien". No cuesta demasiado llamar al psiquiatra y que tu entorno deje de estar en vilo y sufriendo mientras te ven "demasiado bien".

Pendientes hasta de cuando nos encontramos bien, en mi caso debo hacerlo. Porque yo me encontraba "bien" cuando pedía el alta, cuando ya no me sentía deprimida después de una depresión de semanas con baja médica, antes del diagnóstico bipolar. Lo que no sabía es que había ciclado y estaba hipomaníaca, para mí eso, ir subida, era el “estar normal”. Lo jodido es que mi ex-psiquiatra también pensaba que yo estaba bien y encima seguía tomando antidepres para alimentar ese estado.

Por eso hemos de estar pendientes e informados, cada uno donde sepa que tiene un punto débil, un poco más allá de nuestras narices bipolares donde algo huela a quemado.

Ocultamos mucha información relevante al psiquiatra, sin darnos cuenta. O porque él no pregunta, triste.

Y encima, lleva una vida de verdad normal. Mírate al espejo y decide con qué pie te has levantado.

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¿Lucha?

¿Lucha?

¿Estigma? ¿Respeto? ¿Dignidad?

Pide una definición de todo eso y ya tienes a quien te habla del tema dudando.

A los 18 años era bastante revolucionaria y militante de varias causas. Han pasado 20, y ahora no es que me haya hecho de derechas como dice la leyenda, sino que me he vuelto simplemente escéptica.

Ya he leído muchos programas electorales, incluso los he redactado en mis tiempos universitarios. El ideal es muy bonito y las promesas también, pero las promesas vuelven al ideal del que surgieron en cuanto asoma la realidad, ahí la tienes, y es una roca, en absoluto moldeable, te has de moldear tú a ella por supuesto, creándote verdaderos conflictos. Lo he vivido a pequeña escala, y por eso ya no hago caso de los programas electorales ni de los objetivos irrealizables que pululan en tantos estatutos que yo misma he escrito, tanto como mi primer post aquí. En la realidad, los políticos se encontrarán con, sin ir más lejos, una deuda que amordace cualquier avance significativo, y si no que se lo digan al futuro alcalde de Madrid, pero ese no es el tema.

El tema del estigma es muy complejo. Siempre se habla de lucha, lucha, lucha... dignidad "para nosotros", como si eso lloviese.

Algo he jugado a wargames. Luchar, vale, primero, con qué y con quién, y luego, contra quién, y de paso, para qué. Esto no es una guerrilla anárquica, y si lo es, en eso se quedará.

Para empezar, no me vale salir del armario, con eso no consigo nada, conseguí, puedo decir incluso. Militar, ser activista, pero ese camino debí abandonarlo hace tiempo con un tirón de orejas por sobredosis vital.

"Apoyo, respeto, comprensión". Eso decía la última campaña sobre la enfermedad mental. No me sirve, es como decir "liberté, égalité, fraternité". Que me perdonen las entidades firmantes.

No apuntan a hechos sino a ideales.

Ideales que han de aplicarse a cada persona concreta que tiene patología de este país, persona que puede ser un trozo de pan o un cabrón o una víbora. La enfermedad mental no ha de ampararnos de conductas perversas que afectan a las familias, por ejemplo, cuántos enfermos las maltratan. Porque visto ese caso concreto, por supuesto se desprecia a la comunidad en general. Por no decir otro cliché, muy común, el de persona aniñada, sobreprotegida... Sólo ver efectos secundarios hacen que esto se asimile bastante al retraso mental. Si seguimos listando... no vale la pena. Somos unos cabrones, unos retrasados mentales..., porque esto es lo que ha visto mucha gente de enfermos, y en casa se nos llama "loco/a". Pero hay tantas realidades como alberga ese -último dato memorizado- 6% de afectados por algo "mental".

Nunca habrá amnistía, comprensión, respeto, para "los locos", dejemos de ser ingenuos porque eso de "la lucha" estaba bien a los 18, ahora hay que pensar en cómo hacerlo bien. En el colectivo bipolar he conocido las cabezas más estrategas y también las más perversas, si jugasen a favor del colectivo y si el presidente de turno del colectivo no quisiera que le hiciesen sombra, quizá algo más se avanzaría. Estamos hablando de organizaciones tan humanas y ruines como cualquiera, porque los enfermos mentales somos personas y a ver quién derroca al presidente de tu escalera, por ponerte algo cercano. ¿Serías tú el presidente?

Hechos, ejecución de ideales.

Veamos qué podemos hacer que esté a nuestro alcance, como lo es para el ecologista de ciudad reciclar vidrio, envases y papel.

Yo decidí escribir mi testimonio, y los lectores quizá comprueben que no soy un monstruo de feria, aunque se me haya diagnosticado una enfermedad mental. Una freak más de mi generación, una single, poco más soy, mis amigos me quieren y yo a ellos, mi familia idem en términos de familia.

Creo que la verdadera lucha está en nuestro entorno. En cumplir en el trabajo. En ser parte de una familia. En salir, tener amigos, ser sociable, ser amable, ser digno de ser amado.

Ser personas en toda la dimensión de la palabra.

Esa lucha, es la de cada uno.

Por lo demás, por mí que sigan las farmacéuticas comprando y vendiendo, si así funcionan. Yo no puedo cambiarlo, y al final me ofrecerán algo que me interese, eso sí lo tengo claro, porque avanzan. Tan claro como que esto no lo hubiese escrito a los 18, hubiese organizado protestas colectivas del tipo una huelga de hambre en algún congreso de psiquiatría de una semana, por lo menos.

Fuera bromas. Esto no acaba aquí.

Los temas serios relativos a las pensiones etc. son los que las organizaciones de afectados deben reivindicar en las mesas de negociación en cada comunidad autónoma, en el ministerio, allá donde haya un despacho que tenga un letrero "salud mental". Reunirse con los partidos para que las demandas tengan lugar en esos bonitos programas electorales, como en su día hizo el colectivo gay. Sé que ellos llevan haciéndolo 20 años y luego pedían "voto rosa" para esas candidaturas que algo les ofrecían. No sé si las organizaciones "de salud mental" se han puesto a ello con tanto ahínco y desde hace tanto, aunque la reforma de la ley fue también en los 80.

Sé que los médicos en los hospitales piden constantemente más recursos. No los hay, trabajan en las condiciones y con las camas que tienen. Hace poco leí en plan titular de portada que se iba a incrementar el número de camas de... bah... en un número que cabía en mi propia casa, quiero decir, en una cantidad de euros que puedo entender, pues cuando son muy grandes escapan a mi comprensión.

Que hay que educar al paciente para llevar la enfermedad, que este debe informarse, todos lo sabemos, pero quizá él no quiera ni acepte la enfermedad, de modo que la sufran todos en la familia. ¿Qué? ¿Le atamos? Nuestra rehabilitación como personas con esa entelequia llamada dignidad reside en las manos de todo el colectivo de enfermos mentales, de lo que proyecte cada uno hacia los demás desde cada hogar. El enfermo sabe que hay grupos de afectados que pueden ayudarle, y ya sabemos lo que ocurre, que "yo no estoy loco". ¿Le llevamos a rastras a una conferencia? ¿Le hacemos leer un libro o un simple folio sacado de Internet? NO. Es responsabilidad del enfermo reubicarse en su nueva situación, y si es consciente de ello, encontrará los recursos, y dije recursos, no comprensión de la sociedad sino la de su guetto.

No se puede ayudar a quien no se ayuda, tema espinoso y mucho, pues un sobreesfuerzo de alguien del grupo de apoyo en este sentido puede hacerle recaer. La enfermedad mental es algo muy difícil de sobrellevar, y cada uno lo hace a su manera. Quien la niega, demasiados, está perjudicando no sólo a su entorno sino también al resto del colectivo. Con el tiempo, los psiquiatras tendrán medios, más de cinco minutos por paciente, y podrán dedicarse a educar además de extender recetas.

Tiempo. También necesita mucho tiempo el paciente para adaptarse, reitero.

También he necesitado muchos meses para poder escribir esto.

Y se consiga lo que se consiga, más vale hacer vida normal, la que la medicina y el estado del bienestar nos puedan proporcionar, y no hacer de esta causa perdida tu causa, pues en mi opinión está perdida todavía a 1 de junio de 2006.

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Un rincón o un relleno en los medios de comunicación

Un rincón o un relleno en los medios de comunicación

Hace falta mucha más información, esa página de "El Mundo"

http://carnedepsiquiatra.blogia.com/2006/051701-el-experto-habla.php

del post de la semana pasada con la entrevista de esos "encuentros virtuales" a Vieta no deja de ser un rincón de Internet.

Recuerdo que la televisión acudió un día a un encuentro de bipolares, uno de esos periódicos e informales. Iban a llenar 5 o 10 minutos de un programa de mini-reportajes. No asistí, no quiero prestar mi imagen. Me contaron que los periodistas quedaron impresionados y a la vez avergonzados ante lo que era tan difícil resumir sin caer en el folklore, y prometieron volver porque era un tema de interés, y lo importante, con contenido, mucho.

Pero estas cosas, tratadas en serio, son para los rincones de Internet. Lo jodido, es que algunos son conocidos y están por estrenar.

Hace meses escribí para la Wikipedia en español una entrada corta sobre el TB, pues no existía ningún artículo. El otro día pasé a consultar algo allí y por curiosidad volví allí: lo habían modificado, hecho que es parte del funcionamiento de la Wikipedia. Los cuatro párrafos iniciales los reconozco como míos, pero alguien añadió más texto, y tuve que enmendar una afirmación del todo falsa, y era: los maníacos pueden cometer crímenes.

http://es.wikipedia.org/wiki/Trastorno_Bipolar

Eso es lo malo de la enfermedad mental. Sale en prime time o como llamen a esa franja horaria donde sí se ve la tele cuando algún suceso ocurre. Y no asoma cada día alguien diagnosticado, pero cuando lo hace, es devastador. De repente todos nos comportamos igual, no importa que sea un caso al año en un programa que se emite a diario.

P.D. ¿Hay alguna coincidencia en el hecho de que el artículo entero haya desaparecido de la Wikipedia? 

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El último grito: análisis de sangre

El último grito: análisis de sangre

A mi ex-psiqui le dio igual recetarme litio, cuando no estaba claro que mi tiroides estuviese bien. Le exigí que valorase antes un análisis que él no consideraba necesario. No tomé litio hasta meses después, con el nuevo psiki, y fue un fracaso, de nuevo cambio de fármaco a ver si este funciona.

Así son las cosas, ensayo y error. Nos cambian pauta cuando les da la gana, sin preguntarte cuántos medicamentos has tomado y sustituido antes -sé de uno que lleva cinco pautas en lo que va de año-, el cuerpo lo asimila todo, sí, cuéntame otra, o ya me la contarás cuando me haya quedado sin algo importante a lo que no se quiso conceder importancia.

Ningún medicamento es inocuo, y en concreto los psicofármacos son cosas que pueden destartalar un hígado, si no se va vigilando el tema, por decir un ejemplo. Menuda gracia le hace a alguien que conozco no poder medicarse con casi nada, pues ya lo tiene destrozado y sigue necesitando tratamiento, qué va a pasar con nuestros órganos, ¿resistirán?.

A mi médico de cabecera le da igual que mi último análisis sea de diciembre, no me volverá a medir ese colesterol hasta dentro de un mes, eso sí, me ha aumentado dosis y mientras, también aumentan las mías de chocolate, y no bajan las de tabaco. Me matará el pack entero, me niego a que me maten sólo las pastillas.

Ya no tomo litio. Los que sí lo hacen, obligatoriamente pasan por una litemia en análisis periódicos que pide el psiquiatra pues de ellos depende la dosis, no de tu estado anímico por lo que me han dicho, más bien del nivel de litio en sangre. Es que uno puede intoxicarse, y no sé cómo se lo puede tomar uno, si ya los efectos secundarios tienen lo suyo. Y el litio puede afectar a la glándula tiroidea, otro valor a tener en cuenta en análisis. Muchos bipolares deben tomar tiroxina también.

El psiquiatra debería pedir análisis de sangre periódicos también a los que no tomamos litio. A mí me detectaron una hiponatremia (qué palabro y qué marrón), gran brecha en mi salud, causada por un fármaco que fue retirado de inmediato. Ese análisis me salvó de una bien gorda.

Si el de cabecera pasa de todo y el otro también, le dices al de cabecera que te temes una enfermedad venérea por haber tenido una relación de riesgo, y de paso le cuelas el resto de parámetros, total, ya puestos... sangre impura por la medicación, pero sangre a vigilar y muy de cerca.

Es broma lo de alarmar al médico, pero todo vale cuando hay que controlarse eso y más, y tus dos doctores, cabecera y psiquiatra, pasan de pedirte un análisis. Has de cuidarte tú también de esos "pequeños detalles", manda huevos.

Es más, hace años alguien me dijo "a partir de ahora, tu médico de cabecera va a ser tu psiquiatra". Razón no le faltaba, y creo que mucho de lo escrito hoy ya está en otros lugares del blog, pero sale de nuevo el tema. Cualquier cosa que me recete el otro puede ser incompatible en el peor de los casos, restar eficacia en el mejor. No me gusta leer prospectos, pero si salgo de urgencias con algo nuevo en la mano, tengo miedo a esas interacciones, y lo leo o lo consulto en internet. Eso me salvó de otra gorda. La última no ha tenido complicación, busqué y ese fármaco que ahora tomo por otra cosa no resta eficacia a mi medicación psiquátrica ni en sentido contrario.

Exijamos controles periódicos, si ellos no lo hacen, es nuestra salud la que está en juego y quizá hasta un buen psiquiatra pueda despistarse. 

Cuidémonos, incluso a pesar de los cuidados médicos.

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Camina con tu enemigo y otras sentencias

Camina con tu enemigo y otras sentencias

Roma no se construyó en un día, eso lo tenemos todos claro.

Entonces, hay que entender que... 

... equilibrar ese cerebro que ahora atormenta, tampoco es posible en ese plazo.

Paciencia. No la hay, es lo último que posee alguien desesperado.

Hay que hacer de esto casi una cuestión de fe.

Hay que buscar estrategias propias para enfrentarse a situaciones límite, con ayuda del terapeuta.

Hay que tener más paciencia para salir de ellas y de las crisis y recuperarse, pues no se sale ufano y silbando.

Hay que aprender a vivir con esto, no a luchar. Me costó mucho entenderlo.

Luchar es inútil, el TB es más poderoso. Luchando contra él, acabé en el hospital.

Camina con tu enemigo, dice el proverbio... o sé su amigo.

Yo ya le conozco algo mejor. Tenemos discusiones matrimoniales, que no es moco de pavo. 

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LUCIDEZ

LUCIDEZ

"Claro en el razonamiento, en las expresiones, en el estilo, etc."

Eso es ser lúcido, según el diccionario de la RAE.

Me han dicho repetidas veces que soy un ser lúcido. No hace falta tener estudios para serlo. Tal como lo vivo yo, al otro lado de la definición: las cosas encajan en tu cabeza y así las expones. Es un misterio, cómo la cabeza trabaja y recibe esa luz, se ha estudiado por supuesto, pero yo no noto lo que dicen esos estudios, noto algo no material -no tiene colorines, como esas fotos del cerebro estimulado ante tal- que crece y se forma, y soy capaz de sacar de mí. A veces, tengo que meditar antes de dar una opinión, buscar esas cosas y no dejarme ni una, es como hacer un puzzle y siempre me gustaron.

Tengo ideas "de bombero", como suele decirse popularmente (me da igual que sea una catalanada). Brillantes, o absurdas, o ambas cosas, creativas o no. Ante la misma idea, recibo dos reacciones: una la apoya y celebra esa aportación, otra me dice que estoy loca y me desacredita por completo, idea y persona en el mismo paquete.

Los bipolares somos seres lúcidos. También se dice eso de tener una cabeza bien amueblada, o ordenada. Qué curiosidad, se han apreciado diferencias en los cerebros de bipolares respecto al cerebro "sapiens convencional". Si esto es genético, debemos ser mutantes, o una variedad, como lo llamen. Y lo jodido, lúcidos, cabezas pensantes y juicios sólidos, ergo no somos menos "sapiens".

...

Pero claro, "enfermedad mental", eso ya es una aberración de partida.

Seremos despreciados por decir lo que pensamos, y se nos tachará de locos.

Tendremos que hacernos pasar por estúpidos para no recibir tales humillaciones de seres queridos.

Como decía a alguien, es una cruz más de esta enfermedad. Estar completamente lúcido (aunque aturdido por la medicación), y ver con esa ahora cruel lucidez cómo tus familiares te miran con pena. Tú sigues siendo el lúcido a quien ellos admiraban antes. Pero eso fue antes, se acabaron los halagos. Ahora "estás loco", tienes una "enfermedad mental". Es hora de callar. Tu lucidez aprecia su desprecio, y has de callar, hacerte el estúpido ante esas emociones tan transparentes que lees sin dificultad alguna -pues tu poder es ese como bipolar-, callas por no empeorar las cosas con discusiones, que tienen su base de partida en el prejuicio "estás mal" y por tanto es inútil llegar a un entente. La inteligencia dice "calla", pero las emociones traicionan, ese es el problema bipolar, el no poder controlar las emociones, de ira en este caso.

...

Por lo que he visto hasta la fecha, hay dos momentos que pueden presentarse en la vida de un paciente bipolar, en los que la lucidez se pierde. Son dos momentos, y están en los puntos más alejados de los extremos, de los polos. Por arriba, y por abajo, el paciente piensa que está lúcido pero su pensamiento y noción de la realidad están distorsionados por un desequilibrio químico cerebral muy grave, una crisis, maníaca o depresiva. Complico algo más la cosa si añado como un tercer momento el famoso episodio mixto, mezcla de ambos, dos crisis en una.

En una semana hará ya tres años... Tuve una manía. Lúcida, que fue horrible y pasé encerrada en casa, escribiendo. Releí lo escrito -aquí hay fragmentos tan sólo- tiempo después, y mis análisis no tienen fisuras. Me asusté de tanta lucidez mientras lo escribía todo día y noche, pensaba que se me iba la cabeza de lo intenso que fue, no dormía porque las ideas venían y se entrelazaban formando puzzles que explicaban mi propia vida, tenía varios al mismo tiempo y o los escribía o me volvía majara, me salvó escribir o tuve muchísima suerte. "Pasar al otro lado del espejo", he oído decir a quien reconoce que estuvo en manos de la locura en un episodio maníaco, psicótico. Muchos hemos recibido el diagnóstico después de una crisis así, tan propia de "Bipolar I", "los que suben además de bajar".

Sí perdí la "buena" lucidez cuando toqué fondo, hecha un ovillo en la cama, en la oscuridad. Pero Mariló consiguió que tuviésemos una conversación lúcida, trabajo le costó despertar a mi única neurona buena, para que no siguiese adelante con mis planes "lúcidos", pues sólo me quedaban los detalles y me sorprendió conectada mientras los ultimaba. La conversación, tan lúcidamente larga que desesperaba (la publicaré si la encuentro, pues la guardo)... Una vez consiguió que llamase a mi psiquiatra, y él ordenó que acudiese a urgencias, me negué. Amenazó con venirme a buscar en taxi a casa para llevarme al hospital, a lo que le respondí que muy bien, pero no valía la pena que viniese ella a por mí, porque íbamos a hacer el camino pasando por su casa hacia urgencias, y eso era un gasto extra, doble, ridículo viaje. Lucidez surrealista, sí, pero fui yo la que salió de casa, muerta en vida, con tres bragas en el bolso porque sabía a lo que iba (equipaje entero no me dio tiempo ni ganas tenía de modelitos, si he explicado bien qué me pasaba), a por un taxi. No sé si me peiné, llevaba días sin ducharme, demasiados. Dos de septiembre de 2004, perdí la lucidez y la recobré a los pocos días del ingreso, el primero. Recuerdo una larga conversación con mi madre en un permiso, en su casa. Estaba dopada hasta las cejas, pero me sentía centrada como no lo había estado en meses de enfermedad. Le conté muchas cosas de mi vida, y recuerdo haber encadenado bien esas historias inéditas que ya no tenía sentido ocultar, sino sacar, en un intento de obtener comprensión, si no conocimiento a secas, que debía, y lo hice de forma intensiva, había que aprovechar el momento lúcido.

...

La gente no concibe cómo una persona lúcida puede estar enferma, precisamente, por algo "en la cabeza". Porque "algo en la cabeza" a todos nos suena a no tener mucha inteligencia o racionalidad. A ser infrahumano, desdeñable, despreciable.

Hay que joderse, pues las personas más lúcidas que conozco en este planeta son, por este orden: matemáticos, físicos, y bipolares, tengan éstos la profesión o estudios que tengan, como dije al principio del post. Y allegados que sí entiendan que el enfermo no "está mal de la cabeza", tiene algo que no le funciona, pero no es la inteligencia. La inteligencia está ahí y no se toca, ni la medicación lo hace cuando no es agresiva.

El trastorno bipolar es, mil veces habrá que decirlo y otras mil repetirlo, la enfermedad de las emociones, de la tristeza, de la alegría, del sufrimiento, de la empatía, de la desesperación ante todas ellas... emociones lúcidamente experimentadas como cortes limpios de cuchilla en la mente, que pueden ser racionalizadas y explicadas.

Llevo desde el otoño de 2003 en terapia, y ese es el trabajo. Llevo muchos meses en ello, aquí. A horas lúcidas, y no tan lúcidas.

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LOS OSCILANTES

LOS OSCILANTES El otro día por casualidad cayó en mis manos, bueno, en las del navegador para ser precisos, un texto que me hizo pensar.

El día que me puse a investigar sobre el tema exhaustivamente, antes del diagnóstico, durante tres días y noches maníacos, una de las cosas que me llamó y mucho la atención fue que casi toda la literatura acerca del trastorno bipolar citada en los artículos databa de los años 90. Una enfermedad conocida hace mucho tiempo, antes llamada maníaco-depresiva, de repente se convertía en un foco importante de atención a la vez que se producía un boom, tanto por investigación como en diagnósticos. Y hasta se le cambió el nombre por el de Trastorno Afectivo Bipolar (TAB), pero nos dejamos siempre lo de "afectivo".

En su día escribí un post llamado “Fashion” (21/12/2004, http://carnedepsiquiatra.blogia.com/2004/122101-fashion.php) porque mi sensación era incluso de que alguien daba comisión por diagnósticos de TB. Y que los psiquiatras andaban algo perdidos en la materia. Todo muy nuevo, fármacos nuevos, y pacientes en plan conejillo de indias con estos tratamientos recién aprobados por las autoridades sanitarias.

El párrafo del artículo en cuestión, sobre el episodio mixto, rezaba:

Los estados mixtos desafían el esquema tradicional de que la depresión y la manía son extremos opuestos, desde el punto de vista semiológico y dinámico. En cambio, lo observado en estos cuadros es que cuando el paciente presente más síntomas maníacos, también aparecen más signos de depresión. Y que con el tratamiento adecuado, tienden a remitir las manifestaciones de las dos series (Goodwin 1990).
La experiencia de los cuadros mixtos tiene importancia desde varios puntos de vista. Uno es el heurístico: ¿cómo se explica, desde un modelo en el que la manía y la depresión son estados que se alejan de la normalidad en direcciones opuestas, la posibilidad de coexistencia? (Kotin 1972). Se ha postulado, sobre la base de una serie de fenómenos clínicos que no pueden ser explicados mediante este esquema, que el trastorno bipolar no consiste en la alternanda de dos condiciones antagónicas, sino de un continuo -de menor a mayor gravedad- entre la depresión y la manía. En este modelo encuentra su lugar el trastorno bipolar mixto. (Court 1972).
[La negrita es mía]

(http://www.drwebsa.com.ar/aap/alcmeon/09/a09_04.htm)

Me chocó que esta afirmación remitiese a 1972, pues en estos momentos cien estudios podrían refutarla, pero me sentí identificada en ese continuo, donde si no estás en los polos “puros”, oscilas entre ambos. Y si ese oscilar se hace continuo y molesto, al parecer ya se puede hablar de episodio mixto.

Esto es importante pues no deja lugar a “un lugar llamado eutimia”, donde el paciente está asintomático. Toca oscilar, y acostumbrarse a ello.

Pocos casos he conocido de gente eutímica, que lo anuncian y la cosa vaya en serio. Lo están durante una semana, hasta que un síntoma se presenta. Aunque sea un solo día. A veces, bachecillos de media semana que asustan más que otra cosa pues se remite pronto acudiendo al procedimiento ordinario, llamar al psiki y ligero retoque en la pauta, pues una vez medicado, y lo he visto en mis carnes, oscilaciones de las que dan pánico no han ido a peor, a episodio.

A veces me da rabia que los psiquiatras diagnostiquen eutimia en un momento dado, pues eso influye y mucho en el ánimo bipolar. Falsa eutimia es la que se da en alguien que en la anterior visita presentaba síntomas, y la noticia mismo ya euforiza, con lo que puedes encontrarte con alguien en la parra, orgulloso y convencido de su eutimia. Es bueno dar esperanzas acerca de la remisión, pero cuando sabes de quién viene, es para llevarse las manos a la cabeza. Además, el presunto eutímico puede decidir dejar la medicación, que para eso “está de puta madre”, y vuelta a empezar la montaña rusa.

Mis conocidos, al igual que yo salvando una excepción, somos oscilantes. Todo el mundo tiene días buenos, días regulares y días malos. Pero para un oscilante esos días pueden ser o tener momentos eufóricos, raros o depresivos. Me baso en lo que he visto, en lo que he vivido. Porque a veces son momentos, y momentos propios de un episodio por la intensidad. Está claro que el bipolar es muy sensible a las emociones cuando vienen fuertes, patológicas. Un momento malo en alguien que “está eutímico” es realmente muy malo. Un día regular, una alerta ante un episodio. Un día "muy bueno", disfrutado con cierto remordimiento porque gusta pero se sabe que no es bueno estar ahí medio arriba, y que si la cosa persiste, habrá que ajustar la pauta.

Los oscilantes acusamos mucho los factores ambientales. Una buena o mala noticia ya te destroza un día, un día que deja de ser neutro emocionalmente, como neutro estaba el oscilante. A veces, te levantas sin saber de qué humor estás, sin habértelo encontrado, y a eso le llamo yo un día raro, y sé que entonces soy vulnerable a impactos emocionales.

Creo que muy pocas personas se salvan de ser oscilantes. La medicación sin duda es lo que nos ata y no permite que esas oscilaciones vayan a peor. Ese es mi punto de vista, y ahora trato a una oscilación como algo que se irá sola (por ejemplo, si tiene que ver con el ciclo menstrual) o algo que voy a machacar con una pastilla, pautada para estos casos.

Hace un par de días, por ejemplo, y eso que estoy tan planchada por arriba que mis oscilaciones suelen ir a la baja, se me disparó la cabeza, empezó a ir rápido y muy activamente, pues incluso en esos momentos recuerda mucho de lo olvidado. Por un momento, tuve una "mente maravillosa". Me duró lo que me costó encontrar la pastilla para pararla, pues no puedo permitirme lujos como ese. Me han enseñado a no “aprovechar” esos momentos, pues son golosinas que la enfermedad ofrece y si las comes, puede esperarte algo peor.

Estar contento no es estar eufórico, estar triste no es estar deprimido. Días buenos y malos los tenemos todos. Pero si se presenta un síntoma, que es algo fuerte y el bipolar nota porque ya lo ha vivido, hay que tomar medidas, o simplemente ponerse en guardia por si se trata de la antesala a un episodio, si ese malestar o síntoma persiste a las horas o a los días.

Un oscilante ha de autovigilarse. No es libre, intenta vivir sin acordarse de su enfermedad pero ella ya se cuida de que lo recuerdes. No se trata de mirarse al ombligo todo el día, tampoco, pues un oscilante vive.

No soy libre. Oscilo, y a ello me he acostumbrado. A no poder hacer planes, por ejemplo. Y yo qué sé cómo estaré mañana… a veces no por humor, lo que apuntaría al trastorno bipolar, sino por el estrés que me dispara la angustia ante un Tengo Que, sin ir más lejos. La angustia, gran compañera de muchos oscilantes.

Depresión unipolar relatada por M.

Depresión unipolar relatada por M.

Estoy en estos momentos atravesando una ligera crisis que mi psiquiatra ha calificado de "depresión moderada". Me recetó un antidepresivo que me va relativamente bien, aunque tengo fuertes momentos de recaída, donde siento que el mundo se quiebra bajo mis pies. Llevo algo más de un mes con el tratamiento, y a pesar de esa ligera mejoría que te comenté, lo cierto es que a menudo vuelvo a sentir esa tristeza inmensa y el vacío terrible que lo originó todo. En esos periodos me siento desanimadísimo, y solo, muy solo, sin ganas de hacer nada. Cada mañana me obliga entonces a un esfuerzo terrible para levantarme y acudir al trabajo. Las actividades que antes me satisfacían, como hacer deporte o escribir o leer o escuchar música, se me tornan en esos momentos indiferentes, y lo único que me apetece es tumbarme en el sofá con una manta por encima y rumiar mi tristeza pensando que mi vida es un desperdicio sin futuro. No tengo ilusiones, ni objetivos, ni deseos. Es una situación frustrante. Muchos de esos días me suelto a llorar como si fuera un niño, y siento un hormigueo en el estómago que me sube hasta el corazón (yo lo llamo el dolor del alma).

Así llevo, ya te digo, más de un mes, tratando de exorcizar definitivamente a esos demonios que han querido hacer de mi alma su hogar. ¡¡¡Porque quiero volver a ser el mismo que era, una persona optimista y alegre, muy jovial, siempre dispuesto a divertirse y a divertir a quienes le rodeaban!!!

A mí de momento lo que me salva es que tengo una gran fuerza de voluntad y eso hace que aunque no me apetezca hacer ciertas cosas, pues saque fuerzas de flaqueza y las haga. Por ejemplo, voy al gimnasio aunque no tenga ganas (en realidad lo odio), pero la verdad es que mientras haces ejercicio a tope por lo menos no piensas y es un periodo en el que al menos la tristeza parece camuflarse. Me pasa igual con el trabajo, aunque me cuesta un mundo ir, y hasta a veces siento náuseas, procuro enfrascarme todo lo que puedo para no pensar en mis problemas. También me esfuerzo por leer algo entrenido, etc, etc. Todo eso me ayuda, ya digo, ya que si sólo hiciera caso a lo que me pide el cuerpo, pues eso, a meterme bajo la manta todo el santo día.

Lo cierto es que yo no tengo motivos reales para estar así. Es verdad que llevo una larga temporada que, por motivos de trabajo, tengo que estar viviendo solo en una ciudad que no es la mía (...)

Quizá todo esto sea también un castigo por mi pasada soberbia. Porque tengo que confesar, y espero que sepas perdonarme, que hace algún tiempo yo no sólo no creía en las depresiones, sino que a quienes la padecían les menospreciaba diciendo que eran gente débil de carácter que prefería encerrarse en su caparazón que afrontar de verdad la vida, o peor aún, sospechaba que eran excusas para no ir a trabajar o cosas por el estilo. Me da tanta vergüenza escribir esto, pero es la verdad, yo era así de arrogante y estúpido. No creía que pudiera existir una enfermedad llamada depresión. Siento ganas de llorar al pensar de qué equivocada manera he considerado a gente que lo que más necesitaba era ayuda. Pero de nada sirve ya lamentarme por mi pasada estupidez. Ahora yo soy el enfermo, y eso que mi depresión es sólo "moderada", según el psiquiatra. ¡Tiemblo sólo de pensar cómo será la severa!

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Sé que tarde o temprano la depresión me abandonará y volveré a ser el de antes, de eso estoy seguro, pero el camino me está resultando asaz tormentoso, un duro calvario que me tiene transido de aflicción; aunque también me está sirviendo para limar defectos que antes poseía, de hecho ahora soy más humilde que antes, menos vanidoso, y he aprendido a valorar más a los demás, y también he aprendido a conocerme mejor a mí mismo, saber que soy mucho más vulnerable de lo que suponía (antes me creía revestido de un escudo capaz de resistir cualquier golpe), ahora no, ahora sé que soy tan frágil como el que más, que los dardos que la vida lanza de vez en cuando también pueden alcanzar mi alma; y sobre todo he aprendido a comprender mejor a los demás, a saber que en el fondo todos tenemos defectos y virtudes, vicios inconfesables y bondades manifiestas, que nadie es Bueno ni Malo con mayúscula, sino que en todo el mundo es posible encontrar detalles que valorar. Es muy posible que de esta molesta crisis salga un M. purificado, una mejor persona en definitiva, como el gusano que tras pasar encapullado largo tiempo en la crisálida emerge convertido en una espléndida mariposa.

+++

Llorar es bueno; yo en los días de Diciembre, cuando la depresión fue más intensa, también lloraba a menudo, y después de hacerlo me sentía más aliviado. Es verdad que estoy mucho mejor, ya te lo comenté en anteriores mails. Ahora tengo días de más o menos ánimo, de más o menos tristeza, de más o menos hormigueo en el estómago, pero no he vuelto a padecer aquellos episodios que me invadieron en los fatídicos meses de Diciembre y primeros de Enero, episodios que me impelieron a visitar por vez primera en mi vida a un psiquiatra. Aquellos sí que fueron días horribles, me ahogaba, sentía que el mundo ya no tenía nada que ofrecerme ni yo nada que ofrecer al mundo, que estaba acabado, que no me quedaba nada por hacer, y lloraba mi rabia, mi impotencia, y volvía a tener pensamientos nefastos, y volvía a llorar, un círculo vicioso que sólo rememorarlo me eriza el vello del cuerpo. Sigo con mi tratamiento a base de una pastilla diaria de C., que de momento esta logrando contener a aquellos leviatanes, y sí, hago una vida más o menos normal.

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Sé que aún no estoy del todo recuperado, aunque la evolución va bien. Mi sensación es extraña. Noto que voy caminando por un angosto sendero, a uno de cuyos lados hay un refugio, el lugar donde sé que puedo guarecerme emancipado de mis vampiros, la cura en definitiva; pero en el otro lo que hay es un precipio insondable, la caída al averno. Y yo camino por ese buído pasadizo, haciendo equilibrios como un volatinero, temiendo volver a caer en cualquier momento. No sé. Es difícil de explicarlo con palabras, y menos hoy, que me encuentro un tanto espeso y estoy escribiendo bastante atropelladamente. Percibo ese hormigueo en el estómago que es para mí como una señal de emergencia, una luz roja que se enciende en mi cerebro y anuncia "Alarma, M., ten cuidado con tus pasos, puedes perder el equilibrio y el abismo te espera allá abajo con sus fauces abiertas. Recuerda lo mal que lo pasaste. Ten mucho cuidado". Y entonces busco rápidamente cosas que hacer que amorticen la angustia que en esos momentos amenaza. De todas formas, ayer por la noche tuve que tomarme medio O., y eso que hacía varias semanas que no los tomaba; pero me costaba demasiado conciliar el sueño y tenía algunas taquicardias. Me hizo efecto rápidamente y me dormí.

Es fabuloso tener buenos amigos que se ocupan de uno en los malos momentos. Yo, por fortuna, también los tengo (...), hoy mismo vuelvo a comer con B., mi compañera de la que ya te hablé. Creo de todas formas que cometí un error al decirle lo de mi depresión, porque desde entonces no para de estar solícita hacia mí, demasiado atenta a veces. No sé, tengo la impresión de que me trata como si ella fuese mi madre (¡una madre varios años más joven que yo!) y yo una delicada figura de porcelana. ¡Que no me voy a romper, cojones! Ah, no soy justo con ella, lo hace con buena voluntad, pero es que odio que me traten con tanta conmiseración, que me manejen como si fuese de cristal, como si pegado a mí llevase pegado un marbete que dijera "frágil, no tocar". Me parece que a ti te pasa lo mismo.


. . .


La correspondencia con M., de la que he extraído estos párrafos escritos por él con su autorización, se desarrolló durante el mes de febrero, y al parecer su depresión remite poco a poco, aunque se manifiesta todavía a días.

M. no tiene bipolar. Pasa por una depresión unipolar. Pero el sentimiento, es el mismo.

He seleccionado poco de lo mucho que llegó a relatar. A este último párrafo donde habla del trato recibido al anunciar el tema, le respondí: "acabas de catar el estigma".

*** 

Episodio mixto I

Episodio mixto I

Según la teoría: bipolar significa dos polos. Manía o euforia, y depresión. Esto es lo básico, pero no es donde están muchos bipolares esperando a estabilizarse.

No siempre un bipolar está en esos polos teóricos. La inestabilidad acecha en forma de episodio mixto, mi especialidad pues son los que suelo o solía hacer. Mezclan síntomas tanto de manía como de depresión. Y una de las sensaciones que puedes tener es la de impotencia total ante tanta oscilación entre agitación e ideas negativas, a diario puedes tener momentos de ambas, insoportable. Especialmente en los momentos críticos y peores, según mi experiencia, los de ir a dormir y el despertar.

Cuesta dormirse, no tanto si te drogan. Pero el despertar no tiene nombre, porque el resto del día, tampoco, y rabias pensando en que has de vivirlo, esa es la pesadilla. Crees que la cama te salvaría de ese sufrimiento, pero sabes que no dormirás porque te sientes deprimido pero no puedes dormir, demasiados pensamientos acuden a torturarte porque la cabeza funciona rápido, cosa que no ocurre en depresión.

Para la familia, que ya no entiende absolutamente nada, lo fácil cuando eres tan insoportable es decir "eres así", y no lo eres en absoluto, pero sólo te faltaba ya la opinión de tu familia, a la que no mandas a la mierda por educación quizá.

Porque en episodio mixto, lo mandas todo a la mierda, hasta a ti mismo, porque no te soportas, y si no te soportas, ¿quién va a hacerlo?

¿Cómo no voy a olvidar eso, si estuve ahí meses, o años? Sensación de depresión y no poder tomar antidepresivos, una vez algo calmado el lado hacia arriba de ese episodio, que es el más fácil, plancharte por arriba. Hacer que remontes desde abajo... una odisea.

Atrapada entre todo, en un infierno del que no sabes cómo salir. Pero se sale, de todo se sale, menos mal que existe esa frase que da esperanza, incluso en lo más duro del episodio, que aumenta bastante la posibilidad del suicidio. Como la chica "era así", nadie se cree que tenga ganas de matarse, pues la mala leche parece ser cosa de "los vivos", y no se concibe ese estado "alto" donde sube la irritabilidad con una depresión interna de las más hondas y de las que no te salva la cama, pues no puedes estar en ella.

El episodio mixto, una puta mierda, el infierno personificado.

Auto-diagnóstico

Auto-diagnóstico

Uno de los problemas del TB es que somos muchos y pocos estamos diagnosticados.

Hace algunas semanas, una lectora me escribió, convencida de que una amiga padecía el trastorno. Cómo no, su psiquiatra le había dicho que padecía una depresión. Entonces te dan antidepresivos y en mi caso, el efecto este al que llaman "viraje" se producía, es decir, de depre ciclaba a hipomanía. Comprensible: te dan algo para subir el ánimo con el fin de que vuelvas a la eutimia o normalidad, y si tienes bipolar lo que te pasará es que te subirá el ánimo más de la cuenta.

Esta chica le dio información a su amiga, y claro, estas noticias no sientan bien. Tenías sólo un polo, y ahora resulta que tienes dos, menuda putada. No sólo no te lo crees sino que te enfadas con esa persona. Espero que a estas alturas vuelvan a ser amigas y que la afectada esté bajo el tratamiento que le corresponde, que no tiene por qué ser bipolar pero en todo caso distaba mucho del de la depresión, según me contó sobre sus conductas. Creo que en estos casos se impone una charla amistosa y un fajo de información en la mano, cuando no el libro, y sabiendo que te van a morder porque "aquí nadie es un loco". Y no, alguien con TB no es un loco.

Cuánta gente, harta ya de "no mejorar", ha dado con la palabreja "bipolar" buscando por ahí. Sólo un psiquiatra puede diagnosticar, pero tú puedes reconocer síntomas y lo que es peor, reconocerte por completo en otras historias de bipolares, que por supuesto han recorrido trayectorias vitales dispares, pero todas acababan coincidiendo en el mismo patrón: episodios, arriba, abajo, otra vez arriba, un rato de eutimia, para abajo de nuevo, y no soportarse a uno mismo entre tanto viaje raro, porque ciclar es algo muy raro y desesperante.

No solemos acudir al psiquiatra en hipomanía. Sólo cuando la depre, por supuesto. Porque pensamos que estamos bien, porque hacemos vida normal, normal y satisfactoria en lo social sentimental y laboral, si la hipomanía no acude con desagradables y antisociales síntomas de irritabilidad.

Hace poco le dejé a alguien el libro (en los enlaces: LIBRITO ÚTIL) y hoy por fin me he atrevido a preguntarle si se reconocía. Y me ha contado historias que son como las mías. Tiene visita con su psiquiatra en breve, pues ya estaba bajo tratamiento.

Es de pena que los psiquiatras a veces no entrevisten bien.

Yo iba en depre, sí, pero ¿acaso me preguntaron qué sucedió el mes o meses anteriores? Hacía falta hurgar poco para encontrar "euforia", pero a mí me preguntaron literalmente si había tenido euforias, y yo de esa palabra empleada como término profesional nada sabía. Euforias, ¿yo? No, yo tenía el ánimo normal o eso creía. Se refería a episodios hipomaníacos que tienen palabras sencillas para describirse, pero así él acababa antes, supongo, ya no quiero ni pensarlo. A veces, y les sucede a muchos médicos, no saben emplear un lenguaje llano, y en psiquiatría, donde no hacen exploración alguna, sólo esas palabras bien colocadas en una entrevista le harán decidirse por un diagnóstico y, por supuesto, por una medicación.

Ahora la comunidad de psiquiatras está en guardia, por lo que ellos mismos publican, y al parecer están más atentos a episodios unipolares que entran en su consulta (depresivos, en su mayoría, a los maníacos quizá les ingresen antes), porque ahora todos están bajo sospecha de tener bipolar en realidad. Bipolar II, por ejemplo, la eterna depresión. Ese diagnóstico es mucho más jodido, me temo, muchísimo más, que Bipolar I. El I es claro, del subidón se enteran todos. El II no tanto, y poco sé de eso porque conozco a tan pocos que "la mosca detrás de la oreja" ya es un zumbido, cuántos habrá por diagnosticar. Cuántas bajas laborales extendidas con mucho motivo pero con un diagnóstico y tratamiento que sólo puede llevar a más bajas laborales en cuanto vuelva otro episodio.

Más vale que los psiquiatras hagan caso a esas directrices que ellos mismos se marcan hoy día. Porque el tiempo medio de diagnóstico de TB es de años, más de cinco. Y, o acierta el psiquiatra, o es realmente triste que una persona con el trastorno tenga que saberlo de manos de terceras personas o buscando por internet por qué unas pastillas no le "ponen bien".

Espabilen, psiquiatras, porque hacemos mucho daño, sin quererlo porque así es el TB, cuando un antidepresivo nos lleva a subir. Porque nos marean con cambios de medicación que a nadie favorecen sino a nuestra desesperación. Porque cuanto más tarde el diagnóstico, peor llegaremos a él, más rotas nuestras vidas, más desgastadas nuestras neuronas.

Tardé diez años menos pocos meses en ser diagnosticada. Me reconocí a mí misma en páginas de Internet. Patético, ir al psiquiatra con evidencias de dos meses, agenda en mano, recorriendo todos los polos en inestabilidad absoluta. Porque no se entiende una manía con ideas suicidas, no se entiende hasta que te metes en el tema bipolar y te pasas tres días sin dormir (para eso están las manías) tragándote todo lo que hable de ello.

Es tarea de las asociaciones y medios de comunicación el divulgar la existencia del Trastorno Bipolar, pues por suerte, en algunos casos, a alguien le suena el tema y puede ayudar a un amigo, como le sucedió a esta lectora, y su trabajo le costó hacerlo, y se metió en el fregao donde iban a lapidarla por amor a esta persona.

Gracias a las personas de nuestro entorno que se preocupan por nosotros. Sin diagnosticar, somos peonzas, y lo peor, por amaestrar, sin rumbo porque te estrellas en todos.

Ojalá más supiesen que esto existe, la población general que empieza a entender la depresión, y sólo puede hacerse poco a poco.

Pero, sospechas o certezas en mano, insisto: la última palabra sobre el diagnóstico la tiene un psiquiatra, además de ser su trabajo el hacerlo. Y se tiene derecho a un segundo diagnóstico. Esa noticia es un golpe muy, muy duro, y muy importante, de forma que defiendo ese segundo diagnóstico. Sin miedo, porque peor es estar tomando la medicación que no corresponde. Y los psiquiatras no dejan de ser médicos, la medicina es un arte, y además, son humanos.

Algún día perdonaré al que no me diagnosticó a los 25 años. Es un proceso, hacer borrón y cuenta nueva, y hace falta mucho tiempo para entender la mitad de tu vida bajo algo que no podías controlar. Porque no se pueden controlar los episodios, familia, no se puede sin tratamiento farmacológico, sin saber que estás enfermo. Yo no era así, familia, algo llamado bipolar me hacía ser así. Y la verdad nos hace libres, pero trae sus servidumbres.

***

ENTRENAMIENTO

ENTRENAMIENTO

He dicho varias veces que he recibido entrenamiento, y he tenido ocasión de demostrarme a mí misma recientemente que lo tengo, menos mal que me aprendí las lecciones.

¿En qué? En convivir con esta enfermedad.

¿Quién me lo proporcionó? (Y sigue haciéndolo)

1. Comunidades de afectados: ABC (Associació de Bipolars de Catalunya) y Bipolarweb. Personas
concretas se dedicaron a ello con altruismo, sobre todo en los primeros y difíciles momentos.

Se podría decir que he recibido clases particulares. También por parte de

2. Mis terapeutas.

http://www.azprensa.com/noticias_ext.php?idreg=20902&AZPRENSA=3027fb8992b7c3313dc93fcd7372b002

En orden inverso. Son los terapeutas los responsables. Primero hay que estabilizarse.

A veces me parece que el TB hace de mi vida una carrera de fondo. Y otra con obstáculos. En el primer caso se impone la paciencia y el no bajar la guardia. En el segundo, levantarse cuando te caes.

Pero esto no es deporte. A este entrenamiento se le llama PSICOEDUCACIÓN.

Ver post: http://carnedepsiquiatra.blogia.com/2006/012001-psicoeducacion.php

 

¿Es gratis? NO.

El bipolar ha de ser consciente de que lo necesita, para empezar. Y no es gratis, eso es un gran esfuerzo. En mi caso, o me enseñaban y aprendía o me la iba pegando cada día varias veces en vaivenes insoportables, así que me puse a ello. Para dejar de ciclar, para que la montaña rusa fuese una pesadilla que sólo existiese en mis sueños y no lo que cada día me torturaba. Hay quien sólo se la pega una vez al año, ya es suficiente para planteárselo.

¿Es fácil? NO.

Pero vale la pena. Por ti y para los tuyos.

¿Duele? NO.

Lo que duele a los demás es que no lo tengas. No estaba entrenada en el verano de 2004 y llevaba meses en ello, un año para ser exactos, pero no estaba estabilizada, algo sabía sobre la teoría pero no practicarla. Me recorren escalofríos cuando pienso en lo que otra persona, esta sí entrenada, tuvo que hacer por mí. Llevarme a urgencias y avisar a mi familia, antes de ser ingresada por intento de... suicidio, sí. No estaba preparada ni para identificar esos síntomas antes de que resultaron ser algo más que un peligro. Ella, Mariló, sí. Un besote, querida.

Anímate, somos muchos en la carrera. Y cuando nos vemos, nos decimos que nos va bien, dentro de lo que cabe. Nuestras familias suelen llamarlo "eres responsable","te cuidas".

El entrenamiento no cura. Ayuda, nos ayuda, les ayuda.

***

Releo el primer artículo y me digo: qué suerte tienen en Canadá.

 

AUTORIDAD

AUTORIDAD

Subtítulo: y sanseacabó por el momento el tema de las pastillas

Sí, estoy pesadita con el tema de tomarse las pastillas, de seguir al pie de la letra la pauta.

Es que "tan sólo" un 50% de bipolares abandona la medicación.

Y claro, entre ellos, alguno conozco. Y entre ellos, alguno ha sido ingresado por haber hecho burradas.

¿He de ir a visitar a alguien que ha ingresado por no hacer lo que debía, por haberse provocado voluntariamente una crisis?

¿Por desoir los avisos de la gente que tenía a su alrededor?

Ya estoy cansada de dar sermones a la gente que me importa, aquí todo el mundo hace lo que le da la gana.

Las lecciones las sabemos todos. En la práctica, muy pocos las cumplen. Yo misma, sin ir más lejos, el gorro de la piscina sigue seco y ha pasado casi un año.

Me pongo pesada conmigo misma y dejo que según quién me diga cuatro cosas. Verdades como puños, esas no ofenden y si lo hacen, es que sabes y no quieres.

Sí quiero, me voy poniendo excusas. Ya lo haré. Y pasan meses. Me justifico, claro, en eso somos todos expertos. Me está costando mucho el tema de los hábitos, más de lo que pensaba, pero eso es la otra mitad del tratamiento, la primera es tomarse la medicación.

Volviendo al tema de la medicación, esto es lo último que voy a decir. O tendré que abrir una sección llamada "Bipopastillas" o "Tómatelo, gilipollas", porque ya me enerva el tema demasiado. Me están subiendo dosis, este año no es muy bueno, vale, pues me las trago, porque me lo dicen y porque sé que es bueno para mí, porque no estoy ajustada cuando presento algunos síntomas.

Es muy importante, para mí lo es, la autoridad que debemos otorgarle al psiquiatra, además de confianza y otras cosas.

Crecí en el seno de una familia donde la autoridad estaba más que clara, y a ella debía obediencia, y prefería la obediencia al castigo. Los profesores también son autoridad para un niño. Y los sacerdotes, si se es creyente. Y un policía, y tantas otras figuras en la sociedad.

¿Sumisión? Sí. También fui rebelde cuando mis hormonas lo fueron en "la edad del pavo", y me cayó más de una colleja.

Crecemos y la autoridad toma otras figuras, tu jefe lo es. No cuestiones la autoridad o te quedarás sin trabajo, ¿verdad?

Enfermamos y de repente la autoridad es un médico.

Estamos en las mismas, o obedeces, o el castigo está asegurado. La diferencia es que tú mismo te lo habrás provocado.

Tómate esas pastillas, y en esas dosis. No vale decir me quito media porque estoy engordando. No vale nada, has de obedecer. El castigo ya sabes cuál es, es encontrarte muy mal, puede ser un brote psicótico, puede ser un ingreso.

Eres mayorcito y estás bajo tu responsabilidad, tú también eres tu autoridad. Y eso no te da derecho a perjudicar al resto de tu familia.

***

Por qué no tomarlo?

Por qué no tomarlo?

Una vez me recetaron algo nuevo, algo para un trastorno bipolar que decían (inexacto: yo lo tenía claro, fue mi psiki el que se demoró hasta que mi manía más la información que busqué me dieron las respuestas) que tenía. Ya no tenía depresión, ahora tenía esto.

Se equivocó en la primera receta. No existía esa dosis para ese medicamento, ya podía ir a otra farmacia, todas decían lo mismo, yo como una moto hasta que pude ir a buscar otra receta, esta vez correcta. Me costó ir, yo no me encontraba bien y apenas salía de casa, con una fobia social que es uno de mis peores recuerdos de esa época.

Lo compré y leí el prospecto. Mal hecho. Hubiese debido interrogar al psiquiatra para que me explicase por qué me daba un antiepiléptico, para empezar, y para seguir qué podía pasarme, qué efectos secundarios podría acusar. Con palabras sencillas, palabras que no dejasen lugar a dudas: me he de tomar esto y sé qué riesgos tiene y si tengo este efecto secundario he de decirlo. Así de claro.

No sabía, no estaba informada. Y me dio miedo tomarlo.

Para eso está Bipolarweb. Para que el resto te diga que se lo está tomando y no sólo no tiene miedo sino que se encuentra mejor, o quizá que se lo tuvieron que cambiar bien porque no respondía bien porque los efectos secundarios eran demasiado perjudiciales.

Nada quiero saber sobre medicación, porque he de tomármela. Me parece muy bien saber qué vitaminas llevan los tomates, pero no quiero jugar a la hipocondria. Cuando me receten algo, me interesaré por ese fármaco.

Para qué quiero saber sobre otros medicamentos, si lo que me diga la gente que los toma será personal e intransferible. A todos nos sientan como las colonias, ¿verdad que nadie huele igual cuando se pone la misma?

No seré yo quien le pida al psiquiatra algo que le ha funcionado a un amigo. Ahora le estoy pidiendo que me de algo alternativo a la benzodiacepina que tomo y me tiene como una yonki, porque en su día ya tuve problemas con esta familia de fármacos.

Tengo muy claro que el psiquiatra ha de saber más que yo, para que yo confíe en él. Y no meterme en su terreno, no es bueno ser profano en farmacología y creerse que uno sabe porque alguien ha tomado algo y ha leído un prospecto. Bien, esa es mi opinión, y es la que voy a defender.

Seamos obedientes. Tomemos lo que nos han recetado desde el primer día, quizá con instrucciones sobre una pauta ascendente tan importante en según qué fármacos. Es difícil empezar esas pautas, ve subiendo 10 mg cada tres días, es para apuntárselo en la agenda vamos. Pero hay que hacerlo así, por las pastillas que conozco es precaución ante efectos secundarios fuertes.

Si no tomamos esa pastilla, porque creemos quizá que ya tomamos suficientes, que no vale la pena una más, ese tratamiento no estará completo. Es el psiquiatra quien decidió que necesitaba eso, lo incluyó en la pauta, y contará con que me lo estoy tomando cuando le visite de nuevo. No soy quién para negarme. ¿Por qué? Por una cuestión de autoridad. ¿Por qué? Porque no salgo del pozo y quiero mejorar. Haz tu lista, y luego mira eso que no te estás tomando.

Sin miedo, la pastilla nueva no está para mirarla en su caja, se traga con el resto y lo que sigue, ya lo sabemos todos... cada uno huele diferente con la misma colonia.

En mi caso, lo que sigue es un sueño que no puedo controlar. El que me está entrando ahora, cuando cuelgue la foto tendré ya ojo y medio cerrado. Y mañana por la mañana, estaré así otro ratillo.

C’est la vie. Como que este tema lo tengo ya muy sobado en el blog pero sé lo que me costó aceptarlo, y el futuro me dice que tendré que volver a tomar algo que a priori no me haga gracia, pero "será lo que hay".

***

YO NO QUIERO SER BIPOLAR

YO NO QUIERO SER BIPOLAR

Claro que no. Yo tampoco, cariño.

Pero nos lo han diagnosticado.

A partir de ahora, ya no veremos a los otros "que son bipolares" como algo ajeno, incluso peligroso. Ahora nos dará miedo ser "uno de ellos".

Da miedo, ¿eh? Cuesta reconocerlo, ¿verdad?

Antes les mirabas y decías "los locos".

Tú no estás loco/a.

Los que padecemos Trastorno Bipolar, le llamaremos TB, tampoco estamos locos, aunque sabemos perfectamente qué es la locura.

Mírate al espejo. Sigues siendo tú.

Y me temo que no estarás muy contento/a con tu vida, o te sentirás mal, quizá pensabas que estabas enloqueciendo y te sueltan TB y entonces ya se te caen todos los esquemas.

Levántate. 

Vuélvete a mirar al espejo.

A los ojos.

Y di para tus adentros: no SOY bipolar, TENGO bipolar,

y por lo demás, soy yo.

No un loco, una persona. 

Luego hablaremos de qué parte de ti era la enfermedad.

Ahora, mírate, y tómate las pastillas, luego hablaremos.

"Hablaremos"... ¿Con quien?

Con tu terapeuta, para empezar. Con tus amigos, con tu familia... con quien te sientas a gusto.

Muchos no lo entenderán. ¿Acaso lo entendías tú antes?

Mírate, eres tú.

Nadie quiere SER bipolar, aunque algunos al parecer están muy a gusto en una posición de enfermedad.

Todos queremos ser altos guapos inteligentes y sobre todo, ricos.

Pero somos lo que la realidad cruda nos ofrece. Tenemos una enfermedad.

Estamos vivos, es lo que importa. 

Mírate, eres tú quien tienes un problema, y qué suerte tienes, ya lo sabes. 

Estás vivo/a. 

Por tanto, eres un ser humano, no un monstruo.

No eres bipolar, tienes algo llamado Trastorno Bipolar.

Y no estás solo, no estás sola, hay más que lo padecemos.

Y hay tratamiento, esas son las buenas noticias.

Nadie quiere estar enfermo, pero no está en nuestras manos.

Mírate, mírate y empezarás a aceptarte.

Claro que se sufre. Mirarse es fácil, o lo parece, porque yo estuve meses sin poder hacerlo, demasiado tiempo.

Y más se sufre en el proceso de tomar conciencia de que tú y el TB vais a tener "que ser amigos".

Porque ya escribiré más sobre mi actitud ante el problema:

no hay que luchar Contra el TB, sino Con él.

*** 

Traga saliva, y LLAMA

Ayer me puse un DVD de los cuatro que tengo para "desconectar" (tengo cuatro y dos son películas no aptas en ese sentido: Alguien voló sobre el nido del cuco y The Wall), y me juré que cuando me entrase el sueño químico lo único que importaría sería quitarme los auriculares y que el pc hiciese lo que le diese la gana. Pues me he despertado con ellos, con una banda sonora de esas introductorias a la película, chumba-chumba-zumbidos, a saber qué he dormido y cómo, y no recuerdo nada, cuándo dejé de ser un cerebro, y ahora tendré que recuperar una escena del menú y temo no acordarme de cuál. Bah.

 

Escribo porque no sé dónde tengo la cabeza, y voy por el segundo o tercer café, ya ni lo sé, sólo que ya es descafeinado. He hablado con mi amigo. Y tengo claro que hoy me pasaré por un kiosco a comprar dos películas más (vi una colección de comedias tipo Cary Grant) que no me puedo permitir monetariamente pero sí necesito por salud mental. Y un comic, qué leches, voy a leer aunque sean "bocatas" y Conan no me desagrada.

 

Sales de una gran ciudad o núcleo urbano y si estás enfermo, crudo lo tienes. Apenas hay profesionales capaces de atenderte. Mi amigo está en esas, recuperándose de todavía no sabe qué le hicieron salvo atarle, y con la idea clara de volver a Madrid para ser ingresado, porque conciencia de que está mal no le falta. Las historias de gente que no vive en estos grandes núcleos de población con servicios sanitarios no suelen ser buenas, donde no hay medios ¿hay salud? Y sólo hablo de España.

 

Vivir en Barcelona capital posibilitó que a unos 15 euros de taxi estuviese a salvo en Urgencias, unidad de psiquiatría, donde me llevó alguien de ese grupo, bendita sea esa persona. El 2 de septiembre de 2004. No había hecho nada, todavía, de haberlo hecho no hubiese valido la pena ir a Urgencias sino esperar al CSI.

 

Llevamos dos años y medio juntos, un grupo de apoyo donde se han forjado amistades, y por suerte, yo no he vivido entierros en todo este tiempo de diagnóstico, sí alarmas para mandar una ambulancia al domicilio que ya te dejaban sin aliento. Cómo me llevaron a urgencias tiene hasta un punto cómico, por lo que no lo relataré ahora.

 

El suicidio sigue siendo un tema tabú. El otro día, charlando con una amiga, me mostraba su escándalo ante los casos diarios publicados de violencia doméstica. Siempre la ha habido, sólo que ahora se intentan medidas. Lo grave es que cada día los medios de comunicación no sólo los publican sino que “dan ideas”, de cosas que han funcionado, como lo hace la serie CSI en el aspecto criminal.

 

En su día leí estadísticas sobre el suicidio en este país pero no las recuerdo. En Japón es un problema importante. Este tema no sale en los media, y seguro que genera más víctimas que el maltrato. Pero, me alegro, porque así no se “dan ideas”. Ideas sin retorno. Ideas que sí dejan secuelas de por vida a quien ha fallado en el intento. He visto las cicatrices de quien falló. Me callo.

 

R. me tranquilizó ayer, esto es así, cuando no caiga uno lo hará otro me vino a decir, no sufras, todo ha pasado y tú ya sabes qué tienes que hacer si te ves en esa situación. Lo sé. Por eso ingresé voluntariamente en diciembre de 2004. Si juzgan tu apariencia, te verán sano, porque no sangras por supuesto, pero si llegas a ese extremo, no lo estás, y por suerte en Barcelona había alguna cama libre, no me mandaron a casa donde me esperaba el “se me fue la pinza” en cualquier momento.

 

Llama al 112 ante ideas suicidas, si puedes hablar con tu psiquiatra antes, muchísimo mejor. Planes ya son demasiado, planes son ya la Espada, planes son vete cagando leches antes de que se te vaya la pinza, de que ya no te sujete el “no lo hago por mi madre”, que ésta desaparezca como todo lo demás.

 

Me han entrenado para que lo haga así. Últimamente hablo del entrenamiento que he recibido, y ese es un punto importante, demasiado.

 

Llama, llama, llama. Aunque vivas en el culo del país.

 

***

P.D. 12.48. empiezo a recuperar actividad cerebral lúcida. Emociones fuertes (o sentimientos encontrados, como me dijeron) y efectos secundarios están mitigándose. La vida sigue.

Traga saliva

Le colgué a las 22.15 el domingo, estaba fuera de Madrid y me contaba sus aventuras, yo lo mismo, y nos echábamos de menos.

Me había contado que ahora leía mucho, y quise hacer lo mismo, porque su ilusión iluminó mi pesar al respecto. Volver a leer fue su alegría, y me la contagió, y decidi no escribir para concentrarme de lleno en el objetivo que me haría dar un paso más en mi bienestar anímico e intelectual.

Recibí una llamada el lunes, si había hablado con él recientemente, pues sí, ayer mismo por la noche, y recibí el sobresalto.

El lunes por la tarde ya estaba en casa de sus padres, pero todavía estaba ingresado.

Después de un lavado de estómago. Ese domingo sobre medianoche fue llevado a urgencias, bien cargadito de algo o mucho que no pudo vomitar cuando se dio cuenta del desastre, ya en estado digamos drogado, y al menos llamó pidiendo ayuda.

Ayer lo supe, después de postear, y a última hora pudimos intercambiar cuatro palabras.

- ¿Por qué, qué te pasó? Me pareció que estabas bien cuando hablamos...

- Porque se me fue la pinza.

Me sonó tanto... 

Esto es Trastorno Bipolar.

Casi voy de entierro de un amigo hoy. No hubiese podido ir. Le quiero demasiado y le he dicho que piense en nosotros, y él lo sabe, pero NO SE PUEDE EVITAR, y también lo sé, SÉ QUE NO PUEDES EVITARLO aunque esté allí tu propia madre, te vas a otra habitación y punto.

La siesta que he necesitado, emocionalmente "con fiebre", no ha hecho sino agravar este mal recuerdo y sufrimiento, esto ha sucedido en la vida real y en mi entorno, mi nuevo entorno, uno de mis primeros amigos en Madrid. El que me pasa a buscar, y si nos parase una hipotética policía psiquiátrica, nos mandaría al piso de los hipomaníacos, de lo que llegamos a reír, fabular, concebir, hacer tonterías que serán futuras batallitas, inocentes, "parecéis dos nenas" nos dijeron una vez.

Tengo entendido que en episodio mixto, la tasa de suicidios aumenta al 50%. Su psiquiatra no ha conseguido que este episodio remita, y lleva demasiado tiempo mal. Ratos buenos, los tenemos todos. Luego llega un insomnio o un "no me aguanto", o una bronca con alguien, llega algo muy desagradable en lo que cuando te levantas de la cama, maldices el día que has de pasar así.

Le cuelgo y está bien, casi mejor que otras veces, poco alterado, mimosín. A la hora, "ya no está", directamente. Los neurotransmisores juegan sucio, mucho.

Esto es Trastorno Bipolar. Como lo es la historia de Pita en "Abandonar la medicación". Un desajuste biológico te lleva a un episodio, o a la tumba, contigo como arma, y te llevas por delante a quien sea en tu auto homicidio, sufrimiento, nada importa ya.

Que lea mi vecina, yo no he parado de darle vueltas y necesito recobrar mi serenidad. Posteo sobre algo que me parece importante, que se lean los trapos sucios de esta enfermedad.

Él se está recuperando con su familia y yo sufro con él, es mi amigo. Ahora le están dando la medicación, precaución básica. Lloro y sufro porque la próxima puedo ser yo, por mucho que haga un año que al menos mis ideas hayan desaparecido, ¿quién, el próximo?. Sufro y lloro porque es como si todos los buenos momentos que he pasado con este amigo se hubiesen desvanecido de repente y tuviésemos que empezar de cero, después de una charla seria que voy a tener con él, muy seria, acerca de su psiquiatra, y no va a ser la primera. Sé que no he sido la única en cuestionar a este profesional, porque mi amigo no sólo no ha avanzado en muchos meses sino que... :(((

Y empezaré de cero porque espero que él pueda decir que empieza de cero, una vez sea estabilizado, o empiece a tomar decisiones y ser ayudado para este sí gran objetivo, dejar de sufrir, que la vida no se tambalee a su alrededor. Será mi amigo esté enfermo en episodio o no, pero ahora, ahora... se va a tener que tomar mucho más en serio su tratamiento, porque ha catado la Espada.

Queremos vivir, que lo sepáis. Sólo que... se nos va la pinza. Sin aviso, yo no recibí ninguno en una hora o más de conferencia, y llevo muchas horas de teléfono con él. Me creo que le pasase después, el mundo se te cae encima sin hora. No sé por qué no me llamó cuando le vino el mal momento, pero por suerte llamó a una persona que pudo llevarle al hospital.

*** No comment. Si alguien quiere decir algo, a mi buzón de correo, y advertido está de que puedo postearlo mañana mismo.

EL TECHO

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Abría los ojos.

La ventana, tan cerrada como la dejé, oscuridad.

No me movía.

Madre se daba cuenta rápido de que estaba despierta, quizá porque iba al baño. 

Abría parcialmente la ventana.

Bien, ya tenía luz, la suficiente.

Ya veía el techo, a veces me sobraba con un punto en él.

Abría del todo los ojos y allí perdía mi mirada.

Qué tendrá el techo.

No podía ni quería escapar del techo.

Y Madre se lo dijo al psiquiatra como una de mis conductas más raras: “se pasa el día mirando el techo con los ojos muy abiertos”.

No tienes nada mejor ni más importante a hacer que mirar el puto techo.

Nada más puedes hacer.

Horas, horas.

Días, días.

 

Hace un año que no lo hago, y no estoy muy segura de lo que pensaba, pero aventuraría a afirmar que los ojos abiertos en el techo eran actividad mental cero, que el peligro era cerrarlos y sí empezar a pensar, en nada bueno por cierto.

El techo, en todo caso, me producía el aislamiento que necesitaba.

 

Te ven así y cierran la puerta de la habitación, convencidos ya de que estás fatal.

No lo entienden, pero ven que algo no va bien.

Depresión.

 

***

Abandono de la medicación

Abandono de la medicación

Tema ya tratado en el post http://carnedepsiquiatra.blogia.com/2005/102703-no-seas-infantil-e-irresponsable.php

Se refería a alguien en concreto, y si alguien lo anuncia, se le tiran encima unos cuantos para que entre en razón. A mí misma me sucedió, cuando se me acabó la paciencia, fui reticente al tramiento durante tanto tiempo que dejé de tener fe. Luego (meses después) salí de mi error, la medicación sí funcionaba, a un precio. Menor que el de estar muy enferma.

A nadie le gusta tomar 10 o más pastillas al día. Mucho menos, los efectos secundarios. A la impotencia por sufrir el trastorno se suman estas molestias que también producen impotencia al paciente, es una esclavitud que a veces cansa, y le pasaría a todo el mundo.

En un segundo de la película "Mr.Jones", Richard Gere tira su bote de litio a la basura, casi pasa desapercibido. Es lo que hacen muchos cuando "se encuentran bien". Si ya estoy bien, para qué tomarlas, razonamiento válido cuando no deberías tomar decisiones, y mucho menos concernientes a tu tratamiento.

Te saltas algo importante, por ejemplo. Te vas de juerga y te emborrachas a diario. Eso no se puede mezclar con las pastillas. También hay gente que prescinde de ellas entonces. Llámalo irresponsabilidad, llámalo como quieras. Se hace. "Mis amigos se toman unas copas, fuman porros... yo no puedo, y me provoca mucho malestar". Quieres "ser normal", hacer lo que todos, aunque sea dañino, y como lo sabes, dejas las pastillas.

Llega un momento en el que muchos maldecimos todo esto. El otro día soñé que no tenía que tomarme las pastillas de noche, y que dormía sin ellas, qué felicidad. Y me levantaba despejada, cómo echo de menos eso.

El precio es la estabilidad. Sé lo que es estar muy mal. Sé lo que costó dejar de estarlo. Si me vienen tentaciones, he de recordarlo, no demasiado, son demasiados años y meses sufriendo. Firmo con lo que sea.

El caso es que en hipomanía, cuando has subido algo, te ves capaz de todo de repente. Incluso te consideras curado, eso me pasaba a mí cuando mi diagnóstico era depresión, para mí ciclar hacia arriba era curarme de una depresión porque no sabía que estaba ciclando, y consideraba que "estaba curada", y el psiki me bajaba las dosis, y pedía el alta para volver al trabajo, y quizá no me tomaba las pastillas cada día porque pensaba que después de tantos años, poco hacían. Volvía a mi vida hasta que el estrés podía conmigo o de nuevo ciclaba hacia depresión. Yo no lo percibía así, por supuesto. Sí llegué a dejar la medicación entonces, en lo más bajo de la depre, y fue cuando subí demasiado de repente (ver post "Manía I" http://carnedepsiquiatra.blogia.com/2004/122901-mania-i-diagnostico-ii.php).

En hipomanía, podemos decidir que estamos curados, y que no necesitamos la medicación. Falso, por supuesto. Si la medicación te ha colocado en la delgada línea de la estabilidad, puedes tener esa tentación pero sabes que debes seguir medicándote para no abandonar la línea. Si la dejas entonces, también abandonas la línea. En cambio, en hipomanía el dejarla es "algo natural" y las oscilaciones van a ser peores, y lo jodido, retomar la medicación más tarde puede provocar que haga menos efecto y por tanto cueste más estabilizarse.

La psicoeducación empieza por eso, según tengo entendido. Te has de tomar las pastillas cada día, estés como estés, ser consciente de que si "estás bien" es gracias a ellas.

Espero un futuro, espero que sea próximo, en el que todo pueda ser inyectable. Hay fármacos que lo son, al menos conozco dos, y una inyección al mes te ahorra la pastilla diaria y evita tanto descuidos como decisiones dañinas para el paciente.

Al menos una, por favor, hace un año que no me varían la dosis de un fármaco. El resto está sujeto a las inevitables oscilaciones, a que cambien la pauta para devolverte a la "normalidad", ya dije que la línea de la estabilidad es delgada, demasiado. Y no tiene por qué ser enfermedad lo que nos desestabilice, los factores ambientales pesan mucho y le pesan a cualquier ser humano, así que un bipolar ha de afrontar los golpes de la vida a veces sin cambios en la pauta, porque la vida es así, a no ser que eso acabe detonando un episodio.

Pase lo que pase, no dejar la medicación. Si "no funciona", hay que achuchar al psiquiatra, y que él haga lo mismo contigo para que tengas paciencia. Y pedir ayuda, pide ayuda cuando esa tentación acuda, y de momento, cuélgate ese cartel NO DEJAR LAS PASTILLAS en la cabeza para que una neurona lo recuerde cuando empieces a desearlo.

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