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Carne de Psiquiatra -Trastorno Bipolar

La famosa entrevista con el psiquiatra: Blue al otro lado de la barrera

La famosa entrevista con el psiquiatra: Blue al otro lado de la barrera

Qué leches hago yo, que no soy ni mucho menos la paciente ideal. Sólo intento cooperar, y en ese intento, preparo mucho una visita, demasiado.

Este post en realidad podría llamarse: "Mi vida, a examen". Es lo que mejor lo define.

Podría citarme mucho desde este post antiguo:

http://carnedepsiquiatra.blogia.com/2005/012503-terapia-i-entrevista-con-el-psiquiatra.php

Lo que yo hago, no tiene por qué ser lo correcto, pero a mí me funciona, o me aclara mucho las ideas, muy importante para esta cabezota que se va por las ramas. En primer lugar, contarle mi vida de forma atropellada, como hacemos todos cuando por teléfono se nos pregunta cómo estamos, no sirve. Porque en nuestro discurso cotidiano se aprecia siempre mucha paja y poca cosa digna de "subrayar", ¿no te ha pasado a ti nunca cuando hablas con fulanito y vas apartando el auricular de vez en cuando? Por ahí va un poco lo que hago: subrayarme.

Tomar nota de lo que a él le puede interesar, no a mí. O a mí me interesa, pero al menos, la cosa se queda en una línea y no en un monólogo que acapare la entrevista como si fuese mi único problema.

Ejemplo cotidiano: me gusta un tío que no me llama hace una semana. Estoy absolutamente neurótica con el tema. Si en el tiempo que dura la entrevista, sólo hago que hablarle de ello, estoy perdiendo no sólo mi tiempo sino el suyo. Estamos hablando de un psiquiatra, no de un psicólogo. Creo que al psiquiatra le diría una vez más que me sigue afectando demasiado el rechazo. Me gusta un tío, pero él tiene perfecto derecho a que yo le deje de gustar; por qué hago un problema de eso, ese sí es mi problema, sin extenderme demasiado con detalles. ¿He reaccionado a eso con un insomnio? Lo tendré apuntado, quizá, en alguna parte: pues se lo cuento.

Ejemplo cotidiano: estoy pelada de pasta. Antes de lamentarme y llorar, lo mejor que puedo hacer es preguntarme por qué. Ah, me he pasado con las rebajas. Lo que debo hacer es abrir el armario y decidir qué compré por necesidad, y qué por capricho. Lo que le diré al psiquiatra no es que estoy arruinada, sino que hice compras compulsivas. Sin extenderme demasiado en qué, con una cifra en euros bastará. No valdrán justificaciones, aunque haya engordado he de ajustarme a un presupuesto y no comprar mi autoestima con objetos.

Ejemplo cotidiano: voy todo el día medio agilipollada, o bueno, en realidad, por las mañanas, no exageremos tampoco. Esto lo saco fácilmente de mi cuaderno de rutinas, y me apesta a efectos secundarios. De esto, sí he de hablarle, y él me hará otras preguntas. Insistiré en que ello afecta a mi calidad de vida y bastante. Quizá sea un tema de medicación. ¿O tiene que ver algo el que esté durmiendo a deshoras?

¿Cuáles eran mis obligaciones desde la última visita? Porque él me las puso, de dos tipos: 1. Me cambió la pauta, ¿la he seguido bien, o metía mucho la pata en ese acostumbrarme a las dosis ascendentes y descendentes? Es cosa mía, y si es mi error, debo decírselo. 2. Me aconsejó sobre hábitos concretos en mi rutina: le hice algún caso, di algún paso, ¿o todo quedó en buenas intenciones por mi parte? Hay que confesar.

Hay que ser muy autocrítico y darse a uno mismo el aprobado o el suspenso en "lo que hay". Si no, no hay esperanza para avanzar, te estrellas una y otra vez con el mismo muro.

Claro que me preguntará cómo estoy desde la última visita. Precisamente, hoy me encuentro bien. Qué casualidad. No seas gilipollas tía, hoy me encuentro bien pero, ¿cómo estaba ayer, cómo estaba la semana pasada? Pensando en que no levantaba cabeza. Pues eso le he de decir. Que tengo más días regulares que buenos, más malos que buenos, pero, oh, menos malos que antes.. es difícil valorar eso pues siempre recordamos mucho más los malos.

Quizá que tengo un bajón a diario por las mañanas tras tomar la medicación. Claro, como en ese momento mientras me lo pregunta no lo recuerdo, él pensará que nada de eso sucede. Si no se lo cuento, ¿lo ha de adivinar? Luego me diré y publicaré ante el resto ademas que este tío no se entera y que "la medicación no me hace nada".

No me he de arreglar para ir a verle. Si llevo tres días sin ducharme, lo suyo es que lo admita. Él se va a fijar hasta en si me he hecho la manicura o no. No es una cita, una va con los pelos que tiene. Mejor que no tengas una madre achuchándote para si has de ponerte esto o lo otro. La elección del vestuario tiene mucho que ver con el estado anímico. Mi caso: o voy pija, o voy hippie, depende de mi ánimo, por supuesto, y la entrevista es mía, no de quien me aconseja cómo ir.

La responsabilidad es mía. No sólo no hay nada que ocultar, sino que lo que oculte va en contra de mis intereses. Mis intereses, mi sueño: estar bien, llevar vida normal, más o menos "como antes".

Lo que hago al respecto, repito: tomo nota de todo. Desde el día siguiente a la consulta. Anda que no tuve material para escribir en esta última, sólo con la aparición de efectos secundarios por todas partes. Tampoco es cuestión de estar todo el día mirándose al ombligo, basta con anotar anomalías grandes tipo días con crisis, días de insomnio, si estoy broncas con las broncas o conciliadora y tranquila.

Tengo mini-ciclos en mi ánimo, mis emociones enfermas. Los más evidentes, los que se derivan de las hormonas. A veces pienso que mi único día bueno anímico es el que me baja la regla. Esto ya lo sabemos todos, pero tomo nota igualmente, porque lo mismo tuve una crisis y eso lo explica todo. Le comentaré que tuve esa crisis, con esos síntomas, y que él decida si es un hecho puntual, o ... ¿tuve más crisis, ese mes? Es el momento de vomitar eso, cuándo, y si hay un por qué. Y si hice algo incorrecto en esos momentos: quizá me automediqué a la desesperada. Si esto es un poco cotidiano últimamente, ¿puedo tener un extra pautado?

Puede que esas notas estén en varios lugares: cuál ha sido mi vida en el mes, dos meses, o tres, que han pasado desde mi última visita. He de subrayar mi propia vida en ellos. He de coger otro folio donde sólo transcriba esas frases subrayadas. Quizá un día importante esté en un mail a un amigo, en un sms donde decline una invitación. Quizá un vistazo a mi casa me diga que está demasiado desordenada o sucia últimamente, y de ese hecho pueda subrayar que me importa un bledo lo que antes me importaba.

Y si mi casa ha dejado de importarme, ¿qué me importa ahora? De nuevo, échale un vistazo a lo que te rodea. ¿Estoy saliendo a pasear kilómetros, por fin? Díselo, díselo. ¿Estoy en plan monje, estudiando a los místicos? Díselo, díselo. Por cierto, ¿por qué puede ser que ahora no escuche música?

Échale incluso un vistazo a la nevera: ¿está desapareciendo el chocolate? Esto sí es digno de ser subrayado. ¿O ahora me da por comer aperitivos a todas las deshoras? También hay que decirlo. Con mis antecedentes de comilonas nocturnas, cosas de los efectos secundarios, cualquier cosa al respecto importa. Si puede haber ansiedad en esas conductas, ahí puede haber un cambio en la pauta de mi interés.

¿Estoy sociable? Ahora reparo en que tengo el teléfono de adorno. Lo apuntaré, porque ahí sigo igual que en la otra visita. Tenga o no instrucciones al respecto, ¿qué me va a decir el psiquiatra sobre eso, mi vida privada privadísima? Que hace medio año hablaba por los codos. Vamos a ser objetivos: mi factura de teléfono me dice que hablo poco y mando mucho sms. Quizá entre los dos saquemos algo en claro.

Caótico, ¿no es cierto? Lo que me importa, lo que le puede importar. Quizá no le importe, pero sí contextualiza.

Hay que resumir ese caos. Porque yo le contaré, pero por muy subrayada que lleve mi propia vida, por favor, no hasta el extremo de analizar mis facturas de teléfono luz y gas. Otras cosas le van a interesar, y hay que dejar espacio en la entrevista para que él pregunte lo que le parezca oportuno, a eso vamos en realidad y sólo son pistas lo que en realidad damos.

Es ideal que esté algo informada sobre mi enfermedad, que conozca el nombre de un síntoma para razonarle que creo tenerlo y listarle de mi vida cotidiana cuatro cosas que lo apoyan. Porque sólo una de sus observaciones va a refutarlo. Yo no tengo razón, yo le cuento y él puede, porque es su trabajo, advertirme de que las cosas no son ni blancas ni negras en ocasiones. ¿En qué ocasiones? Recuerdo perfectamente mis síntomas depresivos en esas notas, y su diagnóstico no era depresión sino episodio mixto, cuando acababa su trabajo, y extendía la nueva pauta.

Mi trabajo antes de ir al psiquiatra es ser crítica con lo que hice y no hice, ser objetiva en cuanto a mis estados de ánimo y sus fluctuaciones en un período, no mi estado de ánimo de hoy. Le va a interesar que mi rutina del sueño se fuese a la porra por tres insomnios o por una juerga que decidí permitirme. O no, simplemente me va a recordar lo que debería saber ya, lo sé, por qué no lo cumplo, no he de relajarme en lo que sé y si a estas alturas tendré que escuchar de nuevo el ABC, me lo tendré que hacer mirar yo.

Y yo qué sé lo que le va a interesar. Quizá en su día le interesó y ahora ya no, si me conoce ya sabe de qué pie cojeo y lo de siempre, lo que yo subrayo, no le parezca relevante en ese momento. Pero yo he de seguir haciéndolo, tomando notas, eliminar la paja, contarle lo que en su día me puso al límite, o lo que cada día me impide hacer algo, ya veremos si son efectos secundarios o un síntoma de algo.

A veces los cambios de hábitos son tan paulatinos que al hacer ese examen autocrítico puedan sorprenderte. Quizá sea responsabilidad de uno hacer algo al respecto, ¿por qué hay que delegar al psiquiatra todo? Pero se lo dices, por si acaso.

Tu madre, que entre luego. Ella sabe mucho mejor que tú lo que te pasa, claro. Pero que entre luego, porque si tú tienes las cosas claras, si tú has trabajado esa entrevista, si vas con una actitud autocrítica y diciendo la verdad, lo que diga tu familia poco o nada ha de importarte. Es tu entrevista.

Por eso tengo ahí la libreta, para anotar lo que me digan. Mis notas ya son papel mojado en ese momento. Ya las retomaré para contrastar con las de la siguiente consulta. Ahora he de concentrarme en lo que sale de esa entrevista, nueva pauta, nuevas recomendaciones, notas sobre la medicación, lo que sea. De ahí he de partir y así volvemos al principio de este post.

Ejemplo cotidiano: tomo demasiado el extra que me has pautado para esas mini-crisis. Demasiados días, tres por semana.

Ejemplo cotidiano: ahora me ha dado por tener la casa como los chorros del oro y a hacerme comiditas de diseño.

Anomalía en vida cotidiana: me tomé una copa en una fiesta de cumpleaños. Esta duele, ¿eh? Lo de la fiesta de cumpleaños, hasta a mí me suena a justificación.

Un problema que puede tener el paciente: mi psiquiatra no me cae bien, no puedo contarle mis intimidades. El psiquiatra no ha de caerte bien, pero de eso podemos hablar en otro momento.

Sé lo que me juego en esa entrevista: mejorar. Por humillante que me parezca reconocer ciertas cosas, a él debo decírselas, como si fuesen secretos de confesión, pues hay un juramento hipocrático al otro lado de la barrera y seguro que tus vecinos saben lo mismo que lo que vas a contar, lo que haces y no haces, así que no jodamos.

Y mi psiquiatra sabe que si he hecho esta autocrítica y este subrayado, me enrollo como una persiana. Es más, llego a subir en plena entrevista, no estoy acostumbrada ya a que me peguen caña.

***

I can't stand the rainnnnnnnnnnnnnnnnnn

I can't stand the rainnnnnnnnnnnnnnnnnn

... against my window....

 

Doo-dloo-doo-doo-doo
I’m singing in the rain
Just singing in the rain

 

Raindrops keep fallin' on my head
But that doesn't mean my eyes will soon be turnin' red
Cryin's not for me
'Cause I'm never gonna stop the rain by complainin'

 

I'm going where the sun keeps shining
Thru' the pouring rain

 

ARRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRG QUE PARE YAAAAAAAAAAAAAAAAAA

 

Tiempo de escuchar:

(nota: no poner enlaces sin nombre, luego las canciones desaparecen)

***

No te sueltes de mi mano

No te sueltes de mi mano

Qué buena esa escena de la peli en la que la madre protectora corre sofocada desgastando el nombre de su vástago de cinco años porque se despega de su mano en un centro comercial con su amiguita del cole y el otro padre la detiene: "oye, que sólo son unas escaleras".

Mi madre se sigue culpando porque en su ausencia cometí alguna que otra estupidez, pero eran mis estupideces y las hubiese hecho igualmente en su presencia, las hice antes de que ella se cuidase de mí, por qué iba a ser diferente. Por qué ha de sufrir, merece algo mejor. Creo que ahora me ve bien.

Además, no se distinguía lo propio de una crisis bipolar de lo propio de mi personalidad y mis aficiones, gustos, de lo que soy en definitiva. Me lo ha contado otra gente que también tuvo que volver con su familia y las historias son para reír, llorar, o enseñar tus canas: amonestación por comprar libros, por no avisar de que no vienes a cenar, uy dónde estará, con quién, y encima te lo preguntan. Broncas padre-hijo en el más puro estilo adolescente. Por peinado, por vestimenta: esto es inadecuado, así o asá mucho mejor. ¿No saben que el psiquiatra tiene muy en cuenta tu aspecto, por qué lo manipulan, por qué me manipulan? Si me apetece vestir de rosa, doy un mensaje muy diferente al beige.

Soy como soy, soy rara, pues lo soy, a mí me da igual aunque me digáis que "no soy normal", siempre me lo han dicho. Pues bueno, luego te viene un diagnóstico encima para acabar de demostrarlo, no se puede ser diferente en esta sociedad sin que te cuelguen una etiqueta y te empastille un psiquiatra. Eso no quita que sea responsable y tenga unas obligaciones, pero como no eres normal, pues parece que no sepas de qué va eso.

Sigo haciendo, bien, o errando, tengo derecho a mis estupideces cotidianas sin que me estén llamando tres veces al día familiares con el alma en vilo. Es que los hay, y muchos, ¿has comido ya?, ¿y qué has comido? ¿Estás con alguien?, ¿quién es? Y si te descuidas, te llaman a las horas de toma de las pastillas, ¿no tienen otra cosa mejor que hacer? ¿Por qué renuncian a su vida por la mía? ¿Por qué ese sufrimiento, por qué tanta presión mutua, por qué no puedo vivir en paz con mi propio sufrimiento sin salpicar más? ¿No saben que me pone enferma que ellos estén enfermos conmigo?

Es cierto que no todos pueden decir: mi grado de enfermedad es compatible con mi autocuidado. Psiquiatras, mojaos para que las familias quiten pañales por ahí, que para eso se gasta también una pasta en psicólogos, de algo han de servir. No sólo hay que educar al paciente, sino a las familias, pero no, sólo va a consulta el pringao bipo. Y para educar son más efectivos los grupos de apoyo, no hay tiempo en consulta, esta enfermedad no tiene tiempos.

Con bipolar, ¿sólo tienes derecho a que te pregunten por tu salud? Un poco de originalidad, déjame subir a las escaleras mecánicas que es muy diver, además, son sólo unas escaleras, de qué hay que escandalizarse, ¿por qué temer?. Es más, como soy mayor, ya no te lo digo, ale ale.

Creo que lo entendieron, ya llevo año y medio sola y saben que me jode mucho que me llamen fuera de lo cotidiano y necesario. No es que no nos queramos, es que salí del nido y me monté uno hace muchos años, de ahí lo traumático de la vuelta, y lo liberador de saberme autónoma de nuevo, a salvo de la tormenta bipolar a la que no creí que pudiera sobrevivir. Con un camino que va más allá de la familia que me engendró y educó, y me cuidó, el camino que ha de ser mío ahora de nuevo, gracias a ellos.

Vive y deja vivir.

P.D. No estoy subiendo fotos, no me entretengo en eso. Me gustaría dibujar algo, aunque mi nivel sea de primaria. Es algo caótico pero... dejadme dormir... uy si se enteran de estas horas... "siempre fuiste así". "No problemo".

***

Ensalada variada

Ensalada variada

bipolar, trastorno bipolar, trastorno afectivo bipolar, enfermedad maníaca-depresiva, desorden bipolar...

¿Alguien da más? Me he dejado unos cuantos... ayudadme.

Con todos estos ingredientes diseminados entre la literatura y presencia en medios de comunicación, algunos directamente traducidos del inglés, otros obsoletos que se usan como sinónimos...

¿Alguien piensa que BIPOLAR va a ser algo que suene tan claro como DEPRESIÓN?

Lamentable.

***

Tres historias

Tres historias

1

Le diagnosticaron muy joven, tuvo un ingreso antes de los 18. Mejor para él, pues ha tenido un tratamiento que no ha permitido agravar la enfermedad. Y ahora apenas siente efectos secundarios, a veces, ninguno.

Era tan joven y vulnerable que su familia volvió a ver en él un niño. Creció el resto de su adolescencia y juventud bajo un paraguas de irrealidad real que reemplazó a la irrealidad de la enfermedad.

Era un joven-burbuja, que se movía en entornos controlados, fuera de los peligros de la vida real.

Cumplió los 30, y todavía recibía una asignación de sus padres.

Para qué ir a trabajar, toda la vida he sido especial, y ya me dan dinero para mis gastos.

Me gustaría tener novia.

 

2

Al poco tiempo de casarse, notó que había cambiado. Lo atribuyó a sus nuevas responsabilidades y facturas. Gritaba más de lo normal, ya no era dulce y amable como cuando le puso el anillo. Siempre irascible, siempre quejándose de los demás, todos eran unos imbéciles.

Su mujer quiere dejarle. El no admite estar enfermo, y se pone peor cuando se le insinúa ir al médico. Grita, insulta, se va de la casa dando un portazo y bebe, bebe mucho.

Gasta el sueldo así, casi sin recordar en qué, nada más recibirlo. Su familia debe pedir para pagar incluso el alquiler. No se habla de esto con nadie, son "asuntos de familia". Sus padres dirán que no le ocurre nada, mientras sus hijos se esconden en su habitación para no toparse en su camino.

Habrá que ingresarle a la fuerza. Recibirá un diagnóstico, y quizá su actitud sea todavía peor, de negación, de rebeldía al no aceptar a esas alturas de su vida una enfermedad tal.

Recaerá cada vez que deje la medicación.

Su mujer dirá "basta".

 

3

La joven bipolar era una princesa. Se movía con ademanes regios allí donde su alma iba a parar. Solía ser el centro de atención y reclamaba su parcela de liderazgo, fuere por su belleza o por su inteligencia. Su desamor era patente cuando no era tratada como la joven reina en la que iba a convertirse. Su ego era fuerte, sus aspiraciones en esta vida, también. Despreciaba a quienes se conformaban, a las mujeres que no eran sus iguales sino sirvientas a sus ojos.

Pero un día se deshizo la ilusión, la convirtieron en un sapo feo y gordo.

Tiempo después, cuando la libraron del hechizo, se miró al espejo y comprendió que nunca había tenido sangre azul salvo en su imaginación.

El mundo que había inventado ya no existía, y no sabía en qué consistía el mundo de las sirvientas.

 

***

Libres recreaciones de historias escuchadas demasiadas veces. El bipolar puede convertirse en un tirano, cómo no. Otras personas con otras patologías también lo hacen, amargan a todo su entorno, a los obligados a cuidarle. El enfermo mental es un enfermo crónico que se puede tomar las cosas a bien o a mal, como el resto de crónicos. Dicen que la actitud representa un 80%.

Viraje

Viraje

En el prospecto de cualquier antidepresivo: puede inducir a viraje a manía.

Claro que lo he vivido, antes del diagnóstico la misma pastilla que debía salvarme de la depresión me sumía en los mundos de yupi.

Incluso en depresión, la teoría afirma que a un bipolar se le ha de dar antidepre a cuentagotas, y no todos sirven, pues lo del viraje es algo serio en algunas familias de antidepresivos. Qué feliz era yo con el Prozac. Eso no es salir de una depresión, es pegar un salto, ciclar.

Ya, cuesta más salir de la depre, pero cuesta igual salir con antidepresivos, fármacos que deberían funcionar y si lo hacen es a las muchas semanas. Y nos la jugamos a ciclar hacia donde no conviene. Pero si los tomamos es como si confiásemos más en salir, en salir antes.

Tomo uno a dosis subclínicas y por si acaso, un antipsicótico le controla. Dos piezas del cóctel, corsé también le llaman. Aprieta, pero no hay peligro de viraje, en la teoría.

***

Se me escapaba la vida a través de las manos

Se me escapaba la vida a través de las manos

Verano de 2004. Yacía en la cama, ya no se sabe si por el dolor de una vértebra en proceso de soldarse, o por una depresión, qué vino antes, todo se mezclaba y nada tenía sentido. Que una pastilla que ha de estabilizarme haga que mi tensión, sin problemas hasta la fecha, me desmorone, y que la descalcificación haga el resto. Podía haberme quedado paralítica y el día del accidente, 28 de junio, fue como una nube.

La habitación donde crecí, las paredes no me hablaban porque nada anómalo me habló nunca, pero las paredes hablan del pasado y predisponen un estado de ánimo. La persiana que da a un patio sin luz cerrada convierte una habitación en un nicho del todo oscuro, tú en la cama, tu única luz un portátil que no duerme.

Mi lámpara era ese ordenador, y la única luz visible. Yo estaba apagada, había despertado pero no quería estar despierta. Más miseria, más dolor. Quería dormir, dormir, dormir...

Tomé de cinco a diez comprimidos de una benzodiacepina. Sabía que con esa dosis sólo dormiría, sería desconectada, ojalá un día entero, quería dimitir un día del negocio de la vida y me automediqué para ello con una dosis que para mi cuerpo adicto a esas pastillas eran cosquillas.

Claro que se enteraron, a tí te pasa algo raro hoy estás muy dormida y por qué no quieres comer, déjame quiero dormir, qué pasa, que he tomado esto porque quiero dormir, y me llevaron a urgencias. Al ser la dosis pequeña y yo ya estaba despierta, adormilada pero muy viva en lo biológico. No recuerdo mucho ahora, un informe para llevarle a mi psiquiatra, una amonestación familiar, retirada de pastillas, ahora te las daré yo. Esto de una desconexión puntual no le gusta a la gente, claro, preocupa mucho, pero yo no quería estar despierta y eso sólo lo entienden los que han estado ahí y los psiquiatras quizá lo crean de tanto escucharlo.

Pasaron dos semanas o poco más, 2 de septiembre, yo seguía con las mismas ganas de no saber lo que sabía, que latía mi corazón pero yo estaba muerta, la habitación seguía cerrada, yo seguía en la cama, a oscuras me libraba de mirar hacia el techo pero esta vez ya no pensaba en un sólo día, ni en unas benzos, quería algo más definitivo, permanente, a salvo de lavados de estómago, cicatrices y pérdida funcional si no permanente de órganos vitales. Aprendiz de suicida, hazlo bien o desearás morir de verdad porque ahora sólo piensas en tu mente y no en cómo tu cuerpo podría quedar, piensa, piensa, cómo, cómo...

Llevaba dos días rumiándolo, no iba de pastillas la cosa y no tenía que fallar, no podía resistir más y ya no veía ni campos ni playas ni el brillo del sol ni el de las estrellas, sólo existía el monitor de un portátil que me proporcionaba un punto de concentración para procesar el plan que no debía ser escrito sino memorizado, y esa pantalla me habló sin hablarme, alguien se conectó y se dio cuenta de mi estado, y me llevaron a urgencias antes de que se me escapase la vida del cuerpo que seguía latiendo.

Me obligaron a salir a la luz del sol. Soy incapaz de recordar si llevaba puesta la faja en la espalda pero sin ella no podía caminar. Obedecí como una autómata, con resistencia pero obedecí a las contraórdenes, no había gran cosa más en mi mente pues sólo la llena la vida.

Desde entonces, enfermo de tristeza en habitaciones oscuras, me dan miedo, y las paredes que hablan también.

***

Tres vecinitos

Tres vecinitos

Hasta que no me asomo por la mirilla no caigo en que están en su fiesta de Halloween, quién nos iba a decir que se introduciría eso en este país, pero para ellos es divertido y es tan propio de su cultura peliculera como para mí el "que la fuerza te acompañe".

No les reconocía porque apenas les he visto, y con careta, pues eso, se supone que son del edificio, que aquí viven algunos enanos muy majos pero no hay conversación de ascensor por mi parte.

Me he quedado algo tiesa por lo inesperado, nerviosa, y no he estado muy a la altura de las circunstancias pero les he ofrecido lo mejor que tenía a mano. Se han quedado a cuadros, pobrecillos. No he sabido improvisar bien, pero para mí los niños son aliens y al menos no se han ido de vacío, muy graciosos con la bolsa del supermercado por cierto.

El año que viene estaré mejor preparada, es guay que llamen niños a tu puerta. Y ellos también lo estarán, se veían novatillos y quizá me saluden algún día. O vengan ya animados tras su primera experiencia a puerta fría a vender lotería del cole pronto.

***

Kalleichas son las ojeras

Kalleichas son las ojeras

Pues no me resulta muy bonito esto de tener ya un reloj biológico incorporado que me despierta "a mi hora", sobre todo cuando no me acuesto a tal hora. Feo, feo. No quiero mirarme al espejo.

Sé que he de considerar un logro el haberlo conseguido por fin, tener una hora fija para despertar, que es un regalo disfrutar del vecindario, a estas horas más pajaritos que personas en la calle.

Me tomo el segundo descafeinado. Hace al menos dos meses que ya no tomo café-café por las mañanas y raramente un café de verdad después de una comida. Me porto bien, en la mitad de las cosas, y ahora estoy en una mitad, no sé si pronto mis hábitos pertenecerán a la segunda mitad porque visto está que con todo no puedo a la vez y he de echarle más paciencia a la cosa, no rendirme y menos ahora, con la batalla del sueño ganada a medias. Las cosas ahora no son blancas ni negras y todo tiene su precio.

Supongo que todo esto quiere decir que sigo mejorando, pero el sueño me nubla el entendimiento, con ayuda de esas pastillas que me tomé ayer, porque no duermo yo sino ellas, y por la noche es la toma mayor. Para no estar grogui todo el día. Pero hoy las pastillas no durmieron.

Hoy, Todos los Santos, despierto con electroencefalograma muy dudoso. Molaría que un pretendiente me enviase flores a casa para completar el cuadro.

***

P.D. Contesto en privado algunos comentarios a posts antiguos. Uno que dediqué a la olanzapina en el tema de las lecturas -tengo  más por ahí sobre esa pastilla- ha resultado muy popular. Ah no, quetiapina. Qué despistes.

Kamacu

"Què maco", expresión barcelonesa multiuso para todo lo que provoque fascinación, admiración, belleza, o sorpresa al sentirlas.

Los "kamacus" estamos por todas partes cual plaga, mejor que estés calladita en el ascensor de la torre Eiffel. A su vez, somos invadidos por hordas de antiguos y nuevos conquistadores, móvil en mano. La flota de autobuses turísticos todavía no ha acabado su agosto pero tampoco lo han empezado los cosméticos para mantener el bronceado.

Llegar a Barna fue reconciliarme con el sol, por fin luz esa semana... y menudo calor. La piel transpira, no vale la pena peinarse cuando se te va a ondular el pelo ese mismo día. 

A todo esto, el Bruce nos dio una fiesta guapa... 

ES BUENO VOLVER A CASA, A MI CASA, EN MADRID. 

*** 

Estamos vendidos

Estamos vendidos

Me ha interesado muchísimo este artículo, y más, quiénes son estos y quienes los ha reunido. Esperaba encontrar alguna autoridad sanitaria... Pero me topo en la primera página que busco,
http://www.astrolabio.net/revistas/articulos/EEVpkAZAllDWLAKHjp.php

La dificultad en el abordaje integral de esta patología ha motivado la creación del Grupo Nacional de Expertos en Trastorno Bipolar, promovido por laboratorios Juste e integrado por especialistas en psiquiatría de los principales centros de referencia (Hospital Universitario Ramón y Cajal, Hospital de La Paz, Hospital Clìnic de Barcelona, entre otros), que se ha reunido hoy en Madrid. Madrid, 8 de junio de 2006 (...)

Decepción, vaya, esto no es algo oficial. Búsqueda entonces de estos laboratorios, cómo no.

http://www.juste.es/

Uuuuuh lo que comercializan. Ya empezamos con la guerra entre farmacéuticas  para llevarse los principios activos al agua.

A mí mecetan cosas de la competencia, así que no sé qué pensar ya de este tema, porque oye, igual "mi" farmacéutica promueve otro grupo de expertos.

No deriven trastornos menores

No deriven trastornos menores

Leo una vez más por ahí: "asistencia sanitaria colapsada por los pacientes con trastornos menores que impide prestar la atención que precisan los más afectados". Y claro, quieren formar a médicos de cabecera para que no deriven "cualquier cosa" a los colapsados servicios de psiquiatría.

Lo están, sí, doy fe que en Madrid capital en un distrito céntrico dan cita para mínimo dos meses y encontrar un huequecillo cuando uno está mal es inviable.

Esos trastornos menores, y me ahorro algo muy malsonante, son los que luego dirán que han tardado diez años en diagnosticarle bien. Es una sospecha.

Efectivamente, hay tan pocos recursos que sólo quieren o pueden tratar a los agudos, esos son los que parecen más afectados por supuesto, y me pregunto si quizá estuvieron antes de ser "los urgentes" hoy día en el conjunto de los que impedían ofrecer atención.

***

Euforia colectiva

Euforia colectiva

Barcelona, 1988. Escenario: Montjuïch i Camp Nou.

Agosto: concierto de Springsteen & The E Street Band, gira "Tunnel of love"

Septiembre: Festa de la Mercè, Festa del Treball en la Recta de l'Estadi.

Septiembre: Concierto de Amnistía Internacional. Cartel: Bruce Springsteen & The E Street Band, El último de la fila, Peter Gabriel, Sting, Tracy Chapman, Youssou N'Dour.

(Octubre 1986: Se nomina a la ciudad sede de los Juegos Olímpicos de 1992).

Creo que nunca he sido más feliz.

¿Maníaca? Pues 80.000 había en el Camp Nou, y cerca de un millón en la Recta de l'Estadi y también en María Cristina dos años antes vitoreando "guapo" al alcalde.

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800.000 pringaos

800.000 pringaos

Pues esos somos los bipolares que deberíamos ir de medicación en medicación en España, pero hay un tanto por ciento diagnosticado muy inferior.

Se calcula un número de 400.000 tocados por la enfermedad divina, la epilepsia, en España. Para ellos se desarrolla e investiga, y los bipolares nos beneficiamos directamente de eso, porque se nos recetan esos fármacos.

También nos beneficiamos de los medicamentos que en primer lugar son estudiados para la esquizofrenia, dato encontrado: 400.000 afectados, y tampoco están todos diagnosticados.

Los fármacos para la ansiedad parece que siempre hayan estado ahí: antes el valium costaba veinte duros. Los antidepresivos son otra cosa: la revolución prozac, la caja a trece mil pelas, creo recordar.

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19 pringaos

19 pringaos

Leo esto (enlace en un foro de bipolarneuro.com, cortesía de Myriam):

http://www.psiquiatria.com/noticias/depresion/diagnostico/28344/?

Y se me ocurre esto otro:

Hay que celebrar que se animen a demostrar científicamente lo que todos sabíamos, pero claro, si el estudio se da por válido donde corresponda (¿19 pringaos es un buen número?), un avance se ha conseguido.

Buenas noticias, sin duda, que demuestren:

Los pacientes depresivos sufren un enlentecimiento de las facultades para procesar la información que reciben sus cerebros.

Supongo que nadie tenía dudas, ni los pobres y respetables 19 participantes depres (al grupo de control, un pelín más numeroso, un sugus). Pero como "nuestro entorno" a veces es algo hostil al respecto, ya podemos ofrecer si el caso lo requiere una prueba basada en el método científico.

Como esto me ha llegado al alma, he incorporado a mi argot lo de "19 pringaos".

***

Resumen

Esta es la principal conclusión de un estudio del departamento de Psicología y Psiquiatría médica de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid, que se ha centrado por primera vez en las áreas posteriores del cerebro.

La investigación analizó a 40 sujetos con edades comprendidas entre los 30 y los 60 años, de los cuales, 19 eran pacientes depresivos del Instituto Rafael Coullaut y, el resto, sujetos control que no sufrían dicha patología mental.

A cada uno de estos pacientes se le realizaron diferentes mediciones de la actividad eléctrica cerebral generada ante diferentes tipos de estimulación sensorial o psicológica. Para determinar el registro electrofisiológico se utilizó como técnica los potenciales evocados, es decir el registro de los cambios en la actividad eléctrica del sistema nervioso que ocurren en respuesta a un estímulo concreto, como un sonido, una voz, un golpe o un movimiento corporal.

Las investigaciones del doctor Coullaut-Valera se centraron principalmente en el potencial evocado de la onda P300 que representa el proceso cognitivo simple o complejo necesario para cualquier toma de decisiones y que, de alguna forma, puede ser activado mediante estímulos simples o tareas muy complejas, explicó.

Según el especialista, el estudio revela que el tiempo de reacción del paciente en la tarea de la discriminación visual es el que correlaciona de forma más significativa la gravedad de la depresión. Por el contrario, existe un retraso en la latencia de la onda P300, de forma global, tanto en la tarea de discriminación visual como de la tarea de memoria en los pacientes depresivos.

Para el autor del estudio ambas conclusiones ponen de manifiesto que los pacientes depresivos sufren un enlentecimiento de sus facultades a la hora de procesar la información, algo que hasta el momento no se había conseguido demostrar científicamente. "Con esta investigación hemos conseguido probar que cuanto más tarda en responder un paciente depresivo a un estímulo visual, mayor es la severidad en cuanto a la sintomatología de la depresión", dijo.

 

Doble paciencia

La experiencia me ha demostrado que el diagnóstico, que como decías en otro mensaje tarda tantos años en producirse, no hace sino etiquetarnos para que los demás dejen de tenernos respeto.

Claro que hicimos cosas malas, pero también buenas, como cualquier otra persona.

Un psiquiatra es un médico "de los malos", un psiquiátrico un hospital "de los malos", un paciente que acude a ellos... ya no es "como cualquier otra persona".

De forma que el vivir cada día con esto no sólo consiste en que tú estés bien, sino en demostrar permanentemente ante los demás, que ahora te tienen cogido con pinzas, que lo estás.

Mientras exista ese estigma y estemos en "lo peor" del sistema sanitario, desde el punto de vista del prejuicio... más difícil nos lo ponen, en mi opinión.

No estoy desvariando, he visto muchas miradas que antes no eran así, he visto paternalismo hacia los enfermos mentales.

Es un bucle y algo que hace más difícil la integración, porque ya no somos quienes éramos, después de que un psiquiatra nos esté tratando.

Esa paciencia nos durará toda la vida mientras vayamos aguantando mocos de todo el mundo, la otra, la de mejorar, es la que más nos conviene pero a mí personalmente me afecta la otra para la que necesito al cuidarme y mejorar-demostrar que lo estoy haciendo.

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Para dar y vender

Para dar y vender

http://www.medynews.com/bipolar/img/tb_en_la_red.pdf

Para estar informado sobre el trastorno bipolar, hay que leer mucho, y hay muchos lugares en internet donde se puede aprender.

En mi opinión, para los sufridores y familiares, es mejor ir a páginas de pacientes pues los textos suelen contener menos jerga y son más divulgativos.

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Ideas fugaces

Tengo una idea fugaz, tanto que cuando se abre esta ventanita ya no recuerdo cuál. Ya volverá, he pensado en escribirla para un post algunas veces ya.

Ah sí, las hipotecas horarias. He tenido que ponerme la alarma para ver una serie de tv. Es tan tonta la cosa que la recuerdo y la olvido.

Es que no quiero estar pendiente de eso, no quiero hipotecarme cada lunes a las diez de la noche delante de ninguna pantalla, una pantalla no merece eso, UNA PERSONA, SÍ.

Muerte a la tv.

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Vomitar la vida

Vomitar la vida

Claro que hay que vivir la vida, luego la vomitas en plan bulímico porque no tienes derecho a estar un día contenta, luego pasas dos de bajada como si esa sonrisa fuera enfermiza, incluso llamas al psiquiatra porque temes estar subiendo, cómo voy a subir, tengo síntomas pero si los tengo es porque hasta hoy iban en otra dirección y me asusto mucho en esas oscilaciones.

Cosas a las que debes acostumbrarte, a ser penalizada con una multa que nadie puede imaginar, ni siquiera tú, un día tienes derecho a ser simplemente un cuadrúpedo con la cabeza alta para volver luego al humus.

Si sales por un momento, no olvides ir a la compra. Por algún milagro llamado cortisol (por mí, como si se llamase trinaranjus), el cerebro empieza a ser tal cuando anochece, otra vez la noche es tu aliada y la tentación de alargarla es demasiado poderosa porque a partir de las 18 h notas que ya sales del fango, por fin, ahora empiezo a ser alguien, no, yo no era así mama, toda la vida me ha ocurrido, hasta esa hora mi ánimo no empieza a ser bueno y no es cosa mía sino de mi cerebro, de todo lo que allí se mueve que ni yo entiendo, cómo te lo podría contar, sólo sabemos que por la tarde me siento más activa, ahora sé que menos deprimida en esta depresión vitalicia que me ha tocado por suerte.

Una vez en lo más bajo, desearé volver a sonreír un día, y lo haré con mucho gusto, a sabiendas de que después me espera lo inevitable.

Esto pasa incluso cuando "estás estable", sí, oscilas como esas frágiles hojas que están a punto de caer, y te agarras como puedes a las pocas rutinas que permanecen. ¿Eutimia? Qué relativo.

Lo que sube baja, ¿alguien se lo ha cuestionado alguna vez? Para mí es una certeza inexorable, y día a día. La sonrisa deja paso al rostro macilento, cómo iba a ser de otra forma, si tienes la enfermedad de la alegría y de la tristeza. Y, ¿cómo es la vida, para la mayoría de humanos? Más triste que alegre, y eso son puñaladas para el bipolar, después de las risas vendrán las náuseas.

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Qué ha pasado aquí

Qué ha pasado aquí

Despierto a la hora de siempre, pero algo no va bien.

No recuerdo qué cené ayer.

El pc está encendido, un "vuelvo enseguida" en msn. No salí de casa, eso está claro.

Recuerdo. Me tomé un extra y me pasó factura. Había comido pero me dispuse a comer de nuevo, esa pastilla es golosa hasta decir basta y da órdenes. A la porra la ensaladita, no, venga a freír porquerías congeladas a la media hora escasa de tomar la pastilla.

No recuerdo cuándo me venció el sueño. No recuerdo si tomé las pastillas de la noche pero ahí está vacío el pastillero. Esta laguna es peor que cualquiera de las que recuerdo bañada en alcohol.

Si esto es así, he dormido muchísimas horas. Tengo la cabeza resacosa, y es por exceso o por defecto de pastillas. Síndrome de abstinencia, o sueño desregulado otra vez.

Ahora es tarde, así que toca tomarse lo de la mañana y empezar otro día.

Pero, ¿qué haría yo ayer?

Qué resacónnnn

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