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Carne de Psiquiatra -Trastorno Bipolar

Cómo despistarse en un paseo y hasta en su relato con un limpiacristales en la mano

Cómo despistarse en un paseo y hasta en su relato con un limpiacristales en la mano

Asunto: RE: RE: RE: RE: Pasó un ángel por mi casa

Heyyyyyy

no te lo vas a creer. Estoy viendo precisamente cómo un limpiacristales ataca a las vitrinas de la tienda de enfrente. Tiene dos cacharros claro, los va alternando. Uno de ellos, lo mete en un cubo de jabón. El otro es como el parabrisas. Pues lo que he comprado tiene las dos cosas pero sin separar, un lado esponja y otro con la hoja para secar.

Me lo he comprado en la ferretería, esto de salir a pasear es caro de narices porque siempre necesitas algo. Hasta una primitiva, por qué no.

Así que sólo debo adivinar qué jabón de los que tengo me sirve... y hacer lo que he visto. Ahora me pregunto a qué hora hacerlo, de noche no vería un carajo para limpiar y la cosa promete ser peor que regar plantas.

Ahora caigo en que lo de mojar en jabón me da que no es buena idea y tengo limpiacristales, pero por finnnn tengo un mango para limpiarlos de rincón a rincón. A ver cuándo lo estreno, yo del mango sólo espero que no se despegue lo otro cuando esté del revés. Joder, qué oficio más duro el de limpiacristales.

Me recuerda a cuando mi hermano y yo limpiábamos el coche a cambio de una propina... mucho jabón, sí. ¡El lavaplatos, coño! Ja, ja.

Collons, qué empanada llevo, pero he salido una hora de paseo. La cosa ha sido de antología cuando he entrado en el estanco: me he quedado sin habla al pedir lo que quería y luego no entendía el cambio, así que me he ido con la impresión de ser la tonta del pueblo. Me he asustado un poco pero he seguido... Y ahora caigo en el otro gazapo de la peli: compré algo de fruta antes de dar media vuelta, y me temo que se ha quedado en la ferretería mientras estaba midiendo unas cosas.

Joderrrrrrrrrrrrrrrrr ya te digo, Despiste es mi nombre por las mañanas y putas ganas tengo de reclamar en el lugar una bolsa de fruta que seguro ya no existe. Te alegrará saber que contenía plátanos y un aguacate, cosas que tengo en la lista del "esto engorda".

Mañana salgo con 1 euro y 20 céntimos, espero que no me cobren más por un puñetero café por ahí.

Nos vemos,

[Blue]

***

P.D. Al cuarto mail, empiezan las marujadas, y no elimino párrafos del "ahora reparo en ..." pues así me han ido saliendo, despiste despiste es y así ha de quedar entre amigos para cachondeo de todos. Por cierto, kilo de plátanos 2 euros, y aguacates a 3,5, dato para la posteridad.

Buena y mala cara

Hoy me he levantado bien, y las pastillas de la mañana han sido benévolas. Fulanito me dice "qué buena cara haces hoy", yo sé que es cierto porque me encuentro bien, y nos vamos de paseo.

Cuando salgo de casa en plan turista, me gusta y a la vez es necesario parar de vez en cuando, darme respiros, tomando un café o en un banco. Esto, desde siempre, nada que ver con el tema bipolar.

A veces, el respiro es o ahora o nunca. Es el momento del bajón. Claro que hago mala cara, estoy bajo efectos secundarios que me dejan kaputt. La cabeza, es como un mareo fuerte. Me quedo ahí donde esté sin pilas. Con suerte, pasará en diez minutos. Beber algo de agua, respirar... Fulanito lo nota en mis ojos, ahí está mi mala cara.

Y preparada para otro bajón, quizá después de comer. Estaré de nuevo torpe un buen rato y menos mal que voy acompañada, si no la sensación de pánico me paralizaría y cogería el primer taxi para casa.

Esa sensación de pánico es angustia. Empiezo a sudar, me falta aire en la cara como el de un ventilador, querría agua para mojarme la cara también.

Mis piernas resisten, no está ahí el problema a menos que el bajón sea de los fuertes, los matutinos que tantas veces me dejan en casa. Saco fuerzas para tener paciencia y decirme que pasará, y una mierda el bajón me va a dejar sin dar un buen paseo si estoy acompañada y el miedo no es tanto. Las fuerzas no eliminan el bajón, es caprichoso, sólo me ayudan a resistirlo y ese es el único "poner de mi parte" que puedo.

Llego a casa tras un día en el que tan sólo he ido al centro a pasear, unas horas, y a la vuelta ya no sé quién soy, camino en piloto automático. Mi cara, de buena, nada y como no soy "de sofá", me reclama el colchón.

A la mañana siguiente, toca pagar la factura. De bajón a bajón, toca gran bajón por la mañana. Y no se sabe entonces cuándo volveré a hacer buena cara, hasta me duele la espalda.

Ese día después con bajón total tirada en casa, recuerdo un día activo anterior, y me consuela del todo en la penosa hora de pagar esa factura.

Por tanto no me autocompadezco. Ayer hice logros, hoy una gran parada en un banco, y mañana a retomar ese paseo.

A ver si mañana estamos mejor, Padre.

P.D. El "mañana" que relato (ayer) fue algo duro pero no tanto como esperaba, poco más tarde mejoré. Hoy he amanecido razonablemente bien después de dormir bien -importantísimo- y me he ido de paseo solita. Es genial esto de hacer vida cotidiana, pero por las mañanas he de ir controlando que mis pasos sean rectos para caminar cuando no posees equilibrio suficiente, y maldito el pavimento sin líneas rectas que me hace difícil la tarea. Ah, que no falte la anécdota del despiste matutino: en el ascensor he reparado que llevaba la camiseta al revés. Pero como dice Padre, hay que levantarse como si uno "estuviera sano". Yo añado: hasta que se demuestre lo contrario.

***

A ver si mañana estamos mejor

A ver si mañana estamos mejor

El mantra de casi cada día. Haces planes, mañana quieres hacer tal con Fulanito, uno de tus mejores amigos.

Llega el mañana y te levantas con un globo de antología. Bebes un sorbo de agua y se te cae la botella al suelo, estás torpe, ahora digo: estoy despistada. Eso es lo que mejor me define.

Fulanito hace planes por su cuenta, total, ya sabe que no se puede contar conmigo. Y yo me quedo con un palmo de narices propio y ajeno.

Impotencia, le ordeno a mi cabeza que se ponga en su sitio. Como que ello no es posible con la voluntad, una vez más lo intento y no hay forma.

Impotencia por todas partes, yo no controlo mis efectos secundarios y alguien piensa que claro, con ella no se puede contar. Se deshacen los planes, Fulanito hace otros.

Una se dice lo que su padre le ha enseñado: si no es hoy, mañana a ver si nos encontramos mejor. Y si ello es así, ¿Fulanito se lo va a creer, eso es probable, o a Fulanito le irá bien quedar en el momento en que tú estés bien?

Sin planes, porque no se pueden hacer planes en el negocio diario del a ver cómo nos levantamos hoy.

Facturas, siempre pagando facturas, ese debe ser mi oficio, por tanto, no me quejo ni pido compasión. Fulanito ya lo sabe y llegará un mañana mejor o un tiempo mejor.

Y ganas tengo de darle de hostias al *** que hoy me manda un sms diciéndome en mayúsculas que me ponga las pilas, y en minúsculas: para saber buscar la luz salir del túnel porque soy inteligente blabla. Prefiero mil veces la comprensión sincera y por tanto cruel, amarga, no por ello menos real, de mi amigo Fulanito.

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Otra vezzzzz

Aviso importante Por mejoras en el servicio se pueden producir cortes.

No me deja ni entrar a la página tantísimas veces ni mucho menos colgar nada, así que vendrán tiempos mejores...

Mientras tanto, veo vídeos antiguos, ayyyy

http://www.youtube.com/watch?v=0zJRa34Jy8M  

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Proyecto de futuro

Proyecto de futuro

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Perdiendo las buenas costumbres

Perdiendo las buenas costumbres

¿Y eso, qué es? Pues, en mi caso, ir a comprar una chorrada al día, léase un paquete de café o algo de fruta.

Ponerme crema de manos cada noche, al menos. Quien quiera leer mi edad en mis manos, puede llevarse una sorpresa.

Llenar las botellas de noche, así tengo agua fría todo el día.

¿Y si volviese a desayunar las tostadas de medianoche? Hace meses que se me pasó el punto raro ese. Tengo yogures de esos mini, me los compraba mi madre. Me he tomado uno. 

Pues... no sé qué hago por las noches. Intento ser normal si eso existe y tragarme una peli si la crítica no me disuade de encender el televisor.

Me paso por el foro de bipolarneuro.com y me digo: ya tengo dos sitios para mis pajas mentales. Intento ser comedida pero yo soy persona de extremos.

Tendré que hacer una puñetera lista, otra, sobre: buenas costumbres a no perder, en especial por la noche.

Si estoy absorta en algo, suenan las 20h y aquí nos vemos, a las 00.30, anda, ¿qué he hecho todo este tiempo? Hoy confieso haber jugado al Shangai, versión cutre online de un juego tradicional chino de otro nombre. Me relaja hacer puzzles, y mientras me concentro tanto, no fumo. 

Casi se me pasa bajar a tirar la basura, a estas horas. 

Oh, y no pienso en el nuevo ajuste de pauta, he de corregir todo el pastillero y a saber qué nos caerá ahora... para que nos deje de caer.

Paciencia. Paciencia. Paciencia. Paciencia. Paciencia. Paciencia. Paciencia. Paciencia.

Es mejor eso que:

Crisis. Bloqueo. Desesperación. Crisis. Bloqueo. Desesperación. Crisis. Bloqueo. Desesperación. 

Así que, como no tengo obligaciones familiares más allá del llamar a mis familiares (reparo en que estamos muy tranquilos aquí y allí), mi vida es y sigue siendo tranquila durante mis días y lo que le robo a la noche -siempre en la misma piedra-, haciendo vida en el barrio y creando vida con el teclado, por suerte, no siempre en un procesador de texto.

*** 

Favoritos de todos los tiempos: número 5

Favoritos de todos los tiempos: número 5

Qué diez añitos más bien llevados

http://www.youtube.com/watch?v=1SGcncoqR8o

No me canso, no, quizá un 5 sea injusto en esa lista.

***

Al margen: se me alegra el alma de nuevo al oír ese "Del revés"

http://www.youtube.com/watch?v=XqBgFI_YvOs

"Inside out", Traveling Willburys. Pondré el link en su "Minutos musicales", pues sólo está la letra y un joven muy simpático entre un ficus. Los iré poniendo en la sección, cuando la vaga de "Blue, blogger" arregle su jardín de posts sin fotos ni ná.

Y si a alguien le falta marcha para empezar el día, ésta no falla:

http://www.youtube.com/watch?v=KeDdH_BfUSM

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La vergüenza familiar

La vergüenza familiar

http://salud.tiscali.es/mi-doctor/enfermedades/actualidad/noticia/v/27/i/trastorno-bipolar-1.html

Leo esto, y me digo que me parece bien cualquier cosa que agilice un diagnóstico. Muchos tenemos antecedentes familiares, pero de nada sirvió el mío, o mi psiquiatra de entonces... no sé. Además, en mi familia el tabú era tal que incluso conductas raras eran de entrada, ocultadas, y si no podían serlo, disfrazadas y maquilladas hasta que te vendían una película llamada "normalidad".

Y yo también la vendía, por supuesto. Justificarse es fácil cuando factores ambientales, las cosas de tu puñetera vida, te provocan una crisis. También fácil si lo vendes sinceramente, colocarse en una posición victimista donde tu familia y amigos te van a apoyar: mira qué me han hecho en la empresa blabla. Las cosas siguen, y tú ni puñetera idea de que tienes algo que no te funciona bien en las partes altas de forma crónica, periódica, y no ocasional. Hasta que pasa a ser más periódica. Hasta que los síntomas claman al cielo. Hasta que te han echado del conjunto de casados o del de trabajadores en activo. Quizá, por qué no, ya te hayas hecho adicto a algo. Hasta que dices qué leches pasa aquí y lo dices con las partes altas que no funcionan bien, así que no hay nada que hacer. Hasta que no pasas por el diagnóstico, en efecto, no hay nada que hacer. Ahora está todo por hacer, para empezar, a ver qué tal este fármaco, has entrado en una sastrería psiquiátrica.

Oh, ya eres otra cosa para la familia. A alguien no se le puede decir con años de retraso "ya me parecía a mí que tenías [enfermedad que acaba rápido con tus órganos]". A alguien que padece una enfermedad mental sí, porque no es urgente, noooo, sólo vas a peor hasta que te cae una muy gorda (ojo con las salpicaduras), y encima has de escuchar eso una y otra vez. Que la gente que te ha visto gatear se moje, que te diga que vayas a un psiquiatra. Ya les mandarás a la mierda porque tú de loco no tienes nada -¡no me cuentes batallitas del tío Faustino!- pero al menos habrán hablado a tiempo.

Diagnóstico, no-diagnóstico, una y otra vez en esta enfermedad y en otras, en otras de síntomas mentales, que de transparentes no tienen nada ni puertas afuera ni puertas adentro.

No siempre uno puede meterse en asuntos de familia ni decir a la brava, y qué triste que eso ocurra entre hermanos (no por ello menos frecuente): oye, creo que deberías llevar a tu hijo a un médico. Una amiga mía sostiene que dos de sus primos, hijos de diferentes tíos, padecen alguna enfermedad mental. Los padres poco o nada hicieron para que esas personas tuviesen un tratamiento digno cuando empezaron a tener conductas raras ya en su infancia, tan raras que lo único que se les ocurrió fue ocultarlas y negarlas. El tabú es tal, lo vergonzante del "me ha salido un hijo mal", el pensar "mi hermano hacía lo mismo, para mi desgracia mi hijo es así también", que es mejor tratarlo como a un perro o encerrarlo en una habitación.

Nunca han hecho nada solos y si lo han hecho en público, más vergüenza para todos, conductas sin control alguno. Peor pronóstico me huelo que no puede haber para esas personas, que rondan la treintena ya, si es que algún día tienen acceso a diagnóstico y tratamiento. Y si eso sucede, otros familiares dirán "ya lo sabíamos". Pero en voz muy bajita ya, como si se hablase de... un enfermo al que sus órganos fallan.

Encerrados en una habitación, o vagando por las calles.

Todavía pasa en este país.

***

El final de

El final de

Que por qué has dejado lo de "lo mejor de agosto de 2006" y no continúas. Porque cada día recibía al menos una noticia que era digna de copiar en esa sección de verano. Bastaba con pinchar en algún artículo de los boletines que recibo con un título algo raro para encontrarme algo así como "los atracones influyen en la obesidad" y reírme un poco ante tanto estudio que confirma lo que hasta los niños pequeños saben.

Que los medios de comunicación nos tratan como a gilipollas, diciéndonos qué podemos entender, y qué debemos opinar -ya desde el ángulo de la cámara-, ya lo sabemos. Ignoro hasta qué punto banalizan estudios científicos en los titulares, incluso en la ampliación-resumen de divulgación. Y por otra parte, los periódicos siempre se hacen eco de algo digno de confirmar la decadencia colectiva que da más pena que otra cosa.

¿Da risa, o da pena? http://www.elmundo.es/elmundo/fotos_gente/2006/09/02/index_2.html

La sección tenía futuro pero hay que priorizar: prefiero lecturas que me parecen serias, y que cada uno escoja las tonterías que llegan a publicarse por ahí, incluso en portales de psiquiatría. Es bueno reír un rato al día, reduce el riesgo de infarto y todo.

Ya, no soy nadie para reírme de según qué, pero es mi derecho hacerlo en privado. De ahí que se acabe la sección.

Siempre nos queda esta página para reírnos con paridas cotidianas en medios de comunicación: http://www.absurddiari.com/s/  

Lo que estoy pensando es en hacer un post con "lo mejor de este blog". Me interesa agrupar artículos sobre algunos temas.

Maldita hora del café, ahora reparo en que todavía no me he tomado las pastillas.

***

A ver si despiertas, ya

A ver si despiertas, ya

Eso le dice un conductor a otro, presencio la escena y me digo que ha sido hasta amable, el agraviado.

Me alegro de no haber estado en su camino en ese momento, pues me lo hubiese dicho a mí.

"La hora del café" a la que tanto aludo cuando escribo... no consiste en los diez minutos reglamentarios cuando trabajaba. Ahora eso es tan amplio como abarcar el tiempo que pasa desde que abro un ojo, tomo las pastillas, tomo un café... hasta que me digo: ahora ya puedes fregar platos sin romper una taza. Qué rabia me dio romper mi taza preferida, pero ya me quedó claro que cuando estoy torpe, pues lo estoy, y ya se lavará otra taza en condiciones seguras. No importa la taza, sino que pueda tropezar en un momento de torpeza y hacerme daño. ¿Caer? No más fracturas por un sí remediable "a ver si despiertas, ya".

Por suerte, durante esas horas del café, y aclaro que sólo puedo tomarme uno con cafeína y si me tomo otro, descafeinado ha de ser, tengo la neurona justa para parlotear, o mejor dicho parlotear escribiendo: alguna charla por msn, contestar el correo y quizá esboce algún post. Es una ventaja o un don que tengo, el de poder escribir, pues teclear para mí es automático y eso sí, lo hago al ritmo de mis ideas algo lentas, propias de la hora del café.

¿Parlotear, en silencio? Quizá algo parecido a un despertador me ponga en alerta. El teléfono, ya no sé qué timbre ponerle para que no me sobresalte tanto. Si algo me irrita sobremanera, es que al responder una llamada, todo el mundo me pregunte si estaba durmiendo. Pues no, pasa que no tengo la voz aclarada, eres la primera persona con la que hablo en todo el día, ¿vale?

Pero aunque mi respuesta sea una negativa, da igual, todo el mundo sigue pensando que duermo a todas horas. Aunque la siesta sea algo rarísimo ahora, ahora que esta pauta sí me permite estar despierta. Si no está despierta, estará zombi, sé que piensan todos. Pues igual sí, no me recetan sugus, aunque con esta pauta nueva me siento con la cabeza mucho más despejada por las mañanas. A ver si me acostumbro a tener la cabeza despierta, ahora, después de tanto tiempo. Hasta las novedades buenas hay que irlas asimilando para que encajen en la rutina, quizá con el tiempo este cambio desplace a "la hora del café" hacia el lugar que tuvo siempre, diez minutos.

Y todo el mundo se calla por cortesía ese "a ver si despiertas, ya", y sí, me irrita de según quién, pero empiezo ya a pasar de "lo que puedan pensar los demás", del "qué dirán", porque comprobado tengo que diga lo que diga sobre mi vida cotidiana, incluso esta mejora con la nueva pauta, todo el mundo tiene su propia película montada, y una no puede cambiar los puntos álgidos del guión, pues están basados en tristes hechos reales.

***

La famosa entrevista con el psiquiatra: algunos fundamentos teóricos

La entrevista clínica constituye el instrumento principal para estudiar a la persona con dificultades psicológicas; conocer la técnica (y el arte) de llevarla a cabo supone la habilidad clínica fundamental para tal cometido.

En esta obra, el clínico encontrará, por una parte, indicaciones que le ayudarán a lograr una idónea relación con el paciente, y así conocer la persona que lleva dentro y formar con ella una alianza terapéutica. Por otra parte, se ofrecen diversas técnicas que facilitan obtener información significativa para alcanzar los objetivos de la entrevista.

En La entrevista clínica la relación interpersonal y la técnica se influyen mutuamente. La relación óptima favorece considerablemente la cantidad y calidad de los datos, y la correcta aplicación de la técnica mejora la interrelación.

Autores:

Vicente Gradillas Regodón: Profesor Titular de Psiquiatría, Departamento de Personalidad, Evaluación y Tratamiento Psicológico, Universidad de Málaga.
Vicente Gradillas González: Consultor de Psiquiatría, Broadmoor Hospital, Crowthorne, Berkshire, Reino Unido. 

La entrevista clínica. Barcelona: Ars Médica; 2006.
ISBN: 84-9751-214-6.
Precio aprox.: 17,12 euros (+Impuestos)
Páginas: 204.
 

Fuente: psiquiatria.com http://www.psiquiatria.com/libro.ats?10716 

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Reseña del libro "La entrevista clínica".

No pienso comprarlo ni aconsejo personalmente que lo hagan los pacientes. Del papel de los pacientes en el tema, puedo hablar en otro post, sí. Desde mi lugar en la barrera. Por eso, si no quiero olvidar mi puesto, no debo, no es aconsejable para mí, saber qué ocurre en el otro lugar, más allá de lo que pueda haber inferido. No aspiro a ser psiquiatra, sólo a tener uno bueno.

Me pregunto si algo parecido a esto puede ser un manual de alguna asignatura para los médicos que cursan la especialidad de Psiquiatría. Y si existe un contra-manual para el ejercicio diario. Qué borde puedo llegar a ser, porque que conste una vez más, no tengo queja de los psiquiatras que me han tocado en suerte desde el año 2003.

Queen of Pain

Queen of Pain

Texto del pasado 9 de julio

Escucho Police, "King of Pain": ....But it's my destiny to be the king of pain...

Es mi destino, ser la reina del dolor... que anuncian en el prospecto y hasta ahora no he leído por hipocrondría y para que ella no me hiciese sentir eso, pero ya tengo la lista de efectos secundarios hecha, la que ahora mismo sufro y de la que mi psiquiatra me advirtió... y.... olé.

POSIBLES EFECTOS ADVERSOS

Los posibles efectos adversos muy frecuentes que pueden afectar a más de 1 persona de cada 100 son:

- Aumento del apetito

- Sentimiento de euforia, confusión, cambios en el apetito sexual, irritabilidad

- Alteraciones en la concentración, torpeza de movimientos, deterioro de la memoria, temblores, dificultad al hablar, sensación de cosquilleo

- Visión borrosa, visión doble

- Vértigo

- Sequedad en la boca, estreñimiento, vómitos, flatulencia

- Dificultad en la erección

- Hinchazón de las extremidades, sensación de borrachera, alteraciones del modo de andar

- Aumento de peso

No sé si poner en negrita los que me afectan. Del vértigo ya he hablado, y tengo algunos otros que en efecto, están listados.

Hay más efectos secundarios, luego ponen los que afectan a 1 de cada 1000 ya sean por poco frecuentes o por raros, y esas listas no las he leído, ya tengo bastante con esta.

***

A 3 de septiembre:

Retomé el prospecto y este borrador que no he corregido a los dos meses de escribir esas líneas. Tiempo de saber con más criterio, con el criterio algo más imparcial si eso es posible, si soy una entre 100, o de 1000, o... Casi he olvidado, que no lo haré, el principio de tomar esa pastilla, y lo típico, van remitiendo. Alguna cosa de esas listas se ha aposentado como le ha dado la gana, que para eso son así de jodidos los efectos secundarios. Al principio todo fue más intenso, molesto e incapacitante en grado sumo. Con qué me toca vivir, ahora empiezo a ser consciente.

Ahora están ahí como una rutina más que empiezo a identificar y a separar de lo que podría ser un síntoma, y espero que "la Rutina" los vaya machacando. Poco a poco, paciencia... y sin cabrearse, están ahí como los granitos de la espalda. Por eso un cambio de fármaco en la pauta o sus efectos secundarios ya son "Vida cotidiana" de un bipolar con su medicación y ahí van a parar sin pudor.

***

Diez pastillas y demasiados miligramos

Diez pastillas y demasiados miligramos

Neceser grande para cajas, neceser pequeño para blisters, pastillero semanal a preparar...

Es una locura, estar pendiente de eso, pero es mi trabajo, cuidarme, se dice pronto.

Tomo diez fármacos. La mitad son para el Trastorno Bipolar, pero tengo otros achaques y alguna pastilla lo único que hace -menos mal- es paliar el efecto secundario de las a veces agresivas medicaciones. Tengo y he tenido muy mala suerte con los efectos secundarios, pero que mucha, lo repito una y otra vez porque cada día es una y otra vez, lo siento.

Cuidar de tener siempre lo suficiente para no dejarme ni una toma, ese pacto hice hace algo más de tres años y lo hice de verdad.

Esto me llevó a procurarme medicación para dos meses. Supongo que cuando me mudé a Madrid y viajaba a Barcelona con más frecuencia, tenía sentido. Viajar con provisiones suficientes para no tener fecha de vuelta, aunque con la pauta en mano, que siempre llevo, no tendría problemas para obtener recetas, sólo el engorro de perder tiempo valioso del viaje.

Ahora estoy poniendo en duda este celo, muy seriamente. En un aspecto, qué "occidental" resulta decirlo: tener más de lo que necesito.

Tengo varias cajas y no quiero que el excedente sea demasiado grande por no recordar si tengo estabilizador y pedir al médico, o demasiado pequeño para las pastillas de la tensión y el colesterol que son las primeras en acabarse. Oh, el ácido fólico, ya apenas recuerdo para qué lo tomo, porque hace días que me he quedado sin él, sólo sé que no es para el Trastorno Bipolar y tengo que preocuparme de las cinco pastillas que sí lo son, ahí no puedo despistarme y es fácil cuando vas a ojo reparar en que sólo tienes para dos días de algo y casi empezar a temblar.

Antes de ir a por recetas pensé que esta vez no debía pedirlas a ojo, fácil cuando tomas diez fármacos, y me acojoné cuando diseñé un excel en el que, los números cantan, tenía demasiados miligramos de lo que no me convenía almacenar.

Es más, me asusté tanto, que en vez de ir a por más artillería, me cuidé de que ese excedente estuviese en poder de una amiga. Creo que pocos favores pido, pero este era vida o muerte cuando comprendí el riesgo, eso o tirar a la basura medicación que luego contamina las aguas, y una vez leí algo sobre cómo nos envenenamos tirando pastillas a la basura. Creo que el agua que bebo del grifo contiene algunas moléculas de antibiótico.

Y es como tirar comida, siempre pienso en que hay gente que la necesita. El precio de la medicación en tantos países es tan prohibitivo para las familias... y a mí ahora me sale gratis, con receta de pensionista. La medicación que ya no tomamos, hay que llevarla donde pueda ser reciclada, contenedores especiales en ambulatorios o farmacias. Lo haré si dejo de tomar algo y tengo, ese "fulanito lo toma y por si acaso", otro error, pero es estúpido tirar lo que sí tomo.

Peor error es tener excedentes y no haber reparado en ello. Que no te falte, y que no te sobre. Acordarse de que te han cambiado la pauta y de que ahora esa pastilla ya no hace necesario dos cajas para el mes sino una. Ya digo, tuve que abrir un excel para aclararme con tantas cajas en el neceser.

Semeolvida me confirmó lo que ya se adivinaba por obvio. Que lo suyo, o mejor dicho, lo mío, sería ir cada semana a por recetas, y tengo diez excusas para hacerlo, de forma que así también tendría una obligación "externa" semanal.

Supongo que es el oficio de los jubilados, llenar ambulatorios. Para que nos receten pastillas. Ir cada semana, así estiramos las piernas.

Y ya puestos, como apenas tenemos vida social, hacer charla de ambulatorio. ¿Qué número tiene? ¿Sabe qué número está ahora dentro? ¿Pero, ha llegado el médico? ¿Por qué tarda tanto ese? Y una abuela dándole palique al que se sienta a su lado, como en el autobús, pero el tema no será el tiempo... "cómo me duele..."

CÓMO ODIABA ESO. Esa letanía y esa espera paciente a paciente, qué tendrán para tardar tanto. Recordaba la anécdota de un amigo mío, que al entrar en la consulta, presenció el ataque de nervios del médico, "estoy harto de que me cuenten su vidaaaaa". Yo tenía que volver al trabajo, me habían dado una hora, y muchas veces esperaba impaciente rodeada de charla de ambulatorio. Creo que una vez me largué, tantos nervios me dio la cosa. Nada tengo contra los ancianos, son mis abuelos y de ellos he de seguir aprendiendo. Pero tienen otro ritmo. Están jubilados, su ocupación es cuidarse, y la soledad su enemiga.

Anda, cómo me parezco ahora a ellos, aunque me siga enervando sobremanera ir al ambulatorio y pasar por la experiencia. Un post antiguo se llama "Yuyus ambulatorios"...

¿Es ese mi destino inmediato? ¿Observaré ahora a algún joven impaciente porque le esperan obligaciones fuera?

Trago saliva.

***

Los tomates

Los tomates que me trajeron unos amigos "del pueblo", de la mata casi, tomates de verdad con sabor a tomate, despertaron en mí el anhelo de que eso no fuese un privilegio, de no tener que abrir una bandeja de tomates clónicos para ensalada, insípidos y carísimos, que están ahí en la nevera...

Recordé el huerto de mi abuelo. Los huertos, mejor dicho. El primero que yo conocí estaba en plena ciudad, cercano a su trabajo en la zona del Clot; el segundo, ya fuera de la ciudad. Siempre recuerdo a mi queridísimo y difunto abuelo en su huerto, con sus recios antiguos pantalones azules, quizá un viejo uniforme de trabajo, apenas sostenidos por el cinturón y una camiseta de las que usaban los hombres como ropa interior. Sus ingeniosas ideas, mi abuelo tenía ideas "de bombero", para, por ejemplo, hacer llegar el agua a sus cultivos. Recuerdo poco y mucho. Recuerdo que como me gustaban tanto los tomates pequeñitos (los que ahora llaman cherry en el supermercado, no tienen gusto a nada pero resultan ideales para las ensaladas de diseño de moda en la ciudad), tenía un par de matas, y como los tomates son así, cuando maduraban, lo hacían todos a la vez pero siempre quedaban unos verdes para la semana siguiente, de forma que el festín estaba asegurado durante el verano que pasaba con los abuelos y la familia. Me los comía de la mata, apenas lavados con la manguera o un cubo de agua, como si fuesen bombones, mejor que cualquier bombón.

La ceremonia del abono. Las bolsas de semillas. La ceremonia del sulfato. Y un año al menos recuerdo que había tantos tomates que se hizo conserva. Había más cosas en el huerto, claro. Calabacines, quizá. Judías verdes. Guisantes. Sí, ahora recuerdo vaciar vainas y comerme la mitad del contenido cada una, así que poco aportaba al cuenco. Qué buenos son los guisantes que no han respirado aire alguno, y no los como desde que era una cría.

El huerto se fue con mi abuelo, pues el resto de la familia quiso y no pudo seguir en ello, demasiada vocación y trabajo son necesarios y entonces lo entendí. Veo ese terreno con algo parecido a césped. Murieron pinos y alguna encina para dar paso a los tomates y ahora ni pinos hay ahí. Vacío y recuerdos. Recuerdos ahora alegres.

Mi padre se ha puesto a ello en su pueblo, una vez jubilado. El año pasado la familia disfrutó de momentos divertidos en la huerta de mi padre, las fotos no mienten cuando se hacen sin que el otro pose. Las tomateras allí no estaban sujetas con cañas e hilos, de forma que el peso de los tomates los dejaba a ras de suelo y venga a agacharse y abrir mucho los ojos para no dejarse un fruto maduro entre tantas hojas. Y salir de esa selva con las manos casi negras y ese olor tan bueno y puro en ellas. Y el botín, aromático hasta decir basta pues me está drogando, esto es impensable en la ciudad.

Ayer, tras comer ese lujo asiático, me vino a la cabeza de nuevo la idea de vivir en un lugar donde pudiese tener mi huerto. A poco aspiro, a comer tomates de verdad, y por qué no, guisantes de verdad.

Me veo poniendo tiesas a las tomateras a medida que crecen con palos, cañas... ese hilo blanco o naranja que no sé cómo se llama pero cada vez que lo veo pienso en mi abuelo. Me imagino en mi propia huerta, teniendo una actividad física agotadora y gratificante. Eso me pide el psiquiatra, en el fondo. Por qué se lo pide a un bicho de asfalto, lo ignoro. Mi sueño es esa huerta y sus frutos, no un curso de gilipolleces en un centro cívico.

Quizás...

Quizá todavía exista un pueblo bien comunicado con la ciudad que está claro necesito para la atención médica. Quizá pueda pagar un alquiler módico por una casita con un trocito de tierra. Quizá mi espalda soporte ese trabajo. Quizá pueda ser miembro de una pequeña comunidad donde no hay secretos y la puerta está siempre abierta a visitas inesperadas que ahora tanto me enervan. Quizá ya no tenga efectos secundarios que delaten abiertamente que tomo cosas raras. Quizá debiera comprar la medicación en la ciudad, lejos del cotilleo inevitable. Si lo supiesen en el pueblo, pasaría lo que pasa: que "la loca" está bien, pero me mirarán con el "a ver qué día hace una locura", ese estigma, ese estar a prueba constante ante los demás...

Quizá en unos años, si todo va bien, pueda irme a un pueblo, y entonces, sí empezar de nuevo, o acabar mis días.

Tener una casa en el que sería Mi Pueblo, y como mi casa es la casa de mis amigos por definición, decir como mi padre: "la posada está abierta"...

Que un bicho de oficina se ensucie con tierra a diario. Que ya pase del todo de eso de tener cines y teatros a tiro de piedra. Que el aire puro me disuada de tanto fumar. Que comprar en el mercadillo sea cosa de cada jueves y no una actividad turística. Por cierto, ¿por qué no tener un par de gallinas y también recolectar un huevo que pueda tomar casi crudo para desayunar?

Mi sueño, tener mis propios tomates, regados con aceite de verdad también. Esperar con ilusión el momento en el que el fruto asoma y va crecer y madurar. Comerlos como algo de cada día recién recogidos de la mata y no como lujo, y tener la satisfacción de llevar a mis amigos y familia parte del fruto de mi trabajo y de mi huerto. Y, por qué no, qué cachondo sería obsequiar también a mi psiquiatra con algo ya no sólo bueno buenísimo y placer exótico, sino terapéutico, pues lo ofrecería con la mejor de mis sonrisas.

¿Y si mi sueño, en realidad, fuese tan sólo sonreír, y que me saliesen patas de gallo enormes para que todo el mundo, sin ser yo consciente por ser mi realidad cotidiana, viese que por fin sonrío a la vida?

*** 

P.D. Estoy muy satisfecha de este post. Cuando tenga tiempo y le ponga una foto, será una hecha por mí, pues creo que alguna tengo de la huerta de mi padre. Su tema era "Sueños, ensueños, pájaras" pero lo cambié por "Blue, persona"... quizá, quizá, acabe en "Nueva vida".

P.D.2. El pasado 25/05/2006, acabo el post con: "He recordado la serie de posts del "Insomnio raro". Debería vivir en el campo y dedicarme a la jardinería, y no bromeo, pero una de dos: o es demasiado pronto, o es demasiado tarde." 

Morir por enfermedad mental

Morir por enfermedad mental

Unas 12.000 personas, de ellas 800 en Euskadi, mueren en España cada año a consecuencia de una enfermedad mental o algún mal derivado de la misma

Morir por omisión. Como decisión consciente y asumida o como resultado de un abandono personal que propicia el ataque de otros males que terminan por causar la muerte. Casi 800 personas fallecen cada año en Euskadi a consecuencia de lo que los registros estadísticos denominan 'Trastornos mentales y del comportamiento', cifra que se eleva a 12.000 para el conjunto de España. No se trata sólo de suicidios, que apenas suman una cuarta parte de esa cantidad. Es cierto, como insisten los psiquiatras, que de las enfermedades mentales no se muere, pero sí de los efectos derivados de las mismas. El cantautor Hilario Camacho es tan sólo un ejemplo reciente de una persona famosa que abandonó este mundo antes de tiempo. Pero hay muchos y siguen en aumento. La Organización Mundial de la Salud ya ha advertido de que será el gran mal de la primera mitad de este siglo.

Los especialistas definen las enfermedades y los trastornos mentales como un conjunto de afecciones fruto de diversos factores de tipo biológico, psicológico y social que tienen una base física en el cerebro. Suelen causar graves discapacidades y generan un malestar significativo en quienes las padecen, que deriva en un deterioro manifiesto de su vida social y laboral, así como de otras muchas actividades personales.

Sin embargo, la depresión, la esquizofrenia, la ansiedad, el trastorno bipolar y otros males que se encuentran agrupados bajo ese epígrafe «pueden ser graves, pero el paciente no se muere de eso», explica Iñaki Eguíluz, psiquiatra del hospital de Cruces, en Vizcaya. Con todo, es un cuadro que de una u otra forma conduce a la muerte cada día a una media de 33 españoles; de ellos, dos vascos.

Y la tendencia es sin duda creciente. En 2004, el último año del que se tienen cifras oficiales, fueron casi 12.000 los españoles muertos que en las estadísticas del INE figuran con cargo a enfermedades y trastornos mentales. Un cuarto de siglo antes habían sido sólo 900. Esta tendencia, que es común a todo el mundo occidental, ha llevado a la Organización Mundial de la Salud a alertar sobre el futuro que espera a la humanidad a medio plazo: los 450 millones de personas que en todo el mundo padecen hoy algún tipo de trastorno mental, de la depresión al mal de Alzheimer, crecerán de forma notable.

Previsiblemente, además, lo harán siguiendo el patrón actual: por cada hombre que muere por un trastorno mental o los males que se asocian de forma oportunista al mismo, hay dos mujeres fallecidas por idénticas razones. Además, la franja de edad crítica está también perfectamente identificada: los adultos de edad inferior a 44 años son víctimas de la mayor parte de los casos.

Quienes padecen algunas enfermedades mentales son más propensos a contraer otros males: «La depresión puede reducir las defensas de manera que los afectados desarrollan cuadros infecciosos y terminan muriendo. Los esquizofrénicos no cuidan de sí mismos, dejan de tomar sus medicaciones y eso deteriora su estado general», explica Eguíluz. Morirán por una infección, una anemia o cualquier otra causa, pero la razón última, la raíz de todos los males, está en el trastorno mental.

Eguíluz piensa, no obstante, que en el mundo desarrollado el crecimiento de los casos diagnosticados de enfermedad mental no va a multiplicar de forma descontrolada los fallecimientos. «La esquizofrenia o la psicosis en general no están aumentando. La depresión en su manifestación más grave, tampoco». A su juicio, lo que sucede ahora es que se tolera en menor medida el malestar, la frustración, el sentirse bajo de tono vital. Por eso, muchas personas son tratadas de unos males que en la generación de sus padres o sus abuelos pasaron inadvertidos porque nadie o casi nadie acudía al médico por ello.

Enfermedades crónicas

Ésa es la explicación de que el 4,5% de los españoles tenga diagnosticada a día de hoy una depresión (el 2,5% de los varones y el 6,6% de las mujeres). Un porcentaje superior al de la osteoporosis y aproximadamente la mitad del de los afectados por un colesterol elevado, uno de los grandes problemas de salud de nuestro tiempo.

Se trata además de una serie de enfermedades que en muchos casos tienden a hacerse crónicas. Es el caso de la depresión, la más común de ellas, cuyos síntomas de tristeza, desinterés generalizado por todo lo que rodea a quien la sufre e incapacidad para obtener satisfacciones de la vida suele repetirse en episodios periódicos de distinta gravedad. La depresión no tiene por qué llevar a la muerte, como reiteran los psiquiatras, pero se sabe que no menos de un 80% de los suicidios se debe a episodios de trastorno mental, en general de tipo depresivo. Un dato a tener en cuenta dado que en España se suicidan por término medio diez personas diariamente. En Euskadi se produce uno cada dos días.

Sin llegar a tanto, otra de las manifestaciones de los trastornos mentales es la de las lesiones autoinfligidas menores. Un estudio de Farmaindustria asegura que el volumen de estas autolesiones crece de tal forma que en menos de dos décadas serán, junto a las enfermedades infecciosas, las principales causantes de bajas laborales. La consecuencia más habitual de las enfermedades mentales, con todo, es la incapacidad para llevar una vida normal. Diferentes estudios revelan que, entre las diez causas fundamentales de incapacidad laboral en Estados Unidos y otros países desarrollados, cuatro son enfermedades o trastornos mentales. Sólo una proporción reducida de esos pacientes llegará al extremo de matarse o dejarse morir. Pero ese porcentaje, alertan los especialistas, comienza a ser demasiado alto.

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Obligaciones o esclavitudes occidentales

Obligaciones o esclavitudes occidentales

Desde que Michael Jackson optó por convertir su piel en blanca, combinado con el agujero en la capa de ozono en los años 80, estaba convencida de que volvería la moda de resguardar del sol esas pieles pálidas a las que tanto daña la radiación. Pero no, ahora el broncearse incluso en invierno es un negocio, venga tocan cinco minutos de uva, oh, hoy te has pasado con los uva... menuda lata de conversación y esclavitud: mi piel no ha de estar tan blanca, parece que esté enferma. El mundo al revés. Y el precio a pagar por pieles no diseñadas por la naturaleza para ese castigo: posible cáncer de piel.

Quizá deba atribuir mi falta de arrugas a no exponerme al sol. En Madrid una piel sin broncear pasa desapercibida y no es así en las costas de mi tierra, aunque a estas alturas ya puedes pasar por turista recién llegado.

Esto de ir contra corriente no siempre es tan fácil como decir, en un momento dado de ya mosqueo, que si un lunar aparece en mi piel, deberé ir urgentemente al dermatólogo. También tienen cáncer de piel quienes no se expusieron deliberadamente.

Pasemos al pelo, ahora. Imagino mi volumen de pelo blanco cuando las raíces ya claman al cielo. De eso sí no escapo, las canas, o las tienes muy bien puestas, como los hombres, o tápatelas. Además, tu pelo ya no brilla como cuando eras jovencita. Vale. Una esclavitud de la que no puedo escaparme. Socialmente no está bien visto pero esto ya no lo toleraríamos. El precio a pagar: el tinte, y ya veremos si esa química que entra por los poros del cuero cabelludo es buena.

En una de las últimas novelas que he leído, un personaje extranjero no entendía el tema y le decía a una mujer de mi edad que las canas representaban la sabiduría, que en su pueblo eran muy apreciadas como signo de madurez en los individuos. Para preguntarse si ese pueblo no sería mejor que en el que vivo yo, pues parece a todas luces ignorancia que no se de ese valor a las canas. Pero claro, también salen por sufrimiento. Y ya se sufre bastante como para que los demás lo sepan, y para recordártelo cada vez que te ves al espejo. Acabamos antes la discusión y quizá un atentado a mi autoestima si me tiño canas que tengo desde, casualidad, los 25 años. Lo de estar blanca tiene un pase, esto no.

¿Y la depilación? Ya hablaremos.

No quería hablar del asunto pero Asmel, te llevo en mis pensamientos. ¿Y qué hay de la moda del fumar? Pasó de moda tan rápido, de moda a ser monstruoso, que ahora es casi imposible que alguien te de fuego por la calle. La Universidad Carlos III ayuda telefónicamente a los drogatas desintoxicándose a toda hostia. Desde los 17 años, toda una vida, y llevas la friolera de 21 días, ánimo, puedes hacerlo, eres fuerte y todavía estás en lo peor. Tomas la droga de forma sintética pero no te contaminas con dióxido de carbono, pero a qué basura estamos esclavizados, ¿no recordáis el anuncio-western tan chulo de Marlboro?

Espero que otros temas pasen de moda, ya puestos.

Todo contra natura. Precios de esta civilización enferma.

Una pena, lo de la piel bronceada y lo de las canas. Da más pena que la enfermedad mental.

***

Merecer

Merecer

Recibo una alegre noticia sobre alguien, que lo ha pasado muy mal, incluso su familia se resentía ya de años de ciclos muy graves... que lleva muchos meses, casi un año eutímica, y mi respuesta es: se lo merecía, tras el calvario de ciclar y ciclar.

Y me digo: ¡todos lo merecemos!

Pero las circunstancias de la vida, tantas veces impiden que esto se produzca. Y el grado de enfermedad. Y el apoyo que se tenga. Y que la vida te de la cara. Y el acierto del psiquiatra al medicar. Y...

Total, todos merecemos ganar la lotería.

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Encontrarse a uno mismo, a fecha de hoy

Encontrarse a uno mismo, a fecha de hoy

Texto escrito el pasado 8 de noviembre


[Blue] está encontrando sus emociones, después de mucho tiempo. Hubo una época en la que se disfrazó de androide para protegerse y disfrazar su desnudez (1).

Equivale a decir que se está conociendo y reconociendo, reconstruyendo.

El proceso vital más duro que he vivido, es este. Saber quién soy cuando me miro al espejo, y todavía no lo tengo claro, pero sé que ha de llegar poco a poco.
Es una especie de rehabilitación, y he recordado aquella película donde Harrison Ford, "Henry", se encuentra como un extraño en su propia casa. Ha perdido la memoria, y todo es desconcertante, empezar de cero pero con escaso o nulo margen para modificar lo que ya estaba construido, o vivido.
Lo es, pero con un par, ¿acaso todo el mundo sabe quién es, o se lo ha planteado? A veces, pensar demasiado es malo. Hay que mirar hacia adelante, sentir y no pensar, y quizá nuestros actos nos darán alguna pista de quién somos.
A veces me sorprendo cuando digo o algo algo, me sorprende este nuevo Yo que antes no era así, y no me desagrada, porque le veo más seguro de sí mismo.
Y a quien no le guste, a hacer puñetas, los bichos raros acabamos encontrándonos, eso está demostrado. Hasta a ellos desconcierta una mujer que pisa fuerte y dice lo que quiere, pues así me he educado, desde la adolescencia, entre hombres, como igual (...) Tengo dos caras, como dos opiniones para todo, y por supuesto la mía.
Además, quién soy, soy lo que amanezco, nunca te bañas dos veces en el mismo río, dijo el sabio Heráclito. He dejado de mirarme o esperar encontrarme como algo estático, he comprendido que la vida va dejando huella día a día y eso se nota, por ejemplo, cuando has de hacer un repaso de lo que ha sido tu mes, para que un médico te diga que tienes la cabeza en su sitio o se te está cayendo un tornillo.
Y es cuando me doy cuenta de que sigo creciendo y cada día soy [Blue] a fecha de hoy. Qué más quiero, me miro al espejo y me doy el ok. No tiene mérito ahora, pero estuve mucho tiempo sin mirarme, muchos meses, quizá por miedo a lo que tenía delante.
Viva yo. No tengo abuelas pero aprendí mucho de ellas, fueron grandes mujeres (...). Yo hablo por los codos en msn spaces y en blogia, y a quien no le guste, que cambie de página.
Yo también me estoy muriendo ya, qué coño, cada día renazco y me meto en el río ese, que empieza a estar demasiado frío para meterse, hay que hacer un esfuerzo.
Con un par, y Viva Yo. (3)
... ... ...

(1) Un día escribí: "Experimentar emociones, lo que diferencia a un androide de un ser humano".

(2) Al mismo río entras y no entras, pues eres y no eres [el mismo]. Heráclito de Éfeso.

(3) (Respuesta a un comentario) "No es un lamento, es una autoafirmación, dije que era un proceso nuevo y también doloroso, eso sí, pero es como cuando te ves recién depilada, ha valido la pena. Me siento satisfecha, aunque nadie regala nada y he de seguir en ello, y compensa".

*** 

P.D. A veces me releo, y flipo. Encontrarse a uno mismo cuando está pisando el suelo real puede dar lugar a un texto valiente o entusiasta como este. Realmente, es Blue a fecha 8 de noviembre de 2005, y ha llovido bastante. Quizá haya avanzado en ese proceso, pues... nada, el río explica muchas cosas.

48 horas

48 horas

Este escritor me está decepcionando. El libro que acabé el otro día estaba bien, salvo el párrafo de las narices que nada hacía allí, pero su continuación (número 6 de la saga) es un sermón continuo: si no lo da la monja, lo da algún otro. Perdonen, quiero leer ciencia ficción, no religión y política de juguete. Ya no es sólo flojo, es un tostón de cuidado. Con puntos tan hilarantes como que la monja viaje con pasaporte catalán, y contenta ella, porque fue su lengua de la infancia. Tonto-Idiota-Listo en cada página, porque el niño es muy listo. Despropósitos como "maníaco homicida" o "loco", ya para quemar el libro, sea por autor o traductor.

Había recomendado el autor con gratos recuerdos de lecturas de hace muchos años, de los 80. En su día las disfruté, pero mi yo de ahora ya se ha vuelto escéptico y lo que años después hace este hombre no me gusta. No vale la pena releer lo que en otro tiempo me causó placer y ahora podría decepcionarme.

¿Por qué? Porque la ciencia ficción siempre fue una literatura de ideas, además de aventuras. No de adoctrinamiento, y por eso escritores como Heinlein siempre estuvieron entrecomillados y fueron objeto de parodia hilarante, pues hay humor y muy bueno en el género.

Hace poco veo "Donnie Darko" y al parecer es una película de culto, muchos adolescentes encontraron por fin algo que les abría un poco la mente. Hay que leer un poco más, aunque hoy día, todo vale si una idea asoma en la cabeza.

Mucho más interesante me ha resultado Robert J.Saywer, pero no voy a recomendar ninguna lectura salvo las que reproduzco en los posts. Ni siquiera me atrevo ya con otras obras de Phil K. Dick que no sean Sueñan los androides... que he releído periódicamente. Otro de los malditos, el que nada escribía sobre ciencia sino sobre sus paranoias.

Volveré a los clásicos de la ciencia ficción, o cambiaré a otra cosa, porque ya los conozco.

Para rayada, yo. Paso de que me rayen más.

***

24 horas después

24 horas después

Comento el incidente con mi sabio amigo A. y me responde que tengo ese botón blindado ahora.

Y de alguna manera así es. Cuando no lo conocía ya me enfrentaba a él, a lo bestia. Estuve a punto de perder en dos ocasiones por falta de energía para luchar. Ahora, si la bestia asoma, quizá halle algún blindaje en mí. Lo conozco y sé desactivarlo cuando lo veo. Mi respuesta ayer fue serena, el cortafuegos de hoy, meditado, y el anterior post, escrito sin derramar lágrima alguna aunque con mil reparos.

Una reflexión provocada por lo que interpreto como un "vamos a rellenar la novela con diálogos", un revivir momentos de mierda, y sufrimiento, miedo.

Todo pasa. Hoy llamó Padre y le dije con alegría que me encontraba muy bien. Como ninguno estamos para echar cohetes, y sé que le debo una visita, eso es lo que hay, y hay que estar agradecido por unos mínimos de salud, y disfrutarlo. Las mejores palabras son las del pueblo, sabias y sencillas.

Traje unos donuts en las bolsas de la compra... mmm. Pequeños pecados. Y unas almendritas que como ahora mismo, nada que ver con las del pueblo.

***