Ay, qué me han dicho. Que tengo un Trastorno Bipolar. Dios mío, esto es crónico. Que tendré que tomar pastillas hasta que me muera. Que tendré episodios como el de ahora o que el péndulo me llevará al otro lado, no, otra Manía no, por favor. Qué va a ser de mí. Ahora conoceré a un chico que me guste y tendré que decírselo, esto es parte de mí y puede interferir en nuestra relación, y lo más seguro es que me deje, le daré miedo. Tendré bajas laborales cuando me ataque un episodio. Eso si alguien me contrata, ya no soy una niña. Nada va a ser como antes. Incluso es posible que la Seguridad Social me jubile, antes de los 40, ¿y qué hago yo entonces? Aburrirme mucho, y no hacer nada, con esa mierda de pensión se acabaron los lujos, hasta el de ir al cine o en taxi.
Qué pena da esto, qué cuadro.
Pues no. A la mierda.
Hay bipolares que todavía no aceptan lo que tienen. Se refugian en lo que fueron o en lo que podría haber sido. La aceptación de la enfermedad es un proceso.
Tienes que aceptar que ya no podrás hacer determinadas cosas: trasnochar hasta el amanecer, brindar con cava, mantener tu tren de vida. Tienes que tragar con que ya no puedes mantener tu casa y te acoge tu Madre, y no sólo te da tu antigua habitación sino que te mantiene. Cuando antes, tú podías haberla mantenido a ella. Y más cosas, cada día descubres algo nuevo, y lo comparas con el antes.
Antes, ahora. A la mierda el antes, estás pisando el ahora. Y da gracias a que Madre está ahí para cuidarte, si no ya estarías bajo tierra.
Antes tenías depresiones. Las depresiones comunes son exógenas, tienen una causa, y se curan con pastillas y quizá terapia. Te parece que nunca saldrás de ello, pero lo haces. Y vuelves a ser tú, y a hacer vida normal.
Ahora ya no. Tus depresiones no eran exógenas, puede que alguna sí, pero ahora sabes que la mayoría son endógenas, vienen porque sí, y además puede que tengas un patrón estacional. El común suele ser depresión en invierno y subidón en verano. Y sabes que no te vas a librar, estés medicado o no. Y menos mal que estás bajo tratamiento, la cosa es mucho más suave. Te lo dice una que se ha chupado una manía y un mixto a pelo, y ha sobrevivido. Con la perspectiva, haría un ingreso voluntario, no sufriré lo de la primavera del 2003 a la espera de que se vaya, porque casi me voy yo esperando.
Ya no te recuperarás de esa depresión exógena. Porque es endógena, y porque ciclarás. Antes ciclabas a hipomanía y ni te enterabas, ni tu psiquatra. Ahora ya lo sabes, eres un enfermo crónico, o lo aceptas o no avanzarás.
Quizá no puedas salir de casa de tus padres. Porque igual nunca tendrás dinero para hacerlo. Si sigues enfermo, porque si mejoras podrás volver a trabajar. Si no mejoras mucho, en puestos protegidos, cobrando miseria también.
Cuánta pena, cuántas lágrimas. A la mierda.
Cuando perdí mi casa, se me dijo por todos lados que esto era provisional. Esto se va alargando en el tiempo, como mi pronóstico que en sus inicios era favorable. Pasan los meses, sigo ciclando. El alta médica es tan lejana como el Everest, tengo continuos pensamientos negativos ahora que acepto que esto es algo más jodido de lo que parecía, que el camino de la eutimia tiene giros caprichosos y tienes que volver a encontrarlo cuando te has perdido.
A la mierda. No quiero dar pena a nadie y mucho menos a los lectores del blog, los Míos y los nuevos. Es lo último, y lo peor que alguien puede sentir por ti.
La pena además es muy peligrosa, a mí me conduce al suicidio. En resumen: fui lo que fui, he vivido lo suficiente, firmo con lo que he hecho. Ahora no me gusta donde vivo, lo que hago o no hago, ni lo que me obligan a hacer. Esto es una pesadilla que sí tiene una escapatoria, y es que tú desaparezcas del mapa.
Y una mierda. Sigo viva porque me cabreo con mis continuas ideas suicidas y las mando a la mierda.
Hay bipolares que no aceptan su condición, y han pasado años desde su diagnóstico. No quieren ver más allá, que existe algo llamado Eutimia, y que efectivamente deben hacer un esfuerzo para rehabilitarse, no sólo tomar las pastillas y mirarse al ombligo, autocastigándose cada día, lamentándose, autocompadeciéndose, o lo que es peor, huyendo.
Conozco bipolares que todavía se fuman sus porros. Eso es darle una hostión a tus neurotransmisores, chato. Bueno, pero en ese momento me olvido. Sí, claro, yo también me olvidaba a la cuarta cerveza. Y empeoraba el cuadro, retrocedía en el camino.
Hay que empezar a ser responsable con tus hábitos, a cuidar tu salud, y si nunca lo has hecho, pues cuesta más, y has de hacerlo poco a poco, porque si lo intentas de golpe se te cae el mundo encima. Y con mucho cuidado, cualquier privación total de un día para otro puede disparar el resorte del suicidio.
Y tener el objetivo firme: REMITIR.
A la mierda la pena. Hay que cortar esos pensamientos de raíz, como los suicidas. Hay que echarle un par, y seguir adelante.
Nadie dijo que el camino fuese fácil, a mí a estas alturas ya me parece la ascensión al Everest. Pero puede hacerse, y tengo los testimonios de quienes lo han logrado, como Coclicó. Y mi ejemplo a seguir desde el principio es este tipo de personas, no las que continuamente se lamentan de sus desgracias. Aunque intente apoyarlas, su actitud y la mía es muy diferente.
Me sobran los ánimos. Agradezco cuando estoy mal y me los dan, pero lo que cuenta es que me los doy yo misma, y éstos son los más importantes. No me doy pena, me doy ánimos. Confío en mí misma cuando inicio un proyecto. Me veo de perfil y me juro que bajaré esos kilos. Todo a su tiempo. Mi autoestima va a ser no la que era, pues no era gran cosa, sino que va a ser la que yo misma me trabaje, con la ayuda de la terapia. Y tengo mucha suerte, mi psicólogo vale su peso en oro.
Ahora no soy la de antes, soy la de ahora. Y me tengo que gustar ahora, es más, aceptando la enfermedad me acepto a mí misma. Y dicen que la he aceptado rápidamente. Racionalmente no cabe otra posibilidad. Esto no es un error del destino, es una enfermedad, puñetera como lo es la diabetes, y qué culpa tienen los diabéticos de que les haya tocado. Ninguna. Ni yo de tener bipolar. Lo asumes y a seguir viviendo, que son cuatro días.
Y si a alguien doy pena, por favor, que cambie de blog, este no es su lugar.