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Carne de Psiquiatra -Trastorno Bipolar

Posters a medida

Posters a medida

Hago búsquedas frecuentes de imágenes en Google y veo muchas tiendas de posters on-line. Si tuviese 20 años menos, seguro que ya tendría algo colgado del Señor de los Anillos o de Matrix en las paredes de mi habitación.

Mis posters eran los que “tocaba” hace 20 años. La Guerra de las Galaxias, la revista Disco-Pop... recuerdo uno de Adam Ant.

Ya en el instituto, saqué todo eso y me hice empapelar una pared con papel pintado de ladrillos, y pinté “The Wall” encima. Qué neura lo mío con Pink Floyd.

Mi sueño es vivir en un loft de 200 m2. Llenaría una pared de vinilos enmarcados.

Volvamos a la realidad. No por mucho tiempo, no sufráis. Esto que sigue es desquiciante.

El último póster que hubo sobre mi cama fue uno de los Red Hot Chilli Peppers, parecido al que he encontrado para alegría de la autora del blog y de sus visitantes femeninas, pero en blanco y negro y con un calcetín donde veis las manos.

He sido parte de la cultura del póster, pero nunca en la vida me había fabricado uno. Ya no puedo decirlo.

Hace días os comenté que una amiga nos lió a hacer el “Mapa del Tesoro” para este año. La cosa consiste en elaborar “a tu medida” un collage en una cartulina con todo tipo de lemas y fotos con las que te identificas a ti o a tus deseos, esa es la idea. Ponerla a la práctica...

...hay un montón de normas, incluso relativas al color de la cartulina que inocentemente compramos blanca... ubicar tal zona (familia, amor...) a la izquierda o a la derecha, hay fotos que no valen (me censuraron una de un tío buenísimo por ser en blanco y negro, “no, eso es negativo”) pero como nos quedamos a la mitad del librillo y la maestra se nos fugó, lo hemos puesto todo como nos ha dao la gana.

Nos hemos chupado todas las revistas femeninas que hemos conseguido. Y catálogos de agencias de viajes, de muebles… hasta una revista de parroquia había en el montón. Nos hemos reído, mucho. ¿Y ahora, qué? A escribirle un e-mail. Más risas.

No ha contestado (en el Caribe....), por lo que no hemos recibido instrucciones siquiera vía e-mail acerca del ritual necesario para que el Mapa se “active”, pero este domingo quedó definitivamente finiquitado. ¿Que el 2005 ya había empezado? No problem.

Os “enseño” mi "Mapa del Tesoro":

En la parte central de la cartulina, un gran 2005 en color (supongo que se podía escoger) turquesa. Esto es lo único que se pone a mano. El resto, fotografías y párrafos, frases o palabras robados a algo impreso.

Debajo del 2005 ya me estrené pegando un “porque tu lo vales”. Al lado: “Mímate, mucho”. Tomayá, p’ampesar.

Me lo tomo como un ejercicio de autoestima, si no va de eso que me expliquen de qué.

Parte central del Mapa:
“Absolute feminity” (del anuncio de vodka, enorme y contundente)
Bajo esta declaración, gran foto de modelo emergiendo del agua en plena felicidad, con camiseta de tirantes y falda tejana. Se supone que esa soy yo. En ese anuncio, los lemas son “¿Agua, luz, vida!”. Supongo que será de algún cosmético, no está mal y el color de fondo me gusta, es como el de este blog. Le he puesto en un rincón unos niños sonriendo, y justo debajo un “La vida sigue con esperanza y alegría. No era fácil de lograr”. (Recorte de alguna entrevista y algo que espero decir yo pronto).
Bajo la modelo: una pila de libros, que he rodeado de unas piedras semipreciosas. Hay de todo en esas revistas, un filón. Al lado, un recorte de la caja de Pilots: la marca y los cuatro colores que apuntan hacia abajo. Esto me dice a mí misma que quiero seguir escribiendo y que (sueño secreto) podría publicar algo.

Parte izquierda:
Tira “MADRID-BARCELONA-BILBAO-CANARIAS-GRANADA-MALAGA-MARBELLA-OVIEDO-VALENCIA.” (No está mal, no)
Y una foto que extrañamente tenía el lema que me interesaba integrado, “Madrid y Barcelona”, con familia sonriente debajo. Las demás sólo vieron a la familia, yo vi la foto al revés, el lema. Curiosa ilusión óptica.
Justo debajo, una sola palabra: ATREVIMIENTO.
Al lado: una foto que descubrí a última hora y me gustó mucho, un ser humano abrazando a la luna, pillada con un clip. Los sueños son posibles, y gratis.
Sigue la parte viajera. Tres mini-fotos de Roma y una John Smith a rayas pegada pisando el lema “Keep Walking” del Johnny. Quiero volver a Roma, quiero volver a muchos lugares pero me quedo con este de lejos.
Debajo de tanto viaje, el tema pareja.
“El futuro en sus ojos”. Queda misterioso. No encontré nada mejor para poner tampoco. ¿Qué pones, a ver? Escoge tú...
A la palabra “Cariñosa” que no me acababa de convencer le he montado una modelo que cariñosamente abraza una enorme gema con guantes de blonda. Puestos a pedir, desayuno con diamantes.
Una foto espléndida de Tim Robbins. Lástima que está ocupado, pero quiero uno como ese.
Y otra de Hugh Grant y Rene Zellweger de “Bridget Jones”. Me caen simpáticos, la cosa va de que te de buen rollo la gente que metas, pues hale.
Al margen: “se evitan las peleas” seguido de otro recorte “365 días”

Lado izquierdo:
Superior. Un interior a la moda feng-shui, ventanales con persianas abiertas y cortinas de piezas doradas. Sobre él, dos palabras extraídas de cualquier otra revista (me las prestó una de las que estábamos dándole a la tijera): “en casa” y debajo “con invitados”. Ese sí es mi sueño, para este 2005, tener mi casa, reunirnos allí, como antes.
Debajo: “El fenómeno”. Y una foto de la sección “Salir” con una DJ revolucionando a unos cuantos en la pista, un diseño copia Labanda. Y le añadí el recorte “La Mercè”, las fiestas de aquí. Fin de la parte lúdica.
Lateral de todo este tinglado: “Smoking kills” tamaño cartón. A ver si me entra la frasecita.
Debajo de los que bailan: entramos en zona relax total. La abre “La playa relajada” que tiene como subanuncios: “Sol para apasionarte”, “Luz para descubrir”… le he añadido un “Balneario”, un “NUEVA GENTE” y un “Romántico fin de semana” (éste robado a Enrique Iglesias de un “Hola” a última hora).
Junto a este panfleto playero pegué una foto curiosa de una cama King Size en plena playa, y el lema “Amor con humor” encima.

Alrededores del tema central:
“gimnasia”
“me”
“The zen room” (del cartón de incienso)
Un gráfico de un anuncio antiarrugas que oscila y luego se queda plano. Mi eutimia.
Foto de una biblioteca con solera. La que deseo.
“El rincón de estudio” (a eso me he de poner, y no es un deseo)
Foto de un Golden Retriever (mi perro favorito, de tenerlo)

ARGGGGGGGGGG cuántas cosas hay en la cartulina. Qué rayada, escribirlas. Más rayada, leerlas, lo sientooooo.

Lo mejor, como ya he dicho, la diversión. “Oye, te cambio un “eres sexy” por ese “el deporte es vida”, mil chorradas así. Y el cotilleo al más puro estilo pelu: “¿ah, este se ha liado con tal?”. Algo que nunca habíamos hecho este grupo de amigas, lo que demuestra lo extraordinario de la actividad, y el poder que tiene la que nos lió en el fandango. Había momentos en los que nos lo tomábamos en serio... he flipado.

Lo peor, que esto es una mariconada Cosmopolitan total. Y que encima hay que tragarse el Mapa todo el año en un lugar que puedas ver, o sea, en tu habitación. ¿Lo haré? Lleva el mapa ahí tirado toda la semana… Quizá se lo lleve a mi psicólogo, igual resultará más útil. No sabemos cómo se pone en marcha el tinglado para que "funcione", lo que sí tenemos claro es que lo hemos de quemar el 31 de diciembre de 2005.

Esto es una muestra fehaciente de que algunos individuos de la Generación X seguimos haciendo gilipolleces, a nuestra edad. Tengo la sensación de haber jugado con Barbies, mejor dicho, Nancies.

Seamos positivos: "Un domingo diferente" :)

Coffee and Cigarettes

Coffee and Cigarettes

Recuerdos de la tierna infancia... antes de ir al cole, bebía del típico vaso -de cristal, quizá Duralex pero no de color- de leche -embotellada por aquél entonces en cristal, incluso existían vaquerías- con cacao soluble. Nesquik, aunque siempre me gustó más el Cola-cao, pero a Madre no, porque una se entretenía haciendo guarradas con los grumos.

Me gusta Madrid, entre otras cosas, porque los adultos se siguen tomando el vaso de leche con un Cola-cao en el bar, un sobrecito original a diluir, nada de preparados lácteos. (Disculpas por el inciso, Madrid me mata)

Una de las cosas buenas cuando creces es que por fin, un día, lo pides y esta vez te lo permiten. Te dejan probar el café, una gotita en un vaso de leche. Y te sientes mayor.

Hace tantísimos años que ni recuerdo mi edad, fijo que no llegaría a los veinte... y ya tenía problemas de insomnio. Sólo recuerdo el otro lado de la barrera: el médico prohibiéndome el café a partir de las 17 horas, puesto que sus efectos duran siete horas.

Pasó el tiempo…

En mi última oficina, me tomaba tranquilamente de 5 a 10 cafés de máquina al día. Iba como una moto, porque el trabajo era frenético y porque yo me lo quería acabar tan rápido como el café, y que encima me saliese tan bueno como el café. Y no recordaba o no quería recordar la hora límite. No solo me chifla el café, cuando trabajaba lo necesitaba, tanto como la nicotina. Tenía el típico monederito con calderilla en el "buk". Quedarme sin calderilla era como que un encendedor dejase de dar fuego, algo muy molesto. En el cajón reservaba también palitos de plástico y azucarillos, por si se acababan en la máquina… cosas de drogata, como no salir sin mechero de casa... un Fumador no va pidiendo fuego.

Pero eso era después, metida de lleno en la Selva. A primera hora, para despertarme, me tomaba uno y bien cargado, o dos, porque sin el aroma de un café recién hecho ante mis narices yo todavía no había despertado del último sueño. No he cambiado, y como cuando me levanto -me levantan, más bien- todavía estoy bajo efectos secundarios de la medicación, la cosa es igual o peor.

Siempre he sido una sonámbula al levantarme de la cama, y sé que soy una exagerada pero esta vez no tanto, los hechos cantan. Un día quemé una cafetera, me olvidé de ponerle el agua. Después del episodio, probé con el café instantáneo. La cosa era tan tonta como meter el “mug” (ya no se lleva el vaso de cristal sino esas tazas de importación) lleno de agua en el microondas y añadirle una cucharilla de café en polvo. Y más de un día, en vez de al microondas casi iba a parar a la nevera. Y era raro que acertase con la dosis que me gustaba, todo a saco, sólo era para entrar en vigilia.

Y el primer cigarrillo del día, ah… no se concibe un café sin un cigarrillo. Son dos drogas que se complementan a la perfección. Y si te metes un chute de bytes leyendo el correo electrónico mientras tanto, tu mejor momento del día es definitivamente las 7,45 de la mañana.

Y otro salto en el tiempo…

En casa, ya de baja laboral, la cafetera mediana (6 tazas, ¿no?) a primera hora, entera, y a solas: lo de la leche ya no iba conmigo. Mi café preferido era el americano, al que me había acostumbrado en la oficina. Me servía más de medio mug, le echaba dos dedos de agua para enfriarlo y diluirlo, y un par de cucharadas de azúcar. Ese era mi alimento hasta que decidía comer, porque ni tostadas ni nada, café era lo único que me pedía el cuerpo. Y repetía, otra cafetera. Ya aceptaba grandes dosis, el cuerpo se acostumbra a lo que le eches.

Y más tabaco, uno tras otro. Cuanto más “subo” más fumo. Ahora, paquete y medio o dos, depende. Tengo el récord en 3,5 paquetes de rubio, en un día maníaco sin dormir. Con ese dinero (2,30 euros el paquete), comería jamón de jabugo a diario.

En Manía, ese llegó a ser mi único alimento. Café y cigarrillos. Por cierto, título de la última película de Jim Jarmusch, os la recomiendo (el fotograma de este post, genial Roberto Benigni).

Pero llegó diagnóstico, y con él, el tratamiento. Primero, con el psiquiatra de siempre. Luego, cambié (tema espinoso, otro post). La pseudo-persona que por fin llegó a la consulta del equipo que me trata ahora era un caos en permanente crisis dentro de un episodio mixto. Han trabajado, y bien, conmigo, aquí está parte del resultado.

Me gusta mi psicólogo porque es más inteligente que yo. No me malentendáis, no soy ninguna Einstein. Pero no he avanzado con otros profesionales, en primer lugar porque es muy fácil engañar a un psicólogo -mi primera psicóloga, pobre, fui obligada- o a un psiquiatra, y en segundo término, o lo que resulta peor, que ellos no sepan elaborar una entrevista a tu medida, es decir, hacerte inteligentemente las preguntas adecuadas, las certeras, las llaves que abren, a un bipolar en particular (por cierto, no dejéis de visitar la galería de Billy Watts http://www.billywatts.com/, el autor del logo del blog). Y este psicólogo, que de bipolares ya poco o nada le queda saber, me caló a la primera, y me las clava dobladas. Menos mal que es bueno, se gana cada euro a cada frase (esto me lo digo cuando pago al salir). Y menos mal, porque gracias a él y al trabajo que hemos hecho ahora -un año después- me encuentro mejor.

Y no en la primera sesión en plan sermón, sino poco a poco, todo lo que yo le exhibí en mi primera intervención (dos horas sin parar de hablar, toda mi vida condensada, para abrir el historial), ha sido objeto de tratamiento “casual” en las sucesivas visitas.

El café, por ejemplo. Un día, en una de las primeras sesiones de la terapia; “mira, cada vez que te tomas un café estás caminando sobre un lago helado. La capa de hielo es muy fina, de manera que es muy probable que ésta se resquebraje y, consecuentemente, te hundas, y te bañes involuntariamente en esa agua helada. Entrarás en un shock térmico, y ese shock, es la crisis de pánico que me dices que sufres cada día”.

Y me señaló al culpable, se llama NORADRENALINA. Otro neurotransmisor que juega sucio en el meollo bipolar.

Tenía razón, por supuesto. Desde ese día, XX de enero de 2004, café descafeinado para la nena. Tragué sin demasiadas o nulas protestas, porque yo firmaba lo que fuera para librarme de un ataque de pánico programado al día, o dos, y encima puntuales los cabrones, a las mismas horas, lo sé porque me las controlaba un colega por msn "no te extrañes, ya te tocaba el de la tarde".

Y para acabar esa sesión con el psi:

- ¿Bebes coca-colas?
- Pues no, lo mío son las cervezas, ya lo sabes.
- Pues si algún día te tomas una coca-cola, te digo lo mismo, sin cafeína.

El descafeinado no es malo, te acostumbras rápido por muy cafetero que te hayas considerado. Pero no es puro, todavía contiene algo de cafeína. Por este motivo, si abuso –por las mañanas a veces sigo pasándome- también me pongo como una moto y entro en el lago helado, ayssss. El cuerpo, que es más sabio que nada, se desacostumbra a lo que le dejas de echar, esa es la buena noticia.

Este post es tan caótico como la película. No se llama “SIN” porque todavía bebía alcohol, y bastante. Nos costó más trabajo este tema (para otro post, “SIN” me parece un buen título provisional, pero para cuando deje la nicotina).

Turbulencias: CICLANDO

Turbulencias: CICLANDO

Esta hipomanía es la primera que paso como tal, diagnosticada. Ya os contaré su origen, ese post tan importante que no escribo nunca. Antes hubo muchas, porque tomaba antidepresivos cuando estaba incorrectamente diagnosticada, y éstos hacen “subir”. Y cuando ciclaba a una hipomanía, simplemente pensaba y notaba que estaba bien, que había salido de la depresión, eran leves y quizá las confundí muchas veces con la eutimia. Conozco la eutimia, sólo que apenas la recuerdo.

Creo que enfermé, la bipolaridad se manifestó con fuerza por primera vez, en 1993, antes de casarme. Y luego en 1997 tuve otro episodio, cuando me separé. Las novedades negativas o grandes desgracias familiares, que en lógica deberían llevarte a una depresión, a un bipolar tipo I pueden dispararle hacia arriba, por el contrario. Y este parece ser mi caso. Tengo tendencia a “subir”, y si hay problemas o crisis, más. Puede darse y se ha dado el caso de que todo el mundo está compungido o muy serio con cara de preocupación atendiendo a un problema grave mientras yo soy un nervio con ataques de nervios y otras molestas manifestaciones somáticas que me impiden cumplir incluso con mis obligaciones morales en estos casos.

Cuando me separé, de mutuo acuerdo y sin problemas, entré en una hipomanía que de leve, no tuvo nada. Pero trabajaba. Nunca una hipomanía me hizo pedir una baja o pedir hora al psiquiatra, yo no tenía conciencia de estar enferma entonces, no me encontraba mal aunque hacía cosas “raras”. Estaba muy agitada, me embarcaba en cualquier cosa, y convivir conmigo era insoportable. Un maníaco es muy egocéntrico. Un síntoma de mi manía es que todo lo tengo claro, todo “me cuadra”, ha de ser así porque me he iluminado y soy muy terca, no hay manera de bajarme del burro. Y un maníaco es también muy pero que muy convincente. El arte de la justificación.

Tuve una hipomanía muy fuerte, en 1993. En esta ocasión, me enamoré, nunca me había sentido tan viva como entonces, recuerdo perfectamente que decía a todo el mundo –hipomanía de manual-, y me casé. Con un hombre de temperamento hipertímico, muy activo, impulsivo, creativo, siempre con ideas nuevas, que se embarcaba en proyectos continuamente, líder y triunfador. Este carácter recuerda, es parecido, a algunos síntomas hipomaníacos. Él tiraba de mí, no parábamos, siempre nuevos proyectos. Le encantaba endeudarse, a mí no. Quizá no le he dado valor al dinero cuando me ha sobrado un poco, pero nunca me gustó endeudarme ni lo hice nunca en manía. Siempre he pensado que el futuro no existe o que en todo caso es incierto. No me gusta hacer planes, nunca se sabe. Y menos, casarme con un banco. No es pesimismo, es simplemente pisar la realidad, quizá en eutimia.

Cuando me casé, ciclé y sufrí una depresión que tampoco fue leve, duró por lo menos ocho meses y uno de sus costes fue perder un trabajo. Un estudio de los muchos que hacen mostró un alto porcentaje de bipolares separados, aunque no lo recuerdo, porque no escribo el blog con chuletas. El caso es que yo pertenezco a ese conjunto. Hay quien directamente lo achaca a la enfermedad, porque la bipolaridad, esos síntomas a veces insoportables para quienes te rodean, ha hecho perder trabajos, amigos, parejas, a demasiados de nosotros. Supongo que sería mi caso, pero también había muchos otros factores, por tanto no me atrevo a señalar a la enfermedad como responsable única de mi separación. Algo tuvo que ver, por supuesto, un hipertímico y una deprimida no hacen muy buena pareja.

El caso es que ahora noto y soy muy consciente que estoy ciclando de nuevo. Mis pensamientos son tristes. Me cuesta mucho hacerme la comida o ducharme, tanto que no lo hago la mayor parte de las veces que toca. Me salto comidas, y ayer estaba guarra de verdad. Me encuentro mal, esta semana ha sido horrible, y cuando me encuentro mal y no puedo ni salir de casa “salvo mi pellejo” escribiendo. “Escribe si eso salva tu pellejo”, me decía hace más de un año ya un miembro del foro que desapareció, Gerry, pero nos dejó su vida en la sección "Mi historia" de bipolarweb. Es lo único que puedo hacer, escribir. Es compulsivo. Es un síntoma. Puedo hacer otras cosas, sí, pero si me posee el don de escribir, no lo cambio por el de pintar.

Estas semanas han ocurrido cosas en mi familia, cosas graves. Y en vez de deprimirme, de nuevo me voy para arriba. Pero esta vez, sin fuerzas. No estoy subiendo más, la hipomanía no va a más.

Vuelve esa conocida, la Soledad. De momento, no es grave, porque la percibo por eliminación. Porque cuando alguien comenta en el blog, dejo de sentirme sola por un momento. Sé que no estoy sola, tengo familia y amigos, sentirse sola es otro rollo, es un síntoma de depresión.

Me siento débil, y ya no es un día puntual, por lo que no creo que sea la factura del insomnio del otro día. Percibo que muy poco a poco estoy bajando, que estoy más triste, que me siento culpable por todo lo que no puedo hacer y cancelo, por lo imperdonable que resulta dejar plantada a mi propia Madre. De nuevo y a ratos vislumbro el Everest. Pero queda rebeldía en mí, esa irritabilidad que es síntoma maníaco pero que me ha acompañado toda mi vida, por lo que podría no ser un síntoma sino un rasgo de mi personalidad.

Es hora de llamar al psiquiatra. Hay que hacerlo a los primeros síntomas, confirmar que esas sospechas son ciertas. Hoy he soñado que me visitaba el Maestro, no el Discípulo. Mi actividad onírica ha sido muy intensa durante esta hipomanía. A menudo me despertaba a las 3 o 4 a.m. y escribía lo que podía del sueño en una libreta, todo prácticamente ilegible, bajo los efectos secundarios de la toma de la noche, la que me aniquila. Me levantaba cansada, con sensación de no haber descansado. Lógico. Mi psique no ha parado en 24 horas, en dos meses y medio.

Mierda, estoy ciclando, intuyo que esta vez toca episodio mixto y así me lo hizo notar Burbuja ayer con su sempiterna lucidez. Perspectiva repugnante, la de volver de cabeza hacia el infierno. Nada dura eternamente, ni lo bueno ni lo malo. Qué bien se estaba en hipomanía, ha sido un regalo, he olvidado que las pasé putas este verano, he celebrado que estaba de nuevo en el reino de los vivos.

Mi psiquiatra y yo concebíamos factible que de esta hipomanía pudiese salir esta vez, aterrizando suavemente, hacia la eutimia. Se nos escapa siempre.

Me siento triste, porque no sólo no hago lo que debería, porque la hipomanía está acabando, porque puedo estar a las puertas de un episodio muy jodido, y porque no puedo permitírmelo. Y no puedo hacer nada, siento Impotencia.

Esto es una Pesadilla, no tiene otro nombre.

. . . .

Imagen: “El ojo de la tormenta”, creada por Sven Geiger. Podéis visitar su galería

Bienvenida a mi Hermano

Bienvenida a mi Hermano

Hoy ha estado aquí mi hermano de visita. Me he ausentado por un momento a comprar y antes de salir le he dicho que tenía el blog en pantalla. Se ha ido sin apuntar la URL, ya la tenía en memoria.

Espero que de crédito a lo que lea. Porque es lo que hay.

Es el primer familiar.

Esto ya es muy serio para mí. Los objetivos se van cumpliendo.

Hipersensibilidad

Hipersensibilidad

Cada casa tiene un olor, irrepetible e inconfundible. Recuerdo muchas casas por sus olores, y muchos recuerdos de mi infancia no tienen color, sino olor. Mi guardería olía a lentejas con arroz.

También cada casa tiene sus sonidos. Lo peor que he visto fue en casa de una compañera de clase: vivía justo encima de una estación de la línea amarilla de metro recién estrenada, y sufría un mini-terremoto sonoro y real cada cinco minutos.

Su ascensor, sus puertas y ventanas abriéndose y cerrándose con golpes o gruñidos, los perros del vecino, un anciano demente a quien cuidan, los bajantes. Muchos de esos sonidos de la casa en la que vives ya se han instalado en tu cerebro como perennes y ni les das importancia o directamente no los percibes ya.

Me instalé en casa de Madre en episodio mixto. Fifty-fifty manía y depresión. Estaba hundida moralmente, pero la parte maníaca que me quedaba tenía abiertos los oídos de un murciélago, el tacto de un ciego, el paladar de un gourmet, la vista de un águila, y el olfato de un cerdo que busca trufas.

En Manía, todos mis sentidos se agudizan.

Y de todos ellos, el sonido es el que más me perturba.

Es normal experimentar los sentidos básicos, incluso placentero. Es enloquecedor que te bombardeen, que no puedas amortiguar esos impactos.

Comer una sopa con asco porque aprecias su base grasienta que se impone a su sabor. Asir un periódico y apartarlo de ti inmediatamente porque el tacto del papel te repugna. Ponerte tapones en los oídos y seguir escuchando aquello de lo que huías al ponértelos. No soportar la TV porque reparas en todo lo subliminal. Desearle un chute de antipsicótico al perro del vecino que te putea dos pisos más abajo. Escuchar un zumbido sordo y agudo que cada mañana sale de la pared del otro vecino, qué coño producirá ese ruido, y cambiar de habitación para evitarlo.

Quieres tranquilidad, dejar de ser violada mentalmente por todos esos sonidos. Hay bipolares que sufren alucinaciones auditivas, escuchan voces. Es común en manía con psicosis. A mí no me ha sucedido nunca, y digo “menos mal” y cruzo los dedos, porque bastante tengo con soportar el impacto de los ruidos cotidianos.

Vives en una casa de cristal opaco. No sabes qué cara tiene tu vecino de la otra escalera, el que comparte pared contigo, pero sí tienes la certeza de que nuestras almohadas se juntan. Y también sabes cuándo se suena la nariz, cuando se masturba o cuándo está solo en casa y puede pegar un polvo. Lo escuchas en estéreo, ni siquiera los tapones te salvan. Y ni siquiera te excita que haya sexo al otro lado, es demasiado rápido y previsible. Por cierto, maldices la racanería de los padres, porque no le han cambiado el somier que gruñe a cada movimiento, sí, es como aquella escena de la peli “Delicatessen” (Marc Caro y Jean-Pierre Jeaunet, 1991), pero esta vez no hace ninguna gracia, y flipas porque hay gente que todavía usa somieres de hierro. Pobres espaldas.

Una de mis amigas acaba de mudarse. Le preguntaré por los ruidos nuevos, cómo lo lleva. Otra amiga no hacía más que quejarse del “OoooooooooooScaaaaaaaaaaaaaaaaaarrrrR” perpetuo de la histérica madre de al lado en un piso y del polvo eterno y sonoro de los de arriba en otro apartamento. Hay vecinos que tienen tela.

La pared de la consulta de mi ex psicoterapeuta era la habitación de un niño pequeño. Se escuchaba todo, como en una peli de Woody Allen. Pobrecillo, carne de psiquiatra cuando crezca. Por suerte, no hay niños pequeños en estas dos escaleras, a lo sumo un nieto de vez en cuando que ya me crispa lo suficiente. Y me planteo qué infierno sería este patio de luces cuando todos los baby-boomers dábamos guerra.

Mis vecinos y Madre no tienen los oídos perforados, con un amplificador directo al cerebro, como yo en manía. Están acostumbrados a los ruidos de su casa, a su somier no le pasa nada, qué va.

Hace un año, en ese momento de manía disfórica no podía escuchar música, porque me molestaba también. Ahora sí, me pongo los auriculares y desconecto del ruido. En la calle sobre todo, ahí sí me crispa mucho el del tráfico. Y claro, ha pasado un año, y tal como predijo Madre ya me he acostumbrado a muchos de esos sonidos de este bloque de dos escaleras. También porque ya no estoy en manía disfórica. Mi vecino escucha cada mañana el “Alchemy” de Dire Straits. Las marujas del patio de luces se llaman a gritos cuando llueve para sacar la ropa colgada. Escucho la TV del vecino de al lado, pongo ese canal y resuena el eco. Insoportable, vuelvo a mis dependencias.

Siempre me gustaron las casas antiguas, 18XX, las que mucha gente desprecia porque tienen que reformar y prefieren lo nuevo. Yo no, porque lo nuevo se construye con Pladur por muy alto standing que anuncien, mientras que las casas antiguas tienen paredes dignas de tal nombre, paredes que aíslan. Viví en una de ellas dos años felizmente en ese sentido.

Insonorizar una habitación de un bloque construído con papel de fumar vale un pastón, y no lo tengo. Con gusto viviría en una celda acolchada, de esas que ves en pelis de psiquiátricos. Amueblada, por supuesto, y con mi PC. Sin TV. Apenas veo televisión porque hace años, quizá cuando descubrí Internet, dejó de interesarme.

Ahora suena el ventilador de la CPU, el teclado que compré supuestamente porque no hacía ruido (el otro era insufrible), el silbido de una olla a presión, la TV en otra habitación. Se nota que es puente y en el patio de luces apenas hay señales de vida. Aun así, antes necesitaba los tapones. Y es una pena que no hayan inventado algo para las narices que te permita respirar sin oler (¿hay algo? ¡¡Por favor, decídmelo!!). Porque la mezcla de hedores de las comidas de todo el edificio me hacía sentir náuseas, y también las tenía cuando me bombardeaba lo que antes percibía como el tufo de mi propio plato de comida.

La hipersensibilidad es un síntoma que deja de ser interesante cuando se convierte en desagradable.

Pero siempre hay algo positivo.
Sexo.
Y debo sonreír ahora, incluso ahogar una risa.

El pastorcillo y el lobo

El pastorcillo y el lobo

Uno de los tesoros de la familia es una cinta grabada hace unos 30 años en la que mi difunto y queridísimo abuelo relata de viva voz algunos cuentos de su repertorio. Uno de ellos, el del pastorcillo y el lobo. Recuerdo perfectamente su “uuuuuuuuuuuuuuuuuu”, aullaba el lobo.” Y estas moralejas calan cuando uno es un crío y las tienen muy presente para toda la vida adulta: el lobo viene de verdad y ya nadie se lo cree ya, pobre pastorcillo.

Y la familia por supuesto recurre al cuento, y me dicen que el día que venga el lobo, no me harán caso. Ahora soy yo el pastorcillo, tócate....

No estoy de acuerdo. Este relato para niños no es aplicable a un Trastorno Bipolar. Mi mente es un lobo cada vez que le da la gana, y puede devorarme, y lo sé, porque ya lo ha intentado. La última vez fue en episodio depresivo. Esta vez en mixto, y en mixto las cosas son más salvajes, porque tengo un componente maníaco que no me proporciona felicidad alguna, al contrario, es otro hijo de puta. Ya lo dije ayer en un comentario, mi inteligencia ahora es mi mayor enemigo, soy yo luchando contra mí misma.

El episodio mixto es un estado emocional donde tu mente ha decidido que tu cuerpo no es el mejor lugar para alojarse. Continuamente recibes sensaciones del tipo “qué incómoda me siento aquí”, “esto no es para mí”, “¿hasta aquí me has hecho llegar?”. Tu mente conspira contra ti, creando ilusiones-emociones de hastío y malestar.

Y como no está a gusto contigo, pues se iría con otro, quiere abandonarte. Lógico.

Entonces crea otra ilusión, destinada a irse con otro y a dejarte en paz a ti. Tu mente crea una espada de Damocles que planea sobre ti, pero esta vez va a caerte de golpe en cualquier momento. Cuando la propia mente lo decida, a traición, no vas a ser avisado y lo que es peor, no vas a poder controlarlo, porque la enfermedad es así.

La estadística del 20% no habla de imbéciles que se suicidaron por cobardía -podría ser la opinión del vulgo, pero no van por ahí los tiros-, sino de gente a la que su propia mente asesinó. Y en ese momento no hay cobardía, hay enfermedad manifestándose. El suicidio es parte de la enfermedad, nos guste o no el tabú.

Mi yo físico y espiritual no se encuentra bien con la azotea conspirando. Ya ha ido a urgencias sin éxito, esa doctora que no sabía qué hacer conmigo (“has tenido mala suerte, te ha tocado la tonta”, me ha dicho hoy otra usuaria del hospital) y tiene a sus amigos vigilando, para abortar un intento real cuando se produzca. Ya no me chupo el dedo, estoy pidiendo AYUDA antes de que pase algo que todos lamentemos.

Ya he hablado del resorte del suicidio. Mi mente, esa hija de puta, le ha dado voluntariamente al interruptor, sin mi consentimiento, claro está. Se había puesto “on” en septiembre, se desconectó a “off” ese mismo septiembre y me quedé tranquila.

Ahora está “on” nuevamente. El episodio mixto enciende muchos resortes, y éste es uno más, pero el más jodido en cuanto a las más que probables consecuencias. Se dice que la probabilidad de suicidio aumenta al 50% en episodio mixto.

No dejaré de insistir en la importancia de tener un buen psiquiatra. Un bipolar no sólo deja su salud mental sino su propia vida en sus manos, y eso no puede dejarse en las de cualquiera.

Por eso quiero ingresar. Ya he pasado por un episodio mixto con el “on” activado, pero ahora no sobreviviría.

Voy a intentar un ingreso voluntario. Un ingreso es algo muy serio, nada agradable, y quizá me lo nieguen porque no soy enferma “aguda”, y las camas son para ellos porque hay pocas y han de priorizar. Efectivamente, no me encuentro en las últimas ni fuera de mí, o no todavía, sólo sé que estoy “on”, y quiero supervisión médica hasta que deje de ser un peligro para mí misma.

Porque no quiero suicidarme, pero mi mente sí me suicida. Y mientras esté lúcida y no salte la alarma, voy a luchar para que ello no ocurra, para poner medios, para activar los cortafuegos que en su día creé para este momento. Para que luego nadie pueda decir que no hice nada y que fui una cobarde; una vez muerta, todo esto me importará un bledo, pero NO QUIERO MORIR, tengo muchas cosas que hacer todavía en este mundo. Y si muero, no será cobardía, sino el Trastorno Bipolar el culpable, esa serotonina asesina.

Y lo digo a sangre fría, en estos momentos soy una suicida en potencia. Hace pocos días que me ha poseído ese demonio, está ahí la idea que empieza a atacarme a momentos puntuales. Soy muy consciente de que la espada planea sobre mí, me encuentro mal, muy mal, por ello, porque estoy hipersensible: cualquier mini-resorte de la vida real puede darme la puñalada definitiva. He dejado de leer e-mails, no estoy para disgustos de ningún tipo. En estos momentos, necesito una vida emocionalmente neutra, nada ha de disparar mis emociones porque la espada las acompaña.

Y me indigna y humilla que me tomen por el pastorcillo.

Ingreso voluntario II

Ingreso voluntario II

Este blog no es un diario, pero dados los acontecimientos, os cuento por encima lo de esta semana.

Vengo de un hotelito que hay allá en la montaña, con el pase que me dio mi psiquiatra. Tiene buenas vistas y un jardín que es casi un bosque. No es de cinco estrellas, pero si no se tienen demasiadas manías la cosa es llevadera. Te dan cinco comidas al día y tiene hasta cantina. Conexión a Internet no, eso ya sería demasiado pedir.

La estancia en un psiquiátrico es fuente de retratos humanos, dramas y anécdotas. Como os podéis imaginar, he llenado una libreta con... de todo. Ya contaré cosas, pero que nadie espere morbo. Lo más cachondo de un sitio de estos son las normas, tan imposibles que resultan a veces contradictorias. Este fin de semana postearé sobre otros temas, he de desconectar.

Lo que me gustaría intentar corregir, y corregir son palabras mayores, es la actitud que se tiene hacia los psiquiátricos. Porque me preocupa que mi familia se tome con extrema gravedad el hecho de que ingrese en un lugar así. Películas como "Alguien voló sobre el nido del cuco" (Milos Forman, 1975) (¿por cierto, alguien ha leído la novela original de Ken Kesey, 1962? Ya me diréis) han hecho mucho para que se conozca la realidad de estos lugares, y a la vez han creado un estigma negativo. Y algunos enfermeros tienen mala baba, sí, pero por lo común son gente con vocación, preocupada por el paciente, y son tan esclavos de las normas como los pacientes. Yo me he metido ahí por mi propio pie, y no a sufrir, sino a curarme. Es un hospital especializado, punto. No sé qué coño piensa la gente, en fin. Es lo mismo de siempre, desde fuera se ve de otra forma. Yo no tengo problemas, mi enfermedad debe ser sujetada en ese sitio precisamente y no en otro. Y para mí es natural que las cosas sean así.

Pero todo tiene un límite. La presión es dura en un psiquiátrico: no es un sitio para nenas, aunque pululen anoréxicas. Puedes salir peor de lo que has entrado, depende de muchos factores. Por eso prefiero entrar voluntariamente, porque en un momento dado puedo salir voluntariamente también.

No me acojonó el trato con el resto de pacientes (agudos, o sea, imprevisibles), sino el psiquiatra que me adjudicaron. A la segunda frase empecé a temblar: sus conocimientos de mi enfermedad llegaban a la época en que todavía se llamaba "Psicosis maníaco-depresiva" y no Bipolar. Cuando le dije que me habían diagnosticado finalmente el lunes en urgencias -día de mi ingreso- episodio mixto, sí que me dije "hem begut oli" (expresión que traducida es "ya hemos bebido aceite", algo así como "la hemos cagado"). No conocía el término disforia, ni los síntomas de la fase, porque me preguntó acerca de mis ideas de grandeza etc. Le corregí, mal hecho, lo sé, pero no tenía síntomas maníacos eufóricos sino disfóricos (no me lo paso bien, todo lo contrario, disforia=contrario de euforia). Sé que metí la pata cuestionando al psiquiatra reputado delante de dos MIR y mi enfermero, pero en ese momento me estaba cagando en todo (irritabilidad maníaca, mala leche en grado máximo, no paro de decir tacos cuando estoy así). No me cambió la pauta, menos mal, quiero que me la cambien por probar otra cosa a ver si funciona pero ... qué menos que lo haga alguien que se entere. Bueno, si, al final me ha añadido un antidepresivo, el mismo que me dieron en cuentagotas en su día. Es algo peligroso porque puede hacerme ciclar a manía, pero voy vigilándome.

Actividades: los primeros días, dormir lo que me dejaban. No me he cansado de escuchar a Peter Gabriel. Los Waterboys están bien para escucharlos una vez, pero una es de ideas fijas. Mi mayor inquietud fue cuando me quedé sin pilas, SOS a la familia.

El taller de manualidades recortaba papa-noeles y estrellitas para decorar el lugar, era rayante. El hallazgo del centro ha sido la biblioteca. Hay donaciones muy pero que muy interesantes. Pero los pacientes van demasiado sedados o su enfermedad -o fase de la enfermedad- no les permite concentrarse en la lectura, cosa que me ha sucedido a mí muchas veces y entiendo perfectamente, por lo que la biblioteca tiene pocos usuarios. Me arremangué a echarle una mano a la pobre encargada (catalogaba a pelo, pobre) porque tengo nociones del asunto, y a cambio tengo tres libros y no dos en préstamo, ya veis que privilegios me dan jaja. Ojalá pueda leerlos antes de que me den el alta.

He conocido a mucha gente, a pesar de "ir a mi rollo" desde el primer momento. Hay quien va a ligar, y aquéllo es un culebrón. Me parece que no es el mejor lugar para ello, pero los pacientes necesitan apoyo entre sí para aguantar, y algo de cariño siempre va bien. Mi mejor amigo, si alguien puede considerarse eso en cinco días, es un ex-yonki que se acaba de convertir al Islam. De todos es sabido que la gente que sale de la droga, es gente muy sabia, que tiene mucho que decir, y se puede aprender mucho más de ellos que de según que profesores de universidad. Aunque tengan puntos raros, no seamos puristas, y quién no los tiene...

La enfermedad mental mayoritaria es la esquizofrenia. Seguro que había otros bipolares, pero no me he molestado en ir haciendo pesquisas. Una chica de mi planta parecía maníaca, o hacía y decía cosas que me sonaban demasiado a manía bipolar, pero no le he preguntado tampoco. Allí todos estamos "de los nervios" o "con depresión". Mi compañera de habitación era una paranoica de narices, pero como casi siempre estaba callada, no problem.

Lo importante es que he mejorado. No duermo tanto, estoy más sociable, me irrito sólo cuando algo me provoca, y además esta noche hay cenorrio con los colegas.

Vuelvo mañana por la noche, esto es sólo un permiso de fin de semana, pero el psiquiatra dice que me ve mejor cara y que el alta será YA. Ya no tengo ideas suicidas o en estos cinco días se han retirado, en un lugar como ese la supervivencia ya no es sólo mental y se te va más de una pájara, porque sí o porque te has cansado de escuchar pájaras ajenas. O es que mi enfermedad de repente decide que le van a dar caña y se esconde, la muy puta. El caso es que me está dejando en paz, que era el objetivo.

No he ciclado, esa es una. Otra, todavía no estoy en el reino de los Vivos. Todo se andará.

Lo que pasa si NO ingreso

Lo que pasa si NO ingreso

La noticia corre como la pólvora. Han ingresado a “la niña”. Preocupación, pánico, acojone generalizado, ¿Qué ha pasado esta vez?, ¿Otra vez lo ha hecho? ¿Que qué me estás diciendo? ¿Cómo que voluntariamente? etc. Se preocupan más ellos que tú, que eres el ingresado e interesado.

Pues sí, esta vez, voluntariamente. Para no repetir la primera vez, en la que necesité a un ángel de la guardia llamado Mariló, de la que os hablaré otro día porque ella ha salido del armario. De no ser por ella no estaría aquí escribiendo memeces.

Las visitas insisten despectivamente incluso: “no olvides que estás en un psiquiátrico”. ¿Y qué? Conozco gente peor de la olla que está fuera. Ya dije en su día en este blog, ese y no otro es el lugar al que debo ir cuando no respondo de mi vida, para que me vigilen, para que la rígida disciplina ponga mi cabeza en orden. Mucho mito, mucho prejuicio, y mucha gilipollez hipócrita. Es un lugar con normas, como un cuartel, punto.

Y las visitas familiares te miran si no como a una apestada, con pena. Y como un bipolar es un loco (sólo lo diré aquí coloquialmente, de loco no tiene nada) muy cuerdo, y sobre todo - lo que pasa desapercibido a las familias- muy empático, le atraviesan esas olas emocionales de desprecio y lástima. Es más, te retiran tu edad real, para ellos eres una niña sin criterio alguno. Y una, hasta echa a las visitas en esas circunstancias, me rayan y ya lo estoy, no necesito más leña porque luego han de darme un calmante.

Hay una chica de 26 años de bipolarweb que está fatal hace un par de semanas: el suicidio es su pesadilla día y noche. Está en casa porque no hay camas en el hospital psiquiátrico de su comunidad autónoma de color azul. Sus padres la cuidan 24 horas al día, no se despegan de ella. La encuentras en msn y te pones mala tú de lo mal que está ella. Maldita sea la Seguridad Social, ingrésala o al menor descuido de sus padres la perdemos.

Y no es el único caso reciente de “ingreso domiciliario” que conozco. Porque de repente todo lo que tiene borde afilado parece acercarse al imán en el que te convierte el resorte del suicidio. Y tienes que pedir que aparten de ti cualquier cosa antes de que te lances. Y eres un IMAN, no puedes evitarlo. Es así, es muy jodido, y no tengo otras palabras.

Cuando eres consciente, lúcidamente, de que te has convertido en eso, en un suicida a 300 km/h de velocidad mental, lo que has de hacer es irte a urgencias cagando leches. Porque coger ese taxi es lo único lúcido que puedes y debes hacer. Igual el 061 llegaría tarde.

Y si la cosa es seria, porque lo es, nadie va diciendo por ahí que se suicida alegremente, lo más seguro es que ingreses, porque necesitas que esa compulsión se detenga antes de que acabe contigo.

Mariló me llevó la primera vez. Kidam y Mariló compartieron la segunda. En la segunda fui por mi propio pie, la primera fue a rastras. Si hay una tercera, espero hacerlo por mi propio pie también y solita, para no tocar las narices a nadie, con toda la naturalidad que el asunto me permita, sin alarmar.

GENTE QUE ME CONOCÉIS, SI INGRESO NO OS PREOCUPÉIS. HACEDLO SI NO INGRESO.

Si no ingreso cuando lo necesito, desapareceré de las fotos navideñas. No soy muy fotogénica, pero eso no hace gracia, ¿verdad? Soy la primera interesada en salir en ellas, no os quepa duda alguna. Por eso ingreso, por responsabilidad conmigo misma, con mi propia vida. No es una niña la que toma esta decisión, la niña quería tirarse cascada abajo, pero ya ha crecido.

Eso sí, traedme TABACO. Es peligroso ir sin tabaco, como en una cárcel. El tabaco paga cosas ahí dentro, como en una guerra. En una guerra, obtener un cigarrillo, si no hay moneda corriente o ésta ha perdido valor, puede llevar a la prostitución. El tabaco es la moneda que compra aliados y fidelidades.

Y no tengáis lástima, en un cuartel se aprenden muchas cosas, y ya sabéis que a mí me gusta mucho aprender. Creo que casi todo lo que sé de esta vida lo he aprendido a hostias, y así seguiremos hasta que no quede nada por aprender, y ese sí será el momento de morir.

MANIA I = Diagnóstico II

MANIA I = Diagnóstico II

Mi intuición me lanza señales muy intensas, me dice que este blog tiene los días contados. O la familia me apartará de él, o mi psiquiatra me prohibirá que siga escribiendo. Por eso hoy relataré algo muy duro, importante y personal para mí.

NOTA: NO LEAS ESTO SI NO TIENES 18 AÑOS.
Debería haber puesto esta advertencia al principio del blog. Esto es pornografía psíquica.

Pasé meses oscuros, la primera mitad del 2003. Estaba de baja laboral desde finales del verano del 2002, no recuerdo si por angustia o depresión. Son dos caras de la misma moneda, en realidad, o a menos es como lo veo ahora.

Qué depresión, la Peor.

Mi psiquiatra actual seguramente diría que estaba mixta. Depre, hundida en la nada y en la tristeza, y también completamente inestable.

Escribir mi diario era mi tarea principal. Me sucedían cosas, no fuera de casa porque la agorafobia era seria, si exceptuamos episodios como el de la fiesta que relaté en su día. En mi cabeza estaba la acción.

El 14 de mayo casi me suicido. Me salvó un golpe de rabia dirigido a Bill Gates. Eso he de agradecerle. Tengo ese párrafo escrito, en tiempo real. Ese momento de “ME CAGO EN, no, no me voy a suicidar”.

En ese instante, ciclé a Manía.

Ya había tenido mis crisis, como en la fiesta que relaté en este blog. Y vinieron más después, el 2 de junio tuve otra, el concierto de Peter Gabriel me dejó en crisis maníaca toda la noche. He perdido ese escrito, uno de los mejores que haya hecho nunca (cosas de la manía), la única versión que tengo es en papel y no sé dónde está, aunque es algo desquiciante. Cuando estoy maníaca, no puntúo apenas porque no me da tiempo, porque escribo a velocidad real de mis pensamientos, y ahí agradezco el curso de mecanografía.

Pero esta vez no me podía creer lo que ocurría en mi mente, era demasiado salvaje. Y tenía muy presente que había tocado fondo en el infierno, en el intento de suicidio, cuando pude subir hasta la Luz, y era todo tan reciente que iba arriba y abajo a mi capricho, en una analogía de la Vida como una escalera de infinitos peldaños. Y subirlos también era el infierno.

No fue una Manía de pasarlo bien. Le di una vuelta a mi vida. Lloré muchísimo recordando el pasado olvidado por propia imposición, ese pasado que me pesaba como una losa y no me dejaba tener futuro. Escribir todo lo que recordé me liberó.

Mi diario era como un libro. Le daba título a cada etapa. Ese capítulo, porque tuve que abrir uno, se llamó:

CRUZANDO CABLES: 2001 ODISEA ESPACIAL, MATRIX Y TODA LA CIENCIA FICCIÓN QUE TE QUEPA EN EL BOLSILLO

Hay muchas referencias a la ciencia ficción en ese diario. Era lo que mejor se ajustaba a los viajes que estaba pegando, delirios dignos de algunas drogas, pero sin ellas, día y noche. Drogas son lo que tenemos en el cerebro, y vaya si se ponen cachondas. Taquipsiquias que no me dejaban dormir, ideas y recuerdos bombardeándome sin piedad a pesar de pedirle descanso a mi mente, dormir... Imposible, paró cuando quiso.

Y os extraigo algunos fragmentos, naderías en un escrito de 173 páginas. Me había convertido en una diosa capaz de abrir todos los secretos de mi pasado, los más escondidos, y de recorrer toda la escala emocional, del cielo al infierno. Incluso rescataba del olvido temas y libros de mi etapa estudiantil. Era muy consciente de que tenía los cables cruzados, demasiado, porque no dejé de estar lúcida ni un solo momento. Pero no hice más que psicoanalizarme, como diosa, diosa de mí misma, hasta ahí llegaba mi poder. Tuve delirios, pero no místicos, sino existenciales.

E., que es mi amigo y el domador oficial de fieras, me controlaba por teléfono. Estaba lejos, pero me llamaba varias veces al día. Necesitaba feedback y que me tranquilizasen. Fue mi terapeuta esos días, no sé qué hubiese sido de mí sin él.

Estaba sin diagnosticar, sin medicar, como bipolar. Mi diagnóstico por aquél entonces era “Depresión”, y estaba tan harta de ella, de estar deprimida y de baja, de ser un harapo viviente, que había dejado de tomar los antidepresivos una semana antes. Y de beber, y de tomar ansiolíticos como sugus. En mi vida había hecho algo similar, dejar un tratamiento, y estaba equivocada, esas pastillas sí me hacían efecto, y la serotonina se quejó mucho al dejar de recibirlas. Me dieron todos los “monos” posibles, menos el del tabaco.

Pasé la Manía perfectamente consciente de que estaba maníaca. Cuando pasó todo, tuve tiempo para informarme por Internet, para buscar respuestas a lo que me estaba pasando. Llegué al psiquiatra con la certeza de que lo mío era un Bipolar como una catedral. En mi agenda aparecen esos cinco días como “Viaje alucinante”, un título de Isaac Asimov. Esa manía fue lo que me diagnosticó inequívocamente, mi ex-psiquiatra no tuvo más remedio que reconocerlo. Había estado equivocado muchos años. Por eso y porque luego tampoco supo tratarme, cambié al actual psiquiatra.

En estos escritos reflexioné mucho sobre la depresión, ahora la veía desde fuera, por fin. P. es una mujer con problemas psíquicos que me venía mucho a la cabeza.

Lo que divulgaré aquí es “light”. Para que oláis lo heavy que pudo ser la cosa. CINCO DÍAS sin dormir, mi mente sin descanso, quería más, y casi me quedo en el sprint. A veces pensaba que estaba a punto de morirme, de muerte natural, cerebral. Debo ser una especie de mala hierba, o quizá mi instinto de supervivencia realmente exista. O E. tiró de mí en plan Morfeo para que el infierno no fuese a más.

Me alimentaba de café y tabaco. Escribía día y noche. No salía a la calle, excepto para ir a por tabaco, de noche, para pasar desapercibida.

Escribía para no volverme loca, día y noche, sin parar. Lo volqué todo. En tiempo real. Si leo entero el diario, se me caen, cuando no se me ponen los pelos de punta. El material original será donado a algún fondo sobre bipolares, supongo, esa decisión se la delego a mi albacea. Él tiene el password.

No sé por qué no ingresé, o fui a urgencias psiquiátricas. Por ignorancia. No sabía nada de ingresos entonces, quizá ni siquiera que había psiquiatras de guardia. La cosa se hubiese aplacado rápidamente con antipsicóticos, fármacos que no sabía que existían. Supongo que pensé que era una crisis más en mi proceso depresivo. El caso es que me declaré "loca" en ingreso domiciliario, y me chupé la Manía a pelo, supongo que con la intuición de que o me mataba, o me hacía más fuerte (Nietzsche). Mantuve a la familia apartada del berenjenal, muy conscientemente.

Como ya he dicho, el viaje más alucinante de mi vida, que me hizo más fuerte seguro, y que no ha de volver a repetirse, ahora que estoy bajo tratamiento.

En los siguientes posts tenéis los fragmentos. Versión extra-light, repito. Igual tanto, que no dimensiona el tema, pero no puedo publicar más sin comprometer mi intimidad. El final de ese estado, el aterrizaje, el tercer post, fue hasta hermoso, todo lo hermoso que puede resultar salir del Infierno.

Sí, Familia, ya he estado en el Infierno, muchas veces, pero esa semana fue Non-Stop-Dancing.

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Las ilustraciones de esta serie de 3 posts son neuronas y sinapsis. El cruce neuronal de cables del segundo es magnífico.

MANIA II: Fragmentos

MANIA II: Fragmentos

[Extractos del diario de 2003]

He brillado, y la luz sigue en mí, es como la foto del amanecer en Europa, progresivamente la tierra es barrida por un haz de luz, y siempre hay una línea que divide el día de la noche. Hay que hacer de nuevo hasta la EGB, ayer estaba en la EGB, y debería ponerme las pilas.

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La luz hace que la Verdad aparezca, algo así es el concepto de Aleceia, he brincado (figurado) cuando me ha aparecido en otro destello, casi podía ver los impulsos entre las neuronas, ha habido momentos delirantes, como cuando he colgado a E. por primera vez esta tarde, estaba en pensamiento aletargado y me he disparado, ha sido horrible, ha vuelto a llamar a la hora pero el tiempo se había comprimido a media hora en mi subjetividad, qué viaje he hecho hoy, me he metido por un agujero de Gusano, era Jodie Foster, un personaje de Carl Sagan, qué buena esa novela, qué tío más cojonudo se llevó el cáncer, (…)

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Por eso he decidido ir con calma, equilibrar, pasar de la conexión plena a Internet a desconexiones controladas, no todo de golpe, nada de golpe, planificado, ejecutado inteligentemente, este software es cada vez más delicado y el PC se cuelga. Llevo colgada desde el 2000, y en reparación desde el pasado verano. Qué duro.

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2:02. Cierro sesión. Quiero ver cómo me despierto mañana, es muy importante salir de la dulce desconexión = muerte (excepción: pesadillas, tenía bastantes últimamente) cada día y apostar por la vida, quiero ver si mañana lo hago o me levanto como hoy o como hace un año, o dos, no importa, es todo más de lo mismo, por eso no existían diarios.
(…)

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Y una mierda. Toda la noche de viaje.

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Pero no sólo tenía destellos de mi infancia y adolescencia, durísimos, episodios no cerrados, no aceptados, cerrados bajo siete llaves o silenciados. Subía y bajaba de los infiernos, haciendo pruebas, ahora que soy una diosa me meto donde me da la gana, pa eso estamos XDDD, y me iba a sitios increíbles. (…).

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Hay que cuestionarse cada afirmación ahora, es tan fácil caer en lo fácil. Lo que parece simple a primera vista es increíblemente complejo, ríete tú de los fractales que son más de lo mismo.

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Esta noche he visto eso y mucho más, he pasado entre las nubes, cruzado los agujeros de gusano, todo tipo de bandas y longitudes de onda, buscando patrones, en flashes de un segundo o menos, algunos de un cuarto. Veía los haces de luz otra vez, chispas aleatorias en todo el entorno. Juro que no me he metido nada raro, solo nicotina y la peli de ayer y las charlas diarias con N. y E. y además estaba en la cama, intentando conciliar el sueño.

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He rememorado la Ascensión, se me ha representado muy gráficamente, ya digo que todavía flipo en colores porque es solo una fase maníaca pero qué duro pega, esto son drogas duras, naturales, NOTA IMPORTANTE: investigar si serotonina es mesurable, si la depresión es mesurable, y controlar hormonas tiroideas – URGENTE ANÁLISIS.

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Lo malo de los infiernos personales es que no tienen fin = infinitos, hacia abajo (arriba no existe para ti, eres una puta mierda indigno de nada bueno) (…). Por eso hay gente que acaba tan mal en vida o se suicida. Es una especie de plasma, aunque dibujes las rayas de los niveles los subes y bajas como una montaña rusa, ya hablé del nanosegundo en el que bajas 10 de golpe y eso te lleva a la fosa si tienes un arma cerca, ganas de morir + oportunidad = lo opuesto a carpe diem, yo le llamo desconexión, deseas por favor que te desenchufen de allí que ya no puedes más. Te tomas todas las pastillas que te quedan y dices Goodbye Cruel World.

El Muro, Pink Floyd. Deberían prohibir esa película a menores de 18 años, con 15 me quedé absolutamente a cuadros.

Ayer dormí con The Wall en la cabeza, reviví la escena del personaje atrapado en un muro circular, cada vez más alto, sólo dos ladrillos o tres para poner antes de acabar definitivamente encerrado, él cada vez más pequeño, en el suelo sentado, cabeza escondida, el muro cerrándose y él impotente. Pero acaba con el martillo abriendo el muro (…)

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Qué catarsis, qué terapia, por fin encuentro esas piezas del puzzle, y las que saldrán, una estira a otra, como las cerezas en una cesta.

Por qué pienso de esta manera, buscando el grafismo, la analogía, hasta la saciedad. Quizá los conceptos que quiero transmitir son incomprensibles para los que no han bajado ahí, o no saben que están ahí, esa es otra.

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Sostengo que Phil K. Dick tiene razón, y que tenemos una especie de doble vida, mejor dicho, la vida es como el rollo de las ondas, es doble, (…). Es más, si a alguien le gustó la película Matrix, yo soy fan y siempre he dicho que será de culto, pues eso no es SF, se parece bastante a la realidad, a la de los depres quiero decir, están ahí en una cápsula imaginando que tienen una vida, de hecho a veces incluso hacen vida normal o lo pretenden, son autómatas sin conciencia existencial, están en el tipo plano. Ojito con pasar de golpe al ondulatorio, te rayas y bajas 50 o 100 niveles.

A los 11 años hice el primer viaje al ondulatorio. Era después de comer, mi hora crítica estos meses, por cierto, y de repente vi La Vida, el Matrix entonces no existía, no sé lo que vi, vi algo que me asustó, (…)

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10.29. Un rato con E., el último hasta el domingo quizá. Que descanse, por favor, el cerebro juega malas pasadas, ha usado la palabra sprint, si estamos online, ya sé que estoy esprintando en una carrera de fondo, de vez en cuando hay que hacerlo, así es el ritmo, (…), el insomnio, otra droga que se chutan mucho los que no se quieren, se meten en un bucle y así hasta que se te hace de día (...).

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(...) ha aceptado mis archivos, no sé si llegaré, si no, me la sopla, soy feliz, moriré de felicidad, en un orgasmo cerebral, en Vida.

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Qué enfermedad es la religión, cualquiera de ellas. Te dicen que vas a Vida cuando te mueres. Error. No estás en Vida porque estás atrapado, viviendo con tus demonios, en tu infierno (…). Además, vivir con tus demonios es algo a lo que te acostumbras, incluso puedes sentirte bien y feliz, si te fijas los demonios siempre sonríen mientras los ángeles están muy serios y tiesos ellos. Error. Corregido en parte por la reforma protestante, fuera imágenes, Erasmo de Rotterdam, estoy contigo también, te estoy recuperando de mi olvido, volveré a leer el Elogio de la Locura. Los locos son ellos, yo ya estoy cuerda. Reparando errores. Llevo ahí desde el viernes pasado, esto es una carrera de fondo, ánimo “Carne de Psiquiatra”, tú puedes, tú sabes, eres Grande y tienes un Don, úsalo, corrige errores, nos han contado mal toda la película, pero qué locura es esta, sólo pueden ser esos tíos que vigilan el Matrix, esos matones que se disfrazan de profesores y sacerdotes. Y les escuchamos.

Dar la vuelta a la tortilla, todos nos hemos quemado alguna vez, ensayo y error.

Qué bien estás con tus demonios. Eres tan poderoso que hasta puedes herir a otras personas, y lo haces, total, te estás automutilando o autodestruyendo de alguna manera, si me estoy matando yo, por qué no hacer partícipes a los demás. Eres un material hecho astillas, no tienes una piel como la de antes. Te acercas a los demás y les hieres, les rayas con tus astillas.

Pero, cosas de los infiernos, a la vez te has quedado sin protección alguna, cualquier cosa te raya a ti, te afecta. Puedes suicidarte porque te han robado una chaqueta, cualquier mariconada te dispara hacia el Lado Oscuro. Lo he visto. Casi me quedo. 18 años, primer intento de suicidio con tranquilizantes. No pude. (…)

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Antes de los 20 años, primera dosis de mierdas. Debo de tener el hígado machacado, suicidio lento, de qué me han servido las pastillas, de nada. Cuantas más tomo, peor me encuentro. Me importa un huevo a qué edad exactamente, o no, no lo sé, no es justo, las pastillas no ayudan, y tú crees que sí, porque te lo han dicho, y cuando ves que estas igual te hundes más, debes ser tú el culpable, no queda otra, ¿verdad? Debes buscar un culpable, siempre buscamos uno, no, no lo eres, duerme en paz, no tengas insomnio, encuentra esa subrutina, te juro que la tienes ahí minimizada, cómprate un antivirus de una vez hostias, folla con condón, que hay mucho apestado suelto, apuesta por Vida, límpiate.

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Lo primero que debo hacer ahora es descansar. Me lo ha pedido dios en persona, estoy maníaca y ahora es mi terapeuta, siempre he respetado a la autoridad, hasta que me rayaba y hacía alguna gorda, así me ha ido. (Si voy de juez por la vida, tengo que dejar de ser diosa pronto, se me suben las cosas a la cabeza, siempre has sido divina “Carne de Psiquiatra”, siempre tenías razón, me jodía tener razón cuando algo acababa mal. Y le criticas a tu madre que te juzgue, te salvas por diosa, ya bajarás a la dura realidad a pelear, aterriza despacio por favor).

Mi único delito en esta vida ha sido robar un libro, lo pasé fatal. Que me metan en la cárcel. He estado en los infiernos mucho tiempo y además no pagaré alquiler ni manutención. Yo estaré viva, porque he escogido ese camino, y escribo esto para no volver a caer por si acaso, y tengo hasta albacea. Qué honor. Pelearse consigo mismo. Sacar tus demonios, ser tu propio exorcista. Te quedas hecho polvo, pero luego igual hasta dejas de fumar y dejas de morirte, y con el dinero que te ahorras, vives. Los números cantan con una lógica aplastante. Pero tienes miedo de irte al infierno si lo dejas. Estás en el infierno ya, y si no fumas no pasa nada, me sentía bien cuando dejaba de fumar, un rato en Vida, luego volvía a lo que conocía mejor, no era digna de estar con los buenos.

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(…) respeta a tus mayores, aprende de ellos, nunca los desprecies, ellos tienen más vida que tú renacuajo pretencioso, la juventud da alas para estrellarse, adoro envejecer, cada día soy más sabia, no te arrepientas nunca de cumplir años, di tu edad, si los otros no te aceptan por eso es que no están en Vida, vive tú aceptándote sin mentirte, siéntete orgulloso de tus canas en vez de teñírtelas, “Carne de Psiquiatra”, llevas desde los 25 tiñéndote, tengo unas canas que no son habituales en la familia, lo mío son muchos momentos de infierno ya, igual te perdonas si dejas de teñirte el pelo y te aceptas así. Los peluqueros te engañan, no estás más guapa, estás disfrazada de lo que no eres. La belleza es una actitud, no un disfraz, P. te sientes guapa, no lo estás, mírate por el otro lado, por cierto, ¿te miras al espejo?

Me pasé meses sin mirarme. Me daba asco. Este mismo 2003. Se rompió y no ponía otro. Tenía dinero, lo que no tenía eran ganas de verme borracha y destruida. Mi subconsciente conspiraba ya para traerme a Vida, quiero vivir y todas las fuerzas del universo, las que he visto esta noche, están conmigo, aunque esté en fase maníaca, lo sé perfectamente, estoy lúcida, he dejado de ver caer código.

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P.D. Una vez libre de mis demonios al estilo Matrix, empecé a aterrizar... próximo post.

MANÍA III: Aterrizaje

MANÍA III: Aterrizaje

[Extractos del diario de 2003]

Cada dos meses, todos los átomos de tu cuerpo se renuevan. Eres tú, tú siempre te ves como a ti mismo, pero tu cuerpo se ha ido a otro lugar, y todo lo que has comido estos dos meses es lo que eres ahora cuando te miras. Qué pensamiento más turbador, cada dos meses tu cuerpo ha vuelto a la naturaleza y tú has tomado de ella lo que necesitabas para que no te asustases al mirarte.

¿Recuerdas lo que desayunaste hace dos meses? Eso ya no lo tienes, se fue para siempre. El desayuno de hoy es la vuelta a empezar. Yo no he desayunado, sólo un café, espero comer algo ahora. No soy un pellejo como P. porque estaba gorda. Por suerte, la cerveza lleva algo de alimento y vitaminas, y el café también. Mis átomos no se quejan, comen cerveza y café, y ya están acostumbrados, no han visto otra cosa. Voy a mimarme algo más, voy a comer, este cuerpo es increíble, y cómo lo he castigado.

Estoy convencida de que he vuelto. Los dioses no tiemblan. Y “Carne de Psiquiatra” ha bajado al mundo, a tomar un simple café, y tenía la espalda erguida al caminar. Ha empezado a mirar a los seres humanos y al paisaje. Tiene ganas de hablar por teléfono. De aquí a un momento irá al banco.

Ya no estoy lúcida, ya no voy a juzgar a mis semejantes, no soy una diosa, tuve que serlo para entender muchas cosas, pero no soy quién. Todos llevamos dentro nuestros infiernos, los he entendido después de meterme en la piel de todos estos días, y de cómo lidiemos con ellos depende que seamos personas en vida o en muerte. Escogí la vida, y ahora me asombra verlo todo de nuevo, he vuelto a nacer, de eso estoy segura. De un lento suicidio, que espero dejar de llevar a cabo (…)

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Quizá la medicación me haya servido para eso, para catapultarme a un estado maníaco, no sé. Sólo estoy segura de que L., M. y tantos otros, A., gracias a todos, tenían razón, sólo yo podía salirme, y joder, pegando un triple mortal, vale, lo he hecho.

Ya no tengo visiones. (…) No puedo arreglar el pasado, (…). Quién soy yo para nada.

10.18. Es hora de salir, reciclar, ir al banco, mueve el culo reina. No he perdido el cinismo, espero que sea más positivo esta vez.

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Te lo han dicho, te lo has dicho, mil veces, mil y una, en un intento por ayudarte, y cuando tú has ido a pedir ayuda en un destello de lucidez, (pero qué me está pasando, exclamabas, y pedías ayuda al primero, sáquenme de aquí), y cuando alguien quería hacerlo, porque te quería. Pero tú no te querías y no has hecho caso ni a ti mismo (revisa tu lista de “debería…”) ni a los demás. Hasta que un día lo haces y punto, porque sí, porque quieres, y ni te planteas por qué, como el resto de la gente. Tú no eras como el resto, eras un deshecho que sobrevivía gracias a que ellos te pagaban una pensión, baja médica por angustia.

Sal, poco a poco, sin prisas, a su ritmo. Sonríe, y te sonreirán.

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He encontrado un escrito reciente, no tiene fecha, es una carta de “Can-ne” a “Carne de Psiquiatra” en un sobre de Caixa Catalunya, de la etapa de caos inmediatamente anterior al viernes pasado, sí, ha pasado una semana que se me antoja un siglo ahora, y luego la voy a leer y lo más seguro a pasar a mi Diario.

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Todavía me siento débil, mi cuerpo no se ha recuperado, mi cuerpo físico tan maltratado estos meses, años, y no me obligo a hacer grandes esfuerzos, ya sé lo que pasa cuando esprintas, no me río ahora, espero y me tranquilizo, a veces me sigue subiendo algo parecido o angustia directamente, tranquila, poco a poco, tampoco van a acabar los ataques de golpe.

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(…)Jajajajjaja. Cuántos recuerdos, ahora revelados. Lentamente, este el último, poco a poco, Aleceia es magnánima y me deja descansar, no es cruel, hubiese podido matarme.

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Fin de este diario. El resto de mi vida, pasada, ya lo recuerdo. No te rayo más contándote batallitas. Además, tengo cosas que hacer, me esperan. Hasta pronto querido Diario. No te me rayes, piensa que estoy viviendo y haciendo cosas con mis semejantes. Buenas y malas, relatables y monótonas, de todo un poco, sonrisas y lágrimas, vamos a por ello, no? Nos lo merecemos, y queremos hacerlo, pues eso, está todo dicho y escrito. Ya sé que es completable, perfeccionable y todo eso, pero todo acaba así, normalmente, es lo que hay, así es la vida.

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P.D. El diario continuó, en otro capítulo. La Gran Pesadilla había acabado, aunque la cosa siguió coleando, con altibajos, hasta el verano. Y gracias a esa semana en el Infierno, tuve el diagnóstico, y con él, el tratamiento que si no acaba de funcionarme, al menos es el adecuado a mi enfermedad. Las pasé putas como depre, esos diez años. Ahora también, pero me lo tomo de otra forma. La carta que me escribí a mí misma era emotiva. Era la carta de mi yo depresivo hablándole a mi yo "curado". No sabíamos que estábamos en el Péndulo :( y la pesadilla no había hecho más que comenzar. Después de diez años de tratamiento, no nos habíamos curado, Can-ne y Carne de Psiquiatra. Se abría otra etapa, en la que estamos lidiando ahora.

Primer suicidio

Primer suicidio

Mi vida ha sido una lucha contra el suicidio, en cierta manera. Mejor dicho, una huída del suicidio.

Incluso desde niña, porque siendo niña, ocurrió algo que hasta hace muy poco no verbalicé ante un familiar. Ni se lo conté nunca a ningún psiquiatra, ya que era un recuerdo que tenía muy escondido, hasta que un día maldito se abrió la caja de Pandora y me explotaron muchos recuerdos que estaban muy bien escondidos.

Estábamos de vacaciones, y fuimos de excursión al nacimiento de un río. Y claro, había una cascada. Y en el recorrido, sólo una barra metálica separaba el camino del abismo según este recuerdo.

Era bonito mirar hacia abajo, el brotar del agua, por fin libre de la montaña que la había aprisionado. Me quedé un buen rato, como todos, admirando la cascada.

Me fascinó esa agua, tanto, que quise irme con ella.

Y fui consciente de que no volvería, de que ese viaje no tenía retorno, pero no me importó, ni pensé en los seres queridos que me acompañaban ese día, yo iba a ser feliz entre el agua salvaje, en eso pensaba, que esa agua era feliz y yo también iba a serlo cuando me fusionase con ella.

La barra era fácilmente salvable con mi estatura.
Me imaginé a mí misma saltando.
Fue un segundo, pero en ese momento me suicidé.

No lo ejecuté a tiempo. El pensar paraliza, primero piensas y luego actúas. NO ME DIO TIEMPO. Seguramente ese plan –quería hacerlo, por qué, y sabía cómo- fue abortado por un “venga, adelante, camina”, esas cosas que se les dicen a los críos cuando se les ve embelesados.

Creo que no tenía los diez años cumplidos. El familiar a quien relaté el episodio no supo o no pudo confirmármelo, una de dos: o se quedó demasiado impactado, o no me creyó. Porque desde que "estoy mal", he perdido toda credibilidad ante mi familia, salvo una honrosa excepción.

A mí también sigue impresionándome y mucho recordar mi primer suicidio, me produce escalofríos. No tenía motivos, creo que no tenía problemas y que no estaba deprimida, simplemente se me ocurrió y no me importó hacerlo, no, importar no es el verbo, lo deseé.

Por eso creo que tengo bipolar desde mi infancia. No es algo que me interese ahora confirmar con el psiquiatra, el pasado está ahí con todas sus miserias y ahora sólo me preocupa mi futuro a medio y largo plazo. Y la terapia para bipolares se encamina en este sentido: borrón y cuenta nueva, importa el ahora y el futuro.

Porque el suicidio sigue acechando, veinte o treinta años después.

P.D. Quizá borre este post. El suicidio es un tema demasiado espinoso y me daña a veces. Y no es por no dar ideas, lo de la cascada se le ocurre hasta a una cría.

FIESTA II: Taquipsiquia

FIESTA II: Taquipsiquia

Y sí, llego a la fiesta. Saludos, besos, regalos. Todo bien. Nadie nota nada, que estoy tensa y hecha mierda, que no voy a ser del sector enrollado del lugar sino que me voy a ir a una esquina del sofá. Hay quien fuma porros. Otros van a la cocina en parejas, y en rebaño, allí es donde está la fiesta, no sé cuántos gramos.

La anfitriona me ofrece una porción del pastel de cumpleaños. Es casero y hace muy buena pinta. Supongo que la felicito, porque ha cocinado todo el día, no sólo el pastel sino un bufé de diversos platos, todos cocina exótica: japonesa, libanesa... de muy compleja elaboración.

Seguimos charlando, contando chistes, conociendo tímidamente a los nuevos nombres de esta noche.

Me siento más suelta y sociable ahora. La fiesta se anima, suena música petarda y los "viejos" entramos en la nostalgia de la Fiebre del Sábado Noche.

Joder... me entero de que el pastel llevaba marihuana. Si lo sé no lo como, porque no estoy católica, igual me entra otro ataque. Ya debe estar haciendo efecto, claro, bailas y ríes.

Y cambian de tercio. Marilyn Manson, cómo podría olvidarlo.

Me encontraba muy débil, pero eso fue antes, ahora ya no, ahora soy pura energía. Me he convertido en un monstruo que baila a saltos y hace lo imposible con las cervicales. Soy una diosa, tengo poder, mi cuerpo es atlético y me obedece. No, no me obedece a mí. Dionisos se ha manifestado, me posee, y va acompañado de una buena cohorte de demonios, todos pidiendo guerra.

Llama a todo eso CRISIS MANÍACA.

Libero de paso a mis propios demonios, mis movimientos se transforman del baile al paroxismo.

No recuerdo haber bailado así nunca, en mi estilo pero en un grado mucho mayor. No me grabaron en vídeo, no tengo pruebas... prefiero que sea así, no me gustaría verme. Hubo quien se asustó, claro, los demonios hacen eso, ¿no?

Mi momento crítico pero glorioso acaba -por fortuna todo pasa- al poco tiempo. Vuelve la debilidad, y esta vez es fulminante, los demonios me han dejado exhausta. Me caigo, me hacen sentar. Vomito el poco alcohol que he bebido (después de un ataque de pánico no hay ganas de emborracharse, una controla). Mis amigos me miman, me animan, me acompañan al balcón y se turnan para acompañar sin agobiar. Estoy sudada, lívida y me falta el aire otra vez. Y ese vacío en las sienes… las recorre un frío seco, que se da una vuelta por la frente en una náusea. Estoy callada, no puedo hablar.

No me asusta ese malestar, porque es similar al de una borrachera, pero sí lo que empieza a ocurrir ahora… es mi cabeza la que está empezando a dar vueltas, al mareo (¿el baile frenético? ¿la maría?) se incorpora Algo nuevo. Mi mente se está colapsando de ideas, las ideas llueven y no me dejan en paz, cojo más aire y sólo intento que las espiraciones (no, no expiro, aunque me lo parezca otra vez, antes me estalla el corazón y ahora el cerebro) expulsen ideas, que no verbalizo, ni que quisiera porque no tengo tiempo para ello, se suceden e interaccionan encadenadas e inconexas. Tiro la cabeza hacia atrás, refresco o me refrescan la nuca y la frente, pero lo que se mueve en mi cabeza sigue sin piedad.

No me recupero ni con remedios caseros ni con tiempo de reposo, y apenas puedo andar, me han desenchufado, mis demonios se cansaron de bailar y me han dejado tirada. Pero mi mente sigue en estado alterado de conciencia. Y por fin me sacan de la casa. Durante el viaje en coche, experimento la marihuana más la taquipsiquia en silencio, un viaje mental alucinante y maníaco, mientras se sucede un viaje de veinte minutos en coche… Las luces de la autopista, las antenas de telecomunicaciones en la montaña al fondo… salto entre ellas. Veo e imagino cosas fuera de lo común, los delirios se suceden. Hablo a gritos, no recuerdo lo que digo ni lo oigo apenas, resuena en mi interior. Parezco estar poseída por algún diablo. Mis amigos están muy asustados, lo sé porque están en completo silencio y ni siquiera han puesto música, y sólo hablo yo de vez en cuando, recuerdo haber pedido música. Nunca me habían visto así, yo tampoco a mí misma.

........

Ese día no fue la primera vez que tuve un ataque de pánico, no fue la primera vez que el TENGO QUE se me cayó encima en un ataque, ni fue la primera vez que probé un pastel de marihuana, ni siquiera fue ni mucho menos mi primera fiesta maníaca. Pero la Taquipsiquia, sí fue la primera.

La taquipsiquia, también llamada “fuga del pensamiento”, es un síntoma maníaco por excelencia. La mente se dispara, se acelera sin control alguno por tu parte produciendo ideas que tampoco puedes controlar. Las ideas te bombardean sin cesar, en fracciones de segundo -un segundo ahora es una hora-, convirtiendo tu cerebro en un haz permanente de destellos de todos los colores. Dura lo que quiera durar, horas incluso. La primera vez, piensas que te has vuelto loca. La última que tuve fue duradera –tres días, a ratos- pero no salvaje, más controlable, y por ello la aproveché para escribir algo curioso.

No he vuelto a probar marihuana, y mis amigos ya saben por qué no TENGO QUE. Evidentemente, ahora bajo tratamiento tengo prohibidas esas sustancias. Ese día yo no sabía nada, todavía no estaban en la lista de "prohibidos", pero intuía que no me sentarían bien, porque ya me encontraba muy mal para esas fechas. Y están prohibidos porque los tóxicos (así los llaman los psiquiatras: drogas, alcohol...) desencadenan cosas tales como crisis maníacas.

La Manía es algo que han visto mis amigos "en acción". No sabían, ni yo, que lo que veían era efecto del tóxico, no el efecto borrachera o cuelgue, sino el efecto Manía, síntomas maníacos. Sé que les he asustado cuando esto ha sucedido, que no sabían qué hacer, lo sé, me lo han dicho. Menos mal que no podían meterse en mi piel, en mi mente, eso sí que les hubiese aterrorizado.

Esta historia está basada en hechos reales sucedidos en marzo de 2003. No he acudido a mis diarios para entrecomillar lo que escribí entonces, aunque desde luego sería mucho más interesante, ni voy a hacerlo, de momento prefiero revivirlo con el filtro del tiempo.

Fueron Meses Oscuros, en los que estuve ciclando de Manía a Mixto pasando por Depresión, muy rápidamente además, no estaba diagnosticada y seguía tomando los antidepresivos que me recetaban bajo el diagnóstico “depresión”, que no pueden darse a un bipolar porque precisamente le hacen virar a manía.

Este post sólo puede ser ilustrado con algo psicodélico. Un fractal. Me fascinan los fractales, hace años ya. Y muchos ilustran muy bien los estados alterados de conciencia. Este es creación de Sven Geier y le llamó "este es tu cerebro bajo drogas"

FIESTA I: ATAQUE DE PÁNICO

FIESTA I: ATAQUE DE PÁNICO

Es viernes tarde, tengo que hacer la compra si no quiero perder medio sábado en ello.
Además, esta noche hay fiesta.
TENGO QUE
IR.
Llevo más de un mes plantando a mis amigos, y hoy he decidido que se acabó, que esté como esté, voy para que sepan que sigo viva.
Siempre me encuentro mal, les dejo tirados cada semana.

Es tarde ya, me he entretenido, me esperan mis amigos y me llaman de nuevo para recordármelo.
TENGO QUE
Ducharme, no puedo ir a una fiesta con el sudor de todo el día.
TENGO QUE
Secarme el pelo, intentar que parezca un peinado “de fiesta”.
TENGO QUE
Repasarme las uñas con la lima. Esto no estaba previsto. Tic-tac, tic-tac…
TENGO QUE
Vestirme. Decidir con el armario abierto qué me pongo y empezar a probarme piezas que no me satisfacen y voy tirando en la cama.
Ponerme nerviosa porque no me satisface nada. Tic-tac, tic-tac…
TIENES QUE decidirte de una puñetera vez.
Ponerme cualquier cosa.
TENGO QUE
Decidirme por la primera colonia que veo. Tic-tac, tic-tac… colgarme los segundos pendientes que caen en mis manos, no hay tiempo de probarme más.

TENGO QUE……¡¡¡¡ ESPABILA NENA!!!
SALIR.

Y de repente, me entra.
Se me caen todos los TENGO QUE encima.
Mi corazón late cada vez con más fuerza.
Me ahogo. Abro la ventana en un vano intento de respirar.
Me quedo inmovilizada, me siento en el sofá, llaves en mano, sin quitarme el abrigo. No me lo quito, porque estoy destemplada. No tengo temperatura, se ha vuelto loca.
Sudo. Frío en la frente.
Me duele el pecho. Mucha angustia, demasiada, al mismo tiempo, no me cabe toda.
Me duele el brazo izquierdo.
La taquicardia es insoportable.
No puedo hablar y el teléfono está sonando. TENGO QUE cogerlo, son ellos, quizá hayan cambiado el lugar de encuentro.
Pero me importa un bledo ahora mismo. Porque
VOY A MORIR, el corazón se me va a resquebrajar.

(Ahora suena algo de Pink Floyd)

No, no te vas a morir, ya lo sabes.
No es el primer ataque de pánico.
Ya sabes qué debes hacer. Llevas un Valium 10 en el monedero precisamente para estas situaciones.
Póntelo debajo de la lengua, actúa más rápido.

Deja pasar unos minutos, 20 o 30, hasta que el pulso se normalice, el dolor en el pecho y en el brazo cesen, y puedas incorporarte, cuando la debilidad sea menor.
Llama diciendo que vas, pero tarde. Aguanta la bronca.

TENGO QUE ir.

Aunque ahora me haya sumido en el inevitable bajón y lo que más me apetezca es descansar en la cama, no participar en una fiesta de cumpleaños.

Salgo de casa todavía débil pero muy agitada, puro nervio. Como sea, TENGO QUE llegar.

La fiesta continúa, en el siguiente post… qué Fiestón… fue un éxito de público, de comida, de música, de drogas, de todo lo que una buena fiesta debe preciarse.

. . . . .
P.D. Mi primer ataque de pánico fue en noviembre de 1994. Madre me llevó a Urgencias con lo que yo suponía era una angina de pecho, estaba haciendo testamento durante el camino. Pero un diazepam sublingual obra milagros.

Más tarde he sabido que aunque la sensación es de taquicardia y de angina de pecho, el ataque de pánico es otra historia, son mecanismos diferentes. Es decir, que por mucho que sea evidente que el corazón explota, no lo hará realmente.

. . . . .

Imagen: fórmula del diazepam (valium)

Bienvenida a mis Padres

Bienvenida a  mis Padres

Madre se resiste a conectarse todavía, pero ha de "caer" pronto, porque en esta casa hay tres ordenadores, un router, y sólo me faltan las tarjetas inalámbricas para tener no dos sino tres bichos subiendo y bajando cosas, porque tanto cable por casa no puede ser. Padre es internauta hace tiempo, y resulta interesante comunicarse con él a través de e-mails. A Padre le bastará el link, a Madre le he hecho una impresión de los posts.

Dicen que lo peor que te puede suceder en esta vida es perder un hijo. Yo he estado a punto muchas veces de desaparecer, y ellos por fortuna sin saberlo, pero el pasado 2 de septiembre sí se enteraron porque casi no lo cuento.

Se abrieron muchos interrogantes entonces. Por fin la enfermedad llegaba a uno de sus picos, el más bajo. Saltaron todas las alarmas en la familia. ¿Qué ocurría? Difícil de entender, mucho.

Estoy viva, padres. Y esto que escribo es lo que me ha pasado y me pasa. No me importa publicarlo porque ya no me importan muchas cosas, después de un intento de suicidio algo o mucho ha cambiado en mi sistema de valores. No me he vuelto loca, porque nunca lo he estado, salvo en momentos puntuales de enajenación debidos al Trastorno que sí, efectivamente, casi acaban con mi vida.

Me salvó una Amiga ese 2 de septiembre, me llevó al hospital ella, porque yo no quería ir sino morir. Estaba anímicamente muerta cuando me ingresó. Nunca se lo agradeceré lo suficiente.

No miento, porque no tengo nada que perder, y poco que ocultar. Lamentaré si os disgustáis con lo que podáis leer aquí, y entenderéis que más me disgusté yo experimentando lo que relato. No lo digo todo, porque para eso está mi psiquiatra y mi psicólogo y esta página de internet no es mi terapia. Esta página es incluso entretenimiento para sus visitantes. No me importa, ojalá pueda divulgar algo sobre el Trastorno Bipolar que ayude a alguien.

Aquí soy anónima. Vosotros sí me conocéis, porque me habéis concebido y visto crecer, y lo que más me jode o por lo menos a mí en concreto es que os parecía -como a todo el mundo- que mi conducta era igual a mi personalidad, cuando en realidad muchas veces era producto, síntomas, de la enfermedad. Quizá desde la más tierna infancia, imperceptiblemente. Ahora estáis mejor informados porque habéis leído sobre el TB. Y eso se irá arreglando a medida que mejore y la terapia avance. Los síntomas remitirán y por fin saldré Yo.

No me asusta convertirme en otra cuando remita, somos el río de Heráclito donde el agua que pasa no es nunca la misma.

Me conocéis o eso os dicen vuestros sentidos e intelecto, pero no leéis mi alma. En estos posts o artículos dejo parte de mis emociones. Las que van más allá de las que puede reflejar mi rostro.

Y cuando sufro, no os cuento todo lo que me ocurre. No quiero preocuparos más. No quiero que me acompañéis a los infiernos, os quiero demasiado para arrastraros a los lugares mentales que me han horrorizado. En esos momentos, para vuestra tranquilidad, me vigilan de cerca otras personas que pueden ponerse en mi piel porque ya han estado allí. Que tienen vuestros teléfonos, por si algún día hay una emergencia, y no los usarán si no es estrictamente necesario, y por supuesto, espero que no os llamen nunca. Pero una ha de ponerse a salvo, incluso en el futuro.

Os estoy escribiendo una larga carta, en buena parte respuesta a una misiva de Padre, que no puedo acabar desde el día que la empecé, se me resiste como nada que haya escrito antes. Pero la completaré, porque os quiero contar cosas, en privado.

Una no espera comentarios de su propia familia. Una espera que entiendan mejor lo que es incomprensible para todos. Una no espera críticas de sus padres, porque ya es mayorcita. Una sólo quiere que sepan más.

Una quiere que sepan que les quiere

P.D. Y sí, me tomo las pastillas cada día, ya me raya la preguntita.

Agenda

Agenda

Ya está asumido que Jesucristo no nació un 25 de diciembre, que esa fecha fue “puesta” a posteriori para acabar con las celebraciónes paganas del momento. En la primera página que he encontrado se amplía la información.

La ironía es que dos milenios después, esto vuelve a ser un ritual pagano, de adoración al Consumismo. ¿No se cabreó Moisés con el Becerro de Oro? Anda que no nos iba a caer un rayo divino ahora...

Cuando era pequeña, eran multitud de cosas las que para navidad se convertían en extraordinarias, siempre a partir del 13 de diciembre, Santa Lucía. Ahora ya te iluminan las calles en noviembre, etc. Había escrito un panfleto anti-navidad, pero os lo ahorro.

La fiesta que sí me importa es la del Año Nuevo. La tierra ha dado una vuelta alrededor del sol, cierra un círculo y abre otro. Nosotros le llamaremos 2005 en nuestro 1 de enero, otras culturas no.

Tengo una amiga que ha vivido en una ex-colonia gringa más de cinco años. Nos ha traído una tradición de lo más pagano. Se le llama el “Mapa del tesoro”, y consiste en hacerse a medida personal e intransferible un collage a base de fotos y lemas “Cosmopolitan” (“qué sexy soy”, “yo puedo hacerlo”, “éxito asegurado”), con motivos que expresen deseos y tendencias que te gustaría fuesen tuyas el año venidero. Hay que escoger esas imágenes, y con todo el material, se ocupa una cartulina, donde el 2005 se coloca arriba, bien visible. La noche del 31, hay que hacer algo con él en la mano, algo tan extraño como meter los pies en el agua, algo que no recuerdo pero me hizo reír, y que no era compatible con comerse las uvas. Un día nos juntamos tres a recortar fotos con un montón de revistas, y lo mejor fue las risas. La colega se nos ha vuelto a ir y el tema se ha quedado algo colgado.

Y lo que me gusta del Año Nuevo es la nueva agenda. Este año repito el modelo de hace dos, y no me desagrada. Me la ha regalado Madre. Quo Vadis, no me sacas de esa marca, semana vista. He decorado la cubierta a mano, y no me ha quedado mal del todo.

Todavía no la he estrenado. El trabajo más puñetero es copiar el directorio telefónico, que sigue teniendo sentido a pesar de los móviles, y quien no haya perdido nunca el suyo, no sabe de qué le hablo. Y lo de los teléfonos es una criba, mucha gente desaparece de la agenda anterior. Como las guardo todas, en un momento dado… Pero no, es cuando hay que reconocer que hay gente que desaparece de tu vida, y hay que dejar espacio para que nuevos nombres asomen.

La miro con ilusión. Dentro de un año, será como la del 2004 quizá, en la que se aprecian semanas vacías y semanas a tope, la actividad subiendo y bajando en la montaña rusa también.

Tengo esperanza por llenarla con algo más que visitas médicas. Retomaré las oposiciones, seguramente.

Hay que trabajarse una agenda para que la próxima sea más interesante.

Bienvenido al weblog Carne de Psiquiatra

Bienvenido al weblog Carne de Psiquiatra

Bienvenido o bienvenida. Este es mi blog, que no un diario. Tengo un diario privado, que no voy a publicar aquí. Esto es otro rollo. Tampoco es terapia, puesto que ya tengo un psiquiatra y un psicólogo. Quiero divulgar la vida de una enferma mental, en un vano intento de que esto de la estigmatización social pase a la historia. Es mucho pedir, pero aquí está mi granito de arena.

Pasad, comentad, escribidme.

Por fin me animo a crear un weblog y mi primer post pasa a ser “error” al publicarlo. Lo mío es la ley de Murphy, y hace años que estoy bajo ella. Llámame pesimista, lo soy. Pero soy bipolar, así que tengo mi lado optimista también. Soy blanco y negro, alegre y triste, simpática y huraña, sexy y adefesio, Apolo y Dionisos. Soy todos los contrarios, sólo depende en qué momento me pilles. Soy el perfecto abogado del diablo, porque tengo dos opiniones opuestas para todo, y por supuesto la mía.

Esta enfermedad es una manera de vivir. Intentaré compartirla con vosotros.

La única advertencia que puedo y debo haceros es que no soy profesional, ni psicóloga ni psiquiatra, y este es el límite de este blog. Para ello os remito a páginas de profesionales. El blog va a hablar de la enfermedad, de cómo me afecta a mí y a otras personas que conozco, de los síntomas y episodios sufridos, de los profesionales que me han visitado estos años y de las charlas que tuvimos, de aspectos que me parezcan interesantes. Y quizá de algún off-topic, para no aburrirme a mí misma de tanta bipolaridad, para empezar.

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"Carne de psiquiatra" fue una viñeta muy popular y lúcida de Lluïsot para "El Jueves". Estoy tramitando su autorización para usar parte de su material en el blog.

Pintura: "El grito" (Edvard Munch, 1893)

Logotipo del weblog: cortesía de Billy Watts

Casi todo bajo control

Casi todo bajo control

Nota: post dinámico sobre los temas del blog, que irá cambiando a medida que las secciones, nacen y mueren con el tiempo, se modifiquen.

Ni yo me aclaraba ya, este blog empieza a ser muy variado, y vuestras sugerencias y comentarios también lo van construyendo, por eso espero muchas más, si no aquí, ya sabéis, por e-mail a carnedepsiquiatra(arroba)hotmail.com.

Por fin hoy he clasificado en temas los posts. He ido "per feina", no he estado dándole vueltas a las categorías, por lo que igual añado o quito.

Los temas son, de momento:

- Bienvenidas: a los recién llegados, si van en manada, o a cuentagotas, como pasa con mis familiares.

- BIPOLAR: todo lo relativo a la enfermedad visto por mí. Siempre dije que quien quiera información médica vaya a otra parte, esto es siempre bajo el punto de vista de una afectada. Relación con el mundo, síntomas, crisis, ingresos, citas con el psiquiatra y el psicólogo, tópicos...

- Batallitas bipolares: mis aventuras con la enfermedad, episodios reales. Personal e intransferible, "BIPOLAR" en mi día a día, en mi grado de enfermedad, en mis oscilaciones, y en mi mundo "single" y "pensionista".

- Bipomensajes en una botella: pequeñas dosis de bipolar "en tiempo real" a alguien real.

- Nueva vida: desde que me planté en "estabilidad" en Madrid, desde mi Barcelona natal, el 1 de marzo de 2005. Aventuras, desventuras y avances.

- Vida cotidiana: de una persona y de una bipolar, cómo estoy anímicamente y qué hago.

- Cartas: a mí misma para pegarme broncas, a algún amigo, y de algún lector que me dejó reproducir su contenido.

- Familia: posts dedicados especialmente a mis familiares.

- Minutos musicales: donde una canción representa la emoción de un momento, o simplemente algo positivo y de buen rollo para bailar en momentos bajos o no tan bajos.

- Sobre Blue: "Carne" o "Carne de Psiquiatra" ahora es el nick de Blue, que es como me llaman en el mundillo. Cómo soy, cómo pienso, cosas de mí, de la mujer de treintaytantos que soy, tenga o no tenga bipolar.

- Generación X- Mundo Single: nacida en el baby-boom. Hace 20 años... cosas de mi generación, con un toque algo friki, como lo es vivir en el mundo single al que hago referencia en otros posts de otros temas pues es mi hábitat sociocultural.

- Amigos: sin comentarios. Les debo mucho y les quiero mucho, en el orden que se quiera.

- Miscelánea: opiniones, breves, cosas de Blogia que me sacan de quicio... saco-para-todo.

- Lecturas: textos de interés sobre salud mental y algún que otro asunto candente.

- Sueños, ensueños, pájaras: a veces la imaginación o el sueño o los efectos secundarios te ofrecen puntos raros. ¿Y quién no los tiene? Loco el último.

- NO ME HAGO RESPONSABLE... no me gusta la publicidad de la página y no es Blue quien apoya esos "remedios" con los que debo convivir en el blog. No es un tema, pero sólo podía ponerlo así.

No se me ocurren más temas para el conjunto de posts que llevo escritos. Es más, igual sobran temas. Esto está en construcción. Me faltan los links, y … “poco a poco, buena letra”.

***

El Método Gazpacho

El Método Gazpacho

Me sorprendió una noche por msn, no me lo podía creer. Una de mis amigas incondicionales, la malagueña, cocina gazpacho cada día, y cada día su familia se toma un vaso. ¿Todos los días del año, hasta en Navidad? Fue mi estúpida pregunta. Pues sí, todos los días, incluso esos tan señalados de menús especiales. Y pensé, qué aburrimiento, comer cada día lo mismo, a mí me rayaría desde luego, y pregunté ¿Y cómo se lo toman ellos? La respuesta fue rotunda: POR COJONES.

Motivos o no aparte, que los hay, debe reconocerse que un gazpacho es un aporte vitamínico ideal para todos los días del año.

Es una pena que no me guste el gazpacho porque para empezar, odio los pimientos, y los pepinos me repiten. Ella me ha jurado que su gazpacho me gustaría. Espero probarlo algún día y que efectivamente me guste, porque si la visito, por cojones que me lo tomo como el resto de la familia, vamos.

Y de esto sacamos algo muy práctico: el Método Gazpacho.

Es una táctica. Muy dura. Estás depre y todo te parece el Everest, o estás completamente inestable y bastante tienes con sujetarte la cabeza, pero haces lo que sea por el Método Gazpacho.

POR COJONES.

¿No te apetece meterte en la ducha? Pues por cojones te vas directa.
¿No te apetece comer? Pues por cojones que te sientas a la mesa y te lo tragas.

Hubo un día en que practiqué el método, por fuerza mayor, por procedimiento extraordinario.

Estaba ingresada. Me desperté a las 6 am, sin haber dormido apenas, y me entró el pánico, la fobia social, y el “sáquenme de aquí, que me estoy volviendo loca y entré cuerda”. Lo del insomnio es lo peor para desencadenarte crisis, y si has tenido una bronca con una esquizofrénica en pleno brote, lo más.

Me acordé de esta amiga, y me susurró al oído: “Tómate el gazpacho, rubia”. (Aclaro nuevamente que nunca he oído voces).

Iba a pedir a las auxiliares que me trajeran el desayuno a la habitación. No quería cruzarme ni hablar con nadie. El psiquiátrico se me había caído encima y permanecer en él no era ya mi cura sino mi locura. Quería quedarme encerrada en esa habitación, a salvo del resto de pacientes, solita conmigo misma y mis fobias.

Poquito a poquito, tomándome el gazpacho que me repatea el estómago y me repite:

A las 7, decidí ducharme por cojones.
A las 7.30, ya había abandonado el pijama.
A las 8, salí por la puerta, a pelearme con el mundo, con mi "traje" no me iban a tomar por presa fácil.

Recordé cuando trabajaba, y tenía esos días fatídicos. Cuanto peor me encontraba, mejor era mi vestimenta. Hay que ponerse disfraces y fachadas, disimular tu debilidad para que no te pille un depredador. Y a mí había que leerme el ánimo por el vestuario. Ahora ni trabajo ni tengo trajes porque los di, las cosas han cambiado mucho, mi talla para empezar.

Pero ese día, me puse lo mejor que tenía.
Por mis cojones, que salí erguida de hombros y cabeza, forzando la postura que quería ser fetal.
Me senté a desayunar con una sonrisa aceptable y comí lo que me pareció gazpacho.
Tragué las pastillas, esas sí las necesitaba para calmarme.

Y me fui a ver al psiquiatra, sin haber sido citada. Me senté en el banco hasta que me recibió, ¿o entré por el morro? Y le pedí el alta voluntaria, como quien pide un aumento de sueldo, con algo de miedo y reparo.

Por cojones que adopté un tono neutro, casi frío, seguro. A un psiquiatra no se le engaña. Le expuse los motivos por los que quería salir. Y se reducían a que el problema que me llevó al ingreso ya había sido solucionado, es decir, ya no me quería suicidar. Y a que había tenido malos rollos, por qué no decirle que ya no aguantas más allí, si es la verdad.

Creo que ya comenté antes que hay dos tipos de ingresos: los voluntarios, y los involuntarios. En los involuntarios te ingresan con una denuncia y orden judicial y te vas de allí cuando te dan el alta médica, todo supervisado judicialmente. En los voluntarios, tú entras por tu propio pie y ese derecho tienes si pides el alta cuando porque crees que estás dispuesto y preparado para ello, aunque hay enfermos que esperen a que sea el médico quien les otorgue el alta con toda su buena fe.

Tuve que perseguir al psiquiatra todo el día por los pasillos para que diera curso al alta, que es un papeleo, y lo hice por cojones, porque hubiese estado mejor encerrada en mi mundo y en la habitación, y como el ingreso fue voluntario, por cojones me tuvo que firmar el alta. En el informe se nota que no le caí demasiado bien.

Cuando finalmente llegué a mi casa, acusé el esfuerzo psíquico de todo el día, y me derrumbé. El Método Gazpacho puede acabar contigo. Es estrés puro y duro, un chute de adrenalina, y no lo aguantas si estás débil.

Tardé unos cuatro o cinco días en recuperarme, no sólo del Gazpacho sino de todos los días de privación de libertad y del tratamiento farmacológico. No sales de un ingreso de 13 días y al día siguiente haces vida normal, no. Necesitas un tiempo de “descompresión”, de adaptación al medio de nuevo, por muy tuyo que sea, tu propia casa. Y otras cosas igualmente importantes: que te rebajen la medicación, por ejemplo. Dentro no era consciente del aumento de fármacos, o la situación de extrañeza y estrés que sientes en un psiquiátrico enmascaraba esos efectos secundarios, porque recuerdo conversar lúcidamente con el resto de ingresados. Sin embargo, ahora en mi casa iba zombi, absolutamente chutada: quería andar por el pasillo y acababa apoyada en la pared, como si estuviese borracha. Mi psiquiatra tardó unos días en cambiar la pauta, y tenía que hacerlo él, aunque estaba claro que me sobraban cuatro pastillas por lo menos. Uno no puede automedicarse en ninguna enfermedad, pero si ésta es mental, mucho menos. Hay que ir rebajando las dosis, nada se deja a saco a menos que la orden sea esa.

. . . .

P.D. Inevitable que recuerde mi primer ingreso, el pasado septiembre, cuando todavía no tengo el alta del segundo. Lo que está claro es que el Método Gazpacho es un instrumento muy útil cuando estás en el nido del cuco y has de sobrevivir rodeada de lo que hay.

El bueno, el malo, y el instinto de supervivencia

El bueno, el malo, y el instinto de supervivencia

Escenario: cualquier película de acción. En la azotea de un edificio, el pobre bueno se agarrra a la cornisa mientras el malo le pisa los dedos con sarna. Y el tío va y pega una acrobacia olímpica que le devuelve arriba, y de paso le estira de la corbata al otro, que se va a hacer puñetas.

Otra secuencia, esta de mis favoritas, de Indiana Jones: en plena persecución, el bueno se monta en el camión del malo, se hostian un buen rato y Indiana cae pero tachán, saca el látigo, con el que vuelve arrastrándose hasta la cabina. Más tortas, y el malo acaba saliendo por la ventana, pero vuelve tan misteriosa como predeciblemente. De nuevo se hostian hasta que el golpe de suerte deja al malo hecho papilla en la carretera. Me encanta el personaje de Indiana, se las sabe todas. Y sale de cualquier peligro victorioso, con una cara magullada fotogénica total, más guapo si cabe.

En estas pelis de acción y aventuras, el bueno sortea con los trucos más inverosímiles las trampas y callejones sin salida que le prepara el malo. El bueno ha reaccionado al liberar estrés “del bueno”, precisamente el que te pone en situación de alerta ante un peligro real y te proporciona energía extra y velocidad de pensamiento para que la astucia muy agudizada te saque del problema. El estrés que se libera, eso es instinto de supervivencia.

A menudo veo esas secuencias y me digo: tú no lo harías. No por falta de estrés, que me sobra -del “malo”, aclaro- y puedo regalarlo a quien no sepa qué es eso, y con mucho gusto lo hago mentalmente al que tiene la delicadeza de decirme “qué mariconadas tienes”.

No tengo instinto de supervivencia. Me da igual morirme.

Es duro tener conciencia de eso, darte cuenta que esa será tu reacción. Pero he tenido tantas ideas suicidas que en ese momento dado, incluso no me desagradaría que alguien hiciese el trabajo por mí.

No tengo carné de conducir. Ni lo tendré. Me mataría a la primera curva, qué fácil sería. Me dan ataques de pánico en carreteras de montaña. Me veo en el Abismo, el Abismo juega conmigo a cada curva, y la angustia sube y sube hasta que pasa lo que pasa.

Hace años mi psiquiatra me estaba extendiendo varias recetas de ansiolíticos cuando nos veíamos de uvas a peras, y yo misma le dije “no me ponga un arma en las manos”.

Que soy una suicida, ya lo sé hace años. No me avergüenza decirlo, es parte de mí. De mi enfermedad, mejor dicho. Por eso evito las armas demasiado obvias. Pero hay otros recursos: apliquemos el procedimiento ordinario.

Me da igual autocastigar mi organismo con tóxicos. Dejo de vivir al menos un minuto a cada cigarrillo que fumo. Es un suicidio lento, y lo saboreo con placer. De vez en cuando, cuando estoy Viva, me digo que he de dejarlo, lo decidí hace mucho tiempo pero hasta que no esté estable no podré planteármelo. Los psiquiatras no lo aconsejan, porque la angustia aumenta al dejarlo.

Sólo por el tabaquismo, sé que no llegaré a vieja. Nunca me he imaginado anciana. Siempre he pensado que mi muerte se produciría en lo que todo el mundo dice “la flor de la vida”. Vivo lo más intensamente que puedo, cuando puedo hacerlo. Quiero ser una Nova, y estallar en un momento de gloria. Un final maníaco, cómo no.

Hace años, cenando con un médico, cuando me advirtió que fumaba demasiado, manifesté que no me importaría morir de un ataque al corazón. Como mi abuelo. Rápido, aunque doloroso. Me contestó que podía tener el infarto en otro lugar, el cerebro, y quedarme con secuelas de por vida, mi intelecto dañado por una embolia. Eso no me hizo ninguna gracia, porque quiero morir lúcida.

Lo que sí me preocupa es que estas ganas permanentes de morir, las que me llevaron hace años a iniciar una terapia de análisis, desemboquen psicosomáticamente en un cáncer, o lo que considero peor, una enfermedad autoinmune, o una degenerativa. Dolor permanente. Estos enfermos se aferran a la vida como pueden, de nuevo el “bueno” contra las fuerzas del Mal. Y algunos cánceres se curan, porque el tratamiento ha funcionado, pero dicen que lo más importante es que el enfermo ha ayudado, lo ha puesto psicológicamente todo de su parte, para sobrevivir.

Yo no digo ya de esta agua no beberé, pero ahora afirmo que optaría por la eutanasia. Como todos los que han pasado por la agonía de un familiar, nadie se desea eso.

La mayor parte del tiempo sobrevivo, sobre todo en depresión. Vivir es otra cosa. Me encantaría recibir comentarios sobre cuál os parece a vosotros la diferencia entre vivir y sobrevivir.

No se ha dado el caso, no he estado en esos límites que ponen a prueba al ser humano. Hasta que no me vea, no podré afirmar, pero sí he bebido del agua de mi diagnóstico, y al ver el panorama me juré que no sería una enferma crónica tipo pena-penita-pena y que pondría toda la carne en el asador para dejar tener síntomas, lograr la eutimia.

Sí, me rompo los cuernos, o lo hacía hasta hace dos semanas. Ahora no, ahora estoy baja otra vez, porque he ciclado y llevo dos semanas bajando. Pero me refiero a una enfermedad mental. Una enfermedad física es otra historia, y tener una mental no me incapacita en absoluto (“esta se ha librado, ya tiene bastante”) para padecer una física. Puedo tener ya un cáncer, por qué no, la vida es así de puta.

Dolor 24 horas al día. He pasado por ello en una ocasión por culpa de mi espalda, los peores meses de mi vida “física”. Sé que el dolor puede ser peor. Y también sé que haciéndome un poquito más de daño, puedo dejar de sufrir para siempre.

Quien está viviendo y agarrado a la vida, lucha contra la enfermedad. Yo no. Un día vendrá el malo de la película y no me resistiré. Ya he sufrido bastante. Y ya he vivido bastante, he hecho muchos balances, uno aquí mismo el otro día, y ya firmo con lo que he vivido. No quiero sobrevivir sufriendo, eso no es vivir.

Terreno abonado para que el episodio mixto acabe conmigo.

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P.D. Sigo escribiendo, no por terapia sino porque me entretiene. Y si me pasan ideas raras -es argot políticamente correcto, léase ideas suicidas- por la cabeza, me meteré en la cama. He de aguantar hasta mañana, para que me vea un psiquiatra de verdad. He de ponerme en sus manos, y que él decida por mí, porque mi vida está en sus manos, la quiera o no.