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Carne de Psiquiatra -Trastorno Bipolar

BIPOLAR

All we need is love

All we need is love Love, love, love...

Hablo con gente, hablo con bipolares y no bipolares.
Todos necesitamos amor, y los Beatles fueron los últimos en darse cuenta.

Dice el cliché que los bipolares necesitamos amor y cariño, y he conocido muchas personas así, personas que se sienten vacías sin una pareja. Es una de las cosas que se echan de menos, el calor del amado o amada.

La soledad –estar sin pareja- hace que rechinemos los dientes por las noches, cuando necesitamos un abrazo. A mí me ha pasado, y de vez en cuando sigue sucediéndome, a pesar de llevar mucho tiempo sola.

Nuestras emociones son muy fuertes, y las necesitamos, ya he dicho muchas veces que de alguna manera somos esclavos de ellas.

Del amor, una de las principales.

Lo que se hace por amor. O por “amor”. Hay quien se aprovecha de una persona que tiene TB. Lo he visto, y es muy desagradable. Porque hay quien piensa que de alguna manera somos inferiores y manipulables, y al ser esclavos de ese amor, desde luego, débiles a esos chantajes.

Un bipolar ama, Ama, intensamente. Todas las emociones son intensas para un bipolar, y el amor debe ser la reina de ellas.

El amor produce una cierta euforia. Esto sucede en la población general, sobre todo al principio, en la fase de enamoramiento. Bioquímica pura. Este estado desaparece a los pocos meses en la población general, pero no tiene por qué ser así para un bipolar.

Cuidado con el amor. Desestabiliza. Pero como suele hacerlo al alza, la sensación de amor es comparable a la de hipomanía. Y a todos nos gusta eso.

Nunca me había sentido tan viva como cuando me enamoré.

Me he enamorado varias veces, cómo no, y en esto mi historia se asemeja a la de otros bipolares.

Y eso dicen otros, que ahora se sienten emocionalmente muertos, porque no tienen objeto alguno de amor, o éste no es correspondido.

Echamos de menos esa felicidad, el poder entregar todas nuestras emociones a alguien, abrir nuestra alma.

O simplemente el sexo. El mejor sexo que hayas tenido nunca, o que de repente digas “esto no es sexo, me están haciendo el amor”. Entrega total. La prioridad es hacer feliz al otro. Ofrecemos una sensualidad muy especial, porque somos muy sensibles, y más en un estado alterado de conciencia provocado por el deseo, y las hormonas naturales que fabrica el cuerpo en estas ocasiones. A las que podemos hacernos adictos, como tanta otra gente que necesita sexo diario.

El enamoramiento es una enfermedad, la hipomanía también, es un episodio en una enfermedad. Nos gusta estar ahí, pero más dura será la caída.

Menuda depresión, cuando he dejado a alguien, o mejor dicho, alguien me ha dejado.

Lo que sube, baja. Nosotros subimos y bajamos, oscilamos, es el negocio bipolar.

Deseo el amor y que éste sea positivo, porque es muy buena medicina para el alma, pero temo a la desestabilización. A subir con la experiencia del amor y a pegármela luego.

Debe ser la edad, o que ya tengo muchas alarmas y cortafuegos puestos. Me cuesta mucho encontrar gente de mi agrado, para empezar. Yo me enamoro de las mentes, de ciertas mentes, y luego ya hablaremos de “amor carnal”. Y más adelante, de decir “oye, por cierto, tengo una enfermedad”.

No me entrego, porque lo hago en cuerpo y alma. Mi alma es demasiado frágil, y he aprendido que no he de dársela a nadie, para que no me la devuelva por mensajería hecha añicos.

Dicen que mi cuerpo sigue siendo deseable. No tengo prisa, porque no quiero descendencia.

Mientras, “my ghost grows up”. Necesito amor, pero no a cualquier precio. Hay cosas que no se compran.

Penfield 481

Penfield 481

"Dejo programado un cambio automático de controles para unas horas más tarde -respondió suavemente su esposa-. El 481: conciencia de las múltiples posibilidades que el futuro me ofrece, y renovadas esperanzas de..."
Philip K.Dick, "¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?"

Yo debo tener un órgano de emociones Penfield interno de serie, y el cabrón se marca los números solo. Hace unas horas, estaba en posición de alegría y agradecimiento por estar sana y en casa. Ahora, sin embargo, y cuando el calor hace soportable un paseo, marca tristeza, y ganas de tomarse las pastillas para que me dejen en el reino de los químicos durmientes y mañana sea otro día.

Hoy he estado leyendo páginas de psiquiatría, y he leído de nuevo que mi enfermedad no afecta a mi intelecto sino a mis emociones. Menudo descubrimiento. Y aburrimiento, porque ya lo sabía, son otros los que no entienden esa diferencia, y eso sí me aburre mucho. ¿Rabia? No, nadie se lo cree hasta que le pasa, como una contractura cervical, como una depresión, todos tenemos mucho cuento encima hasta que nos cae el cuento a nosotros, ¿qué tal una fístula?

Disquemos el 481.

*** 

Solos en la Caverna

Solos en la Caverna Estamos solos.
Solos con nuestro dolor.
Nuestro arrepentimiento.
Esa CULPA, de repente la culpa de todo ha sido mía.

La culpa, a la basura.
La culpa no ha solucionado nunca nada.
Es más, empeora las cosas.

La culpa nos ancla a un pasado del que debemos desligarnos.
Tenemos responsabilidades con nuestro pasado, por supuesto.
Quizá hayamos tenido un hijo y de eso no podemos liberarnos, ni queremos.

La culpa es otra cosa.
La culpa puede nublar cualquier pensamiento.
Puede llevarnos a callejones sin salida.

Leer a Nietzsche puede ser desquiciante, pero él lo tenía claro.
La culpa es un mal invento.
Pero bien nos la han inculcado.

La culpa es una pesada carga a nuestras espaldas.
Tanto, que sólo podemos mirar al suelo.

Quitémonos esa piedra de encima,
y empecemos a ver el sol.

Nadie dijo que fuera fácil,
es difícil salir de la Caverna de Platón.
La culpa nos encadena
y tomamos como realidad las sombras,
y saldremos de la caverna y allí estará el sol.

Salir de la Caverna,
eso se dice pronto.

Necesitamos terapeutas
para poder ver más allá de las sombras
y dejar atrás la caverna.

Hay una nueva vida fuera,
y al principio nos cegará el sol.
Y nos cuestionaremos todo lo que hasta el momento
habían sido las verdades.

Por eso vendrá a mí el sentimiento de culpa,
y querré volver a la caverna.

Ahí está mi terapeuta
para que no equivoque mis pasos
en este nuevo camino.

Al principio necesitaré gafas de sol,
quizá un bastón,
pero luego caminaré con la frente erguida
y veré las cosas de otro color,
de su color real.

Y la culpa irá desapareciendo.

Me echo de menos

Me echo de menos Antes...
... yo... (y no sólo yo, esto es una mezcla de muchas historias escuchadas)

- Era simpático, tenía muchos amigos y salía mucho.
- Tenía éxitos académicos y laborales.
- Ligaba con mucha facilidad, nunca me faltó el sexo.
- Nunca me faltó el cariño y apoyo de alguien.
- Mi familia me reconocía, era excéntrico pero listo.
- Mi cabeza funcionaba bien, rápido, rápido para solucionar problemas, entre otras cosas.
- Tenía ideas brillantes. Las compartía, las ejecutaba.
- Estaba delgado.
- Me sentía bien, mi vida estaba llena.

Ahora...
Apenas salgo, no puedo, no me dejan trasnochar. La medicación me atonta y mi cabeza ya no responde, ya no me va rápido, no es la mía, ahora si midieseen mi CI sería la mitad. Ya no tengo ideas, me cuesta mucho concentrarme incluso para leer. Me miro al espejo y no me reconozco, me he quedado sin autoestima. No soporto ver la ropa en el armario, Mi Ropa, porque ya no me la puedo poner. Mi familia ya me mira mal, desde que ingresé me tratan como a un descerebrado. Mi pareja no perdona, aunque sepa que estaba enfermo. Mis amigos siguen saliendo y bebiendo alcohol, yo no puedo hacerlo, me siento mal viéndoles hacer lo que yo mismo hacía y les evito.
No tengo nada. Estoy de baja, he perdido el trabajo, ya no tengo casa porque no tengo dinero ni salud, he roto con mi pareja porqe no quiere seguir viviendo con alguien enfermo.

He roto mi vida, o así me lo parece. Porque reconozco mi culpa en mucho de lo que me ha pasado, en mucho de lo que consideré incluso injusto. Siento que me he quedado sin mi vida, y lo peor, que no sé por dónde empezar, porque no tengo nada.

Ahora, me echo de menos.

Ahora, conozco a más gente que le pasa lo mismo. Comparto con ellos esto, y nos apoyamos.
Menos mal, esto se lleva mejor cuando a alguien le ha pasado casi lo mismo.
Porque acojona también empezar a contarse batallitas y verse reflejado en un espejo.

Los bipos somos gente que nos miramos a los ojos directamente, sin apartar la mirada, y nos leemos, tenemos esa extraña capacidad.
Asmel también la tiene. Asmel es mucha Asmel.

Pasado

Pasado

Todos tenemos derecho a un pasado.
Quizá no le guste a la persona con la que estamos compartiéndolo, pero es el nuestro.
Y a veces, muchas veces, tampoco a nosotros nos gusta.
He hecho cosas extraordinarias en mi vida, pero también las tonterías y despropósitos más avergonzantes.
Un bipo suele mirar hacia atrás, después del diagnóstico, y encontrarse con capítulos y hechos de su vida que ni siquiera recordaba.
HIEREN.
A veces, cuando hay un momento de complicidad e intimidad, los comparte con otros.

Los ojos de Asmel me sonsacaron episodios duros de mi vida, en los que mi enfermedad causó más de un estrago.
Hay mucho poder en los ojos de Asmel. Son muy dulces, y piden. Y doy. Y lloro.
No es bipo, puede llegar a serlo porque está en los genes de su familia, su hermana lo fue, su hermana falleció de causas naturales hace ya año y medio, pero ella sigue ahí con nosotros.
Es muy buena terapeuta, doy fe.

Cuando estuve muy enferma, constantemente aparecían flashes del pasado, recuerdos sepultados que me sumían en emociones muy negativas.
Un amigo bip me dijo por msn que había que tomar de los budistas el "mata tu pasado", vivir sin él.
Por eso empezamos de 0. Y si no, deberíamos hacerlo.

El pasado, pesa mucho. Nos pesa el arrepentimiento.

Hemos dejado nuestra huella para el bien y para el mal.

El bien nos hace bien y reconforta, pero el mal es mucho más poderoso.

Hay que llorar, empezar a llorar, saber hacerlo, para liberar ese arrepentimiento. No sabía llorar, sólo lloraba por desesperación e impotencia en lo más duro del episodio, fuese mixto o depresivo. Ahora sé llorar cuando mis emociones me lo piden, y no me avergüenzo.

Ya no somos los de antes, la bestia empieza a ser controlada con el tratamiento, y el pasado vuelve a nuestras mentes.

Es un duro ejercicio aprender a vivir el presente y no anquilosarse en "lo que fuimos", no encerrarse en el dolor, empezar a reconstruirnos.

*** 

Compras compulsivas (sin marcas)

Compras compulsivas (sin marcas)

Hay muchos cajeros de (paso de hacer propaganda, que son unos cabrones) mi banco autóctono aquí en la capital, de hecho hay dos equidistantes y por tanto según paso por uno o por otro...

... para actualizar el saldo en la libreta. Y hay que fastidiarse, más de una vez me lo actualizan tan mal, que o me llevo el susto padre de “qué he hecho, qué ha pasado, esto no es posible, y ahora qué como”, hasta que otro cajero soluciona el tema.

Tengo una tarjeta de débito y una tarjeta de crédito (sin marcas, que son unos cabrones). La de crédito me la ofrecieron hace poco, porque no la quería, pero la acepté, porque sin ella no pagas billetes por internet. Y claro, te dan todas las facilidades. Puedes endeudarte hasta 1300 euros cada semana, en el contrato que te ofrecen por defecto. Cambié ese límite quitándole el 1 para empezar.

No quería la tarjeta porque a veces la puedo usar demasiado. Por fortuna, no he comprado la colección de enanos para un jardín que no tengo. No, me he regalado y he regalado cosas. He tenido caprichos y me los he concedido.

Un compañero de fatigas me contó que en un episodio maníaco invitó a unas 20 personas absolutamente desconocidas a tomar lo que quisieran, en plan barra libre. La tarjeta de crédito era de papá, supongo. Y también debo adivinar que papá se la retiró.

Porque a veces, no podemos controlarnos.

Impulsos. Irresistibles.

La sociedad consumista nos lo pone todavía más fácil.

Y no nos importa si no tenemos dinero, no nos importa nada, no lo valoramos, directamente.

Si estamos bien, llevamos un control de gastos más o menos como cualquier hijo de vecino, es decir, apretados a fin de mes y tirando de tarjeta de crédito lo justo.

Si no estamos bien, gastamos, tengamos o no. Más o menos: el futuro no existe, y esta noche me apetece una mariscada.

Una mujer que conocí se emperró en comprar un piso. Fue lo más lúcido de su manía. Su marido está contento con la compra, no tanto de que se escapase de casa para hacer el hippie durante meses, porque supo de ella cuando la policía la ingresó.

Una madre que conozco ha puesto varias denuncias en comisaría porque a veces su hijo desaparece. Es que al muchacho le da por ir a NY de compras sin avisar, y nos enteramos todos a posteriori.

Compras, compras... necesito de todo, me ha cambiado la talla, no tengo nada en el armario, mira qué película más buena, uy este disco está de oferta, por 6 euros esta revista de informática me enseña a..., necesitaba un terminal de móvil nuevo con cámara, por cierto esa digital me hace falta porque hago muchas fotos y me gasto mucho con el revelado... navego por Amazon y me compro esos libros que siempre quise tener, por cierto un programa me dice que es de pago y sí, lo compro, claro, es un antivirus, muy necesario, nadie lo discute.

Esto lo hacemos todos, alguna vez. Si lo haces todo de golpe, lo más seguro es que estés subido, en hipomanía, y te quieras comer todo lo que tus ojos ven como atractivo.

Es lo opuesto a ir de compras con tu ropa más usada, buscar algo que te siente bien, y desear con todas tus fuerzas que baje un hada a tocarte con su varita para que por fin encuentres esa imagen que buscas. Porque estás deprimida, no tienes imagen, ni autoestima, y nada te gusta por mucho que te esfuerces, y cada fracaso “no, no tenemos tu número” (por cierto, ¿he dicho que calzo el maldito 41?) es una pedrada. Lo que relato es imposible en depresión, o al menos en las mías.

La gente dice coloquialmente que se va de compras cuando está deprimida, pero realmente no lo está, tiene otros problemas de los cuales evadirse y los cambia por un objeto de consumo que, al igual que los juguetes de navidad del niño, acabará en un rincón. Hace poco leí un artículo muy interesante al respecto, mi memoria no alcanza dónde fue. El ejemplo más escandaloso era el coche: sale más barato alquilar un coche que tenerlo aparcado. Pero no, en este país no alquilamos, aquí se hacen las cosas bien, que para eso están los altillos y los trasteros. Qué bien queda una bici estática de decoración, si nos acordamos de sacarle el polvo.

Mis amigos no se dieron cuenta, porque era la primera vez. Uno que pasa por aquí se va a reír cuando suelte que un día me gasté 120 euros en dos bolsos. Los dos eran diferentes, uno para cada uso y ocasión, y los he usado, porque efectivamente los necesitaba, pero mi economía no se los podía permitir. Ya sé que hay bolsos más caros y más pijos, pero esos eran muy caros para mí entonces, y aunque dicen que me he vuelto pija (evolución desde heavy metal totalmente natural), no llego a (bolso de marca con iniciales estampadas), ni ganas, por el momento.

Otra amiga sabía de mi precaria situación y cuestionaba cada objeto que miraba. En una semana sólo me dejó comprar un pisapapeles psicodélico de 12 euros. Me encanta, me lo traeré a Madrid en el próximo viaje.

Me hice unas gafas nuevas. Realmente las necesitaba, ese gasto sí fue autorizado moralmente por Madre. Del resto... la mala fama ya está hecha.

Y eso es lo peor, la mala fama.

Porque entonces, cuando ya no tienes la cartera en la mano dispuesta a pagar lo que sea por una revista o un armario nuevo, porque ya no estás en ese episodio algo o demasiado subido a la parra, todo el mundo se cree con el derecho de controlar y cuestionar tus gastos. A ver, yo me compraba un libro al mes, y lo he hecho durante muchos años. ¿Por qué me dices ahora que estoy derrochando? Estuve mal, y compraba, sí, pero ahora ya no estoy mal, y compro lo que me parece.

Sí, hay que ampliar memoria del pc. Son peores que los coches, tengo dos y me cuestan una pasta. Y la conexión. Escribir aquí no es gratis, sólo lo es este servidor que tantas veces se cuelga.

Son mis gastos, respétenlos por favor. Estoy cuerda. Este verano no estoy comprando ropa, tengo poca y así es mejor, porque ya no tengo mi armario de seis cuerpos. Sí, me he comprado un libro, he pecado, ohhhh.

(Unos grandes almacenes, otros cabrones) no se quejan de las compras compulsivas. Pasan la tarjeta cuando alguien compra cien cartones de la misma marca de tabaco. En cualquier estanco, el mayorista, un bar por ejemplo, compra uno o dos de cada marca. No es normal, pero les da igual. Somos locos consumistas, y ellos viven de todos, sin saber que hacen daño a unos cuantos. Uno que perdió el oremus allí les paga al mes desde hace tiempo unos 400 sin saber exactamente qué compró.

Un bipolar no es un loco, simplemente, si está descompensado hacia arriba, pierde el oremus.

¿Y quién no lo ha perdido alguna vez? Una compañera de trabajo estaba escandalizada porque se había gastado 15.000 en congelados hace 15 años. Evidentemente, era una pija que acababa de estrenar congelador y todos la compadecimos mucho.

He aquí el problema. No sabemos si la pija tenía TB o la fiebre de la recién casada, lo que sabemos es que estamos gastando dinero, más del que podemos.

¿Qué se puede hacer?
Uno mismo: decir, leches, si ayer saqué 50 euros, estoy con calderilla, y no me he movido del barrio, algo pasa.
Un amigo: nena, no necesitas esto, tienes blablabla y además puedes esperar a las rebajas.
Un familiar: a) si se da cuenta: pegarte bronca y tú ni caso; b) si no se da cuenta: “ancha es Castilla”.
Un psiquiatra: un lacónico pero fulminante BASTA DE GASTAR.

Porque luego vienen las dos facturas, la económica, que se soluciona aún en el peor de los casos, y me viene a la memoria la viuda de un ludópata, y la moral, y la moral es irreparable, “que Dios le tenga allá donde le corresponda”.

Moraleja: si tienes bipolar, las tarjetas has de guardar.

Un día en la tostada de Murphy

Un día en la tostada de Murphy

Leo los comentarios de mi último post, sois encantadores.
Curioseo el contador de visitas, me sobresalta "26 abril 14:22 PSINet UK, Ltd., Reino Unido "... pensaba que sólo me leían mis psicólogo y psiquiatra...

Ayer os hablaba de la "tostada" mental casi diaria que debo tolerar, con la que debo convivir para llevarnos bien y no partirnos la espalda juntas. Hablo de ella en tercera persona, yo no soy una tostada, jaja.

Pues bien, hoy he tenido que ir con la tostada encima, tanto es así que todavía la llevo. Por eso me ha hecho gracia contar algunas de mis desventuras del día de hoy. Ya sé que esto últimamente parece un diario, pero realmente y por fortuna cuando me planteé (y mi salud me permitió, lo más importante) una "Nueva Vida", pues eso es lo que hay, vida por todas partes, gente, sol, paseos, anécdotas. Vida. Vida.

9.00. Suena el despertador. Deseos de apagarlo. Recuerdo: Carne, tienes que ir al puto banco a pagar la puta factura de telefónica atrasada, es hasta las 10.30 pero si no te despiertas ahora sabes que no vas a ir.

9.15. Tostadón enorme. Me hago el instantáneo, no sería capaz de armar la cafetera. Carne y su primer café-café permitido por el psicólogo. Apunto en un papel del bloc qué debo hacer y qué necesito. Si no, me dejaría la documentación. Y quiero enviarle a mi madre un regalo, hay que ir a Correos también.

9.30. La tostada sigue ahí. Me concedo el lujo de beberme lo que ha dejado mi compi de piso en la cafetera.

9.45. Nada que hacer, ni saliendo al balcón. Tía, tómate un descafeinado aunque sea un placebo.
ANDA, QUÉ BIEN, ME HA VENIDO LA REGLA, ¡¡TENEMOS COMPAÑÍA, TOSTADA!!

10.00. Me duele la cabeza, la parte derecha. Esto no es normal, y he dormido ocho o nueve horas. Me tomo una aspirina.

10.10. ¿Y si dejamos lo del banco y volvemos a la cama? Reconócelo, no es tu día.
COÑO, TIA, QUE ES SOLO UN PU.. PAPEL, HAZLO Y SI QUIERES TE VUELVES A LA CAMA.

10.15. Entro en el baño. Tengo 5 minutos para parecer una persona. Dios, qué ojeras. No me he acordado de encender el termo, no hay tiempo. Venga, Carne, más guarra has salido de casa cuando la depre, al menos te has lavado las axilas.

10.20. Camino a paso lento. Llego al banco justo para que me digan que la hora de pago es hasta las 10. Y me digo: ayer, cuando me dijeron el horario, ¿qué tostada llevaría encima? Si eso debió ser a eso de mediodía...

No entiendo nada. Maldigo resignadamente pero no tengo ganas de volver a casa. En plan masoca total, me dispongo a regularizarme con la Seguridad Social. Eso tiene un aspecto bueno: después de dos meses, he decidido que necesito un médico en Madrid. Y el malo: chúpate la burocracia. Pero después del primer fracaso de hoy, debo hacer algo útil para no dejar una marca negra en la fecha de hoy. Así funciono.

En el ambulatorio (eso ya lo hice ayer) me dieron la dirección de Tesorería. Llevo encima el callejero, cómo no. Menudos nombrecitos tienen las calles de Madrí. Cuando tras una corta pero agonizante espera llego al puesto número 5, no he rellenado el formulario que me han dado a la entrada. Razón: no llevo boli, no me he traído las gafas y sin ellas, hoy, veo mal. El funcionario resulta ser de lo más comprensivo ante mi torpeza en mostrarle toda la documentación requerida. He hecho bien en no llenar el formulario que me dieron, era otro el necesario y lo hace él. Cosas que pasan con la burrocracia. Le hago una última consulta y me manda a otra oficina ARGGGGGGGGGGGGGGGGGG que, cosas de la vida, no anda muy lejos.

Llevo el paquete para enviar a mi madre. No he encontrado la oficina de correos que me ha indicado el camarero del bar (sí, otro café, hoy era gasolina, directamente), pero paso por una, ¡eureka!

Pues no. Sólo es de reparto. Tengo que ir a... "¿sabe dónde está [calle o barrio alienígena]?". Intento exprimirme las neuronas y al final le digo que gracias, que ya la encontraré.

Bien, llego al otro edificio burrocrático. Me reciben y me dan la información necesaria que, cómo no, me lleva a otro edificio gubernamental.

¿Estoy en Madrí o en "Brazil" de Terry Gilliam?

Me he dejado el reloj en casa. Y algo para recogerme el pelo, y estoy sudando. La gente va en manga corta o ropa muy liviana, yo con mi gabardina verde oliva y un foulard de invierno empezando a sentir la incómoda sensación de sauna.

Deambulo por los callejones hasta llegar a una avenida, posible emplazamiento de una estación de metro, y le pregunto a un señor dónde queda el metro más cercano. "¿Hacia dónde va, señorita?"

Evidentemente, necesitaba las gafas de ver. Lo tenía -el metro- a 20 metros mirando a la izquierda. Me hago la despistada total y el señor me indica cómo puedo ir andando al lugar. Lo que es fácil para un lugareño del barrio, para esta pobre tostada andante es una odisea.

Y me digo: a la porra, ya iré mañana a por más colas y funcionarios. Cojo ese metro. Me esperan a comer a unas cuantas paradas de donde estoy y un transbordo y quiero llegar viva.

Y ahora es cuando debo hablar de

Las leyes de Murphy

1. Por ejemplo, un "... servidor"... ha destruído todo el párrafo de la comida, vuelvo a una versión anterior de este post guardada como borrador. Resumen de la comida: buena gente, el arroz con conejo muy bueno.

2. Sobremesa: mi amigo acompaña un momento al médico a su pareja y me deja sola en casa para que use su conexión. Me halaga la confianza y me dispongo a escribir este post, al que iba dándole vueltas.

Ejecuto Msn, craso error, cuando aparezco a veces no puedo hacer otra cosa que ir quedando bien con todas las ventanas sin saber exactamente de qué estoy hablando en cada una. Y pensar que hace 5 años controlaba 10 privados a la vez en el chat...

Me llaman al móvil, un 93 desde Barna, y descuelgo intrigada. Coño, es una de mis mejores amigas. "¿No te lo han dicho?" "¿Qué?"

QUE VIENE A MADRÍ EL VIERNES A UN SEMINARIOOOOOOOO
OLEEEEEEEEEEE

Y mientras transcurre la conversación, salgo a la terraza a fumar, y cuelgo toda contenta, y de repente me acuerdo de que

HABIA QUEDADO EN OTRA PARTE... CON MI PADRE

Solucionable con una llamada, lástima que sea a mi padre a quien dejo plantado. Iré, sí, iré pronto, esta semana no, pero sí, sí, quiero verte.

Contenta, entro de nuevo en la sala. El ordenador está apagado. Se ha quedado no frito, sino muerto directamente. En ese momento, necesito repentinamente mi ansiolítico pautado para la tarde. Me quedo en la terraza quietecita hasta que llega mi amigo y nos contamos lo malo y lo bueno... no le da mucha importancia, no ha actualizado el antivirus, etc.

En resumen:
- he quedado bien con: la Seguridad Social y mi amiga.
- he quedado mal con: mi madre (ella no lo sabe pero bueno, hoy no ha salido el paquete) y con mi padre.
- he quedado "no se sabe" con mi amigo, porque aunque él diga que tenía que pasar, ha pasado cuando yo estaba sola en casa.

Cojo el metro. Aprovecho para contestar un sms pendiente. Bajo en mi estación, sí, no me la paso, pero cuando me doy cuenta estoy en el extremo opuesto del andén. Para cuando llego a la salida, otro tren efectúa su entrada.

Y me meto en el cyber a contaros mis penas, de las que yo misma me río, porque otra cosa no puede hacerse y además es aconsejable y muy sano.

Lo que aconseja el día es: llegar a casa, encerrarse, y dejar que el día acabe lo más plácidamente posible.

Lo que el diablo me ha dicho por teléfono (mi compañero de piso, interesándose por si estaba en Madrid o me había ido ya con Padre): que si esta noche me apunto a salir "ya sabes, yo siempre soy la tentación.." "mmm no sé, no sé..."

Esto plantea una disyuntiva interesante. En el primer escenario, estudio guías de Madrid para llevar a mi amiga de paseo. En el segundo, "Madrid la nuit" me sorprende con algo...

...
...

Lo decidiré en el último momento. Total, con la tostada de hoy, no creo que trasnochar un poco haga que la de mañana sea peor.

Y ahora, Murphy eliminará el post entero...

"Send"

***

Madrí Bipolar

Madrí Bipolar Este post se hacía esperar...

Desde el día que aterricé en esta ciudad, a cinco bajo cero, empecé a conocer a gente "del gremio". Unos ya eran conocidos por internet, otros nuevos, porque siempre entran nuevos y una ya está medio desconectada del mundo, no solo del bipolar (me enteré de la muerte de J.P.II cuando encendí la tv para ver una peli).

Uno de ellos me "adoptó" de inmediato. Y me llevó a la sede de la ABM, Asociación de Bipolares de Madrid.

Yo pertenezco a la ABC. El coloquio entre pacientes, como escribí hace días, es completamente informal en un bar.

Este no. Este se celebra en una sala de reuniones, todos sentaditos incluso con sector fumador y no fumador. Y modera un psicólogo.

He ido un par de veces, y no descarto volver, pero será porque mi nuevo amigo me lleve engañada...

En la ABC la información más bien sobra. Sobre la enfermedad. Aquí falta de todo, hay enfermos que, uff, hacen consultas que ponen los pelos de punta. No han leído nada, quizá no lo hagan nunca si piensan que en esas reuniones van a mejorar.

Si un bipolar puede contestar la intervención de otro, se le da prioridad. Yo he hecho uso de la palabra en varias ocasiones, nunca me costó hablar en público salvo al principio, claro está.

Lo que no entiendo es qué nivel de desconocimiento reina entre los que acuden a la terapia. No saben que si estás más depre no puedes tomarte tres antidepresivos en vez de uno. Y que si el médico te dice que te puedes fumar tres porros a la semana, ya puedes cambiar de médico.

Cuántas burradas, cuánta ignorancia. Y me quejo porque esta enfermedad necesita ser aplacada con mucha información acerca de lo que SI y de lo que NO. Y eso está en libros bastante económicos, por no hablar del contenido gratuito en la Red.

Y la sensación más inquietante: "estos son los tuyos".

Prefiero mirarlos desde la barrera, por mi propia salud mental. No soy mejor que ellos, soy diferente, como cualquier otro enfermo. Pero no quiero pontificar desde mi nuevo "grado eutímico" ni asustarme ante lo que escucho en esas pretendidas sesiones de terapia.

La gente que no tiene esta enfermedad está ahora a mi alrededor y conforman mi vida cotidiana. Algunos están algo tocados de la chaveta, pero,

¿Y quién no?

Una de normas

Una de normas Ya he hablado en otros posts de una serie de hábitos saludables que en nuestro caso, los enfermos de TB, se transforman en normas. Que debemos seguir como soldados que somos, esclavos de nuestros neurotransmisores caprichosos. Esto, en nuestra vida cotidiana. Yo me considero soldado de mis médicos, si no les obedezco en estos momentos puedo recaer. Y gracias a que lo trabajamos, puedo decir esto... bien, lo dejo para otro post.

A veces, esa vida cotidiana ha de interrumpirse para ser objeto de supervisión médica constante, en momentos de desequilibrio peligrosos. Me refiero a los ingresos, a los psiquiátricos.

Hace poco estuve en un psiquiátrico privado para visitar a un colega bipolar. Me quedé sencilla y llanamente escandalizada por la falta de normas. De seguridad. Por decirlo de forma alarmante, si ingresase allí por intento de suicidio no duraba dos horas viva.

En un psiquiátrico hay normas tales como:

1. Registro. Es lo primero que hacen contigo. Revisan tu equipaje minuciosamente. Te quitan hasta la polvera porque lleva un espejito. Nada de colonias, se las quedan ellos y tienes que pedirlas. Lo mismo con las cremas faciales etc en envases de cristal. Te quitan el móvil también.

2. Las habitaciones se cierran determinadas horas al día. Creo que el objetivo es que el enfermo no se apalanque, y más si hablamos de una depresión, donde lo que menos te apetece es estar rodeado de gente, tú eres un autista que busca la silla más apartada de la sala. No puedes seguir recluído, no puedes dormir lo que querrías, la depresión no se ayuda ofreciendo la habitación al que tiene la enfermedad del aislamiento y la tristeza.

3. Cierre de armarios. ¿Para evitar robos? No sólo eso, a mi me lo hicieron porque iba a hacer una gilipollez de la que ahora me arrepentiría. Otra norma del estilo es prohibir los cordones de los zapatos. Uno puede autolesionarse de mil formas y en algunas enfermedades van por ahí los tiros.

4. Cuarto de baño con espejos alternativos al cristal. Ya he dicho, el cristal se usa bajo estricta supervisión.

5. Visitas: registro de bolsos. No olvidemos que hay gente desintoxicándose ahí dentro también, y los colegas pueden ser tan amables de traerte algún regalito. Permisos: registro de nuevo, a ver qué has traído de la calle.

6. Obligaciones: ducharse, vestirse, hacerse la cama. No estás en un hotel y además son hábitos que no has de dejar.

7. Comidas: sanas, fruta, verdura, yogur, carne, pescado. Siempre sustitutos del café. Chocolate para desayunar como extra. Los excitantes no son buenos para los que andan subidos a la parra. Máquinas de bebidas sin cafeína.

8. Tabaco: cada sitio tiene su política. Tan contradictoria como que en el sitio A te quiten tabaco y mechero por la noche y te los devuelvan por la mañana, mientras que en el sitio B los conservas todo el tiempo, a la vez que en C ni dios lleva mechero y los enfermeros se pasan el día dándote fuego. Se puede hacer pupa con el fuego, claro... recuerdo que un petardo saltarín acabó con media melena de servidora una noche de San Juan, no digo más.

A bote pronto, se me ocurre todo esto de lo que he vivido y he visto. Pues bien, en este psiquiátrico no fui objeto de registro (llevaba mi arsenal de pastillas encima, como siempre). Mi amigo tenía sus teléfonos móviles. Había café-café en la máquina, lo mejor para un maníaco o alguien que tiene pautado pastillas para dormir, vamos. Su habitación estaba abierta y allí se reunía en privado con las visitas etc. (A mí me amonestaron por estar con otro paciente en mi habitación, estaba prohibido). Su cuarto de baño, perfecto con su espejo y estante de vidrio, y su colonia allí sin problemas.

Perdonen... aquéllo no era un hospital psiquiátrico, era un hotel.

Ya he dado instrucciones precisas. Si tengo problemas, iré a un hospital público que me recomendó el equipo que me lleva. Si he de ingresar, no quiero que me den tantas facilidades para seguir haciendo el gamberro dentro. Con lo que me gusta el café, será posible...

A veces, lo mejor no está en la sanidad privada. Aunque me den una hectárea de bosque, si he de curarme de una crisis ("¡¡¡pero si ese hospital que te han recomendado es un pasillo!!!), prefiero chupar pasillo. No cambio mi seguridad, mi vida, por una habitación en la que hasta puedo tener televisión. No me parece serio. Por suerte, mi amigo no estaba demasiado mal y el lugar no le hizo mella. Ya tiene el alta, y me alegro mucho por él, pasar un bache es una alegría y salir de un ingreso, por muy de luxe y de pega -insisto, menos mal que lo suyo era casi una cura de sueño- que sea, siempre es motivo de satisfacción: vuelta a la vida normal, problema solucionado.

Aceptarlo II

Aceptarlo II En cierto modo, me alegro de haber sido diagnosticada "de mayor". He tenido una vida, y ahora tengo otra. Muy diferente, pero vida al fin y al cabo.

No puedo hacer lo de antes, o no de momento. ¿Qué puedo hacer ahora? Y hay mil cosas, en las que nunca te habías interesado, que se ofrecen ante ti.

No puedo… ¡tantas cosas! Tomar café, por ejemplo, aunque a otros no se lo han prohibido. Y te dices, “me han quitado la vida”. Y hay que buscar, la vida nos puede dar tanto que no reparamos en ello.

No puedo salir de noche y beber alcohol, como se suele hacer cuando eres joven. Puedo, pero no debo, si no quiero poner un pie en el Lado Oscuro. Pero sí puedo hacer otras mil cosas durante el día que también son divertidas o placenteras.

No puedo trabajar, estoy de baja, hace muuucho tiempo. Me gustaba trabajar, ya lo dije en el último post. Yo pensaba que me darían unas pastillas y que en cuatro meses ya estaría trabajando de nuevo. Ahora acepto, y esto me ha costado mucho, que esto ha de tomarse su tiempo, uno no se recupera en dos días de un vaivén así en el cerebro.

Ahora sé que ni mi cuerpo ni mi mente toleran el estrés y que la sobrecarga me desequilibra. Que podré trabajar, sí, pero en “cosas tranquilas”, y quizá, no, lo más seguro, tenga que olvidarme de ocho horas. Yo, que hacía diez horas en el despacho cada día. Así enfermé, el stress pudo conmigo, y fue uno de los detonantes de un episodio muy gordo, la Manía de la que he hablado en tres posts, y de dos años en la montaña rusa.

Hay que aceptar demasiadas cosas, y no todo lo puedes tragar de golpe. Hay que empezar de 0, como dice Sonsoles en la página de inicio de Bipolarweb, la enfermedad a veces irrumpe en nuestras vidas como una riada y se lo lleva todo: trabajo, pareja, amigos... puedes perderlos, yo he tenido esa suerte, mala suerte, pero mis amigos no me abandonaron, benditos sean, lo que aguantaron.

Creo que la "madurez" me ha hecho aceptarlo lo mejor posible. Para mí ya no es importante salir de noche, por ejemplo. Pero si lo hago, hay cosas que puedo beber sin alcohol, muchas.

Hoy tengo cita con el psiquiatra. La estoy esperando hace tiempo, y ahora con más interés. Le he de agradecer mucho, porque gracias a la terapia con él y con el psicólogo, creo que estoy en el buen camino. Y seguro que me pega alguna hostia, algo con lo que no contaba. La terapia no es ninguna broma, y servidora hace lo que puede. Pero siempre se puede hacer algo más, siempre puedes ir más allá en lo de aceptar que tienes una nueva vida y vivirla, no sólo pensarla, apuntarse al gimnasio y no ir, por ejemplo.

Orgullo bipolar

Orgullo bipolar A veces, nos autoevaluamos, y llegamos a la conclusión de que somos la hostia. Si lo que vemos se ajusta más o menos al cliché del que os hablaba en “Óptica”, hasta le damos gracias a la enfermedad por poseer estos dones y cualidades. Y para acabar, ojeamos de nuevo las listas de famosos y nos decimos: Ole.

"Nos"... yo también he caído en esos pensamientos, y no, no me gustan.

Creo que es una idea de grandeza, que pertenece al territorio “eutimia para arriba”, es decir, cuando se está emocionalmente hipomaníaco y la autoestima ha subido bastante. Y sabes que ese estado mental es fruto de la enfermedad, y encima le das gracias. Ya dije en su día que ojalá pudiésemos vivir todos en ese estado alterado de conciencia llamado hipomanía.

No existe un día del “orgullo bipolar”, esto no es el rollo gay. Existe un día de la enfermedad mental, que se celebra en diciembre y congrega a todas las asociaciones de enfermos mentales y familiares en actos reivindicativos a los que nadie hace caso. Porque no hay orgullo en ser enfermo, sino muchos problemas: falta de recursos, pensiones ínfimas… aquí hay un texto reivindicativo.

Hay que estar “arriba” para autoafirmarse de esa manera, y no me parece correcto hacerlo en un corro de gente –un chat, por ejemplo, fue ahí mi experiencia- que lo está pasando mal. Junta a un deprimido con alguien que te dice que la enfermedad es lo mejor que le ha pasado. Pues no.

Me parece que caemos en una equivocación de las gordas con este orgullo. Una vez más, somos ghetto, pero del cojonudo (manda huevos). Y no beneficia en nada nuestra posición como comunidad de afectados en el conjunto de la sociedad.

Además, hay que llevarse las manos a la cabeza, cuando alguien en un foro vecino para esquizofrénicos afirma que los bipolares somos irrecuperables y ellos si que tienen posibilidades de recuperación e integración. (Que por lo que sé tienen una ayuda que nosotros no disponemos, pisos tutelados). Justo lo que "nosotros" pensamos de ellos. Esto sí es de locos.

Porque se nos dice que nosotros los bipolares no “perdemos facultades” después de una crisis, mientras que un esquizofrénico va acusando cada brote, merman sus capacidades cognitivas. Bueno, se nos había dicho, porque leí algo de Colom que empezaba a afirmar que si se han sufrido muchas manías, también se resentían las neuronas, que hay pérdida también.

Bah. Yo he estado con esquizos en mis ingresos y una vez estabilizados del brote, la gente más normal del mundo. Alguno pillao, pero también los he visto pillaos fuera y sin diagnosticar. Y fuera del mundo de las enfermedades mentales, la pérdida de memoria es algo que oigo demasiado a menudo. La gente nos deterioramos mentalmente, por edad o por falta de uso.

Está bien un momento de “me encuentro bien”, pero es eso, un momento. Que el bipolar en cuestión se dedica a propagar por toda la comunidad, en un ejercicio de irresponsabilidad bajo mi punto de vista, porque le lee gente muy jodida que en esos momentos, la bipolaridad es su pesadilla minuto a minuto.

(Este párrafo repite mucho posts anteriores y futuros)
La gente eutímica es la que “tira” de los demás. Si yo he llegado aquí, tú también puedes. Y no es camino de billete gratuito, no, es un subir al Everest, y has de empezar la ascensión cuando la medicación está empezando a hacer efecto y te encuentras mejor. El psiquiatra es quien decide cuándo estás preparado o debes hacer los primeros pasos. No olvidemos que la situación de partida es que te crees poderoso como Neo –manía- o estás en la cama paralizado mirando sin pestañear al techo blanco –depre-. De esa situación te saca la terapia y la medicación, pero sólo hasta el punto de “ahora, sal a la calle, como antes”, y ese antes lo has olvidado completamente, esas rutinas. Esto lo reitero mucho en el blog, después de un episodio de semanas o meses el caos se ha adueñado de tu cuerpo y hay que volver a unas rutinas (despertarse por la mañana, ducharse) y adoptar otras (deporte) para las que no estás muy mentalizado. O comer tres veces al día, porque esto es algo que frecuentemente se nos olvida cuando estamos mal.

Yo diría que el orgullo “qué cojonudo es esto” es parte de la enfermedad, y es enfermizo pensar en esta clave, por muchos dones que uno tenga. Ahora mi orgullo es caminar una hora al día, irme demostrando que puedo hacerlo. Yo, que antes tenía la agenda llena de 8 a 22, ahora me enorgullece cualquier cosa, una al día, que haga, pero bien.

Absentismo vital

Absentismo vital

Suena un despertador.
No, no es para mí.
No estoy.
Que no, que no estoy.
Que no insistan, ya está decidido.
No es una decisión, es un mandato de mi cuerpo.

Hoy he decidido que no estoy en este mundo.
La cama es mi burbuja.
Me sumerjo en ella, aquí estoy a salvo.
Tengo mucho sueño, desaparezco entre las capas.

Me echarán de menos en el trabajo.
Me da igual, yo no estoy en este mundo,
Soy invisible,
Ellos tampoco me verán.

Hoy he decidido que no existo.
Que nadie pregunte por mí,
No esperen que atienda al teléfono.

Me llaman otra vez.
Abro un ojo.
Reconozco el número, llaman del trabajo.
Mi jefe tampoco existe, no le he llamado, no podía hacerlo.
Contesto con un monosílabo, digo "fiebre", digo lo que sea.
No estoy.

Todo pasa,
Mañana volveré al reino de los vivos.

Es sólo un día, no es la primera vez y lo sé.
El cuerpo pide desconectar
Dejar de trabajar la realidad
Descansar mentalmente
No puedes ignorarlo
Debes dar al cuerpo lo que te pide

Desconexión
Nada
Depresión

Esto ha llegado a sucederme, tal como lo cuento ahora.

*** 

Me odio cuando miento

Me odio cuando miento

http://www.goear.com/listen/a0085f1/Me-odio-cuando-miento-Fangoria

Y ahora me arrepiento
De no haber sabido aprovechar el momento
Y siento haber oído mi voz diciendo
Que no importa nada
Que son cosas de la vida
Que algún día lo olvidaríamos los dos

Me odio cuando miento



Nos despedimos despacio para alargar el momento
Siendo prudentes por no decir cobardes
Y apretando los dientes para no decir
Yo me quiero quedar aquí contigo

***
Fangoria, "Me odio cuando miento"
Una temporada en el infierno (1999)
***

Carpe Diem...

"Mala compañía"

"Mala compañía" Cuando uno se encuentra mal anímicamente, y alguien se ofrece, aunque sólo sea para charlar, uno dice “hoy no soy buena compañía”, y cuelga el teléfono, y no hay alternativa porque te han levantado un muro.

Y sabes que la otra persona está pasando un infierno mental (lo del infierno no es retórica), y que te aparta de sí porque no quiere arrastrarte a él, no quiere contagiarte, que tu empatía –de la que hablaba ayer- se vea afectada.

En el caso de familiares, lo entiendo y hasta lo comparto. Ya te ven mal, porque puedes tener la cara desencajada; si les cuentas lo que se te pasa por la cabeza de forma inconexa y muy dolorosa, les vas a poner peor o no van a entender nada. O esa es mi opinión. Porque no han pasado por ello. Yo les digo "hoy no puedo hablar" y no quiero que sepan más.

Pero no ocurre así en el caso de un amigo. Un amigo es una figura muy especial en tu vida. Es alguien con quien sueles compartir los buenos momentos, pero es en los malos precisamente donde un amigo demuestra con su hacer el afecto que por ti siente, y la preocupación se diluye si puede hacer algo por ti, aunque sea escuchar música juntos, o pasear en silencio. Tú le dirás abiertamente, porque hay confianza, tus límites, por ejemplo “mira, hoy no puedo hablar”, y él lo entenderá. Y lo aceptará, porque te acepta a ti, estés como estés.

De acuerdo que esta última afirmación es aplicable a la familia. Pero los lazos son muy diferentes, a un amigo le cuentas todo y a tu familia quizá no. Y cuando uno está jodido, necesita de alguien que le conozca un poco “de verdad”, esa es mi impresión.

Si el amigo en cuestión tiene en su haber experiencia en situaciones similares o idénticas, por ejemplo de bipolar a bipolar, de ese amigo no deberías apartarte y construirle un muro. Ese amigo ha pasado por lo mismo que tú, y te tiende la mano porque sabe qué puede ayudarte en un momento dado y qué no. Y sabe que aunque tú le digas “prefiero estar solo”, una mano que te coge, un oído que escucha, es precisamente lo que necesitas para respirar, no me atreveré a decir salir –palabras mayores: terapia, etc-, del infierno.

La soledad no es buena amiga de los estados anímicos negativos. Por mi experiencia, una compañía de una buena amistad que te proporcione positividad es altamente terapéutica.

No hablo de parejas, porque ahora no tengo. Las parejas… pueden ser comprensivas y mimar mucho al que está jodido, o aprovechar el momento para tirarle más basura y ponerle peor. Hay de todo, y todo ser humano tiene un nivel donde dice “basta”.

“No soy buena compañía” es algo que hemos dicho todos. Pues bien, si alguien se ofrece, alguien que no te va a rayar, que sabe que necesitas tranquilidad, o si no estás deprimido incluso todo lo contrario, alguna actividad lúdica puede sentarte bien. Aunque no estés muy animado al principio, puedes por ejemplo salir del cine encantado, porque has seguido dándole vueltas al coco pero a media película se te ha ido pasando la cosa, y el alivio, si no “restauración”, ya es mucho. Y has estado rodeado de gente, que también es importante. O bailar, moverse, incluso dar brincos y gritar el coro de alguna canción... eso también es terapeútico.

Ese es otro tema. Cuando “no somos buena compañía” normalmente estamos deprimidos, y no salimos de casa. Error, y yo la primera en caer en él, hay que decirle que sí a la persona que nos brinda ayuda, porque es un brazo el que te está ofreciendo, y lo que deberíamos hacer es cogérselo y dar el paseo del brazo cogidos, como la gente mayor, ¿y qué? Quien está jodido, también necesita del contacto físico y humano.

En estos momentos, tengo a una amiga y a un amigo que "no son buena compañía". Con tanto muro, al final siento tanta impotencia que preferiría sumergirme empáticamente en sus infiernos. Porque son mis amigos, les quiero, y quiero verles, y ayudarles en lo que esté en mi mano, aunque ellos digan que no necesitan ayuda.

Todos hemos pasado por ahí, yo la primera, y sí he necesitado ayuda, lo triste es que a veces no he tenido quien me ofreciese su mano. Por eso sé que la soledad no es buena, aunque cueste abrirse cuando uno es "mala compañía".

***

"Encerrado", dibujo de Martina Lasry

Bar Bipolar

Bar Bipolar Uno de los puntos de encuentro de la ABC (Associació de Bipolars de Catalunya) es un bar en el centro de Barcelona.

Cada jueves, a eso de las 19 h, nos damos cita. "Nos"... los que vamos. Hay quien no falla, hay quien viene por primera vez, hay mujeres jóvenes, mayores, chicos, hombres que pasan de la cincuentena. Hay de todo.

Los familiares son bienvenidos, pero ellos tienen otro punto de encuentro en el mismo lugar, los martes.

Hoy me pasaré por allí seguramente. La última vez conocí a un chico con el que había hablado mucho por msn, fue grato quedar por sorpresa. "Quedar"... porque van todos.

Tampoco es un congreso. Muchos socios no viven en Barcelona ciudad y entiendo que es un palo "bajar" (no sé si fuera de Catalunya se dice así a acercarse a la capital desde un punto lejano).

Me gusta mucho conocer gente. Y si la gente tiene algo que compartir conmigo de entrada, es hielo roto desde el momento en que me siento a su lado. Además, la gracia -y te animan a ello-es ir cambiando de mesa, charlar con otros, que nadie se quede estancado.

Es tertulia, es contarse batallitas, y es coña. Hay buen ambiente, y los recién llegados son incluídos en el grupo rápidamente. Creo que es una iniciativa buenísima, porque a veces podemos sentirnos tan solos... que es bueno recordar que no llevas la cruz "tan" en solitario.

****

Imagen: interior diseñado por Charles Rennie Mackintosh (1868-1928), arquitecto y diseñador escocés, uno de mis favoritos. El bar no es tan bonito, claro, jaja.

Antes, después

Antes, después Antes……………
Hacía “vida normal” o eso parecía.

Un día………….. EL DIAGNÓSTICO.
Me dijeron que tenía Trastorno Bipolar.

Ahora…………..
Sigo el tratamiento psiquiátrico y psicológico.

Entre el “antes” y el “ahora” ha habido una fractura en mi vida.

Renunciar
Sacrificar
Nuevas costumbres

Hay que aceptar, y esa es la palabra clave, que
1) tienes esta enfermedad
2) tienes que cuidarte
3) tendrás que adaptarte a una nueva vida
4) cuanto antes lo hagas, antes tendrás de nuevo calidad de vida

Esto parece sencillo, la teoría siempre lo es, porque hablamos de un proceso de meses, incluso años.

Yo llevo un año y medio y todavía me falta mucho a aprender y a hacer.

Hay gente que lo niega, aceptarlo es empezar a cuidarte y con ello evitar costumbres que hasta ahora eran parte de tu vida. Como tomarte dos cubatas un sábado por la noche.

Negar la enfermedad es grave. Y común, sobre todo al principio.

Esto no me puede estar pasando a mí, te dices.

Por qué yo.

Preguntas y lamentos muy normales. Te ha caído una bomba encima.

Y los psiquiatras no te explican gran cosa, lo que te deja más desconcertado. Y tú tienes tantas preguntas que al final no haces ninguna. Hasta llegaron a decirme “acostúmbrate a oscilar”, cuando no sabía con qué pie me había levantado. Eso no ayuda, eso te deja peor. Hay psiquiatras que son de juzgado de guardia, se toman en serio que lo suyo es diagnosticar y recetar, y el resto, ¿qué?

Sí le pregunté algo:
- ¿Estoy enferma?
- SI

Búscate la vida, y encima, enferma, encontrándote mal.

Ahí tienes a una bipolar recién diagnosticada, perdida en todo.

Yo quise informarme, me lo pedía el cuerpo, y sobre todo, mi alma, que iba dando saltos de un lado a otro, necesitaba respuestas.

Me contaron que el origen de esta enfermedad es genético, que es una enfermedad biológica, sólo que el meollo está en el cerebro. Cuando leí el primer libro, supe más. Me hizo bien leer, me dio una perspectiva general.

Además, supe que había más como yo. No era un bicho raro. Y tuve la necesidad de conocerles. Y fui a la búsqueda de los veteranos. En mi ciudad se encuentran cada jueves en un bar, y cuando entra alguien nuevo, se le presta especial atención.

Cuando te diagnostican, está claro que nada va a ser igual. Para empezar, te dan unas pastillas que te vuelven loco el cuerpo. De repente, tienes hambre las 24 horas del día y empiezas a engordar. Esta no soy yo, te dices. Pues sí, eres tú, las pastillas y los efectos secundarios. Y nadie te ha preparado para ello.

Por eso es bueno ir a las asociaciones de afectados. Y si no hay ninguna en tu comunidad, tienes un grupo de apoyo virtual enorme en Bipolarweb.

Los familiares también se llevan lo suyo. Tú tienes mucha rabia en el cuerpo, sigues diciéndote “esto no puede ser verdad”, pues lo es, para ti y para los que te rodean. Y serás insoportable si no empiezas a tomar responsabilidades contigo misma. Porque la enfermedad te posee, y es desagradable, para ti y para los que te rodean.

Acepta que es verdad. No te mientas a ti misma. La vida sigue su curso, y lo hará con o sin ti.

Quizá han pasado años y sigues sin aceptarlo. Nunca es tarde. Haz ese primer paso, es por tu bien.

A partir de ahí, hablamos. Hablamos contigo, los que estamos en el proceso de adaptación, y los que llevan veinte años y más en ello y nos enseñan al resto.

Lo primero que enseñan los veteranos es: PACIENCIA. Y OBEDIENCIA.

Sigue el tratamiento a rajatabla. Deja de mentir y lo que es peor, de mentirte, tómate lo que te han dado sin pestañear y haz lo que te dice tu psiquiatra.

Tu psiquiatra es ahora una figura muy importante en tu vida. Si no estás a gusto con el que tienes, estás en tu derecho a cambiarlo. Has de pactar con él, estar convencida de que las directrices que te da son para tu bien, y seguirlas. Has de confiar en él, porque le has de contar tu vida y milagros de pe a pa.

También hay psicólogos especializados en ayudarte a sobrellevar esas primeras etapas en la enfermedad, que van a ayudarte a encontrar un camino para que tengas calidad de vida. Puedes acudir a alguno de ellos.

Tienes vida, no te la ha quitado nadie, sólo que a partir de ahora habrá diferencias, un antes y un después. Si te quedas anclada en el antes, si no aceptas que estás en el después, todo se hará más cuesta arriba de lo que ya es por sí.

Abre los ojos. Esta realidad no es una pesadilla, es simplemente otra realidad.

Coge al toro por los cuernos, empieza a caminar.

Ánimo, hay muchos grupos, somos muchos, y nos ayudamos mutuamente.

***

Dedicado a la hermana de Miguel.

Terapia I: Entrevista con el Psiquiatra

Terapia I: Entrevista con el Psiquiatra Hay gente que se interesa por la terapia que llevo. Escribir un diario no es terapia, es escribir cosas que te suceden, y escribo un diario, que a veces, sí, excepcionalmente, he dado a leer al terapeuta (una página o dos). A un psiquiatra le interesa otro tipo de información, más relacionada con "la medicina", y en el caso de la bipolaridad, con los cambios de humor. En ambos casos, lo que escribo en este blog poco puede interesarles, por lo que repito, este blog no es terapia.

Mi terapia se lleva a cabo en dos despachos, el del psiquiatra y el del psicólogo. Hoy hablaré de psiquiatras.

Todos hemos visto muchas películas. El típico diván donde el paciente se sienta y vomita sus neuras, y el psiquiatra, fuera de su campo de visión, tomando notas, apenas interviene.

He tenido varios psiquiatras, y ninguno de ellos usó un diván. Es más, creo que no les sería de mucha utilidad. Yo me siento en una silla común, delante de él o ella y su escritorio.

Voy a intentar describir lo que pasa en la consulta de un psiquiatra, en unos 45 minutos.

El trabajo de un psiquiatra consiste en evaluarte y darte una medicación acorde a tu estado.

Para ello, sólo dispone de un arma: la entrevista.

Y ya hablaremos de lenguaje corporal, ahora sólo un apunte: la mitad de la respuesta está en tu expresión y en tus gestos. El cuerpo no miente. El psiquiatra lee en tu expresión y en tus gestos tus emociones, es eso lo que está escrutando cuando le miras a los ojos y su expresión es de alta concentración, lógico, te está escuchando por dos canales.

Además, ¿de qué sirve mentir a un psiquiatra? ¿Quieres mejorar? Pues cuéntaselo todo, es un sacerdote para ti. Vale, ocultemos algún pecadillo. Pero no mintamos, es peor para nosotros, si queremos mejorar, remitir.

Me llaman, entro en el despacho, le doy la mano.
A veces no digo nada, me siento y le miro, jaja.

¿Qué tal?

Ahí te juegas el resto del tiempo, cuidado con lo que dices.
La pregunta que está haciendo es: ¿Mejor o peor que la última vez?
Y acabo musitando: bien, mal, o “psé”.
Entonces debo explicar por qué he dicho lo que he dicho.
A veces prefiero que haga él las preguntas...
Por ejemplo, en vez de esa pregunta inicial, esta otra:

¿Cómo has estado este tiempo, desde la última vez que nos vimos?
Aquí saco la libreta, todo lo que me ha parecido relevante lo he ido apuntando desde la última vez que nos vimos esperando este momento. Días raros, efectos secundarios nuevos, dudas generales, lo que sea, todo en la libreta.

¿Duermes bien? ¿Cuántas horas?
Pregunta obligatoria. El sueño, tenerlo controlado, es crucial.

¿Sales de casa?
Vida social y actividades, un indicador de que estás en la línea o hecha polvo.

Y así, una batería de preguntas.

Tú vas respondiendo, a veces has de meditar mucho la pregunta. A veces sale un monosílabo, otras un monólogo.

El psiquiatra ya tiene la información, y ha ido tomando notas en tu historial.

En un momento dado, es su turno de hablar.

Te noto…. (diagnóstico actual)

Has de mejorar en esto, me gustaría ver resultados en la próxima visita.
Vamos a probar este fármaco.
Te vendría bien un ingreso.


Son cosas que puede decirte. Algunas te las esperas, otras ni por asomo.

0. Es él quien valora en qué punto de la gráfica emocional te encuentras. Yo me veo depre, pues no, a lo largo de la entrevista le demuestro que estoy en episodio mixto, y me explica el por qué.

1. “Los deberes”: mejorar…. Significa incorporar a tu rutina un nuevo hábito, que ha de ser beneficioso, el psiquiatra está para ayudar, no para putearte. En la próxima sesión te preguntará qué has hecho al respecto.

2. “Conejillo de indias”: en guardia. A ver qué me das. Qué efectos secundarios tiene. Le miro con cara de pocos amigos… pero suelo acatar la decisión. El que manda es él. Es el momento de retocar la pauta, la medicación que vas a tomar desde ese mismo día.

3. El ingreso es una medida grave. Nunca me han ingresado después de una visita ordinaria, siempre fui de urgencias. El primero lo pasé muy mal. El segundo, casi fue un paseíllo. Pero si necesitas supervisión médica constante, es la única manera.

Apretón de manos. Y "vuelve dentro de....".
Ahí tienes una señal, el período puede ser la semana que viene (estás fatal), dos semanas (quiero seguirte la pista), un mes (estás bastante bien).

Suelo salir de la consulta con la cabeza hecha un bombo. Anoto alguna cosa, pero la entrevista es ágil, no da tiempo para tomar apuntes como en una clase. Y suelo salir seria, hay momentos distendidos pero el tema no admite muchas bromas, y sí compromisos.

Para acabar: un psiquiatra NO COME. Es un médico, sin miedos.

Tres cerebros

Tres cerebros Alguien dijo que los bipolares tenemos tres cerebros: el depresivo, el maníaco, y el nuestro. Y me pareció muy acertado, porque ninguno funciona igual.

El depresivo es introspectivo y crea infiernos.
El maníaco es un niño grande extrovertido que ríe y disfruta en psicodelia total.
El nuestro es como el de todo hijo de vecino.

Más o menos.

Siempre se dejan el episodio mixto, que es mi especialidad, supongo que porque consiste en síntomas de ambas fases. Aunque el mixto ofrece tanta inestabilidad emocional que lo mismo me he deprimido dos o tres semanas que he tenido momentos de euforia pura, y con ellos, muchas ganas de hacer locuras.

¿Qué sería de la vida sin locuras? ¿Qué le vas a contar a tu sobrino-nieto? Una vez me subí a un tren de grandes líneas con lo puesto y sin billete...

En hipomanía la vida es Tan Intensa… puedes hacer algo pensándolo, sí, pero también directamente movido por tus emociones. ¿Control? ¿Para qué? Estás viviendo la vida, no quieres control, quieres sensaciones.

En una galaxia no muy lejana...

En una galaxia no muy lejana...

TU

puedes ser el próximo diagnosticado.
Tranquilo, a todos nos pasó lo mismo.
Ánimo.
No estás solo.

Maníaco

Maníaco

Hago una nueva búsqueda de imágenes en Google para ilustrar algo maníaco, y me encuentro con la galería de los horrores, me dibujan monstruos de cómic. Y una vez más siento que el mito, ¿qué mito? la ignorancia, es la que califica a alguien de maníaco.

Esta palabra está asociada a ser un malhechor, directamente. Y esta es la cultura que nos han impuesto las películas.

Vale que muchos “malos” de la película pueden ser maníacos, así varía un poco el cliché de psicópata a secas. Recuerdo el de X-Men, Magneto, un perfecto maníaco con delirios de grandeza. Pero no dejaba de ser un psicópata, algo que NO es un maníaco. ¿Habéis visto cómo ríen en las pelis? Dan miedo, pues no, así no es un maníaco.

Los maníacos "de verdad" (los bipolares en episodio maníaco) suelen ser encantadores y muy sociables. Fuera de casa, gente de lo más enrollado. Dentro de casa, otra película. Un maníaco es alguien muy feliz y que necesita desarrollar toda la sociabilidad que la enfermedad le otorga. En casa, es una fiera en un zoológico. La cabeza le va demasiado rápido, ha de hacer muchas cosas, y además tan rápido como las piensa. Es muy difícil seguir el ritmo de un maníaco, el ritmo de sus impulsos. A los cercanos les da miedo porque efectivamente, parece haberse vuelto loco, de repente todo buen humor y actividad. Aunque la irritabilidad asoma cuando se le lleva la contraria. Tiene el temperamento de un niño, en el sentido de que no tolera la frustración, no en otro, porque es una persona perfectamente lúcida que de repente, oh, ya no es mediocre, es grande, y se ve con fuerzas, ánimos y poder para hacer lo que siempre quiso y no pudo.

Mi maníaco preferido en la ficción es Jim Carrey en “La máscara”. Me he bajado la canción “Cuban Pete” porque llevo diez años riéndome con ella y ese fragmento de la película (The Mask, 1994)... os la dejo en "Minutos musicales"... por cierto, que es una samba, no una rumba.

***

P.D. En los posts de 2006 se habla del lado oscuro del tema. Lo que ocurre puertas adentro cuando uno es una olla exprés.