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Carne de Psiquiatra -Trastorno Bipolar

OPTICA

OPTICA

Un día dije que hablaríamos de clichés, y este día es tan bueno como cualquier otro. El único título que creo acierta con la cuestión es, desde el punto de vista de un bipolar:

ENCANTADORAMENTE INSOPORTABLES

Y desde el punto de vista de la familia:

INSOPORTABLEMENTE ENCANTADORES

Es cuestión de óptica, como todo.

El bipolar tipo, el cliché, por lo que recuerdo en estos momentos, dice que somos:

Sensibles
Creativos
Empáticos
Generosos
Simpáticos
"Buena gente"
Lúcidos
Muy inteligentes
“Sex machine”
Buenos en lo que hacemos & Perfeccionistas
Preocupados por los demás: tareas de voluntariado, política…

La leche, vamos. Deberían poner en la sección de clasificados de “la Vanguardia” un SE REQUIERE BIPOLAR para cualquier trabajo, que lo hacemos excelentemente, en tiempo récord, y con dedicación absoluta, como si nos fuese la vida en ello. Y todo el mundo debería tener un "affair" con un bipolar, una experiencia única.

Sé del caso de una no-bipolar absolutamente atrapada por el "encanto bipolar" de su marido, segundo marido, y el primero también lo fue, y sus amigos también son bipolares en su mayoría. Dice sencillamente que son -somos- gente especial, y se rodea de cuantos bipolares puede. Es algo exagerado, quizá, pero así me lo han contado.

El “encanto bipolar”, del que ya he hablado. Ser una persona “con gancho”, con algo que aportar a cualquier evento. Hay que experimentarlo, porque consiste es una especie de halo que te envuelve, demasiado intangible para expresarlo con simples palabras. El caso es que dicen que dejamos huella, no pasamos desapercibidos.

Todo esto resulta hasta halagador, por supuesto. Y he escuchado a algún bipolar que lúcidamente (siempre esa lucidez) afirma estar orgulloso de su condición, por poseer alguna de estas cualidades. Esto suele suceder en hipomanía, porque cuando te montas en la montaña rusa sólo puedes maldecir.

Ahora viene lo que no nos gusta, pero es lo que hay, extraído de testimonios reales.

La enfermedad, a nuestro pesar, nos vuelve (más bien en manía o mixto):

Egocéntricos
Irritables
Prepotentes
Caprichosos
"Pesados" sexualmente
Todo para YA
Demasiado generosos (regalos para todo el mundo)
Autistas (en depresión)
"Sin límite"

Decimos cosas sin pensar, de las que hieren. Y son cosas que si se perdonan después, cuando vuelves a ser tú, has tenido suerte. Porque no siempre es así, y es cuando vienen los divorcios.

Que nadie se interponga en nuestros planes (hipo)maníacos, que lo mandamos a freír espárragos bien pronto. (Discusiones).

O estar inestable, no saber con qué pie te vas a levantar, si con el de la angustia o el de la depresión o el del suicidio, y volver locos a los demás, que supongo se dan cuenta que el que se encuentra mal eres tú. El caso es que les resultas insoportable, por muchas razones, una es que a la gente le gusta hacer planes y no pueden contar contigo, porque ni tú mismo puedes contar con tu humor. Culpa no la tiene nadie, pero el mal rollo, la mala onda, las malas caras, están asegurados. Lo que revierte negativamente en el ánimo del bipolar, dejándole peor de lo que estaba. Esto sucede a diario y parece no tener solución en las familias que conozco, el bipolar se siente completamente incomprendido.

Puestos a elegir, si es que reúno alguno de los requisitos antes mencionados, me quedo con el del encanto. Y si es producto de una enfermedad, bienvenido sea. El caso es que algo debo tener, algo que me ha permitido (ver hitos en un post anterior) relacionarme con muchas personas, aunque mis amigos se cuentan con los dedos de una mano, como debe ser. Y la empatía, y la extrema sensibilidad, que considero regalos, no dones. Aunque a veces una desearía tener una coraza emocional, porque la sensación de desnudo es frecuente.

Y por supuesto, también me han dicho que soy insoportable y me han llegado a colgar el teléfono, cuando una está en episodio borde (mixto, maníaco), pues a borde no nos gana nadie tampoco.

Un bipolar necesita relacionarse. Porque su enfermedad a veces se lo impide: la depresión te convierte en un caracol con concha blindada. Cuando se pasan épocas de eutimia o hipomanía, tras una depresión, la necesidad es imperiosa.

Todo esto evidentemente bajo mi punto de vista, ya sabemos que cada bipolar es un mundo, como cada persona, ni más ni menos.

Si esto lo lee algún bipolar, le invito a que engrose las listas-cliché, es muy curioso que la enfermedad nos hermane en pequeños detalles que la gente atribuye a la personalidad, cuando en realidad pueden ser producto de la enfermedad y los hemos hecho nuestros. ¿Creeis que algo de esto es genético e inalterable? O por el contrario, si remitimos, ¿dejaremos de ser así?

Y para los no-bipolares, aclarar que todo esto es fifty-realidad fifty-mito. Ya se discutió sobre el tema en el post sobre los famosos: la bipolaridad NO nos proporciona estas cualidades a todos, y tampoco hay que tenerlas todas, sucede lo mismo con las listas de síntomas.

. . . .

P.D. Coclicó, espero tu comentario, no te cortes querida ;)

Imagen: el ojo de "Blade Runner" (Ridley Scott, 1982)

Moebius

Moebius

¿Te has puesto a escuchar a la Callas al llegar a casa esta noche?

No me importa dónde te encuentres,
dondequiera que estés,
noto cómo compartimos la Cinta.

*** 

Felicidad escondida

Felicidad escondida

El cuento, según lo recuerdo, dice que una reunión de demonios decidió esconder la Felicidad para que el hombre no la hallase. Uno propuso el fondo de los mares, otro las cimas de las montañas… y por último habló el demonio más inteligente de todos, y dijo “escondámosla en el interior de los hombres, porque ellos la buscarán fuera y nunca se les ocurrirá la verdadera ubicación de la Felicidad”.

Como veo que no es lo mío contar cuentos, este es el regalo de Navidad que os hago, este relato narrado de principio a fin y otras historias de espíritu navideño. Os aconsejo que desconectéis los altavoces.

Tenemos la tendencia natural a buscar fuera lo que nuestro espíritu necesita, a buscar fuera de nosotros mismos los culpables de nuestros males, a justificarnos por todo, a pensar que algo externo ha de suceder para que seamos felices.

Esta manera de pensar sólo lleva a la amargura. Conozco gente que desde que se levanta ya está quejándose y lamentándose de todo. Y de todos, parece que estemos rodeados de imbéciles que conspiran contra nosotros. Son gente resentida, y se lo ves hasta en las arrugas, de tanto fruncir el ceño es público que su actitud ante la vida es esa. Y te cansa su convivencia, no hablan, sólo gruñen. Son gente muy negativa, y nociva para los demás, porque transmiten negatividad, y los humanos somos seres empáticos. Los bipolares, en mayor grado.

No he leído mucha literatura de autoayuda, porque no me gusta demasiado. Pero su mensaje sí, “móntatelo tú”. Si tú no te lo curras, nadie te lo va a dar. Cada uno teje su propia alfombra.

Los seres humanos llevamos dentro un potencial enorme. Es nuestra decisión transformarlo en positivo o en negativo.

Los psicólogos ayudan a eso. No te curan, sólo hacen que mires en tu interior para encontrar lo que buscas, y a veces hay que apartar mucha mierda para que ello sea posible. Y el trabajo en realidad lo haces tú, aunque has necesitado de su ayuda. Si el psicólogo te está ayudando, sales de su consulta algo “tocado”, las cosas del interior no se remueven sin que luego necesites que ese té que has bebido deje su poso.

Hay gente que no posee nada. Fijaos en los documentales del tercer mundo, de esas tribus perdidas. Los niños ríen, a pesar de que ya participan con su trabajo en la comunidad, de estar en el nivel de la pura subsistencia. No tienen miles de juguetes, se tienen los unos a los otros y la naturaleza, que brinda múltiples oportunidades para jugar.

Lo mismo ocurre en los países en desarrollo. La gente no tiene nada material, pero sí una mentalidad positiva fuera de lo común en nuestra sociedad, y son cosas que te chocan, porque no tienen….

… comodidades. Y te demuestran que no son necesarias para ser dichoso. Pero no diré “el dinero no hace la felicidad”, en nuestra sociedad sí es necesario, y cuando cobras una no contributiva, pues la cosa es seria.

Hace poco he estado en un hospital donde no necesitaba nada, excepto la droga que consumo –dinero- y algo para escuchar música. No tuve acceso a Internet, pero no me llevó al “mono” la cosa, además, en su lugar pude conocer a gente real que tenía muchas cosas interesantes a decir. Tuve buenos momentos allí también, porque no entré a amargarme sino a curarme.

Es como te tomes las cosas. Sin expectativas, ese es el secreto. No esperes nada de los demás ni del destino, tú recorre tu camino con tus objetivos bien claros.

Sin objetivos, la vida es rutina, dejarse llevar, y de repente dices todo amargado “me han pasado 30 años volando”. ¿Y qué has hecho? ¿Levantarte y acostarte cada día? Eso no es vida. Estoy de acuerdo en que no todo el mundo puede permitirse decidir no trabajar, o delegar el trabajo doméstico en una asistenta, pero tampoco es cuestión de deslomarse un día entero poniendo patas arriba la casa. Si uno se queda satisfecho así, pues hasta le admiro. También a los que hacen horas extras en el trabajo, si creen que van a sentirse mejor.

Pero a pesar de la obligación, considero que todas las personas debieran tener un momento al día para ellas mismas, para cumplir con alguno de sus objetivos vitales. Se escudan en la obligación para no mirar en su interior y preguntarse qué coño están haciendo en este mundo aparte de sobrevivir. Es más fácil dejarse llevar por la rutina, esa rueda que gira en movimiento perpetuo.

Hay demasiada gente sin objetivos. Ganar dinero no me sirve. Pregúntate, aunque ya tengas los 40, qué puedes hacer, que te gustaría hacer de tu vida, ahora que estás en su ecuador, para que tu epitafio sea “My way”. Y no estoy haciendo ninguna apología del hedonismo.

Uno de mis objetivos es remitir. Tengo una enfermedad y creo que las pastillas me van a sacar del atolladero y me van a equilibrar. Ahora tengo más claro que me va a beneficiar más una hora de natación que un ansiolítico. Y me ha costado más de un año llegar a pensar así.

Yo también he dejado en manos de lo exterior mis propios asuntos, y así no he llegado a ninguna parte. Pero nunca es tarde para cambiar el chip, y ahí tengo una familia y unos amigos y un terapeuta de luxe que me han ayudado mucho.

Hasta hace poco, pensaba que la felicidad consistía en pequeños momentos de euforia, de esos que todos tenemos, del tipo que te den una buena noticia o que te toque la primitiva. Pequeños momentos que hacían destellar una existencia mediocre. Ahora la concibo de otra forma. Creo que he encontrado la felicidad en mi interior, que la he encontrado bajo la enfermedad; la bipolaridad ha cambiado mi vida en muchas facetas, y esta es una. A veces, la misma enfermedad se interpone en que la experimente, cuando la depresión ataca. Pero sé que está ahí.

He aprendido que nadie debe ser el depositario de nuestra felicidad. Ni un hijo, ni una pareja. Has de sentirte vivo porque sí, porque lo estás, y ser feliz por ello. El resto de personas te acompañan y te brindan momentos inolvidables, por supuesto. Pero no te olvides de ti, eres el primero en la lista. Si tu marido te deja, ¿vas a quedarte vacía de por vida? No, si antes estuviste llena. Y no hablo de convertirse en un ególatra.

Hay que ser firme para no caer en lo fácil, en seguir la corriente del gruñido, del todo es culpa de los demás, que deberían cambiar, que son unos inútiles, ah por cierto, yo soy perfecto y tengo las recetas que arreglarán el mundo. Que cambien los demás, ellos tienen la culpa de... todo.

A mí ya no me importan esos gruñones, porque se entorpecen en mi senda, y empiezo a hacer oídos sordos. Cada uno hemos aguantado a un cabrón en la oficina. Y depende de nosotros que nos afecte o no, que la negatividad de determinadas personas acabe con nuestro andar campechano y firme, sin expectativas pero sí objetivos, agradeciendo y disfrutando de las pequeñas cosas de la vida.

Hay un señor en este mundo, su nombre es Bush Jr., que nos amarga a todos. Pues yo le doy la vuelta a la tortilla, después de informarme en las noticias, veo “las noticias del guiñol” de Canal +, y me destrozo de risa cuando le parodian. ¿Qué voy a hacer? Pues reírme. Y eso no me impide informarme sobre el asunto. No he visto “Fahrenheit 9/11” de Michael Moore, porque creo que me daría más pena que risa.

He sentido la Felicidad ante una obra de arte. Recuerdo haberme quedado un buen rato ante “El beso” de Klimt en Viena, en semicatatonia. O cuando un bebé de mi familia me asió un dedo con su manita. Pero también he sido feliz sentada al borde del mar, o contemplando la luz del atardecer. Son pequeñas cosas a mi alcance, y gratis, y no pido más. No hay más. Y no hablo de conformarse.

Quizá he tenido que pasar por una experiencia muy dura para hacer este cambio de chip. Salir del reino de los muertos en vida. En mi primer ingreso, un día, sentada en la terraza, miré al cielo y me dije “estoy Viva”. Ahí ciclé, según mi psiquiatra, dejé atrás la depresión para entrar en hipomanía. Y en esos días, mi felicidad era tomarme un descafeinado con hielo cuando tenía permiso para salir. 1 euro.

La buena compañía no es gratis tampoco, hay que trabajársela también, siempre que tú estés trabajándote, aportando tu halo de positividad. La gente huye de las personas resentidas que despotrican sin cesar. Hay que reconciliarse con el mundo, quizá en mi caso después de un intento de suicidio, para apreciar esas pequeñas cosas, y saber que los tuyos te quieren y están contigo, y que la sonrisa que manifiesta mi felicidad interior sea percibida por el resto.

Paz de espíritu, sentirse bien con uno mismo, qué más da cómo lo llames. Y dar sin esperar nada a cambio, porque sí, sin expectativas. Qué difícil es eso, nos han enseñado lo contrario.

Parezco más joven de lo que soy, porque no tengo arrugas, y eso hasta me jode. Dicen que a los 40 tu rostro es ya tu espejo del alma, porque los surcos delatan. El mejor hace-arrugas es una buena sonrisa. Yo quiero tener patas de gallo, arrugas que muestren que río, aunque sea ante la adversidad, que la afronto con serenidad y de forma positiva.

Sólo somos un conjunto de átomos que vive en el tercer planeta de un sistema solar, que va por el espacio a toda leche. Tómatelo como quieras.

Sólo tenemos esta vida, enfermos o sanos, pobres o ricos. Y la vida no es bella, es un valle de lágrimas. Si vemos el lado positivo de las cosas, desde nuestro interior donde hemos de encontrar todo lo que necesitamos espiritualmente, será mucho más habitable.

Insisto, hay psicólogos muy buenos.

*** 

Ajuar

Ajuar

Tengo una amiga que decidió, en su última mudanza, conservar únicamente seis piezas de todo: seis vasos, seis platos planos, seis hondos, seis cucharas… Desconozco qué se hizo del resto de piezas, pero se quedó tan a gusto.

Porque las de mi generación, baby-boom, todavía hemos chupado la tradición del ajuar.

Según la RAE, “ajuar” es:

1.m. Conjunto de muebles, enseres y ropas de uso común en la casa.
2.m. Conjunto de muebles, alhajas y ropas que aporta la mujer al matrimonio
(...)

Efectivamente, la joven llegaba al matrimonio con, si me apuras, hasta las gasas-pañales para los futuros bebés.

Conozco al menos dos señoras de cincuenta y muchos que tienen todavía sábanas por estrenar desde su matrimonio. Una en concreto, usa toallas que parecen estropajos, y no pienses que es pobre, no, tiene las buenas en el armario, eso sí, modelo hace 40 años. Lo envidiable de los ajuares de nuestras madres son las sábanas, porque ya no se encuentra algodón de esa calidad.

Es sabido que un ajuar consta de varios conjuntos: lencería del hogar, batería y otros trastos para la cocina, cubertería, cristalería y vajilla. Las buenas costumbres, incluso en casa del humilde, separan una vajilla, cristalería y cubertería para el uso diario, y otra para las ocasiones.

Ha llegado el día, y toca limpiar el ajuar de las ocasiones. Piensa que el plato que estás comiendo esta noche en mi casa no se ha tocado en un año, ha estado chupando polvo hasta hoy. Y la vajilla no es de 42 piezas, con ella han comido 20 personas.

Y no vivo en una casa Ikea, no. No tengo lavavajillas.

Hacia los 17 años, empecé a experimentar el “fenómeno ajuar”. De repente, en mis cumpleaños, los regalos se presentaban acompañados por unos "inocentes" trapos de cocina. Cuando declaré novio formal, la cosa se disparó a sábanas y juegos de toalla. Mi abuela materna, la responsable principal, y mi madre no se quedaba atrás.

Acabé tan rayada, que a eso de los 20 protesté formalmente. Quería cosas para mí, no para mi casa. Me eché a llorar cuando recibí de mi propio hermano, en complicidad con mi primo, una cafetera -¡ellos también!-, eso fue lo último. Recordé el tiempo en que regalábamos a mi madre una batidora, “El día de la madre”, qué frustración debía sentir, y la entendí en ese momento.

Pero la cosa seguía a mis espaldas. Aporté al matrimonio un ajuar, como mandan las costumbres en este país mediterráneo. La paradoja es que tenía diez sábanas, algunas bordadas, ocupando espacio, mientras usaba una funda nórdica. Las sábanas de raso eran insufribles, patinabas por todas partes. Tenía un mueble bajo en el comedor, y allí estaba toda la artillería. Me separé con mucho ajuar por estrenar, como la cubertería de luxe, sencillamente mate, preciosa. Me encanta la cubertería de mi madre, por cierto, ya se la he pedido en herencia.

Siempre odié las casas en las que te tragas el juego de café o parte de la vajilla en las vitrinas. No soporto verlas. En esta casa ahora en la vitrina se ha aposentado un juego de café francés, proveniente de una herencia. Lo estamparía, a él y a sus florecitas, porque para exhibirlo se mandó al ostracismo mi colección de minerales.

Mi padre también se puso al asunto del ajuar, en su especialidad: todo para la cocina. Por ejemplo, el juego de bandejas, cómo no, de acero inoxidable. En su día debieron hacer la compra al por mayor, porque TODA mi familia se hizo con un juego, de rectangulares y circulares, de varios tamaños. No veas lo que raya ir a cualquier casa y que te sirvan toda la comida con ellas, las que tú estás condenada a usar en la tuya... es como meterse en “El día de la marmota” (Harold Ramis, 1993) en versión "siempre que me siento a comer hay una bandeja de acero inoxidable esperándome".

Esas bandejas, también hoy se han lavado. Lo que no me cabe en la cabeza es que mi madre afirma odiar esa vajilla que hoy limpiamos, es de porcelana blanca con adornos florales en gris plata. En su lugar, yo la hubiese roto a lo griego.

Ahora se llevan las vajillas japonesas, esos deliciosos platos cuadrados. Si alguna joven las está acumulando en su ajuar, puede encontrarse que en el momento de la verdad se vuelva a llevar el modelo Cartuja.

¿Qué tiene que ver este post con la bipolaridad? Pues nada, en principio, pero puestos a buscarle argumentos:

1. Que mis pretendientes sepan que sigo teniendo ajuar, por estrenar incluso, en el altillo. Vamos, que tan mal partido no soy.
2. Que los bipolares también fregamos platos.
3. Que el efecto secundario de hoy es un lumbago de coj….

Imagen: una que no se ha convertido en .bmp y se deja colgar. Un fractalito de los que me gustan.

YUYUS AMBULATORIOS

YUYUS AMBULATORIOS

Hoy tenía cita a las 10 con el médico de familia. Lo ordinario: recoger partes de baja y recetas. Lo extraordinario: comentarle lo del ingreso, y darle copia del informe que te hacen al salir.

Pues hoy me levanto con el “venga vamos al ambulatorio” y me da el telele. Primero noto el estrés, muy fuerte, extendiéndose por mis venas, que automáticamente deriva en un ataque de angustia. Lo mejor para empezar el día, vamos. Y para ponerle la guinda, discusión: me encuentro mal y encima he de dar razones, como si yo controlase estar así, como si deliberadamente lo hiciese para joder.

Llevo pocos meses en este ambulatorio, porque antes vivía en otra zona. Y he ido pocas veces, porque la mayoría del tiempo mi madre ha llevado el papeleo por mí, cuando estaba peor.

El caso es que no es la primera vez que me da un yuyu en el camino.

A finales de junio, fui sola a la visita. Caminando rápido se llega en 10 minutos, pero preferí coger el bus. Pues en la parada voy y me desmayo y me rompo una vértebra. Fue la fractura que os comenté ya, su origen probablemente en efectos secundarios. Todo el verano pagando el desmayo, menuda factura.

La siguiente vez que fui sola, no sé si al bajar de la báscula, se me nubló la cabeza. ¿Más efectos secundarios? La enfermera me tuvo 20 minutos en la camilla, hasta que se me pasó.

No me da reparo ir a un médico, precisamente es una de las cosas a la que desgraciadamente estoy acostumbrada. Y en concreto, visitar a un médico de familia es un paseíllo, nada que ver con una sesión con un psiquiatra.

Me siento mal, la verdad. No sólo sigo con la angustia, sino que empiezo a sospechar que ese lugar me pone enferma, que le he cogido manía, y esto, de ser cierto, es subconsciente total.

Más hipótesis. Quizá sea el horario lo que me mate, demasiado pronto para mis neurotransmisores, que todavía están bajo los efectos secundarios de la toma de la noche.

O una fobia, eso explicaría lo irracional del asunto. Esto me lo contará mi psicólogo, que para eso está.

El caso es que me da angustia el TENGO QUE ir allí de buena mañana.

Empiezo el día muy mal, esto sí que me jode, porque puedo pasarme el resto del día acusando la angustia (a ver si remite con la benzo que me he tomado) o el bajón que me va a dar, es automático. Un chute de estrés pasa factura.

Estas pequeñas cosas me recuerdan que no estoy bien, que el alta médica sigue lejos.

Alondras y Búhos

Alondras y Búhos

Esta mañana mi madre me ha puesto en las manos un disco de esos con mucho Mozart, Mantovani y Strauss. Se llama “La música como terapia”, y por dentro aclara que se trata de “músicas para la estimulación de la inteligencia y el desarrollo del equilibrio emocional”, esas antologías pensadas para críos pero que funcionan para todo el mundo. Me está gustando y me ha despertado un poco las neuronas, que seguían dormidas a pesar del café.

La regulación del sueño es vital para los enfermos de Trastorno Bipolar, el control de esos polos llamados día y noche. "En bonito", se le llama regulación de los ritmos circadianos.

Doy fe de que el sueño es lo primero que se descontrola cuando las cosas no están en su sitio, cuando te encuentras mal. Y las rutinas se van al traste con el sueño. En depresión, por ejemplo, se tiende a la hipersomnia: dormir muchísimas horas. Hoy he dormido 14 horas. Y tengo sueño, no descarto dormir más, no por gusto o vagancia sino porque se me caen los ojos, el cuerpo me pide dormir. En manía suele ser lo contrario: la mente, si es que desconecta, lo hace pocas horas, y esto me ha sucedido. En hipomanía, duermo mis 8 horas, pero hay quien necesita menos. Marmota que es una, aunque con 8 horas firmo, con menos tampoco soy persona.

Lo curioso del asunto es que la hipersomnia no impide dormir de noche luego, como por lógica pensaríamos: “ahora no dormirás de noche” te dicen, etc... Un depre duerme de día y de noche si uno de sus síntomas es hipersomnia, y este es de manual.

Cambiando de tercio, tenemos la cuestión de las alondras y los búhos.

Supongamos que hemos descansado las 8 horas que más o menos todos dormimos.

Hay gente que se levanta irradiando energía, desde que abre los ojos realiza todo tipo de actividades a toda máquina, funcionan a pleno rendimiento. Por la tarde empiezan a decaer, y por la noche seguramente se van pronto a dormir. Se les llama “alondras”.

Yo abro los ojos, incluso me levanto de la cama, pero no soy nadie sin un café. Ahora es descafeinado, antes era un chute intravenoso de cafeína lo que tenía que meterme para “ser persona”. A lo largo del día, voy remontando y mi punto álgido (intelectual, creativo) se abre a partir de las 20 h. Soy del sector “búho”. Y cuanto más avanza la tarde-noche, mejor me encuentro, mejor escribo, mejor me funciona el coco. Y la hora de dormir es algo que estiro y estiro consciente o inconscientemente, estoy a gusto y cualquiera me hace dormir entonces. El pastillazo que me pego, que me deja en coma, y no siempre. Y los insomnios no son buenos en el TB.

Incluso en depresión: por la tarde estoy “menos” deprimida que por la mañana.

Esto tiene una explicación, me la ofreció mi psicólogo. El cerebro, desde que se levanta, va segregando una sustancia –he perdido su nombre- eutimizante. De ahí que la depresión parezca haber remitido por la tarde. Depende de las horas que el cerebro lleve activo. No tiene sentido, por búho que seas, esperar durmiendo a ese momento, has de darle tiempo al cerebro, horas, para que la liberación de esa sustancia sea efectiva.

Cuando salí del primer ingreso, tenía las rutinas horarias en su sitio. Por ejemplo, levantarme a las 8. La misma situación en la que estoy ahora. Sólo que del primer ingreso salí hipomaníaca (ciclé allí mismo) y de éste salgo depre.

Mi psiquiatra aprovechó para imponerme una serie de rutinas a cumplir, ahora que mi cuerpo estaba acostumbrado a esos horarios. Por ejemplo, salir de casa una vez por la mañana y otra por la tarde. Prohibido volver a la cama a dormir durante el día. Y mis “deberes” tenían que ser escritos en una libreta, a presentarle, como un examen.

Ahora veo esa libreta y me parto de risa. Cada cosa que haces, a su hora. Era inevitable que la libreta se convirtiera en una especie de pseudo-diario. Cuando se la di a leer, hasta se rió con algún fragmento surrealista.

Su crítica fue: “te acuestas muy tarde, hay que mejorar este punto”. Le di la razón, por supuesto, mi mínimo era la medianoche: la una, las dos aparecían demasiado en la libreta. Mi comentario fue: “siempre he sido nocturna”. Y para mi estupefacción, apostilló: “como la mayoría de bipolares”.

La mayoría, es un dato que te hace pensar. Conozco una bipolar alondra. Pero conozco a demasiados bipolares insomnes. Yo misma. Y mi interrogante es: ¿somos realmente insomnes o búhos actuando como tales?

Tengo entendido que Terenci Moix trabajaba durante toda la noche. Otros escritores ya están dándole a la pluma a las seis de la mañana. El resultado es el mismo, escriben un libro, cada uno a su horario. Y tienen la ventaja de no fichar.

A mi me hace fichar mi psiquiatra. Hoy me ha despertado mi madre y lo primero que he hecho, como todos los días, es tomarme una pastilla en ayunas. A veces maldigo la rutina, hija eres una pastilla desde primera hora del día. Pero luego se me pasa con el café. Y venga, a tomar otras pastillas. Has de ser alondra para seguir la pauta.

Nunca he trabajado en un turno de 7 a 3 a diario. Eso me mataría. Y la gente se daba de hostias para conseguirlo. Claro, eran alondras. Yo empezaría a trabajar a las 15, y saldría a las 22 con ganas de cenar y tomarme una copa por el centro.

Lo que no puede hacer un bipolar es ir rotando en turnos sin poner en peligro su salud. He trabajado con gente que lo hacía, y tenían problemas serios con el sueño. El cuerpo se adapta a lo que sea pero no le vuelvas loco rotando horarios. A un bipolar le puede costar un episodio la cosa. Lo que implica una baja laboral, y jugarse el puesto.

Vivir como un búho, que es mi sueño, sólo está al alcance de los bohemios y profesionales liberales. Acostarse a las 5, levantarse a las 12. Trabajaría en mis mejores condiciones intelectuales, daría lo mejor que mi cerebro puede producir.

No sé qué tanto por ciento de la población es alondra, búho, o nada en especial. Esto se lo dejamos a la cronopsicología, que debe estar en pañales, porque si existiesen datos concluyentes, las empresas ya se habrían aprovechado del tema.

Hogar, dulce hogar (a veces)

Hogar, dulce hogar (a veces)

Iba a decir: ya estoy en casa ("hogar, dulce hogar"), y lo he asociado inmediatamente al título de una película, americana, "Dulce hogar (a veces)" (1989). Supongo que me pillaría un sábado por la tarde y aunque me llamó del cartel Steve Martin, pensé que iba a ver la americanada al uso, pero no, me encontré con toda una lección de familia, trapos sucios cotidianos, y una declaración magistral en boca de un jovencísimo Keanu Reeves: "hay que hacer un examen para sacar un carné de conducir, y nadie te hace uno para traer un hijo al mundo".

Steve Martin es un actor al que descubrí en "Cliente muerto no paga" (1982), que os recomendaría mucho más si la hubiese vuelto a ver. Por entonces, ni siquiera sabía su nombre. Ha hecho algunas películas tontas, comedias que aprovechan sus dotes de payaso, pero es un tío al que admiro como actor. No selecciona quizá tanto sus papeles como Tim Robbins, uno de mis favoritos. Creo que no quedé decepcionada de ninguna película de Tim Robbins, bueno, exceptuando aquélla en la que aparece únicamente los cinco primeros minutos para morir asfixiado en el espacio.

Bueno, ya me he ido por las ramas, para variar. Estoy en casa, no he exigido el alta voluntaria sino que el psiquiatra me la ha dado, por mí como si me quedaba esta semana entera pero me han echado, con motivo: ya no tengo ideas políticamente incorrectas y en una semana he mejorado, he salido de la crisis. El psiquiátrico se ha ido llenando este fin de semana, todo eran pijamas -nuevos llegados- en la planta (el más alucinante, un chaval con las rastas larguísimas de punta), y se notaba a los psiquiatras y enfermeros algo desbordados por tanto ingreso. Para fiestas, estos lugares echan humo. No me extraña: los que pertenecemos al sector anti-navidad ya acabamos de los nervios con la tienda de al lado escupiendo villancicos. Y ya comentó Coclicó hace poco que la navidad y la enfermedad mental no son buenas amigas.

Imaginad que la foto de hoy es una foca marina al sol. Si creyese en la reencarnación, diría que fui foca en mi última vida. En todo caso, la foto de la foca que imagináis soy yo ahora, toda feliz al sol o sumergida, como prefiráis. Esta semana toca "descompresión" del ingreso, y pasar mi anti-navidad de la forma más digna posible. Con mis auriculares, escuchando flamenco árabe, folk paquistaní y cosas de este estilo.

Y aprovechando el momento de debilidad que no se volverá a repetir, os deseo felices fiestas.

. . . .

P.D. Solucionado el problema de las fotos, cuelgo uno de los más dulces hogares de la televisión.

MY SOUL

MY SOUL

The rhythm is below me

The rhythm of the heat

The rhythm is around me

The rhythm has control

The rhythm is inside me

THE RHYTHM HAS MY SOUL

. . .

http://www.youtube.com/watch?v=rzwMe-3XVn4

Peter Gabriel, "The Rhythm Of The Heat" (Peter Gabriel Plays live, 1983)

La que escuchaba sin parar era un directo, como este de Venecia 2007, que es como mola este tema:

http://www.youtube.com/watch?v=0RyAopMSYMk

*** 

Editado enlace youtube 21/02/2009

Lágrimas en la lluvia

Lágrimas en la lluvia

Me gusta mucho el género de Ciencia Ficcion, y Philip K. Dick es uno de mis escritores favoritos. Su título más famoso no era “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?”(1968) hasta que pasó al celuloide con un título que también es ya de culto, más de veinte años después: Blade Runner (Ridley Scott, 1982). Todavía estaba vivo cuando se rodó.

Hay más películas que también tienen algo que agradecerle a Phil K.Dick: “Desafío total” (1990) y “Minority Report” (2002), basadas esta vez en relatos cortos, son las más conocidas, porque hay otras que se quedaron en producciones de serie B.

Tengo casi toda su obra, porque desde que le descubrí en los años de bachillerato me hice adicta. Bueno, miento, en el traslado “se perdieron” las joyas de mi colección de Ciencia Ficción, entre otras muchas (AYYYY), la primera edición del “¿Sueñan los androides…”, sí, primera edición en español, Edhasa, 1982, acabó… dejémoslo correr, que me da el telele.

Hay otro libro de Phil K. Dick que merece atención especial, "Los clanes de la luna afgana" (1963), quizá para otro post. Martínez Roca editó en cuatro libros sus relatos. Estarán descatalogados, pero no tienen desperdicio.

Quizá Philip K.Dick sufrió Trastorno Bipolar, es una hipótesis que he encontrado en algunas de sus páginas de fans. Lo que sí está claro es que tuvo problemas psíquicos graves, aderezados con consumo de LSD y otras drogas. En todo caso, es un escritor que encabeza un capítulo en la historia de la Ciencia Ficción.

Nunca he tomado LSD, pero lo he experimentado en algunos de sus relatos. Existe en Internet una página con su obra entera escaneada en español pero he perdido el link, ya la recuperaré, “La máquina preservadora”, entre miles de páginas dedicadas a Blade Runner y a Phil K.Dick. Quien la tenga que me la pase, please.

Ahora no vamos al tópico “el libro es mejor”, sólo diremos que es muy diferente y que recomiendo su lectura.

La película Blade Runner ofrece nuevo material y reflexiones a cada visionado. Responde a una pregunta muy compleja: ¿Qué es ser humano?. Y su respuesta es: ser humano es TENER EMOCIONES, y de esta manera pillan a los androides: la cagan en un test emocional llamado Voigt-Kampf en la ficción.

Veo esta película una vez al año, más o menos, si tengo una película favorita es esta. Hay mil páginas en Internet que la interpretan, hasta se llega a debatir y afirmar que Ridley Scott hizo del blade-runner Deckard también un androide.

La banda sonora que se comercializó en aquél entonces tenía la etiqueta de Vangelis, pero era orquestada. Años le costó a Vangelis (1994) publicar su obra maestra. El último corte del disco es el monólogo del androide Roy Batty, el inolvidable “Tears in rain” (las dos primeras líneas y la última pertenecen al guión):

Es toda una experiencia vivir con miedo, ¿verdad?.
Eso es lo que significa ser esclavo.
Yo he visto cosas que vosotros no creeríais.
Atacar naves en llamas en el cielo de Orión.
Brillar Rayos C en la oscuridad,
cerca de la Puerta de Van Hauser.
Todos esos instantes se perderán en el tiempo,
como lágrimas en la lluvia.
Es hora de morir"

En versión original:
I’ve seen things you people wouldn’t believe. Attack ships on fire off the shoulder of Orion. I watched c-beams ... glitter in the dark near Tanhauser Gate. All those ... moments will be lost ... in time, like tears ... in rain. Time ... to die.

Este monólogo no sale en el libro. Creo que el mismo Rutger Hauer tuvo que ver en su confección, ampliando el guión original. “Lágrimas en la lluvia” es ya leyenda, friki si quieres, pero leyenda.

No me considero un androide, soy plenamente humana, con algún neurotransmisor averiado, pero eso también es humano. Algo cyborg sí puedo considerarme, teniendo en cuenta los implantes dentales.

Pero sí me identifico con Roy (Rutger Hauer) en algunos momentos de la película.

Me gustaría poder estar cara a cara con mi Creador, como hace él, pero sin pasarme de la raya –mala leche se gastaba el Nexus 6-, y hacerle algunas preguntas.

El Nexus 6 tenía muy claro que había un creador, yo no tanto, pero esto es para desahogarme.

Por qué me hiciste así, qué esperas de mí, qué puedo aportar a mis semejantes con este don con el que me has dotado.
Por qué sufro, qué utilidad hay en ello, qué aporto a la humanidad sufriendo.
Qué objetivo tiene el miedo que me atenaza cuando la enfermedad me posee a su capricho. Mi familia sufre, también sin entender, por qué.
Me has construido con una sensibilidad capaz de experimentar todas las emociones humanas, mi mente ha hecho y experimentado cosas increíbles. Dime con qué fin.
Me has dotado de la facultad contra natura de poder poner fin a mi vida en cualquier momento a sabiendas de que mi vida te pertenece. Por qué.
Hay más como yo. Somos quizá un experimento tuyo. Puede que seamos mutantes. Dime qué somos. Esclavos de nuestras emociones, qué objetivo tiene eso en tus planes. ¿Somos acaso esclavos?

Por qué recibes de nosotros tantas lágrimas en tu lluvia, ¿son necesarias?
¿Es ese el fin?
¿Ofrendas?

P.D. Le pedí una entrevista a la monja del psiquiátrico. Fue muy revelador. Y cayeron muchas lágrimas.

*** 

Loop al chocolate

Loop al chocolate

Ayer Kidam pasó a buscarme y me acompañó a comprar. Agua mineral para toda la semana, y el resto, para su asombro, chocolate. Tabletas, galletas, pastelitos, natillas, batido. Ojoplático se quedó al ver el carrito.

Sé que estoy deprimida, porque el cuerpo no hace más que pedirme chocolate, hace ya muchos días. Empecé con el helado. Es un pastón si lo compras de marca, pero claro, no vas a comer del malo porque ese no lleva el chocolate que necesitas sino polvos. Y engorda no te digo. Pero ahora mismo me importa un bledo engordar más. Necesito chocolate, que es un antidepresivo natural, porque no tengo pautado ningún antidepresivo, y como me lo pauto yo solita, me lo administro en dosis muy altas. Síntoma al canto.

Ayer también cené mientras charlábamos sin parar, un plato de Shawarma. Llevaba dos días sin comer sólido a excepción de chocolate. Y no es porque la nevera esté vacía, precisamente, al contrario. A veces me como un plátano y un yogur, porque las pastillas a secas no son buenas, pero la cuestión es que no como ni lo que yo misma he cocinado, que tiene si cabe más delito. Otro síntoma.

Y hoy me he levantado otra vez 14 horas después de acostarme, y todavía estoy comprobando que esto de levantarse no es sinónimo de despertarse. Sigo en alguna fase del sueño, y han pasado horas. Más síntomas, éste se llama hipersomnia. Lo otro es estar agilipollada directamente, quizá por culpa del antipsícótico. Aunque la familia diga que lo mío siempre fue la noche, esto no es normal.

No tengo ganas de hablar, y sé que Madre quiere comentarme cosas del blog. No puedo, no puedo hablar. Llevo horas despierta y todavía mi cerebro no ha despertado, éste lo que pide es café aunque sea descafeinado.

Ah, y sigo sin duchar. El síntoma definitivo.

Cocina todo estos ingredientes…. et voilà. Una bonita depresión.

Me dejaba la sal en la receta. No me cabe la Angustia en el pecho.

Lo de los síntomas es importante. No los listo para mirarme al ombligo, los estoy anotando en la libreta para que mi psiquiatra decida qué hacer con ellos. Mi psiquiatra necesita esta información, si no, se inventaría una pauta. Hay que darle la información que necesita, y es esta lista de síntomas, algunos viejos conocidos, otros nuevos e inquietantes.

Tengo pensamientos negativos, uno de ellos es que acabaré si no en urgencias un día de éstos, ingresada, y no sé si antes de fin de año. Esto va demasiado rápido, esta vez, no paro de hacer “loops” en la montaña rusa: empecé el año mixta, luego depre, luego hipo, ahora… deprimida y con el resorte “suicidio” on. Esta vez se ha activado demasiado rápido. Mis contactos y amigos bipolares de msn ya han sido alertados. Soy objeto de marcaje propio y ajeno, la cosa de momento está bajo control. Si deja de estarlo, alguien llamará a mi familia, o me llevará a urgencias sin perder tiempo.

Ya he preguntado si soy cicladora rápida. El psiquiatra de momento no se moja, pero entro en la definición de cuatro episodios al año. Mi evolución no es buena, eso está claro, no paro de ciclar, no respondo al tratamiento, que debería parar la montaña rusa.

Esta tarde volveré a salir. Porque me sacarán de casa a rastras. Mis amigos también están avisados y ya saben que han de venir a buscarme cuando estoy mal, porque sola no puedo dar los pasos que me conducen al lugar de encuentro, ni siquiera los preliminares, asearme y vestirme. Si estoy peor, ya les digo que nanay.

He vuelto a perder las rutinas, las que tenía ya por la mano, había mejorado mucho y esto me da mucha rabia, había mejorado hasta que he vuelto a caer, a ciclar. Con el sueño fuera de control, el resto de rutinas es papel mojado. A la espera de la próxima visita con el psiquiatra. Y el blog también cicla conmigo y vuelve al post “Everest”.

Y me digo: a la mierda. Renaceré, todo es ciclar, todo es recuperar las rutinas, otra vez volveré al mismo punto, si es desde 0, también lo conozco. Y de momento, hoy salgo, con escolta (bendito Kidam), pero salgo.

Hazlo sin pensar, deja de pensar y hazlo

Hazlo sin pensar, deja de pensar y hazlo

No esperes si te encuentras mal. No te automediques con un Myolastan que circula por casa. Acude a un psiquiatra.

Si necesitas un psiquiatra, hay muchos en los hospitales públicos, te están esperando en Urgencias las 24 horas. Además, es su trabajo estar disponibles para ti, que estás en crisis. También es su trabajo escucharte, asesorarte, darte un fármaco si presentas síntomas de necesitarlo, aconsejarte que te visite otro profesional con más calma.

Yo había olvidado que me habían visitado un par de psiquiatras ya, cuando me vi en Urgencias con un ataque de pánico. Me derivaron a un psiquiatra del seguro. Y allí estuve visitándome muchos años, porque lo necesitaba.

¿Por qué sufrir en silencio? Reconoce que tienes un problema en el coco, y busca ayuda. Tú no tienes las soluciones, ni tu familia que ve que no estás bien, ni tus amigos que te ven mal también pero te escuchan y entienden. Necesitas soluciones que vengan de la mano de alguien que sepa del asunto.

¿Por qué tener miedo? Un psiquiatra es un licenciado en medicina, que se ha especializado en psiquiatría. Un psicólogo es un licenciado preparado para escuchar tu discurso y analizarlo, detectar tus problemas y trabajar juntos para solucionarlos.

Tienes una sola razón para encontrarte mal, un solo pensamiento negativo. Si ello es molesto o un estorbo en tu vida, ¿por qué no ponerte en manos de un profesional?

Sí, es cierto, son caros. Pero los hay en el seguro, gratis. Tu médico de cabecera puede derivarte al de tu zona.

Y si tus ideas apuntan al suicidio, porque sí, sin tener motivos, VE DE CABEZA A URGENCIAS. Hazte acompañar, en esos momentos sé perfectamente que no tienes ganas de ir, a mí me ha pasado, pero has de hacerlo. Acude a tu instinto de supervivencia antes de que sea tarde.

El cementerio está lleno de bipolares sin diagnosticar. Es nuestra primera causa de muerte. Muchos no aguantaron el sufrimiento, y no fueron al psiquiatra. Había un camino, no lo vieron o no quisieron hacerlo, pero esos no cuentan ahora. Cuentas tú.

Si ya vas a un psiquiatra y no te convence lo que te dice ni el tratamiento, cambia de psiquiatra. Sin dudarlo. No te has casado con él, ninguna fidelidad le debes y menos si no te está ayudando.

Tú no tienes por qué tener un Trastorno Bipolar, ni siquiera has de pensar en que puedes tener un TB o una depresión o un trastorno de personalidad. No sospeches de ninguna enfermedad, sólo sé consciente de que algo no va bien en ti, ya te dirán qué tienes, y que eso no te preocupe, es sólo una etiqueta.

Sé consciente, se valiente, pide ayuda. Salva tu psique, sálvate. No eres una mierda, eres un ser humano que tiene un problema, y hay otros seres humanos que pueden sacarte de él.

Sálvate, por favor.

. . . .

Imagen: “Help” (The Beatles, 1965)

¿Quien es normal aquí?

¿Quien es normal aquí?

Como mínimo, para empezar:

No confundir ausencia de enfermedad mental (depresión, bipolaridad...) con “normalidad”.
No confundir ausencia de enfermedad física (reuma, diabetes...) con “normalidad”.
Sí: hablar de especifidad. Tengo esto y no todo el mundo lo tiene.

Y añadiría:

No creer que la existencia de un contrato de trabajo signifique “normalidad” y por el contrario, estar en el paro sea anormal. Son circunstancias, aunque medidas estadísticamente una resulte más “normal” que otra.
No creer que ver “Los Serrano” sea “normalidad”.
Sí: hablar “en general” de lo que ocurre en nuestro país, en nuestra cultura.

Pero:

No confundir lo que hace la media de la población con “normalidad”.
No confundir mediocridad con “normalidad”.
No confundir “normalidad” con ausencia de problemas o con tener problemas de dinero, que esos los tiene casi todo el mundo.

Y según el criterio de muchas personas:

No es normal hablar consigo mismo en voz alta.
No es normal ponerse un calcetín de cada color.
No es normal imitar a Gene Kelly cuando llueve dando saltitos.
No es normal ver seis DVDs seguidos.

Y lo que no es normal, en estos ejemplos puede traducirse en "estás como una cabra".

Normalidad”. Que me expliquen lo que es eso.

Dice la RAE de lo "normal":
1. adj. Dicho de una cosa: Que se halla en su estado natural.
2. adj. Que sirve de norma o regla.
3. adj. Dicho de una cosa: Que, por su naturaleza, forma o magnitud, se ajusta a ciertas normas fijadas de antemano.

Por cierto, un bipolar vive también sujeto a las normas de la sociedad. Paga a Hacienda, etc.

Y dejemos de usar esa palabra para distinguir nuestra especifidad, sea cual sea (tengo bipolar, tengo horario de turnos rotatorios, soy monja) de la del resto, mal llamado “normales” por contraposición (no tienen TB, hacen horario partido “como todo el mundo”, no rezan constantemente).

Hay muchas especifidades. Que salen de la norma y de la media estadística, por supuesto. Norma, creo recordar, es un punto donde la estadística aglutina los valores más repetidos y éstos quedan alejados de los extremos. Que me perdonen los estadísticos y por favor me enmienden en algún comentario, me quedan cuatro nociones del curso y aunque saqué nota, han pasado los añitos.

Tú estás en otro lugar de la gráfica en muchos aspectos de tu vida (hay quien puede decir que es diputado, no obrero) y en otros no, eres “normal” porque posees una línea telefónica, sin ir más lejos. Pero ello no debe hacerte sobresalir o despreciar al grueso de los que se ajustan a la norma llamándoles “normales”.

A partir de ahora, cuando alguien me diga que no es normal, le preguntaré si tiene un televisor.

Creo que en este blog no he hablado de los "normales" para referirme a los no bipolares, sino de "no bipolares" en todo momento. Además, si identificase "normales" con el conjunto de no-bipolares, estaría haciendo una injusticia con otros colectivos cercanos, por ejemplo, el de los esquizofrénicos.

Son cosas que se dicen a bote pronto, sin pensar demasiado en las consecuencias, que se llegan a decir de bipo a bipo cuando eres objeto de discriminación porque entiendes la expresión en el contexto y se transforman en argot, pero no son cosas a publicar porque al ser argot, ofenden hasta a un bipolar.

Así, sin darle demasiadas vueltas, post-borrador total. Paridas insomnes, locuras como intentar refrescar la estadística olvidada hace 15 años a estas horas.

*** 

Gente

Gente

Los bipos y los no-bipos no son mundos aparte, al contrario, cada día comparten vagones de ferrocarril de cercanías, barras en bares, reuniones de trabajo, salas de espera de dentistas, plateas de teatro…

Los bipos no vamos marcados con un lunar en la frente. Somos parte de la sociedad, un 2% sin ir más lejos. Votamos en las elecciones, tenemos un adsl en casa, le pedimos un aumento de sueldo al jefe, vamos al cine, tenemos hijos, llenamos nuestro carro de la compra en el supermercado, nos salen caries, vamos a la peluquería, llenamos el depósito del coche, fumamos, y un largo etc. Como tú.

Ni siquiera nos conocemos entre nosotros. Hay asociaciones de bipolares, pero no todos se apuntan ni conocen su existencia.

Yo soy bipo desde que tengo uso de razón, aunque sin saberlo, y ello no me ha impedido realizar las actividades más variopintas.

He estudiado: el bachillerato, una carrera y media, idiomas.

He tenido novios. Me he enamorado, y me he casado. Y mi ex no sabía que era o soy bipo, el amor va por otros derroteros.

He pertenecido a muchos conjuntos de personas: a clases de alumnos, a clubes deportivos, a asociaciones juveniles, a una asociación especializada en X, a un colegio profesional, a un partido político y a un sindicato de trabajadores.

Y a veces he tenido cargos de responsabilidad en estos lugares, que significaban innumerables e interminables reuniones, donde exponía mis argumentos en los diferentes puntos del orden del día y votaba, como el resto. He redactado o presentado enmiendas a ponencias y he hablado en público en asambleas y congresos. Soy miembro fundador de cinco asociaciones, que yo recuerde. Estas asociaciones tenían muchos miembros, y yo circulaba como una más. Es que lo era. Es que lo soy.

He viajado algo gracias a mi participación en asociaciones y en órganos de dirección. He conocido a mis homólogos en otros países en intercambios. He participado en campamentos de asociaciones juveniles internacionales, y en un campo de trabajo en un país que ya no existe.

Como anécdota, he frecuentado algunos canales de chat, y fundado un par en IRC Hispano. Y he sido operadora de algunos. Bajo un nick que no revelaré.

Me han contratado en siete empresas, no diré cuáles ni en qué sectores, porque esto no es ni será mi CV. Y dentro de esas empresas, he estado en varios departamentos, con distintas funciones administrativas y de gestión. Me gusta trabajar, me lo paso bien haciéndolo y poniendo límite a mi perfeccionismo cuando está en juego la eficacia, tomando decisiones aunque sean así de pequeñas. He trabajado en departamentos de nueva creación: les he dotado de procedimiento, he organizado sus archivos, he tomado actas de reuniones pequeñas y de reuniones grandes, he organizado congresos y eventos. He dirigido equipos, incluso he seleccionado al personal que los formaba.

He salido con mis amigos desde la más tierna adolescencia y hemos compartido tascas, garitos, discotecas, muchas fiestas populares y conciertos, borracheras, ligues.

No me pongo flores. No llegué alto, compañeros míos sí lo han conseguido. Dejé pasar oportunidades también. Pero miro hacia atrás y me siento orgullosa de mucho de lo que he hecho, de mi granito de arena. Hay hitos en mi vida, modestos, pero míos. Y todos ellos apuntan a que he sido y soy miembro de una sociedad, como tú.

Ahora, juguemos por un momento a “Vidas cruzadas” (“Short cuts”, Robert Altman, 1993).

Tú has podido ser compañero mío en un carril de la piscina, o en un seminario en la universidad. Quizá alguien nos habrá presentado alguna vez en un pasillo de la oficina, o en una fiesta. Tú has podido coincidir conmigo en cualquiera de los mil grupos de trabajo en los que he participado. Es probable que un día recibieses una octavilla de mis manos en una manifestación. Seguramente, un día fuimos a ver la misma película, y tu cabeza me molestó. Tú has podido ser el candidato al que descarté en una entrevista de trabajo. Quizá compartimos una habitación en el hospital, tú visitabas a un paciente y yo al otro. Muy probablemente, habremos estado en el mismo probador de unos grandes almacenes de ropa deportiva. Un día te pedí que me hicieses una foto. Quizá me diste conversación en la cafetería del tren. Lo más seguro es que un día esperase a que precisamente tú salieses de una cabina telefónica, o de un cajero automático. Nos habremos hablado en un ascensor, “buenos días”. O en un chat, y me habrás contado tu vida, y yo la mía, y quizá nos hayamos citado. Tú puedes ser miembro actualmente de una asociación a la que yo he pertenecido, o haber visitado su página web. Tú puedes haber sido mi último amante.

Y como se relata en otra película, nos distancian tan sólo “Seis grados de separación” (Fred Schepisi, 1993). El mundo es un pañuelo.

Un día acudí al aniversario de algún Consejo de Juventud. Allí había muchos rostros conocidos y amigos. Nos presentó un conocido común y me dijiste que ya me conocías, porque me habías visto hablar en púbico en la facultad. Yo no te conocía, pero tú me recordabas perfectamente. Como la chica que viajó con la asociación - yo era organizadora, responsable y guía del sarao-, y me paró un día por la calle a saludarme. Ni siquiera la recordaba, nunca llegué a conocerla, pero ella sí me pudo llamar por mi nombre.

Me ha conocido y me conoce muchísima gente, y no saben ni sabrán que tengo bipolar. Me refiero a los conocidos, los que conforman el paisaje cotidiano de nuestras vidas: solemos llamarles compañeros. De facultad, de trabajo, del partido, del curso de inglés, del gimnasio.

Tratas y has tratado a diario con gente que tiene Trastorno Bipolar (TB), y no te das cuenta. Es como debe ser.

***

Fotografía: La Rambla de Barcelona.

FAMOSOS BIPOLARES

FAMOSOS BIPOLARES

Al principio, cuando estás hecha polvo con un diagnóstico que no sabes por dónde coger, y en un episodio mixto que te va clavando puñaladas por todos lados, una de las cosas que te dicen para animarte es: mira, Van Gogh fue bipolar, y también lo fueron Miguel Ángel, Leonardo da Vinci, Mozart. Genios. No sólo no estás desamparada porque hay más como tú, sino que además has entrado en un club muy especial, de seres muy sensibles y creativos. Lo que te desconcierta más, si cabe.

Mitos aparte. El bipolaris vulgaris no es un genio. Tiene sus dones, sí, quizá, como otros humanos no bipolares. Porque los hay que dicen que no tienen capacidad creativa, y se lamentan por ello. Pues no, tener bipolar no es sinónimo de nada.

Pero muchos bipolares escribimos, en el foro para empezar. Bipolarweb creó un “escaparate literario” como sección para mostrar las creaciones de los miembros del foro, y es interesante darse un paseo por allí, pasando por alto las faltas de ortografía (no tiro la primera piedra, pero algunas me enervan).

Estos dones, esta creatividad asociada al TB, ha sido estudiada en profundidad por la terapeuta Kay Redfield Jamison en "Marcados Por El Fuego. La Enfermedad Maniaco-Depresiva Y El Temperamento Artístico” (FCE. México, 1993). No he leído todavía el libro, pero solo el título me fascina. Ella no sólo es terapeuta sino que además tiene bipolar, por tanto sabe perfectamente lo que se siente cuando de repente eres tocado por el Fuego, ya no el de cada día, sino el momento en que te asalta la creatividad como un impulso irresistible y te ves en la obligación apremiante de parir una canción, un cuento, una pintura, un proyecto para reformar una vivienda, incluso un humilde post para un blog. Yo he experimentado el Fuego. O un fueguecillo, y me considero una afortunada por ello.

Es el lado bueno de la enfermedad, que si has sido tocado con un don puedes llegar a destacar en tu ámbito profesional, o a expresarte mediante el arte, o ambas cosas. Lo del arte hay que cogerlo con pinzas. Aplíquese la "Ley de Sturgeon": el 90% de todo es basura. Como en todo, destaca un pequeño porcentaje y de ese resultado, sólo vale la pena lo que puede contarse con los dedos de una mano. Y esto vale para bipolares y para no bipolares. Efectivamente, no ganaré el Nobel de Literatura. Escribo para mí y para mis amigos, y eso ya significa mucho para mí.

Tengo entendido que en un país europeo, quizá el Reino Unido, se hizo un estudio entre ganadores de premios literarios, novelistas y poetas, y la bipolaridad “tocó” a un 90% de ellos. Dejémoslo en un comentario, porque no puedo ofreceros ningún enlace que os cuente la historia verídica, y agradecería el enlace si alguien lo encuentra.

Circulan cien listas de bipolares famosos por Internet. Es tan fácil como poner las palabras “famous” y “bipolar” en Google. En inglés, claro. Las listas son sajonas. En Hispanoamérica no existen listas, no busquéis. Los españoles… están en el armario.

Encontraréis bipolares famosos en todas las áreas: escritores, pintores, músicos… y también en los negocios. Ted Turner, creador de la CNN, todo un imperio de los medios de comunicación. Este impresiona, ¿eh?, es un magnate, y es público y notorio que tiene TB, y qué. Le importará un cojón que se sepa. A mí me produce orgullo esa actitud, yo hago bien mi trabajo y si tengo esto me la sopla, me tomo mis pastillas y sigo ganando millones.

Hay cineastas, Francis Ford Coppola, sin comentarios. Y muchos actores. Sally Field, leí el artículo donde salía del armario. Que han interpretado papeles tan nostálgicos como la novia de Superman (Margot Kidder ) o la Princesa Leia de Star Wars (Carrie Fisher ). Robin Williams y Jim Carrey me vienen a la memoria, por ejemplo. Estos últimos son expertos en emociones, Sally Field también. Me gusta mucho Robin Williams, porque borda los papeles humanos en todo el espectro de emociones y sentimientos, mientras que Jim Carrey no tiene dificultad alguna en interpretar la dualidad y en especial a un maníaco -que a veces se confunde con un payaso, de ahí que tenga papeles muy tontos en películas mediocres-, y quien albergue dudas de lo que puede hacer un bipolar representando a un maníaco, le recomiendo que visione “La máscara”.

Hay muchísimos músicos. Para no sobar más a Sting o al pobre Peter Gabriel, hoy me quedo con Cole Porter. Hay en cartelera una película sobre su vida que al parecer sólo exhibe su condición homosexual, no la bipolar. Eso me han dicho, intentaré verla de todos modos, porque sus composiciones no sólo me gustan ("I’ve got you under my skin", imprescindible), sino que han sido interpretadas por las voces más Grandes: Frank Sinatra, Ella Fitgerald…

Encuentras multitud de escritores, algunos premios Nobel. Virginia Woolf, Herman Hesse, Arthur Christian Andersen. Hesse y Andersen están entre mis favoritos, y cuando vi esa lista al principio de mis andaduras bipolares, sí que me acojoné viva. Tus libros favoritos, “Demian”, tus cuentos favoritos, “La sirenita”, cómo no, bipo tenías que ser, chata. Empecé a creérmelo entonces.

En España hay más rumores que certezas. El escritor Guillermo Cabrera Infante reconoce su enfermedad abiertamente en la introducción al libro de la periodista Ángeles López (Trastorno Afectivo Bipolar: La enfermedad de las emociones. EDAF. Madrid, 2003). Y de momento, que yo sepa, es el único. Hay rumores que apuntan a un par de cantautores, un entrenador de fútbol y a una escritora de mi generación. No me extrañaría lo más mínimo, mi ex psicoterapeuta me dijo hace años que mi estilo le recordaba al suyo, y yo no la había leído todavía, cuando consiguió un best seller. Mi propio psicoterapeuta me dejó el libro para que lo comprobase por mí misma, y se me volvieron a caer. Asusta que te pongan un espejo delante.

El último bipolar en trámites de ser reconocido en España, y uno de los primeros para inaugurar esa lista, es un político. Uy, cuánto bipolar sin identificar en puestos importantes. Síiiiii, nos gobiernan bipolares, pánico en las calles. ¿Y las noticias de la CNN? terror, un bipolar nos informa. Jaja. Que no mordemos, coño.

Hubo reyes, y hay políticos, por supuesto, te dicen que Churchill fue ciclotímico. Los que están vivos no lo dicen, aunque se rumorea también que nos ha gobernado un ciclotímico... sería un escándalo. La prensa puede descubrirlos, y se ha dado un caso reciente… ahí va la bomba. El Lehendakari Ibarretxe va a poner en peligro su puesto porque se acaba de hacer público que fue diagnosticado el año pasado y ahora está en algún episodio que no le permite cumplir enteramente con su agenda. Es o se está haciendo cierto, buscad en Google y el primer artículo que aparece es este, el que se anunció en su día en el foro de Bipolarweb. Y hubo una respuesta, una carta al director, por parte de un miembro del Grupo de apoyo.

(Edición: Cristina Kirchner: http://carnedepsiquiatra.blogia.com/2007/103001-sra.-presidenta.php)

Hay más bipolares famosos. Ya os he dado los enlaces, buscad vosotros mismos si tenéis curiosidad. Los muertos son leyenda, y en mi opinión meten a muchos en el saco. Los vivos, la muestra de que se puede crear, trabajar, incluso gobernar con el TB. Y no pasa nada, están integrados en la sociedad, que es el lugar de un bipolar y no otro, punto.

Por eso no entiendo por qué en este país hay reticencias a decir “Soy Tal y tengo TB, y me dedico con éxito a tal”, a entrar en las listas de los famosos “vivos”, porque así sólo se fomenta el estigma y el resto seguimos en el armario porque no podemos apoyarnos en Tal que hace vida Normal. Un famoso vivo es un ejemplo de superación para el resto de bipolaris vulgaris.

En Estados Unidos, el estigma es mucho menor. En su cultura está muy presente que el Litio es un medicamento tan usado como el Prozac, el antidepresivo más conocido y toda una moda, hasta yo lo tomé de joven. Y la cultura del Prozac en los 80 no fue despectiva ni mucho menos en USA, si recordáis Michael Douglas se chutaba uno en la película “Acoso” tan tranquilamente.

Francisco Alonso-Fernández, presidente de la Asociación Europea de Psiquiatría Social, investiga y diagnostica a través de la “Psicohistoria” las figuras del pasado. Francisco de Goya tuvo trastorno bipolar, según su criterio, y Felipe V también.

Inquietante, ¿verdad? ;)

Imagen: el Paseo de la Fama de Hollywood.

Can-ne sin pilas

Can-ne sin pilas

Jueves, 1 de diciembre

Hoy no he parado, ya os dije ayer que tenía la agenda llena. A primera hora mi cara era lamentable, por fortuna durante el día se ha ido arreglando, he hecho lo que debía y he conseguido no dormirme de pie.
Incluso he conseguido escribir tres borradores, futuros posts para el blog.
Ahora no puedo subir nada, porque los tengo en la libreta y a estas horas (¿recordáis que ayer no dormí?) no me apetece transcribirlos, pulirlos, corregirlos, consultar diccionarios, eliminar errores, añadir matices.
Una vez escritos, releerlos, para comprobar que han cumplido su objetivo. Reconocer que ese escrito puede para empezar, interesar, y además despertar emociones o reflexiones en vosotros, incluso imaginarme cuáles.
De postre, seleccionar entre millones de imágenes una que crea que identifique al post y que no supere los 20 Kb. Es urgente un curso de edición fotográfica.
Etc.
Ahora no, se acerca la 1 de la mañana y me caigo de sueño. Buenas noches.

Viernes, 2 de diciembre

Ayer no colgué ni el post que estaba ya “listo cocina” ni el mini-post porque cuando estaba ya en las puertas de insertarlo, las pastillas hicieron su efecto -llámalo desconexión súbita del mundo- y tuve que ir a la cama cagando leches, casi ni me dio tiempo a cerrar el pc.
He dormido 12 horas, y ahora el cuerpo me pregunta: nena, ayer nada y hoy te has pasado, ¿qué es esto, a ver?
Esta mañana, he cancelado compromisos. Esto me duele mucho.
Tengo médicos esta tarde, y no puedo faltar.
No me aguanto. Estoy agotada. El insomnio pasa factura, y de las gordas, a quien tiene que dormir religiosamente sus 8 a diario. La última vez que fui víctima del insomnio, hace ya tres semanas, tardé cuatro días en recuperarme.
Me tomo un descanso de blog. Esta tarde, si llego entera a casa, quizá postee.

Notición: gracias al brainstorming, ya tenemos nuevo nick. “Can-ne”. Tenía que ser Kidam el culpable, cómo no :)))

22.46. Llego tarde, cansada, y hasta los....
He tenido un día de aquellos de ley de Murphy.
Necesito autoafirmarme...

Nada de cambios. Mi nick es "Carne de Psiquiatra" y a volar..

El espejo y la autoestima, las compras hipomaníacas, y la madre que parió al insomnio de hoy

El espejo y la autoestima, las compras hipomaníacas, y la madre que parió al insomnio de hoy

Primera parte: es baldío maldecir ante un espejo.

Parafraseando el proverbio chino: uno es por lo menos tres cosas. Lo que uno cree que es (ve), lo que los demás creen que uno es (lo que ven) y lo que uno realmente es (la cruda realidad).

Esta mañana me vestí con una camiseta de estampado psicodélico y cubriéndola, un jersey negro abierto, de cremallera. La falda, negra. Las botas, negras también. El abrigo largo. Las gafas de sol. Y me dije satisfecha: soy Trinity.

Entonces, bien erguida y orgullosa, fui al espejo de cuerpo entero, y el resultado fue para desmayarse. No era Carrie Ann-Moss, -que tiene mi edad-, sino Rocío Jurado –algo más madura-. Maldición.

Los pantalones de cuero y con ellos el resto de vestuario han sido donados, y espero que quien lo haya recibido lo disfrute. Una de mis mejores amigas se llevó parte del pastel, lo que me produjo infinita satisfacción.

Porque ya estoy asumiendo, entre otras cosas que todavía no he asumido o estoy en ello, que no voy a volver a conseguir la talla para disfrazarme de Trinity de Matrix o de mujer marca Cosmopolitan.

Las pastillas engordan. La cerveza también. Comer cuando te da la gana cualquier cosa, lo mismo. El sedentarismo de la depresión, el perfecto detonante para no solo no bajar de peso, sino aumentarlo.

12 KILOS.

A principio del verano, tuve un gran problema con mi autoestima por este tema, apenas soportaba mi figura en el espejo. No sólo señoras con buena intención me habían preguntado de cuánto estaba embarazada varias veces (“no señora, sólo estoy gorda”), sino que realmente lo parecía: le pregunté a una amiga que ha parido recientemente, y "me echó" seis meses . El verano empezaba con el armario vacío, nada era de mi talla ya. Me vestí con dos prendas que me compró Madre, porque yo no estaba para ir de compras, en plena depre.

Mis amigas bipolares -podríamos constituirnos en un harén de focas marinas- afirman aceptar el sobrepeso después de pasar un largo tiempo con él, de haber tenido también problemas con la autoestima… pero finalmente valorar que ese efecto secundario de las pastillas es el pequeño precio a pagar por el gran beneficio de la eutimia, y declaran algo así: “gorda, vale, pero estable”. Pero claro, yo estoy gorda y no estable, o sea que no lo llevo del todo bien.

Ok, una vez más estoy pasando por el tubo. Jode dar toda tu ropa, la que has comprado durante años, la que te gustaba y conformaba tu estilo. Y jode más tener la necesidad de llenar ese armario vacío y gastarte una pasta que no tienes en hacerte con cuatro prendas decentes. Y digo decentes, porque el pasado invierno, ya con mis kilitos de más, como estaba depre sobreviví con ropa de mercadillo de algodón, camisetas y pantalones con un cordelito -ideal para no preocuparse por la cintura-. Como Trinity en la “vida real”, fuera de Matrix, a bordo de la Nabucodonosor, con harapos. El pasado invierno depre vestí dignamente únicamente dos o tres días, por compromiso, por cojones, con lo único presentable que sobrevivió a la criba: un conjunto de punto y un pantalón negro misteriosamente elástico.

Pero ahí viene el Péndulo, y un año después, para las mismas fechas, la situación es que he ciclado a hipomanía. Ya no estoy depre, este invierno no, qué respiro. Y quiero vestirme como la persona que era cuando hacía vida normal, mirarme al espejo y ver a una gordita que con ropa normalilla –me niego a embutirme en un top para lucir ombligo- pero de calidad está resultona.

Tengo por ahí las cifras: he gastado un pastón porque la media de cada prenda rondará los 40 euros, y compré unas 6. Y una tarde hipomaníaca total me gasté un dineral en dos bolsos que me parecieron divinos e imprescindibles. Ya he advertido a mis amigos que no me dejen hacer compras caprichosas, que es la enfermedad atacando.

Mitad, necesidad real de vestuario. Mitad, compras impulsivas hipomaníacas. Este octubre ha sido mi bancarrota. Y mi psiquiatra me ha prohibido fulminantemente que siga comprando, “no te justifiques”, y me hizo callar, porque en mi entusiasmo incluso le había enseñado la camiseta -divina, irresistible- recién adquirida al lado de la consulta. De camino a cualquier parte en el centro ya se sabe que hay tiendas... escaparates, tentaciones.

Segunda parte. Cómo bajar esos kilillos.

El psiquiatra sigue insistiendo -lleva un año- en que haga ejercicio, si, y el traumatólogo, la endocrina, el podólogo y el médico de cabecera, y seguro que algún médico más. Caminar y natación, coinciden todos. Parece una conspiración, la única diferencia es que unos dicen que camine media hora y otros una hora entera. No me queda más remedio que apuntarme de una puñetera vez a la piscina. Además, dicen que la natación es el mejor ejercicio para el TB, relajación del sistema nervioso central creo que es el motivo.

Caminar…esto me cuesta hacerlo sola. Cuando he estado depre, han sido mis amigos los que me han sacado de casa, venirme a buscar expresamente para dar el paseo, cómo se lo agradezco. Finalmente y por consejo de una amiga, ahora que por fin puedo salir sola pero me agobio en seguida -me aburro y doy media vuelta-, hacerlo en compañía del discman, en mi caso todavía un walkman. En mi walkman se ha aposentado el “Plays live” de Peter Gabriel, aunque llevo de recambio a David Bowie.

Fui con esta amiga a comprar un podómetro. Cuando he paseado con ella, ha marcado 4 km. Cuando estoy sola, la cosa se queda en 2 km.

Lo de caminar tiene otro efecto beneficioso: el aire libre, y la luz. Un bipolar ha de recibir luz, media hora al día mínimo. De todos es sabido que en los países nórdicos, donde la luz escasea, aumenta el número de deprimidos, y la fototerapia uno de los remedios. Aquí la luz es gratis, tenemos suerte.

Aplicando el proverbio chino: una es por lo menos tres cosas. Lo que una cree que es (Trinity, en hipomanía), lo que los demás creen que una es (una embarazada) y lo que una realmente es (una mujer con sobrepeso debido principalmente a la medicación).

Resumen del caos (¿qué esperas de un post insomne?): que no soy Trinity, que he de hacer ejercicio para seguir con mi programa de "rehabilitación" bipolar y de paso bajar el sobrepeso, y comprar ropa de mi talla para sentirme de nuevo bien, sin convertirme en una fashion victim.

Ah, no he comprado zapatos. Todavía.

. . . .

P.D. Ya son las 6.30, ya queda menos… he aguantado chateando con Semeolvida, escribiendo, bebiendo té, y escuchando todos los remixes que pululan por mi directorio Soulseek. El insomnio se está dejando llevar muy bien, la factura la pagaremos después.

Angustia I

Angustia I

Como es algo complejo de explicar, se lo dejo al que parece un experto en la materia:

La ansiedad es difícil diferenciarla conceptualmente de la angustia, utilizándose ambas palabras de forma indistinta en muchas ocasiones. Las dos comparten una misma raíz etimológica (ANKH) que se mantiene a lo largo de las diferentes palabras, más o menos sinónimas, del tronco común de lenguas indoeuropeas. La palabra originaria quería decir angosto, estrecho o constreñido, con equivalentes muy precisos incluso en lenguas más remotas. Por ejemplo, en egipcio antiguo, para hacer alusión al miedo intenso se utilizaban dos símbolos, uno indicativo de estrechez y otro representando a un hombre tumbado como si estuviera muriéndose.
Para nosotros y en general, la angustia hace referencia a una sensación más corporal, opresiva, sobrecogedora, que llega a "encoger" el pecho o el estómago, el temor a morir o enloquecer lentifica el paso del tiempo así como inhibe a la persona. La ansiedad sería una sensación más mental de sobresalto y desasosiego mantenido, el tiempo aparece como acelerado mientras se teme que cualquier cosa negativa puede ocurrir y la persona se siente continuamente en tensión y con "necesidad de aire".


Me da igual cómo la llamen, ansiedad o angustia. “Angustia” es lo que diagnosticaba mi médico de cabecera en las bajas cuando yo llegaba destrozada por el trabajo, porque el stress me devoraba viva, y presentaba múltiples síntomas somáticos: el estómago, por ejemplo, cómo me pataleaba el cabrón. Todo psicosomático, por supuesto, el estrés es así. Al parecer, angustia y stress son sinónimos.

Estoy hablando de algo físico. La angustia es física. ME DUELE EL CUERPO. Es más que una molestia, aunque cuando es crónica la percibes como un malestar. Es simplemente Angustia, y con esa sola palabra nos entendemos todos los bipolares que conozco, y también muchos unipolares.

Angustia es lo que siento, ya de forma crónica, hace tantos años que ni recuerdo los inicios, en mi cuerpo. Una opresión en el pecho, por lo común. A veces, extendiéndose por los brazos. O instalándose en la cabeza. Y todo el día, me acompaña siempre. Me contractura la musculatura, me da mil molestias que ya apenas noto, es parte de mí.

Hace cosa de dos meses me noté rara. Vi que algo no funcionaba bien, me hice un escáner, y éste se paró en el pecho… sorpresa, no hallé ni rastro de Angustia. Fue realmente un día de fiesta, podía respirar tranquila, abrir mi diafragma sin dolor. Lo del diafragma no es coña, el día que mi fisioterapeuta me lo desbloquea veo las estrellas. Me sentía feliz, “eso”, “ella” se había ido. Felicidad, no miento. Era yo, libre. Increíble, era yo.

Ahora mismo la percibo aquí, debajo de las costillas, en el lado izquierdo. Parece un tumor quejándose.

Le suministro ansiolíticos en un vano intento de que me deje en paz de una vez por todas, pero me temo que ya ha encontrado un cuerpo donde alojarse y me parece que es más fácil expulsar a una tenia.

También la depresión suele ir acompañada de angustia. Ahora no estoy deprimida pero ella sigue conmigo igualmente. Estoy convencida que la tendré crónica de por vida, a no ser que el psicólogo pueda hacer algo a base de terapia. Los psiquiatras sólo pueden recetar pastillas. Y he tomado muchos ansiolíticos, desde hace muchísimos años. Es más, cuando me dieron Valium llegué a engancharme. Parece ser que las benzos (argot, abreviatura de benzodiazepinas) enganchan. Pues lo confirmo.

Si no has tomado Valium y un día recibes 5 Mg para dormir, caes fulminado. Yo tomaba más de 20 Mg al día sin efecto alguno, la Angustia seguía ahí. Dosis de caballo para muchos, para mí simples "sugus". Ahora en mis informes psiquiátricos se cita “abuso de…”.

Pero llegó el Diagnóstico, TB, y me tomé las cosas en serio por fin. Ya no me tomo valiums al gusto, ahora tomo otra benzo (Rivotril) pero según lo pautado. Ser serios es seguir la Pauta.

Sobre el estrés, un pequeño apunte. Es un enemigo, puede que el número uno, para un bipolar. El estrés provoca episodios, fases, ciclos. Hay que huir del estrés. Yoga, meditación, relajación, técnicas a practicar a diario si las conoces. Encontrar trabajos tranquilos, si es que todavía existen. Lo del estrés merece un post aparte, y lo de la pauta también.

Y lo referente al ataque de pánico, capítulo aparte… (¿Angustia II?)

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Pintura: "Angustia", de Oswaldo Guayasimin

MUSICOTERAPIA

MUSICOTERAPIA

El transporte público va lleno de auriculares, y a veces me gustaría “pasearme” por todos ellos, por toda esa música y por todas las sensaciones y pensamientos que recorren a esa gente cuando la escucha, como en la preciosa escena en el metro de “El cielo sobre Berlín” (“Der Himmel über Berlin) de Wim Wenders.

La música transmite emociones, sensaciones, pasiones. Esto lo sabemos todos. ¿Y en ausencia total de sensaciones, qué ocurre? Me refiero a la depresión.

Uno de los síntomas de las depresiones más graves es que se abandona la música. Deja de ser una melodía y pasa a ser un ruido, una frecuencia que ya no es tolerada por tu cerebro, que maltrata todavía más tu psique. El silencio es la banda sonora de la depresión.

Por ello, un consejo para la gente cuando entra en depresión es que no deje de escuchar música, porque activa el cerebro, incluso cuando lo tienes medio desenchufado u off del todo. En mi penúltima depresión sólo fui capaz de escuchar los 11 CD de Chopin que me grabó un amigo. Los Nocturnos, una y otra vez, eran lo único que mis neuronas soportaban.

Poco a poco, Grieg y otros clásicos “tranquilos”. Cuando fui capaz de escuchar a la Callas, no sólo estaba mucho mejor, sino que ejerció efectos terapéuticos sobre mí que no hubiese esperado de ninguna pastilla. Y le sigo agradecida, ahora mismo está en mis auriculares.

Creo que la música de alguna manera ordena nuestras emociones. O las potencia. O a mí me ocurre, y trato de escogerla en función de las emociones que van a sugerirme. Uno de los mis discos favoritos es la banda sonora de “Blade Runner”, de Vangelis. Es un disco que me pongo porque sí, y últimamente cuando no tengo muy claras mis emociones, para “ordenarlas”, porque me da paz interior, y además el monólogo final no tiene precio. Y no me sorprendería que la sensibilidad de Vangelis tuviese origen bipolar.

Si quiero caña para mis neurotransmisores, últimamente "chupo" mucho Peter Gabriel, por ejemplo su último disco “Up” (grande esa canción “Growing up”) o el ya clásico “Plays live”, porque su música tiene mucha fuerza. Quiero hablar de Peter Gabriel en otro post, es algo más que un músico. Kurt Cobain también tiene esa fuerza, no sólo en la música de Nirvana sino en su voz, le leo el alma desgarrada, la que le llevó al final. Aunque tengo toda su discografía suelo acudir al “Unplugged in New York”, otro de mis básicos. Hace 10 años ya que Kurt se pegó un tiro, y por aquí podríamos entrar en el tema del suicidio en el Trastorno Bipolar... todo se andará, pero suelto la “perla”: es nuestra primera causa de mortalidad, sí, es escalofriante saber que un 20% de bipolares se suicida. Ya hablaremos con calma de Kurt y del suicidio, tenemos tiempo.

Debo aclarar que no tenía idea de que Peter Gabriel, Sting, Kurt Cobain y otros músicos tuviesen el trastorno. De esto me enteré después. Y la lista no acaba aquí. Ah, Chopin y la Callas están en las listas de unipolares.

Mis gustos musicales “poperos” van desde Henry Mancini a AC/DC, aunque suelo detenerme más en Police, Peter Gabriel, Prince o como se haga llamar ahora, y U2. Claro, están los Reyes: Beatles, Rolling Stones, Elvis Presley, Bruce Springsteen, Tina Turner. Y los Clásicos: Doors, Led Zeppelín, Deep Purple. Y los Nuevos: Jamiroquai, Blur, Moby, Chemical Brothers. Y los que me dejo… no es una lista ni perfecta (es la mía, a bote pronto), ni mucho menos cerrada, pues tengo tropecientos vinilos, CDs y mp3 de todos los gustos y colores y en 20 años ha llovido mucha música.

Mi generación es evidente, soy un producto de los 80, y me gusta serlo.

¿Qué escucho ahora? En mi mesa está Bryan Ferry (inolvidable “More than this”), “The great american Songbook” de Rod Stewart, “Best of” Talking Heads, Pink Floyd (“Wish you were here”), Lenny Kravitz (“Mama said”) y “The Rocky Horror Picture Show”.

Adivinanza: ¿En qué estado o fase de la enfermedad me encuentro ahora? La música lo dice por mí. Estoy en una hipomanía leve, un pelín (animada) por encima de la eutimia (“normalidad”), es decir, haciendo vida prácticamente “normal”. Escucho de todo, no desprecio nada, ni abuso de música excitante, demasiado fuerte… digamos que no escucho demasiado Metal últimamente. Eso lo dejo para momentos maníacos, cuando las neuronas piden guerra, cuando yo misma soy el Dr. Frank-N-Furter.

Un dato curioso, y para mí desternillante. Este verano, en plena y asquerosa depresión, cuando no escuchaba música alguna, la sonrisa me la sacaron “Del Pita Del” (¿Quién no se fijó en el anuncio del verano? Hasta los depres…) y “Dragostea din tei”, porque me recomendaron el mp3 (aclaro o insisto, no escuchaba la radio ni discos, estaba depre y conscientemente aislada del sonido con tapones). A cuál más hortera, pero les tendré cariño siempre por haberme dado momentos de respiro en un mes, agosto de 2004, que sólo merece el calificativo de “entrada al infierno”.

Del infierno, ya hablaremos. Cuando pueda ponerle banda sonora, quizá.

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Diagnóstico I

Diagnóstico I

Del psiquiatra, sales con una etiqueta nueva, "Trastorno bipolar", un puñado de recetas, y un apretón de manos.
Vas a la farmacia, compras los nuevos fármacos, reparas en que son carísimos (y bendices el descuento de la Seguridad Social), y al llegar a casa, cometes el error de leer los prospectos.

Y lanzas un lamento desesperado: "por Dios, ¿qué me están dando?" ¿Qué enfermedad es esta, por qué me encuentro tan mal, estas pastillas van a curarme? ¡Si son para epilépticos! ¡Debe haber algún error! Y empiezas a buscar por Internet, y encuentras cientos de páginas, la mayoría en inglés, y si llevabas una ensalada mental, multiplícala por todas las páginas que intentas leer sin comprender nada, páginas que hablan de "eutimia", "episodio", "antipsicótico", "euforia"...

Hasta que encuentras un chat. La primera conversación es más o menos como sigue:

yo> Hola, me acaban de diagnosticar, y tengo muchas preguntas... necesito ayuda
una> Bienvenido, aquí somos todos bipolares, pregunta cuanto quieras
yo> ¿Por qué me han recetado un antiepiléptico? ¿Se ha equivocado mi psiquiatra?
uno> No, no se ha equivocado. Los antiepilépticos tienen un efecto estabilizador del humor. Muchos de nosotros los tomamos
(...)

Y dices vale, esto es lo que hay. Y te animan a que te lo tomes aunque sigues teniendo reparos, y también te tomas la otra pastilla sobre la que no has preguntado nada.

Y en media hora ya no eres tú, eres un zombie. El mareo puede contigo. Te preguntas por qué la gente paga para drogarse porque es un infierno estar así. No puedes hacer nada, ni leer, ni ver la tele, ni escribir. Sólo esperar a que pasen los efectos, los de esa toma. Tienes tres tomas al día, tres viajes alucinantes programados.

Los efectos secundarios tardaron unos dos meses en pasarme, es decir, mi organismo tardó eso en asimilarlos y no castigarme demasiado. Tres veces al día, caía en el sopor más asqueroso que haya experimentado nunca.

"Tranquila, el cuerpo se acostumbra, ten paciencia", me decían mis nuevos amigos bipolares. No me sentía sola, y esto es muy importante, porque tenía miedo, miedo a lo desconocido, a esta enfermedad tan compleja que se me revelaba, que me estaba atacando sin piedad...

Lo mejor es que te lo diga otra persona que lo ha experimentado antes, lo reconfortante es saber que no estás sola en el ajo, que un 2% de la población lo tiene y encima tú eres una afortunada por haber sido diagnosticada y puesta en tratamiento. Porque empiezas a recordar, y a atar cables, y resulta que "esto" no viene de ahora, "esto" me ha sucedido mil veces antes, sólo que ahora me dan pastillas para "esto" y antes sólo me medicaban para la depresión y la ansiedad.

Es común que se tarde mucho tiempo en diagnosticar a un bipolar. Muchos son erróneamente tratados como depresivos, porque no han experimentado episodios de manía o no se han detectado las hipomanías. Algo así dicen los manuales. Mi diagnóstico tardó 10 años menos un par de meses en producirse.

Ciertamente, soy de manual. Eso me dijo mi actual psiquiatra cuando le pedí un segundo diagnóstico en la primera visita -¿y si se habían equivocado?-, tranquila, eres una "bipolar de manual".

¿Tranquila?