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Se muestran los artículos pertenecientes a Diciembre de 2004.
Resumen
Primera parte: es baldío maldecir ante un espejo.Parafraseando el proverbio chino: uno es por lo menos tres cosas. Lo que uno cree que es (ve), lo que los demás creen que uno es (lo que ven) y lo que uno realmente es (la cruda realidad). Esta mañana me vestí con una camiseta de estampado psicodélico y cubriéndola, un jersey negro abierto, de cremallera. La falda, negra. Las botas, negras también. El abrigo largo. Las gafas de sol. Y me dije satisfecha: soy Trinity. Entonces, bien erguida y orgullosa, fui al espejo de cuerpo entero, y el resultado fue para desmayarse. No era Carrie Ann-Moss, -que tiene mi edad-, sino Rocío Jurado –algo más madura-. Maldición. Los pantalones de cuero y con ellos el resto de vestuario han sido donados, y espero que quien lo haya recibido lo disfrute. Una de mis mejores amigas se llevó parte del pastel, lo que me produjo infinita satisfacción. Porque ya estoy asumiendo, entre otras cosas que todavía no he asumido o estoy en ello, que no voy a volver a conseguir la talla para disfrazarme de Trinity de Matrix o de mujer marca Cosmopolitan. Las pastillas engordan. La cerveza también. Comer cuando te da la gana cualquier cosa, lo mismo. El sedentarismo de la depresión, el perfecto detonante para no solo no bajar de peso, sino aumentarlo. 12 KILOS. A principio del verano, tuve un gran problema con mi autoestima por este tema, apenas soportaba mi figura en el espejo. No sólo señoras con buena intención me habían preguntado de cuánto estaba embarazada varias veces (“no señora, sólo estoy gorda”), sino que realmente lo parecía: le pregunté a una amiga que ha parido recientemente, y "me echó" seis meses . El verano empezaba con el armario vacío, nada era de mi talla ya. Me vestí con dos prendas que me compró Madre, porque yo no estaba para ir de compras, en plena depre. Mis amigas bipolares -podríamos constituirnos en un harén de focas marinas- afirman aceptar el sobrepeso después de pasar un largo tiempo con él, de haber tenido también problemas con la autoestima… pero finalmente valorar que ese efecto secundario de las pastillas es el pequeño precio a pagar por el gran beneficio de la eutimia, y declaran algo así: “gorda, vale, pero estable”. Pero claro, yo estoy gorda y no estable, o sea que no lo llevo del todo bien. Ok, una vez más estoy pasando por el tubo. Jode dar toda tu ropa, la que has comprado durante años, la que te gustaba y conformaba tu estilo. Y jode más tener la necesidad de llenar ese armario vacío y gastarte una pasta que no tienes en hacerte con cuatro prendas decentes. Y digo decentes, porque el pasado invierno, ya con mis kilitos de más, como estaba depre sobreviví con ropa de mercadillo de algodón, camisetas y pantalones con un cordelito -ideal para no preocuparse por la cintura-. Como Trinity en la “vida real”, fuera de Matrix, a bordo de la Nabucodonosor, con harapos. El pasado invierno depre vestí dignamente únicamente dos o tres días, por compromiso, por cojones, con lo único presentable que sobrevivió a la criba: un conjunto de punto y un pantalón negro misteriosamente elástico. Pero ahí viene el Péndulo, y un año después, para las mismas fechas, la situación es que he ciclado a hipomanía. Ya no estoy depre, este invierno no, qué respiro. Y quiero vestirme como la persona que era cuando hacía vida normal, mirarme al espejo y ver a una gordita que con ropa normalilla –me niego a embutirme en un top para lucir ombligo- pero de calidad está resultona. Tengo por ahí las cifras: he gastado un pastón porque la media de cada prenda rondará los 40 euros, y compré unas 6. Y una tarde hipomaníaca total me gasté un dineral en dos bolsos que me parecieron divinos e imprescindibles. Ya he advertido a mis amigos que no me dejen hacer compras caprichosas, que es la enfermedad atacando. Mitad, necesidad real de vestuario. Mitad, compras impulsivas hipomaníacas. Este octubre ha sido mi bancarrota. Y mi psiquiatra me ha prohibido fulminantemente que siga comprando, “no te justifiques”, y me hizo callar, porque en mi entusiasmo incluso le había enseñado la camiseta -divina, irresistible- recién adquirida al lado de la consulta. De camino a cualquier parte en el centro ya se sabe que hay tiendas... escaparates, tentaciones. Segunda parte. Cómo bajar esos kilillos.El psiquiatra sigue insistiendo -lleva un año- en que haga ejercicio, si, y el traumatólogo, la endocrina, el podólogo y el médico de cabecera, y seguro que algún médico más. Caminar y natación, coinciden todos. Parece una conspiración, la única diferencia es que unos dicen que camine media hora y otros una hora entera. No me queda más remedio que apuntarme de una puñetera vez a la piscina. Además, dicen que la natación es el mejor ejercicio para el TB, relajación del sistema nervioso central creo que es el motivo. Caminar…esto me cuesta hacerlo sola. Cuando he estado depre, han sido mis amigos los que me han sacado de casa, venirme a buscar expresamente para dar el paseo, cómo se lo agradezco. Finalmente y por consejo de una amiga, ahora que por fin puedo salir sola pero me agobio en seguida -me aburro y doy media vuelta-, hacerlo en compañía del discman, en mi caso todavía un walkman. En mi walkman se ha aposentado el “Plays live” de Peter Gabriel, aunque llevo de recambio a David Bowie. Fui con esta amiga a comprar un podómetro. Cuando he paseado con ella, ha marcado 4 km. Cuando estoy sola, la cosa se queda en 2 km. Lo de caminar tiene otro efecto beneficioso: el aire libre, y la luz. Un bipolar ha de recibir luz, media hora al día mínimo. De todos es sabido que en los países nórdicos, donde la luz escasea, aumenta el número de deprimidos, y la fototerapia uno de los remedios. Aquí la luz es gratis, tenemos suerte. Aplicando el proverbio chino: una es por lo menos tres cosas. Lo que una cree que es (Trinity, en hipomanía), lo que los demás creen que una es (una embarazada) y lo que una realmente es (una mujer con sobrepeso debido principalmente a la medicación). Resumen del caos (¿qué esperas de un post insomne?): que no soy Trinity, que he de hacer ejercicio para seguir con mi programa de "rehabilitación" bipolar y de paso bajar el sobrepeso, y comprar ropa de mi talla para sentirme de nuevo bien, sin convertirme en una fashion victim. Ah, no he comprado zapatos. Todavía. . . . . P.D. Ya son las 6.30, ya queda menos… he aguantado chateando con Semeolvida, escribiendo, bebiendo té, y escuchando todos los remixes que pululan por mi directorio Soulseek. El insomnio se está dejando llevar muy bien, la factura la pagaremos después. Jueves, 1 de diciembreHoy no he parado, ya os dije ayer que tenía la agenda llena. A primera hora mi cara era lamentable, por fortuna durante el día se ha ido arreglando, he hecho lo que debía y he conseguido no dormirme de pie. Incluso he conseguido escribir tres borradores, futuros posts para el blog. Ahora no puedo subir nada, porque los tengo en la libreta y a estas horas (¿recordáis que ayer no dormí?) no me apetece transcribirlos, pulirlos, corregirlos, consultar diccionarios, eliminar errores, añadir matices. Una vez escritos, releerlos, para comprobar que han cumplido su objetivo. Reconocer que ese escrito puede para empezar, interesar, y además despertar emociones o reflexiones en vosotros, incluso imaginarme cuáles. De postre, seleccionar entre millones de imágenes una que crea que identifique al post y que no supere los 20 Kb. Es urgente un curso de edición fotográfica. Etc. Ahora no, se acerca la 1 de la mañana y me caigo de sueño. Buenas noches. Viernes, 2 de diciembreAyer no colgué ni el post que estaba ya “listo cocina” ni el mini-post porque cuando estaba ya en las puertas de insertarlo, las pastillas hicieron su efecto -llámalo desconexión súbita del mundo- y tuve que ir a la cama cagando leches, casi ni me dio tiempo a cerrar el pc. He dormido 12 horas, y ahora el cuerpo me pregunta: nena, ayer nada y hoy te has pasado, ¿qué es esto, a ver? Esta mañana, he cancelado compromisos. Esto me duele mucho. Tengo médicos esta tarde, y no puedo faltar. No me aguanto. Estoy agotada. El insomnio pasa factura, y de las gordas, a quien tiene que dormir religiosamente sus 8 a diario. La última vez que fui víctima del insomnio, hace ya tres semanas, tardé cuatro días en recuperarme. Me tomo un descanso de blog. Esta tarde, si llego entera a casa, quizá postee. Notición: gracias al brainstorming, ya tenemos nuevo nick. “Can-ne”. Tenía que ser Kidam el culpable, cómo no :))) 22.46. Llego tarde, cansada, y hasta los.... He tenido un día de aquellos de ley de Murphy. Necesito autoafirmarme... Nada de cambios. Mi nick es "Carne de Psiquiatra" y a volar..  Es viernes tarde, tengo que hacer la compra si no quiero perder medio sábado en ello. Además, esta noche hay fiesta. TENGO QUEIR. Llevo más de un mes plantando a mis amigos, y hoy he decidido que se acabó, que esté como esté, voy para que sepan que sigo viva. Siempre me encuentro mal, les dejo tirados cada semana. Es tarde ya, me he entretenido, me esperan mis amigos y me llaman de nuevo para recordármelo. TENGO QUE Ducharme, no puedo ir a una fiesta con el sudor de todo el día. TENGO QUE Secarme el pelo, intentar que parezca un peinado “de fiesta”. TENGO QUE Repasarme las uñas con la lima. Esto no estaba previsto. Tic-tac, tic-tac… TENGO QUE Vestirme. Decidir con el armario abierto qué me pongo y empezar a probarme piezas que no me satisfacen y voy tirando en la cama. Ponerme nerviosa porque no me satisface nada. Tic-tac, tic-tac… TIENES QUE decidirte de una puñetera vez. Ponerme cualquier cosa. TENGO QUE Decidirme por la primera colonia que veo. Tic-tac, tic-tac… colgarme los segundos pendientes que caen en mis manos, no hay tiempo de probarme más. TENGO QUE……¡¡¡¡ ESPABILA NENA!!!SALIR. Y de repente, me entra. Se me caen todos los TENGO QUE encima. Mi corazón late cada vez con más fuerza. Me ahogo. Abro la ventana en un vano intento de respirar. Me quedo inmovilizada, me siento en el sofá, llaves en mano, sin quitarme el abrigo. No me lo quito, porque estoy destemplada. No tengo temperatura, se ha vuelto loca. Sudo. Frío en la frente. Me duele el pecho. Mucha angustia, demasiada, al mismo tiempo, no me cabe toda. Me duele el brazo izquierdo. La taquicardia es insoportable. No puedo hablar y el teléfono está sonando. TENGO QUE cogerlo, son ellos, quizá hayan cambiado el lugar de encuentro. Pero me importa un bledo ahora mismo. Porque VOY A MORIR, el corazón se me va a resquebrajar. (Ahora suena algo de Pink Floyd) No, no te vas a morir, ya lo sabes. No es el primer ataque de pánico. Ya sabes qué debes hacer. Llevas un Valium 10 en el monedero precisamente para estas situaciones. Póntelo debajo de la lengua, actúa más rápido. Deja pasar unos minutos, 20 o 30, hasta que el pulso se normalice, el dolor en el pecho y en el brazo cesen, y puedas incorporarte, cuando la debilidad sea menor. Llama diciendo que vas, pero tarde. Aguanta la bronca. TENGO QUE ir. Aunque ahora me haya sumido en el inevitable bajón y lo que más me apetezca es descansar en la cama, no participar en una fiesta de cumpleaños. Salgo de casa todavía débil pero muy agitada, puro nervio. Como sea, TENGO QUE llegar. La fiesta continúa, en el siguiente post… qué Fiestón… fue un éxito de público, de comida, de música, de drogas, de todo lo que una buena fiesta debe preciarse. . . . . . P.D. Mi primer ataque de pánico fue en noviembre de 1994. Madre me llevó a Urgencias con lo que yo suponía era una angina de pecho, estaba haciendo testamento durante el camino. Pero un diazepam sublingual obra milagros. Más tarde he sabido que aunque la sensación es de taquicardia y de angina de pecho, el ataque de pánico es otra historia, son mecanismos diferentes. Es decir, que por mucho que sea evidente que el corazón explota, no lo hará realmente. . . . . . Imagen: fórmula del diazepam (valium)  Y sí, llego a la fiesta. Saludos, besos, regalos. Todo bien. Nadie nota nada, que estoy tensa y hecha mierda, que no voy a ser del sector enrollado del lugar sino que me voy a ir a una esquina del sofá. Hay quien fuma porros. Otros van a la cocina en parejas, y en rebaño, allí es donde está la fiesta, no sé cuántos gramos. La anfitriona me ofrece una porción del pastel de cumpleaños. Es casero y hace muy buena pinta. Supongo que la felicito, porque ha cocinado todo el día, no sólo el pastel sino un bufé de diversos platos, todos cocina exótica: japonesa, libanesa... de muy compleja elaboración. Seguimos charlando, contando chistes, conociendo tímidamente a los nuevos nombres de esta noche. Me siento más suelta y sociable ahora. La fiesta se anima, suena música petarda y los "viejos" entramos en la nostalgia de la Fiebre del Sábado Noche. Joder... me entero de que el pastel llevaba marihuana. Si lo sé no lo como, porque no estoy católica, igual me entra otro ataque. Ya debe estar haciendo efecto, claro, bailas y ríes. Y cambian de tercio. Marilyn Manson, cómo podría olvidarlo. Me encontraba muy débil, pero eso fue antes, ahora ya no, ahora soy pura energía. Me he convertido en un monstruo que baila a saltos y hace lo imposible con las cervicales. Soy una diosa, tengo poder, mi cuerpo es atlético y me obedece. No, no me obedece a mí. Dionisos se ha manifestado, me posee, y va acompañado de una buena cohorte de demonios, todos pidiendo guerra. Llama a todo eso CRISIS MANÍACA. Libero de paso a mis propios demonios, mis movimientos se transforman del baile al paroxismo. No recuerdo haber bailado así nunca, en mi estilo pero en un grado mucho mayor. No me grabaron en vídeo, no tengo pruebas... prefiero que sea así, no me gustaría verme. Hubo quien se asustó, claro, los demonios hacen eso, ¿no? Mi momento crítico pero glorioso acaba -por fortuna todo pasa- al poco tiempo. Vuelve la debilidad, y esta vez es fulminante, los demonios me han dejado exhausta. Me caigo, me hacen sentar. Vomito el poco alcohol que he bebido (después de un ataque de pánico no hay ganas de emborracharse, una controla). Mis amigos me miman, me animan, me acompañan al balcón y se turnan para acompañar sin agobiar. Estoy sudada, lívida y me falta el aire otra vez. Y ese vacío en las sienes… las recorre un frío seco, que se da una vuelta por la frente en una náusea. Estoy callada, no puedo hablar. No me asusta ese malestar, porque es similar al de una borrachera, pero sí lo que empieza a ocurrir ahora… es mi cabeza la que está empezando a dar vueltas, al mareo (¿el baile frenético? ¿la maría?) se incorpora Algo nuevo. Mi mente se está colapsando de ideas, las ideas llueven y no me dejan en paz, cojo más aire y sólo intento que las espiraciones (no, no expiro, aunque me lo parezca otra vez, antes me estalla el corazón y ahora el cerebro) expulsen ideas, que no verbalizo, ni que quisiera porque no tengo tiempo para ello, se suceden e interaccionan encadenadas e inconexas. Tiro la cabeza hacia atrás, refresco o me refrescan la nuca y la frente, pero lo que se mueve en mi cabeza sigue sin piedad. No me recupero ni con remedios caseros ni con tiempo de reposo, y apenas puedo andar, me han desenchufado, mis demonios se cansaron de bailar y me han dejado tirada. Pero mi mente sigue en estado alterado de conciencia. Y por fin me sacan de la casa. Durante el viaje en coche, experimento la marihuana más la taquipsiquia en silencio, un viaje mental alucinante y maníaco, mientras se sucede un viaje de veinte minutos en coche… Las luces de la autopista, las antenas de telecomunicaciones en la montaña al fondo… salto entre ellas. Veo e imagino cosas fuera de lo común, los delirios se suceden. Hablo a gritos, no recuerdo lo que digo ni lo oigo apenas, resuena en mi interior. Parezco estar poseída por algún diablo. Mis amigos están muy asustados, lo sé porque están en completo silencio y ni siquiera han puesto música, y sólo hablo yo de vez en cuando, recuerdo haber pedido música. Nunca me habían visto así, yo tampoco a mí misma. ........ Ese día no fue la primera vez que tuve un ataque de pánico, no fue la primera vez que el TENGO QUE se me cayó encima en un ataque, ni fue la primera vez que probé un pastel de marihuana, ni siquiera fue ni mucho menos mi primera fiesta maníaca. Pero la Taquipsiquia, sí fue la primera. La taquipsiquia, también llamada “fuga del pensamiento”, es un síntoma maníaco por excelencia. La mente se dispara, se acelera sin control alguno por tu parte produciendo ideas que tampoco puedes controlar. Las ideas te bombardean sin cesar, en fracciones de segundo -un segundo ahora es una hora-, convirtiendo tu cerebro en un haz permanente de destellos de todos los colores. Dura lo que quiera durar, horas incluso. La primera vez, piensas que te has vuelto loca. La última que tuve fue duradera –tres días, a ratos- pero no salvaje, más controlable, y por ello la aproveché para escribir algo curioso. No he vuelto a probar marihuana, y mis amigos ya saben por qué no TENGO QUE. Evidentemente, ahora bajo tratamiento tengo prohibidas esas sustancias. Ese día yo no sabía nada, todavía no estaban en la lista de "prohibidos", pero intuía que no me sentarían bien, porque ya me encontraba muy mal para esas fechas. Y están prohibidos porque los tóxicos (así los llaman los psiquiatras: drogas, alcohol...) desencadenan cosas tales como crisis maníacas. La Manía es algo que han visto mis amigos "en acción". No sabían, ni yo, que lo que veían era efecto del tóxico, no el efecto borrachera o cuelgue, sino el efecto Manía, síntomas maníacos. Sé que les he asustado cuando esto ha sucedido, que no sabían qué hacer, lo sé, me lo han dicho. Menos mal que no podían meterse en mi piel, en mi mente, eso sí que les hubiese aterrorizado. Esta historia está basada en hechos reales sucedidos en marzo de 2003. No he acudido a mis diarios para entrecomillar lo que escribí entonces, aunque desde luego sería mucho más interesante, ni voy a hacerlo, de momento prefiero revivirlo con el filtro del tiempo. Fueron Meses Oscuros, en los que estuve ciclando de Manía a Mixto pasando por Depresión, muy rápidamente además, no estaba diagnosticada y seguía tomando los antidepresivos que me recetaban bajo el diagnóstico “depresión”, que no pueden darse a un bipolar porque precisamente le hacen virar a manía. Este post sólo puede ser ilustrado con algo psicodélico. Un fractal. Me fascinan los fractales, hace años ya. Y muchos ilustran muy bien los estados alterados de conciencia. Este es creación de Sven Geier y le llamó "este es tu cerebro bajo drogas"  El Foro de Bipolarweb es, sin duda, el punto de encuentro de la comunidad bipolar hispanoamericana. Bipolarweb fue creada el año 2001 por Sonsoles y Juan de forma privada y desinteresada. Tengo el orgullo y honor de haberles conocido en persona, y he comprobado por mis propios ojos que se trata de gente que transmite no sólo generosidad y altruismo, sino esa pasta necesaria para embarcarse en un proyecto que, modesto como todos en sus inicios, en estos momentos representa un Movimiento social internacional, un proyecto de gran envergadura, que sigue creciendo y va a constituirse en una Fundación. Soy miembro de este Grupo de ayuda virtual desde mi diagnóstico. Allí, y en charlas privadas con algunos miembros, no sólo he aprendido casi todo lo que sé y sigo haciéndolo día a día (algún libro he leído también), sino que en tan sólo un año y pico he hecho amistades muy queridas y valiosas. Y saliendo de la virtualidad en algunos momentos, quedando con ellos en persona. Sonsoles no sólo es la moderadora, sino el alma del foro. Siempre tiene una palabra acertada para contestar a los posts más variopintos, y en cada una de sus respuestas destila una dulzura y generosidad poco comunes. Aunque también se pone dura cuando hace falta. Sonso es la jefa, la reina, “la manager” la llaman a veces, la paciente con más canas en la materia, a fuerza de años de sufrimiento y de una formación continua. Ya es invitada a congresos de psiquiatría. Ahora está pasando por un mal momento y todos esperamos que vuelva pronto y le mandamos mensajes con ese deseo y muchos abrazos llenos de amor. Juan es su pareja, y es el webmaster, por amor al arte y a su mujer, desde luego, porque son una pareja genial. El foro está vivo las 24 horas del día. Por la noche la actividad proviene básicamente de Sudamérica y de algún insomne desesperado. El registro de visitas arroja datos de visualización de países tan exóticos como remotos, y un número aproximado de 10.000 visitas diarias si no recuerdo mal. ¿Existen realmente 10.000 bipolares –más familia, más amigos- conectados a Internet? No, muchas veces el mismo usuario entra en diferentes momentos del día, para seguir las actualizaciones, indagar qué le habrán respondido a su propio post o a ese chico nuevo que pide ayuda… Hay muchas entradas al foro cada semana, un goteo de nuevos diagnosticados o bipolares que la descubren, incluso la aparición en público de un bipolar que hasta la fecha había sido lector pasivo. Hay gente que va y vuelve, como sus fases. Por lo común, el bipolar tipo se acerca al calor de la página cuando tiene problemas o está en fase depresiva. Yo misma he estado allí a diario mientras estaba muy pero que muy enferma. Los que remiten, por fortuna, olvidan que son bipolares las 24 horas del día, que dedican a otros menesteres, y saludan de vez en cuando. Los posts son variados. Como decía, los de bienvienida. Otros, “reportes” (informe de actividades y estado anímico, supongo que lo de “reporte” por influencia del otro lado del charco) que sus miembros realizan periódica y voluntariamente. Algunos son preguntas sobre la enfermedad (síntomas, fármacos…), otros son reflexiones acerca de cómo llevar el TB. Posts que hablan de lo cotidiano del trastorno bipolar. De ánimo. De desesperación. De tristeza e impotencia. De alegría tras la salida de un ingreso. De problemas concretos que da la condición bipolar. Si alguien quiere ver a bipolares "en su salsa", que asome por el foro y lo siga 24 horas. Respirará solidaridad, empatía, cariño y las fuerzas que se dan los unos a los otros. Porque en algún momento, todos se han visto reflejados en la piel y en la mente del que lanza un grito desesperado. Y dicen “pasará, ya lo sabes, y te damos todos nuestros ánimos”. Es incluso emocionante contemplar cómo a un mexicano le responde una madrileña, una chilena, una mexicana afincada en USA y un valenciano. Es una hermandad sin fronteras. El sentimiento predominante en el foro es el de lucha, el seguir adelante pese a todas las dificultades, el de dar un empujón moral y emocional al que está mal para que siga en el camino. El que está "bien" o simplemente "mejor" también postea, es un ejemplo vivo de que “de ésta, se sale”. Circulan pocos maníacos por el foro, obviamente están viviendo su Fiesta y el foro les parece ahora un paño de lágrimas, cuando no una reunión de desgraciados. Porque es demasiado fácil olvidar, y se da el caso, pero tú has pasado por ahí y lo más seguro es que vuelvas. Lo que sí abundan son amigos y especialmente familiares y parejas de bipolares, esas parejas que sufren las extravagancias de “sus” maníacos. Y también los novios, incluso pre-novios: “he conocido a alguien que me gusta y me ha dicho que tiene TB”, todos ellos acuden al foro, y desaparecen, y con otros nicks la historia se va repitiendo. Aman a “sus” bipolares, y quieren entenderles mejor; y por supuesto, ellos también requieren del apoyo psicológico de la comunidad porque la convivencia con un enfermo en un episodio tanto de manía como de depresión puede acabar con la integridad psicológica de cualquiera. Hay reportes tristes, por ejemplo los que hablan de ingresos por intento de suicidio. Y los respiros, los que nos hacen olvidar la crudeza del asunto, off-topics, como los “chistecillos” que la insomne Semeolvida, familiar de bipolar, suele colgar para que por las mañanas una de nuestras primeras emociones sea una sonrisa. Y anécdotas. A un bipolar pueden pasarle cosas muy, pero que muy curiosas. Burbuja de Primavera es sin duda la reina de este género. Su hijo, Equis, ha heredado la enfermedad y está estudiando en la universidad con normalidad, como su madre, que echándole un par decidió matricularse para acabar esos estudios interrumpidos por algún episodio de su biografía, tan intensa como agridulce. Posts con mensajes de autoayuda, poemas de Neruda o Benedetti. Posts que dan de lleno en el clavo. Hay mucha lucidez en ellos, y también sentimiento, eso es ser bipolar. Una vez leí la descripción de una taquipsiquia, lluvia de ideas, idéntica a la que experimenté una vez en manía. Suelo guardar mensajes como éste, que me impacten especialmente, y suelo perderlos en algún formateo (yo y la Ley de Murphy). En el foro no suele hablarse de religión para evitar conflictos, pero alentador observar cómo los creyentes se aferran a su fe cuando el resto del mundo se les cae encima, y les reconforta. No están solos. Ha habido broncas por muchos motivos, por supuesto, no todo es concordia en el Foro. Las relacionadas con la religión me han hecho comprobar que realmente España es ahora un país laico, frente a una Sudamérica (representada por un pequeño porcentaje que no hace válida la tesis) más creyente. También ha habido expulsiones. Pasa en las mejores familias. Porque hay unas normas claramente expresadas en la página que conduce al foro. No se tolera el insulto o el desprecio sistemático, esto es de cajón, y la Administración debe hacer cumplir en ocasiones las normas que uno acepta cuando pulsa el botón-puerta del foro. Por ejemplo, un bipolar que no sigue tratamiento psiquiátrico o se lo toma a cachondeo definitivamente no puede ser miembro de la comunidad, porque ejerce una mala influencia en el resto, y el resto es bipolar, por lo tanto muy sensible y sugestionable. Refranes, proverbios, cuentos sufíes. “Perlas” breves que nos hacen reflexionar y crecer. Preocupación cuando alguien no da señales de vida, alarma, movilización, lo más discreta posible. Me dijeron que había sucedido una vez, al principio. Un chico se suicidó, y todos quedaron muy afectados. No ha vuelto a suceder, que se sepa. Pero hay una inquietante foto en la sección “Fototerapia” que no ha escrito un solo post en el año y pico que llevo allí. Hay otra sección de la página, el SOS, que recibe gente nueva, gente que se acerca al foro pidiendo Ayuda a Gritos. El SOS está compuesto por voluntarios que a diario hablan con ellos y han salvado más de una vida. Y es agotador estar ahí al pie del cañón, Pepa y Asmelgar tienen esa pasta especial también, altruismo y amor por la gente. La filosofía de la página es la de divulgar la enfermedad –las secciones contienen abundante documentación sobre el TB- y cómo convivir con ella, las normas que un bipolar debe aceptar y poner en práctica si quiere mejorar y finalmente remitir. Imprescindible para empezar, el tratamiento psiquiátrico (pastillas), complementada si es posible con una terapia paralela de tipo cognitivo-conductual, y en especial, seguir los hábitos correctos, por supuesto no caer en lo prohibido. Y no es fácil seguir estas normas, se machacan constantemente en los posts. Nunca se cansa Sonsoles de insistir en la importancia de regular el sueño, de comer sano, de hacer ejercicio, de relacionarse con el Mundo además de con otros bipolares. Es fácil hacer del foro tu familia y “vivir” allí, porque ellos te entienden y el resto del mundo no. Pero el foro es virtual, y de nuevo se insiste periódicamente en que se ha de hacer vida real, y recibir también apoyo real de personas cercanas de carne y hueso. Y de vez en cuando se aparta temporalmente por su propio bien a alguien que presenta síntomas de estar “enganchado” al foro, y por supuesto se le da la bienvenida cuando pasa esa semana o mes. En el foro cada día sucede algo, y se aprende algo. El foro está vivo, funciona como un árbol que crece, que asienta cada vez más sus raíces, que mima a sus brotes. Hace un año que participo allí activamente. Si algo me gusta y me interesa a la vez, me tiro de cabeza sin reparos (impulsividad, qué aburrida sería la vida sin esas decisiones). Al principio, mi inmadurez se traducía en ignorancia; poco a poco, fui encontrando mi lugar en la comunidad, soy una más que inicia algo con un post, contesta otros, se reporta de vez en cuando, y suelta alguna que otra parida “marca de la casa”. En su día ya hice público un mensaje de los muchos que he posteado de agradecimiento al Foro, cuando “celebré” el primer aniversario de mi diagnóstico. No es momento de agradecer al foro ahora, de mirarse al ombligo y congratularse perpetuamente de ser miembro, es hora de responder a esa mujer que de repente nota cómo su marido “se pierde”, de alentar a quien ha encontrado un trabajo y se siente inseguro, de llorar junto con alguien cuando es lo único que puede hacerse. El foro fue mi familia de adopción en los primeros y duros momentos: yo sufría un episodio muy grave, al que había precedido una manía igualmente grave, que estaba pasando “a pelo”, sin medicación, sin tratamiento. Les conocí en el chat, como relaté en un post anterior ("Diagnóstico"), y desde entonces, en esos primeros y durísimos meses, ellos se constituyeron en mi consejo, mi apoyo y sostén, Pepa, Asmelgar, Perico, Burbuja, Josep CFJ, Sonsoles… siempre te dejas injustamente a alguien en las listas, y si no volved al post “musicoterapia”. No soy de las “viejas” todavía, pero sí me considero más veterana y madura. Y trato de dar lo que en su día recibí yo, “un día por mí, otro por ti”, es un lema que a menudo usa Pepa, el lema no escrito del foro. Quiero ser yo la que ayude ahora, e intento hacerlo, aunque también sigo posteando mis malos momentos. Desgraciadamente, sigo teniendo tiempo libre porque ni puedo ni me dejan trabajar, de forma que poco a poco se fue gestando la idea de crear este blog. Paralelo a otros proyectos de tinte bipolar que tienen relación con Bipolarweb. MI BLOG NO ESTÁ DIRIGIDO A BIPOLARES, PARA ESO ESTÁ BIPOLARWEB. Mi blog está dirigido a los no-bipolares. A unos cuantos, en especial. Los que más me importan en mi VIDA REAL. MI FAMILIA Y MIS AMIGOS. El blog es joven, pero está cristalizando. Llevo un año en tratamiento y ahora que el trabajo realizado en la terapia ha dado una vuelta de tuerca –y se ha producido un ingreso que les ha puesto a todos en guardia- he sentido la necesidad de exteriorizar, de comunicar, de aproximarme a esas personas que tanto quiero y tan poco me conocen interiormente –exteriormente, por supuesto, los síntomas me poseen- bajo los efectos de la enfermedad, EN MI VIDA REAL, desde este nuevo Yo que emerge tras la Gran Manía, tras el diagnóstico, esta persona que esos seres queridos van a seguir tratando, a veces -diariamente- tolerando :(((, y muy probablemente cuidando :(((((((( A ellos quiero acercarme, porque la enfermedad me encerró en mí misma, en mi orgullo y vanidad. Me creía autosuficiente, no necesitaba ayuda alguna, yo me bastaba y además lo hacía bien, a mi aire, pasando olímpicamente de toda mi familia, haciéndoles malas caras incluso, plantándoles en banquetes familiares (no voluntariamente a veces,la enfermedad es implacable)… un desastre, una oveja negra, y de las bordes. Ahora me siento más humilde, más humana, más abierta a reconciliarme con el Mundo en general, y con este pequeño conjunto de personas, en particular. Cuando escribo en el foro, mi nick “guerrero” lo hace para la Comunidad, la Familia Bipolar. No he abandonado el foro por el blog. Ni lo haré, cada cosa tiene su lugar. Ni quiero que nadie se apalanque en esta página, su lugar está en el foro. Bienvenidos sean los lectores, y mis amigos bipolares en especial, no me malinterpretéis. En el blog, reitero, escribo para los Míos, y ahora también para estos transeúntes que, con grata sorpresa para mí, se sienten atraídos por nuestra enfermedad y modo de ver la vida. Y entre los Míos, los que durante más de 20 años compartimos techo. Esos son los que más me preocupan, y ellos los que más se preocupan por mí. Intento torpemente acercarme a ellos, y no he encontrado todavía las palabras que necesito, que se resisten a encajar entre sí. Tengo una “Carta a mi familia” enfriándose, en su versión 7, y es un escrito muy difícil, el más difícil que haya hecho nunca. Esas palabras son las que persigo, mientras como dice un amigo, “hago brainstormings” en el blog. Darse a conocer significa, más pronto o más tarde, salir del armario. No es una idea hipomaníaca, sino una decisión que debí tomar hace meses sin reparar en ello, como cuando ciclo porque sí. Pero no sé cuándo saldré del armario. Pronto. Y entonces es cuando un crío te pregunta: “pronto, ¿cuándo es?” Pronto. No hay otra respuesta.  Al principio, cuando estás hecha polvo con un diagnóstico que no sabes por dónde coger, y en un episodio mixto que te va clavando puñaladas por todos lados, una de las cosas que te dicen para animarte es: mira, Van Gogh fue bipolar, y también lo fueron Miguel Ángel, Leonardo da Vinci, Mozart. Genios. No sólo no estás desamparada porque hay más como tú, sino que además has entrado en un club muy especial, de seres muy sensibles y creativos. Lo que te desconcierta más, si cabe. Mitos aparte. El bipolaris vulgaris no es un genio. Tiene sus dones, sí, quizá, como otros humanos no bipolares. Porque los hay que dicen que no tienen capacidad creativa, y se lamentan por ello. Pues no, tener bipolar no es sinónimo de nada. Pero muchos bipolares escribimos, en el foro para empezar. Bipolarweb creó un “escaparate literario” como sección para mostrar las creaciones de los miembros del foro, y es interesante darse un paseo por allí, pasando por alto las faltas de ortografía (no tiro la primera piedra, pero algunas me enervan). Estos dones, esta creatividad asociada al TB, ha sido estudiada en profundidad por la terapeuta Kay Redfield Jamison en "Marcados Por El Fuego. La Enfermedad Maniaco-Depresiva Y El Temperamento Artístico” (FCE. México, 1993). No he leído todavía el libro, pero solo el título me fascina. Ella no sólo es terapeuta sino que además tiene bipolar, por tanto sabe perfectamente lo que se siente cuando de repente eres tocado por el Fuego, ya no el de cada día, sino el momento en que te asalta la creatividad como un impulso irresistible y te ves en la obligación apremiante de parir una canción, un cuento, una pintura, un proyecto para reformar una vivienda, incluso un humilde post para un blog. Yo he experimentado el Fuego. O un fueguecillo, y me considero una afortunada por ello. Es el lado bueno de la enfermedad, que si has sido tocado con un don puedes llegar a destacar en tu ámbito profesional, o a expresarte mediante el arte, o ambas cosas. Lo del arte hay que cogerlo con pinzas. Aplíquese la "Ley de Sturgeon": el 90% de todo es basura. Como en todo, destaca un pequeño porcentaje y de ese resultado, sólo vale la pena lo que puede contarse con los dedos de una mano. Y esto vale para bipolares y para no bipolares. Efectivamente, no ganaré el Nobel de Literatura. Escribo para mí y para mis amigos, y eso ya significa mucho para mí. Tengo entendido que en un país europeo, quizá el Reino Unido, se hizo un estudio entre ganadores de premios literarios, novelistas y poetas, y la bipolaridad “tocó” a un 90% de ellos. Dejémoslo en un comentario, porque no puedo ofreceros ningún enlace que os cuente la historia verídica, y agradecería el enlace si alguien lo encuentra. Circulan cien listas de bipolares famosos por Internet. Es tan fácil como poner las palabras “famous” y “bipolar” en Google. En inglés, claro. Las listas son sajonas. En Hispanoamérica no existen listas, no busquéis. Los españoles… están en el armario. Encontraréis bipolares famosos en todas las áreas: escritores, pintores, músicos… y también en los negocios. Ted Turner, creador de la CNN, todo un imperio de los medios de comunicación. Este impresiona, ¿eh?, es un magnate, y es público y notorio que tiene TB, y qué. Le importará un cojón que se sepa. A mí me produce orgullo esa actitud, yo hago bien mi trabajo y si tengo esto me la sopla, me tomo mis pastillas y sigo ganando millones. Hay cineastas, Francis Ford Coppola, sin comentarios. Y muchos actores. Sally Field, leí el artículo donde salía del armario. Que han interpretado papeles tan nostálgicos como la novia de Superman ( Margot Kidder ) o la Princesa Leia de Star Wars ( Carrie Fisher ). Robin Williams y Jim Carrey me vienen a la memoria, por ejemplo. Estos últimos son expertos en emociones, Sally Field también. Me gusta mucho Robin Williams, porque borda los papeles humanos en todo el espectro de emociones y sentimientos, mientras que Jim Carrey no tiene dificultad alguna en interpretar la dualidad y en especial a un maníaco -que a veces se confunde con un payaso, de ahí que tenga papeles muy tontos en películas mediocres-, y quien albergue dudas de lo que puede hacer un bipolar representando a un maníaco, le recomiendo que visione “La máscara”. Hay muchísimos músicos. Para no sobar más a Sting o al pobre Peter Gabriel, hoy me quedo con Cole Porter. Hay en cartelera una película sobre su vida que al parecer sólo exhibe su condición homosexual, no la bipolar. Eso me han dicho, intentaré verla de todos modos, porque sus composiciones no sólo me gustan ("I've got you under my skin", imprescindible), sino que han sido interpretadas por las voces más Grandes: Frank Sinatra, Ella Fitgerald… Encuentras multitud de escritores, algunos premios Nobel. Virginia Woolf, Herman Hesse, Arthur Christian Andersen. Hesse y Andersen están entre mis favoritos, y cuando vi esa lista al principio de mis andaduras bipolares, sí que me acojoné viva. Tus libros favoritos, “Demian”, tus cuentos favoritos, “La sirenita”, cómo no, bipo tenías que ser, chata. Empecé a creérmelo entonces. En España hay más rumores que certezas. El escritor Guillermo Cabrera Infante reconoce su enfermedad abiertamente en la introducción al libro de la periodista Ángeles López (Trastorno Afectivo Bipolar: La enfermedad de las emociones. EDAF. Madrid, 2003). Y de momento, que yo sepa, es el único. Hay rumores que apuntan a un par de cantautores, un entrenador de fútbol y a una escritora de mi generación. No me extrañaría lo más mínimo, mi ex psicoterapeuta me dijo hace años que mi estilo le recordaba al suyo, y yo no la había leído todavía, cuando consiguió un best seller. Mi propio psicoterapeuta me dejó el libro para que lo comprobase por mí misma, y se me volvieron a caer. Asusta que te pongan un espejo delante. El último bipolar en trámites de ser reconocido en España, y uno de los primeros para inaugurar esa lista, es un político. Uy, cuánto bipolar sin identificar en puestos importantes. Síiiiii, nos gobiernan bipolares, pánico en las calles. ¿Y las noticias de la CNN? terror, un bipolar nos informa. Jaja. Que no mordemos, coño. Hubo reyes, y hay políticos, por supuesto, te dicen que Churchill fue ciclotímico. Los que están vivos no lo dicen, aunque se rumorea también que nos ha gobernado un ciclotímico... sería un escándalo. La prensa puede descubrirlos, y se ha dado un caso reciente… ahí va la bomba. El Lehendakari Ibarretxe va a poner en peligro su puesto porque se acaba de hacer público que fue diagnosticado el año pasado y ahora está en algún episodio que no le permite cumplir enteramente con su agenda. Es o se está haciendo cierto, buscad en Google y el primer artículo que aparece es este, el que se anunció en su día en el foro de Bipolarweb. Y hubo una respuesta, una carta al director, por parte de un miembro del Grupo de apoyo. Hay más bipolares famosos. Ya os he dado los enlaces, buscad vosotros mismos si tenéis curiosidad. Los muertos son leyenda, y en mi opinión meten a muchos en el saco. Los vivos, la muestra de que se puede crear, trabajar, incluso gobernar con el TB. Y no pasa nada, están integrados en la sociedad, que es el lugar de un bipolar y no otro, punto. Por eso no entiendo por qué en este país hay reticencias a decir “Soy Tal y tengo TB, y me dedico con éxito a tal”, a entrar en las listas de los famosos “vivos”, porque así sólo se fomenta el estigma y el resto seguimos en el armario porque no podemos apoyarnos en Tal que hace vida Normal. Un famoso vivo es un ejemplo de superación para el resto de bipolaris vulgaris. En Estados Unidos, el estigma es mucho menor. En su cultura está muy presente que el Litio es un medicamento tan usado como el Prozac, el antidepresivo más conocido y toda una moda, hasta yo lo tomé de joven. Y la cultura del Prozac en los 80 no fue despectiva ni mucho menos en USA, si recordáis Michael Douglas se chutaba uno en la película “Acoso” tan tranquilamente. Francisco Alonso-Fernández, presidente de la Asociación Europea de Psiquiatría Social, investiga y diagnostica a través de la “Psicohistoria” las figuras del pasado. Francisco de Goya tuvo trastorno bipolar, según su criterio, y Felipe V también. Inquietante, ¿verdad? ;) Imagen: el Paseo de la Fama de Hollywood.  Esta hipomanía es la primera que paso como tal, diagnosticada. Ya os contaré su origen, ese post tan importante que no escribo nunca. Antes hubo muchas, porque tomaba antidepresivos cuando estaba incorrectamente diagnosticada, y éstos hacen “subir”. Y cuando ciclaba a una hipomanía, simplemente pensaba y notaba que estaba bien, que había salido de la depresión, eran leves y quizá las confundí muchas veces con la eutimia. Conozco la eutimia, sólo que apenas la recuerdo. Creo que enfermé, la bipolaridad se manifestó con fuerza por primera vez, en 1993, antes de casarme. Y luego en 1997 tuve otro episodio, cuando me separé. Las novedades negativas o grandes desgracias familiares, que en lógica deberían llevarte a una depresión, a un bipolar tipo I pueden dispararle hacia arriba, por el contrario. Y este parece ser mi caso. Tengo tendencia a “subir”, y si hay problemas o crisis, más. Puede darse y se ha dado el caso de que todo el mundo está compungido o muy serio con cara de preocupación atendiendo a un problema grave mientras yo soy un nervio con ataques de nervios y otras molestas manifestaciones somáticas que me impiden cumplir incluso con mis obligaciones morales en estos casos. Cuando me separé, de mutuo acuerdo y sin problemas, entré en una hipomanía que de leve, no tuvo nada. Pero trabajaba. Nunca una hipomanía me hizo pedir una baja o pedir hora al psiquiatra, yo no tenía conciencia de estar enferma entonces, no me encontraba mal aunque hacía cosas “raras”. Estaba muy agitada, me embarcaba en cualquier cosa, y convivir conmigo era insoportable. Un maníaco es muy egocéntrico. Un síntoma de mi manía es que todo lo tengo claro, todo “me cuadra”, ha de ser así porque me he iluminado y soy muy terca, no hay manera de bajarme del burro. Y un maníaco es también muy pero que muy convincente. El arte de la justificación. Tuve una hipomanía muy fuerte, en 1993. En esta ocasión, me enamoré, nunca me había sentido tan viva como entonces, recuerdo perfectamente que decía a todo el mundo –hipomanía de manual-, y me casé. Con un hombre de temperamento hipertímico, muy activo, impulsivo, creativo, siempre con ideas nuevas, que se embarcaba en proyectos continuamente, líder y triunfador. Este carácter recuerda, es parecido, a algunos síntomas hipomaníacos. Él tiraba de mí, no parábamos, siempre nuevos proyectos. Le encantaba endeudarse, a mí no. Quizá no le he dado valor al dinero cuando me ha sobrado un poco, pero nunca me gustó endeudarme ni lo hice nunca en manía. Siempre he pensado que el futuro no existe o que en todo caso es incierto. No me gusta hacer planes, nunca se sabe. Y menos, casarme con un banco. No es pesimismo, es simplemente pisar la realidad, quizá en eutimia. Cuando me casé, ciclé y sufrí una depresión que tampoco fue leve, duró por lo menos ocho meses y uno de sus costes fue perder un trabajo. Un estudio de los muchos que hacen mostró un alto porcentaje de bipolares separados, aunque no lo recuerdo, porque no escribo el blog con chuletas. El caso es que yo pertenezco a ese conjunto. Hay quien directamente lo achaca a la enfermedad, porque la bipolaridad, esos síntomas a veces insoportables para quienes te rodean, ha hecho perder trabajos, amigos, parejas, a demasiados de nosotros. Supongo que sería mi caso, pero también había muchos otros factores, por tanto no me atrevo a señalar a la enfermedad como responsable única de mi separación. Algo tuvo que ver, por supuesto, un hipertímico y una deprimida no hacen muy buena pareja. El caso es que ahora noto y soy muy consciente que estoy ciclando de nuevo. Mis pensamientos son tristes. Me cuesta mucho hacerme la comida o ducharme, tanto que no lo hago la mayor parte de las veces que toca. Me salto comidas, y ayer estaba guarra de verdad. Me encuentro mal, esta semana ha sido horrible, y cuando me encuentro mal y no puedo ni salir de casa “salvo mi pellejo” escribiendo. “Escribe si eso salva tu pellejo”, me decía hace más de un año ya un miembro del foro que desapareció, Gerry, pero nos dejó su vida en la sección "Mi historia" de bipolarweb. Es lo único que puedo hacer, escribir. Es compulsivo. Es un síntoma. Puedo hacer otras cosas, sí, pero si me posee el don de escribir, no lo cambio por el de pintar. Estas semanas han ocurrido cosas en mi familia, cosas graves. Y en vez de deprimirme, de nuevo me voy para arriba. Pero esta vez, sin fuerzas. No estoy subiendo más, la hipomanía no va a más. Vuelve esa conocida, la Soledad. De momento, no es grave, porque la percibo por eliminación. Porque cuando alguien comenta en el blog, dejo de sentirme sola por un momento. Sé que no estoy sola, tengo familia y amigos, sentirse sola es otro rollo, es un síntoma de depresión. Me siento débil, y ya no es un día puntual, por lo que no creo que sea la factura del insomnio del otro día. Percibo que muy poco a poco estoy bajando, que estoy más triste, que me siento culpable por todo lo que no puedo hacer y cancelo, por lo imperdonable que resulta dejar plantada a mi propia Madre. De nuevo y a ratos vislumbro el Everest. Pero queda rebeldía en mí, esa irritabilidad que es síntoma maníaco pero que me ha acompañado toda mi vida, por lo que podría no ser un síntoma sino un rasgo de mi personalidad. Es hora de llamar al psiquiatra. Hay que hacerlo a los primeros síntomas, confirmar que esas sospechas son ciertas. Hoy he soñado que me visitaba el Maestro, no el Discípulo. Mi actividad onírica ha sido muy intensa durante esta hipomanía. A menudo me despertaba a las 3 o 4 a.m. y escribía lo que podía del sueño en una libreta, todo prácticamente ilegible, bajo los efectos secundarios de la toma de la noche, la que me aniquila. Me levantaba cansada, con sensación de no haber descansado. Lógico. Mi psique no ha parado en 24 horas, en dos meses y medio. Mierda, estoy ciclando, intuyo que esta vez toca episodio mixto y así me lo hizo notar Burbuja ayer con su sempiterna lucidez. Perspectiva repugnante, la de volver de cabeza hacia el infierno. Nada dura eternamente, ni lo bueno ni lo malo. Qué bien se estaba en hipomanía, ha sido un regalo, he olvidado que las pasé putas este verano, he celebrado que estaba de nuevo en el reino de los vivos. Mi psiquiatra y yo concebíamos factible que de esta hipomanía pudiese salir esta vez, aterrizando suavemente, hacia la eutimia. Se nos escapa siempre. Me siento triste, porque no sólo no hago lo que debería, porque la hipomanía está acabando, porque puedo estar a las puertas de un episodio muy jodido, y porque no puedo permitírmelo. Y no puedo hacer nada, siento Impotencia. Esto es una Pesadilla, no tiene otro nombre. . . . . Imagen: “El ojo de la tormenta”, creada por Sven Geiger. Podéis visitar su galería Tener un TB es una putada, por supuesto. Intentamos verle sus facetas positivas por no amargarnos, ya mencioné algunas. Cuando un bipolar está eutímico, toma muy poca medicación. Litio a secas, quizá. El mito existe: se dan casos de personas que han hecho seguimiento con su psiquiatra y a través de sucesivas pautas descendentes, en este momento no toman medicación en absoluto y siguen asintomáticos. No están curados, porque la enfermedad está dormida, y lo saben. Pueden tener un episodio en cualquier momento, quizá a causa de algún detonante, de algo que impacte mucho sus vidas, por ejemplo, la pérdida de un familiar. Ya hablaremos de detonantes. No, mejor hagámoslo ahora. Sabemos que un 2% de la población tiene bipolar. Un alto porcentaje ni lo sabe, directamente porque no se le ha manifestado. Lo llevas en los genes, pero necesitas de una chispa para que prenda el fuego, y el monstruo asome. Ir a la mili, por ejemplo: cuánta gente ha sido licenciada anticipadamente por motivos psiquiátricos. Perder un trabajo en la empresa que te ha acogido toda la vida. Pasarse con el "Don Simón", los porros, tripis, o la coca. La muerte de alguien que te resulta insoportable concebir en el conjunto de los muertos. Detonantes que a muchos bipolares les hizo ser Bipolares. ¿Me explico? En los libros de divulgación (tenéis uno online en los enlaces de la página) se dice: hay una predisposición genética, y factores ambientales. Igual queda más bonito. Cada bipolar tiene su pauta. Cada bipolar es un mundo. Los hay que no sienten fobias, o angustia, por ejemplo, eso son “extras” asociados a la enfermedad o síntomas de una fase en un momento dado. Otros, por el contrario, agravan el cuadro con un trastorno de personalidad asociado, por ejemplo un Trastorno Límite de Personalidad (TLP), otra putada, TIENEN DOS ENFERMEDADES y a cuál más jodida. El TB no es un trastorno de personalidad. Los psiquiatras usan un instrumento, que es un tocho de libro, llamado DSM-IV, para diagnosticarnos. Hay que cumplir al menos tales requisitos y descartar otros para dar un diagnóstico. Hay bipolares que se han atrevido con él. Yo paso de leer esas interminables listas de síntomas, saber exactamente lo que diferencia un TLP de un TB o cuándo van juntitos de la mano. Yo no tengo trastornos de personalidad, que se sepa, no encajo en ellos según el DSM-IV. Igual sacan la versión V del DSM y de repente ya no tengo TB sino otra cosa. Y puede ser desquiciante que te cambien el diagnóstico. Durante mi ingreso, conocí a una chica de mi edad que tenía TLP. Pero me dijo que "antes" era bipo, y efectivamente, reconocía haber oscilado como bipo, pero ya no. Y se sentía más a gusto teniendo Límite que Bipolaridad, "uff, eso era horrible". Ahora se dedicaba a autolesionarse por cualquier disgusto: tenía las muñecas llenas de cicatrices. Y se rayaba a diario, ni con pinzas podía cogérsela, con lo que debía ingresar varias veces al año, creo que el psiquiátrico era "sus vacaciones". Me pareció muy raro que de una enfermedad pudiese pasarse a otra, y estoy convencida de que todavía tengo que ver casos y cosas más insólitas en este extraño club de la enfermedad mental. Todo esto les viene grande hasta a los psiquiatras. Es demasiado nuevo. Siguen estudiando el tema, y a toda máquina. Dicen que bajo la etiqueta "TB" puede haber varias enfermedades, y lo intuyes sólo por el hecho que nos dividan en tipos. Por eso los laboratorios farmacéuticos ponen esos precios a la medicación, necesitan pasta para seguir investigando, o eso dicen para justificar que 30 comprimidos de lamotrigina (Lamictal) cuesten 85,93 € P.V.P. Y no hay un remedio único, no es tan inmediato como recetar un antibiótico para una infección, es escoger de entre todas familias de fármacos algo que encaje. Es chiripa o artesanía pura acertar con la pauta que va a hacer remitir a un enfermo. Añado que tampoco me han hecho un test de personalidad porque no estoy equilibrada. Sólo en eutimia puede hacerse, para que los síntomas no se entremetan en los resultados. ¿Soy introvetida o extrovertida? Depende. En principio sólo tengo un TB y moderado, según mi psiquiatra. Pero no, yo considero que tengo dos enfermedades. El TB me obliga a tomar una medicación. No es una inofensiva aspirina lo que tomo. Son fármacos que están destrozando mi hígado y riñones a cada toma, para empezar. Que me prohiben tomar alcohol, para seguir, ni un chorrito de Baileys en un helado de chocolate. Y que tienen efectos secundarios. Si miráis los prospectos de lo que tengáis por casa, absolutamente todos los medicamentos tienen efectos secundarios, hasta la hasta ahora supuesta inofensiva aspirina. También se dice siempre en ese apartado que “puede experimentarse….”, es decir, que igual no te pasa nada, que sólo lo han descubierto en estudios con ratas de laboratorio. Quizá hayas estado "chafado", débil, cuando has tomado antibióticos... te diré que ese efecto secundario para mí ahora es continuo, ni caso le hago. Los psicofármacos son muy fuertes. Es altamente probable que hagas tuyo al menos uno de los efectos secundarios que allí se listan, para empezar, acojonándote cuando lees el prospecto antes de probar la primera pastilla. Para seguir, jodiéndote cuando empiezas las primeras tomas. Porque es cuando golpean fuerte, obvio. Además, es muy fácil que interaccionen con otros medicamentos que cotidianamente puedes necesitar. Por ejemplo, está demostrado que la ingesta de un antiinflamatorio (voltarén) hace subir el nivel de litio en la sangre. Peligroso, porque el psiquiatra mira con lupa el resultado de una litemia, y allí te juegas tomar media pastilla más o menos. Hace años ya, cuando empecé un tratamiento que no era el que necesitaba, alguien me dijo que a partir de ahora mi médico de cabecera iba a ser el psiquiatra. Con razón. Hay demasiadas incompatibilidades. La semana pasada me recetaron fármacos para una infección. Menos mal que leí los prospectos. Había uno que hablaba de incompatibilidad muy seria con un medicamento "extra" de los que tomo. Tan seria que puede llevarte a urgencias de cabeza. No voy a listar los efectos secundarios que podéis encontrar en detalle, por ejemplo, aquí para cada fármaco de cada familia: antidepresivos, antipsicóticos, normotímicos (les solemos llamar estabilizadores), y una miscelánea. Mi pauta contiene uno de cada tipo. El antidepresivo me lo retiraron cuando ciclé, pero igual vuelve si ciclo a depresión. Si ciclo a mixto, me chupo la depresión sin antidepre porque también estoy maníaca (manía disfórica, ¿recordáis?) y entonces no puedo tomarlos. Qué bonito. Sólo voy a decir que yo tengo dos enfermedades: el TB y otra a la que llamaré Los Putos Efectos Secundarios. A veces, a días o momentos, me incapacita el TB, por ejemplo cuando me da el bajón y no puedo salir a la calle, o cuando por el contrario estoy tan agitada que no puedo estar ni una hora sentada en una clase. Pero lo otro es continuo: cada día de mi vida, algún efecto secundario me impide hacer vida normal. Como curiosidad, en el último libro de Vieta y Colom (Convivir con el Trastorno Bipolar. Ed. Panamericana. Madrid, 2003), creí leer que fumamos más precisamente para aliviar algún efecto secundario. Recientemente, he descubierto que el efecto del antipsicótico que tomo por la noche –cuando he subido mucho y lo he de tomar de día no os cuento el flipe que llevo- no ha terminado cuando me levanto. Ya me han dado varios yuyus y serios por este tema. En uno de ellos, me desmayé en la calle. En mi vida me había pasado. Acabé en una ambulancia, porque me rompí un hueso. Todavía voy a sesiones de recuperación, y han pasado cinco meses. Eso es una enfermedad, un traumatismo que te deja inmovilizada meses, ¿no?, debida a un efecto secundario. Y lo que me ha de caer... resignación ante lo inevitable e imprevisible. Cuando el psiquiatra me preguntó cómo me había roto el hueso, tuvo la iniciativa de confesar que podía ser obra del antipsicótico, que efectivamente puede producir bajadas de tensión. Y me cagué en todo, ¿qué no hubieses hecho tú? Solución: tómate una pastilla para la tensión. Toma una pastilla para mitigar los efectos secundarios de otra. Desde este verano, me cae el pelo a mechones. Y me sigue cayendo. "Con lo que has pasado... normal", dice todo quisqui. Solución: tómate una pastilla de ácido fólico. Y cuidado con este preparado de vitaminas B que te ha recetado el dermatólogo, puedes subir, pero pruébalo a ver qué pasa. Esto es una Matrioska, una muñeca rusa.. Un fractal de los simples. Y estoy hasta los cojones. Quizá por eso tengo episodios mixtos, porque hasta en depre estoy de mala hostia. La rabia me puede. Quiero ponerme bien y trabajar, porque llevo casi dos años sin hacerlo, y además no tengo un puto euro. Tengo dos enfermedades, y la cosa se muerde la cola. Los efectos secundarios no remitirán hasta que la pauta no sea más benigna y esto no sucederá hasta que mis neurotransmisores entren en razón. Mi psiquiatra escribió en mi último informe que mi evolución no es favorable porque la paciente “no responde al tratamiento”, al tratamiento que yo afirmo que de rebote se ha constituído en mi segunda enfermedad. P.D. Qué malhablada estoy hoy, con el "fucking" todo el rato. Se nota que puedo estar mixta. Mi psiquiatra no da señales de vida, insistiré. Quien no llora, no mama.  Me chifla lo manuscrito. Hace años que quiero aprender árabe y chino o japonés, uno de los dos, porque me fascinan los kanjis, y porque me gustaría leer los poemas y versículos en las paredes de la Alhambra en versión original. Di mis primeras clases de árabe y mi conclusión fue que no podía hacerlo como autoaprendizaje. Para mí es casi una necesidad conocer la letra de alguien que me importa: en mi criterio, habla tanto de esa persona como su casa. Como su firma. No es fácil descubrirla en un amigo, porque cuando te reúnes con ellos lo haces oralmente. Me gustan las libretas, y tengo muchísimas. Son de tamaño mediano o pequeño. Todavía ando recopilándolas, andaban por cualquier lugar. Ahora tienen su lugar definitivo en una caja que ya está llena. Y muchas se han perdido en el traslado. Tengo cuatro libretas por estrenar, y tres escribiéndose en estos momentos. Ahora reparo en que casi todas son de papel cuadriculado, pero no me asusta un folio en blanco. Papel normal, porque no soporto el tacto del reciclado, y aquí debo decir que yo soy de las que reciclan todo el papel, pero luego no me hagas consumirlo. Mi sentido del tacto es muy alto, y me repele esa aspereza. Muchas veces escribo en lápiz, con la punta bien afilada. Si he de escribir permanentemente, tinta negra sin pensármelo, pero la gama de azules Pilot me ha hecho reconciliarme con el añil. Como instrumento, hace años uso rotuladores de punta fina. Hubo una temporada en la que usé una pluma que me regalaron, pero me cansé de mancharme de tinta, porque sostengo los útiles apurando mucho hacia la punta. Soy diestra, pero durante meses me tocó ser zurda, y fue toda una experiencia, porque de repente volvía a escribir como una parvulita copiando las letras del silabario. Deberían educarnos como ambidiextros, esa fue mi conclusión. Sería curioso comparar las caligrafías que generan los diferentes lóbulos cerebrales, educados para ello. Algunas libretas, más bien cuadernos, tienen un tema muy específico. Las de idiomas: vocabulario y gramática que ya he olvidado, sé que son mías por la caligrafía. Soy bastante sentimental: guardo algunas libretas del bachillerato porque los comentarios al margen no tienen desperdicio. Otras son cajones de sastre. Las conservo con especial interés porque en el fondo son los “diarios ocultos” de años en los que no escribía, porque no tenía nada que decir o porque no tenía tiempo para hacerlo. En una página hay una lista de la compra, en otra el resultado de una partida de cartas, más adelante hay una con usuarios y contraseñas de páginas web que ya han dejado de existir. En otra sección, algo de contabilidad doméstica, ahora se ha convertido en un testimonio de la cantidad que fumaba y de lo que costaba el tabaco entonces (qué tiempos aquéllos). Qué canciones me gustaban y grababa en vídeo, o en una cinta que regalaba a un amigo. Micro-fragmentos del pasado. Sigo escribiendo ese tipo de libretas. Un teléfono nuevo, un anuncio en la calle, un borrador de algo. Siempre una libreta tipo “cajón de sastre” encima. Tomo notas, apuntes variados: del paisaje urbano, una idea para un relato, el precio de algo, cómo llegar a un lugar, teléfonos y e-mails, la configuración de un acceso a Internet. Primero, porque me gusta manuscribir, y segundo porque no delego a mi memoria la responsabilidad de acordarme de esos pequeños detalles cotidianos. Mi bolso pesa mucho, lleva una libreta, un lápiz y al menos un Pilot, para empezar. Ya sabéis lo de los bolsos y las mujeres. Agendas. Las guardo todas, son el registro de actividad, los diarios no-emocionales. Cuadernos de viaje. Me estoy encontrando de todo en la caja. Cuando estoy fuera, me gusta comprar una libreta allá donde haya ido a caer. En mis escapadas a Madrid, compro una pequeña que venden en una papelería de la calle Carretas, justo a la entrada desde Puerta del Sol. Es de espiral, de cubiertas marrones, y el papel es a líneas. En ella he tomado notas este año de las sesiones con el psicólogo y el psiquiatra. Se está acabando ya la libreta y el 2004, urge ir a comprar otra… pero se me está escapando el viaje a Madrid este año, siempre surge algo. Tendría que volver a “hacerme” la hipomaníaca descontrolada y pillar el primer tren con lo puesto y sin billete (esta os la cuento en otro post). Pero no puede ser, ahora estoy con los pies en el suelo, oscilando, pero encadenada. Diarios personales, desde la primera adolescencia. La primera libreta “Diario” fue un regalo de la Primera Comunión, de esas para niñas, con una pequeña llave. Quizá deba el haber empezado a escribir a alguien de mi familia, he de preguntar a Madre si recuerda al culpable. Mis diarios adolescentes están escritos prácticamente en clave, por si Madre daba con ellos. Los escondía y sellaba con cinta adhesiva. Descansan en otra caja, también rebosante. De vez en cuando he regalado un diario o un fragmento a un amigo. Hace meses abrí uno de los volúmenes, y me acojoné tanto de lo que allí leía que lo dejé para tiempos mejores. No estaba preparada para contar todas las veces que he tenido ideas suicidas, y lo bien que ya las relataba entonces (escalofrío). Desde 1999 mis diarios son electrónicos y protegidos con contraseña. Estoy escribiendo el volumen 2004, por supuesto. El volumen 1999 podría ser titulado “hipomanía”, el 2000 “depresión”, el 2003 “manía”, la trilogía bipolar vamos. Tengo un albacea de mis escritos, una persona tiene el password. Se lo pedí cuando el suicidio planeaba demasiado a menudo. Si muero, él será el responsable de su destino. Las libretas registran el cambio en mi caligrafía. Mi letra siempre ha sido clara, y por ello mis apuntes eran muy fotocopiados. Al principio era de formas redondeadas, y con el transcurso de los años se ha vuelto angulosa. Asombro a los familiares cuando descubren que mi caligrafía se parece demasiado a la de mi padre. En su día les asusté más, cuando todavía no llegaba a la pila de fregar los platos por mi estatura (¿5 años?) escribí mi nombre en un papel (quizá estaría aprendiendo a escribir), y mi tía-tocaya hizo lo mismo, y resultó que las letras se parecían demasiado. Ello debería darle una oportunidad a la grafología, porque aprecio un componente genético en mi caso. Escribo a mano alzada muy a menudo, cuando estoy en cualquier lugar que no sea una mesa, y entonces se acentúa la grafía. Ayer mostré una libreta de este tipo a alguien, y sin preguntar yo por ello me dijeron “escribes como un médico, pero se te entiende”. Soy escéptica, es decir, a priori no creo en la grafología. No tengo claro que en esos trazos pueda leerse mi personalidad. Mi ex psicoterapeuta le daba crédito al tema. No he tirado casi ningún manuscrito, ahí está el material por si algún día me decido a que analicen mi caligrafía, o es de alguna utilidad para la terapia: letra depresiva, letra hipomaníaca, episodios registrados en líneas de papel. Ya dije que no se puede hacer un test de personalidad a quien oscila, puesto que los síntomas ocultan la verdadera personalidad. Sería interesante descubrir episodios infantiles en esos volúmenes de trabajos escolares. La bipolaridad también se manifiesta en niños, a veces se les diagnostica con "síndrome de déficit de atención", hiperactividad... son posibles bipolarcitos. Mi ex psicoterapeuta afirmó que era una masoquista. Debo serlo, porque hace más de un año que persigo el Primer Episodio. Ya hemos llegado a uno con la técnica de la entrevista. A los 18 años, una manía con síntomas psicóticos. Poco a poco retrocederemos, por el momento me interesa más que el psicólogo siga pegándome caña con el presente que con el pasado. Además, es durísimo que te anuncien que cuando sucedió tal, una estaba maníaca. Tendré que sacar los Diarios adolescentes de su caja, y mi psicólogo va a disfrutar, lo sé. Yo también disfrutaré por morbo o masoquismo, porque como un día se puso un conocido en su nick de msn, “es duro que te digan que lo mejor de tu vida fue por una enfermedad”. Y lo peor. Cómo reaccionó tu bipolaridad a cualquier detonante, o simplemente porque sí, por la ley del péndulo. En resumen, que siempre he escrito. El blog es sólo un nuevo soporte. El reto para mí consiste en trabajar únicamente en pantalla. No imprimo el post para corregirlo. Y siempre que he escrito algo, ha sido corregido en papel y dejado como definitivo después de dos impresiones-correcciones. Esta es la novedad del blog, escribo “a pelo”. A posteriori, aprecio muchas palabras que no me gustan, conectores mal usados, párrafos mal encadenados, a veces inconexos a falta de un hilo conductor. Digamos que estoy experimentando. Vamos, que sé escribir mejor. Pero un blog tenía que ser diferente, fresco y espontáneo, y por tanto esas erratas son parte intrínseca de él. . . . Imagen: Cartel de “The pillow book” (Peter Greenaway, 1996). Altamente recomendable. Para todos, y en especial para fans de Ewan McGregor: lo podéis ver gloriosamente desnudo.  Hoy ha estado aquí mi hermano de visita. Me he ausentado por un momento a comprar y antes de salir le he dicho que tenía el blog en pantalla. Se ha ido sin apuntar la URL, ya la tenía en memoria. Espero que de crédito a lo que lea. Porque es lo que hay. Es el primer familiar. Esto ya es muy serio para mí. Los objetivos se van cumpliendo.  Ay, qué me han dicho. Que tengo un Trastorno Bipolar. Dios mío, esto es crónico. Que tendré que tomar pastillas hasta que me muera. Que tendré episodios como el de ahora o que el péndulo me llevará al otro lado, no, otra Manía no, por favor. Qué va a ser de mí. Ahora conoceré a un chico que me guste y tendré que decírselo, esto es parte de mí y puede interferir en nuestra relación, y lo más seguro es que me deje, le daré miedo. Tendré bajas laborales cuando me ataque un episodio. Eso si alguien me contrata, ya no soy una niña. Nada va a ser como antes. Incluso es posible que la Seguridad Social me jubile, antes de los 40, ¿y qué hago yo entonces? Aburrirme mucho, y no hacer nada, con esa mierda de pensión se acabaron los lujos, hasta el de ir al cine o en taxi. Qué pena da esto, qué cuadro. Pues no. A la mierda. Hay bipolares que todavía no aceptan lo que tienen. Se refugian en lo que fueron o en lo que podría haber sido. La aceptación de la enfermedad es un proceso. Tienes que aceptar que ya no podrás hacer determinadas cosas: trasnochar hasta el amanecer, brindar con cava, mantener tu tren de vida. Tienes que tragar con que ya no puedes mantener tu casa y te acoge tu Madre, y no sólo te da tu antigua habitación sino que te mantiene. Cuando antes, tú podías haberla mantenido a ella. Y más cosas, cada día descubres algo nuevo, y lo comparas con el “antes”. Antes, ahora. A la mierda el antes, estás pisando el ahora. Y da gracias a que Madre está ahí para cuidarte, si no ya estarías bajo tierra. Antes tenías depresiones. Las depresiones comunes son exógenas, tienen una causa, y se curan con pastillas y quizá terapia. Te parece que nunca saldrás de ello, pero lo haces. Y vuelves a ser tú, y a hacer vida normal. Ahora ya no. Tus depresiones no eran exógenas, puede que alguna sí, pero ahora sabes que la mayoría son endógenas, vienen porque sí, y además puede que tengas un patrón estacional. El común suele ser depresión en invierno y subidón en verano. Y sabes que no te vas a librar, estés medicado o no. Y menos mal que estás bajo tratamiento, la cosa es mucho más suave. Te lo dice una que se ha chupado una manía y un mixto a pelo, y ha sobrevivido. Con la perspectiva, haría un ingreso voluntario, no sufriré lo de la primavera del 2003 a la espera de que se vaya, porque casi me voy yo esperando. Ya no te recuperarás de esa depresión exógena. Porque es endógena, y porque ciclarás. Antes ciclabas a hipomanía y ni te enterabas, ni tu psiquatra. Ahora ya lo sabes, eres un enfermo crónico, o lo aceptas o no avanzarás. Quizá no puedas salir de casa de tus padres. Porque igual nunca tendrás dinero para hacerlo. Si sigues enfermo, porque si mejoras podrás volver a trabajar. Si no mejoras mucho, en puestos protegidos, cobrando miseria también. Cuánta pena, cuántas lágrimas. A la mierda. Cuando perdí mi casa, se me dijo por todos lados que esto era provisional. “Esto” se va alargando en el tiempo, como mi pronóstico que en sus inicios era favorable. Pasan los meses, sigo ciclando. El alta médica es tan lejana como el Everest, tengo continuos pensamientos negativos ahora que acepto que esto es algo más jodido de lo que parecía, que el camino de la eutimia tiene giros caprichosos y tienes que volver a encontrarlo cuando te has perdido. A la mierda. No quiero dar pena a nadie y mucho menos a los lectores del blog, los Míos y los nuevos. Es lo último, y lo peor que alguien puede sentir por ti. La pena además es muy peligrosa, a mí me conduce al suicidio. En resumen: fui lo que fui, he vivido lo suficiente, firmo con lo que he hecho. Ahora no me gusta donde vivo, lo que hago o no hago, ni lo que me obligan a hacer. Esto es una pesadilla que sí tiene una escapatoria, y es que tú desaparezcas del mapa. Y una mierda. Sigo viva porque me cabreo con mis continuas ideas suicidas y las mando a la mierda. Hay bipolares que no aceptan su condición, y han pasado años desde su diagnóstico. No quieren ver más allá, que existe algo llamado Eutimia, y que efectivamente deben hacer un esfuerzo para “rehabilitarse”, no sólo tomar las pastillas y mirarse al ombligo, autocastigándose cada día, lamentándose, autocompadeciéndose, o lo que es peor, huyendo. Conozco bipolares que todavía se fuman sus porros. Eso es darle una hostión a tus neurotransmisores, chato. Bueno, pero en ese momento me olvido. Sí, claro, yo también me olvidaba a la cuarta cerveza. Y empeoraba el cuadro, retrocedía en el camino. Hay que empezar a ser responsable con tus hábitos, a cuidar tu salud, y si nunca lo has hecho, pues cuesta más, y has de hacerlo poco a poco, porque si lo intentas de golpe se te cae el mundo encima. Y con mucho cuidado, cualquier privación total de un día para otro puede disparar el resorte del suicidio. Y tener el objetivo firme: REMITIR. A la mierda la pena. Hay que cortar esos pensamientos de raíz, como los suicidas. Hay que echarle un par, y seguir adelante. Nadie dijo que el camino fuese fácil, a mí a estas alturas ya me parece la ascensión al Everest. Pero puede hacerse, y tengo los testimonios de quienes lo han logrado, como Coclicó. Y mi ejemplo a seguir desde el principio es este tipo de personas, no las que continuamente se lamentan de sus desgracias. Aunque intente apoyarlas, su actitud y la mía es muy diferente. Me sobran los ánimos. Agradezco cuando estoy mal y me los dan, pero lo que cuenta es que me los doy yo misma, y éstos son los más importantes. No me doy pena, me doy ánimos. Confío en mí misma cuando inicio un proyecto. Me veo de perfil y me juro que bajaré esos kilos. Todo a su tiempo. Mi autoestima va a ser no la que era, pues no era gran cosa, sino que va a ser la que yo misma me trabaje, con la ayuda de la terapia. Y tengo mucha suerte, mi psicólogo vale su peso en oro. Ahora no soy la de antes, soy la de ahora. Y me tengo que gustar ahora, es más, aceptando la enfermedad me acepto a mí misma. Y dicen que la he aceptado rápidamente. Racionalmente no cabe otra posibilidad. Esto no es un error del destino, es una enfermedad, puñetera como lo es la diabetes, y qué culpa tienen los diabéticos de que les haya tocado. Ninguna. Ni yo de tener bipolar. Lo asumes y a seguir viviendo, que son cuatro días. Y si a alguien doy pena, por favor, que cambie de blog, este no es su lugar.  Hoy el contador de visitas se ha vuelto loco, el pobre. Y por si fuera poco, me anuncia que el blog ha superado las 1000 visitas desde que lo instalé el pasado 28 de noviembre. Es nuevo y extraño para mí que tú estés entre ellas, porque no te conozco. Hoy me fijé y hubo muchos proveedores de servicios: Ono, Telefónica, Telecable, Uni2, Madritel, Banda ancha Chile… lo más exótico, un lector desde un Ministerio y otro del MIT “Massachusetts Inst of Technology, Cambridge, Estados Unidos”… toma ya. La lista de países te hace experimentar en tus carnes lo de Internet, aldea global. Asombra la cantidad de gente que puede llegar a leerte sin haberte hecho publicidad en foros bipolares ni salir en Google. "Enmipellejo" me ha enlazado en su blog. Quizá Borjamari me haya hecho una crítica... si su veredicto es abominable, seré popular de verdad XDDD En fin, ahora reparo en este blog ha interesado no sólo a quién destiné en un principio, sino a gente nueva, que no me conoce, pero se toma un café leyendo mis cuitas bipolares. Sólo tenia presentes a los que me hacían comentarios, a los que se hacían reales, a los que me permiten interaccionar, y eso me gusta. Pero hay muchos más. Me encanta conocer gente nueva, y que me conozcan. Y ahora pensaré en ti, en que escribo para ti también. Más difícil todavía. Me gustan los retos. Pero no caeré en el perfeccionismo, seguiré abusando de la coma para puntuar y otras erratas, no voy a revisar un borrador dos veces más. Bienvenidos seáis, sea cual sea vuestra procedencia. Bienvenidos vuestros comentarios, que me dan feedback y con él, tema para nuevos posts. Os recibo con un apretón de manos y cantando aquello de... “Willkooooommen, bienvenuuuuus, weeeeelcoooooomee” (“Cabaret”, Bob Fosse, 1972)  Cada casa tiene un olor, irrepetible e inconfundible. Recuerdo muchas casas por sus olores, y muchos recuerdos de mi infancia no tienen color, sino olor. Mi guardería olía a lentejas con arroz. También cada casa tiene sus sonidos. Lo peor que he visto fue en casa de una compañera de clase: vivía justo encima de una estación de la línea amarilla de metro recién estrenada, y sufría un mini-terremoto sonoro y real cada cinco minutos. Su ascensor, sus puertas y ventanas abriéndose y cerrándose con golpes o gruñidos, los perros del vecino, un anciano demente a quien cuidan, los bajantes. Muchos de esos sonidos de la casa en la que vives ya se han instalado en tu cerebro como perennes y ni les das importancia o directamente no los percibes ya. Me instalé en casa de Madre en episodio mixto. Fifty-fifty manía y depresión. Estaba hundida moralmente, pero la parte maníaca que me quedaba tenía abiertos los oídos de un murciélago, el tacto de un ciego, el paladar de un gourmet, la vista de un águila, y el olfato de un cerdo que busca trufas. En Manía, todos mis sentidos se agudizan. Y de todos ellos, el sonido es el que más me perturba. Es normal experimentar los sentidos básicos, incluso placentero. Es enloquecedor que te bombardeen, que no puedas amortiguar esos impactos. Comer una sopa con asco porque aprecias su base grasienta que se impone a su sabor. Asir un periódico y apartarlo de ti inmediatamente porque el tacto del papel te repugna. Ponerte tapones en los oídos y seguir escuchando aquello de lo que huías al ponértelos. No soportar la TV porque reparas en todo lo subliminal. Desearle un chute de antipsicótico al perro del vecino que te putea dos pisos más abajo. Escuchar un zumbido sordo y agudo que cada mañana sale de la pared del otro vecino, qué coño producirá ese ruido, y cambiar de habitación para evitarlo. Quieres tranquilidad, dejar de ser violada mentalmente por todos esos sonidos. Hay bipolares que sufren alucinaciones auditivas, escuchan voces. Es común en manía con psicosis. A mí no me ha sucedido nunca, y digo “menos mal” y cruzo los dedos, porque bastante tengo con soportar el impacto de los ruidos cotidianos. Vives en una casa de cristal opaco. No sabes qué cara tiene tu vecino de la otra escalera, el que comparte pared contigo, pero sí tienes la certeza de que nuestras almohadas se juntan. Y también sabes cuándo se suena la nariz, cuando se masturba o cuándo está solo en casa y puede pegar un polvo. Lo escuchas en estéreo, ni siquiera los tapones te salvan. Y ni siquiera te excita que haya sexo al otro lado, es demasiado rápido y previsible. Por cierto, maldices la racanería de los padres, porque no le han cambiado el somier que gruñe a cada movimiento, sí, es como aquella escena de la peli “Delicatessen” (Marc Caro y Jean-Pierre Jeaunet, 1991), pero esta vez no hace ninguna gracia, y flipas porque hay gente que todavía usa somieres de hierro. Pobres espaldas. Una de mis amigas acaba de mudarse. Le preguntaré por los ruidos nuevos, cómo lo lleva. Otra amiga no hacía más que quejarse del “OoooooooooooScaaaaaaaaaaaaaaaaaarrrrR” perpetuo de la histérica madre de al lado en un piso y del polvo eterno y sonoro de los de arriba en otro apartamento. Hay vecinos que tienen tela. La pared de la consulta de mi ex psicoterapeuta era la habitación de un niño pequeño. Se escuchaba todo, como en una peli de Woody Allen. Pobrecillo, carne de psiquiatra cuando crezca. Por suerte, no hay niños pequeños en estas dos escaleras, a lo sumo un nieto de vez en cuando que ya me crispa lo suficiente. Y me planteo qué infierno sería este patio de luces cuando todos los baby-boomers dábamos guerra. Mis vecinos y Madre no tienen los oídos perforados, con un amplificador directo al cerebro, como yo en manía. Están acostumbrados a los ruidos de su casa, a su somier no le pasa nada, qué va. Hace un año, en ese momento de manía disfórica no podía escuchar música, porque me molestaba también. Ahora sí, me pongo los auriculares y desconecto del ruido. En la calle sobre todo, ahí sí me crispa mucho el del tráfico. Y claro, ha pasado un año, y tal como predijo Madre ya me he acostumbrado a muchos de esos sonidos de este bloque de dos escaleras. También porque ya no estoy en manía disfórica. Mi vecino escucha cada mañana el “Alchemy” de Dire Straits. Las marujas del patio de luces se llaman a gritos cuando llueve para sacar la ropa colgada. Escucho la TV del vecino de al lado, pongo ese canal y resuena el eco. Insoportable, vuelvo a mis dependencias. Siempre me gustaron las casas antiguas, 18XX, las que mucha gente desprecia porque tienen que reformar y prefieren lo nuevo. Yo no, porque lo nuevo se construye con Pladur por muy alto standing que anuncien, mientras que las casas antiguas tienen paredes dignas de tal nombre, paredes que aíslan. Viví en una de ellas dos años felizmente en ese sentido. Insonorizar una habitación de un bloque construído con papel de fumar vale un pastón, y no lo tengo. Con gusto viviría en una celda acolchada, de esas que ves en pelis de psiquiátricos. Amueblada, por supuesto, y con mi PC. Sin TV. Apenas veo televisión porque hace años, quizá cuando descubrí Internet, dejó de interesarme. Ahora suena el ventilador de la CPU, el teclado que compré supuestamente porque no hacía ruido (el otro era insufrible), el silbido de una olla a presión, la TV en otra habitación. Se nota que es puente y en el patio de luces apenas hay señales de vida. Aun así, antes necesitaba los tapones. Y es una pena que no hayan inventado algo para las narices que te permita respirar sin oler (¿hay algo? ¡¡Por favor, decídmelo!!). Porque la mezcla de hedores de las comidas de todo el edificio me hacía sentir náuseas, y también las tenía cuando me bombardeaba lo que antes percibía como el tufo de mi propio plato de comida. La hipersensibilidad es un síntoma que deja de ser interesante cuando se convierte en desagradable. Pero siempre hay algo positivo. Sexo. Y debo sonreír ahora, incluso ahogar una risa.  Como mínimo, para empezar:
No confundir ausencia de enfermedad mental (depresión, bipolaridad...) con “normalidad”. No confundir ausencia de enfermedad física (reuma, diabetes...) con “normalidad”. Sí: hablar de especifidad. Tengo esto y no todo el mundo lo tiene.
Y añadiría:
No creer que la existencia de un contrato de trabajo signifique “normalidad” y por el contrario, estar en el paro sea anormal. Son circunstancias, aunque medidas estadísticamente una resulte más “normal” que otra. No creer que ver “Los Serrano” sea “normalidad”. Sí: hablar “en general” de lo que ocurre en nuestro país, en nuestra cultura.
Pero:
No confundir lo que hace la media de la población con “normalidad”. No confundir mediocridad con “normalidad”. No confundir “normalidad” con ausencia de problemas o con tener problemas de dinero, que esos los tiene casi todo el mundo.
Y según el criterio de muchas personas:
No es normal hablar consigo mismo en voz alta. No es normal ponerse un calcetín de cada color. No es normal imitar a Gene Kelly cuando llueve dando saltitos. No es normal ver seis DVDs seguidos.
Y lo que no es normal, en estos ejemplos puede traducirse en "estás como una cabra".
“Normalidad”. Que me expliquen lo que es eso.
Dice la RAE de lo "normal": 1. adj. Dicho de una cosa: Que se halla en su estado natural. 2. adj. Que sirve de norma o regla. 3. adj. Dicho de una cosa: Que, por su naturaleza, forma o magnitud, se ajusta a ciertas normas fijadas de antemano.
Por cierto, un bipolar vive también sujeto a las normas de la sociedad. Paga a Hacienda, etc.
Y dejemos de usar esa palabra para distinguir nuestra especifidad, sea cual sea (tengo bipolar, tengo horario de turnos rotatorios, soy monja) de la del resto, mal llamado “normales” por contraposición (no tienen TB, hacen horario partido “como todo el mundo”, no rezan constantemente).
Hay muchas especifidades. Que salen de la norma y de la media estadística, por supuesto. Norma, creo recordar, es un punto donde la estadística aglutina los valores más repetidos y éstos quedan alejados de los extremos. Que me perdonen los estadísticos y por favor me enmienden en algún comentario, me quedan cuatro nociones del curso y aunque saqué nota, han pasado los añitos.
Tú estás en otro lugar de la gráfica en muchos aspectos de tu vida (hay quien puede decir que es diputado, no obrero) y en otros no, eres “normal” porque posees una línea telefónica, sin ir más lejos. Pero ello no debe hacerte sobresalir o despreciar al grueso de los que se ajustan a la norma llamándoles “normales”.
A partir de ahora, cuando alguien me diga que no es normal, le preguntaré si tiene un televisor.
Creo que en este blog no he hablado de los "normales" para referirme a los no bipolares, sino de "no bipolares" en todo momento. Además, si identificase "normales" con el conjunto de no-bipolares, estaría haciendo una injusticia con otros colectivos cercanos, por ejemplo, el de los esquizofrénicos.
Son cosas que se dicen a bote pronto, sin pensar demasiado en las consecuencias, que se llegan a decir de bipo a bipo cuando eres objeto de discriminación porque entiendes la expresión en el contexto y se transforman en argot, pero no son cosas a publicar porque al ser argot, ofenden hasta a un bipolar.
Así, sin darle demasiadas vueltas, post-borrador total. Paridas insomnes, locuras como intentar refrescar la estadística olvidada hace 15 años a estas horas. ***  Los bipos y los no-bipos no son mundos aparte, al contrario, cada día comparten vagones de ferrocarril de cercanías, barras en bares, reuniones de trabajo, salas de espera de dentistas, plateas de teatro…
Los bipos no vamos marcados con un lunar en la frente. Somos parte de la sociedad, un 2% sin ir más lejos. Votamos en las elecciones, tenemos un adsl en casa, le pedimos un aumento de sueldo al jefe, vamos al cine, tenemos hijos, llenamos nuestro carro de la compra en el supermercado, nos salen caries, vamos a la peluquería, llenamos el depósito del coche, fumamos, y un largo etc. Como tú.
Ni siquiera nos conocemos entre nosotros. Hay asociaciones de bipolares, pero no todos se apuntan ni conocen su existencia.
Yo soy bipo desde que tengo uso de razón, aunque sin saberlo, y ello no me ha impedido realizar las actividades más variopintas.
He estudiado: el bachillerato, una carrera y media, idiomas.
He tenido novios. Me he enamorado, y me he casado. Y mi ex no sabía que era o soy bipo, el amor va por otros derroteros.
He pertenecido a muchos conjuntos de personas: a clases de alumnos, a clubes deportivos, a asociaciones juveniles, a una asociación especializada en X, a un colegio profesional, a un partido político y a un sindicato de trabajadores.
Y a veces he tenido cargos de responsabilidad en estos lugares, que significaban innumerables e interminables reuniones, donde exponía mis argumentos en los diferentes puntos del orden del día y votaba, como el resto. He redactado o presentado enmiendas a ponencias y he hablado en público en asambleas y congresos. Soy miembro fundador de cinco asociaciones, que yo recuerde. Estas asociaciones tenían muchos miembros, y yo circulaba como una más. Es que lo era. Es que lo soy.
He viajado algo gracias a mi participación en asociaciones y en órganos de dirección. He conocido a mis homólogos en otros países en intercambios. He participado en campamentos de asociaciones juveniles internacionales, y en un campo de trabajo en un país que ya no existe.
Como anécdota, he frecuentado algunos canales de chat, y fundado un par en IRC Hispano. Y he sido operadora de algunos. Bajo un nick que no revelaré.
Me han contratado en siete empresas, no diré cuáles ni en qué sectores, porque esto no es ni será mi CV. Y dentro de esas empresas, he estado en varios departamentos, con distintas funciones administrativas y de gestión. Me gusta trabajar, me lo paso bien haciéndolo y poniendo límite a mi perfeccionismo cuando está en juego la eficacia, tomando decisiones aunque sean así de pequeñas. He trabajado en departamentos de nueva creación: les he dotado de procedimiento, he organizado sus archivos, he tomado actas de reuniones pequeñas y de reuniones grandes, he organizado congresos y eventos. He dirigido equipos, incluso he seleccionado al personal que los formaba.
He salido con mis amigos desde la más tierna adolescencia y hemos compartido tascas, garitos, discotecas, muchas fiestas populares y conciertos, borracheras, ligues.
No me pongo flores. No llegué alto, compañeros míos sí lo han conseguido. Dejé pasar oportunidades también. Pero miro hacia atrás y me siento orgullosa de mucho de lo que he hecho, de mi granito de arena. Hay hitos en mi vida, modestos, pero míos. Y todos ellos apuntan a que he sido y soy miembro de una sociedad, como tú.
Ahora, juguemos por un momento a “Vidas cruzadas” (“Short cuts”, Robert Altman, 1993).
Tú has podido ser compañero mío en un carril de la piscina, o en un seminario en la universidad. Quizá alguien nos habrá presentado alguna vez en un pasillo de la oficina, o en una fiesta. Tú has podido coincidir conmigo en cualquiera de los mil grupos de trabajo en los que he participado. Es probable que un día recibieses una octavilla de mis manos en una manifestación. Seguramente, un día fuimos a ver la misma película, y tu cabeza me molestó. Tú has podido ser el candidato al que descarté en una entrevista de trabajo. Quizá compartimos una habitación en el hospital, tú visitabas a un paciente y yo al otro. Muy probablemente, habremos estado en el mismo probador de unos grandes almacenes de ropa deportiva. Un día te pedí que me hicieses una foto. Quizá me diste conversación en la cafetería del tren. Lo más seguro es que un día esperase a que precisamente tú salieses de una cabina telefónica, o de un cajero automático. Nos habremos hablado en un ascensor, “buenos días”. O en un chat, y me habrás contado tu vida, y yo la mía, y quizá nos hayamos citado. Tú puedes ser miembro actualmente de una asociación a la que yo he pertenecido, o haber visitado su página web. Tú puedes haber sido mi último amante.
Y como se relata en otra película, nos distancian tan sólo “Seis grados de separación” (Fred Schepisi, 1993). El mundo es un pañuelo.
Un día acudí al aniversario de algún Consejo de Juventud. Allí había muchos rostros conocidos y amigos. Nos presentó un conocido común y me dijiste que ya me conocías, porque me habías visto hablar en púbico en la facultad. Yo no te conocía, pero tú me recordabas perfectamente. Como la chica que viajó con la asociación - yo era organizadora, responsable y guía del sarao-, y me paró un día por la calle a saludarme. Ni siquiera la recordaba, nunca llegué a conocerla, pero ella sí me pudo llamar por mi nombre.
Me ha conocido y me conoce muchísima gente, y no saben ni sabrán que tengo bipolar. Me refiero a los conocidos, los que conforman el paisaje cotidiano de nuestras vidas: solemos llamarles compañeros. De facultad, de trabajo, del partido, del curso de inglés, del gimnasio.
Tratas y has tratado a diario con gente que tiene Trastorno Bipolar (TB), y no te das cuenta. Es como debe ser.
***
Fotografía: La Rambla de Barcelona.  No esperes si te encuentras mal. No te automediques con un Myolastan que circula por casa. Acude a un psiquiatra. Si necesitas un psiquiatra, hay muchos en los hospitales públicos, te están esperando en Urgencias las 24 horas. Además, es su trabajo estar disponibles para ti, que estás en crisis. También es su trabajo escucharte, asesorarte, darte un fármaco si presentas síntomas de necesitarlo, aconsejarte que te visite otro profesional con más calma. Yo había olvidado que me habían visitado un par de psiquiatras ya, cuando me vi en Urgencias con un ataque de pánico. Me derivaron a un psiquiatra del seguro. Y allí estuve visitándome muchos años, porque lo necesitaba. ¿Por qué sufrir en silencio? Reconoce que tienes un problema en el coco, y busca ayuda. Tú no tienes las soluciones, ni tu familia que ve que no estás bien, ni tus amigos que te ven mal también pero te escuchan y entienden. Necesitas soluciones que vengan de la mano de alguien que sepa del asunto. ¿Por qué tener miedo? Un psiquiatra es un licenciado en medicina, que se ha especializado en psiquiatría. Un psicólogo es un licenciado preparado para escuchar tu discurso y analizarlo, detectar tus problemas y trabajar juntos para solucionarlos. Tienes una sola razón para encontrarte mal, un solo pensamiento negativo. Si ello es molesto o un estorbo en tu vida, ¿por qué no ponerte en manos de un profesional? Sí, es cierto, son caros. Pero los hay en el seguro, gratis. Tu médico de cabecera puede derivarte al de tu zona. Y si tus ideas apuntan al suicidio, porque sí, sin tener motivos, VE DE CABEZA A URGENCIAS. Hazte acompañar, en esos momentos sé perfectamente que no tienes ganas de ir, a mí me ha pasado, pero has de hacerlo. Acude a tu instinto de supervivencia antes de que sea tarde. El cementerio está lleno de bipolares sin diagnosticar. Es nuestra primera causa de muerte. Muchos no aguantaron el sufrimiento, y no fueron al psiquiatra. Había un camino, no lo vieron o no quisieron hacerlo, pero esos no cuentan ahora. Cuentas tú. Si ya vas a un psiquiatra y no te convence lo que te dice ni el tratamiento, cambia de psiquiatra. Sin dudarlo. No te has casado con él, ninguna fidelidad le debes y menos si no te está ayudando. Tú no tienes por qué tener un Trastorno Bipolar, ni siquiera has de pensar en que puedes tener un TB o una depresión o un trastorno de personalidad. No sospeches de ninguna enfermedad, sólo sé consciente de que algo no va bien en ti, ya te dirán qué tienes, y que eso no te preocupe, es sólo una etiqueta. Sé consciente, se valiente, pide ayuda. Salva tu psique, sálvate. No eres una mierda, eres un ser humano que tiene un problema, y hay otros seres humanos que pueden sacarte de él. Sálvate, por favor.. . . . Imagen: “Help” (The Beatles, 1965) |