Carne de Psiquiatra



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Se muestran los artículos pertenecientes a Noviembre de 2004.

Resumen

Bienvenido al weblog Carne de Psiquiatra

edvard munch el grito 1893.jpgBienvenido o bienvenida. Este es mi blog, que no un diario. Tengo un diario privado, que no voy a publicar aquí. Esto es otro rollo. Tampoco es terapia, puesto que ya tengo un psiquiatra y un psicólogo. Quiero divulgar la vida de una enferma mental, en un vano intento de que esto de la estigmatización social pase a la historia. Es mucho pedir, pero aquí está mi granito de arena.

Pasad, comentad, escribidme.

Por fin me animo a crear un weblog y mi primer post pasa a ser “error” al publicarlo. Lo mío es la ley de Murphy, y hace años que estoy bajo ella. Llámame pesimista, lo soy. Pero soy bipolar, así que tengo mi lado optimista también. Soy blanco y negro, alegre y triste, simpática y huraña, sexy y adefesio, Apolo y Dionisos. Soy todos los contrarios, sólo depende en qué momento me pilles. Soy el perfecto abogado del diablo, porque tengo dos opiniones opuestas para todo, y por supuesto la mía.

Esta enfermedad es una manera de vivir. Intentaré compartirla con vosotros.

La única advertencia que puedo y debo haceros es que no soy profesional, ni psicóloga ni psiquiatra, y este es el límite de este blog. Para ello os remito a páginas de profesionales. El blog va a hablar de la enfermedad, de cómo me afecta a mí y a otras personas que conozco, de los síntomas y episodios sufridos, de los profesionales que me han visitado estos años y de las charlas que tuvimos, de aspectos que me parezcan interesantes. Y quizá de algún off-topic, para no aburrirme a mí misma de tanta bipolaridad, para empezar.

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"Carne de psiquiatra" fue una viñeta muy popular y lúcida de Lluïsot para "El Jueves". Estoy tramitando su autorización para usar parte de su material en el blog.

Pintura: "El grito" (Edvard Munch, 1893)

Logotipo del weblog: cortesía de Billy Watts

Diagnóstico I

trileptal.jpgDel psiquiatra, sales con una etiqueta nueva, "Trastorno bipolar", un puñado de recetas, y un apretón de manos.
Vas a la farmacia, compras los nuevos fármacos, reparas en que son carísimos (y bendices el descuento de la Seguridad Social), y al llegar a casa, cometes el error de leer los prospectos.

Y lanzas un lamento desesperado: "por Dios, ¿qué me están dando?" ¿Qué enfermedad es esta, por qué me encuentro tan mal, estas pastillas van a curarme? ¡Si son para epilépticos! ¡Debe haber algún error! Y empiezas a buscar por Internet, y encuentras cientos de páginas, la mayoría en inglés, y si llevabas una ensalada mental, multiplícala por todas las páginas que intentas leer sin comprender nada, páginas que hablan de "eutimia", "episodio", "antipsicótico", "euforia"...

Hasta que encuentras un chat. La primera conversación es más o menos como sigue:

yo> Hola, me acaban de diagnosticar, y tengo muchas preguntas... necesito ayuda
una> Bienvenido, aquí somos todos bipolares, pregunta cuanto quieras
yo> ¿Por qué me han recetado un antiepiléptico? ¿Se ha equivocado mi psiquiatra?
uno> No, no se ha equivocado. Los antiepilépticos tienen un efecto estabilizador del humor. Muchos de nosotros los tomamos
(...)

Y dices vale, esto es lo que hay. Y te animan a que te lo tomes aunque sigues teniendo reparos, y también te tomas la otra pastilla sobre la que no has preguntado nada.

Y en media hora ya no eres tú, eres un zombie. El mareo puede contigo. Te preguntas por qué la gente paga para drogarse porque es un infierno estar así. No puedes hacer nada, ni leer, ni ver la tele, ni escribir. Sólo esperar a que pasen los efectos, los de esa toma. Tienes tres tomas al día, tres viajes alucinantes programados.

Los efectos secundarios tardaron unos dos meses en pasarme, es decir, mi organismo tardó eso en asimilarlos y no castigarme demasiado. Tres veces al día, caía en el sopor más asqueroso que haya experimentado nunca.

"Tranquila, el cuerpo se acostumbra, ten paciencia", me decían mis nuevos amigos bipolares. No me sentía sola, y esto es muy importante, porque tenía miedo, miedo a lo desconocido, a esta enfermedad tan compleja que se me revelaba, que me estaba atacando sin piedad...

Lo mejor es que te lo diga otra persona que lo ha experimentado antes, lo reconfortante es saber que no estás sola en el ajo, que un 2% de la población lo tiene y encima tú eres una afortunada por haber sido diagnosticada y puesta en tratamiento. Porque empiezas a recordar, y a atar cables, y resulta que "esto" no viene de ahora, "esto" me ha sucedido mil veces antes, sólo que ahora me dan pastillas para "esto" y antes sólo me medicaban para la depresión y la ansiedad.

Es común que se tarde mucho tiempo en diagnosticar a un bipolar. Muchos son erróneamente tratados como depresivos, porque no han experimentado episodios de manía o no se han detectado las hipomanías. Algo así dicen los manuales. Mi diagnóstico tardó 10 años menos un par de meses en producirse.

Ciertamente, soy de manual. Eso me dijo mi actual psiquiatra cuando le pedí un segundo diagnóstico en la primera visita -¿y si se habían equivocado?-, tranquila, eres una "bipolar de manual".

¿Tranquila?
24/11/2004 23:26 *enlace permanente*. Tema: BIPOLAR Hay 25 comentarios.

"Una Mente Maravillosa" y otras analogías

abeautifulmind6.jpg“Una mente maravillosa “, (“A beautiful mind”) es el título de una excelente película, muy popular por su triunfo en los premios Oscar.

John Forbes Nash, Jr. efectivamente tiene una historia grave de enfermedad mental, en este caso esquizofrenia (diferente del TB), y su historia es aleccionadora para todos aquéllos que padecemos también otras patologías. Porque este matemático, Premio Nobel por su contribución a la teoría de juegos (“el equilibrio de Nash”), REMITIÓ. Remisión, ausencia de síntomas, también llamada EUTIMIA.

Muchos bipolares también han tenido una mente maravillosa, y dedicaré otro post a mencionar algunos. La pregunta es: ¿cómo funciona nuestra mente? La ciencia dice que ha observado diferencias en el lóbulo tal, etc. etc... (de momento no se traducen en remedios prácticos), Pero no voy a hablar de ciencia, sino de las metáforas que mejor definen nuestra mente.

Se ha hablado de la "mente de mercurio" con acierto, y la oscilación pasa de ser térmica a física cuando hablamos de una "mente pendular", y nos viene a la cabeza la imagen del péndulo de Foucault.

La oscilación se produce entre dos extremos, conocidos con el nombre de "mania" y "depresión". "Mania" o "euforia" significa un estado de ánimo opuesto al de depresión, en el que el enfermo roza si no el Cielo, algo demasiado parecido a la Felicidad con mayúsculas. Pero no siempre es así. "Manía" es un término psiquiátrico, nada que ver con la acepción coloquial "tengo la manía de limpiar el cepillo de dientes a diario". En otro post hablaré de manía y de depresión con detalle.

La depresión es una enfermedad más conocida, aunque cuando hablamos de bipolaridad la depresión es un episodio más de la enfermedad, esto es, cíclicamente el péndulo oscila hacia la depresión. La depresión bipolar tiene diferencias con la depresión unipolar.

Unipolar es pues, quien sólo ha conocido depresiones. Bipolar, a quien el péndulo le jugó una mala pasada.

La última metáfora es la de la montaña rusa, episodios que se suceden sin parar, sin remitir. Yo he estado en la montaña rusa, y sigo estándolo, porque llevo años sin experimentar la eutimia. Es tan emocionante como no saber con qué pie vas a levantarte, o si el estado de ánimo de estos días va a durarte mucho, porque la montaña rusa tiene sus bucles, lo que nosotros llamamos “ciclar”.
25/11/2004 23:27 *enlace permanente*. Tema: BIPOLAR Hay 5 comentarios.

MUSICOTERAPIA

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El transporte público va lleno de auriculares, y a veces me gustaría “pasearme” por todos ellos, por toda esa música y por todas las sensaciones y pensamientos que recorren a esa gente cuando la escucha, como en la preciosa escena en el metro de “El cielo sobre Berlín” (“Der Himmel über Berlin) de Wim Wenders.

La música transmite emociones, sensaciones, pasiones. Esto lo sabemos todos. ¿Y en ausencia total de sensaciones, qué ocurre? Me refiero a la depresión.

Uno de los síntomas de las depresiones más graves es que se abandona la música. Deja de ser una melodía y pasa a ser un ruido, una frecuencia que ya no es tolerada por tu cerebro, que maltrata todavía más tu psique. El silencio es la banda sonora de la depresión.

Por ello, un consejo para la gente cuando entra en depresión es que no deje de escuchar música, porque activa el cerebro, incluso cuando lo tienes medio desenchufado u off del todo. En mi penúltima depresión sólo fui capaz de escuchar los 11 CD de Chopin que me grabó un amigo. Los Nocturnos, una y otra vez, eran lo único que mis neuronas soportaban.

Poco a poco, Grieg y otros clásicos “tranquilos”. Cuando fui capaz de escuchar a la Callas, no sólo estaba mucho mejor, sino que ejerció efectos terapéuticos sobre mí que no hubiese esperado de ninguna pastilla. Y le sigo agradecida, ahora mismo está en mis auriculares.

Creo que la música de alguna manera ordena nuestras emociones. O las potencia. O a mí me ocurre, y trato de escogerla en función de las emociones que van a sugerirme. Uno de los mis discos favoritos es la banda sonora de “Blade Runner”, de Vangelis. Es un disco que me pongo porque sí, y últimamente cuando no tengo muy claras mis emociones, para “ordenarlas”, porque me da paz interior, y además el monólogo final no tiene precio. Y no me sorprendería que la sensibilidad de Vangelis tuviese origen bipolar.

Si quiero caña para mis neurotransmisores, últimamente "chupo" mucho Peter Gabriel, por ejemplo su último disco “Up” (grande esa canción “Growing up”) o el ya clásico “Plays live”, porque su música tiene mucha fuerza. Quiero hablar de Peter Gabriel en otro post, es algo más que un músico. Kurt Cobain también tiene esa fuerza, no sólo en la música de Nirvana sino en su voz, le leo el alma desgarrada, la que le llevó al final. Aunque tengo toda su discografía suelo acudir al “Unplugged in New York”, otro de mis básicos. Hace 10 años ya que Kurt se pegó un tiro, y por aquí podríamos entrar en el tema del suicidio en el Trastorno Bipolar... todo se andará, pero suelto la “perla”: es nuestra primera causa de mortalidad, sí, es escalofriante saber que un 20% de bipolares se suicida. Ya hablaremos con calma de Kurt y del suicidio, tenemos tiempo.

Debo aclarar que no tenía idea de que Peter Gabriel, Sting, Kurt Cobain y otros músicos tuviesen el trastorno. De esto me enteré después. Y la lista no acaba aquí. Ah, Chopin y la Callas están en las listas de unipolares.

Mis gustos musicales “poperos” van desde Henry Mancini a AC/DC, aunque suelo detenerme más en Police, Peter Gabriel, Prince o como se haga llamar ahora, y U2. Claro, están los Reyes: Beatles, Rolling Stones, Elvis Presley, Bruce Springsteen, Tina Turner. Y los Clásicos: Doors, Led Zeppelín, Deep Purple. Y los Nuevos: Jamiroquai, Blur, Moby, Chemical Brothers. Y los que me dejo… no es una lista ni perfecta (es la mía, a bote pronto), ni mucho menos cerrada, pues tengo tropecientos vinilos, CDs y mp3 de todos los gustos y colores y en 20 años ha llovido mucha música.

Mi generación es evidente, soy un producto de los 80, y me gusta serlo.

¿Qué escucho ahora? En mi mesa está Bryan Ferry (inolvidable “More than this”), “The great american Songbook” de Rod Stewart, “Best of” Talking Heads, Pink Floyd (“Wish you were here”), Lenny Kravitz (“Mama said”) y “The Rocky Horror Picture Show”.

Adivinanza: ¿En qué estado o fase de la enfermedad me encuentro ahora? La música lo dice por mí. Estoy en una hipomanía leve, un pelín (animada) por encima de la eutimia (“normalidad”), es decir, haciendo vida prácticamente “normal”. Escucho de todo, no desprecio nada, ni abuso de música excitante, demasiado fuerte… digamos que no escucho demasiado Metal últimamente. Eso lo dejo para momentos maníacos, cuando las neuronas piden guerra, cuando yo misma soy el Dr. Frank-N-Furter.

Un dato curioso, y para mí desternillante. Este verano, en plena y asquerosa depresión, cuando no escuchaba música alguna, la sonrisa me la sacaron “Del Pita Del” (¿Quién no se fijó en el anuncio del verano? Hasta los depres…) y “Dragostea din tei”, porque me recomendaron el mp3 (aclaro o insisto, no escuchaba la radio ni discos, estaba depre y conscientemente aislada del sonido con tapones). A cuál más hortera, pero les tendré cariño siempre por haberme dado momentos de respiro en un mes, agosto de 2004, que sólo merece el calificativo de “entrada al infierno”.

Del infierno, ya hablaremos. Cuando pueda ponerle banda sonora, quizá.

***

26/11/2004 10:59 *enlace permanente*. Tema: Blue, persona Hay 6 comentarios.

Personas Lúcidamente Peligrosas

diabo11.jpgUna idea que se nos machaca a diario por diferentes vías, ya sea por otros afectados o por los profesionales que nos atienden, es que nos quitemos de la cabeza el “bipolar” para todo, que esa etiqueta no sea nuestra vida o nuestro ombligo, sino que nos consideremos PERSONAS que tienen un trastorno, el TB.

Porque muchos bipolares, una vez lograda la remisión, llevan una vida que para el resto es perfectamente “normal”. Esto es, trabajan, tienen pareja, cuidan de sus hijos, y quizá vayan al hipermercado los sábados a pasar la tarde. Por supuesto, toman pastillas cada día y acuden a controles con el psiquiatra, pero eso pertenece a su esfera privada.

Antes del diagnóstico, todos hubiéseis dicho que soy una persona tal y cual normal. No sé por qué han de cambiar las cosas después del diagnóstico. En todo caso, se me ha dicho en repetidas ocasiones que estaba enferma, que no me encontraba bien, y todo eso era cierto (como si yo no lo supiese, era plenamente consciente). Esta persona –moi-estaba pasando un episodio muy duro. Desde la distancia se aprecia mejor una manía. La mía no fue de las de sentirse feliz, la mía fue lo que se llama “disfórica” (contrario de “eufórica”), es decir, no fui feliz sino que las pasé putas. Casi me mato.

Esto es muy importante: un bipolar no pierde NUNCA la LUCIDEZ. Ya he dicho que soy y era consciente de lo enferma que he estado. Por eso no se soporta, yo no tolero, que me traten como a una cría. Lo que sí pierde o teme perder un bipolar en crisis es la razón, en especial cuando se le dispara la psique hacia arriba. Lúcidamente, un bipolar en plena crisis maníaca puede decirte tan tranquilamente que le han visitado extraterrestres, o que está infiltrado en un grupo con tal de conseguir el paradero de Ben Laden.

Hay grados en la enfermedad, enfermos más graves que otros, pronósticos halagüeños que te dicen “ánimo, pasa el bache y vuelve a la vida normal”, y otros que dibujan un futuro pintado con el gris de una pensión no contributiva de 270 euros y trabajos protegidos, sin cualificar.

Y también hay grados en las fases. Una manía puede ser divertida e inocente, pero puede “aumentar”, ir a más, súbitamente y acabar en psicosis. La psicosis es muy grave, y motivo de ingreso, porque no se puede ir suelto en absoluto descontrol, uno es un peligro para sí mismo, meterse en líos que acaban en juicios de faltas, por ejemplo.

También es motivo de ingreso el otro extremo, la depresión mayor con ideas suicidas recurrentes, incluso planes suicidas elaborados. Porque lo hacen. No son amenazas ni pataletas que suele interpretar la familia (“ya está mi hijo con el mismo rollo”), si un bipo dice que se va a suicidar es porque va a hacerlo.

En la vida de un bipolar se ha presentado al menos un episodio de los mencionados (psicosis, intento de suicidio) que ha hecho necesario su ingreso. Hay quien alardea de no haber sido nunca ingresado, y pienso en las pobres familias que aguantaron lo peor.

En estos dos extremos, y en su máximo exponente, psicosis y depresión "suicida" (argot), es cuando el bipolar realmente está enajenado, y así lo reconoce cuando vuelve o remite de ese estado.

El único peligro que he observado, la única situación de daño a terceros, es de tipo monetaria. Porque los maníacos (argot, es decir, un bipolar en estado maníaco) suelen tener ideas brillantes y se embarcan en negocios a la brava, o porque de repente necesitan 100 trajes de Armani y la Visa va a merced de estos caprichos y de regalos que hacemos a todo el mundo (qué grandes clientes del Corte Inglés podemos ser en manía), o porque van al aeropuerto, dejan el coche en el parking y cogen el primer avión intercontinental. Esto no son ejemplos al azar, he escuchado estas historias reales de personas reales. También me han hablado de accidentes de coche, algunos acabaron en siniestro total pero los casos que conozco por fortuna no involucraron a terceros.

Cuando el maníaco “baja” de nuevo a la realidad, se encuentra con un montón de deudas. Por ejemplo, cuando se fue no reparó en lo del coche y sólo la factura del parking del aeropuerto ya deja sin aliento. O directamente ha dejado a su familia sin patrimonio. Y el bipolar en cuestión, una vez “ha bajado de la parra” (argot bipo), es perfectamente consciente del daño que ha ocasionado, y su compunción, dolor, es proporcional a ese daño. De maníaco cicla a depresivo (porque esa es la ley del péndulo), y esa depresión se agrava con la penitencia, además de ser proporcional a la gravedad de la manía anterior.

Pero no ha habido heridos.

El sistema de valores de un enfermo bipolar no cambia sea cual sea su estado o episodio. No hace daño porque no se ha convertido en un psicópata, porque nunca lo ha sido.

El peor peligro para un bipolar reside en sí mismo. Y lo del dinero siempre tiene solución, lo del suicidio no.

Hago una salvedad sobre la peligrosidad de un bipolar: intenta ingresar por la fuerza a un enfermo en fase maníaca, con psicosis. Lo más seguro es que te lleves una patada en los huevos en el proceso. Porque él se encuentra de puta madre, claro. ¿Ingresar? Vamos hombre, quiero volar… ¿Quién no haría lo mismo?
27/11/2004 23:31 *enlace permanente*. Tema: BIPOLAR Hay 6 comentarios.

El Everest

everest.jpgEl monte Everest es la montaña más alta de la Tierra, con 8848 metros de altitud. Está localizada a 24° 59' 16" N, 86° 56' 40" E en el Himalaya, en el continente asiático, y marca la frontera entre Nepal y Tibet. En Nepal es llamado Sagarmatha y en el Tibet Chomolungma (madre del universo) Qomolangma Feng. La montaña fue nombrada Everest en honor de Sir George Everest, británico, topógrafo general de la India, en 1865. (De la Wikipedia en español, http://es.wikipedia.org/wiki/Everest)

El Everest es el techo del Mundo.

El Everest también es un techo mental. No es coña.

Cuando dejas de ser tú mismo y te llamas Depresión, todo representa la ascensión al Everest, y tú no tienes fuerzas ni para levantarte de la cama. O del sofá al cual te has arrastrado desde la cama.

Estás sano. Haz una lista de tus rutinas diarias. En el lapso de despertarte y salir de casa al trabajo, has hecho un mínimo de 20 cosas. Un deprimido realiza 0. Por eso está enfermo.

La ducha es el Everest. Antes te duchabas cada día, por supuesto. Ahora las cosas han cambiado, no sabes cómo, pero te resistes a entrar en la ducha. No recuerdas el placer del agua recorriéndote de arriba abajo, ni esa grifería que te permite 10 posiciones de masaje. Eres una especie de gato. Agua... no, gracias.

Bajar a la calle, es como ascender al Everest. Tienes mil fobias: agorafobia, fobia social… No puedes. Es como si estuvieses encadenado.

Comer, comer también es el Everest. No tienes apetito. Ves el plato que te han cocinado y lanzas una mirada lastimera a quien te lo puso. No vas a poder comerlo, porque tendrías que deglutir el Everest. Engañas al estómago con leche, zumos, yogures y natillas, alimentos que no se te atraganten.

No es que al Deprimido le guste estar guarro, o no cuidarse, o no salir, o cien mil cosas de la vida normal. Es que todo lo que antes hacía sin pensar, ahora es el puto Everest.

La gente presiona, en un intento de ayudar. Haz esto, haz aquello, pon de tu parte.

PON DE TU PARTE. Esa frase debería estar prohibida.

Porque a una persona con las dos piernas rotas, no le dices que ponga todo lo que esté de su parte para escalar el Everest.

Tú no tienes una pierna rota, tienes una depresión, que a los efectos del Everest es lo mismo. Pero la gente no ve que tienes rotos los neurotransmisores. Y esa frasecita, dicha con la mejor de las intenciones a veces y con modos amenazantes en otras, como si tú tuvieses la culpa de tu depresión, te acaba de hundir. Porque te sientes culpable, porque como antes lo hacías (la ducha, salir de casa…) y ahora no, te parece que eres tú el causante de tu abandono.

Pero no, no eres culpable. Sólo eres víctima de una depresión. Las buenas noticias son que de todo se sale, y de esto también. Las hay de una semana, las hay de medio año, las hay de mucho más.

Y las malas noticias, que cuando sales del pozo, ducharte y ponerte un traje no son las únicas cosas que no sólo eras incapaz de hacer por tu enfermedad, sino que te das cuenta que las has olvidado por completo. Las hacías, las dejaste de hacer estando enfermo, y ahora no sabes por dónde empezar.

Rutinas, esa es la palabra clave. Las has perdido todas, la enfermedad lo ha barrido todo.

Desde 0, echándole un par, ahora sí es el momento de comenzar la lenta y penosa ascensión al Everest.

Todo esto parece muy teórico. Bien, lo aderezaré con un ejemplo de mi vida. Cuando trabajaba, tardaba 20 minutos en levantarme y salir de casa aseada, vestida y desayunada. Ahora que estoy en "rehabilitación", el mismo proceso me cuesta dos horas.
27/11/2004 23:36 *enlace permanente*. Tema: BIPOLAR Hay 3 comentarios.

Angustia I

20060222192643-angustia-oswaldo-guayasimin.jpg

Como es algo complejo de explicar, se lo dejo al que parece un experto en la materia:

La ansiedad es difícil diferenciarla conceptualmente de la angustia, utilizándose ambas palabras de forma indistinta en muchas ocasiones. Las dos comparten una misma raíz etimológica (ANKH) que se mantiene a lo largo de las diferentes palabras, más o menos sinónimas, del tronco común de lenguas indoeuropeas. La palabra originaria quería decir angosto, estrecho o constreñido, con equivalentes muy precisos incluso en lenguas más remotas. Por ejemplo, en egipcio antiguo, para hacer alusión al miedo intenso se utilizaban dos símbolos, uno indicativo de estrechez y otro representando a un hombre tumbado como si estuviera muriéndose.
Para nosotros y en general, la angustia hace referencia a una sensación más corporal, opresiva, sobrecogedora, que llega a "encoger" el pecho o el estómago, el temor a morir o enloquecer lentifica el paso del tiempo así como inhibe a la persona. La ansiedad sería una sensación más mental de sobresalto y desasosiego mantenido, el tiempo aparece como acelerado mientras se teme que cualquier cosa negativa puede ocurrir y la persona se siente continuamente en tensión y con "necesidad de aire".


Me da igual cómo la llamen, ansiedad o angustia. “Angustia” es lo que diagnosticaba mi médico de cabecera en las bajas cuando yo llegaba destrozada por el trabajo, porque el stress me devoraba viva, y presentaba múltiples síntomas somáticos: el estómago, por ejemplo, cómo me pataleaba el cabrón. Todo psicosomático, por supuesto, el estrés es así. Al parecer, angustia y stress son sinónimos.

Estoy hablando de algo físico. La angustia es física. ME DUELE EL CUERPO. Es más que una molestia, aunque cuando es crónica la percibes como un malestar. Es simplemente Angustia, y con esa sola palabra nos entendemos todos los bipolares que conozco, y también muchos unipolares.

Angustia es lo que siento, ya de forma crónica, hace tantos años que ni recuerdo los inicios, en mi cuerpo. Una opresión en el pecho, por lo común. A veces, extendiéndose por los brazos. O instalándose en la cabeza. Y todo el día, me acompaña siempre. Me contractura la musculatura, me da mil molestias que ya apenas noto, es parte de mí.

Hace cosa de dos meses me noté rara. Vi que algo no funcionaba bien, me hice un escáner, y éste se paró en el pecho… sorpresa, no hallé ni rastro de Angustia. Fue realmente un día de fiesta, podía respirar tranquila, abrir mi diafragma sin dolor. Lo del diafragma no es coña, el día que mi fisioterapeuta me lo desbloquea veo las estrellas. Me sentía feliz, “eso”, “ella” se había ido. Felicidad, no miento. Era yo, libre. Increíble, era yo.

Ahora mismo la percibo aquí, debajo de las costillas, en el lado izquierdo. Parece un tumor quejándose.

Le suministro ansiolíticos en un vano intento de que me deje en paz de una vez por todas, pero me temo que ya ha encontrado un cuerpo donde alojarse y me parece que es más fácil expulsar a una tenia.

También la depresión suele ir acompañada de angustia. Ahora no estoy deprimida pero ella sigue conmigo igualmente. Estoy convencida que la tendré crónica de por vida, a no ser que el psicólogo pueda hacer algo a base de terapia. Los psiquiatras sólo pueden recetar pastillas. Y he tomado muchos ansiolíticos, desde hace muchísimos años. Es más, cuando me dieron Valium llegué a engancharme. Parece ser que las benzos (argot, abreviatura de benzodiazepinas) enganchan. Pues lo confirmo.

Si no has tomado Valium y un día recibes 5 Mg para dormir, caes fulminado. Yo tomaba más de 20 Mg al día sin efecto alguno, la Angustia seguía ahí. Dosis de caballo para muchos, para mí simples "sugus". Ahora en mis informes psiquiátricos se cita “abuso de…”.

Pero llegó el Diagnóstico, TB, y me tomé las cosas en serio por fin. Ya no me tomo valiums al gusto, ahora tomo otra benzo (Rivotril) pero según lo pautado. Ser serios es seguir la Pauta.

Sobre el estrés, un pequeño apunte. Es un enemigo, puede que el número uno, para un bipolar. El estrés provoca episodios, fases, ciclos. Hay que huir del estrés. Yoga, meditación, relajación, técnicas a practicar a diario si las conoces. Encontrar trabajos tranquilos, si es que todavía existen. Lo del estrés merece un post aparte, y lo de la pauta también.

Y lo referente al ataque de pánico, capítulo aparte… (¿Angustia II?)

***
Pintura: "Angustia", de Oswaldo Guayasimin

28/11/2004 23:41 *enlace permanente*. Tema: BIPOLAR Hay 4 comentarios.

La Pauta

CONEJILLOS DE INDIAS.jpgLa pauta consiste físicamente en un papel donde el psiquiatra escribe cuál es tu medicación y cómo has de tomarla.

Ejemplo:

Rivotril 2 Mg ½- 1 (1/2 extra)- 1

Esta tiene tela. Medio comprimido por la mañana, uno al mediodía, medio extra por la tarde si lo necesito, y uno por la noche.

Lo de partir las pastillas tiene su arte. Las hay marcadas con una hendidura, de forma que con las uñas se parten sin dificultad. Otras son gordas, redondas y compactas, y ahí peléate con el cuchillo para que más o menos quede una mitad, o lo que es más difícil, un cuarto. Me han dicho que venden un aparatillo para partirlas, porque la cosa puede ser jodida cuando te pidan 1/8 o 1/16.

Otro ejemplo:

Lamictal 200 Mg 0-0-1

Este es el “estabilizador” (un antiepiléptico usado como estabilizador del ánimo). Esta pauta es más fácil, tomar uno por la noche.

La pauta que te da el psiquiatra es sagrada. Has de seguirla a rajatabla. Y si puedes tomar la medicación siempre a la misma hora, mejor, pues de esta manera el organismo recibe puntualmente sus dosis sin sobresaltos. Un conocido mío tiene un pastillero con un “timer” que le permite tomar las pastillas exactamente a la misma hora cada día. Yo me conformo con acordarme de tomármelas.

Más razones del por qué la pauta es sagrada. No vale el “uy, se me acabó esto, la semana que viene voy al médico y ya me harán una receta”. Has de ser previsora y tener siempre a mano. Es más, cuando sales de casa, es recomendable que lleves la medicación que vas a necesitar durante todo el día. Nunca se sabe cuando uno sale de casa, pero lo que sí se sabe es que tú te vas a tomar las pastillas.

Cuando viajas al extranjero. Lo óptimo, llevar un informe de tu psiquiatra en inglés con un breve historial y la pauta, ya no con nombres comerciales, sino con principios activos. Llevar medicación en dos o tres lugares (maleta, bolso de mano…) por si se pierde el equipaje. Pase lo que pase, has de prever que tú te tomas las pastillas caiga quien caiga.

Es lo que se llama “adherencia al tratamiento”. Por ejemplo, tienes un resfriado vulgaris, y te recetan algo para tomar durante una semana. Pero a los dos días te encuentras mejor y lo dejas. No has observado la adherencia, pero los daños son poco relevantes (los médicos insisten en que no, en que dejando un antibiótico en realidad te haces resistente a él…)

Los psicofármacos requieren esa adherencia, has de ser consciente de que los necesitas, estar de acuerdo con la Pauta como si firmases un contrato con ella. No pueden abandonarse, ni una sola toma. Un bipolar sabe que es un enfermo crónico, y que deberá tomarse esas pastillas cada día de su vida. Como un diabético sabe que no puede pasar ni un solo día sin insulina.

Lo único emocionante del asunto es que de vez en cuando, el psiquiatra te cambia la pauta. Ya no media pastilla arriba o una abajo, sino un cambio de fármaco. Y digo emocionante porque no sabes por dónde te vendrán esta vez los efectos secundarios, total, ya estabas acostumbrada a los de la pauta que seguías.

Los psicofármacos suelen empezarse a tomar o abandonarse con una pauta ascendente si es nuevo, o descendente si ya lo tomas. No se puede dejar de tomar un medicamento a la brava, sino con instrucciones muy precisas del psiquiatra. Y lo mismo al empezar: poca cantidad al principio, ir acostumbrando al cuerpo.

Nuevos medicamentos. Yo temía al Litio. El Litio es el medicamento rey para el Trastorno Bipolar. Como tantos otros, descubrieron su utilidad por chiripa. De hecho, es un elemento de la tabla periódica. Extraigo un fragmento sobre su historia como medicamento:

Se atribuye el descubrimiento del litio a Afwerdson en Suecia, en 1817. Durante todo el siglo XIX fue utilizado para el tratamiento de la enfermedad artrítica. A partir de 1900 se lo utilizo en la profilaxis de la depresión y como antiepiléptico o hipnótico. El antecedente más nefasto de la historia del litio se remonta a los anos 1940, cuando de lo indicaba como sustituto de la sal común en pacientes cardiópatas, con innumerables casos de intoxicaciones y muertes, por lo que su venta fue prohibida en Estados Unidos. Casi simultáneamente, Cade, en Australia, descubre el efecto antimaníaco del litio, al tratar de solubilizar los uratos urinarios de animales de laboratorio, a los cuales se les había administrado orina de enfermos que padecían diferentes trastornos mentales. Pudo comprobarse que después de ingerir litio, los animales entraban en un letargo muy especial, sin cambios notorios en el comportamiento. Desde entonces, el interés por el litio ha aumentado de manera explosiva a partir de la década del 60. En Estados Unidos, su uso fue permitido por la FDA solo a partir de 1970 para el tratamiento de la Manía aguda y, de 1974, como profiláctico del Trastorno Bipolar (http://www.eutimia.com/psicofarmacos/anticiclicos/litio.htm).

Y tenía mis razones. Es un medicamento complejo. Hay que medir periódicamente los niveles de litio en la sangre (litemia): si hay poco, falta dosis, si hay mucho hay que bajarla o dejarlo porque te ha producido una intoxicación. Y de alguna manera afecta a la glándula tiroidea, y esto no me gustaba nada, porque ya había tenido problemas con ella.

Me resistí mucho tiempo al litio, pero finalmente me dejé convencer. Mi primera litemia dio 0.4, es decir, un nivel bajo (empieza a ser potable en 0.6). Pero no estaba dispuesta a subir la dosis. No toleraba el efecto secundario y perdonen lo escatológico del asunto: dejar de cagar, para tener diarrea continuamente. No, porque las personas normales cagan. Y yo no iba a dejar de ser normal en ese aspecto. Y conozco gente que acepta la diarrea crónica ante la enfermedad. Yo no. Llámame lo que quieras, por ahí no pasaba. El resto de medicación también ha afectado a mis deposiciones, pero al menos son sólidas, no tanto como antes porque claro, tengo otros efectos secundarios por ahí.

Dicen que si te funciona el Litio, estás salvado, y remites pronto. Esto lo dice en especial una que sólo toma litio y además lleva años asintomática. El resto, somos cobayas a la espera de que un cóctel de pastillas encaje en nuestros neurotransmisores. Cuántas lamentaciones he escuchado, las mías para empezar (escenario: efectos secundarios repugnantes en pleno auge) diciendo “soy un puto conejillo de indias”.

“La esperanza, nuestra bandera”, decía un bipo al que conocí en un foro. Hay que tener esperanza, aunque pasen los meses y sigas mal. Un día la pauta se convertirá en un guante para nuestros neurotransmisores y por fin dejaremos de oscilar, dejaré de oscilar, remitiré. Llevo año y medio rompiéndome los cuernos esperando ese momento, y por mis …….. me ha de llegar.

Imagen: bipolares esperando su turno en la consulta del psiquiatra. Seguramente, estarán hablando de efectos secundarios.
28/11/2004 23:42 *enlace permanente*. Tema: BIPOLAR Hay 2 comentarios.

Enunciado: describa el Trastorno Bipolar para un weblog

pendulo foucault.jpgAyer estuve chateando con un chico de Castellón al que hacía tiempo que no veía por msn. Es joven, tendrá unos 25, y en su día decidió dejar la medicación, porque la acupuntura le quitó la Ansiedad y no tenía más problema, no estaba en la montaña rusa. Pero las cosas cambiaron, me contó que tuvo una depresión y volvió al psiki a dejarse empastillar (argot).

Me llamó la atención un comentario que hizo: “las emociones no son un secreto para nosotros”, a cuento de un taller de teatro.

Ese es el quid de la enfermedad. Las emociones. El TB ha sido definido como “la enfermedad de las emociones”.

Tú experimentas emociones, como cualquier hijo de vecino. Te alegra ver a un amigo, te entristece visitar a un enfermo en el hospital. Tu estado de ánimo depende de lo que te ocurre, incluso de vez en cuando no experimentas emociones (“estás normal”) pero también sabes perfectamente lo que te pasa cuando te cabreas hasta el límite. Te sorprendes ilusionándote cuando juegas con un niño pequeño, y emocionándote hasta soltar la lagrimilla con una película… tú has hecho esto, y el resto de humanos… navegar, OSCILAR cotidianamente entre emociones, a veces contradictorias durante el mismo día. Por ejemplo, llegas de mala leche del curro más el atasco en la autopista y se te arregla –y alegra, emoción- el día viendo un partido de fútbol. Cosas cotidianas.

Para un bipolar, esto no es cotidiano y llevadero sino cotidiano y un problema. Porque esas emociones son mucho más fuertes. Es muy sensible a ellas, los estímulos externos que provocan emociones para cualquiera pueden convertirse en cuchillos afilados.

Observa una reunión de niños. Juegan, y mientras lo hacen, chillan, ríen, se agitan. Yo digo que son pequeños maníacos. Fíjate en sus emociones, y cómo las expresan, en risas abiertas y francas, en movimientos corporales abiertos. Es un estado alterado de conciencia muy interesante. Creo que es de tipo hormonal.

Ahora nos detendremos en otro escenario, esta vez triste, por ejemplo un velatorio. Los hay muy compungidos, les ha tocado de cerca. Si no lloran, apreciarás en sus rostros el dolor, la impotencia, etc. Otros hacen compañía, y por contagio, se les cae la lágrima.

Ya tenemos los dos extremos. Los hemos fotografiado en dos momentos.

Ahora pasemos al trastorno bipolar.

No son momentos puntuales. Son episodios o fases donde las emociones están alteradas. Duran días, semanas, o meses, quizá años. Por lo que he visto, las manías suelen ser cortas, mientras que las depresiones se instalan hasta que no tienen otra cosa mejor que hacer que largarse ("Adieu, mon amour", dice un amigo mío en ese momento).

Las fases maníacas son de gran exaltación, alegría, amor por la vida. La manía es un pacto con la Vida. Todo es magnífico, la botella está medio llena y te la bebes, y además pides otra ronda que pagas generosamente, porque siempre estás celebrando y regalando cosas. Tú eres de puta madre, te sobra autoestima por todos lados. Te sientes muy abierto, le cuentas tu vida hasta al portero. Sales más, haces vida social, la gente es simpatiquísima y vas haciendo amistades por doquier, tu labia es imparable, eres la hostia. Duermes poco porque además de necesitar tan solo cuatro o cinco horas, tienes mil cosas a hacer, veinte libros nuevos por leer, una casa a redecorar, un vestuario a renovar porque tú te sientes renovado y necesitas ver esos cambios en los viejos escenarios. Viajas porque necesitas experiencias nuevas, los escenarios de siempre te aburren. El Amor te llama y te enamoras de alguien cuando en realidad te has enamorado del Amor. Y el sexo, piensas mucho en el sexo: no pararías, eres el mejor amante y además infatigable. Todo te sabe a mucho pero quieres más, te sientes vivo como no lo habías hecho antes y necesitas más inyección de vida, y además te sobra energía para aguantarla. Te sientes feliz, tú y el mundo estáis compenetrados y os dais lo mejor el uno al otro.

La depresión, por lo contrario, es una lucha contra la Muerte. Estás muerto en vida. No hay causa alguna para que te hayas hundido (depresión endógena), pero tú te sientes muy solo, muy vacío y definitivamente muerto por dentro. No vives, eres un vegetal, se te acabaron las pilas. Te sientes una mierda, y te preguntas si alguna vez tuviste autoestima cuando te miras al espejo y el reflejo es un viejo demacrado o una pre-obesidad. Sueles quedarte en blanco mirando al techo, perdido en tu propio interior, preso de ti mismo. No coges el teléfono porque no tienes ganas de hablar. Si lo coges, tu voz es un maullido, no dices nada porque no hay nada a contar, y acabas colgando entre excusas porque te agobia tanta charla. Vives en la Nada. El sexo ha dejado de existir, como tantas otras cosas, te apetece -no, no te apetece nada en absoluto, NECESITAS directamente- dormir, dormir te desconecta de la pesadilla, duermes más de doce horas al día a veces. Te gustaría estar para siempre en sueños, o en un lugar tranquilo donde nadie te molestase, porque tu “yo” se ha cerrado al mundo, y a tu vida en el mundo. Sales de casa por obligación, tu lugar está en la cama o en el sofá tragando telebasura, y en chándal, eso si te has quitado el pijama. ¿Ducharse? Cuando no hay más remedio, no hay ganas ni de eso. Tu yo está triste, muy triste, muy solo en este mundo que se ha estrechado hasta encerrarte en un muro, y sufre mucho por ello, siente impotencia y aislamiento, ha perdido la capacidad de comunicarse con sus semejantes. Sufres por ti y por toda la humanidad, tu sufrimiento no tiene límites. Cualquier chorrada te hace llorar, eso cuando no estás llorando porque sí. Piensas que vas a quedarte toda la vida en ese estado, esta vida que es una mierda, y te planteas que estarías mejor fuera de ella. Y aquí es cuando entramos en la zona de peligro: suicidio.

Estoy hablando de la misma persona. Increíble, ¿no es cierto? Que ha experimentado ambas cosas a lo largo de su vida, o en el mismo año. Por ejemplo, en medio año ha pasado de un extremo a otro, es moneda común.

O te catapultan, o te caes al foso, como el pobre Coyote.

Es el Péndulo.

Advierto que he descrito fases “puras”, síntomas de manual, pero ciertos. Cuando un bipolar está bajo tratamiento, puede padecer -y padece- nuevos episodios, pero en teoría gracias a la medicación estabilizadora del humor los síntomas son mucho más suaves y llevaderos. Dije en teoría, y lo subrayo.

Entrar en una fase de las descritas puede hacerse de forma brusca o paulatina. Suele ser gradual: de repente empiezas a notar síntomas en una u otra dirección. Y es cuando debes llamar al psiquiatra urgentemente o adelantar la cita que tenías programada el próximo mes, porque necesitas un ajuste en la medicación. La razón es que si las cosas se van de las manos, y el episodio avanza rápido y se agrava antes de que la medicación lo aplaque, la historia puede acabar en un ingreso.

Episodio maníaco, episodio depresivo… me falta el episodio mixto. Es el peor, eso dicen, y yo lo corroboro. Porque se mezclan síntomas de ambos. También se le llama manía disfórica (lo contrario de la manía eufórica, la feliz). Yo he vivido en un episodio mixto unos ocho meses. En mi caso, manifestaba casi todos los síntomas de la depre, ideas suicidas incluidas, y una mala hostia con el mundo (irritabilidad, síntoma maníaco) que me permitía hacerlo, y casi lo hago. Cada día me suicidaba mentalmente, pero por fortuna no lo hacía -pensaba mucho en mi familia, en lo que sufriría, en que no lo entendería-, aunque sabía cómo, y me apartaba de... (no se dan ideas, dice una gran amiga). Me han dicho que el riesgo de suicidio en episodio mixto pasa de ser del 20% al 50%. No me extraña, es un infierno mental del que saldrías por cualquier puerta o balcón.

El episodio mixto es el más temido, porque es el peor. No, el peor es el maníaco, porque temes la psicosis, la pérdida de la razón. No, el más nocivo es el depresivo, porque dejas de vivir y te la juegas al suicidio. Tememos a los episodios, no se sabe cuál es peor porque todos acaban siendo asquerosos, todos significan sufrimiento desde el principio o al final (caso de la manía). Es entrar en uno y desear salir el mismo día, pero aguantar mecha hasta que la medicación te saca, o que el péndulo te lleve a otro lugar, que cicles porque sí hacia otro episodio.

Hay un episodio, sin embargo, que sí es el deseado. Se trata de la HIPOMANÍA. Es un grado menor de la manía, es un intermedio entre la eutimia-normalidad y la manía. Estás algo "subidillo" (argot), pero apenas es apreciable. Tu autoestima es correcta. Te sientes bien, simplemente bien, feliz a ratos –los justos- pero de permanente buen humor, satisfecho por tu competencia en lo que eres y haces -trabajo...-, vives positivamente y sin grandes excesos, los corrientes –una cámara digital, todos la tienen ya...-. Eres sociable y simpático, despliegas todo tu "encanto bipolar". Y la gente lo recibe, porque el encanto bipolar existe y lo transmites, y eres aceptado, incluso popular.

Hay gente que vive en permanente hipomanía, gente que no tiene por qué sufrir trastorno bipolar. Además, el perfil hipomaníaco es el del triunfador de hoy en día en nuestra sociedad: personas de trato agradable con éxitos laborales, amorosos... Quizá haya entre estas personas -seguro que te suena alguien así- algunos bipolares sin diagnosticar, pero si se quedan ahí en esa hipomanía -sin oscilar o agravarse- no hay problema alguno, al contrario, la vida les ofrecerá muchas satisfacciones.

Un bipolar bajo tratamiento no puede permitirse ni el lujo de la hipomanía, aunque es su máximo anhelo en fase depresiva. Porque puede transformarse en manía, y eso no interesa a nadie. Inmediatamente, se administran antipsicóticos para “bajar”… a eutimia si hay chiripa, a depresión si no. A los psiquiatras y a los familiares les gustamos más cuando estamos deprimidos, somos mucho más dóciles aunque podemos manifestar también irritabilidad.

Lo de la hipomanía es importante, porque es exactamente el punto donde todo bipolar querría vivir para siempre. De hecho, cuando un bipolar remite, y por fin pisa el suelo, la eutimia, puede ocurrirle que la primera sensación sorprendente es que la vida le parezca algo insípida, que a las venas les falte sangre. Hay que acostumbrarse y aceptar que la vida en equilibrio es un lugar donde las emociones ya no son fuertes ni continuas, se presentan en los momentos en los que se algo se produce (ver niños jugando, ir a un velatorio, sufrir un atasco), ya no se está siempre bajo un estado emocional.

Finalmente, un breve apunte sobre los tipos de bipolaridad. Bipolar tipo I es quien ha experimentado algún episodio maníaco además de los depresivos correspondientes. Yo soy tipo I. Los bipolares tipo II no llegan a manía: experimentan -qué eufemismo- depresiones e hipomanías. Existe un tipo de bipolares, los cicladores rápidos, que pasan de un polo a otro en muy corto período de tiempo. Los psiquiatras definen como ciclador rápido a una persona que ha experimentado cuatro episodios al año. Y la cosa puede ser peor. Una vez conocí a una cicladora ultrarrápida que en el mismo día pegaba unos bajones y subidones de órdago. Si no me dejo a nadie, me parece que sólo me queda hablar de la ciclotimia. La llaman la "hermana pequeña" del trastorno bipolar, porque es todo mucho más suave: los síntomas, los episodios... Los ciclotímicos son poco diagnosticados, porque todo el mundo conoce sin darle más importancia a alguien que se levanta cada día con un pie diferente, que tiene cambios de humor aunque sean bruscos, porque son cosas que demasiado a menudo se confunden con la personalidad, y si la persona no se encuentra mal no acude a un psiquiatra.

Yo concibo esta enfermedad como una lucha entre contrarios, un tira y afloja entre todos los polos y por supuesto entre sus máximos exponentes, la Vida y la Muerte. La enfermedad me ha afectado y sigue haciéndolo, pero he vivido mientras tanto en períodos eutímicos o hipomaníacos, porque no todo se reduce a experimentar emociones y hacer de éstas el ombligo de tu ser. Lo del conflicto con la personalidad (¿quién soy yo, este polo o el otro?) es otra película, para otro post.

Lo que sí es cierto es que me siento más humana después de haber pasado por todo el espectro emocional. Hay quien dice que se siente más maduro, y ciertamente los bipolares jóvenes lo son. Y mi empatía, esa capacidad de “Identificación mental y afectiva de un sujeto con el estado de ánimo de otro” (RAE), es muy alta. Porque mis emociones han hecho de mí una persona muy sensible.

Bueno, aquí va por fin lo que es la enfermedad con mis palabras, un examen sin apuntes. Aprobaré si lo habéis intuído. Porque entenderlo es imposible, hasta para los propios bipos, porque escapa a la razón, lo sientes en tus neuronas y entrañas y punto.

***
Imagen: péndulo de Foucault, símbolo del trastorno bipolar.
29/11/2004 18:19 *enlace permanente*. Tema: BIPOLAR Hay 46 comentarios.

Primer suicidio

Cascada Kakadu.jpgMi vida ha sido una lucha contra el suicidio, en cierta manera. Mejor dicho, una huída del suicidio.

Incluso desde niña, porque siendo niña, ocurrió algo que hasta hace muy poco no verbalicé ante un familiar. Ni se lo conté nunca a ningún psiquiatra, ya que era un recuerdo que tenía muy escondido, hasta que un día maldito se abrió la caja de Pandora y me explotaron muchos recuerdos que estaban muy bien escondidos.

Estábamos de vacaciones, y fuimos de excursión al nacimiento de un río. Y claro, había una cascada. Y en el recorrido, sólo una barra metálica separaba el camino del abismo según este recuerdo.

Era bonito mirar hacia abajo, el brotar del agua, por fin libre de la montaña que la había aprisionado. Me quedé un buen rato, como todos, admirando la cascada.

Me fascinó esa agua, tanto, que quise irme con ella.

Y fui consciente de que no volvería, de que ese viaje no tenía retorno, pero no me importó, ni pensé en los seres queridos que me acompañaban ese día, yo iba a ser feliz entre el agua salvaje, en eso pensaba, que esa agua era feliz y yo también iba a serlo cuando me fusionase con ella.

La barra era fácilmente salvable con mi estatura.
Me imaginé a mí misma saltando.
Fue un segundo, pero en ese momento me suicidé.

No lo ejecuté a tiempo. El pensar paraliza, primero piensas y luego actúas. NO ME DIO TIEMPO. Seguramente ese plan –quería hacerlo, por qué, y sabía cómo- fue abortado por un “venga, adelante, camina”, esas cosas que se les dicen a los críos cuando se les ve embelesados.

Creo que no tenía los diez años cumplidos. El familiar a quien relaté el episodio no supo o no pudo confirmármelo, una de dos: o se quedó demasiado impactado, o no me creyó. Porque desde que "estoy mal", he perdido toda credibilidad ante mi familia, salvo una honrosa excepción.

A mí también sigue impresionándome y mucho recordar mi primer suicidio, me produce escalofríos. No tenía motivos, creo que no tenía problemas y que no estaba deprimida, simplemente se me ocurrió y no me importó hacerlo, no, importar no es el verbo, lo deseé.

Por eso creo que tengo bipolar desde mi infancia. No es algo que me interese ahora confirmar con el psiquiatra, el pasado está ahí con todas sus miserias y ahora sólo me preocupa mi futuro a medio y largo plazo. Y la terapia para bipolares se encamina en este sentido: borrón y cuenta nueva, importa el ahora y el futuro.

Porque el suicidio sigue acechando, veinte o treinta años después.

P.D. Quizá borre este post. El suicidio es un tema demasiado espinoso y me daña a veces. Y no es por no dar ideas, lo de la cascada se le ocurre hasta a una cría.

Bienvenida a mis amigos

principito.gifDespués de una semana de estrenar el blog, de anunciárselo en primicia a muy contadas personas amigas por msn, hoy he redactado un e-mail para un conjunto de personas que para mí son muy especiales.

Les he dado la URL con el siguiente mensaje:

Hola a todos,
he reflexionado mucho, ya sabéis que me sobra tiempo para reflexionar desde que enfermé.
Y por fin puedo expresarme y compartir lo que es y ha sido mi infierno con la gente a la que considero cercana.
He creado un weblog para hablar del Trastorno Bipolar, de cómo ha cambiado mi vida ese diagnóstico en vez del de "Depresión" que he llevado diez años. Desde que me atacó el primer episodio salvaje, han cambiado muchas cosas en mí. He perdido mucho, desde la salud hasta mi casa y mi independencia. Y también he ganado, ahora me conozco mejor y valoro mucho más a los amigos que no me han abandonado pese a mi enfermedad y sus manifestaciones caprichosas. Vuestra amistad y cariño han sido y son impagables para mí.
Ahora entiendo el por qué de muchas cosas en mi vida, y voy a compartirlas con vosotros y con todo aquél que se presente en el blog.
Pero lo escribo cada día pensando en vosotros, porque lo concebí pensando en vosotros.
Gracias por ser mis amigos.

- - - -

Ya está todo dicho. Han aguantado mucho, desde plantones a malas palabras, sé que se han preocupado mucho por mis problemas, y merecen alguna explicación. Y el blog se la ofrece a su medida y a las dosis que ellos quieran administrarse, sin que les pegue una paliza en persona.

Espero que no me masacren a comentarios con mis fechorías maníacas, jaja. No tenéis por qué comentar o poner vuestro e-mail. Si yo soy anónima, vosotros también podéis.

También daré esta URL a dos o tres familiares. Es otro rollo, otra historia para contar, otra relación. Por tanto, será otro día, otro e-mail, otro post.

Hola, amigos, recibid un gran abrazo lleno de emoción. Hoy no he tenido un buen día, pero en general ya me encuentro mucho mejor, fijaos, incluso por fin puedo publicar lo que escribo en un weblog.

Estoy saliendo de mi planeta. Gracias a vosotros.

Coffee and Cigarettes

coffee and cigarettes.jpgRecuerdos de la tierna infancia... antes de ir al cole, bebía del típico vaso -de cristal, quizá Duralex pero no de color- de leche -embotellada por aquél entonces en cristal, incluso existían vaquerías- con cacao soluble. Nesquik, aunque siempre me gustó más el Cola-cao, pero a Madre no, porque una se entretenía haciendo guarradas con los grumos.

Me gusta Madrid, entre otras cosas, porque los adultos se siguen tomando el vaso de leche con un Cola-cao en el bar, un sobrecito original a diluir, nada de preparados lácteos. (Disculpas por el inciso, Madrid me mata)

Una de las cosas buenas cuando creces es que por fin, un día, lo pides y esta vez te lo permiten. Te dejan probar el café, una gotita en un vaso de leche. Y te sientes mayor.

Hace tantísimos años que ni recuerdo mi edad, fijo que no llegaría a los veinte... y ya tenía problemas de insomnio. Sólo recuerdo el otro lado de la barrera: el médico prohibiéndome el café a partir de las 17 horas, puesto que sus efectos duran siete horas.

Pasó el tiempo…

En mi última oficina, me tomaba tranquilamente de 5 a 10 cafés de máquina al día. Iba como una moto, porque el trabajo era frenético y porque yo me lo quería acabar tan rápido como el café, y que encima me saliese tan bueno como el café. Y no recordaba o no quería recordar la hora límite. No solo me chifla el café, cuando trabajaba lo necesitaba, tanto como la nicotina. Tenía el típico monederito con calderilla en el "buk". Quedarme sin calderilla era como que un encendedor dejase de dar fuego, algo muy molesto. En el cajón reservaba también palitos de plástico y azucarillos, por si se acababan en la máquina… cosas de drogata, como no salir sin mechero de casa... un Fumador no va pidiendo fuego.

Pero eso era después, metida de lleno en la Selva. A primera hora, para despertarme, me tomaba uno y bien cargado, o dos, porque sin el aroma de un café recién hecho ante mis narices yo todavía no había despertado del último sueño. No he cambiado, y como cuando me levanto -me levantan, más bien- todavía estoy bajo efectos secundarios de la medicación, la cosa es igual o peor.

Siempre he sido una sonámbula al levantarme de la cama, y sé que soy una exagerada pero esta vez no tanto, los hechos cantan. Un día quemé una cafetera, me olvidé de ponerle el agua. Después del episodio, probé con el café instantáneo. La cosa era tan tonta como meter el “mug” (ya no se lleva el vaso de cristal sino esas tazas de importación) lleno de agua en el microondas y añadirle una cucharilla de café en polvo. Y más de un día, en vez de al microondas casi iba a parar a la nevera. Y era raro que acertase con la dosis que me gustaba, todo a saco, sólo era para entrar en vigilia.

Y el primer cigarrillo del día, ah… no se concibe un café sin un cigarrillo. Son dos drogas que se complementan a la perfección. Y si te metes un chute de bytes leyendo el correo electrónico mientras tanto, tu mejor momento del día es definitivamente las 7,45 de la mañana.

Y otro salto en el tiempo…

En casa, ya de baja laboral, la cafetera mediana (6 tazas, ¿no?) a primera hora, entera, y a solas: lo de la leche ya no iba conmigo. Mi café preferido era el americano, al que me había acostumbrado en la oficina. Me servía más de medio mug, le echaba dos dedos de agua para enfriarlo y diluirlo, y un par de cucharadas de azúcar. Ese era mi alimento hasta que decidía comer, porque ni tostadas ni nada, café era lo único que me pedía el cuerpo. Y repetía, otra cafetera. Ya aceptaba grandes dosis, el cuerpo se acostumbra a lo que le eches.

Y más tabaco, uno tras otro. Cuanto más “subo” más fumo. Ahora, paquete y medio o dos, depende. Tengo el récord en 3,5 paquetes de rubio, en un día maníaco sin dormir. Con ese dinero (2,30 euros el paquete), comería jamón de jabugo a diario.

En Manía, ese llegó a ser mi único alimento. Café y cigarrillos. Por cierto, título de la última película de Jim Jarmusch, os la recomiendo (el fotograma de este post, genial Roberto Benigni).

Pero llegó diagnóstico, y con él, el tratamiento. Primero, con el psiquiatra de siempre. Luego, cambié (tema espinoso, otro post). La pseudo-persona que por fin llegó a la consulta del equipo que me trata ahora era un caos en permanente crisis dentro de un episodio mixto. Han trabajado, y bien, conmigo, aquí está parte del resultado.

Me gusta mi psicólogo porque es más inteligente que yo. No me malentendáis, no soy ninguna Einstein. Pero no he avanzado con otros profesionales, en primer lugar porque es muy fácil engañar a un psicólogo -mi primera psicóloga, pobre, fui obligada- o a un psiquiatra, y en segundo término, o lo que resulta peor, que ellos no sepan elaborar una entrevista a tu medida, es decir, hacerte inteligentemente las preguntas adecuadas, las certeras, las llaves que abren, a un bipolar en particular (por cierto, no dejéis de visitar la galería de Billy Watts http://www.billywatts.com/, el autor del logo del blog). Y este psicólogo, que de bipolares ya poco o nada le queda saber, me caló a la primera, y me las clava dobladas. Menos mal que es bueno, se gana cada euro a cada frase (esto me lo digo cuando pago al salir). Y menos mal, porque gracias a él y al trabajo que hemos hecho ahora -un año después- me encuentro mejor.

Y no en la primera sesión en plan sermón, sino poco a poco, todo lo que yo le exhibí en mi primera intervención (dos horas sin parar de hablar, toda mi vida condensada, para abrir el historial), ha sido objeto de tratamiento “casual” en las sucesivas visitas.

El café, por ejemplo. Un día, en una de las primeras sesiones de la terapia; “mira, cada vez que te tomas un café estás caminando sobre un lago helado. La capa de hielo es muy fina, de manera que es muy probable que ésta se resquebraje y, consecuentemente, te hundas, y te bañes involuntariamente en esa agua helada. Entrarás en un shock térmico, y ese shock, es la crisis de pánico que me dices que sufres cada día”.

Y me señaló al culpable, se llama NORADRENALINA. Otro neurotransmisor que juega sucio en el meollo bipolar.

Tenía razón, por supuesto. Desde ese día, XX de enero de 2004, café descafeinado para la nena. Tragué sin demasiadas o nulas protestas, porque yo firmaba lo que fuera para librarme de un ataque de pánico programado al día, o dos, y encima puntuales los cabrones, a las mismas horas, lo sé porque me las controlaba un colega por msn "no te extrañes, ya te tocaba el de la tarde".

Y para acabar esa sesión con el psi:

- ¿Bebes coca-colas?
- Pues no, lo mío son las cervezas, ya lo sabes.
- Pues si algún día te tomas una coca-cola, te digo lo mismo, sin cafeína.

El descafeinado no es malo, te acostumbras rápido por muy cafetero que te hayas considerado. Pero no es puro, todavía contiene algo de cafeína. Por este motivo, si abuso –por las mañanas a veces sigo pasándome- también me pongo como una moto y entro en el lago helado, ayssss. El cuerpo, que es más sabio que nada, se desacostumbra a lo que le dejas de echar, esa es la buena noticia.

Este post es tan caótico como la película. No se llama “SIN” porque todavía bebía alcohol, y bastante. Nos costó más trabajo este tema (para otro post, “SIN” me parece un buen título provisional, pero para cuando deje la nicotina).


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