Carne de Psiquiatra |
Blog bipolar para adultos |
|||||||
|
|
Se muestran los artículos pertenecientes a Diciembre de 2006.
Hace casi dos semanas, o más desde que acabé el último libro, que no puedo leer. El último lo acabé a cuentagotas, pobre. Nada ni nadie tiene la culpa, el don vino y se fue. Ya se lo imaginaba más de uno que pasa por aquí, tanto Youtube... Me entristece no poder leer: los días me resultan más largos, y las noches solitarias sin mis amigos. Mi libro dormía a mi lado, con mi último punto de lectura, un souvenir de Turquía. No es desgracia, no leer, no cuando se tiene la música. La tele, de adorno, para variar. Aunque un día escribí "Salvada por la tele": http://carnedepsiquiatra.blogia.com/2006/070901-salvada-por-la-tele.php Y cuando sabes que todo pasa. Supervivencia bipo: no te rindas, hay una razón para vivir. Don't give up. Me esperan muchos libros, y yo a ellos. Tengo muchísimos discos, pero se admiten mp3 en mi correo carnedepsiquiatra gmail New Radicals, "You Get What You Give". http://en.wikipedia.org/wiki/You_Get_What_You_Give P.D. Muchas gracias por vuestros mails, espero recibir más. *** Tomo la frase prestada de un comentario, y con ella, recuerdo conversaciones recientes. Los que hemos sido diagnosticados pasados los 30, lo hemos pasado muy mal al respecto, y seguimos haciéndolo. http://www.psiquiatria.com/noticias/trastorno_bipolar/diagnostico/26855/? Que a nadie le extrañe el comentario que hice el pasado 19 de septiembre a esta lectura: "evitar los episodios de la enfermedad y lograr estar bien" - Por qué no se dice claramente que la medicación juega un papel muy importante en esto, que esas personas siguen un tratamiento sólo se menciona un par de veces. - Por qué para una novata de una estrella no se especifica claramente que tantísimas veces lo que para a un episodio es, tras "reconocimiento de las señales de advertencia", un ajuste de la pauta que es lo que realmente va a poner a las neuronas en equilibrio. Y que antes de que ello suceda, pueden pasar dos semanas o más hasta que ello ocurra y se sufran síntomas de episodio, con lo cual no se evita sino que se amortigua de alguna forma. Desde mi vivencia, claro. - Por qué no se nombra en todo el artículo a "psiquiatra", que es quien va a pautar tras esas señales de advertencia. - Por qué no se nombra a un psicoeducador o psiquiatra que es quien va a educar al paciente para reconocer esas señales. O una comunidad de afectados, por qué no, si de ella esta novata ha aprendido la mitad de esa película. Este es el artículo en cuestión: Los pacientes diagnosticados con trastorno bipolar pueden evitar los episodios de la enfermedad y alcanzar el bienestar si son conscientes de su enfermedad, según un estudio. Eso es lo que te pasa por la cabeza cuando al otro lado de la mesa, se menciona "cambio de medicación". Te pones en guardia. ¡So bipolar!, si tú fuiste el primero en mencionar un posible "cambio", porque te has quejado de los efectos secundarios de lo que tomas. Estás estable y lúcido y dispuesto a todo, en teoría. El bipo con tres canas sigue sin ser sin más inteligente que su psiquiatra y más le vale eso, ahora y por el resto de su vida. Pero la bipocabezota se lo ha de creer, el psiquiatra te lo ha de vender. Que vale, que se puede intentar. Pero no, luego piensas qué será en realidad lo que esconde la nueva receta. Quizá te esperan semanitas guapas de cosas como insomnio, diarrea, fatiga crónica, apetito enfermizo, o falta de apetito, o hipersomnia, la lista de efectos secundarios no acaba nunca. Quieres dejar de estar mareada atontada y con la cabeza a medio gas, pero ¿quién te asegura que esto va a cambiar? De nuevo ensayo-error. Una de dos: o te lo tomas ese mismo día, o la pauta nueva estará ahí encima de tu mesita de noche hasta que sea tarde, porque te van a volver a ver, y tú sin hacer los deberes, porque te lo volviste a pensar y acabaste aceptando por los hechos a tu malo conocido, al cual estás ya acostumbrada como a un mal matrimonio, y no te atreviste al cambio que tú misma habías deseado. Con excusas cuanto más peregrinas, mejor. Estás estable, sí, pero tienes miedo todavía. Si no estuvieses estable, sería otra película, y ya la contaremos. Y como tienes tres canas, a nadie se lo dices ya. *** Primera visita, 1998 (nota:confirmar si encuentro la antigua agenda) Doctor, - tengo trabajo y es bueno, me pagan bien - porque me mantengo, tengo mi casa de alquiler - tengo familia y amigos - tengo pareja, y tenemos planes de futuro Tengo lo que todo el mundo desearía. ¿Por qué pienso continuamente en suicidarme? Así empecé una terapia, una vez por semana, dos a temporadas, sesiones de esas largas y sesudas. Lo mío son muchas horas de vuelo con psiquiatras. La terapia no me lo aclaró. "Trastorno bipolar", años después, sí, de sobras. Tras unos cuatro años de sesiones, las abandoné por mi propio pie cuando volvieron esas ideas, meses antes del diagnóstico. Cuando me faltó el apoyo de mi terapeuta, cuando yo creí ya no necesitarlo, caí al abismo de cabeza en la recta final al diagnóstico correcto. Ahora sólo tengo mi casa, de alquiler, que es la casa de mis amigos. A primera vista, tengo menos que entonces, tengo un desierto de soledad y tiempo, pero ya no pienso en matarme: sobreviví a esos años, en parte, con ayuda de ese psiquiatra, aunque no respondiese a mi pregunta inicial. Tengo más que entonces: tengo cierto apego a la vida, aunque a veces cuesta. Los bipolares nos suicidamos porque sí. Lo he visto en tantos otros... un 20% no sale de la nada, y las familias dirán: si lo tenía todo y estaba en la flor de la vida. Y si no lo he explicado bien hasta ahora, ya lo seguiré haciendo, mi caso, por supuesto, lo que mi familia no entiende ni entenderá. No se puede entender, lo sé, hay que vivirlo, hay que "morirlo". http://www.suicidioprevencion.com/ Buena lectura para todos. *** Primera sesión: noviembre 2003. Doctor, - Quiero dejar de suicidarme, no hago más que pensar en ello. Mi vida está en peligro y ya flaquean mis fuerzas, llevo meses así, cada día igual, y por eso acudo a su ayuda. - Quiero superar esto del trastorno bipolar, ahora sé lo que tengo por fin y necesito volver a trabajar, volver a mi vida. No es psiquiatra esta vez, es psicólogo, psicoeducadores les llaman en el argot este bipolar. Mi diagnóstico entonces estaba ya sobre la mesa, y en pleno auge: episodio mixto. Esta terapia es paralela a la que experimentaba como cobaya a la búsqueda de "mi medicación". No dejaba de ciclar, los síntomas no me dejaban vivir. En teoría, no se puede psicoeducar a alguien inestable, pero yo ya había esperado demasiados años y el suicidio ya era una realidad demasiado cercana, ya no pensamientos, sino compulsión y otras cosas. Muchas horas de vuelo en ese despacho... de nuevo una mesa es la barrera, saco y tomo notas. Yo sabía que se podía remitir, esa idea me salvó y lo sigue haciendo. Tozudez pura y dura, quizá. No volví a mi vida "de antes", me esperaba otra tras el diagnóstico y eso me ayudó a asumirlo la terapia. Pero ya no me suicido "como antes". Última visita: julio 2006. Terapia: creo que consiste en "sobrevivirme" a la vida cotidiana actual. ¿Psicoeducación? Si así lo llaman, pues bueno, sí, va bien, es la única terapia que me ha funcionado. No me extenderé en detalles ahora, pues muchos he dado hasta la fecha. Ahora, sólo afirmaré que esta terapia sí es apta -y por tanto la recomiendo- para bipocabezotas como la mía. En realidad, conozco a pocos bipolares que no tengan esta cualidad. *** Cuando como con mi amiga médica, la cosa puede irse por lugares muy divertidos. No soy de las que tenga muchos reparos, fui donante de sangre hasta que se me lo prohibió, y entonces miraba a la aguja y la bolsa, sí, sin desmayos. Menos mal que hay un tercero en la comida... - ¿Sabes? Me gustaría ser incinerada, ahora que no se me permite donar órganos. Siempre quise donar mi cuerpo. - Pues claro que puedes donar tu cuerpo a la ciencia. Si no, ¿con qué haríamos las prácticas? - Déjalo correr. Oye, lo que sí molaría, a lo romántico, es hacerse sacar el corazón, como Chopin. - Ese peligro ya no existe, si la palmas, ya se aseguran de que sea de verdad. - Bueno, da igual, quiero que me incineren pero con el corazón aparte. - Sacarte un corazón puede costar 300 euros (el tercero se mete en la conversación) - Eso es lo que vale un nicho en el pueblo ja, ja, ja. - Yo te lo hago gratis. - ¿Se lo harías, a tu amiga? (el tercero flipa) - Soy médico, lo que estoy viendo ahora no deja de ser carne. Me daría igual, es mi oficio. Ya puedo ir a un notario... Ups, perdón, hablo de muerte natural. *** 1. En bañera, o en plato de ducha. La bañera ofrece una ventaja: mientras me pienso si me meto o no, dejo de pensar en que hace frío. 2. Sola, o acompañada. Realmente, es más divertido acompañada. Y muy útil, te rascan la espalda. Y no hay más remedio, cuando te has fracturado algo. 3. Con o sin pelo. Esta sí duele. La ducha ordinaria se resiste un poco, pero cuando hay que lavarse la melena, oh cielos, te encuentras mucho ADN luego en el sumidero. 4. Sin o por cojones. Sin, no lo haces. Por cojones, como que sí. 5. (Con pelo, bis) Con o sin turbante. Sin, es ir a por el secador de inmediato. Con, es despistar esa odiosa tarea unos minutos. 6. Con o sin prisas. He quedado y tengo que salir a toda lecheeeee de casa. Esto me gusta, en el fondo: es como cuando trabajaba y no me hacía pajas mentajes sobre el tema. Hasta yo me digo que soy gilipollas por tener estas disertaciones. *** Seny a. Ponderació mental. Fer les coses amb seny. Son coses que fan perdre el seny, que treuen el seny. b. Sana capacitat mental, que és penyora d'una justa percepció, apreciació, captinença, actuació. Cal obrar amb seny, sense apassionament. No estar en bon seny. Vejam quan posarà seny, aquest noi! Estar fora de seny. Eixir de seny. Rauxa Determinació sobtada, pensada capriciosa. Disbauxa 1. Excés de diversió, ús inmoderat del menjar, el beure i d'altres plaers sensuals. La seva vida és una disbauxa contínua. 2. Excés, ús immoderat d'alguna cosa. Aquest quadre és una disbauxa de colors. Diccionari de la llengua catalana. Enciclopèdia Catalana. Mi ejemplar, de 1985. En línea: http://www.grec.net/home/cel/dicc.htm Traducciones online: http://www.diccionarios.com/consultas.php Rauxa: arranque, arrebato. Seny: cordura, juicio. Si ya puedo escribir posts en catalán... cómo mola esto http://www.softcatala.org/traductor/ ... Lo del "seny" es algo muy catalán, forma parte del carácter cliché: hacer las cosas muy pensadas. Por ello su contrario, la rauxa, los impulsos. Y la hostia, la disbauxa, cosas sin límite que uno saca en carnaval y esas cosas. Que cada uno haga sus traducciones a lo bipolar. *** P.D. Me han enviado este texto: Artículo aparecido en La Voz de Galicia. Hace cuatro años, aquí estaba con mi amigo Kidam, madrileando un poco... No estaba bien entonces; de hecho, empezaba ya a ponerme muy mala. O pinchaba y me quedaba tiesa en la habitación, o venga juerga y cañas. Un puente da para todos los momentos. Mi amiga S. ha viajado esta vez, aquí la esperaba yo. Cómo han cambiado las cosas... no sólo para mí, para mi vida, ya diagnosticada etc etc. Viajar en avión con la nueva normativa significa que te requisen un frasco de colonia si no lo facturas aparte, collons, que era "Eau de Cologne 4711", no "de Polonio 210". La "prueba del cómo te ven"... salta a primera vista que me encuentro mucho mejor que hace dos meses, respecto a la nueva pastilla y sus efectos secundarios. Cuando estuvo Kidam para el puente del 11-S no era capaz de ir a ninguna parte, cuánta impotencia, pero ahora ya atrás. Se me ve mejor, pero más gorda, claro, es lo que tiene la medicación. Todo es cuestión de procesos en mi caso, y creo que pronto tendré fuerzas para cumplir con el objetivo de empezar a bajar peso y volumen. El ejercicio es algo que uno puede hacer por cojones, o por convicción. Yo prefiero la convicción, porque lo otro no me dura. Es crearse el hábito, poco a poco, y lo de los hábitos, anda que no ha dado para posts aquí. He visto en R. y otros ese paso al cierto tiempo de estar estabilizados: él ha perdido casi diez kilos en medio año con deporte y algo de dieta. Yo estoy oficialmente compensada de lo bipolar hace algún tiempo, a la baja -porque reconozco que mi vida no es muy alegre con tanta seriedad y seny- pero bien, con oscilaciones... llamémoslas "hormonales". El trastorno de ansiedad empieza a entrar en razón aunque le cuesta; todavía hace poco y poco son cinco meses, de la nueva pastilla para ello. Creo que sí, que en breve seré capaz de planteármelo con rigor, porque ayer fui capaz de pensar y pensarme con un: "ahora que estás bien, o simplemente mejor, te vas a librar de algunos kilos de efectos secundarios". . . . Me gusta la pre-Navidad en Madrid. Hasta esta semana no ha empezado a hacer frío. Dice el termómetro que hace 6 grados, y en la calle el fresco golpea el rostro, pero ese fresco me hace sentir más viva y me despeja. En Barcelona, 6 grados es una animalada. Aquí no, ahora a la hora de comer entra el sol y tengo la ventana abierta, es gloria. Ayer y hoy el cielo rabia de azul Velázquez. Cuando el sol se pone, eso sí, la ciudad se convierte en una nevera. Hay unas estrellas de luz fascinantes en Puerta del Sol. La fauna humana que por allí se mueve, de compras, de paseo... odio las multitudes, pero esta es especial, aunque los portadores de carritos con bebés se crean con derecho a atropellar al personal, pero bueno, esto es Madritt y aquí hay que acostumbrar al niño a los atascos cuanto antes, mejor. En la Plaza Mayor está la feria de navidad, abetos y "de todo para el belén". Pero también hay un componente de carnaval estos días de puente que no existe en Barcelona. La multitud está de fiesta, y me divierto mucho, sin alcohol ni ná... esta vez. Hace cuatro años, mismas fechas y mismos lugares con Kidam. Acabamos comprándonos una peluca horrible, tanto como la diadema con unos cuernos de alce. Este año, como que eso ya está visto -las fotos de la locura han circulado y siguen haciéndolo, todavía-, pues tocaba una peluca en plan disfraz (comprarla, un punto de rauxa, la disbauxa es lucirla por la calle y hacerse fotos). Las había de todos los modelos y colores, un simple paseo por la zona te hacía sonreír, cuánta gente mayorcita ya (no, las que llevan visón o peluches de imitación, esas no) haciendo el oso... exótico para un catalán, hace cuatro años flipábamos y nos sumamos a la juerga, con sumo placer y ahora... si es lo que toca, pues mola. Me probé una melena con mechas naranjas y mis amigos, ante mi estupor, afirmaron que con ella hacía cara de buena niña. Hay que tocarse los coj... al final, lo que mejor parece encajar no es lo pseudo-punk sino un clásico a lo "menina". Acabamos S. y yo callejeando por ahí, las dos con unas pintassss. Fue muy útil llevar la cabeza cubierta de esta guisa, pues ya hacía fresco y tapaba las orejas. No veía un carajo con los rizos, pero eso fue fuente de más risas: perdona, no tengo visión lateral, ja, ja, pues anda que yo, ni frontal, ja, ja, y cenamos de raciones, un día es un día y con S., más. Qué cante, cómo nos miraban, y nos importaba... nada, aún reíamos más. Esta inocente disbauxa de ayer ha puesto en mí algo de alegría, pues esta semana era de las de levantarse con mal pie. Esta mañana me dio por escuchar valses y polcas de Strauss... son "mis" villancicos. He notado que estoy algo empanada, me cuesta hablar en catalán... La moraleja que saco: si no llevas gorro cuando anochece, ponte peluca, ya, oh yeah. Bien podría ir a la comida de Navidad con ella, ya puestos a hacer el oso. Y más puestos a ello, el 31 de diciembre... ¿con las uvas, a Puerta del Sol? De eso, hace 20 años ya, en otro viaje, y no estaría mal repetirlo. Ya se lo he propuesto a mi madre, creo que ver a Springsteen le ha dado marcha y me alegro mucho de verla así. *** Cuando se encuentran dos viejas amigas, quizá se abra un viejo álbum de fotos. La excusa de la búsqueda: las famosas fotos con Kidam haciendo el loco por Madrid hace exactamente cuatro años. Y se abrió mi álbum, sólo tengo uno, una selección de varios. Lo primero que se ve es la adquisición más reciente: una de mis padres en un banquete de boda. No sé si yo había nacido, porque se les ve casi igual que en su propia boda. Pues bien, esa foto tiene 40 años ya. Se dice pronto, ¿eh? Pues así, hace x años, hace y años, hace z años... todo el tiempo. Porque el soporte es papel, lo nuevo está en CDs. Porque claro, se ven estas fotos y otras cuantas, de paso. En las que salgo hay muchas, demasiadas, que pertenecen a mis veintitantos. Las fecho con el año más bien que con edad, y en esa selección hay demasiadas de 1993-4. Luego, se produjo una especie de agujero, apenas hay nada, yo ya estoy mal, esas fechas son las del detonante y diagnóstico erróneo. Reaparezco brevemente en 1997-8. Un viaje en el 2001, un cumpleaños en 2002 ya pinchando demasiado, y otro agujero, 2004 ya: un retrato de una mujer de 37 años, bien jodida, qué mala cara hago, pero eso también quise que formase parte de esa selección. Ayer acabamos después de la cena en un bar de copas, ninguno en especial, uno cercano al restaurante que sirve unos calamares buenísimos. El DJ es reemplazado por un ordenador, los jóvenes propietarios hicieron los deberes antes y ahora sólo sirven copas. El lugar me recuerda mucho a los garitos que frecuentaba, música rock, indie, big beat, esas cosas que me gustan para bailar. Me digo que he de ver los 40 principales en la tele al menos, por estar algo al día, porque hace doce años de esas fotos de juergas juveniles, hace mucho que ya no puedo decir esta canción se llama tal y es de tal. Me jubilé de estas cosas ya en la treintena, en este milenio, no hace demasiado, quizá esos cuatro años, quizá tres, justo antes de la recta final del diagnóstico correcto. Aventuraría que el mismo mayo de 2003, pues en junio ya no salía de casa, fóbica social como uno de mis síntomas, "más mixta que un sandwich" diría mi Seme. No me atrae la idea de ir a un bar, ni mucho menos de beber. Pero acabo pidiendo una copa. Hará un año que no me tomo un cubata y si lo pido es porque tienen lo único por lo que me tomaría uno, una marca que se ha hecho popular. Ponen un escaso dedo y medio de alcohol, de forma que me digo que me hará más daño la cafeína, luego me he de chutar bastante neuroléptico y puñetera gracia me hace tener alcohol en el cuerpo, soy muy consciente. Además, no me gusta el brebaje, no lo disfruto, no lo acabo. Recuerdo cómo me bebía la mitad del tubo de un trago, me recuerdo y me digo que eso ya está disecado como en el álbum de fotos. Que quizá otro día diga no, paso de garitos, me voy a casa. Que quizá me tome otro cubata dentro de un año. Que ya no tengo un problema con el alcohol, lo cual me alegra mucho. No me imagino siquiera de copas hasta las dos. El bar me gusta, la música también, pero no me quedaría más tiempo del que tardamos en tomarnos la copa. Media hora, no seis robadas al sueño. Recuerdo a otra amiga, siempre decía que las discotecas deberían abrir a las 18 h para llegar a casa a medianoche. Las hay, pero para yogurines. Les recuerdo en el metro Marina, vomitando en los andenes, mientras bajaban del metro los más mayores, dispuestos ya a pisar la Noche. También ahora recuerdo en esa zona el Zeleste, reconvertido a Razmatazz, uno de mis lugares favoritos. Y ahora, no me veo allí. Ayer no debo avergonzarme de mi indumentaria y no me siento fuera de lugar por ello, pero recuerdo esas noches del pasado, y qué talla usaba entonces, y además me lo recuerdan, aquél vestido negro que me atrevía a llevar con unas botas blancas que ahora están de moda rabiosa, cosa que entonces no lo estaba en absoluto. Si me importaba un carajo, quizá estaría subida, porque si algo tengo claro es que el alcohol me ponía hipo. No tomaba otras drogas, ocasionalmente un porro que me sentaba fatal, una hostia en el cerebro que para un bipolar es importante. Ayer, uno del grupo, también bipolar, cuenta que hace poco pegó una calada, una sola, y eso fue lo que sintió, un golpe profundo, mucho malestar. Pero sé de bipolares que fuman hierba, quizá tienen ese hábito como yo tenía el de beber y no lo viven así, pero se la están jugando y además, lo saben. Ha de ser muy duro para un joven tener diagnóstico, tomar medicación, y renunciar a alcohol y porros. Yo me hubiese negado, seguramente; ir de juerga un viernes o sábado era tan necesario como ir al trabajo, y además tomaba antidepresivos y para mí no eran considerados una medicación muy seria entonces, pues con alcohol... No tenía término medio, ir de copas hasta las dos y a casa no era lo mío, a las dos empezaba el baile y allí estaba yo, feliz, alcohólica e hipomaníacamente feliz, como tantos otros que disfrutaban de la Noche con o sin bipolar encima. Y así, muchísimas horas, muchas noches, mucho tiempo que se resume muy rápido en listas de éxitos musicales y un par de fotos. El día después no existía entonces. Hoy sí. Hace muy buen día en Madrid, la única nube es la habitual en mi coco a estas horas, y ahora saldré a la calle. Y estoy feliz, sí, la Noche está en ese álbum, he superado eso. No diré que ya no soy joven para esos trotes porque podría seguir, o hacerlo de vez en cuando, pero no, ya no me resulta atractivo ni mucho menos necesario. Me tomo lo de ayer como algo anecdótico que además acabó -menos mal- antes de las dos. He dormido bien, me he levantado a las nueve, y este post son las reflexiones que hago tomando el café. Mi único efecto secundario de ayer noche es esa garganta que grita: fumaste demasiado. Y no es nada, si comparo con los despertares del pasado. Algunas cosas de la juventud quizá puedan superarse, ya no sólo juergas, sino hasta los manuales académicos, pero no ocurre así con la niñez. Dos barcelonesas recuerdan estos días entre tantas cosas de esa época (bic bic bic bic naranja bic cristal dos escrituras a elegir) que muchos domingos las llevaban a pasear por las Ramblas, como antaño sus padres hicieron también de manos de los yayos, con sus kioscos, puestos de flores y animales. Las Ramblas han cambiado mucho: los animales recientemente prohibidos, estatuas humanas y hordas de turistas. En Madrid, lo popular los domingos es el Rastro, por lo menos para los adultos que conozco, y quizá me dirija allí en cuanto haga una llamada: es domingo, el día después de las copas, y empieza a ser la hora en la que la gente estará despierta si se retiraron hacia las dos. *** Mi psicoeducador (ver post reciente Terapia 2003-) es muy bueno y lo afirmo porque me ayudó a soportar no sólo lo que se cocía en el despacho del psiquiatra, sino todo lo que iba en el paquete, que no suele tratarse en el otro despacho. Aceptar la enfermedad, aceptarse cuando te desprecias. Toneladas de impotencia es lo peor que recuerdo, aplicada a todas las facetas de mi vida, ahora que me había quedado sin vida alguna, sólo tenía mi familia y mis amigos, ¡sólo! menos mal. Y menos mal que empiezo a olvidar, que han pasado tres años desde lo peor. Para un bipolar es crucial aceptar la enfermedad y con ello adaptarse a una nueva vida. Yo lo tengo muy claro en mi caso: hay un antes y un después, quizá porque me pilló mayor ya. Y te enseñan a comerte esas lentejas. Vale cara la terapia, pero sin ella, otro gallo me hubiera cantado. La última visita fue el pasado julio. Más claro, agua: la vida que hay que "educar" la hago en Madrid, poco sentido tiene que vaya a Barcelona a la terapia. Recomendaciones generales que no dependen del domicilio sino de una rutina cotidiana: actividad intelectual, ejercicio físico, autocuidado, y un momento al día para todo ello. La autoestima parece un premio a la excelencia. Las estaciones me marcan demasiado lo que puede ser rutina. En verano, el paseo ha de darse antes de, digamos, las 11 de la mañana, y luego a guarecerse hasta la caída del sol, otra vez a la calle. Por ello me venía muy bien estar despierta a las 8. En invierno sin embargo, más o menos a esa hora es cuando puedes salir, hasta el anochecer. A la inversa. Me gusta más el invierno, pues puedo estar en la calle esas horas donde sí estoy operativa. Este es como el pasado invierno: estoy con efectos secundarios hasta más o menos estas horas. Si salgo a la calle sola, a primera hora, toca despistes y pánico a ser atropellada o tropezar por falta de equilibrio. Si salgo acompañada, me siento más segura, pero muy a menudo en mi parte del diálogo "no me sale esta palabra", "me he perdido, ¿por dónde íbamos?" "¿puedes repetirlo? no me he enterado de nada" Esto sucede por las mañanas, no es mareo sino despiste, y va a días, también, si esa fuese mi tónica general me deprimiría por impotencia, ese sufrimiento sin nombre ni límite. La sensación de que deberías apuntarlo todo en tu vida para no olvidarlo, porque luego intentas contar algo y sabes que no estás relatando como un periodista sino como un contador de cuentos que se inventa media película con detalles que no recuerda. Mis amigos saben en qué consisten mis "deberes" con el psicoeducador, es decir, conmigo misma, y lo que pasa con los deberes es lo mismo que cuando eras una cría: qué rollo, si puedes escondes la hoja, uy no me acordé... Esta semana voy a tener que dar cuentas no al psicoeducador sino a mis amigos. Ellos sí conocen el terreno que piso día a día en esta ciudad, y me han puesto una meta diaria por donde más flojeo, el ejercicio. De momento, voy a aplazarlo, hasta después de comer. "La hora del café" es muy larga, de nuevo. Esas son mis lentejas. *** Ayer anduve tirada por culpa de la ansiedad. Tomé la decisión que más me duele: a las 22 a la cama. Es la mejor, pues hoy estoy bien, me levanté antes de las 7, y me voy a pasear. Adeuuuu *** Ayer noche, me empiezo a acordar de todas las maldiciones que sé y me han enseñado por aquí (aquí, aquí es Madrid). Me cuesta conciliar el sueño, no puedo leer, nerviosa y de la mala leche, y acabo en el sofá viendo la TV. Me he tomado las pastillas con la esperanza de dormir, pero no, a los veinte minutos aparece el efecto secundario estrella de esas horas. Estoy drogada hasta las cejas pero lo de ir a la cama no está en el guión, me muero de hambre. Asalto a la nevera con nocturnidad. Me he propuesto comer comida en estos casos, no frutos secos o galletas. Una segunda cena, o ya un desayuno, puesto que si como en esa cantidad, es normal que no tenga hambre por la mañana, ya empachada. Me hubiese comido un asado de cordero... Recuerdo la re-cena. Me digo con prudencia: espera a estar vertical y dormir, no sea que te atragantes, espera un cuarto de hora y vas a la cama, mientras intentas entretenerte con un subproducto de esos en los que todos, hasta el cadáver, son guapos. No recuerdo cómo acaba la serie. Me despierto, no tengo calor ni frío, porque hay ruido en casa. La televisión sigue encendida, con supongo la teletienda de turno, me machaca los oídos. La única neurona me dice que debo apagarla o silenciarla pues si tengo un botón favorito en el mando se llama mute, pero el mando está sobre la mesa y no puedo alcanzarlo, y es cuando caigo de nuevo en ese sueño profundo que tanto me asusta cuando soy consciente: se podría estar quemando la casa y yo no me enteraría. Me despierto una segunda vez, ya decidida a irme a la cama, pero no puedo moverme tampoco. Abro los ojos a las diez, ahora sí estoy despierta porque puedo levantarme, encontrar el mando y mandar a la TV a su lugar de decoración. Me levanto como ayer, con el ánimo tan bueno como el color del cielo, pero sin ganas de desayunar como estaba en el guión, como también lo estaba un dolor de espalda de esos chulos. Voy a comprar cordero; si he soñado que ese era mi antojo nocturno, pues voy a prepararlo. *** Hace poco me reencontré con "Cómo matar a la propia esposa" (How to murder your wife, 1965). Necesitaba una comedia con Jack Lemmon y ahí estaba la cinta de vídeo en la estantería. Grabada en dual, opté por la versión en catalán. La escena donde va al médico a pedir pastillas para drogar a la esposa es de antología. El efecto: sube (alza el brazo con la mano extendida), y baja (súbitamente, el brazo lo muestra). Jack Lemmon disuelve la pastilla en un cóctel que le ofrece a su mujer durante una fiesta. En la película, Virna Lisi se pone a bailar efectivamente en plan maníaco, sí, subidita, para luego caer desmayada. Qué curioso, en la misma cinta está Trainspotting (1996), y ya acurrucada en el sofá, me digo pues pase doble. "El síndrome de abstinencia se lleva mejor con las drogas del botiquín de mamá, que es tan adicta como yo pero legalmente". Claro que se mezclan, subes (brrrrummm), bajas (plafffff). Mi cóctel: antidepresivos tricícicos, benzodiacepinas y alcohol. Resultado: episodio mixto, arriba y abajo continuamente, brrrrummm-plafffff. Leo esa página, y me digo que el síndrome de abstinencia es una de estas cosas intensas de la vida, una vez lo has pasado, es como meterse en la máquina gloppita-gloppita de la película. Que me tire una piedra quien no tuvo adicción alguna. Quizá lo hará porque no lo entenderá, porque no se ha metido ahí (ni falta te hacía) ni las pasó putas para salir (te lo merecías). Eso y sus variantes, ya lo he escuchado demasiadas veces. Y yo respondí otras tantas: eran drogas legales. Y el psiquiatra lo metió en mi historial como abuso de..., typical bipolar, lo cual no es consuelo, sólo el haberlo dejado. Típico bipolar el ir tan sonriente con antidepresivos que son un "soy la hostia en verso, el rey de algún reino oscuro, y viva la madre que me parió", esa cura tan milagrosa desde un estado depresivo inicial que no es posible en el reino unipolar al cual te han dicho que pertenecías. Qué fácil es ciclar a triple velocidad cuando te toman por lo que no eres, un unipolar. Si ya le pegabas a algo con la depre para salir de ella por un rato, al ciclar, doblas las dosis, algo así, hasta que plaffff y te caes con todo el equipo. *** Es ridículo morir atragantado por una pastilla, puede pasar en las mejores familias también, y es cuando recuerdo esta canción. Ojito, que tragamos de media 5 al día por decir algo, unas 2000 al año por decir algo, y ¿nunca os ha ocurrido que alguna se resiste de forma peligrosa? Yo suelo morderlas desde que tuve medio susto. Me habrá ocurrido un par de veces ya... mejor no decir con qué, pues desde que un lector me hizo pensar en ello, no digo qué tomo. Ñam ñam. . . . http://www.youtube.com/watch?v=gROguHBUroo Esto hay que subtitularlo: Electrocutarse al cambiar una bombilla. Def con Dos, "Pánico a una muerte ridícula" (Alzheimer, 1995) *** Finalmente, Elena se ha decidido a aprender a tocar el piano, así que ha pedido cita en el centro de electromagnetismo que está cerca de su casa. Al llegar, el especialista le coloca un estimulador sobre el cráneo y le aplica durante unos segundos un campo magnético intenso en una zona muy precisa de su cerebro. Cuando Elena llegue a su primera clase de piano, sus redes neuronales tendrán la estructura de las de una persona que ya lleva algunos años practicando con el instrumento, así que sólo necesitará unos cuantos cursos para tocar como si llevara toda la vida haciéndolo. La protagonista de esta escena hipotética probablemente no ha nacido todavía o es sólo un bebé. El electromagnetismo forma parte de nuestra realidad terrestre desde su origen, pero en el futuro sus aplicaciones no sólo van a cambiar completamente el modo de tratar patologías como la depresión y la drogadicción, sino que “cambiarán la forma de entrenar habilidades y también de educar, entre otras cosas”, según dice Álvaro Pascual-Leone, catedrático de neurología de la Universidad de Harvard y director del centro de estimulación cerebral del Beth Israel Deaconess Medical Center. Con el magnetismo se puede aumentar la fluidez de palabra, facilitar el pensamiento y hasta convertir a un individuo cualquiera en un virtuoso de la pintura. Parece que aquello de “ponte las pilas” tendrá que convertirse en “ponte los imanes”, o, más precisamente, la bobina. Pero estamos tocando un área muy delicada y hay quienes sostienen que el electromagnetismo también se utilizará para manipular nuestro comportamiento. En la base de la mayoría de esas aplicaciones futuras se encuentra una técnica conocida como estimulación magnética transcraneal (EMT), que pone en práctica la inducción electromagnética descubierta por Faraday en 1831. No se trata de un nuevo método, pero sus inmensas potencialidades están comenzando a vislumbrarse ahora. Consiste en colocar sobre el cráneo un dispositivo formado por una bobina por la que se hace pasar corriente eléctrica; así se genera un campo magnético que penetra en el cerebro e induce una corriente secundaria en el circuito neuronal, que es la que se encarga de producir los efectos. Un ejemplo muy sencillo: si el estimulador se aplica en el área motora, el individuo moverá la mano. Por supuesto, el efecto depende de muchas variables: la zona del cerebro en la que se aplique, la frecuencia del campo magnético, la intensidad, el número y frecuencia de las sesiones… En general, se emplean campos casi el doble de potentes de los que se usan en las máquinas de resonancia magnética –unas 10.000 veces más potentes que el flujo terrestre–. Además, con la EMT “lo concentramos en la punta de un dedo y a una velocidad increíblemente rápida”, señala Pascual-Leone. Las frecuencias bajas, entre 1 y 5 hercios, tienden a deprimir la actividad cerebral, mientras que las más altas, 25 hercios, la incrementan. Existe una correspondencia entre el efecto de las distintas frecuencias de la EMT y las ondas que emite el propio cerebro. Las ondas alfa se detectan durante los estados de relajación y tienen frecuencias entre 7,5 y 13 hercios. En los estados de alerta aparecen las ondas beta, entre 13 y 28 hercios, y en situaciones de estrés y confusión, la frecuencia cerebral supera los 28 hercios. El campo magnético terrestre está alrededor de los 7,8 hercios. Una posible explicación del efecto calmante de la naturaleza es que el cerebro entra en resonancia con la vibración terrestre y, por tanto, emite en ondas alfa, las de la relajación. Uno de los aspectos con mayores implicaciones es que la EMT puede producir cambios permanentes en el cerebro. Eso sí, en este sentido el ejemplo de Elena está muy lejos de acercarse a la realidad porque una sola sesión tiene efectos muy efímeros. Los estímulos tienen una duración que va de los 200 microsegundos a algunos segundos, con efectos que duran entre 20 milisegundos y una hora. En general, se administra una batería de pulsos magnéticos por sesión. “En las aplicaciones terapéuticas hacemos entre 10 y 20 días de sesiones seguidas sobre la misma zona. Ahí los efectos pueden durar meses o incluso cambiar permanentemente el funcionamiento del cerebro”, explica Pascual-Leone. Todo lo que hace el cerebro, desde pensar hasta amar, depende de complejas redes de neuronas trabajando en un mismo objetivo. La estimulación magnética penetra en esas redes, y permite, por tanto, “cambiar y guiar el comportamiento”, dice el neurocientífico español. En cuanto se sabe cuál es la red que controla un comportamiento determinado, se puede actuar sobre ella; o sea, que las potenciales aplicaciones del electromagnetismo seguramente van más allá de lo imaginable. De este modo, los pensamientos negativos de los depresivos se pueden cambiar por optimismo y buen humor. De hecho, la EMT está aprobada como tratamiento para la depresión en Canadá e Israel y estos mismos días se espera que se apruebe en EE UU. En España, hospitales como el Son Llatzer de Mallorca y el Bellvitge de Barcelona la están empleando en fase de experimentación. Los investigadores involucrados son muy cautos a la hora de valorar sus resultados. “No es eficaz en todos los casos, pero se consigue aliviar una proporción significativa de ellos”, asegura Mauro García Toro, jefe de psiquiatría del hospital balear. La esquizofrenia es otra patología en el punto de mira de esta técnica. Parece que es capaz de borrar del entramado cerebral las alucinaciones propias de ese trastorno. Y la lista de usos sigue creciendo. Aplicando la EMT a la corteza visual se puede lograr que un ciego aprenda más rápidamente el alfabeto Braille. En los autistas favorece la imitación, algo básico para el aprendizaje en estos individuos. Precisamente el grupo de Harvard tiene tres proyectos financiados por el Gobierno estadounidense para emplear el electromagnetismo en la aceleración de la adquisición del lenguaje en autistas. En lo que se refiere al sistema inmune, los resultados de algunos trabajos parecen indicar que la EMT potencia los mecanismos de defensa estimulando la producción de glóbulos blancos. Sin embargo, lo más sorprendente es el universo de aplicaciones que se vislumbra fuera de la terapéutica. El electromagnetismo tiene la capacidad de potenciar habilidades o sacar a la luz talentos escondidos. Hasta el punto de que el Departamento de Defensa de Estados Unidos financia estudios para valorar si la EMT es capaz de aumentar la concentración y resistencia del personal exhausto en el campo de operaciones. De hecho, el grupo de Mark George, de la Universidad de Carolina del Sur, ha desarrollado un aparato portátil de EMT como prototipo del que un día podría incorporarse al casco de los pilotos para combatir el cansancio en vuelo. Pero no todos los expertos están de acuerdo. Eric Wassermann, jefe de la unidad de estimulación cerebral del Instituto Nacional de Trastornos Neurológicos (EE UU), contesta por correo electrónico: “Los cambios en el área de la cognición no son mayores de los que se podrían producir con entrenamiento, fármacos y otras manipulaciones. No he visto nada que exceda la magnitud del efecto estimulante de una taza de café”. Siguiendo la opinión divergente de algunos colegas de Wassermann, podría añadirse otra escena a la ficción protagonizada por Elena. Ahora nuestra heroína tiene que hacer una importante presentación ante el director general de la compañía para la que trabaja. En esta ocasión también recurre al electromagnetismo para estimular las redes encargadas de la fluidez verbal, de la claridad mental y de la memoria. De este modo, Elena se asegurará una exposición brillante delante de su jefe. Se ha observado en experimentos que al aplicar la EMT a la corteza prefrontal –la región más evolucionada del cerebro humano– los voluntarios participantes en las investigaciones resolvían más rápidamente los rompecabezas geométricos que se les presentaban. Un paso más en las habilidades y llegamos a ese concepto tan anhelado y fascinante que es la creatividad. Dos investigadores australianos, Allan Snyder y Elaine Mulcahy, utilizaron el electromagnetismo para detener momentáneamente la actividad del hemisferio cerebral izquierdo –el más racional, donde residen los conceptos– de un grupo de voluntarios y, como si se pulsara el botón artístico, los participantes desplegaron unas habilidades pictóricas insólitas en ellos. Aunque la base teórica del experimento se considera correcta, estos resultados todavía no han logrado demasiado crédito en la comunidad científica. “Me gustaría ver otros estudios con pruebas validadas de creatividad”, afirma Wassermann. Una pieza más en el puzzle la aportan los experimentos de Pascual-Leone. Al bloquear ciertas estructuras de la corteza prefrontal derecha, los sujetos tienen más problemas para reconocerse a sí mismos. “No son totalmente inconscientes de que ellos son ellos, pero tienen más dificultades”. La reflexión metafísica está más que servida, y cuando se aborda la posibilidad de manipular el comportamiento mediante campos electromagnéticos, se puede añadir además el debate ético. “Se puede modificar la relación entre lo que es importante para mí y lo que es importante para mi sociedad”, afirma Pascual-Leone. Con la EMT, estimulando zonas del hemisferio derecho se puede hacer que un sujeto abandone sus impulsos egoístas y se convierta en un ser entregado a los demás. “Esto tiene aplicaciones en la adicción de drogas, donde hay un exceso de deseos hedónicos, de placer rápido. […] Se puede conseguir que los drogadictos tengan menos deseos de consumir drogas, pero esto abre una clase de debate neuroético muy importante”. Y no sólo en este caso, porque, dado que en función de la frecuencia empleada se inhibe o se activa, los efectos positivos pueden convertirse en negativos con sólo una vuelta de mando. Al igual que se estimula la fluidez verbal, se puede lograr que una persona enmudezca o también provocar que un individuo no vea un objeto que está ante sus ojos. La influencia del electromagnetismo sobre el ser humano todavía es un tema controvertido sobre el que muchos no quieren hablar y en el que la ciencia no parece ponerse de acuerdo, particularmente en algunos terrenos como los campos generados por los tendidos eléctricos, los teléfonos móviles y otros aparatos electrónicos. Lo que nadie niega es que la vida sobre el planeta se ha generado inmersa en el campo magnético terrestre. Las neuronas, por su parte, son unidades eléctricas que responden a los cambios de cargas que se producen a su alrededor. Aún más, los resultados de un trabajo del Instituto de Tecnología de California apuntan a que existe magnetita en el cerebro, y que tenemos, como muchos animales, un sensor de campos electromagnéticos. Persinger, un científico a menudo polémico, lleva años investigando esta relación, y ha observado que el nivel diario de actividad geomagnética influye en las tendencias agresivas, en la respuesta inmune, en los ataques epilépticos y en el comportamiento en general. Todavía no se ha confirmado irrefutablemente que exista una relación de causa-efecto, pero los trabajos de su equipo en ratas sugieren esa conexión. La teoría de Persinger es que somos seres electromagnéticos. Todo lo que rige un organismo, desde las reacciones moleculares hasta comportamientos tan complejos como las interacciones sociales o los pensamientos, se caracteriza por un patrón electromagnético específico. Si se conociera ese patrón, se podría reproducir aplicando campos electromagnéticos. . . . Queridos Reyes, este año he sido buena y mala, como todos. Se me recuerda tanto por mis buenas acciones como por las que causaron daño. A mí me duelen estas últimas y son las que más lamento, pero sé que Vdes. ponderarán las buenas. Lo que más quiero, es salud, sin salud no hay nada y mi deseo es seguir cuidando la mía para que no se deteriore más. Pero claro, siempre hay cosillas que a una le faltan. Mi lista es: - calcetines y medias de colores - unas botas - un chándal - útiles para cocinar de madera - una libreta chula para mi diario de 2007 - una agenda quo vadis de bolsillo - y cuatro dientes con tornillos de titanio. Otro año les pediré la televisión digital terrestre, que en estos momentos me importa un bledo. Dejaré en mi balcón la madrugada del próximo 6 de enero un pote de agua para los camellos, y para Vdes., un pequeño refrigerio de turrón y mazapán, y una copita no de moscatel como solía cuando de niña, sino de un licor sin alcohol. Y si me dejan carbón, será bien recibido en mi colección de minerales y tomaré nota para enmendarme. ... P.D. Hacía como 30 años que no escribía una... Recuerdo mis vinilos. Están en Barcelona, a la espera de destino definitivo. Tengo varios singles de la época, alguno de los 70, muchos de los 80. El hit del año entonces era algo de Eurovisión o la canción de la vuelta cicista a España. ¿Qué había en las caras B de esos singles? Ni idea. Rara vez eran escuchadas. Luego, los maxisingles. Uno de mis favoritos era de Yazoo, Situation/..., otro LippsInc, Funky Town/... http://www.goear.com/listen.php?v=62ca191 Mis viejas cintas de vídeo también tienen su cara B. Solía grabar películas, por eso las compraba de 240 minutos para dos. Me encuentro con muchas de las antiguas, subtituladas, que TV2 pasaba de madrugada en "Cine Club". El otro día, me encontré con una que sólo tenía etiquetada una película, uy qué misterio, ¿qué hay en esa cara B oculta? Una con Bela Lugosi subtitulada de los años 30, en blanco y negro, serie B de la cutrísima, de hasta escenarios reciclados. Ni a un crío daría miedo ahora, sólo aburrimiento. Pero yo, ¡¡qué bien me lo pasé!! En alguna cara B hay episodios de "Twilight Zone". Son bárbaros. *** Me han contado que "lift me up" significa algo así como "eleva mi ánimo", así que no sólo la canción lo hace en mi alma, sino que ¡lo pide! Qué genial, Moby. http://www.goear.com/listen/d6c9069/Lift-Me-Up-Moby "Lift Me Up" Del cielo al infierno. Muchos libros se han escrito acerca de que el trastorno bipolar en vez de una enfermedad podría ser un “don”, dado el alto porcentaje de genios de la humanidad (y, en general, personas exitosas en sus ámbitos); o al menos una “diferencia” cognitiva útil desde un punto de vista evolutivo. De un polo al otro. Primera Semana del Paciente Bipolar, organizada por el Instituto Nacional de Psicopatología, 11- 15 de diciembre. También habrá atención gratuita y orientación por parte de profesionales (informes: Campichuelo 215, tel: 4903-0493 o www.inapsi.com.ar . . . Fragmentos del artículo: http://www.perfil.com/contenidos/2006/12/14/noticia_0022.html Reproduzco esto cuando ya acabó esa semana, y aconsejo el foro de Bipolarneuro para informarse de eventos. Me gusta la imagen que acompaña al texto completo del enlace. Y observo que en los últimos artículos sobre el tema el porcentaje de afectados en la población se estima ya en un 4-5%. Espectro bipolar, pues, parece que se va imponiendo. Neurovariedad... esto, mañana. Imagen: "Tonight Hollywood Party" de Jamaika http://www.fotolog.com/jamaika66 *** Hace años que sé perfectamente que mi memoria ya no es lo mismo. Desacostumbrada a la disciplina de estudio, las cosas nunca serán iguales. Mi última aventura con libros empezó en primavera de 2004 y acabó a los dos meses escasos por un accidente del cual ya he hablado aquí. En aquella ocasión, noté un desagradable, pero que mucho, desentrenamiento a la hora de tomar apuntes. Acababa la clase con un dolor horrible en las articulaciones. Mi mano, a cada palabra que terminaba y alzaba del papel, sufría como los pies de la Sirenita a la media hora escasa de clase. Mi colla de la generación X se lamentaba al mismo tiempo que yo a los treinta escasos de haber olvidado la mitad o más de sus estudios. Era algo propio de la edad y del meterse de lleno en el mundo laboral. Sales del trabajo y lo que apetece es una buena novela, a lo sumo, un ensayo de vez en cuando. Si no tiras los apuntes, es por sentimentalismo. Luego, sales de viaje y suceden cosas raras con eso del shock lingüístico. Una amiga no podía evitar mezclar el inglés con el alemán: menudo número, pedir la habitación "sechs" en un hotel de territorio libra esterlina, que suena casi literalmente "sex". También se dan situaciones embarazosas cuando alguien te pregunta algo amparándose en tu condición de "autoridad" sobre una materia en la cual posees un título. Le contestarías con gusto que ya no puedes ni dar clases particulares de nivel bachillerato. ¡Lo que costaba prepararlo para el certificado de aptitud pedagógica! Mucho más tarde, un médico te dice que tu coco va rápido, y eso no es bueno, no. Me ahorro el resto del via crucis del diagnóstico y de los principios de tu nueva vida como drogata legal. Cuanto tomes las pastillas, si te da un globo, te propongo un ejercicio: toma una hoja de papel, y escribe la tabla de multiplicar. Se me ocurrió un día de esos en los que te dices pero bueno, dónde está mi coco, toa drogá, y cometí tres fallos. Esto ya no es sólo cosa de la edad: hay un componente extra dispuesto a joderte la cultura general y a dejarte fuera de partidas de trivial o de cifras y letras que antaño llegué a jugar online con relativo éxito. El tema del euro. Al final, renuncias a saber qué valen las cosas, o te lo recuerdan en pesetas para escandalizarte. Hay quien lo calcula al dedillo y lo vive con normalidad, pero para mí es como multiplicar por el número pi. Ahora mismo se me ocurre que quizá no sabría colocar los pronoms febles del catalán en su orden correcto. Creo que es el tema más difícil de esta lengua, y me lo sabía bien, desde mi infancia. Me cuesta acentuar bien y usar preposiciones castellanas y catalanas, pero por lo menos no suena tan mal la cosa como "lo del seis". Hace poco, un madrileño que había trabajado años en Catalunya se reía cuando soltaba algo que pasa inadvertido para otros, "sí, sí que tienes acento" (por favor, esto me toca las narices en especial) y el "ja, ja, esto es de allí", y a mí no me hacía ninguna gracia. Ese castellano mestizo me acompañará de por vida, pero es algo tan español como el laísmo y la mala conjugación del imperativo de aquí, por lo que sostengo que a pesar de lo que relato, Barcelona es un magnífico lugar para aprender el español si eres extranjero. Tengo por ahí un artículo, incompleto en cuatro neuronas inconexas a pesar de que me interesó mucho, y qué rabia no poder explicar algo que importa, esta es otra que duele relacionado con el tema de este post, que habla del fenómeno de ir cambiando de lenguas; lo que recuerdo es que era asimilado a alguna patología neurológica, y me hizo gracia la cosa porque eso es moneda común en cualquier reunión social en Barcelona, y es algo que se tiene que contar por aquí (aquí, aquí es Madrid). Sucede que cuando te presentan a alguien, importa lo mismo recordar cómo se llama, que en qué lengua se habla. Es decir, mientras te preguntas las cuatro chorradas habituales, te vas a interesar por su acento, y si no lo tiene, o bien hablas en la lengua que has sido presentado, o llegas a un consenso. Si te presentan en castellano, así empiezas, pero en un momento dado puedes preguntar si el catalán es lengua materna y ahí, si se decide, esa lengua será la que usarás para acabar de conocer y comunicarte en lo sucesivo con esa persona. Ese consenso puede ser instantáneo o constituir una pequeña negociación que puede durar incluso días, pues su cometido es sentirte cómodo hablando con esa persona, de por vida. Lo cual es un obstáculo para un amigo vasco que cuando pudo y quiso empezar a practicar su catalán, no podía hacerlo con ninguno de sus amigos en Barcelona. De forma que si me he explicado bien, en ese entorno bilingüe, tienes un porcentaje de interlocutores en catalán y otro en castellano. Si alguien no bilingüe está presente, no catalán, la cortesía se inclinará hacia su lengua, y la falta de cortesía es algo penalizable incluso entre catalanes, pero será inevitable que cueste dirigirse en castellano a alguien catalano-hablante para ti. Yo me dirijo a mi hermano en castellano, por ejemplo. No así a su mujer. Me importa un bledo que entre ellos hablen en catalán. Hablar a mi hermano en catalán me incomoda más que hacerlo, por decir algo, en francés. La situación resultante: en una mesa, si cuento algo, mientras mire a mi hermano lo haré en castellano, y si cambio la vista hacia ella, mi discurso también lo hará de lengua, quizá en medio de una frase que todavía no ha acabado. Hablar en castellano hacia mi cuñada me resulta igual de impensable. El resultado es un poti-poti de lengua romance en el que todos nos entenderemos, pero es algo que choca visto desde fuera. Es parte de nuestra etiqueta. Este ejercicio tampoco resulta fácil cuando vas chutada de algo, porque pierdes agilidad mental, con lo que se va a la porra la fluidez. Eso sí es un problema, porque resultas incompetente tanto en una cosa como en la otra: no encuentras la palabra, o lo haces en la lengua que no corresponde. Mal asunto, si las circunstancias exigen cierta verborrea, como cuando tienes que aprobar el examen oral "qué es de tu vida en Madrid". Mal asunto también, escribir este post bajo los efectos de las pastillas. Le pediré a los Reyes un scrabble. Y a ver si encuentro mis gafas de una puñetera vez: este gran despiste me está poniendo a prueba. *** Una de mis búsquedas recientes en la Wiki: el síndrome de Asperger. Empieza el artículo con algo que me parece de sumo interés, relacionado con no pocos comentarios en este blog. Cuántas veces los bipolares designamos a quienes no padecen de lo nuestro como "los normales", a lo cual alguien no bipolar responde ofendido. Bien, aquí tenemos algo mejor. Las personas "normales", denominadas neurotípicas, poseen comparativamente un sofisticado sentido de reconocimiento de los estados mentales ajenos. Interesa. Vamos a los enlaces, y sigo pegando fragmentos. NEUROTÍPICO. Basándose en que no hay un tipo o modelo humano único del cual cada una de las personas es una versión o caso particular, sino que la especie esta formada por todos los individuos que la componen en toda su diversidad, siendo la suma de todos los individuos lo que constituye el modelo humano, evolucionando colectivamente como especie, y que el modelo humano esta formado por todos sus miembros con sus distintas cualidades. No se puede determinar un individuo que corresponda a ese modelo siendo el resto variantes o aproximaciones a este modelo. Estadísticamente hay comportamientos o modelos más repetidos que otros, desde el punto de vista neuronal se denomina neurotípico al más abundante o del que hay mayor número de individuos, por oposición a neurodivergente que son las tipologías distintas de las más abundantes en cualquiera de los sentidos NEURODIVERGENTE Neurodiversidad es un concepto que promueve la idea de que la diversidad en las características humanas también se extiende al campo neurológico. El término neurodiversidad fue concebido por la comunidad autista para referirse a la neurología atípica del autismo. El término se utiliza en contraste a otros términos tales como desorden o enfermedad. Su aplicación va más allá del autismo, ya que se lo puede utilizar para describir el TDAH, la dislexia, etc. . . . Así pues, hablar de "los otros", "los normales", carece de sentido, y más en el peyorativo. Neurotípico me parece un muy buen término. Somos tan humanos como el que más, y normales, no subnormales. Según el DRAE: Subnormal ya no es nadie. Esta palabra sí es peyorativa, y está quedando desplazada por otras más acordes con enfermedades concretas tales como el retraso mental, cada vez más llamado "discapacidad intelectual". Tan sólo representamos una variación, algo muy respetable en la especie humana, que gracias a los progresos en la medicina y su cultura de cuidado de los que no pueden valerse por cualquier tipo de minusvalía, discapacidad, ha detenido el proceso de la evolución, que hubiese barrido sin piedad a la ceguera, sin ir más lejos. Viva la neurodivergencia, como concepto. *** Os deseo Feliz Navidad http://www.youtube.com/watch?v=E3_33bbmbho y que disfrutéis estas fiestas. Yo me tomo unos días de vacaciones del blog. Siyusun o nos vemos pronto. *** |
|||||||