Carne de Psiquiatra |
Blog bipolar para adultos |
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Se muestran los artículos pertenecientes a Febrero de 2006.
Cuando un proyecto llegaba a su fin, no acababa ahí el trabajo, ni mucho menos. Tocaba tratarlo de nuevo en una reunión, reconocer lo que había ido bien y lo que había fallado. Los fallos se quedaban en esa mesa, como experiencia para otras actividades, por ejemplo, mejorar la difusión de un acto público. Lo bonito era redactado más o menos brevemente para el informe de gestión. Un informe-tocho que se presentaba en el órgano correspondiente, normalmente abría un congreso donde la Junta Directiva tenía que renovarse. Otras veces, en el trabajo ordinario, por supuesto se valoraba el estado del proyecto, se comprobaba que estaba funcionando, y de no ser así, se tomaban otras directrices. Era análisis, era debate, era negociación. Y sí, toca valorar-me. Es algo muy personal, que ha de ir a parar a la mesa de mis terapeutas en el día a día. Ellos ya saben mi historia con detalles, aquí como ya dije no los hay. Pero sí puedo valorar lo que he escrito aquí, por encima. La vida tiene extremos, todos tenemos éxitos y fracasos. Yo los he tenido, y he aprendido de todos. Y lo que me queda. Valoro desde mi diagnóstico, y compruebo que mi vida fue de extremos, muy bipolar, para aclararnos. La chica tímida tuvo que ser hipertímica para enfrentarse a una mesa de trabajo o a una asamblea. La chica de ciencias pasó a letras, qué herejía. O suspendía, o sacaba nota, no había término medio en ningún terreno de su vida. El patito feo se convirtió en un cisne, pero a una edad temprana, un ala se rompió. Se acabó lo bueno, empezaron los problemas en pareja, en el trabajo, en todo. Cuando la enfermedad te ha dejado sin nada, cualquier cosa se transforma en el clavo ardiendo que te permite seguir anclado a la vida. Yo me agarré al trabajo, a lo que me entretenía y no me permitía pensar en que no tenía vida, a costa de ir acumulando un estrés, cada vez más responsabilidades, que cómo no, factura me pasó con el tiempo. Me quedé sin trabajo y por tanto mi vida más vacía que nunca, y a partir de ahí, la enfermedad ya tuvo terreno libre para actuar hasta que se produjo el diagnóstico. No he sido la única en dar bandazos en su formación, ese paso de las ciencias a las letras lo he escuchado en otra gente, y también el pasar de todo y suspender porque sí cosas que no interesaban, mientras se destacaba en otras materias. Mis prejuicios en la época y falta de orientación quizá encaminaron mis estudios a lo que, una vez licenciada, dije esto para qué leches me sirve ahora que se supone he de ganar dinero. Mi salvación fue haber hecho una carrera paralela en la empresa privada, y ese título una entrada por la puerta pequeña, pero menos pequeña, de las empresas en las que trabajé. Y mi salvación fue haber cotizado esos años, pues ahora tengo una jubilación digna, unos recursos que, afortunada de mí, permiten mi independencia y autonomía. Tuve mucho tiempo para pensar mientras no me estabilicé. Ese “final feliz”con una paga al mes era inalcanzable, inimaginable. Yo quería ponerme bien para volver a trabajar, pero mi evolución al parecer no era acorde a estos buenos deseos, los que siempre tuve cuando me extendían una baja, volver cuanto antes al trabajo, dejar de estar mal. Fue definitivo, y eso me produjo frustración, cómo no. Todo son procesos ahora, tomar conciencia de todo. El primer proceso, tomar conciencia de una enfermedad que ya no iba a ser mi interminable depresión “a rachas”, de la que esperaba librarme algún año, que iba a ser crónica. Cuanto antes lo hiciese, mejor para mí. La teoría me convenció, pero tuve que ser ayudada en la práctica. Miro hacia atrás y veo o me han hecho ver episodios por todas partes, el trastorno bipolar actuando y pensando por mí y nadie lo sabía. Todos pensábamos que “yo era así”. Dicen que un diagnóstico tardío empeora las cosas. Sólo sé que estuve muchos años enferma, y que ahora es proporcional lo que me está costando salir, la famosa rehabilitación, que al parecer va bien pero me queda mucha. Valoro que he ido como una moto media vida, y que ahora he de parar el carro. Tranquilidad, buenos alimentos, vida sana. Se dice pronto. Este proyecto tiene muchos frentes, y hay que planificar cada uno de ellos. Y tener en cuenta las limitaciones, ahora no vale el pensar en grande porque sería otra puerta al fracaso, con él a la frustración y al no avanzar. Ya no soy ni seré superwoman, ahora soy consciente de mis puntos débiles, el estrés el primero, y he de contar con ellos para cualquier cosa, sin que ello me impida hacer una vida lo más normal posible. Se dice pronto. Ya no valen los ideales, sino los hechos. Mis “reuniones” con mis terapeutas valoran estos procesos. Siguen abiertos, y habrá más. Dije que había sido entrenada, y es cierto, se necesita entrenamiento y esto es lo que hacen los profesionales. Uno no puede quedarse anclado en lo que fue y no será, eso ha quedado atrás. Ha de ver en esto un reto más, imposible en depresión, lo sé, no había esperanza alguna entonces. Hay que ser realistas para no toparse con la frustración. No hay que perder de vista el objetivo, que no es otro que la mejoría en la salud mental y en la integración en la vida cotidiana, y eso se conseguirá trabajando poco a poco. Se dice pronto. Hay que tener paciencia para reconocer que este proyecto se extenderá a lo largo de tu vida, que no será escrito para que aprueben un informe de gestión y con una votación acabará todo, y empezará otro ciclo de actividades. Cuando sea capaz de valorar mi rehabilitación (¿me darán el alta? Ni idea), todo lo que pueda escribir aquí será ya “Vida cotidiana”. Estaré integrada, no sé si estaré bien del todo, pero seguro que estaré mejor, porque siempre se puede estar mejor. Y no me quejo de cómo estoy ahora, sé de dónde vengo perfectamente, y quiero que me sigan entrenando para no quedarme en el suelo en el próximo obstáculo, no quiero volver al infierno y eso lo tenemos todos claro. Por ejemplo, este insomnio raro del otro día. Lo estoy pagando caro todavía, he de dormir de 12 a 8, lo sé, y también sé qué pasa cuando esta rutina se rompe, con lo que me ha costado llegar a ella... hace sólo unos tres meses que la tengo, quizá. No es lo mismo estar lúcido que centrado. Y hay que estar centrado, a eso ayuda mi terapia, para afrontar estos nuevos proyectos de vida, porque se puede vivir con un t.bipolar, cómo no, conozco a muchas personas que están rehabilitadas, y quizá tú también, y quizá ni te des cuenta de que pasaron por una rehabilitación tras un tratamiento farmacológico que les estabilizó, lo más seguro tras un ingreso, tras un diagnóstico. Sobre mi vida y mi pauta, *** Cortesía de mi amigo Cassiel, ángel rebelde. de fumadores en España. Y quieren acabar con nosotros. "sólo el 25% de los españoles son adictos a la nicotina" Fantástico, SÓLO un 25%. Zapatero, déjanos fumar. Sí, muchos queremos dejarlo, pero esto no ayuda, no a mí. Reproduzco dos artículos de hoy en prensa digital. Esto es el culebrón del año, y la pesadilla para los drogatas consumidores, uy, sólo un 25%. Y es interesante el segundo artículo, qué negocio es para Economía, casi todo lo que pagamos es impuesto en el tabaco. Primero: el Gobierno. "Sanidad anuncia medidas para que aumente la cifra de bares sin humo" Ya lo advirtió José Luis Rodríguez Zapatero: el objetivo es Segundo: las tabacaleras. "La guerra de los precios" Las últimas bajadas del precio del tabaco demuestran que la Dos en uno. Quizá tengan más en común de lo que parece. Recordemos que el trastorno bipolar es algo que afecta a las emociones. “ni en manía ni en depresión tomes decisión”, pero la persona ha de seguir con su vida aunque no esté estabilizada, y sigue tomando decisiones. Yo reconozco que he tomado demasiadas con las emociones y no con la razón, que me decía lo contrario. Impulsos. Recuerdo uno de los primeros comentarios en este blog, creo que dio de lleno en la cuestión al hablar de “control de los impulsos”. Conforme he ido estabilizándome, los impulsos han seguido ahí, pero algunos de ellos han podido ser controlados por un “para quieta”. Mi amigo R, conocido y reconocido por su sabio hablar, me ofreció un truco muy válido. Le dije que iba a comprarme una serie de cosas caras, y me respondió: “¿Las necesitas realmente? Apunta esa lista en un papel, y dentro de una semana vuelve a ella y ya me dirás si se mantiene esa necesidad”. Lo mismo se aplica a un e-mail que puedes escribir bajo un impulso emocional fuerte, ira por ejemplo, fruto de una hipersensiblidad y hipersusceptibilidad. Ese escrito ha de ir a parar al congelador, y sacarlo a la semana, quizá para romperlo y escribir lo mismo, esta vez con palabras que no nos traicionen y de las que luego podamos arrepentirnos. Son medidas a tomar, es un ejercicio de paciencia y de control de impulsos. Yo no tengo problemas en reconocer que los sigo teniendo, lo sé porque de vez en cuando saco un billete a Barcelona porque sí, porque me lo pide el cuerpo. Y es entonces cuando puede producirse un cambio de opinión. He decidido algo quizá prematuramente, mis razones tenía en ese momento pero pasan dos días y empiezo a preguntarme si hice bien, si actué por impulso puro, dominada por mis emociones. Ahí empieza un debate interesante que puede dejarte hecho polvo... ... quiero pero… no, no quiero. Pero quería. Sí, realmente es esto lo que deseo. Pero (mil argumentos) no es el momento ahora, o no me conviene en realidad. Es igual, (mil argumentos), ya está hecho y no me arrepiento. Sí, me arrepiento, me pudo el arrebato, cómo doy marcha atrás ahora. No, de ninguna manera, eso es lo que debía hacer. Y así hasta que alguien te dice “me estás volviendo loco, no paras de cambiar de opinión”. Lo curioso es que se suele volver a la opinión o postura inicial y el resto es comedura de coco, inseguridad ante una decisión tomada, o al menos así es como lo he vivido y lo estoy viendo ahora. Pronto cumplirá un año mi vida en Madrid, y quien haya seguido este blog habrá notado que de vez en cuando me replanteaba esta decisión. Ahora es firme, pero de aquí a una semana, si voy a Barcelona, igual vuelve a tambalearse. Ya tengo los billetes, y no sé qué porcentaje de impulso hubo en esa reserva. Toca ser consecuente. http://www.psiquiatria.com/noticias/adicciones/alcohol/25359/ "Después de la exitosa entrada en vigor de la Ley de Medidas Sanitarias frente al Tabaquismo y Reguladora de la Venta, el Suministro, el Consumo y la Publicidad de los Productos del Tabaco, el Ministerio de Sanidad se siente con ánimos de acometer el abordaje de otras sustancias. Según ha mencionado la ministra, Elena Salgado, ahora le llega el turno al alcohol, que se trata de un problema más complejo porque no se puede legislar del mismo modo que el tabaco, sino centrándose en "los consumos problemáticos". Por ello, este periódico ha preguntado a varios psiquiatras profesionales de las drogodependencias qué pedirían a esta nueva regulación, y el deseo general ha resultado ser común: tener más protagonismo. Bartolomé Pérez Gálvez, psiquiatra de la Unidad de Desintoxicación Hospitalaria del Hospital Universitario de San Juan, en Alicante, considera prioritario "que el tratamiento de los problemas de abuso de alcohol se integre en la cartera de servicios, ya que no se ha hecho con el tabaco". (...)" (La negrita es mía) *** He visto a jovencitos comprar su botellón sin problema alguno en ninguna parte y tomárselo muy cerca de mi casa, pese a la ley. He sufrido el alcohol por todas partes cuando dejé de tomarlo. No vas a ninguna parte sin toparte con una copa que te pueden servir, sólo se guardan en vitrinas en supermercados los licores caros pero ahí está todo el vino y la cerveza que quieras tomar. No hay fiesta en la que no se beba alcohol, ni cena social. Provoca demasiados accidentes y muertes inocentes en carretera, y también muchas muertes de alcohólicos y gasto sanitario atender urgencias provocadas por el alcohol. He estado buscando algo desde el punto de vista de un psiquiatra, y navegado entre artículos espeluznantes. El tema del alcohol se va a abordar de una forma más seria (pero no parece que vaya a afectar a la población general) y con apoyo esta vez de ese colectivo médico. Y con el tabaco, poco se ha hecho en ese sentido. Sólo sé que mi consumo o abandono del consumo del tabaco va a ir asociado a un seguimiento serio por parte del psiquiatra, como en su día sucedió con el alcohol. Meses tomando una pastilla "disuasoria". Son problemas que desgraciadamente pueden ir asociados a la enfermedad mental, todo tipo de adicciones a drogas, llamadas tóxicos, absolutamente prohibidas con el tratamiento farmacológico por interferir con él y por desestabilizar y causar episodios. Dejar el tabaco me causó episodios en el pasado. La próxima vez lo haré bien, porque sé que no es sólo la droga, sino la ansiedad lo que está involucrada. Y es cierto que cuando le planteé a dos psiquiatras el tema, me dijeron que la ansiedad sería el problema, por lo que... llegaron a desaconsejármelo "por ahora". Ya llegará el momento, supongo que cuando mi dosis de ansiolítico sea mínima, porque me la subirán, sin duda, cuando lo deje. No sabéis lo que se llega a fumar en los psiquiátricos, yo llegué a los tres paquetes o los superé. Diría que es la única droga que nos toleran y me parece que la ley anti-tabaco no va a llegar a ellos, o se armaría la de San Quintín. A no ser que se dediquen más recursos destinados a que alguien que sufre un ingreso, de paso, sea desintoxicado. Lo dudo mucho, porque lo que te lleva a un psiquiátrico es mucho más grave que el tabaco. Y de paso, decir que "el local" está lleno de gente con problemas con el alcohol, cocaína, porros, pastillas... (de eso no he hablado, sé poco y lo poco es horrible) "Yo tengo depresión + "drinking", me dijo un día otra ingresada, que por supuesto, no podía evitarlo. Es muy duro. Opinad libremente, yo no lo haré más. Tema ya tratado en el post http://carnedepsiquiatra.blogia.com/2005/102703-no-seas-infantil-e-irresponsable.php Se refería a alguien en concreto, y si alguien lo anuncia, se le tiran encima unos cuantos para que entre en razón. A mí misma me sucedió, cuando se me acabó la paciencia, fui reticente al tramiento durante tanto tiempo que dejé de tener fe. Luego (meses después) salí de mi error, la medicación sí funcionaba, a un precio. Menor que el de estar muy enferma. A nadie le gusta tomar 10 o más pastillas al día. Mucho menos, los efectos secundarios. A la impotencia por sufrir el trastorno se suman estas molestias que también producen impotencia al paciente, es una esclavitud que a veces cansa, y le pasaría a todo el mundo. En un segundo de la película "Mr.Jones", Richard Gere tira su bote de litio a la basura, casi pasa desapercibido. Es lo que hacen muchos cuando "se encuentran bien". Si ya estoy bien, para qué tomarlas, razonamiento válido cuando no deberías tomar decisiones, y mucho menos concernientes a tu tratamiento. Te saltas algo importante, por ejemplo. Te vas de juerga y te emborrachas a diario. Eso no se puede mezclar con las pastillas. También hay gente que prescinde de ellas entonces. Llámalo irresponsabilidad, llámalo como quieras. Se hace. "Mis amigos se toman unas copas, fuman porros... yo no puedo, y me provoca mucho malestar". Quieres "ser normal", hacer lo que todos, aunque sea dañino, y como lo sabes, dejas las pastillas. Llega un momento en el que muchos maldecimos todo esto. El otro día soñé que no tenía que tomarme las pastillas de noche, y que dormía sin ellas, qué felicidad. Y me levantaba despejada, cómo echo de menos eso. El precio es la estabilidad. Sé lo que es estar muy mal. Sé lo que costó dejar de estarlo. Si me vienen tentaciones, he de recordarlo, no demasiado, son demasiados años y meses sufriendo. Firmo con lo que sea. El caso es que en hipomanía, cuando has subido algo, te ves capaz de todo de repente. Incluso te consideras curado, eso me pasaba a mí cuando mi diagnóstico era depresión, para mí ciclar hacia arriba era curarme de una depresión porque no sabía que estaba ciclando, y consideraba que "estaba curada", y el psiki me bajaba las dosis, y pedía el alta para volver al trabajo, y quizá no me tomaba las pastillas cada día porque pensaba que después de tantos años, poco hacían. Volvía a mi vida hasta que el estrés podía conmigo o de nuevo ciclaba hacia depresión. Yo no lo percibía así, por supuesto. Sí llegué a dejar la medicación entonces, en lo más bajo de la depre, y fue cuando subí demasiado de repente (ver post "Manía I" http://carnedepsiquiatra.blogia.com/2004/122901-mania-i-diagnostico-ii.php). En hipomanía, podemos decidir que estamos curados, y que no necesitamos la medicación. Falso, por supuesto. Si la medicación te ha colocado en la delgada línea de la estabilidad, puedes tener esa tentación pero sabes que debes seguir medicándote para no abandonar la línea. Si la dejas entonces, también abandonas la línea. En cambio, en hipomanía el dejarla es "algo natural" y las oscilaciones van a ser peores, y lo jodido, retomar la medicación más tarde puede provocar que haga menos efecto y por tanto cueste más estabilizarse. La psicoeducación empieza por eso, según tengo entendido. Te has de tomar las pastillas cada día, estés como estés, ser consciente de que si "estás bien" es gracias a ellas. Espero un futuro, espero que sea próximo, en el que todo pueda ser inyectable. Hay fármacos que lo son, al menos conozco dos, y una inyección al mes te ahorra la pastilla diaria y evita tanto descuidos como decisiones dañinas para el paciente. Al menos una, por favor, hace un año que no me varían la dosis de un fármaco. El resto está sujeto a las inevitables oscilaciones, a que cambien la pauta para devolverte a la "normalidad", ya dije que la línea de la estabilidad es delgada, demasiado. Y no tiene por qué ser enfermedad lo que nos desestabilice, los factores ambientales pesan mucho y le pesan a cualquier ser humano, así que un bipolar ha de afrontar los golpes de la vida a veces sin cambios en la pauta, porque la vida es así, a no ser que eso acabe detonando un episodio. Pase lo que pase, no dejar la medicación. Si "no funciona", hay que achuchar al psiquiatra, y que él haga lo mismo contigo para que tengas paciencia. Y pedir ayuda, pide ayuda cuando esa tentación acuda, y de momento, cuélgate ese cartel NO DEJAR LAS PASTILLAS en la cabeza para que una neurona lo recuerde cuando empieces a desearlo. Lunes por la mañana. Café, banca electrónica, e-mail. Efectos secundarios mínimos. Angustia mínima. Buen humor. Dicho a las 09.32, me he despertado a las 8 para variar, luce el sol y Depeche Mode está en Madrid supongo, para el primer concierto. Asistiré al segundo. Para variar, no me cogen el teléfono en el ambulatorio, pero hoy necesito una receta y mi objetivo es conseguir ese fármaco, el que nadie tiene, para tomármelo esta noche. 10.08 ya me he duchado, increíble, a estas horas no suelo ser persona para hacerlo, y eso anuncia o me tiene preparada, alerta para un "bajón": puede ser el de las 11-12, el de las 14-15, o el de ayer mismo, a las 19 h. Una pastilla me da problemas con la tensión y me quedo medio tiesa de vez en cuando. Ya lo sé y ya sé a qué horas puede ocurrirme, así que "nema problema", pero de este tema he de hablar con mis médicos porque ya tomo una pastilla que en teoría debería contrarrestar este efecto secundario. Tareas pendientes: las de siempre, pasar los números a la nueva agenda, esta desde hace un mes. Planchar cuatro cosas. Vencer la pre-frustración y decidirme a comprarme unos zapatos que sé que no voy a encontrar, y más a estas alturas de las rebajas. Ir preparando la casa para mi ausencia, porque quiero encontrarla bien a mi vuelta y ya sé eso de que si no lo hago yo, nadie lo hará por mí. Comprar una báscula, no para mí sino para asegurarme de que no llevo sobrepeso, menuda factura pagué por eso en mi último viaje. Decidir si voy a la peluquería hoy o mañana pues es hora de eliminar esas raíces, menuda esclavitud el tinte y qué mal lo voy a pasar con la cabeza pringada sin poder fumar. Odio ir a la pelu. No me gustan las revistas del corazón y me pone nerviosa tanto ruido. Me veo con fuerzas para hacer algo de todo eso, y he de aprovechar el momento antes de que (no, no me arrepentiré) me quede tirada en un bajón. Post cotidiano. Hoy no tengo ganas de hablar de bipolar, hoy ejerzo de persona normal, que es lo que soy. Me peino, me tiño, me calzo, me pongo unas medias... y a "la puta calle", como se anima a la gente en el extraño mundo bipolar, donde a veces, eso es no bajar a la calle sino subir al Everest. Hoy el chequeo matutino es satisfactorio. A por todo ello, pues, sin excusas. Acabé el I diciendo que había que ser coherente con una decisión. Y ahora digo que también hay que ser consecuente con los cambios de opinión. Menuda ensalada mental. Me estoy peleando conmigo misma y eso no me deja dormir, he de pensar, he de encontrar la decisión correcta. La tengo en mente y es tan clara como caliente, me quema el darle la vuelta a mi propia tortilla en el mismo diario, con pocos días de diferencia. He de enfriar esa decisión o contra-decisión, primero, calmándome SIN pastillas, porque esto no es bipolar-enfermizo, esto es humano-neurótico, sólo que a servidora le da el insomnio, porque su enfermedad le da a ella en concreto -de los demás no hablo- la facultad de encallarse cuando un tema emocional lo hace, y la de buscar salida, y en eso estoy, en pleno insomnio, no satisfecha emocionalmente de las consecuencias también emocionales que va a desatar. No descarto pedir visita a un psicólogo, si es necesario lo haré. Me va a decir lo mismo que me han dicho ya amigos (contados, dos) y que yo misma he escrito en otro lugar, pero si el psicólogo trabaja bien, mi convencimiento no será culpable y afrontaré las consecuencias de mis actos con la cabeza alta, por ejemplo, haciendo pública la decisión al resto de mis amigos y entorno afectado. O quizá sea capaz de darle la vuelta a la tortilla otra vez, quién sabe lo que puede hacer un psicólogo, el discurso, los argumentos, eso no lo puedes anticipar, pero sí que te va a ayudar en momentos de caos mental, de saber y no saber, de sufrir por no saber o saber demasiado. Mañana está claro que voy a ver a Depeche Mode. Será terapéutico. Ahora, una de mala leche, con suerte... Y como me levante a las 8 este puñetero reloj biológico ajustado, estaré de muy pero que muy mal humor y quizá me meta el "extra" pautado como ansiolítico para descansar algo más. Necesito un sueño de alta calidad hoy precisamente para ordenar bien las ideas. No quiero estar como hoy, tensa, con mala leche en la farmacia, advertida la colegiada de que quería esta medicación con discreción (me estaba interesando por los tapones para oídos cuando todavía cotilleaba con una clienta), a solas le he dicho que tomaba esto cada mes y que por favor lo tuviesen, y que me fuese despachado con discreción. Cuando ha entrado otra persona he mirado los cepillos de dientes y al irse ésta, le he dicho a la colegiada que no quiero que mis vecinos sepan qué tomo, ni que soy pensionista, con tono muy serio, y he tenido que medir mis palabras. No sé qué margen se llevan del pastel, pero el encargo era para dos meses y amablemente avisados están de que esa medicación han de tenerla en stock (=clienta rentable), de forma que al ver el tocho de recetas, han perdido el culo entre dos para servírmelas, cuando mi idea era decir "ya vendré mañana y me dáis la bolsa", precisamente para no tener que presenciar ni temer que alguien presencie la ceremonia de los cupones y las cajas en el mostrador, y el dame la tarjeta sanitaria, año de nacimiento, su p.madre, el Estado sabe que me tomo eso hace años, ya me lo podrían enviar a casa por Correos como a todos los crónicos, esto es un retraso. Me he decidido por esta farmacia porque la otra, muy moderna ella, a pesar de su gran sistema informatizado de reservas la mitad de las veces no tenían la medicación. Quise ir a una que parecía tener buena pinta y allí hice mi última compra... pero... luego me dicen que son ¡¡objetores de conciencia!! que no venden preservativos. Año 2006, biennn, piensas. Pues que vendan toallitas anticelulíticas "de probada eficacia", a mí no me ven el pelo más allí porque lo mismo que hoy compré tapones para los oídos puedo comprar una caja de preservativos, y no me da vergüenza alguna, sólo me avergüenza que haya objección de conciencia en este tema que sí es sanitario, que los pongan en una máquina expendedora, por favor, llevamos más de 20 años con este tema. Y la madre que les parió, todos los farmacéuticos están tan acostumbrados a despachar que no consideran la privacidad ajena relevante, es más, hay conversación entre cliente y él, él la fomenta, acerca del tratamiento, de la evolución... delante de los otros, todo queda en el barrio, menos mal que esto es asfalto. Como si la gente no supiese qué es Valium (no tomo eso), no, sólo saben de fármacos los farmacéuticos, sí hombre, la gente se chupa el dedo. Y la gente es muy cotilla, post-GH ya no hablo, y no quiero me señalen por el barrio como la que se lleva media farmacia, qué tendrá, uy, si es pensionista (receta roja, receta verde, ¿¿para que el facultativo rayado de garabatearlas no las confunda??), nada bueno, seguro. Vuelvo pues al tema de las decisiones: la farmacia nueva ha sido algo que me ha costado mucho determinar, descartada la objetora y la "lo siento, te lo encargo en dos horas, sí, está aquí la orden de tenerlo pero no lo tenemos", y otras. Está cerca de mi casa, pero no tanto como para que los cuatro vecinos que conozco la frecuenten, porque va más de paso la de los objetores esos, que por cierto ni siquiera venden pastilleros (¿¿farmacéuticos objetores de pastilleros??). 3/4 partes de las farmacias actuales están ocupadas por productos de higiene y belleza, pero no hay pastillas en stock para enfermedades como la epilepsia o el trastorno bipolar. ... estoy mejor, no hay como soltar la mala leche cuando nadie te escucha. ¿Nadie? Jajaaja. Era mala leche, que no se ofenda nadie y si lo hace, pues vale, que lo suelte también, no hay que callar cuando hay algo a decir. Ya sé que es contradictorio, todo lo es, te la juegas demasiado en un cruce de caminos (Coelho habla de esa encrucijada en un fragmento hermoso del Maktub) y encima puedes perder la salud mental en el equivocado, perderla más de lo normal que en el resto de caminos, que aquí todos sufrimos de estrés y de golpes que afectan al ánimo, ¿vale? Sólo que a mí eso me detonó una enfermedad que afecta a las emociones y es muy vulnerable al estrés. Demasiado estrés, hoy. Las decisiones buenas son las lentas, como la de la farmacia, un día dices "venga, ya es hora" porque no te va a estresar y lo has ido pensando a ratos mientras ibas de paseo y hacías pruebas. Las decisiones sobre la marcha, no tanto. Vale, ya me he quedado tranquila. Llevo más de cuatro horas escribiendo, ya es hora de decir basta, ya está todo escrito, no aquí, aquí sólo interesaba "la práctica" que describí en el post anterior. Mañana revisaré ese escrito privado y volverá al congelador o no, y espero que no, porque pienso ir al concierto con la cara de adolescente habitual en estos casos y no con la chaqueta que me he comprado hoy en plena neura. Y aaaaaaaaaaaaahhh como no dejen fumar... ¿qué sería de los conciertos de rock sin el perfume de los porros? Interesante el hecho de que ayer me levantase con "demasiado" buen pie, sin notar efectos secundarios. Interesante que estuviese activa durante todo el día, incluso con humor para ir de rebajas y enfrentarme al "no tenemos tu talla" y a un espejo que maldigo cuando mi silueta no se ajusta a una prenda que me gustaría formase parte de mi armario. Más interesante todavía, que por la noche me entrase la crisis "cambio de opinión", y un insomnio que fue necesario para escribir/reflexionar. Lo interesante es que me levanté con un pie y me acosté con otro, así son las cosas a veces. Me tomé las pastillas muy tarde, me fui a dormir muy tarde, y por suerte también me he levantado tarde, a las ocho horas justas. Pero el sueño no tiene la calidad requerida si duermes a deshoras, por tanto me he levantado no con efectos secundarios, sino más bien con una resaca por haber dormido de día, por haber roto una rutina muy importante para mi salud mental. El sueño es fundamental, tenerlo regulado, para "mejorar", porque de tenerlo caprichoso, dormir durante el día y vivir de noche, etc, se resienten las neuronas y puedes desequilibrarte. Uno de los secretos a voces para mantener el equilibrio, por tanto, es dormir bien. Y si digo perogrulladas, me perdonen Vdes., es la resaca. Ayer estuve escribiendo mucho tiempo, y eso tampoco me conviene a según qué horas. He aprendido que a las 23 h he de parar actividad tanto intelectual (escribir lo supone, leer no tanto) como "interactiva" (msn, teléfono) para relajarme, para preparar el sueño. Es buena hora para darse un baño, por ejemplo, o para escuchar música tranquila, para relajar esas neuronas y que la medicación haga el resto, de forma que a medianoche esté dormida sin problemas ni tensiones y de esta forma, asegurar un sueño de calidad, aunque a las 8 a.m. no sea persona, pero soy persona andante al menos. Me he levantado con la decisión de ayer más madura, de forma que quizá no necesite pedir hora al psicólogo. El problema es la culpabilidad del cambio de opinion, y tengo tiempo para trabajarla por mí misma, porque tengo las cosas claras en ese sentido: lo primero es mi salud mental. La balanza que compré ayer (es de los chinos, tan amable que te quita tres kilos) arroja inequívocamente dos cosas: 1) que he perdido peso, confirmado en el probador de lal tienda, 2) que no puedo permitirme un camino que me va a hacer daño a medio plazo, en términos de salud mental por supuesto. Me he levantado con un resacón de narices, y como esto anuncia un bajón y hoy no me lo puedo permitir porque esta noche es muy especial para mí, he decidido que voy a descansar. El día de hoy no está perdido, qué va, he hecho más de lo que que parece y ojalá pueda descansar a gusto, que me despierte con las pilas bien cargadas. No quiero quedarme tiesa, no hoy. Luce el sol y no hace frío ahora, es un día serio y un tanto amargo, pero eso va a cambiar, y esta noche me acostaré con el otro pie, también, esta vez a la inversa, con el bueno. En conclusión puedo decir o extenderme en lo que ayer/hoy madrugada escribí. Un problema puede tener solución simple, escoger una farmacia para ir siempre allí. Otros problemas, sin embargo, abren esa encrucijada y o vas a Euskadi o a Andalucía, norte o sur, sí o no, y por desgracia no siempre hay un camino llano en medio. Esto no es un tema bipolar, como decía ayer, es un tema humano que afecta a la población general. Tomas un camino cuando dices "sí, quiero" y te ponen una alianza en un dedo, sin ir más lejos. Esto le sucede a diario a mucha gente, y como dice Coelho (supongo que de cosecha prestada), una vez escojas y tomes el camino, no mires atrás. Porque supongo que no sólo sucede en las películas: el novio o la novia no asiste a su boda, o la ruptura se produce una semana antes. Una pareja de amigos se está separando ahora y el proceso no por estar claro resulta menos duro, insisto siempre, las emociones son algo que un bipolar tiene problemas en controlar y en asumir. Ese camino, en el fondo, no era el tuyo, y a veces puede suceder que lo que parece impulso esté meditado ya y asome a la vida consciente en el último momento, por qué no. Somos humanos. Y erramos. O no, que los demás piensen lo que quieran, lo importante es el bienestar propio pues sin él no puedes ofrecer felicidad ni nada a nadie. No a tu pareja, yo ahora me refiero a mis amigos, porque cuando yo no estaba bien, nada les aportaba sino mi sufrimiento. Y sí, también aporté sufrimiento en su día a mi pareja cuando se veía impotente ante una depresión. Basta de sufrir. Y ya lo escribí en un post reciente, "Seriedad". La báscula no miente, la de verdad, no la de "los chinos". No ha sido un concierto de rock’n’roll, qué pequeño detalle... Esto clama venganza, estaré atenta a los próximos conciertos. Porque ya hablaré del poder de un Estadio. Porque provoca cambios y estados emocionales muy interesantes. El espectáculo de hoy ha sido como la vida misma: momentos apoteósicos, momentos alegres de baile, momentos aburridos, momentos hermosos, momentos normales, momentos anodinos. Ese ha sido el mensaje que he querido recibir cuando me he dado cuenta de que no iba a recibir otras sensaciones. Dejar de pensar en la vida y sumergirse en el espectáculo al 100% es lo que uno espera en un concierto, y yo he bailado cuando ha sonado lo que me ha gustado, pero he vivido y reflexionado esos otros momentos, y los he disfrutado también. Y momentos de no-fumadores. Los de atrás se han fumado el porro de rigor, pero había un pobre empleado persiguiendo y haciendo apagar cigarrillos. Quién me iba a decir que acabaría fumando como cuando estaba en el instituto, o cerca de mi familia, ocultando tras la mano la sustancia demonizada. Luego en el (lugar de letrero rojo frecuentado por madrileños para comer) he accedido a comer en mesa de no fumadores, es imposible entrar en el guetto de lo pequeño que es sin esperar media hora. Mi último concierto había sido en junio de 2003. Peter Gabriel puso carteles por todo el Estadio pidiendo que no se fumase por respeto al artista. Olé sus huevos, y menudo espectáculo ofreció. Depeche Mode era una espina clavada, pero mucho menor. Sólo me faltan Bowie y Prince para morir en paz. Depeche Mode ha sido la excusa perfecta para pasar una buena noche con dos amigos. Mi amiga y yo hemos decidido celebrar cambios recientes y futuros en nuestras vidas con complicidad. Los pasaremos juntas, y esa es mi alegría de hoy, es como marcar un antes y un después en una noche que ha tenido su magia, magia que a los hijos de los 80 nos ha otorgado una agradable sensación. Le conocí y me caló de inmediato. Yo ponía mi cara de niña buena y seria, que la tengo, pero él adivinó que detrás de eso había algo más. Efectivamente, llevaba una especie de doble vida, tanto es así que mi vestuario cambiaba radicalmente, y mis actividades, también, sobre todo las relativas a la “fiebre del sábado noche”. Lo sabía desde hacía tiempo. Una vez un jefe fue a tomar una copa a un bar musical y me encontró desmelenada, bebida, y tomándome las confianzas que las reglas de la noche permiten. Ese lunes, cuando entré en su despacho de nuevo disfrazada para el trabajo, me pegó un repaso de arriba a abajo, y no pudo evitar decir algo así como “quién te ha visto y quién te ve”, lo cual me incomodó muchísimo porque enseñar mi cara no de niña mala sino más bien pícara y alegre, y desde luego muy desinhibida con las copas… Supongo que sin querer me fui adaptando a lo que mis dos polos querían. Uno sólo olvidarse del mundo exterior en ocho horas o más de trabajo, el otro era bailarín saltarín y hacía locuras, tonterías inocentes que, de haber sido hombre, quizá hubiesen acabado en algún puñetazo. Ahora tengo más bien cara de niña buena y de no haber roto un plato, y sólo a veces pongo una mirada de las que atraviesan “¿no te crees lo que te estoy contando?”, y esa mirada dura me pertenecía en mi vida gris, seria y a la vez contundente. ”I love the nightlife” de Alicia Bridges (canción famosa o recordada por la película “Priscilla reina del desierto”), ahora suena en mi reproductor. Ese era el espíritu más o menos, acababa la semana laboral de conducta y vestimenta formal y esta criatura abría la caja de bisutería, y se enfundaba sus Levi’s negros cuando no sus pantalones de cuero. Muy inocente, ir a bailar, pero era mi vía de escape, ese día o esas dos noches (el domingo no existía, claro) me daban fuerzas para afrontar otro lunes. Echo de menos muchas cosas, y debo reconocer que las noches de “gloria” ya han acabado, porque he bailado demasiado (eso adelgaza, desde luego) y porque mis pantalones de guerrera han sido jubilados por cambio de talla. Y porque también he cambiado en estos años, desde que dejé de salir a lo destroyer (y era una santa, rara vez iba a un after, quizá ya llevaba suficiente alcohol encima) ya se pierde no sólo el hábito como costumbre sino el hábito gestual, entendido como esa actitud de comerse el mundo tan propia del otro extremo bipolar, esa seguridad, ese pasar de todo (tomar antidepres y alcohol, qué más me daba), fruto también de la frustración semanal. Qué triste que uno tenga que emborracharse para aceptar que el resto de la semana tiene algún sentido, como en aquella vieja película, Donna Summer era la reina del “Por fin ya es viernes”, una película mediocre pero significativa. El alcohol hacía de mí una maníaca, y lo he comprobado más tarde, no sólo embriaga sino que me hace subir, y por eso seguramente bebí en depresión, se dice que se toma como un sustituto de ansiolítico y yo lo tomaba para euforizarme de paso. Es difícil, mucho, cuando has dejado lo que te desinhibía, cuando la noche te ampara y puedes dar un nombre falso incluso… Dejar de salir de noche, sólo te queda ya pisar el día y decirte: y ahora, ¿de dónde saco los “beneficios” de esa noche? Conozco más gente que se siente, digamos, algo aturdida también en este sentido. De día las reglas no nos las sabemos, es así de duro y desconcertante. Vivía en los dos polos, pisándolos semana a semana. Era mi forma de vivir. Ya dije en el post de bienvenida que esta enfermedad lo era. O ciclas de un extremo a otro por culpa de los neurotransmisores estos averiados, o tienes un rincón oculto, una bestia maníaca dentro que ha de salir, porque es parte de ti. Esa ha sido mi forma de vivir “a lo bipolar”, la mía, otros tendrán otras historias que nada tengan que ver con el hard rock. Sé que la llevo dentro, la bestia maníaca, aunque ahora mi yo entero esté más estabilizada y mi vida anímica sea del color del día y no del de la noche. Sé que de vez en cuando se manifiesta, aunque la medicación la tiene muy a raya, sólo espero que sea cierto lo que yo me digo a mí misma, que ahora la controlo y la disfruto, porque estar en euforia, ahora sin alcohol, sigue siendo algo que no niego, me gusta. He roto muchos platos en esta vida, consciente o inconscientemente. Espero no romper ninguno cuando asome la bestia, ese es el control que creo tener sobre ella. Acude muy poco porque tampoco la llamo, porque la temo. Me gusta y la temo, toma ya otra de extremos. Mi forma de vivir es lo que está cambiando, se trata supongo de encontrar un equilibrio donde no cese la actividad para no caer en depresión (tres semanas de trancazo y convalecencia tosiendo ya me depositaron en el no salir de casa), y donde hábitos sanos (no vale vomitar a las 6 de la mañana, para entendernos) con el tiempo te hacen dejar de desear ya o controlar ese instinto de huída de la vida real. Por suerte, ya dije que había bailado mucho, y puedo hacerlo más, pero a mi edad creo que debo buscar otros intereses y la noche ya está muy vista, y temida también, cuando miro atrás y me repito eso de que ser “el sexo débil” me salvó de alguna, pero también era capaz de ir sola de madrugada, riesgos. Recuerdo un paseo hacia casa, ya había amanecido y yo caminaba a paso rápido silbando “Strangers in the night”, casi bailándola, mientras los vecinos correa en mano y perro me miraban, y juzgaban seguramente bien. Continuará. *** ___________________________________________________________________ | | | | |___________________________________________________________________| Abría los ojos. La ventana, tan cerrada como la dejé, oscuridad. No me movía. Madre se daba cuenta rápido de que estaba despierta, quizá porque iba al baño. Abría parcialmente la ventana. Bien, ya tenía luz, la suficiente. Ya veía el techo, a veces me sobraba con un punto en él. Abría del todo los ojos y allí perdía mi mirada. Qué tendrá el techo. No podía ni quería escapar del techo. Y Madre se lo dijo al psiquiatra como una de mis conductas más raras: “se pasa el día mirando el techo con los ojos muy abiertos”. No tienes nada mejor ni más importante a hacer que mirar el puto techo. Nada más puedes hacer. Horas, horas. Días, días. Hace un año que no lo hago, y no estoy muy segura de lo que pensaba, pero aventuraría a afirmar que los ojos abiertos en el techo eran actividad mental cero, que el peligro era cerrarlos y sí empezar a pensar, en nada bueno por cierto. El techo, en todo caso, me producía el aislamiento que necesitaba. Te ven así y cierran la puerta de la habitación, convencidos ya de que estás fatal. No lo entienden, pero ven que algo no va bien. Depresión. *** Aquí la gente se despide con un "hasta luego". El "adiós" es algo duro, en castellano, para mí, siento que cierra muchas más puertas que el "adéu". Volveré. Cuando pueda leer otra vez, ese es mi objetivo. *** Le colgué a las 22.15 el domingo, estaba fuera de Madrid y me contaba sus aventuras, yo lo mismo, y nos echábamos de menos. Me había contado que ahora leía mucho, y quise hacer lo mismo, porque su ilusión iluminó mi pesar al respecto. Volver a leer fue su alegría, y me la contagió, y decidi no escribir para concentrarme de lleno en el objetivo que me haría dar un paso más en mi bienestar anímico e intelectual. Recibí una llamada el lunes, si había hablado con él recientemente, pues sí, ayer mismo por la noche, y recibí el sobresalto. El lunes por la tarde ya estaba en casa de sus padres, pero todavía estaba ingresado. Después de un lavado de estómago. Ese domingo sobre medianoche fue llevado a urgencias, bien cargadito de algo o mucho que no pudo vomitar cuando se dio cuenta del desastre, ya en estado digamos drogado, y al menos llamó pidiendo ayuda. Ayer lo supe, después de postear, y a última hora pudimos intercambiar cuatro palabras. - ¿Por qué, qué te pasó? Me pareció que estabas bien cuando hablamos... - Porque se me fue la pinza. Me sonó tanto... Esto es Trastorno Bipolar. Casi voy de entierro de un amigo hoy. No hubiese podido ir. Le quiero demasiado y le he dicho que piense en nosotros, y él lo sabe, pero NO SE PUEDE EVITAR, y también lo sé, SÉ QUE NO PUEDES EVITARLO aunque esté allí tu propia madre, te vas a otra habitación y punto. La siesta que he necesitado, emocionalmente "con fiebre", no ha hecho sino agravar este mal recuerdo y sufrimiento, esto ha sucedido en la vida real y en mi entorno, mi nuevo entorno, uno de mis primeros amigos en Madrid. El que me pasa a buscar, y si nos parase una hipotética policía psiquiátrica, nos mandaría al piso de los hipomaníacos, de lo que llegamos a reír, fabular, concebir, hacer tonterías que serán futuras batallitas, inocentes, "parecéis dos nenas" nos dijeron una vez. Tengo entendido que en episodio mixto, la tasa de suicidios aumenta al 50%. Su psiquiatra no ha conseguido que este episodio remita, y lleva demasiado tiempo mal. Ratos buenos, los tenemos todos. Luego llega un insomnio o un "no me aguanto", o una bronca con alguien, llega algo muy desagradable en lo que cuando te levantas de la cama, maldices el día que has de pasar así. Le cuelgo y está bien, casi mejor que otras veces, poco alterado, mimosín. A la hora, "ya no está", directamente. Los neurotransmisores juegan sucio, mucho. Esto es Trastorno Bipolar. Como lo es la historia de Pita en "Abandonar la medicación". Un desajuste biológico te lleva a un episodio, o a la tumba, contigo como arma, y te llevas por delante a quien sea en tu auto homicidio, sufrimiento, nada importa ya. Que lea mi vecina, yo no he parado de darle vueltas y necesito recobrar mi serenidad. Posteo sobre algo que me parece importante, que se lean los trapos sucios de esta enfermedad. Él se está recuperando con su familia y yo sufro con él, es mi amigo. Ahora le están dando la medicación, precaución básica. Lloro y sufro porque la próxima puedo ser yo, por mucho que haga un año que al menos mis ideas hayan desaparecido, ¿quién, el próximo?. Sufro y lloro porque es como si todos los buenos momentos que he pasado con este amigo se hubiesen desvanecido de repente y tuviésemos que empezar de cero, después de una charla seria que voy a tener con él, muy seria, acerca de su psiquiatra, y no va a ser la primera. Sé que no he sido la única en cuestionar a este profesional, porque mi amigo no sólo no ha avanzado en muchos meses sino que... :((( Y empezaré de cero porque espero que él pueda decir que empieza de cero, una vez sea estabilizado, o empiece a tomar decisiones y ser ayudado para este sí gran objetivo, dejar de sufrir, que la vida no se tambalee a su alrededor. Será mi amigo esté enfermo en episodio o no, pero ahora, ahora... se va a tener que tomar mucho más en serio su tratamiento, porque ha catado la Espada. Queremos vivir, que lo sepáis. Sólo que... se nos va la pinza. Sin aviso, yo no recibí ninguno en una hora o más de conferencia, y llevo muchas horas de teléfono con él. Me creo que le pasase después, el mundo se te cae encima sin hora. No sé por qué no me llamó cuando le vino el mal momento, pero por suerte llamó a una persona que pudo llevarle al hospital. *** No comment. Si alguien quiere decir algo, a mi buzón de correo, y advertido está de que puedo postearlo mañana mismo. Ayer me puse un DVD de los cuatro que tengo para "desconectar" (tengo cuatro y dos son películas no aptas en ese sentido: Alguien voló sobre el nido del cuco y The Wall), y me juré que cuando me entrase el sueño químico lo único que importaría sería quitarme los auriculares y que el pc hiciese lo que le diese la gana. Pues me he despertado con ellos, con una banda sonora de esas introductorias a la película, chumba-chumba-zumbidos, a saber qué he dormido y cómo, y no recuerdo nada, cuándo dejé de ser un cerebro, y ahora tendré que recuperar una escena del menú y temo no acordarme de cuál. Bah. Escribo porque no sé dónde tengo la cabeza, y voy por el segundo o tercer café, ya ni lo sé, sólo que ya es descafeinado. He hablado con mi amigo. Y tengo claro que hoy me pasaré por un kiosco a comprar dos películas más (vi una colección de comedias tipo Cary Grant) que no me puedo permitir monetariamente pero sí necesito por salud mental. Y un comic, qué leches, voy a leer aunque sean "bocatas" y Conan no me desagrada. Sales de una gran ciudad o núcleo urbano y si estás enfermo, crudo lo tienes. Apenas hay profesionales capaces de atenderte. Mi amigo está en esas, recuperándose de todavía no sabe qué le hicieron salvo atarle, y con la idea clara de volver a Madrid para ser ingresado, porque conciencia de que está mal no le falta. Las historias de gente que no vive en estos grandes núcleos de población con servicios sanitarios no suelen ser buenas, donde no hay medios ¿hay salud? Y sólo hablo de España. Vivir en Barcelona capital posibilitó que a unos 15 euros de taxi estuviese a salvo en Urgencias, unidad de psiquiatría, donde me llevó alguien de ese grupo, bendita sea esa persona. El 2 de septiembre de 2004. No había hecho nada, todavía, de haberlo hecho no hubiese valido la pena ir a Urgencias sino esperar al CSI. Llevamos dos años y medio juntos, un grupo de apoyo donde se han forjado amistades, y por suerte, yo no he vivido entierros en todo este tiempo de diagnóstico, sí alarmas para mandar una ambulancia al domicilio que ya te dejaban sin aliento. Cómo me llevaron a urgencias tiene hasta un punto cómico, por lo que no lo relataré ahora. El suicidio sigue siendo un tema tabú. El otro día, charlando con una amiga, me mostraba su escándalo ante los casos diarios publicados de violencia doméstica. Siempre la ha habido, sólo que ahora se intentan medidas. Lo grave es que cada día los medios de comunicación no sólo los publican sino que “dan ideas”, de cosas que han funcionado, como lo hace la serie CSI en el aspecto criminal. En su día leí estadísticas sobre el suicidio en este país pero no las recuerdo. En Japón es un problema importante. Este tema no sale en los media, y seguro que genera más víctimas que el maltrato. Pero, me alegro, porque así no se “dan ideas”. Ideas sin retorno. Ideas que sí dejan secuelas de por vida a quien ha fallado en el intento. He visto las cicatrices de quien falló. Me callo. R. me tranquilizó ayer, esto es así, cuando no caiga uno lo hará otro me vino a decir, no sufras, todo ha pasado y tú ya sabes qué tienes que hacer si te ves en esa situación. Lo sé. Por eso ingresé voluntariamente en diciembre de 2004. Si juzgan tu apariencia, te verán sano, porque no sangras por supuesto, pero si llegas a ese extremo, no lo estás, y por suerte en Barcelona había alguna cama libre, no me mandaron a casa donde me esperaba el “se me fue la pinza” en cualquier momento. Llama al 112 ante ideas suicidas, si puedes hablar con tu psiquiatra antes, muchísimo mejor. Planes ya son demasiado, planes son ya la Espada, planes son vete cagando leches antes de que se te vaya la pinza, de que ya no te sujete el “no lo hago por mi madre”, que ésta desaparezca como todo lo demás. Me han entrenado para que lo haga así. Últimamente hablo del entrenamiento que he recibido, y ese es un punto importante, demasiado. Llama, llama, llama. Aunque vivas en el culo del país. *** P.D. 12.48. empiezo a recuperar actividad cerebral lúcida. Emociones fuertes (o sentimientos encontrados, como me dijeron) y efectos secundarios están mitigándose. La vida sigue. Mis palabras nunca fueron muy cariñosas pero te daré mi opinión. *** Mensaje a alguien que por supuesto se siente mal. Te dejan en manía, te dejan en depresión... ¿No sabías dónde te metías, que esta persona es un "pack" lleve hijos ya o una enfermedad? No hagas daño antes de tiempo, no alimentes ilusiones de alguien que necesita tu cariño. Menos mal que eran novios, todavía. Qué dura me siento diciendo todo esto, la puta verdad es esa, o mi puta opinión, y ese es mi tono entonces. En el tercer kiosco por fin he encontrado un “Conan” “completo”. Ni los Batmans ni otros me convencían, con el puñetero “continuará” que cuando eres jovencito aguantas hasta que te llega la paga, pero ahora, si me pongo a leer, como que no. *** Escrito ayer para el foro que me dio algún consejillo al respecto. Luego me di cuenta de que apenas hay tebeos en los kioscos... puñeteras cónsolas fue mi primer pensamiento... ¿Alguien puede decirme qué leen sus hijos? Yo me recuerdo de niña leyendo tebeos, los mismos de entre un montón, cada noche!!! Mai ah hii (x4) (x4) Vrei sã pleci dar nu-mã, nu-mã iei (x2) Tradución: El Amor Bajo el Tilo *** 0-Zone, "Dragostea din tei", 2004. ¿El amor "bajo" el tilo? Otros que están en la parra... http://www.youtube.com/watch?v=BgU_m3SuYPE Para José Manuel y por extensión, a todo el sector petardillo... es una parte más de mí, no sólo de rock vive la mujer digo yo. Con esta canción no sólo pude sonreír en la depre "verano 2004" sino que fue la que canté a berrido cuando ciclé a hipomanía en septiembre, cómo olvidarlo, si lo posteé para 10.000 personas... Desde entonces que este sonido para mí significa estar algo en la parra, hipomaníaco y alterado cual primavera. *** Voy a la pelu (toca tinte) y me topo con una revista que en portada habla de un ingreso psiquiátrico. La pseudofamosa en cuestión, aparece en portada de varias revistas, INGRESADA es el título no sé hasta qué punto sensacionalista. Ha tenido un brote psicótico, dicen que igual tiene que ver con drogas, poca cosa se dice, ni siquiera se explica en qué consiste un brote psicótico, sólo interesa que quizá fue atada y sedada. Morbo, sólo interesa el morbo. Y el debate al parecer se genera por sacar a la luz "la desgracia" o el lado "no felicidad=exclusiva" de esta persona, que sin profesión glamourosa, se hizo pseudofamosa, como otros y otras tantos, por casarse con alguien que en teoría lo era. Y porque, cómo no, allegados se aprovechan de ello para sacar tajada en los programas de telebasura-corazón. Pero ahí tenemos un ingreso psiquiátrico en portada. Poco bombo se ha dado en medios de comunicación "serios", donde ella es una ciudadana más, viuda y casada con un extranjero. Ellos no malgastan cámaras delante de un psiquiátrico (una nota en la sección "gente", que es allí donde irá a parar este post), y lo patético es que ella, acostumbrada a posar, abre la cortina para que la fotografíen allí. Sacará más pasta cuando le den el alta, y el país tragará más telebasura, porque recibirá un pastón por hablar de lo vivido "allí dentro". Quizá sea digno verlo, o no, leerlo de nuevo en la pelu. Se llama Raquel Mosquera, por cierto. Hoy se me ha desregulado el sueño. He tenido que dormir de día, o sea, mal, muy mal. Aunque ha sido curioso tomarme el café a las 6 am. Empiezo a bostezar a las 23, hora habitual, y más me vale dormir bien. Estaré el fin de semana ocupada con compromisos. O no, igual esto de ser superwoman jubilada es una contradicción más a superar todavía. Por si acaso, dejaré los libros donde estaban, nada de estimularse ni forzarse. No sé qué hago escuchando mi lista de reproducción "marcha". Estoy atontada, estoy colapsada, no estoy para invitados, y vienen, ni para visitas, y debo hacerlas, ni siquiera para el e-mail. No soy supe |