Carne de Psiquiatra |
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Se muestran los artículos pertenecientes a Agosto de 2007.
MADRID.- Muere, ladrón, puta... Éstas son algunas de las alucinaciones auditivas frecuentes en las personas con esquizofrenia y que han ayudado a identificar varias zonas del cerebro anómalas en estos pacientes. Este hallazgo, obra de un equipo de investigadores valencianos, puede ser una útil herramienta para diagnosticar la enfermedad y controlar la eficacia del tratamiento. Numerosas investigaciones han indagado en el cerebro esquizofrénico. Se habían estudiado diferentes zonas, se habían identificado anomalías... pero nada concluyente. Lo que han conseguido los autores españoles es identificar, por primera vez, áreas claramente relacionadas con una de las características más frecuentes de los pacientes con este trastorno mental: las alucinaciones auditivas, que padecen el 70% de ellos. Para que no cupiese duda, han buscado zonas en que coincidiesen las deficiencias tanto en la forma como en las funciones del cerebro. Para Luis Martí-Bonmati, uno de los autores del trabajo, su estrategia "es como un interruptor". "Lo que se enciende es lo que está alterado", dice este radiólogo, del Hospital Universitario Doctor Preset de Valencia. La red neuronal que se 'encendía' en ambos exámenes cerebrales (morfológicos y funcionales) se encuentra en una serie de áreas cerebrales relacionadas con la emoción y, sobre todo, con las reacciones emocionales ante estímulos auditivos. A saber: el lóbulo temporal (sobre todo, la circunvolución media y superior) y ciertas zonas muy pequeñas y específicas del giro cingular. "Hemos establecido diferencias en una enfermedad con los márgenes muy mal definidos. Ahora tenemos unos datos objetivos sobre una parte importante de los pacientes que la padecen", apunta el investigador valenciano. Los resultados se publican en el último número de la revista 'Radiology'. Martí-Bonmati y un equipo del Grupo Valenciano de Investigación en la Esquizofrenia examinaron mediante pruebas de imagen los cerebros de 21 personas con esquizofrenia y una decena de voluntarios sanos. Todos los voluntarios se sometieron a unas pruebas en las que se registraba su actividad cerebral mientras escuchaban palabras neutras (casa, perro...) o bien una tanda de palabras emocionales (el tipo de términos agresivos que suelen escuchar los pacientes durante sus alucinaciones, como insultos). Asimismo, se utilizaron pruebas de imagen para definir las áreas cerebrales con pérdida de densidad. Se sabe que las personas con esquizofrenia presentan una menor densidad en ciertas zonas del cerebro. No se trata de una pérdida de masa cerebral, sino que las neuronas son más pequeñas y sus dendritas (extremos ramificados) tienen una menor arborización. Su 'mapa de coincidencias' apuntó a ciertas zonas del lóbulo temporal y del giro cingular en las que la actividad aumentaba con los estímulos emocionales y, además, se daba una pérdida de densidad. Es más, "la extensión de la afectación se correspondía con la severidad de la enfermedad", explica el investigador. "Hemos conseguido una herramienta que puede ser sumamente interesante tanto en el diagnóstico [actualmente basado en el examen psiquiátrico] como en el control del tratamiento", resume Marti-Bontami. De hecho, en la Comunidad Valenciana ya han introducido esta estrategia en el protocolo para diagnosticar la enfermedad psiquiátrica. Ahora, están comprobando si este método permite evaluar la respuesta al tratamiento antipsicótico. El estudio, en el que participarán 50 pacientes, estará finalizado dentro de seis meses. Otro de sus proyectos es ver cómo la genética influye en la morfología y función del cerebro en pacientes con esquizofrenia. http://www.elmundo.es/elmundosalud/2007/08/01/neurociencia/1185960339.html . . . No puedo evitar sentirme esperanzada ante estas lecturas, a la vez que escéptica. *** Hace dos años me instalé en este mini-apartamento. Nunca había vivido tanto tiempo sola. Echo de menos la convivencia. Parece que no, pero marca unos ritmos y rutinas el mero hecho de vivir con alguien. Esto es muy bueno para la salud del bipolar. Como le sucede a otros en mi situación, separados también, me siento más gruñona y menos dulce. Menos dispuesta a perder territorio. Creo que mucha gente se engaña: la situación parece envidiable ("haces lo que te viene en gana"), pero esta "libertad" no deja de ser triste, no cuando tu sombra es la soledad y estás perdiendo habilidades básicas de relación. *** Esta noche emiten en la TV sexta Primary Colors (Mike Nichols, 1997), con John Travolta y Emma Thompson como protagonistas. Quizá la vea de nuevo. La primera vez, hace menos de cuatro años, identifiqué el personaje de Kathy Bates como bipolar. Hubo rasgos y momentos que me hicieron pensar en ello, y ahora es cuando me digo que debería revisar la historia de esta espléndida secundaria para argumentar o bien reconocer que estaba equivocada. *** Ilustra: un diseño de Jamaika. Merci, chata. Todavía le he de coger el tranquillo de nuevo a esto de escribir. Ayer borré cuatro posts hasta que se me ocurrió lo de la peli. Navegando me topé con una pregunta y ahí va la respuesta improvisada, a mano alzada (sin correción alguna): http://espanol.answers.yahoo.com/question/index?qid=20070811181327AA2OtWw . . . ¿Y cómo debe actuar la familia o pareja de esa persona? Soy paciente, es decir, padezco el TB. Si algo sé sobre el tema, es por padecerlo en primera persona y por haberme informado... por mi bien. Y hablo como persona que gracias al tratamiento puede cuidarse por sí misma. No soy médico ni psicólogo, pero he aprendido cosas en cuatro años. *** 04/08/07 Si alguien quedaba en la ciudad, un sábado de agosto ya está claro que "maricón el último": quedamos los colgados parias y turistas. Las playas de Madrid: piscinas al descubierto. Me informan de que hay poca gente, nada comparado con un sábado de julio. Desde que empezó la dieta tras el chute de tres días y casi como único alimento de cafeína y teína (soy bipolar con gusto por esos tóxicos que me permito, aunque no beneficien, sólo que me pasé unos días de la raya), he adelgazado un tanto. Y aunque la silueta haya mejorado algo, asoman estrías y carnes flácidas, tan propias de la mujer gorda como de la madura. Cuando H. por fin adelgazó los 15 kilos más o menos que había pillado en cuatro años de pastilleo obligatorio, paró la dieta y se dijo: estas carnes blandas sólo se arreglan en el gimnasio. Elemental, y lúcido. Sólo una vez fui a un gimnasio con éxito y fue en... 1992, en una especie de experimento "vida sana" que no duró muchos meses. Mis experiencias con el deporte se remontan a la infancia. Al olor a cloro de la piscina y los ojos enrojecidos. Creo que sé nadar desde los cinco años. Obtener la minusvalía (y con diagnóstico TB no te la niegan) tiene alguna ventaja, por ejemplo: la gratuidad en este tipo de instalaciones. Ya he escrito que de pequeña nadé demasiado y tengo una especie de complejo de Obélix al respecto, pero me he convencido de que es el ejercicio más económico a fin de muscular. Caminar está bien, pero no es lo mismo: el efecto no es global. Esta mañana me he dicho: haz lo que pensaste ayer, que los brazos musculados y el culo prieto al que medio-aspiras (hay que ser realista) no se construirá en un día. Se presenta entonces lo inevitable: qué me llevo, cuántas horas estaré fuera de casa... ¿Algo de comer? ¿Bastará el protector solar? Y con estos pensamientos, sube la ansiedad, oh no, qué bonito parecía todo. Cuando salgo más allá del barrio, mi bolso parece preparado para cualquier contingencia y eso es necesidad de control. Si no hay pleno control, aparece la ansiedad. Es el primer día y no aguantaré muchas piscinas (aquí dicen "largos"). Quizá me sienta ahogada a la segunda, pero no pienso irme entonces: descansar, y volver a meterse. No tengo un objetivo ambicioso del estilo "hoy tocan 10". Estoy reuniendo valor mientras decido si la angustia es aplacable por sí sola, o necesitaré un extra farmacológico. De momento, la bolsa está preparada y me puse para estar por casa el bañador para mentalizarme, para esperar al momento "necesito salir" y hacerlo en esa dirección. Si es que hoy se presenta ese instante. De no ser así, por si hay quien insiste en lo de la fuerza de voluntad, sólo decir que el último de mis planes es montar un número en público con un ataque de pánico. Todavía recuerdo el de finales de febrero por el barrio y me niego. Y si hoy no puede ser, mañana R. se apunta. Siempre puedo hacer estiramientos y ejercicios de coordinación en casa, mientras, mientras... necesito esos pectorales fuertes para que aguanten mi espalda, y esa es la mejor razón de todas para ponerme a "hacer largos": ni estética ni rutina bipolar, sino salud. Musculatura que alivie esa columna vertebral. Buenos deseos para mi cuaderno de rutinas y bipolaridades el resto del verano y, quién sabe, la piscina cubierta también me resulta gratis. 17/08/07 Mis intentos todos estos días fueron frustrantes. Sola no podía ir, me atacaban todas las fobias. Me daba de cabezazos. A mucha gente le "da palo" ir sola a algunos lugares. No es mi caso: a mí me aterroriza. La compañía no como el complemento para una actividad, sino la condición sin la cual eres incapaz de hacer algo. Ayer (por fin) contemplé el cielo de Madrid con una novedad: boca arriba dentro de la piscina. Disfruté en especial de algo: puedes darle de hostias al agua, y encima avanzas con velocidad. Mucho mejor que querer dárselas a las paredes. Cuando crucé el umbral de la instalación, me di cuenta que realmente temía esa entrada. Fui con alguien, cómo no. Sólo que era R., quien no dudó en disparar sus comentarios ácidos: calificó mi nuevo corte de pelo como gay. Pero también dijo algo muy bonito: que hacía mucho tiempo que no me veía tan bien, que parecía muy cambiada, que estaba diferente de forma muy positiva. Es verdad que los pectorales y hombros han entrado en razón: voy erguida, y la postura lo dice casi todo. *** Esta vez, el bipolar es el gran protagonista de la película. Se emite esta noche en Antena3. Vi la película casi recién diagnosticada: supe de ella y la compré. Estaba de saldo, a menos de 10 euros. Mi madre me contó que la había visto ya y que le pareció... un poco rara. En ese segundo visionado, realmente entendió de qué iba: tenía a su lado a alguien raro, también. Si no es por Richard Gere, esta película no hubiese sobrevivido a las emisiones prime-time o como las llamen. La psiquiatra, lamentablemente, ha de interpretar que se enamora, cómo no, es Hollywood. Mi escena preferida está al principio: me conmovió ese buscar el equilibrio sobre un tejado. Hay otra escena memorable de Mr. Jones en estado maníaco entre una multitud, Y en otra... hay que estar atento al frasco de pastillas. Dejé el DVD. Mal hecho. . . . Ficha: Título original: Mr. Jones *** |