Carne de Psiquiatra |
Blog bipolar para adultos |
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Se muestran los artículos pertenecientes a Julio de 2007.
estás viva, ¿lo recuerdas? http://www.goear.com/listen.php?v=fd1132b A veces, una canción me despierta. Y no sé qué estaba haciendo antes, y antes era: hace unos días. Este grupo tenía un no sé qué... Mañana, supongo, más y mejor. *** I walked along the avenue. A Flock of Seagulls, "I Ran" http://es.youtube.com/watch?v=uUjIA3Rt7gk Imagen: Forum de Barcelona. Lo peor de regular el sueño es que al menos uno de los días tienes una sensación que (ignorante de mí porque nunca atravesé de tal forma el huso horario), diría que es una especie de jet-lag. Hoy dormí cuatro horas, olé a las siete en punto. Estoy viendo un programa de cocina en la TV. A que cuando comes alubias, tienes claro que más tarde y quizá inoportunamente, ¿vas a tener un problema con los gases? A mí, la ecuación sueño trastornado + los tres cafés que llevo, me da muy mal pronóstico. Pero ya sé por experiencia que estos días de "jet-lag" son muy poco productivos. . . . Me imagino, y ahora acude un recuerdo real, yendo de inmediato al baño para chutarme ansiolítico, líquido en aquella época (1994-?). Creo que tomaba tres gotas, y también que de vez en cuando caía alguna más. No olvidaré nunca ese sabor sobre mi lengua. Nada me extraña que en aquellos años, sin un antipsicótico como mi querida quetiapina aka "S" en lo que entonces ni siquiera sabía que se denominaba "pauta" aunque bien iba a un psiquiatra, abusara de esos tranquilizantes. Tendrán muchos efectos secundarios, pero ante la alternativa sufrida (hasta el despido, que el puesto de trabajo rara vez se tiene en un zoológico) de subirme por las paredes por los nervios, estoy a favor de ellos, y si hace falta, lo pondré en negrita. En dosis adecuadas por supuesto, no las cosas que se oyen y ven por ahí, que hasta yo me he visto aguantándome la baba o el cráneo. Bajo estrés, como de hoy (no en mi casa, ya es suficiente), y con poco sueño en mi haber, estoy forzando mis neuronas. Muchas morirán tras haber dejado una sola letra, o trazo, en este papel. Por eso, este folio va a ser tan importante para mí. Este papel engrosará mis pertenencias, que a nadie interesarán cuando muera. Pero a mí sí en vida, aunque cuando grape este escrito, formará parte de una montaña de papel condenada a vagar por la mesa hasta que encuentre un hogar... bien, ya se me ocurrió. Compraré un archivador especial: ha de ser de color turquesa, o lo pintaré yo misma. De esta forma, quizá en la próxima mudanza decida que su destino está en la basura junto al resto de escritos personales que curiosamente este año gusto de manuscribir cuando precisamente mis únicos objetos personales presentes son los de mi bolso, mmmm como cuando trab.... Estoy empezando a considerar que la ausencia de cualquier tontería que ahora no poseo, como mi lima de uñas, posibilita que me concentre mejor en lo que hago. No es gran cosa, Blue: cuando habías llenado el folio con las tareas de curro a la que se añadían los marrones del día, seguro que morían más neuronas. Las enterrabas con cafés, como hoy. El de la oficina, de máquina, asqueroso y aguado. Llegaste a acostumbrarte tanto a ese brebaje que años después (¿va para cinco ya?) todavía pides cafés americanos o con hielo en los bares, y en casa añades dos dedos de agua a la taza de la cafetera italiana. Supongo que un día dejaré definitivamente esas costumbres adquiridas en mis años, sobre todo los últimos y detonantes, de trabajo. Y si he de comprar una cafetera ahora mismo desearía que fuese para expresso, no una "melita" para beber a litros (tuve una siete años). Eso solía hacer. Todavía no me medicaba(n) bien para "los nervios", pero no era consciente de que cada dos cafés de máquina me obligaban antes o después al refugio del baño con mis benzos. A veces hay que educar hasta al sentido común... ¿Acaso hay escuelas para futuros pacientes mentales? ¿O para la paternidad? Pero ahora que lo pienso [soy consciente de que mi cerebro funciona diferente tras horas de charla y en un entorno distinto], éste es el trabajo más duro que he tenido en mi vida, sin importar que no sea remunerado y origine gastos. Me involucro y comprometo totalmente como persona. Cuántas veces se me dijo que "la empresa no era mía", cuando hacía horas extras y me llevaba el trabajo hasta a mis sueños. Pues ahora, la empresa sí es mía, y considero, confieso que a veces me asusto cuando veo el contador de visitas, que estoy muy bien pagada, pues quizá sí estoy aportando el grano de arena del que hablaba en mi primer post. Gracias a vosotros, quizá sea útil, y por la tarde, ya en mi casa, trabajo también: paso a limpio estos seis folios manuscritos para colgar un post decente. Y tengo cuatro más, personales, de los que me siento satisfecha. Sois muchos, y aprovecho para mandaros toda mi admiración. . . . Fragmento del mail de una lectora de veintitantos años que reproduzco con su autorización: Lo que cada vez veo mas claro es que no encajo en ningún trabajo y que Buen tema... y me identifico mucho con este testimonio. Pensaré en ello, como afectada. *** Hay que ver, para un día que trabajo durante horas, rindo, y por ello escribo entre otras cosas un cacho post, la gente se raya. Prometo no escribir en varios días, no en el blog, sino en folios. He de volver a mi actividad de jubilada, y no porque me lo digan: yo misma compruebo cómo un intensivo de seis horas escribiendo me deja KO. Pues hoy aprovecho para decir algo: se agradece la intención, pero NO ME ENVIÉIS POWER POINTS. En mi cuenta carnedepsiquiatra suelo borrar directamente mails con archivos adjuntos, así que no sé si contienen un mensaje de un lector. Y tengo correo pendiente. Gracias. *** 8.39. Llego a casa. 20 grados. 8.15. Salgo de casa duchada. 7.40. Arriba. 23.00 A dormir. Sin salir desde el viernes :S Debí tomar las pastillas hacia las 22.30. No había salido, no a 37 grados durante el día: de nuevo, han de sacarme de casa. Ese peligro tiene el verano: hasta medianoche no hace algo parecido a fresco, brisa... en Madrid. En Barcelona, pues la cosa es diferente, pero este es mi tercer verano aquí. . . . Esta semana me he propuesto "trabajar" desde esta hora. Porque poco más tarde, la canícula me deja encerrada en casa. Hoy no me atreví a pasear más rato. Estaba con la agradable sensación de haber madrugado: un cierto dolor de cabeza con somnolencia que se me antoja hasta agradable por ello, y ya me había tomado las pastillas. Me dije: un poco basta, mañana más. Ya sé que se trata de miedo más que de otra cosa. Vivir con miedo y tanta fobia no es ninguna experiencia, en realidad, pues la única forma de contenerlo sin terapia es no hacer nada que te lo provoque. Eso te coloca en una posición de depresión "técnica": nada haces, a nada temes. No hay experiencia, pues. Como sí hay apatía, tampoco te apetece ver a nadie. Si charlé por teléfono, no fue porque yo marcase. Si me propusieron tres planes el mismo día, por agobio los rechacé todos. No sé cómo conseguí coser el dobladillo de unos pantalones ayer, y no se me ocurre nada más útil que haya hecho el fin de semana. Estuve pensando: Blue, despierta, despierta... mucho tiempo. ¿Qué vida es, sentirse dormida "vitalmente" a horas donde todo el mundo se toma su tiempo de ocio? Vida depre. Por ello me fui a dormir pronto. Bien, esta semana quiero trabajar duro. Ya sea en lo doméstico (primera lavadora puesta), ya sea un post diario en el blog (sí, retomar los trabajos en la página), y que no falte un paseo matutino, aunque sea breve. Pocas estrategias de momento, pero espero que haciendo poco, algo cada día, no me venza el desánimo a más de 30 grados como esta semana pasada. Aunque bajan las temperaturas esta semana, dicen. Estoy harta. Se decreta la semana antifobias. *** La vaca de Kukuxumusu también sucumbe al calor. Viva San Fermín, por cierto. Entro en razón con la visita de M.Amèlie, "despierta, Blue". Salimos hacia las seis y media de la tarde. Nos acompañamos hasta el metro, porque decido tomarlo y no recuerdo la última vez. Antes de llegar al andén, tengo los cabellos mojados por ese sudor de ansiedad. Y eso que lo que más nerviosa me pone es llegar a la estación del metro, no cogerlo. Separamos nuestros caminos en un transbordo, y me bajo en pleno centro comercial de la ciudad, para matar otra fobia. Voy dando vueltas por calles y callejones. No encuentro la librería, pero por fin entro en el monasterio de las Descalzas Reales. Ah, sí, estaba cerca. Encargo un libro sin fijarme en naaada de lo que venden, pues por algo he dejado de ser un peligro en las librerías. Entro en unos grandes almacenes. Eso sí ha sido una prueba. Hay que comprarse alguna ganga, pero sola no me atrevo a meter la pata. Gracias a la pericia de esta amiga en el arte del registro de tiendas, tengo una falda muy chula desde la semana pasada que estreno hoy. Revoloteo, recuerdo marcas que vestía, y salgo porque tengo ganas de fumar. Ya he visto a bastante gente allí. Caminando caminando, entre turistas, paseantes, jóvenes en bancos y también mendigos, llego a casa, tres horas y algo después, con dos bolsas del supermercado. No me he fijado en ningún termómetro. Me siento tan rara por la calle sola. *** Esto sí que no estaba previsto, de forma que nunca tuve miedo al fenómeno. ¡Estoy diciendo mis primeros laísmos! Pocos, pero me atacan a la estima castellanoparlante que no es perfecta, pues soy leísta. De momento, me los pillo yo misma y mecagoenLa. Hay quien se ríe, sin acritud. Esto de la inmersión tiene sus peligros. *** Tampoco tuve miedo a ese folio en blanco, esa sensación que mina a los escritores. No hasta que me di cuenta de cuánto tiempo llevaba sin escribir en el blog. Ni siquiera un folio de verdad me arrancaba algo parecido a un post. Extraño síntoma, que no me da buena espina. También es cierto que de alguna manera decidí vivir con la patología sin hacer públicos los pormenores. Mis fobias ya están ampliamente descritas y más de lo mismo me aburre. Y que no fue hasta la semana pasada que me puse a leer cosas de interés, relacionadas vagamente con la temática del blog. Vivir en un permanente jet-lag causado por altibajos en el sueño tampoco ayuda. He llegado a cambiar del todo mis horas de dormir, con insomnios hasta el alba. El mes de julio ha sido muy caótico en este aspecto. Definitivamente, el verano no es mi estación. Recuerdo haber estado floja de ánimos el año pasado, quizá... no quiero acudir a mis archivos. Deberé hacerlo, porque me prometí no olvidar, y también estos días han sido de "celebración": aniversario extraño, el cuarto año de mi diagnóstico. Actividad destacable: rumiar. Antes, después, ahora, mañana... y te quedas dándole vueltas a la cabeza, rumiando, las horas de escasa calidad lúcida que siguen a un sueño sin calidad. Lo de rumiar es muy común entre bipolares (aunque seguro que muchos no bipolares también lo hacen). Para mí es una depresión en un aspecto: pasan las horas, aunque no estés mirando al techo, y en realidad no solucionas nada, pensar es por definición teórico... Caes en ello sin darte cuenta, y sales de extrañas formas. Preocuparse por lo que no tiene solución, no es buen asunto, pero no lo puedes evitar. Y si das con alguna, es tan abstracta que quizá no valga la pena. "Lo sé, lo sé" no es respuesta válida cuando te dicen algo que no sólo deberías, sino que además has pensado ya. Hacía tiempo que no me despertaba una pesadilla, y mucho menos una con la habitación de casa de mi madre por escenario. Hoy me ha tocado empezar así otro día de esos que bautizan como "el más caluroso del verano" (como si no quedase agosto) y con ojeras. Pero como no tengo vacaciones, el no escribir no ha tenido nada que ver con el haber detenido esta actividad. Por eso me preocupé, pero más me vale hacerlo por otras cosas. P.D. Disculpad mi ausencia en mails y comentarios. Han entrado muchas aportaciones estos días, y no me siento obligada pero me gustaría comentar algunos (los lectores también pueden hacerlo, ¿eh?). Empezaré a escribir poco a poco, y esta vez sin prometerme nada que luego me lleve a frustración por caer en listones bajos. *** No se puede llevar siempre gafas de sol. Hay quien lo hace pero ¿acaso ve? Cuando llego a casa, no acierto ni a encajar la llave si no me las he quitado. Las retiro cuando hablo con alguien, por respeto, y porque me gusta aguantar la mirada. Pero se echan de menos cuando una frase certeramente dicha (no siempre con relación a ti o tu pasado, más bien es algo que hace asociar ideas) pone a prueba tu autocontrol, que falla, eres demasiado transparente y vulnerable. De repente, ya no ríen mis ojos, se hacen pantalla de una tristeza tan tan real que antes de que la vida me la diese, no hubiese podido aparentar, mientras que ahora podría dedicarme a ser actriz dramática. Ojalá pudiese evitarlo, que esa mirada dejase de pertenecerme. - ¿Qué te pasa? - No, nada. Hace mucho calor, y necesito tomar aire. Nadie se lo va a creer, no cuando tus ojos te traicionan de esa forma. - Dime, ¿hice o dije algo que te molestó? Debería escribir al menos dos folios para explicar por qué pasó, mejor dejarlo correr y que piensen lo que quieran. No podría expresarlo cara a cara sin unas gafas de sol. Dudo mucho que llorase, eso sí es un lujo por ganas que tenga. Es hora de retirarse, y muy pocas veces he abandonado una reunión social en estas circunstancias. Me conozco, y sé cuándo debo excusar mi presencia: mejor prevenir que curar. Mejor pasar esos momentos en casa, agarrarse a un cojín y rechinar los dientes, sin coger el teléfono. Hipersensibilidad, uno de los dones con que la bipolaridad me dotó. Además, se anima mucho con la regla. Cuidado, protege tu vulnerabilidad. Que no se entere quien ya no lo sepa. No más daños, no los soportas si te sientes así de desnuda ante el mundo. Por suerte, son sólo momentos y quizá haya que tomárselo como un dolor de cabeza, sin darle más importancia. *** I., incondicional, acude a mi señal de socorro llamada "soy una inútil con el bricolage". Y por fin se cuelgan cuadros en esta casa. Aspecto que él me había hecho notar alguna vez. Es cierto que a mucha gente le parecían desnudas, estas paredes. No hay decoración: la casas la ocupan mis trastos cotidianos encima de la mesa, y los libros que se apilan mal en la escasa estantería. Incluso las cintas de vídeo, con carátulas a veces cutremente manuscritas. Los escasos DVD. Los álbumes con los discos. El conjunto realmente resulta poco estético, pero esas son las cosas que llenan mi vida. Gracias a I., ahora (entre otros trabajos de la casa) hay dos elementos que disponen de marco. Los traje de Barcelona con ese fin, y han tardado dos años en ocupar su lugar. El primero, la cubierta del LP "Synchronicity" de Police. Siempre me gustó, en azul rosa y amarillo. Un disco de esos raros: sin desperdicio."Mother", "Miss Gradenko" y "Wrapped around your finger", más de mi agrado que el inevitable "Every breath you take". El segundo es muy especial y con acierto I. me dice que eso sí tiene valor, porque no se conseguiría fácilmente en el mercado. Es el programa del concierto de Peter Gabriel, que vi en Barcelona en junio de 2003 de pura chiripa porque me enteré el mismo día, y me entristecí porque todavía había entradas a la venta, aunque el Palau Sant Jordi acabó lleno. El librito se vino conmigo en la primera maleta. Su rostro en la portada me producía serenidad. Y me transmitía sabiduría. A él miraba cuando sentía desasosiego. Después de dos años y medio, trabajo me ha costado encontrarlo. ¿Lo habría perdido? no podía ser, menuda mini-histeria me ha entrado. Y ha calzado perfectamente en el marco que le compré. Tanto tiempo sin verle, y ahora le tengo (le a él y no lo al cuadro), no en esta habitación: en el pequeño distribuidor que da entrada a mi dormitorio. Es ese mismo retrato que acompaña al póster de esa gira que encontré como imagen para el post. Pues bien, ahora tengo cuadros (aunque I. nota que una pared, la mayor sobre el sofá, sigue desnuda y le harían falta quizá dos o tres elementos). Lo hemos celebrado viendo el DVD de ese concierto. Me ilustra acerca de los méritos del bajista: todavía puede ser mejor la cosa. Qué poderío, qué creatividad, qué artista, cuánta emoción. Y le confieso que no he vivido nada igual, con tanta intensidad, desde hace cuatro años (ni Springsteen el pasado octubre) . De acuerdo que entonces estaba más bien (hipo)maníaca, sin diagnosticar hecha más bien una fiera, pero el rock en directo produce euforia en todo ser que se precie de estar vivo. En los malos tiempos, también su música me salvó de mis infiernos. Sin revisarlo, sé que el primer post que colgué como música (se me hizo raro por lo personal entonces), fue un fragmento de una de sus canciones. La que buscaba y sonaba sin cesar en mi segundo ingreso: la obertura de su concierto Plays Live. Nada sabía yo en junio de 2003 de bipolares. Ni que Peter Gabriel estaba tocado también por esa palabra. Su gira de este año (www.petergabriel.com) no ha pasado por este país. *** |